Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Eco y la rosa

Acaba de fallecer en Milán el escritor, semiólogo y hombre de Letras, Umberto Eco.

umberto ecoAdemás de su importante labor como científico y docente de la información, cabe recordar en esta breve nota de homenaje algunos aspectos de su faceta de escritor.

El primer libro que leí de él, entonces confieso que apenas había oído hablar ni del autor ni de su importante obra científica en relación con la Semiótica, fue de ficción probablemente el más famoso de los suyos. Me refiero como el lector ya habrá adivinado a El nombre de la rosa.

Por aquel entonces me había dado por investigar la influencia de la rosa como símbolo y su influencia en las tradiciones heterodoxas occidentales, similares en algunos aspectos a la del loto en la Tradición religiosa y esotérica oriental. Si en ésta el loto suele aparecer como base o peana de las representaciones de energías, personajes o potencias espirituales, también la rosa pertenece a un simbolismo sagrado del que forma parte la tradición rosacruz.

Umberto Eco el nombre de la rosaPero en una primera interpretación el título puede resultar equívoco. Sin embargo, la lectura del texto, de extraordinaria erudición, nos ofrece algo más que una peripecia de novela negra ambientada en un momento histórico de gran importancia para la Iglesia católica y en consecuencia dada la época, para todo Occidente.

Cabe pensar que en las famosas polémicas entre Bernardo, el dominico inquisidor jefe de la legación pontificia y el protagonista Guillermo, Eco se habría inspirado en otras muy famosas de esa época. Me refiero a las conocidas como polémicas gerundenses que tuvieron lugar en la bella población del NO de España a principios del siglo XIII entre el alquimista y heterodoxo valenciano Arnaldo de Vilanova y el dominico inquisidor Bernardo de Puigcercos. Personaje histórico que coincide en el nombre, profesión y rol con el siniestro ficticio de Eco.

Muy interesante el problema que se planteaba, y aún hoy se sigue planteando, entre otros. Es decir, si la Iglesia como supuesta heredera de las enseñanzas de Jesús debe ser o no pobre, como lo fuera el Maestro Fundador. Es decir, las relaciones entre Espíritu y Poder material. El Fundador explicaba que había que actuar sin temor para el desenvolvimiento presente y futuro como tampoco lo hacen las florecillas del campo. Sin embargo, sus herederos demostrando así poca esperanza en lo espiritual hacían acopio de riquezas y Poder político para imponer sus doctrinas.  Incluso asesinando a los considerados herejes.

Pero en el libro también se desarrolla una importante reflexión epistemológica, para mí lo mejor y más revelador del texto. Es sobre la relación fundamental entre intuición y método deductivo. Entre el lenguaje simbólico y el racionalmente codificado. Al cabo, si Guillermo consigue acceder al Finis Africae, o sancta sanctorum secreto de la Biblioteca, es por una intuición o revelación onírica que es capaz de traducir a los términos del mundo tridimensional en el que nos movemos. El Inconsciente ofrece la pista clave para comprender lo que pasa. El Consciente permite su comprobación, desarrollo y aplicación en nuestro universo material.

Sin el primero, éste se queda atascado. Sin el segundo, la visión puede resultar estéril en cierto plano vital, en el que nos movemos como materia.

La biblioteca y el monasterio donde se guarda se convierten en una alegoría de la Cultura, y en consecuencia, de la propia vida individual y social que conforma. Un grupo clerical, cerrado, se convierte en su celoso y excluyente guardián, y ejerce sobre los demás el poder de fijar lo que puede o no ser conocido.  Se erige en celoso proscriptor incluso de la risa, que para Aristóteles constituye atributo decisivo de la naturaleza humana. La risa relativiza, nos hace dudar, poner cosas en cuestión, como también nuestra relación con ellas. Nos ayuda a comprender, a aprehender lo que somos.

Por eso el tenebroso y rígido monje Jorge de Burgos la oculta, así como la obra de la autoridad de Aristóteles, cuya divulgación puede resultar altamente subversiva y peligrosa para el mantenimiento de un sistema cerrado y excluyente de poder, basado en la imposición y la ignorancia. Para Eco el poder exotérico, encarnado en la complaciente y ambigua figura del abad es diferente del poder diríamos esotérico desnaturalizado en cuanto a sus fines y potencialidades que encarna Jorge de Burgos. Su ceguera física debe ser compartida como ceguera espiritual por lo demás.

Umberto Eco nos hace una serie irónica de guiños intelectuales o culturales.

Es fácil pensar que, además de los Arnaldo de Vilanova o Bernardo de Puigcercós de los que ya hemos hablado, la figura de Jorge del Burgos, el monje ciego se inspira en la del genial escritor argentino Jorge Luis Borges. O que Guillermo de Baskerville es un homenaje a Sir Arthur Conan Doyle el ilustre médico espiritista creador de Sherlock Colmes. Que lo de Baskerville tiene que ver con lo del famoso perro de uno de sus títulos. O que Adso el joven ayudante de Guillermo es una trasunto fonético del famoso Watson que acompañaba al famoso detective de la Baker street.

Pero si el loto nace en el légamo, atraviesa aguas oscuras, y al final se abre a la luz, también la rosa es un símbolo del alma o ser superior que se desarrolla y abre entre las peripecias y pruebas de la vida cotidiana.

Creo que a esta aventura, que es la misión de la verdadera Cultura, es a la que nos invitaba Umberto Eco.  Ojalá él también haya conseguido acceder a su propio Finis Africae

 

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