Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

De liberales, n(e)o liberales y libertarios

Una de las imposturas más frecuentes de la situación actual es confundir el llamado neo liberalismo o mejor no (sin la e) liberalismo con el liberalismo clásico o tradicional, al menos como se había venido entendiendo en España. El primero, el falso o impostor, es partidario del pensamiento único y de una total desregularización basada en la interesada creencia en el mito de la capacidad de autorregulación de los mercados y en el reducionismo al que lleva la idea hegemónica de que el mercado autorregulado es un frontis phisica curiosa fragsupuesto producto de la naturaleza humana. Esta nueva visión promueve un nuevo fanatismo misionero dedicado a predicar la buena nueva de la globalización sin leyes ni cortapisas. Lo que suele tener mucho predicamento entre estudiantes inexpertos, falsarios, mercenarios y voraces tiburones incapaces de saciarse. En consecuencia, acaba degenerando en dictadura al modo de un mundo feliz o del 1984 orwelliano.

tribunal inquisicSin embargo, al contrario, el liberalismo auténtico o histórico, condenado en su momento por los papas, promueve la libertad de opinión, cátedra o expresión, valores irrenunciables de la dignidad humana y de todo sistema político dirigido a su promoción mediante sistemas legales y en defensa de la Cultura y la sociedad civil.  Sin embargo, la libertad del fuerte sin cortapisas legales o sin controles democráticos que propugna el falso liberalismo constituye una ideología reaccionaria que en la práctica sirve para legitimar que el uno por ciento de la población disfrute de la misma riqueza que noventa y nueve por ciento restante. Es la libertad del fuerte para avasallar y explotar al débil. O que la precaria democracia se vacíe de contenido porque oculta la realidad del poder actual, una plutocracia mundial que actúa de modo autónomo en la mayor impunidad, sin que la gente común pueda hacer nada para influir verdaderamente en las políticas, las decisiones o los fenómenos que le atañen directamente. Una confiscación de soberanía. De hecho, en la práctica lo más que concede generosamente el sistema es elegir al manijero visible, nunca al amo, de la finca entre una lista de a cada cual más lamentable, y donde el público soberano, los braceros y currantes, eligen lo que les parece menos malo o cae más simpático gracias a la propaganda.  Y si por rara ocasión el manijero se sale del guión del amo, estacazo en sus lomos o en el de pueblo, ya digo, tan soberano. Por eso, estamos como estamos.

bandera neoEl sistema político real del no liberalismo es un régimen de poder oculto y único que se manifiesta en la práctica por medio de los bancos internacionales y grandes empresas transnacionales, más que en los diferentes gobiernos convertidos en títeres a su servicio y merced. Sus programas son ocultos o como mucho reservados a otros miembros más o menos secretos del grupo de dominación. Nada tiene que ver con los planteamientos del liberalismo clásico sobre efectiva separación de Poderes y representatividad del diputado o cargo electo. Los intentos de defensa del débil o de una mayor justicia distributiva. La defensa de los derechos civiles y la promoción de los ciudadanos en función de su mérito. Todas ellas funciones irrenunciables en un ejercicio legítimo del poder político liberal y que en el caso español no son ajenas a lo mejor de nuestra cultura como la vocación filantrópica propia de un Don Quijote que trata de proteger al débil y desfacer entuertos.

El liberalismo supone una apuesta por los métodos no burocráticos y por la limitación del poder político dentro de ciertos límites constitucionalmente establecidos. Debe combatir un Estado hipertrofiado y ordenancista que trastoca y obstaculiza la actividad económica, porque debe estar al servicio de la iniciativa privada no monopolista. Un Estado pequeño en su dimensión, con una legislación mínima, concisa, clara y cumplible, lo suficientemente fuerte como para poder arbitrar el juego limpio, corregir la incapacidad autorreguladora de los mercados en algunos de sus aspectos,  y obstaculizar y penalizar los abusos en los que la propiedad privada pequeña o mediana y la clase media que la representan pueda ruinas griegasfuncionar sin ser avasallada por la grande. Ya Tácito y luego nuestro Cervantes sostenían que una consecuencia de un Estado hipertrofiado y con multiplicidad de leyes, como el que disfrutamos en el Reino de España, es la corrupción de las instituciones y las costumbres. Y otra fuente de modernas cadenas de esclavitud la constituye la deuda, especialmente grave ahora cuando suele ocurrir sea ilegítima y deviene en impagable.

En cambio, el neoliberalismo más que en la promoción del mérito se asocia al poder del linaje de unas pocas familias fabulosamente ricas y a una creencia ciega, fanática y por supuesto interesada porque favorece al poderoso, en la capacidad de autorregulación de los mercados. No importa el sufrimiento que se pueda causar, lo cual no deja de ser paradójico entre gentes que suelen hacer gala de ser piadosas. Sólo existe el poder del dinero. “El excremento del diablo” como lo calificaba tan acertadamente Papini. Un dinero “falso” en el sentido que ya no podría servir de contravalor del flujo de bienes y servicios de la economía real, la que sirve para satisfacer las necesidades de la humanidad.  Porque debido al encaje bancario que crea dinero ex nihilo, a la ausencia de leyes reguladoras de las instituciones financieras del tipo de la Glass Steagall oportunamente derogada antes de la gran crisis o a otras invenciones financieras tóxicas, no deja ahora de tener un cierto componente mohatrero y en consecuencia la corrupción y la estafa constituyen no ya vicios del sistema sino parte de su propia naturaleza y una necesidad para su supervivencia. Como en una timba gigantesca el dinero va de burbuja en burbuja y si no se prepara una oportuna guerra ad hoc para “quemarlo”. “Enemigos” nunca faltarán y si no, se inventan o se subcontratan. Siempre habrá algún oportuno terrorista para un apaño o exacerbar el control policial sobre las poblaciones. Pero la vuelta al patrón oro produciría un colapso económico y social, como en cierto modo parecido, el euro al servicio del pangermanismo causa estragos en los países del Sur de Europa.

Pinochet junta milicosPara ser duraderos estos procesos de dominación económico-financiera han necesitado dictaduras cuando se realizan en un solo país. Así el ejemplo del Chile de Pinochet para realizar los experimentos “neoliberales” de Friedman con una población indefensa como cobayas. Pero ahora con la llamada globalización la dictadura es mucho más sutil. Ni siquiera es fácil identificar o poner cara al dictador ni menos a qué intereses internacionales de familias oligárquicas sirve. Nazismo y fascismo resultan efectos históricos previsibles del mercado autorregulado y sus crisis. Pero ya no hacen falta bizarros uniformes con correajes ni botas altas o vistosos yelmos con plumero como la parafernalia propia de los mamporreros de la oligarquía durante los años treinta en estos tiempos de libertad sexual, arrumbamiento de sociedades patriarcales tradicionales o estrechos sistemas religiosos codificados.  A la antigua ciudadanía crecientemente amaestrada o reconvertida en populacho soberano ligado a la rueda del consumo embrutecedor como antes una mula a la de una noria, se le puede dejar votar candidaturas más o menos tramposas y mientras tanto promover su entretenimiento con circo, mucho circo. La represión caso de ser necesaria es habitualmente mucho más sutil. Mejor que la porra, la escucha o el espionaje por internet o la telefonía móvil. O los medios de intoxicación de masas.

jefferson bancosEl resultado político social de esa tal pretendida globalización puede ser la amenaza del llamado Nuevo Orden Mundial, paraíso de monopolios, financieros sin escrúpulos y, al cabo, de la tiranía de un poder omnímodo sin cortapisas ni capacidad de ser contrarrestado por ninguno de los recursos o contrapoderes liberales clásicos.

Pero hay otros aspectos diríamos que “teológicos” dado que estamos hablando de ciencia económica además de los prácticos.  Una de las virtudes de la economía considerada como ciencia es haberse conseguido desligar de la Ética. Hubo un tiempo en el pensamiento económico era una rama de la Moral y explicaba lo que era o no era lícito hacer. Aristóteles equiparaba la usura a la prostitución. Usura que también era condenada por nuestros teóricos moralistas de la Escuela de Salamanca. La picaresca de El El buscónLazarillo, Rinconete y Cortadillo, El Buscón o El Guzmán de Alfarache o La desordenada codicia de bienes ajenos también conocida como El Estatuto de los ladrones escrita por Carlos García, constituía uno de los mejores tratados de Economía política y de explicación del funcionamiento de las clases sociales y del real de la asignación de bienes y servicios en las sociedades de la época.

Pero la llamada ciencia económica se divorció de los iniciales planteamientos éticos y construyó una serie de abstractos como los conceptos de producción o de mercado desligados de las ciencias, técnicas o sociedades en las que tienen lugar. La producción supone una interacción entre el hombre y la naturaleza. Lo “científico” es que tanto uno (Trabajo) como otro (Tierra) se conviertan en mercancías objeto de compraventa.

Un paso más en este proceso de abstracción es el realizado por León Walras en su famoso Tratado de la Riqueza social al establecer un desarrollo teórico y matemático similar o isomorfo con el de la Mecánica newtoniana. Un aparato conceptual y metodológico tomado de las ciencias físicas que obvia el carácter contingente e histórico de las actividades humanas y en especial de la economía.

walras1_optSin embargo, en este mismo tratado citado, Walras explica las condiciones o postulados básicos que ha de cumplir la Economía neoclásica en busca del equilibrio. La riqueza objeto de lo económico está constituida por los siguientes atributos o condiciones y solo por esos:

Debe ser apropiable. La propiedad no recae más que sobre la riqueza social y recae sobre toda la riqueza social.

Valorables e intercambiables

Reproducible o multiplicable industrialmente.

Susceptibles de valor de cambio.

Pero la riqueza social no es solo eso a lo que hace referencia Walras. Sino que es un problema de cultura. La vida en un vacío cultural no es vida ni las necesidades de tipo económico pueden rellenar tal vacío. El teórico homo economicus de la llamada ciencia económica no existe como tal.  Pero tampoco en una economía basada en el empleo de recursos no renovables cabe hablar con rigor de lo reproducible o multiplicable industrialmente. Ni menos aún, todos los recursos imprescindibles para la vida son apropiables o tienen valor de cambio.

Dentro de los parámetros walrasianos y de la economía neoclásica acaso se puedan alcanzar la eficiencia y el equilibrio teóricos dentro de su universo tautológico teórico pero causando una auténtica catástrofe ecológica, social y humanitaria.

El liberalismo histórico o clásico pretendía la defensa de las libertades.  Por eso, algunos han reacuñado el término liberal para convertirlo en libertario y que siguiese significando lo mismo.

 

 

 

 

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