Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La santa Compaña

 

                                                                                 Entre las nueve y las diez

                                                                                 Deja la noche para quien es

 

De lo que no se puede hablar mejor es callarse” nos advierte Wittgenstein en la contundente proposición que cierra su famoso Tractatus. Pero esta vez no vamos a hacer demasiado caso a don tractatus rev occidenteLuwding porque si no apenas podríamos hablar de nada.  Bien por las dificultades epistemológicas de acceso al conocimiento. Bien, (o mal), por razones más pedestres como son la casi censura objetiva y subjetiva con que se suelen tratar ciertos temas en España. Baroja decía que el éxito rápido no se puede conseguir más que adulando al público. Es decir, mintiendo.  Sin embargo, como acostumbro y los lectores de Vosotros merecen, voy a exponer aquí lo que pienso.

Así, en las líneas siguientes propongo al amable lector una breve revisión de uno de los mitos gallegos más famosos, considerado como mera superstición por los racionalistas a ultranza, el de la Santa Compaña. Cuya interpretación constituye todo un desafío epistemológico.  Quizás lo primero que cabría decir es que aunque se trata de una de las joyas de la Antropología gallega no es un hecho diferencial. Con variados aspectos formales o de detalle, de un modo u otro, se encuentra presente como una invariante de la Cultura universal en relación con la muerte.  Un mito, decían los griegos, es la expresión de una realidad espiritual que lo trasciende.  Sin embargo, modernamente no es esa la acepción dominante. Nuestro Ortega sostenía, a mi juicio de modo errado, que el mito era enemigo de la ciencia. Digo de modo errado porque para entenderlo es preciso separar la realidad del fenómeno de la forma o expresión contingente que pueda adoptar en las diferentes sociedades y culturas y de la interpretación que se hace del mismo según las creencias religiosas o intelectuales dominantes.

Modalidad de un mito universal

Relacionado de modo muy estrecho con el mito gallego de la Santa Compaña se encuentra el asturiano de la Buena Gente o Huestia, término que viene de hueste, ejército, compaña, en este caso de fantasmas. Pero ya el considerado padre de la lengua española como idioma culto, el riojano Gonzalo de Berceo, se hace eco de una variante de esta tradición en uno de los milagros de Nuestra Señora, el relacionado con Teófilo. Y también es frecuente con alguna variante en otros lugares de España. Y de un modo más genérico se asemeja a otros muchos de gran valor estético con notable influencia en la Historia del Arte: así por ejemplo, el comendador que en cuerpo astral invita a Don Juan a acompañarle, las huríes coránicas que reciben a los caídos de la guerra santa. Las valquirias de mitos nórdicos que recogen a los guerreros muertos en combate como ilustraba musicalmente Wagner en su famosa cabalgata de la segunda entrega de la Tetralogía de los Nibelungos. O la variante de Eros y Tanatos, el Alma rescatada de la Muerte por el Amor del bellísimo e inspirador mito de Orfeo.

quixote 11_optTambién los cortejos astrales retratados por nuestro gran Cervantes en sendos pasajes de El Quijote: En la cueva de Montesinos con el cortejo de Belerma y el corazón de Durandarte. Mito que, por cierto, tiene una imitación gallega en la vida real: al igual que Belerma, Juana de Vega, la viuda de Espoz y Mina, también guardaba el corazón de su esposo metido en un cofre. Otro más, cuando don Quijote ve la procesión del mago Merlín y le explican qué debe hacer para desencantar a Dulcinea. O cuando acomete a los disciplinantes que escoltan un cuerpo muerto desde Baeza hasta Segovia. Trasunto evidente de un conocido hecho histórico, el traslado del cadáver de San Juan de la Cruz.

Para terminar esta breve relación, otra variante literaria: Después de una noche tenebrosa, Espronceda también hace vivir su propio entierro a El estudiante de Salamanca: “Era más de media noche…los vivos muertos parecen, los muertos la tumba dejan…”

Dentro de la Arqueología española cabe entender también que quizás muchas de las figuras de la Fraternidad de Elo, anterior al Cristianismo, como las descubiertas en el zigurat natural de Montealegre (Albacete) pudieran representar alguna forma de cortejo o procesión astral relacionados con antiquísimos ritos mesopotámicos, introducidos en España por el pitagorismo.

Versiones gallegas del mito

 Entre las descripciones o interpretaciones personales relativas a la Santa Compaña, que pueden presentar diferentes variantes más o menos de detalle, podemos traer aquí la de Claudio Cuviero escrita a finales del XIX y basada en sus recuerdos de la niñez:

“Hay una hora en la noche, la más triste y fatídica; en ella los espíritus, fantasmas y visiones dejan sus ocultas moradas y vienen a este mundo a expiar sus culpas, bañando de terror las mentes de los sencillos labradores. Esta hora está entre las nueve y las diez. De aquí el adagio gallego que tan bien observan los hijos del país.

                                              Entre las nueve y las diez

                                             Deja la noche para quien es

Y, en efecto, poco después de las nueve, empiezan a distinguirse en lontananza multitud de luces que, pausada y majestuosamente, caminan sin rumbo ni dirección fija.  Apenas estas luces se divisan en la aldea, cuando un pánico terror se apodera de todos los vecinos; ciérranse las ventanas, atráncase las puertas, cada uno se encomienda al santo de su mayor devoción y entre  la consternación y espanto general escúchanse las voces de: ¡A Compaña! ¡A Compaña!

Motivo hay, efectivamente para una tan grande confusión, porque las que llevan aquellas luces son almas en pena, que después de haber entrado en la iglesia de donde toman la cruz y el escano (peto de las ánimas) empiezan a vagar por los contornos, penetran en las habitaciones, se apoderan de las personas dormidas, las sacan por el ojo de la cerradura, y entregándoles un hacha de cera, las hacen acompañar a la lúgubre procesión. Si, por acaso, en su tránsito, encuentran alguna persona que no haya tenido la precaución de echarse en tierra fingiéndose muerta, se apoderan de ella y entregándole un hacha la obligan a formar parte del acompañamiento”.

Otras versiones recogen que la doble hilera procesional acompaña a cuatro porteadores de un féretro vacío aún pero en el que se puede identificar la figura del próximo fallecido en cuerpo astral.

Dentro de los ritos antropológicos tradicionales gallegos relacionados de modo muy estrecho con la muerte, además del de la Santa Compaña, destacan también otros no menos populares, así las procesiones de ataúdes como las de Santa Marta de Ribarteme o las mortajas del Nazareno en la Puebla del Caramiñal. En la primera, dedicada a la hermana de Lázaro el resucitado, los “ofrecidos” incluso son transportados dentro de los féretros ellos abiertos, por sus deudos. En la del Nazareno, los ataúdes son llevados por los devotos y el “ofrecido” va detrás del féretro. De color blanco en el caso de los niños, sobre la cabeza de su madre o padre.

sudario_optCreo que estas tradiciones rituales más o menos deformadas se pueden encuadrar dentro de la llamada magia simpática. Se pretende evitar con ellas que el cortejo de la Santa Compaña, considerado maléfico sino terrorífico, se lleve al posible difunto en el féretro pues ya lo hacen por ella otros agentes bienhechores o más afines por amistad o parentela al que pudiera fallecer. Sin embargo, estas manifestaciones populares tradicionales acaso puedan ser reminiscencias o deformaciones, de las antiguas ceremonias litúrgicas iniciáticas propias de las antiguas escuelas de los Misterios o ciertas órdenes monásticas en la que los recipendiarios han de morir y renacer simbólicamente a una nueva vida, en pseudo tumbas que tanto abundan en antiguos templos o monasterios prerrománicos y románicos.

También cabe relacionar estas procesiones o las de la Santa Compaña con las de Semana Santa donde los nazarenos o cofrades con sus capirotes y uniformes asemejan manifestaciones en el plano material de cortejos de otros diferentes planos. Pero en su origen simbólico el Camino de Santiago es una procesión de estrellas, La Vía Láctea. Y para la tradición griega las almas heroicas se convierten en estrellas. Otra s and 3_optversión mitológica sostiene que primero junto al cabo Ortegal, en san Andrés de Teixido, y luego, una vez reelaborada por el Cristianismo, en Compostela estaba una entrada al “inferos”. Sea como fuere, ciertos clarividentes, explican que en san Andrés habría una especie de hospital de almas en espera o transición, de donde vendría las creencias en que allí va de muerto quien no fuera de vivo o en que durante la peregrinación al santuario hay que tener cuidado de no pisar lagartijas, culebras u otros reptiles no fueran a ser manifestaciones del alma de algún desorientado galleguista en busca de redención.

Como puede verse existe una gran semejanza con el hilozoísmo como concepción del mundo: la generalización de la idea de la vida a todos los seres. El intento de referir a un origen psíquico el conjunto de las cosas y de los fenómenos naturales. El mito de la concientización progresiva del Todo a través de la evolución creciente de sus criaturas desde el mineral hasta el ángel. En las bellas palabras de un soneto del poeta trágico portugués Antero de Quintal: ¡Almas en el albor de la existencia; despertaréis un día en la Consciencia; y flotando, ya puro pensamiento; veréis caer deshechas, lentamente; las vanas formas que creó la mente; y acabará, por fin, vuestro tormento!

Un fenómeno con explicación metapsíquica

¿Qué fenómeno es el que se trasmite con el mito de la santa Compaña? Lo que se expresa es un fenómeno metapsíquico: la experiencia de la percepción del plano astral por personas en estado de hipersensibilidad que puede hacerse más general mediante una persona dotada de facultades mediúmnicas o especiales. Esta percepción astral se asocia a la muerte. Cosa que enunciada así, tan de sopetón, puede mover a incredulidad sino sonrisa suficiente del lector más racionalista, que no investigador ecuánime racional. Pero este tipo de fenómenos han sido estudiados por muchos científicos de talla internacional, que en un principio trataban de demostrar que se trataba de fraudes o supercherías, hasta darse cuenta que dicha hipótesis del fraude bien pudiera explicar algunos, o muchos, casos pero no todos. Así, por ejemplo, entre otros, Sir William Crookes, descubridor del elemento químico talio, el naturalista Russell Wallace, Geley, el reverendo Stainton Moses, el astrónomo Flammarion, el alienista Lombroso, Oliver Lodge o el Profesor Richet, catedrático y Premio Nobel de Medicina de 1913. Este notable y valiente profesor de Fisiología en la Sorbona dedicó gran parte de su vida a la investigación de estos fenómenos extraños que el bautizó con el nombre de metapsíquicos. Sin embargo, el término Metapsíquica que voy a seguir utilizando comenzó a ser sustituido desde el congreso de Utrech en 1953 por el más conocido hoy de Parapsicología, empleado en Alemania.  Se pretendía desligarlo etimológica y simbólicamente de la metafísica para mejor resaltar lo empírico o fenomenal.

richet metapsiq_optEl doctor Richet define la Metapsíquica como la ciencia que tiene por objeto los fenómenos mecánicos y psíquicos debidos a fuerzas que parecen inteligentes o a potencias desconocidas latentes en la inteligencia humana. La Metapsíquica puede ser objetiva y subjetiva: La primera menciona, clasifica, analiza ciertos fenómenos externos, perceptibles por nuestros sentidos, de naturaleza mecánica, física o química, que no dependen de fuerzas conocidas en la actualidad y que parecen tener carácter inteligente. La Metapsíquica subjetiva estudia los fenómenos que son exclusivamente intelectuales. Estos se caracterizan por la noción de ciertas realidades que nuestras sensaciones o han podido revelarnos. Ocurre cual si poseyéramos una facultad misteriosa de conocimiento, una lucidez que nuestra clásica psicología de las sensaciones no puede todavía explicar. Richet propone el nombre de criptestesia para esta facultad de naturaleza desconocida. La metapsíquica subjetiva es interna, psíquica y no material. La objetiva es material y externa. A veces el límite entre unos y otros fenómenos resulta incierto. Los fenómenos subjetivos suelen ser mejor admitidos que los de la Metapsíquica objetiva que resultan más incoherentes con los paradigmas científicos dominantes.

Richet asegura que está establecido, es decir no es una simple hipótesis sino un hecho, que: “existen vibraciones o fuerzas en el Universo que conmueven nuestra sensibilidad y determinan ciertos conocimientos de la realidad que nuestros sentidos normales no han podido dar”. Richet descubrió, gracias a sus propias experiencias durante décadas como profesor e investigador, al menos cuatro importantes fenómenos: Criptestesia. Telequinesia. Ectoplasmia. Premonición.

La Criptestesia o lucidez de los antiguos es la facultad de percepción diferente de las facultades de conocimiento sensoriales normales.

La Telequinesia es una acción mecánica diferente de las conocidas que se ejerce sin contacto, a distancia, sobre objetos y personas, en ciertas condiciones.

La Ectoplasmia o materialización de los antiguos autores es la formación de objetos diversos que generalmente parecen salir del cuerpo humano y toman la apariencia de una realidad material, como ropajes, velos, cuerpos vivos…

La Premonición es una variante de la criptestesia, la capacidad de conocer fenómenos o hechos futuros, en consecuencia la facultad de adivinación, y una de las más difíciles de explicar.

Estas definiciones están recogidas de su Tratado de Metapsíquica de 1922, versión española de Editorial Araluce, prologada por el Doctor Ferrán, que constituye uno de los más importantes tratados científicos sobre este tema.

El mito gallego de la Santa Compaña tendría aspectos metapsíquicos tanto subjetivos como objetivos.

Interpretaciones eclesiásticas

La Antigüedad tenía noticias de la existencia en el hombre de muchos principios y cuerpos diferentes. Tal era la creencia de los zorastrinos, la de los egipcios y la de los griegos. También parece encontrarse en la iconología sumeria con sus conocidas e inquietantes figuras aladas. Y desde luego en la Iglesia Católica primitiva, sin olvidar el priscilianismo, aquí en Galicia.

Un moderno gran investigador de estos fenómenos, Sir Arthur Conan Doyle,  autor de la famosa saga del investigador Sherlock Holmes, médico, estudioso del mundo del esoterismo, achaca a la ignorante beatería hipócrita dominante los ataques del clero cristiano que sacrifica el Conocimiento al Poder ya que “es sorprendente que al leer los primitivos escritos de los Padres de la Iglesia, hallemos que éstos poseían ya completamente el conocimiento psíquico y de las ciencias psíquicas. Los cristianos primitivos vivían en íntimo y familiar contacto con los seres invisibles, y su fe absoluta y constante se fundaba en el conocimiento positivo y personal que adquirían con dicho contacto”.

Sin embargo, la Iglesia Católica cuenta infinidad de casos, entre ellos:

San Agustín en La ciudad de Dios habla de un caso de desdoblamiento en forma animal el del padre de Prestantius. Este había comido un alimento envenenado y quedó como dormido varios días sin que fuera posible despertarle. Cuando despertó al cabo de varios días relató lo que creía haber soñado. Se había transformado en caballo y había estado llevando provisiones a unos soldados a Rhetia, dando detalles que se pudieron comprobar.  San Agustín trata de explicar el hecho: no creo que sean demonios. “Más bien creería que en este hombre el elemento de la imaginación que se transforma en fantasmas, tomaba el aspecto de las cosas exteriores, bajo la acción del pensamiento o de los sueños, y aunque incorpóreo revistiendo con prontitud maravillosa la imagen de los cuerpos, creería digo que este elemento, cuando apariciones_optlos sentidos permanecen amodorrados o cerrados puede de manera que no se explica, presentarse a los sentidos de otro con forma corporal. Así mientras su cuerpo yace en cualquier parte, viviendo aún, pero con los sentidos encadenados más fuertemente que durante el sueño, el fantasma de su imaginación, incorporado, por decirlo así a los rasgos de cualquier animal, aparece ante los sentidos de otras personas, y el mismo se ve, como se ve en los sueños, llevando fardos bajo aquella forma…” (Lib, 18, c23)

El papa san Clemente celebraba misa en Roma cuando de pronto pareció que se durmió con profundo sueño, que duró tres horas. Cuando despertó dijo al pueblo que por orden de san Pedro había ido a Pisa a consagrar un templo. Todos los fieles le habían visto en Pisa durante el oficio que se había celebrado el mismo día y a la misma hora en que dormía en Roma.

En 1571, san Francisco Javier se hallaba en un navío que iba del Japón a China y que fue sorprendido por una tempestad terrible. Quince hombres que habían bajado a una chalupa fueron arrebatados y desaparecieron. Cuando el temporal amainó, la tripulación se preocupó por el bote, pero san Francisco Javier que estaba en oración les dijo que no se preocuparan, puesto que aparecerían pasados tres días. Efectivamente, así fue. Rescatados los desaparecidos, indicaron que no habían tenido miedo porque el santo había estado todo el tiempo con ellos, guiando la pequeña embarcación. La tripulación del navío también aseguraba que éste no había abandonado la nave en ningún momento.

También es conocido, e influyó en su posterior canonización, el desdoblamiento astral de San Alfonso María de Ligorio que le permitió asistir a la muerte del Papa Clemente XIV en Roma mientras permanecía en Nápoles.

Para explicar estos extraños fenómenos más allá del recurso al milagro se barajan por la Iglesia dos hipótesis:

Los partidarios de la bicorporeidad real o desdoblamiento, que admiten que el alma se puede separar del cuerpo, alejarse de él y aparecer lejos, tomando la materia del medio ambiente para constituirse un cuerpo que es exactamente el doble del que permanece inanimado.

Los partidarios de la representación, la mayoría, que creen que el alma no abandona jamás el cuerpo sino en la muerte, y que es un ángel el que toma las apariencias del cuerpo para ejecutar por sí mismo los actos que se atribuyen a la fantasma. También puede darse el caso que el individuo se traslade en cuerpo y alma, y entonces es el ángel quien toma su lugar como durmiente.

El primer caso coincidiría con las ascentrales técnicas y prácticas chamánicas de desdoblamiento inducido, en este caso de los chamanes, de carácter voluntario. De modo semejante el místico extático sumido en el sueño del éxtasis permanece inerte con apariencia de muerte, mientras que en otra parte aparece vivo y ocupándose del cumplimiento de su misión. El alma tendría la facultad de separarse del cuerpo mientras el éxtasis durase. Tal vez los místicos alcanzan la visión de este otro plano dimensional cuando hablan de ser trasportados al tercer cielo (San Pablo) o a la séptima morada (Santa Teresa) por citar algunos famosos dentro del ámbito del Cristianismo auque el fenómeno de la Mística sea universal. La antes citada Santa Teresa de Ávila estuvo a punto de ser enterrada viva en cierta ocasión durante un éxtasis experimentado durante su juventud en el que parecía muerta. ¿Por qué no muere, si no está el alma? Porque no se habría separado totalmente del cuerpo permaneciendo unido a él de forma sutil. Para algunos autores cristianos hay que distinguir entre alma y espíritu. Se llama espíritu cuando tiene conciencia de su elevación y de las maravillas que Dios ha obrado en ella, cuando se purifica, se separa de la tierra para vivir hacia Dios. Se llama alma cuando se une a su cuerpo para animarle para conservar en él su vida vegetativa y animal.

Constitución del hombre

doble etereo_opt¿Cómo está constituido el hombre? Evidentemente del cuerpo material o bioquímico. Pero ¿existen más cuerpos? Las religiones establecen que existe también un alma o espíritu, que según algunos autores incluso sería pesable en determinadas condiciones. Una curiosidad: según experiencias del Doctor Duncan la diferencia de peso observada en el momento de la muerte del hombre sería de unos 60 o 70 gramos.

Las escuelas y concepciones esotéricas sostienen la existencia de una especie de intermediario entre uno y otro que está en comunicación con ambos.  Tal sería el Ferner de Zoroastro, el Zelén de Ruach de los cabalistas, el nefest de la Biblia, el arqueo de Paracelso, el periespíritu de los espiritistas, el cuerpo astral de teósofos y alquimistas…

Ahora bien, este elemento intermediario también puede dividirse a su vez según las diferentes escuelas esotéricas. Suelen dividir esta tipología ternaria a su vez en otras tres de las que sus límites contiguos se solaparían dando lugar a una constitución septenaria del hombre. La doctrina de la multiplicidad de cuerpos, vehículo cada uno de un alma ya era defendida por Prisciliano y en general por la Gnosis. Dentro de esta visión antropológica las almas irían descendiendo cada una en su plano hasta cada vez mayor grado de materialización.  Tras la muerte, el proceso sería contrario, si bien afectado por la metempsicosis. Por ello los priscilianistas negaban la resurrección de los cuerpos como defiende el Cristianismo oficial. Según Murguía el priscilianismo arraigó en Galicia gracias a la tradición panteísta celta, cosa que objeta Menéndez Pelayo, creo que con razón, en el sentido de que el segundo era materialista y el primero de orden idealista pues la materia era obra defectuosa de un demiurgo malo.

cuerpo mental_optAhorro al amigo lector la  farragosa enumeración de los distintos términos con los que cada escuela los designa porque nos importan más los fenómenos que sus teologías. Pero, a efectos descriptivos para la mejor comprensión del fenómeno, adoptó aquí la siguiente clasificación según el nivel de materialización y supervivencia de cada cuerpo que resulta vehículo de manifestación en su plano correspondiente del superior: Cuerpo físico. Doble etéreo. Cuerpo astral. Cuerpo mental. Cuerpo causal.  Cuerpos espirituales superiores o de alta vibración, inaccesibles a la investigación empírica. Según la terminología de los teósofos el espíritu sería el cuerpo mental y el alma el cuerpo astral. El cuerpo glorioso llamado así por San Pablo sería la combinación de cuerpo astral y cuerpo mental.

El doble etérico se disuelve pocos días después de la muerte del cuerpo físico. Por eso no se deberían incinerar los cadáveres hasta al menos pasados tres días desde el fallecimiento. El cuerpo astral, que posee forma humana, se mantiene en su plano durante mucho más tiempo. El cuerpo mental es una especie de aura especialmente brillante en la cabeza.  Al parecer, el Dr. Baraduc lo habría fotografiado en forma de bola luminosa. El cuerpo causal no parece poseer forma definida ni se ha podido fotografiar. Sería la frontera de las manifestaciones perceptibles por el presente conocimiento humano.

¿Qué es lo que se “vería” en la Santa Compaña?

Es difícil contestar a esta pregunta y siempre nos podrá quedar una duda razonable. Los científicos metapsíquicos, una vez descartado el fraude o superchería como el de los monjes rijosos del monasterio de Cornellana, aludirían a los ectoplasmas como realidad experimental.  Son muchos los casos conocidos. flam 1_optA lo largo de decenios, Camilo Flammarion recogió varias decenas de miles de los que publicó una vasta selección en su famosa trilogía La Muerte y el Misterio, editada en España por Aguilar. Esto parece claro.

Pero a su vez estos ectoplasmas pueden ser cuerpos de otros cada  vez más sutiles como en una especie de muñeca rusa, envoltorio de otros más internos. Para los cabalistas cada mundo superior está contenido en el inferior como dechado e imitación, y es influido y regido por el superior. En el conjunto impera la ley divina o la inmediata presencia de Dios, la Schechinah.  El hombre terrenal es el microcosmos. El cuerpo es la envoltura del alma. El investigador Durville, entre otros, mediante hipnosis profunda ha realizado experimentos de progresivo desdoblamiento sucesivo. Una conclusión es la sorprendente exteriorización de la sensibilidad.

Aquí lo que nos interesa es el vehículo etéreo que serviría de primer plano a la conciencia post mortem y la cuarta dimensión del espacio. Este mundo o plano astral es el en el que los teósofos colocan la primera actividad de la conciencia tras la muerte. Es muy probable que en el cortejo astral que da lugar al mito de la Santa flam 2_optCompaña lo que se perciba sea una manifestación de cuerpos astrales y mentales.

Pero la Santa Compaña tiene un cierto componente de terror maléfico.  No exento de paradoja. En efecto. Algunos clarividentes consideran el proceso de la muerte como un nacimiento a otro plano diferente de existencia. Así los cuerpos sutiles del moribundo después de abandonar el cadáver serían recibidos para ayudarle y confortarle en ese trance por los cuerpos astrales de familiares o amigos de modo semejante al modo en que el bebé es recibido por los asistentes al parto.  A este fenómeno se achacaría el frecuente aparente delirio de muchos moribundos que, ante la incredulidad de sus acompañantes, pretenden ver junto a sí a personas allegadas ya fallecidas que vienen a acompañarle y asistirle en el trance de la muerte.

¿A qué se debería este aspecto maléfico de la Santa Compaña? Aquí si creo que cabría hablar de superstición debido al miedo inculcado por la religión tradicional que subordina el Conocimiento al Poder.  La ignorancia es madre de temores. En la Tradición tibetana se leen directrices de su famoso Libro de los Muertos flam 3_optpara evitar que los cuerpos sutiles del recién fallecido no se extravíen en el plano astral y en la medida de lo posible se libren de otra etapa en la rueda de las reencarnaciones. Otras tradiciones hablan de un llamado círculo del espanto dentro del plano astral. Una especie de pandemonium monstruoso que rodea el globo y que debemos franquear. Formado por el entramado de pasiones incontroladas de la humanidad, el cuerpo astral de los suicidas y por entes astrales retenidas en su evolución espiritual. En el Libro de los Muertos del antiguo Egipto se encuentra la confesión a Maat, diosa de la Verdad, en la que el difunto hace una declaración de no haber vulnerado la Ley Moral. Con su cabeza de perro o chacal, Anubis hace las veces de dios psicopompo, del mismo modo que Fausto recoge un perro negro que luego resulta ser Mefistófeles. También cabe recordar las diferencias de percepción o interpretación de las Noches de Walpurgis en ambas partes de la obra de Goethe. Mientras la Walpurgis medieval, de influencia eclesiástica, aparece como grotesca y maléfica, la de evocación clásica despliega los valores estéticos de la mitología griega, donde Eros se muestra como dador de Vida.

En todo caso, la Metapsíquica nos puede ayudar a conocernos mejor como microcosmos dentro de un macrocosmos más amplio del que formamos parte. Y además que la Metapsíquica también el Arte y  la Cultura.

Interpretación desde la Cultura

He aquí otra vez la gran cuestión. La Cultura no como erudición sino como forma de liberación humana. mercurio y las tres diosas_optLos admiradores de la antigua civilización clásica deberíamos recuperar los tiempos de Eros y Tanatos, de los antiguos mitos sobre la naturaleza del alma, del Amor que nos rescata de la muerte. Así, el simbólico desencantamiento de Dulcinea o superación del mundo de la materia, la Dama que el enamorado caballero Don Quijote debe rescatar para recuperar su verdadera forma y naturaleza. El tiempo a-histórico en que Orfeo el civilizador y dador de Cultura atravesaba el Hades en busca de Eurídice en una de las aventuras cenitales de la Cultura occidental que más notables logros estéticos ha logrado inspirar. Acaso no sea casualidad que la ópera moderna como renovación de los antiguos dramas sacros nace en el palacio del duque de Mantua con una representación ideada por Claudio Monteverdi sobre el mito de Orfeo. Luego la joya conmovedora de Gluck, pionera del leit motiv wagneriano, o la de Haydn  entre otras, ligadas a la renovación musical y estética. O la reelaboración mozartiana del mito órfico combinado con el eleusino en La Flauta mágica. El mito del rescate por amor: Proserpina, Eurídice o Pamina y Dulcinea, simbolizan al alma, la Dama del caballero.

Y es que necesitamos revivir los planteamientos éticos adornados de los mayores logros estéticos de la Cultura occidental. De los mensajes de muchos de sus más grandes autores. Pero las culturas y las formas cambian con los tiempos. Para muchos gallegos de hoy el mito de la Santa Compaña es cosa de un pasado remoto y supersticioso que conviene arrumbar. El pertinaz “aparecido” que le estropeaba el negocio al simpático bandido Fendetestas en su corredoira atajo y a quien éste quería llevar con la “Buena gente” sería cosa de otra época superada hoy por la modernidad de los peajes de AUDASA. Aquí en Galicia, al igual que en el resto de España, lo que hoy mola es la moda anglosajona del llamado Halloveen, que mueve dinero, comercio de máscaras y cachivaches o festejos lucrativos. No se trata de la negación materialista de la espiritualidad o de la supervivencia del alma, sino simplemente de su frivolización, de su adaptación a la mentalidad infantiloide del nuevo ciudadano disfrazado que vive sin vivir en él, feliz votante a lo que le digan en la inopia de esta civilización deshabitada. Acaso tenga razón Rene Guenon cuando sostiene que la nuestra es una civilización sin metafísica  y por eso yace en crisis permanente. La crisis espiritual que es la madre de todas las demás, incluida la estética, la política o la económica.

Mas tales cosas parecen relegadas en este siglo tan frívolo, tan renovadamente supersticioso, tan cobarde e incapaz de mirar a la muerte cara a cara, en el que tomar en serio la metapsíquica, las otras dimensiones de la existencia, la metafísica, se considera algo anticuado, o propio de gente desatinada con ganas de fastidiar, enturbiar la ejemplar Feliz Gobernación del Régimen o simplemente dar la nota porque no pillan subvenciones.

 

Artículo publicado en el número 5 de la revista Vosotros

 

 

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