Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El Estado contra la Nación. La Nación contra sí misma

 

                                                                Pasos de un peregrino son, errante,

                                                                Cuantos me dictó, versos, dulce musa.

                                                                En soledad confusa

                                                                Perdidos unos, otros inspirados

                                                                   (Luis de Góngora, Soledad Primera)

 

La bochornosa sentencia perpetrada en el Caso Infanta Cristina Federica Victoría Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón Scheleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, hija de El Campechano y hermana de El Preparao en cuyo nombre se administra Justicia en el Reino, nos devuelve a la triste realidad española y nos muestra donde en verdad estamos. La Infanta, principal protagonista de la trama junto con la Casa Real, queda impune. El astuto y feminista Tribunal considera que la Infanta, pese a tan sonoros e ilustres apellidos y a ser directiva de una importante institución bancaria catalana, es solo una pobre ignorante, medio retrasada mental, una simple ama de casa algo boba que no sabía lo que firmaba. Que no sabía nada de contratos ni menos de números. Que creía en su borbónica simpleza que los euros de los que disfrutaba a paladas llovían del cielo.

Pero tampoco se ha condenado siquiera el clamoroso tráfico de influencias de políticos dadivosos con dinero ajeno que el Régimen evidencia considerar conducta no punible y consustancial consigo mismo. En efecto, los honrados y patrióticos próceres compañeros del partido de Mariano y Bárcenas  son absueltos. El ayudante y subalterno Torres recibe más castigo que su ducal jefe Empalmao. Las singulares represalias contra Manos Limpias, que había ejercido la acusación particular, constituyen un aviso para disuadir a futuros navegantes en favor de la dignidad de la Justicia. Parecen indicar que, “como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como”, no se va a tolerar que nadie intente hacer peligrar los amaños acordados. Un aviso de que el Régimen borbónico se ha enrocado y que nada bueno cabe esperar de él.

Es cierto que la cosa cada vez está más chunga, que cada vez parece más difícil mantener la actual mohatra institucional, que las gentes más lúcidas ya se han desengañado, pero también lo es que no parece que haya Nación, ni sociedad, ni Inteligencia, capaces de reaccionar pese a todo lo que está ocurriendo.  Apenas ha protestado nadie por el insulto a la dignidad ciudadana, a la Lógica, la Justicia, que representa la sentencia citada. ¿Otra oportunidad para una nueva vuelta de tuerca de la Monarquía contra la Nación?

Ayuno de toda visión geoestratégica en momentos tan delicados para la civilización como los que estamos viviendo y los que parece veremos en los próximos tiempos, el Régimen y su suicida clase dirigente, cómplice de intereses espúreos internacionales se dedica a ir tirando o mejor, a parasitar y taparse las vergüenzas de las diferentes mafias dominantes, a ir engañando e ir pillando lo que quede para saquear, que cada vez es menos.

Encaramos un año pleno de incertidumbres internacionales en el que cualquier cosa, incluso las más impensadas hace solo un poco, pueden ocurrir. La España eterna de los reyes apátridas con su insaciable abusona y codiciosa real parentela, los Bárcenas, los Gurtelidos, los Púnicos, los ambiciosos abogados del Estado aupados a la Feliz Gobernanza y los monopolios voraces pretende volver a la mansa tranquilidad una vez superado cierto susto por si era verdad que, como creían o anhelaban los más ingenuos, algo pudiera cambiar en este desastroso reino donde todo está atado y bien atado. Al menos eso se creía si la situación internacional no empeoraba y, una vez pactado con ETA y el PNV, se podía seguir sobornando a los siempre insaciables sediciosos catalanistas. Sin embargo, aunque en la superestructura mohatrera constitucional parezca que no ocurre nada nuevo, la realidad es que esto está carcomido por dentro y acaso puede desmoronarse como le ocurrió al árbol de la Mentira del apólogo del conde Lucanor cuando la Verdad sepultada bajo sus raíces salió a la luz.

Pero ni Régimen ni España están solos en el mundo. Muchos nos tememos que lo que ahora ocurre, este proceso de devastación de la Nación y de la soberanía, no es casualidad sino programado desde el exterior con complicidades españolas a varios niveles, por acción u omisión. España parece haberse convertido en un experimento de laboratorio en el que los supuestos ciudadanos y sus instituciones resultarían ser sus cobayas. Vamos a ver qué pasa con las nuevas amenazas tales como los cambios geoestratégicos de alianzas mundiales que pueden rematar a la actual UE ¿Proseguirá la globalización tal como ahora se entiende después de Trump?  Sin olvidar instrumentos de dominación tales como la deuda, los Tratados internacionales, la hegemonía de las transnacionales, la posible caída del euro, el dinero electrónico y las limitaciones de pago en moneda. Pero mientras tanto ya tenemos mucho y bueno con que entretenernos intramuros.

Así, una de las instituciones básicas de la Monarquía, la llamada Generalidad de Cataluña, está en pública y notoria rebeldía no ya sólo contra la constitución y las leyes españolas sino también contra la propia Nación española y promueve su destrucción desde el propio ámbito de poder. Pero las otras instituciones de la Monarquía, empezando por la Jefatura del Estado y siguiendo por el presidente de Su Gobierno, no hacen nada eficaz para impedirlo atendiendo a sus obligaciones constitucionales y a su propia dignidad personal e institucional como gobernantes. Nos encontramos en una situación en la que unas instituciones de la Monarquía agraden de modo gravísimo a los españoles que las pagan mientras el resto no nos defienden eficazmente de la agresión.

Como en anteriores momentos de nuestra Historia, nuevamente la Dinastía está resultando ser enemiga de la Nación. Pero, insisto, ¿Dónde está la Nación española? ¿Qué queda de ella despanzurrada por el Régimen en mal adobada pepitoria de tribus insolidarias o renovados siervos en feudos autonómicos corruptos y despóticos?

Con el paso del tiempo van desapareciendo las últimas generaciones de españoles educados y que se han considerado a sí mismos como tales. Las nuevas generaciones de jóvenes han sido “adiestradas” para ser simplemente catalanes, vascos, gallegos, navarros, extremeños, andaluces, asturianos, canarios o…lo que sea, debilitando o incluso saboteando en ciertos casos el sentido de pertenencia a la misma Nación.  Se ha generado una especie de caos provocado, de entropía, de falta de criterios, de pérdida de facto de Cultura, amén de la propia condición de verdadera ciudadanía para contribuir a ser mejor explotables y avasallados por la globalización, el caciquismo y los monopolios. Pero no se entiende como estas generaciones que son las que más lo van a sufrir no reaccionan ante la amenaza de un futuro de creciente servidumbre sino esclavitud que les acecha. La Cultura o sirve para abrir los ojos, para despertar las conciencias, para hacernos más libres o no es Cultura.

Quizás sea por eso que aunque el Estado no reaccione ante los sediciosos tampoco lo haga la Nación. Un estruendoso silencio ciudadano. Lo único que se oye hasta aquí son algunos llantos de las plañideras monopolistas bien cebadas a nuestra costa por si acaso la pelea abierta entre mafias políticas borbónicas se descontrola y les estorba o perjudica el trinque impune o el mantenimiento de sus tarifas abusivas y privilegios. Y entre nuestros próceres leguleyos el “Estese a la parte” o el no menos socorrido “Otro sí digo”. Cuando no una sugerencia a que la maltrecha UE, que ya no se sabe lo que pueda durar con lo que está ocurriendo, nos solucione los problemas de sedición que la cobardía, complicidad o corrupción de nuestros dirigentes no se atreven a abordar. Una cosa es que el Tribunal de Justicia de la UE pueda revocar legislación o prácticas abusivas de instituciones españolas y otra distinta es asegurar la integridad territorial y los legítimos intereses españoles. Sobre todo cuando ciertas potencias extranjeras parecen decididas a fomentar la sedición.

Los argumentos que se emplean por nuestros próceres son propios de mercaderes a la rebatiña por el Monipodio, la clientela y la pasta. Una pelea por apuntalar al Régimen como coartada para mantener y explotar mercados cautivos o trincar presupuestos oficiales. Nada de patriotismo, filantropía, cultura, solidaridad, o sentido espiritual de la existencia o de pertenencia a una civilización o a una comunidad. Nada de las simples enseñanzas de la Historia. Es decir, nada de auténtica Nación, algo distinto, y desde luego superior, a fulanismos, intereses dinásticos o corporativos, pesebres o mercados.

 “El sol pace estrellas en campos de zafiro”

Decía don Luis pero es de temer que ahora ya no amanece. Las estrellas ya no son borradas por una Luz mayor sino por la niebla de la Nada.

Pues, insisto, ¿qué fue de nuestra Gran Cultura? ¿Dónde están los intelectuales españoles defensores de la Cultura, la Nación y los legítimos intereses de las gentes? ¿Qué fue de nuestro Siglo de oro? ¿Alguién sabe o recuerda ya, sobre todo entre los españolitos más jóvenes, quién era Góngora?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.