Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Castelao, Galeusca y la Cataluña rebelde

Sabido es que cuando las cosas empezaron a ir mal Castelao huyó de Barcelona en 1938 donde había llegado el año anterior procedente de Valencia. En este tiempo fundó una revista de propaganda nacionalista, un boletín quincenal de “escritores galegos antifascistas” financiado por emigrantes que llamó Nova Galiza, un nombre de resonancias quizás no muy gratas para los actuales preferentistas y víctimas del arruinado patriotismo galleguista bancario en general.

escudo galiza Castelao Barcelona_optEn uno de esos números de la revista, en su artículo Los Nuevos símbolos para la nueva Galicia, Castelao propone cambiar los símbolos gallegos. Explica que la bandera gallega era bermeja con un cáliz en el centro, según se deducía de cierto cartón para tapiz pintado por Durero. Critica luego la inventada por Murguía y entiende que “el cáliz aunque le atribuyésemos una altísima significación poética identificándolo con el Santo Grial, no sería respetado por los supervivientes gallegos después del sacrílego proceder de la Iglesia Católica en nuestro país”. Y propone un nuevo símbolo.

Una especie de sirena ¿o de quimera? ¿Inspirada acaso en la coca o dragón de la famosa fuente barroca del pazo de Santa Cruz de Ribadulla? ¿Una sirena como la del cuento de Pardo Bazán que finge amistad y juega con un ingenuo y confiado ratoncito hasta destrozarlo? Pero también recuerda la sierpe de una famosa novela corta de la autora coruñesa. Esta sierpe genera una singular y no bienhechora atracción por ella y por su medio una cueva dentro del mar en los varones del linaje de los Aponte, hasta que abandonando la casa solariega provoca su ruina final. Sugiere el mito de la gruta o isla mágica que impide la navegación espiritual en la vida mediante el encantamiento del navegante con anhelos imposibles o destructivos. El mar como abismo y símbolo del inconsciente. Todo un universo que Freud o Jung hubieran podido estudiar mediante el psicoanálisis del personaje y conocer mejor sus complejos. La sirena, pieza importante de los bestiarios medievales, suele representar el deseo que puede llevar a la autodestrucción acaso por la imposibilidad de ser ejercido tal deseo.

La de Castelao tiene en sus brazos un escudo con una estrella, que sustituye al martillo comunista, y una hoz. La hoz, instrumento multiusos, sirvió para rebanar el pescuezo al desgraciado virrey Santa Coloma durante la sanguinaria rebelión catalana en tiempos de Felipe IV. El escudo tiene una orla con el lema “Antes muertos que esclavos”.

La bandera de la actual autonomía gallega mantiene el grial. Pero es curioso que una variante de este símbolo barcelonés de Castelao aparezca en el distintivo del llamado BNG en el que la estrella de cinco puntas o pentáculo aparece invertida. Una característica de la magia negra, lo demoníaco, las bajas pasiones o la Bestia.castelao

Antes que Castelao y su última residencia barcelonesa durante parte de la guerra civil, el movimiento nacionalista gallego ya había tenido relación con la Cataluña separatista de Maciá y Companys autores de los golpes de abril de 1931 y octubre de 1934, respectivamente.  Villar Ponte se sentía inspirado por la carcundia clerical del abogado Prat de la Riba, el Sabino Arana catalán autor de las famosas Bases de Manresa.

Nacionalistas de ambas regiones habían realizado un pacto de colaboración que llamaron Triple Alianza. Que recuerda, por cierto, al de la absolutista Santa Alianza de tan infausto recuerdo por la que la reacción europea pusiera fin al trienío liberal en 1823, tras firmar el Tratado de Verona, con la invasión de los Cien Mil hijos de san Luis y el asesinato del general liberal Rafael del Riego. Esta segunda reaccionaria alianza antiliberal fue firmada en Barcelona con ocasión de la Diada de 1923, dos días antes de la toma del Poder por el general Primo de Rivera a petición de Alfonso XIII, que se sentía amenazado por las conclusiones del expediente oficial elaborado por el general Picasso sobre la lamentable y cobarde participación del monarca en el desastre Annual que costaría la muerte a muchos miles de españoles. Se signaba así con tal pacto la colaboración de las fuerzas antiliberales de Galicia, Cataluña y Vascongadas contra España.

En 1932 los separatistas catalanes ofrecieron un homenaje en Barcelona a sus colegas los diputados galleguistas Castelao y Otero Pedrayo de visita en Cataluña. En un acto en el Tibidabo barcelonés, un Castelao excitado al calor de la concurrencia, se puso a hablar en gallego: “Falovos en galego, sei que me entendes, outros en troques, endexamais entenderame”. Todo un esperpento babélico: unos hablando en gallego y otros en catalán. En la plaza de Cataluña Castelao confesaba: “Por Catalunya, mais que amor o que sentimos e envexa”. Durante la visita ambas partes hablaron de elaborar una estrategia conjunta cara a las constituyentes republicanas. Sin embargo, Castelao entendía que Galicia era una nación diferente en voluntad política a Cataluña y Vascongadas en consideración de tres diferentes hechos diferenciales: “Cataluña era un hecho basado en la voluntad. Euskadi en la memoria, que es el mejor reactivo de las acciones reivindicadoras. Galicia en la inteligencia y la imaginación”. Tres elementos que según él, “se identificaron contra el hecho de la castellanización, contrarrestando su hegemonía… Con la recuperación del idioma, la exaltación de las tradiciones y la reivindicación de la autodeterminación política se defendían de la nación que los quería asimilar.” Como puede verse, para Castelao la recuperación del idioma más que un asunto individual y cultural constituye un instrumento para la segregación política.

Durante la discusión del Estatuto de autonomía en las Cortes republicanas, el 13 de mayo de 1932 Castelao asume su defensa en apoyo de los derechos catalanes y como medio para mejorar el grado de solidaridad entre nacionalistas: “Creemos se tienen que conceder a Cataluña los poderes que reclama para su libertad y las fuentes de ingresos que necesite para su autonomía”.  Algo insólito, sino mera traición a sus legítimos intereses, desde el punto de vista de una región pobre que propugna que otra mucho más rica y colonializadora lo sea cada vez más ¡a su costa!

Pero no importan argumentos ni hechos cuando domina el fanatismo ideológico. La contradictoria Galeusca consolidaría la Triple Alianza con su creación oficial en Compostela el 25 de julio de 1933. Galeusca surge para luchar por el nacionalismo periférico contra la igualdad de todos los españoles ante la ley, ideal de la Revolución francesa y propio de la Republica.  El 26 de julio, personajes de la nueva confederación se reúnen en la Alameda de Santiago para homenajear a Rosalía, quien por cierto poco antes de morir había abominado contundentemente del galleguismo y de los galleguistas.

A finales de ese mismo año muere el coronel golpista Maciá. El Partido galleguista coloca banderas con crespones negros y Castelao escribe en A Nosa Terra un artículo de homenaje titulado: “Cataluña en la muerte del libertador” en el que glosa al que llama “apóstol” de Cataluña.

Desde luego, no deja de resultar chocante, por incoherente, la ceguera patriótica de Castelao aliándose con gentes que desprecian e insultan a los gallegos o los transforman en colonia económica a explotar y cuya única o principal coincidencia con los galleguistas sea su carcundia clerical y el odio a la España liberal.

Pero, lamentablemente, en esto seguimos.  Lo que no pudieron lograr los Macía, Companys, Arana o Castelao, parece que pudieran estar a punto de hacerlo, al fin, los Borbones, sus instituciones contra España y en especial, su inepto valido actual, otro acomplejado galleguista de pro.

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