Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El disputado voto del masoquista suicida

Mientras el parlamentillo regional catalán y demás fuerzas cleptocráticas siguen jodiendo la marrana con el dinero que roba a los insultados súbditos españoles sin que el llamado gobierno de España haga nada para evitarlo, puede ser curioso u oportuno recordar algunos textos de años anteriores.  El que copio a continuación fue escrito en setiembre de 2015, pero, por desgracia, vemos que lo otrora criticado no sólo no ha mejorado desde entonces sino que se ha agravado.

En efecto, el único logro real, meter a unos pocos golpistas en la cárcel, no se debe a la acción política propiamente dicha del Ejecutivo, ni a los votos depositados en urnas basura, sino a la voluntad de que se cumpla la ley instando la acción judicial demostrada por VOX, organización sin la cual los golpistas estarían robando y fastidiando tan ricamente con el consentimiento o complicidad de Mariano, y a la actuación de algunos jueces valerosos sobre cuyos hombros se hace recaer todo el peso del Estado, mientras las oligarquías beneficiarias del pilla pilla miran a ver qué pasa, cuando no disimulan sonrisa mueca de hienas carroñeras. 

Hemos llegado a una situación en la que ya parece evidente que los males españoles no pueden arreglarse dentro del Régimen actual.

Ahí va el texto rescatado:

 

Emulando a su famoso colega italiano, Mas-solini ya ha marchado sobre Barcelona, la ciudad de los milagros donde las sedes de su patriótica banda se encuentran judicialmente precintadas por sus méritos apandadores. Todo un éxito indudable del fascio catalán. La borregada golpista del Monipodio con los calzones a rayas en la mano va derecha al despeñadero, cantando bonitas y no menos bizarras canciones propias de segadores terroristas y vírgenes suicidas a las que generosamente el nuevo monjerío revolucionario saca de excursión.

Pinocho y el títere_opt (1)En la otra cara del invento se practica la nueva consigna del “Id y anunciad a esas estafadas gentes la buena nueva de la conversión de Mariano, el de Bárcenas”. Futuribles diputados en lista cerrada del PP han dado en platicar sobre todo lo divino y lo humano e impartir muy sana y santa doctrina democrática en cuantos medios les ofrecen cátedra. Y con ayuda de otros ilustres colegas extranjeros a los que han dado vela en este entierro, porque fiarse, lo que se dice fiarse, tienen muy poca confianza en si mismos. No en vano conocen bien sus mañas y verdadera condición.

Unos y otros disimulan la defensa de sus privilegios otorgados con rancios pero ilusionantes motivos patrióticos del jaez de “votadme a mí que los otros son aún peores”. Y han demostrado su insensibilidad con tantos compatriotas que las están pasando canutas y que el único privilegio que ya pueden defender es el de intentar comer caliente todos los días. El público debería tomar nota, cosa útil siempre y en especial ahora que vienen elecciones al pesebre y la propaganda exige “votad y pelillos a la mar”.

Por estas y otras cuestiones no es de extrañar que muchos piensen dejar su herencia a los chinitos o a las misiones antes que ofrecérselas a las huestes de Mariano, el de Bárcenas o a las no menos peligrosas y depredadoras escuadras de camisas negras de Mas-solini, el audaz y deslenguado mamporrero de la voraz opusina famiglia Pujolone.

En realidad hace falta que los turiferarios de turno animen las pocas ganas del elector espantadizo que si no es un sectario, un hincha o un fanático del “y tú más”, observa atónito las hazañas de unos y otros al no recatarse en hacer obscena ostentación de su prepotencia en cosas baladíes tales como la inclusión de implicados en la corrupción dentro de sus listas cerradas y blindadas.  O bien inventarse una nueva y fementida nación para intentar escapar de la acción de la Justicia. Algo tonta y lenta amén de ciega, cabe reconocerlo, pues no en vano aquí se administra en nombre del Rey.

Y luego, finalizada la representación, los gritos y susurros de la campaña electoral, unos y otros se prestarán al apaño mohatrero para mejor repartirse el botín.

 

En buen ejercicio de la memoria histórica vamos a tener que recordar e incluso añorar lo bien que se lo montaban nuestros antepasados.

Companys preso_optArrumbada la anterior Restauración, con el prudente rey de turno poniendo píes en polvorosa para disfrutar del tesoro conseguido, si un golpista sedicioso como Companys se rebelaba el presidente Lerroux mandaba al ejército constitucional republicano a detenerlo y le enchironaban hasta nueva orden. Hoy, mucho más civilizados ¡dónde va a parar! se perpetra la fabricación de otra nueva ley diciendo que está muy feo eso de no cumplir la anterior ley, de modo que avisan, quien avisa no es traidor y tampoco me gusta que me llamen acusica, que si siguen así no les va a quedar más remedio a los bizarros ropillas de cuota partidaria que amenazar con que acaso van a tener que aplicar otra futura ley e incluso lo mismo dejar sin recreo ni bocadillo de chocolate a los niños malos.

En el siglo XVII durante la rebelión catalana contra los Austrias los niños malos catalanes de entonces se pasaron al Cristianísimo rey francés creyendo que la fechoría iba a ser una bicoca. Una pena. Pobres, ¡qué desengaño! El Cristianísimo rey les dijo que había que apoquinar impuestos que desde luego no estaba por la labor de que vivieron del cuento como si siguieran con Su Católica Majestad. Los catalanes hicieron cuentas y volvieron a la patria más barata. Todo un negocio propio de buenos catalanes, siempre tartufos, ventajistas e impunes.

Durante los no menos heroicos tiempos de la anterior Restauración borbónica el caso es que votar lo que se dice votar también se votaba como hoy y con resultados más o menos semejantes para los sufridos súbditos, pero entonces al menos los Trampetas o Bocanegras pagaban al votante por su voto y no al revés como ahora. Del muy católico y no menos monárquico prócer conde de Romanones se cuenta que con ocasión de ciertas elecciones preguntó: “¿Cuánto te ha dado el otro para que le votes, Menganito?” Menganito se quitaba respetuosamente la gorrilla y le contestaba: “Tres pesetas, señor conde”. “Pues toma un duro, dame sus tres pesetas y me votas a mí”.

¡Qué tiempos aquellos!

Pero ahora ya no. Con esto del progreso mal entendido, somos los pobres menganitos los que tenemos que pagar por el hecho de votarles, sinecuras y mordidas aparte, a los próceres y próceras que tanto se sacrificarán para representarnos. Se debería rescatar esta sana costumbre de la compra del voto del suicida o desesperado. El candidato al momio o poltrona se acercaría por las colas del INEM o a los comedores benéficos y subastaría el voto entre los infinitos damnificados por la clase política española. Así, sus víctimas les votarían por alguna razón importante en vez de abstenerse o tener que votar nulo con la actual división de opiniones no reproducibles en hora de audiencia infantil.

 

pinocho collodo titeres 1Estos presentes son los venturosos tiempos de los sembradores del caos que han de traernos un gozoso Nuevo Orden Mundial. Miramos a los títeres que nos enseñan como hipnotizadora distracción mientras nos roban libertad, salud y cartera, pero desconocemos la entidad real de los titiriteros que mueven los hilos.

Pues existe un hecho de claridad meridiana e irrefutable: si hoy en España votar sirviera para algo, ¡lo habrían prohibido!

 

 

 

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