Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Bandoleros españoles: «Pujol nos roba»

Proseguimos aquí con otro capítulo más de nuestra serie acerca del bandolerismo catalán. Igual que los narcos blanquean el dinero producto de sus fechorías la mayoría de los dirigentes catalanistas suelen blanquear sus turbios negocios con la señera. También sus verdaderas ideas, y suelen sostener con el desparpajo que le da la impunidad, lo contrario de lo que piensan. Narcotizan a la gente para poder engañarla y saquearla mejor. La más alta forma de corrupción es pudrir el Entendimiento. Así tampoco es de extrañar que hagan curiosas embajadas para prometer el oro y el moro, con perdón por lo del moro tan abundante en esas tierras, si consiguen salirse con la suya y logran meternos mano en la cartera.

mercurio y las tres diosas_optEl bizarro señor Rajoy les va a recibir con gran amabilidad que algunos maliciosos pudieran confundir con miedo, subordinación o servilismo. «La más alta ocasión que vieron los siglos». Más bien parece una posible timba para lucir entre sí sus últimas mañas de tahúres.

Aún no se sabe la cuantía de lo que hayan podido robar los golpistas catalanes entre cohecho y cohecho, chantaje y chantaje, insulto e insulto, humillación y humillación al resto de España. El nacionalismo catalán, de progre nada.  Tiene sus precedentes en dos tradiciones acendradas muy catalanas: el bandolerismo y el carlismo. Su origen es tan cavernícola como el del colega y cómplice vasco. Y el profeta Prat de la Riba no tiene nada que envidiar al beato racista Sabino Arana. Así cuando el abogado catalán atufa en su conocido catecismo catalanista con perlas como la que hace de la patria catalana no obra de los hombres sino fruto de las leyes a que Dios ha sujeto la vida de las generaciones humanas.  Y cuyo enemigo es el Estado español. Pues degenera el carácter catalán con sus vicios: el espíritu de la rutina, el utilitarismo más desenfrenado, el individualismo y el flamenquismo. El ideólogo del catalanismo político hace ostentación de racismo y clericalismo facha.

Las llamadas Bases de Manresa de 1892 ya ofrecían esta singular mezcolanza catalatarrasentre catalanismo, clericalismo y saqueo. La diferencia es que entonces a Prat de la Riba y sus monaguillos nadie les hacia caso. Y ahora es un nutrido clan de píos bandoleros del Opus Dei, “la familia que roba unida, permanece unida”, la más firme acreedora al título de padres de la Patria catalana (con la pasta en Andorra o la Suiza neutral), quienes abanderan el rancio integrismo catalanista. Nada nuevo, al menos desde el siglo XVII. Ya nos advertía con toda sabiduría D. Quijote: forajidos y  bandoleros… por donde me doy a entender que debo estar cerca de Barcelona. Acaso con una diferencia, ahora los bandoleros no rodean la ciudad, están dentro, en sus instituciones.

Si antes hacíamos mérito del catecismo catalanista de Prat de la Riba, ahora rescatamos con igual provecho una reflexión del poeta Maragall: Para constituir una democracia viable lo primero que se necesita es un pueblo democrático… Casi todos los espíritus escogidos y delicados de los tiempos modernos han notado que en el triunfo político y social ya innegable de las multitudes, en el triunfo de la democracia, había peligros y había males ya presentes para intereses muy caros de la Humanidad…En España menos que en ninguna parte tiene el pueblo aquel indispensable discernimiento (de entregar el poder a los mejores): con igual entusiasmo vota a Salmerón que votaría al Bobo de Coria si se presentara como candidato republicano. En España menos que en ninguna parte hay aquellas indispensables clases directoras en el buen sentido de la palabra; aquí no hay más clase directora que la respetable clase de los caciques; los demás todos somos dirigibles: falta vigor y falta cultura. Falta, ante todo, que los que sienten de veras el ideal democrático y tienen suficiente autoridad para hablar de él digan al pueblo de arriba y al de abajo no “¡a votar!” sino “¡a trabajar!”, y ellos los primeros. Entre tanto, ¡fuera los mecanismos democráticos, que ya tenemos mecanismos vacíos, muertos, que hoy no sirven más que de estorbo y confusión, traídos por políticos escépticos e inconsecuentes! Ya estamos hasta la coronilla de parlamentarismo, y de sufragio universal, y de jurado y de palabrería. Hay que arrinconar todo esto hasta que podamos llenarlo decentemente. Sólo cuando llegue este caso (y francamente, para una gran parte del pueblo español no creo que llegue nunca) podremos hablar con algún sentido de democracia.

Y ahí está el corrupto nacionalismo dirigiendo la educación y formación ciudadana del pueblo catalán a su imagen y semejanza mientras fomenta y encubre el saqueo de sus próceres. El poeta Juan Maragall tenía dotes proféticas. La democracia real está cada vez más lejos en España y especialmente en Cataluña. Y la golpista y clerical reaccionaria Catalonia is not Spain no es, en resumen, sino un refugio de píos bandoleros en busca de absoluta impunidad.

Nota:

Para los que puedan creer que exagero con la vinculación entre Pujol y el integrismo católico, cabe recordar que era promotor de un grupo Cristo y Cataluña. Francisco Caja lo trata en su último libro La raza catalana (2ª parte).

Anteriores capítulos de la serie

Bandoleros catalanes (I)

Bandoleros catalanes (II)

Bandoleros catalanes. Introducción cervantina

Corpus filipinos

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