Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Alá king size

El problema del fanatismo religioso desgraciadamente no es nuevo. Ahora, arrumbado el de algunas variantes cristianas tras la Enciclopedia y la Ilustración, su mayor virulencia se encuentra en el islamismo mal llamado radical y en el sionismo. Es decir en las teocracias patentes o remanentes. Del primero quizás no estén tan lejos como se pueda creer las cloacas de Occidente. Pero, la cosa no es nueva, en el mismo París horrorizado por el criminal atentado de hoymatanza s bartolome por Dubois_opt, cabe recordar que en la noche del 23 al 24 de agosto de 1572 en la infausta “Matanza de San Bartolomé” los católicos pasaron a cuchillo a varios miles de hugonotes, incluidos mujeres y niños indefensos, esta vez no por Alá sino en pretendido homenaje a su propio dios, supuestamente del amor. Quizás también pudiera haber ocurrido lo contrario, que los protestantes hubieran asesinado a los católicos de haber tenido mayor fortuna en la feroz contienda político religiosa de la época. Durante las revueltas de la India tras la independencia del Imperio Británico, la violencia entre hindúes y musulmanes provocaría miles de muertos y la propia partición de la nación.

El fanatismo es un extravío moral que hace supeditar todo incluso la vida de los demás a las propias concepciones religiosas o políticas. ¿Cómo combatirlo?

Con educación laica, con moral universal, con la promoción de la tolerancia. La naturaleza de la tolerancia a veces no se entiende bien. Es una virtud del fuerte. Del que comprende que lo numinoso se escapa a la razón y por tanto es susceptible a múltiples interpretaciones debido a nuestra propias limitaciones epistemológicas. Del que acepta la posibilidad de estar equivocado y la variedad en la inteligencia de ciertos fenómenos. También, que hay limites en lo que se puede aceptar o no. Es decir, que no todo vale. Que hay criterios. Y es del fuerte, porque una vez definidos esos límites está dispuesto a aplicarlos y no consiente, (consentir es un defecto del incapaz de entendimiento o del débil, el “multiculturalismo” uno de sus resultados), que nadie alegue su supuesta especificidad étnica, política o religiosa para saltárselos. La Ley no se puede burlar. Ante ella todos los ciudadanos son iguales para lo que no valen privilegios por razones de casta, posición social o pertenencia a ningún grupo político o religioso.

La Moral pública del civismo y de la sociedad, en consecuencia, debe ser laica. Basada en lo que todos los hombres tienen en común en cuanto que tales. Cada confesión religiosa debe limitar la aplicación de su moral singular al ámbito de su propia jurisdicción en las conciencias de sus fieles.  En Occidente y los países que deseen ser avanzados no cabe ninguna sharia o cosa parecida como imposición moral de unos sobre el resto.

Todo esto es elemental pero en momentos como los actuales acaso no está de más recordarlo.

portada charlie hebdoEl fanatismo se ha empleado y se emplea por ocultos poderes fácticos como terrorífica arma de acción política. Hoy se ha producido en París un terrible atentado contra la Libertad, contra la Humanidad, contra la naturaleza de la República. Ejecutado con tremenda frialdad, de modo que al fanatismo y la crueldad demostrados se unen mañas de asesinos profesionales.

Por la fuerza de la experiencia y de unos hechos repetidos una y otra vez nos vamos acostumbrando a que las cosas casi nunca sean como parecen. Ahí está la sospechosa creación del llamado Estado Islámico o la mal llamada primavera árabe que está intentando liquidar a los regímenes laicos que puedan ir quedando. El monstruoso atentado de París, en el que los asesinos, pese al posible señuelo de despiste de los gritos de Alá es grande, no parece que estuvieran muy dispuestos a inmolarse por su hazaña, ¿será también otro de falsa bandera? En ese caso, ¿Qué servicios secretos occidentales o de la Península arábiga puedan estar detrás de esta nueva salvajada? ¿Qué pretenden?

Es posible que este atentado como los del asesinato de Prim, el del almirante Carrero o los luctuosos del 11 M en Madrid, tenga carácter estratégico. En ese caso quizás nunca se podrá aclarar de verdad. Puede que no, que sea un simple acto de crueldad gratuita.  En todo caso, el musulmán de bien debe condenar con palabras pero también con hechos este crimen monstruoso.  El que no lo haga no merece disfrutar de los valores de la República.

 

 

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