Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Teresa, Cervantes y los libros de Caballería

Medio milenio desde nacimiento de Teresa Cepeda, cuatro siglos desde la publicación de la edición príncipe de la segunda parte de El Quijote confluyen en este año 2015.  Cien años que suponen también un cambio en la forma de comprender muchos aspectos de la aventura espiritual. E incluso en los intentos de renovar e incluso superar la relación del hombre con el poder eclesiástico. Es bien sabido que los libros de caballería, con toda su carga heterodoxa, formaron parte del imaginario estético y literario de muchos de los españoles del Siglo de Oro, incluidos nuestros autores más señeros. Cervantes en su conocida polémica con Quevedo defendía la consideración de Teresa de Ávila como patrona de España mejor que la de Santiago matamoros. Tanto Cervantes como Teresa aparentemente reniegan en sus escritos de los libros de caballería. Sin embargo, por muchas razones, lo exotérico muchas veces disimula o incluso encubre lo esotérico, que no obstante resulta el verdadero inspirador de la conducta.

teresa y juan 0En el capítulo II de su famosa autobiografía Teresa Cepeda confiesa su, para ella inconveniente, relación con los libros de caballería. Costumbre heredada de su madre, nos dice la excepcional carmelita:

Considero algunas veces cuán mal hacen algunos padres que no procuran que vean sus hijos siempre cosas de virtud de todas maneras; porque con serlo tanto mi madre, como he dicho, de lo bueno no tomé tanto en llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó mucho. Era aficionada a los libros de caballería, y no tan mal tomaba este pensamiento como yo lo tomé para mí, porque no perdía su labor; sino desenvolvíamonos para leer en ellos, y por ventura lo hacía para no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidos. De esto le pesaba tanto a mi padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos, y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo demás; y parecíame no ser malo, con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan extremo lo que en esto me embebía, que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento. Comencé a traer galas y a desear contentar en parecer bien, con mucho cuidado de manos y cabello, y olores y todas las vanidades que en esto podía tener, que eran hartas, por ser muy curiosa. No tenía mala intención, porque no quisiera yo que nadie ofendiera a Dios por mí. Duróme mucha curiosidad de limpieza demasiada, y cosas que me parecía a mí no eran ningún pecado, muchos años, ahora veo cuán malo debía ser”.       

E G caballero de la mano en el pechoPor su parte, Cervantes hace confesar astuta e irónicamente a su heterónimo y alter ego Cid Hamete Benengeli: “pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías…” Frase que es mucho más equívoca de lo que parece porque puede interpretarse que critica las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, es decir una parte o el abuso pero no el todo, los libros en sí mismos, al menos algunos, vehículos de transmisión del ideal caballeresco más o menos inspirado en el ciclo artúrico.

Pero la propia obra maestra cervantina es un mentís a la interpretación exotérica de El Quijote que ofrece en su final para satisfacción de ortodoxos bien pensantes.

Don Quijote nos declara: “no sabeis que si no fuese por el valor que ella infunde en mi brazo no le tendría yo para matar una pulga….¿quién ha hecho -todas las hazañas- sino es el valor de Dulcinea, tomando a mi brazo por instrumento de sus hazañas. Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser?

Dulcinea es la dama y el alma del caballero don Quijote, y le guía iniciáticamente y sin intermediarios eclesiásticos en su lucha contra los propios vicios. Es decir, con una visión esotérica del ideal caballeresco don Quijote nos aclara que: “hemos de matar en los gigantes a la soberbia, a la envidia en la generosidad, y buen pecho, a la ira en el reposado continente, y quietud del ánimo, a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos, a la injuria y lascivia en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos, a la pereza con andar por todas partes del mundo, buscando las ocasiones, que nos puedan hacer, sobre Christianos famosos Caballeros”.

Cervantes liga la sufrida profesión de caballero andante con la saga artúrica de cuya transmisión iniciática se reclama don Quijote, quien cree en verdad que ha sido regularmente iniciado en un castillo y no burlado externamente por un ventero socarrón: “¿no han vuesas mercedes leído los anales e historias de Inglaterra donde se tratan las famosas fazañas del rey Arturo, que continuamente en nuestro romance castellano llamamos el rey Artús, de quien es tradición antigua y común que este rey no murió sino que por arte de encantamiento se convirtió en cuervo…?” y prosigue don Quijote: “pues en tiempo de este rey fue instituida aquella famosa orden de caballería de los caballeros de la Tabla Redonda… desde entonces de mano en mano fue aquella orden de caballería extendiéndose  y dilatándose por muchas y diversas partes del mundo y en ella fueron famosos y conocidos por sus fechos el valiente Amadís de Gaula, …Tirante el Blanco,… Belianís de Grecia. Esto es ser caballero andante y la que he dicho es la orden de su caballería, en la cual he hecho profesión y lo mesmo que profesaron referidos profeso yo”

La referencia a la saga artúrica del Grial no es superflua. Los caballeros, héroes solares buscan el grial, el recipiente telúrico femenino. La marcha del caballero que abandona su vida normal para iniciar la aventura de la búsqueda del grial también puede relacionarse con las primeras fases de la mística, la que llamaban noche oscura del alma.

puesta sol ov 011_optEl Grial es un símbolo polisémico anterior al cristianismo, pero que en la variante cristiana representa una concepción heterodoxa de esa tradición. En Galicia el Grial está ligado a las más antiguas tradiciones. Así al culto solar y al ara solis. A la contemplación del sol en el ocaso sobre el mar. Al espectáculo de Poniente y a la posterior resurrección del sol una vez atravesada la mar. Se consideraba al cáliz o vaso en el que navegaba el sol por el océano como un antecedente del Grial cristiano. Al cabo, Jesús también es un héroe solar que nace un solsticio de invierno y es crucificado tras el cruce de la eclíptica con el ecuador celeste. Para muchos autores el cristianismo es una de las variantes de dicha Tradición solar.

Según la antigua leyenda del Grial cristiano dos discípulos ocultos, Arimatea y Nicodemo, recibieron las reliquias de la copa y la lanza sagradas. Así, José de Arimatea pudiera considerarse el primer obispo de la cristiandad en su aspecto esotérico, la Iglesia secreta del Grial, frente a la Iglesia de San Pedro, la del Poder exotérico o establecido.

En otro momento refiriéndose a san Jorge, san Diego matamoros, san Martín o san Pablo, don Quijote afirma que: “estos santos y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio de las armas, sino que la diferencia que hay entre mi y ellos es que ellos fueron Santos y pelearon a lo divino, y yo soy pecador y peleo a lo humano. Ellos conquistaron el cielo a fuerza de  brazos (porque el cielo padece fuerza) y yo hasta agora no se lo que conquisto a fuerza de mis trabajos: pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que padece mejorándose mi ventura, y adobándoseme el juicio, podría ser que encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo”.

Acaso para compensar tantas concesiones formales como se ve obligado a hacer para la censura, el Cervantes más anticlerical, como corresponde a un buen caballero andante del siglo XVII, hace patente el obstáculo que supone la construcción material eclesiástica en la búsqueda de Dulcinea. Don Quijote no puede acceder al conocimiento de su alma, Dulcinea, encantada y deformada por lo material, porque la iglesia del Toboso le impide pasar y exclama: “con la Iglesia (con mayúscula en la edición príncipe de mil seiscientos quince) hemos dado, Sancho

Pero, ¿también la Iglesia poder de la época constituiría un paradójico obstáculo en la peripecia espiritual e intelectual de Teresa? La intrépida monja padeció muchas vicisitudes con el poder eclesiástico. Fue procesada por la Inquisición, y acaso, en vez de ser calificada de santa o doctora de la Iglesia podría haber acabado con sus huesos en prisión hasta su muerte como le ocurriera al quietista Miguel de Molinos.

dq ed alemana_optEn el capítulo L de la primera parte Cervantes alaba el valor para arrojarse al oscuro lago de pez hirviente a borbollones, los guardianes del umbral, el iniciático viaje astral hasta el Palacio o Morada encantados donde moran las doncellas que han de mostrarle todo su esplendor.  Y don Quijote nos aclara: De mí sé decir que después que soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, biencriado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos,….

Un vuelo místico que con similares consecuencias para Teresa supone que el alma queda animosa…allí son las promesas y determinaciones heroicas, la viveza de los deseos,   (Cap XIX, p 122)

En ambos casos una forma nueva, distinta, de ver la Luz. Para don Quijote: “El cielo es más transparente, el sol luce con claridad más nueva” Y dice Teresa: “cuando mira este divino Sol, deslúmbrale la claridad”…p 134

Sin embargo, don Quijote cree que la aventura depende de él y de la influencia bienhechora de Dulcinea que le inspira y da fuerzas. Teresa explica que “Verdad es que no en todas moradas podéis entrar por vuestra propias fuerzas, sino no os mete el mismo Señor del castillo”. P484

Cervantes explica otro sentido de las Órdenes de Caballería en uno de los pasajes más importantes de la obra desde el punto de vista educativo y pedagógico. El diálogo con el caballero del verde gabán y luego con su hijo poeta. “quise resucitar la ya muerta Andante Caballería… y he cumplido gran parte de mi deseo, socorriendo viudas, amparando doncellas, y favoreciendo casadas, huérfanos y pupilos, propio y natural oficio de Caballeros Andantes…”. Y como el padre se quejara del demasiado interés por la poesía de su hijo Lorenzo, don Quijote se ve obligado a responderle: “La poesía, señor Hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo extremo hermosa a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias….y ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio…no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran, y no penseis señor que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde, que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y Príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo…sea pues la conclusión de mi plática señor Hidalgo, que vuesa merced deje caminar a su hijo por donde su estrella le llama”.

Y don Quijote continúa desgranando todas las virtudes de la ciencia caballeresca en la más hermosa descripción que se haya compuesto nunca sobre ella, y que finaliza con un valiente, “ha de ser mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla”, del que daría hermoso ejemplo en el momento clave de su derrota en la playa de Barcelona, donde daría testimonio de su verdad, de su ideal, sin renegar de Dulcinea, aún en grave peligro de muerte. Porque don Quijote se tomaba el ideal caballeresco muy en serio, y su creador, aún más.

Pero El Quijote viene a representar una suerte de renovación o puesta al día del ideal caballeresco tradicional, que Cervantes finge criticar. Transformando eso sí, el plomo de ciertos libros abigarrados, absurdos, barrocos e inútiles en el oro purísimo de una nueva definición del ideal espiritual, y por ello, también práctico que representa. Porque la Caballería Andante es aún mayor alquimia que la Poesía pues ha de aplicar la piedra filosofal no sólo sobre la Palabra sino sobre el hombre mismo.

Si el caballero se identifica más con el símbolo complementario del grial, la lanza de Longinos, Teresa, femenina, lo hace con el grial o recipiente sagrado: opta por la aplicación de la búsqueda gríalica de sus luego criticados libros de caballería al ministerio eclesiástico. A una renovación de la Iglesia poder inspirada en los orígenes de la tradición del grial, de pureza, sencillez y verdad, que se concreta en su Reforma del Carmelo.

Una paradoja, no obstante, pues la ortodoxia es una necesidad de las organizaciones pero no una virtud espiritual.

 

 

 

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