Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Símbolos iniciáticos en la catedral de Santiago

Hay razones que nos pueden” (Filolao)

En uno de sus ensayos Proust especulaba con la muerte de las catedrales derivada del paso del tiempo y la supuesta extinción del Catolicismo. Excepto para algunos pocos sabios investigadores de rituales, liturgias y significados, las catedrales serían para la sociedad de tal época monumentos ininteligibles. Mucho más aún que el Partenón para nosotros donde ya no mora Atenea la bella diosa de ojos glaucos, del olivo y la lechuza, símbolos de la sabiduría, la armonía y el arte.

Pero para el viajero actual Atenea y su significado queda ya muy lejos en el Espacio y en el Tiempo. Entre la Acrópolis y nosotros hay muchos siglos y muchas ideas. La ciudadela sagrada del alto de la colina desconcierta porque fue una idea, un ideal, que no habría dejado suficiente honda huella. Acaso porque la Idea, la Abstracción, la Armonía, la Razón universal, habrían sido separados de la emoción y más tarde de-construidos con los experimentos de las viejas vanguardias y nunca habrían podido ser recuperados luego tras una especie de histéresis estética.

Sin embargo, Baudelaire se preguntaba: “¿qué es el cerebro humano, sino un palimpsesto inmenso y natural? Capas innumerables de ideas, de imágenes, de sentimientos han caído sucesivamente en tu cerebro tan dulcemente como la luz. Ya al parecer cada una enterraba a la precedente. Pero en realidad ninguna ha perecido…. Por incoherente que sea una existencia subsiste en ella, imperturbable la unidad humana. Si se pudiera presentar despertar simultáneamente todos los ecos de la memoria, formarían un concierto, agradable o doloroso, pero lógico y sin disonancias.

Algo parecido acaso ocurre con las civilizaciones y las ideas, también las religiosas. Y con su plasmación en las Artes y en los templos. El nacimiento de Atenea  parece enseñarnos que la sabiduría no procede de los hombres sino del cielo, de la cabeza mente de Zeus, su padre. Tiene que ver con la Revelación mística (o Apocalipsis en griego) y con la Intuición.

Pero nos explicaba Proust que “caravanas de snobs van a la ciudad santa y una vez al año sienten la emoción que antaño iban a buscar a Bayreuth y a Orange; gustar la obra de arte en el marco mismo que fue construido para ella.  Desgraciadamente no pueden ser más que unos curiosos, unos diletantes; hagan lo que hagan ya no habita en ellos el alma de antaño”.

 En cierto modo algo cada vez más parecido a la advertencia proustiana sucede en Compostela con la creciente conversión del famoso templo medieval en parte de una especie de parque temático para turistas y guiris de todas procedencias.

Los templos son artefactos espirituales que deben hablar a la emoción y a la razón: En Follas novas a la puesta del sol tras el monte Pedroso, Rosalía pedía al maestro Mateo, santo d’ os croques, que se había quedado humildemente arrodillado una vez atravesado el umbral de acceso al espacio sagrado del templo, que le hablase de eso, que no permaneciese callado. Que le revelase el secreto. Que le trasmitiese su sabiduría.

Siguiendo la tradición nos damos con su cabeza los tres golpes iniciáticos que simbolizan los de la transmisión iniciática caballeresca e intentaremos ayudar al maestro Mateo a contestar a Rosalía con palabras, más allá del lenguaje de la piedra tallada.

El templo ha sufrido diversas actuaciones a lo largo del tiempo que han ido cambiando la morfología de la catedral compostelana, de modo que el lenguaje simbólico queda desfigurado. Algunas como la audaz fachada barroca de Fernando Casas y Novoa se han incorporado al canon. La antigua iglesia independiente de la Corticela no desentona como capilla incorporada al templo. Pero otras muchas resultan catastróficas. Así la lamentable destrucción del coro pétreo del maestro Mateo o del damero masónico del pavimento o la introducción del ostentoso y horroroso retablo barroco que desnaturaliza y arrasa la elegante sobriedad y belleza de la arquitectura románica del crucero y del ábside. O la pepitoria estatuaria recolocada parcialmente ahora en hornacinas de la nueva fachada oriental de la plaza de la Quintana.

A la Iglesia organización histórica a veces la pasa lo que a los nuevos ricos, y no es raro que en sus periodos de mayor poder y riqueza sus deseos de ostentación material destruyan o menoscaben el patrimonio espiritual, estético y cultural de la Tradición. Se argüirá, con razón, que la propia reforma de la fachada occidental del maestro Mateo fue también una modificación de la recién inaugurada disposición del antiguo templo.

Pero el maestro Mateo conocía la Tradición occidental por pertenecer a una de sus escuelas, la Masonería. Y en su Pórtico de la Gloria estableció toda una colección de símbolos iniciáticos relativos a lo numinoso, a la condición sagrada del hombre.

Vamos a intentar repasar algunos de ellos:

El románico de peregrinación

El caso gallego es muy singular dentro del románico, y destaca por una de las joyas arquitectónicas de la humanidad como es la iglesia de Compostela, iniciada en tiempos del gran abad benedictino Hugo de Semur, y que se convertiría en el patrón o canon de toda una arquitectura posterior conocida como “de peregrinación”. Extraordinariamente original y revolucionaria en sus orígenes, pero que provocaría, paradójicamente quizás debido a su misma grandeza, el posterior adocenamiento de la arquitectura sagrada gallega. Así, por lo que se refiere a los Pórticos, el compostelano de la Gloria ejerció una gran influencia en el occidente de España.

El arte románico gallego manifiesta múltiples significados e ilustra la evolución de la propia conciencia de sí del Cristianismo en Occidente, puesto al servicio de la satisfacción de diversas necesidades espirituales, políticas y económicas.

En la democrática Castilla originaria la peculiar ordenación política de su territorio no favorecía la uniformidad de sus manifestaciones arquitectónicas. Pero en León y Galicia, asociada a la casa de Borgoña la reforma monástica de Cluny, y los criterios esotéricos trasmitidos por los masones operativos, que introducen un cripto lenguaje simbólico ligado a la antigua gnosis recuperada en Siria y Palestina por las Órdenes del Temple u Hospitalarios o de san Juan de Jerusalén, la antigua monarquía leonesa instituye un marco global, de desarrollo de poder que no descuida ninguna de sus vertientes y del que la organización de la peregrinación a Santiago constituye uno de sus instrumentos más importantes. Y a ella se asocia un canon artístico relativamente homogéneo.

Con el cambio del milenio, los avances del Islam y la herejía adopcionista del obispo Elipando toman auge los Beatos, prodigio de la miniatura hispana y del preciosismo de la ilustración medieval al servicio del Apocalipsis, o revelación en lengua griega. El valle castellano de Liébana se convierte en uno de los refugios de la amenazada cultura cristiana medieval.

Claro que el propio origen del oportuno hallazgo del sepulcro del apóstol estuvo ligado a un planteamiento político de refuerzo de la moral de una agobiada Cristiandad ante las incursiones agarenas. Frente a la yihad islámica patrocinada por el poderoso califato de Córdoba, el orbe cristiano ha de defenderse con armas parecidas. Así, Santiago y San Millán, como sus antecesores paganos los dioscuros Cástor y Pólux, que ayudaron montados en sendos caballos blancos a sus fieles romanos en la batalla de “Rhegilla”, aparecían milagrosa y oportunamente cuando su concurso era necesario como en la mítica batalla de Clavijo para colaborar con la Cristiandad en su defensa contra la guerra santa del Islam.

Además, si el Islam tenía su centro sagrado de peregrinación, la Meca con su piedra cúbica, convenía buscar otro lugar de peregrinación en tierras relativamente más seguras, simbólicamente en relación con la Gnosis y las antiguas religiones mistéricassolares, iniciadas en Egipto, en el lugar donde el sol se pierde en el horizonte cada tarde, al otro lado del Nilo, en el Valle de los muertos, o en el finisterre de la civilización. El camino solar hacia Occidente donde la Luz muere aparentemente para resucitar al amanecer en el Oriente. El Oeste es simbolizado, dentro de la jerarquización del espacio arquitectónico sagrado, por las llamadas Puertas del Perdón, situadas en el lado opuesto al nacimiento del Logos solar donde se sitúa el altar mayor, y donde este arte de peregrinación se esmera con uno de sus elementos diferenciadores: sus hermosos pórticos.

El desarrollo del arte románico gallego además del apoyo real tiene un gran componente político cosmopolita ligado a la influencia borgoñona y al papel organizador de la peregrinación de Cluny y los obispos de origen francés a ella ligados. Si el aspecto político es indudable, también se dota de un  programa estético y educativo basado en la imagen y en la iconología. Programa que no siempre es ortodoxo, pues muestra un lenguaje con su peculiar sintaxis geométrica, su pragmática en relación con los intereses más o menos declarados o declarables de los que lo emplean y con una semántica de varios sentidos o equívoca que el observador puede interpretar de acuerdo con su propia experiencia, en ocasiones de visiones tomadas del Inconsciente. Se desarrolla así, en efecto, todo un lenguaje visual en piedra, especialmente en los diferentes pórticos de las iglesias del arte de peregrinación. Era una época especialmente tumultuosa pero con una evidente voluntad de Ser, manifestada en el arte.

Sus precedentes se encuentran en el primer San Isidoro de León consagrado en 1063, cuyo pórtico se conserva y muestra una forma ya diferente de entender el arte sagrado, no sólo en lo litúrgico con la supresión por esta dominación francesa del rito hispánico o mozárabe, sino también en lo arquitectónico y en lo escultórico. Aparece ya en uno de los capiteles el motivo de claras resonancias iniciáticas de la resurrección de Lázaro, como luego a lo largo de las décadas sucesivas se muestran en los templos románicos extrañas tumbas abiertas, ritualísticas, orientadas al nacimiento del sol. Como el peregrino en su búsqueda ingresa en el cuerpo místico de Cristo desde poniente, desde el ocaso hasta el alba.

Simbolismo de la puerta

El pórtico, y especialmente el de Poniente posee un importante simbolismo: Representa el umbral de acceso a lo sagrado en el espacio y el tiempo, al que está asociado un rito de paso o iniciación. A él se asocian ciertos Guardianes del umbral tales como leones.

Es una Puerta abierta en el cielo como dice San Juan en el Apocalipsis, o de la caverna, donde nacen los héroes solares. En su tímpano suele aparecer una figura sagrada central: bien el cordero místico con la cruz, es decir el símbolo primitivo del Cristo y del fuego, del cristianismo originario y de las iglesias románicas asociadas a las órdenes iniciáticas o bien el Cristo Pantocrator, Señor del Universo, en las de peregrinación.

En este caso sobre la almendra o mandorla, semejante a los mandalas orientales aparece el cinco del espíritu en el centro del cuaternario formado con Tetramorfos, tierra, agua, aire, fuego, en forma de evangelistas o de querubines del carro de la Merkabá según las visiones de Ezequiel y de san Juan, rodeado en la arquivolta de 24 ancianos o de 12 apóstoles (signos zodiacales), o coros angélicos.

La archivolta se suele asimilar al zodiaco que simboliza la actividad celeste en el mundo, mientras que Cristo es el eje central, inmóvil,  alrededor del que todo gira.

Tantra en la catedral

El tantra es un sistema iniciático muy antiguo y extendido en Oriente que participa de lo filosófico, lo místico, lo cosmológico y sexual, y que aspira a la unión de los opuestos como método para alcanzar la iluminación espiritual. En Occidente se encuentra ligado a la simbología alquímica y a la Gnosis, de modo que es frecuente observarlo en muchas obras de arte genuinamente tradicional. El sabio heresiarca Prisciliano, nacido en Galicia, obispo de Ávila y primera víctima de la Iglesia, decapitado en Tréveris, fue uno de los más importantes de representantes de la Gnosis en Occidente. Desde el punto de vista de la anatomía y fisiología ocultas, el tantra constituye un método para elevar hasta la cabeza, con fines de iluminación espiritual, la energía sexual que reside en el chacra llamado en sánscrito mulhadara, por medio de los siete centros psíquicos (simbolizados en los siete sellos y las siete ciudades del Apocalipsis) de la columna vertebral, en una doble corriente que aquí se representa en forma de caduceo de Mercurio, o de espirales entrelazadas a lo largo de una columna, o bastón.

Una de sus formas de representación es la combinación del naipe cuatro de copas (las pasiones humanas), con el cinco de oros, (la realización espiritual), que se encuentra en varias iglesias relacionadas con el Temple. En la catedral compostelana, tanto en la puerta meridional de Platerías como en el Pórtico de la Gloria cabe encontrar este mismo simbolismo tántrico. El Pórtico es la Gran Obra de Mateo, sabio maestro masón. Así el parteluz, no sólo tiene una función arquitectónica estructural o de resistencia de materiales, sino que observado en su conjunto participa de la simbología del árbol de la vida. Franco Taboada sostiene que su colocación se debió a la rotura del dintel del tímpano. Sin embargo, el parteluz tiene un elevado sentido simbólico, y probablemente nada de lo que está en él se halla allí por casualidad sino que tiene su significado en el lenguaje sagrado como expresión de lo numinoso.

De abajo a arriba, las fuerzas telúricas groseras se encuentran en su basa, en forma de leones o animales grotescos a los que el héroe abre la boca como para extraer sus secretos, y suben a lo largo del parteluz, de ahí la costumbre ancestral de poner la mano para sentirla, por el árbol de Jesse, que sube en espiral desde el tronco de un anciano con corona real.

Saint Jacques, patrono de los masones franceses, está majestuosamente sedente con su bastón con forma de mallete. Es el maestro que ha dominado a los leones que se encuentran sumisos a sus píes. También la figura de Santiago que está junto a las de Pedro, Pablo y Juan Evangelista sostiene otro bastón con espirales entrelazadas. El león participa del simbolismo solar y también significa la fuerza pasional, la puerta del Perdón está en el oeste del templo, donde el sol declina.

Los dos Juanes

Así mirando hacía el Sur se observan los pilares de la bóveda que se asemeja a la  trayectoria solar se pueden apreciar los dos Juanes. San Juan Evangelista en el pilar más hacia el Este ya citado, en el que están representados también Pedro, Pablo que nos indica a donde debemos mirar y el propio Santiago. Y San Juan Bautista con el carnero solar, el antiguo símbolo de reminiscencias egipcias, representativo del Fuego envuelto en su piel de cordero, agnus.

Ambos Juanes simbolizan los dos solsticios, las columnas que representan las puertas celestes donde el sol, trasunto del Logos, camina. Los dos Juanes resultan adaptaciones cristianas de Jano, el dios solar bifronte, señor del umbral o dios de la puerta que separa el recinto sagrado del profano. De las dos caras y de los comienzos.

El Cristianismo es considerado una de las formas de laantigua Tradición solar, una de cuyas manifestaciones terrestres es el fuego. Hijo del sol, renueva. INRI. Es decir: Igne Natura Renovatur Integra.

Aunque a algunos lectores acaso le sorprenda e incluso pueda irritar tal afirmación, lo que no es nuestra intención, el Cristianismo participa de la antigua Tradición Solar de reminiscencias egipcias, donde Osiris, el dios muerto y resucitado, navega en la barca solar hacia poniente, donde luego renacerá por el este. Cuestión que es importante para mejor comprender el simbolismo del templo cristiano. Para ciertos autores, el Cristianismo es la forma superior de esa Tradición solar, e incluso muchas de las fechas más sagradas del Cristianismo están fijadas de acuerdo a fenómenos astronómicos. Los solsticios o San Juanes, la Navidad, la Pascua son representaciones de fenómenos astronómicos relacionados con nuestro sistema solar. Las dos fechas más importantes del Cristianismo: el nacimiento del Salvador y la Pascua son fechas astronómicas, solares y lunisolares, respectivamente.

El sol se asimila al Logos, imagen del Padre. Los templos cristianos se orientan de Este a Oeste para expresar ese mismo paralelismo simbólico sino identidad entre Cristo y el Sol, hijos del Padre y dadores o regeneradores de la Vida. Como indica, por ejemplo, la liturgia de del sábado santo que celebra la bendición del nuevo fuego.

El culto solar y su hijo o derivado: el culto del fuego, eran objeto de ceremonias especiales en el paganismo destinadas a celebrar durante una semana, alrededor del equinoccio de primavera, la muerte y resurrección del sol.

Pero aún cabe rastrear este asunto más lejos en el espacio y el tiempo. Nada más y nada menos que la antigua India de los Vedas cabe encontrar agentes solares antecedentes de la pareja Santiago y San Millán. El fuego, la aurora y los Azvines se mencionan juntos en muchos himnos védicos. Entre los dioses solares de la tradición védica se cuentan los Azvines, gemelos con facultades madrugadoras, pues abrían camino por sendas de oro a la Aurora, la hija del Cielo. Habían de ser honrados

litúrgicamente con el alba junto con Agni el Dios del Fuego asimilado en el Cristianismo a Agnus, el cordero.  El cordero se encuentra en el escudo solar ya citado de San Juan Bautista, solsticio de verano, en el Pórtico. Otro agnus en la clave de bóveda, encima del Pórtico, que puede observarse mirando desde el centro de la nave principal hacia arriba y hacía el Oeste.  Y un tercero en la cripta llamada vulgarmente “catedral vieja”.

En su ascensión aparente desde el solsticio de invierno (San Juan Evangelista) hasta el de verano (San Juan Bautista) el sol  atraviesa a lo largo de la eclíptica cruzando el ecuador celeste, es decir, formando una cruz con él.

Mirando hacia el Norte desde el Mediodía del Pórtico existe otra pareja de algún modo complementaria de la de los dos Juanes. Si una es representativa de la energía la solar y el macrocosmos, la otra tiene que ver con la energía sexual y el microcosmos. Y de algún modo con el tantra.  Es la pareja formada por Daniel de sonrisa enigmática y píes en escuadra que mira a la reina Esther.  Existe una leyenda según la cual los senos de la reina habrían sido rebajados por orden del cabildo para paliar su excesivo erotismo.

La pulsión erótica es un gran potencial humano que la Gnosis occidental y la tradición oriental consideran instrumento de evolución y realización espiritual, en especial si se encauza por métodos tántricos. Los leones se muestran dóciles junto al maestro, como símbolo de las fuerzas animales del hombre, aquellas que el caballero debe aprender a dominar y encauzar en sí mismo. Las fuerzas redimidas a través de los chacras se elevan “para abrir el libro y sus siete sellos” por el capitel hasta el tímpano, con la iconología del Apocalipsis, que en griego significa revelación. El espíritu, el quinto elemento rodeado del cuatro de la materia. La cruz de la materia que crucifica al espíritu y los clavos, o centros psíquicos, que ligan los diferentes cuerpos y dimensiones de lo humano. En la arquivolta los ancianos, mientras tocan la música de las esferas, conjugan a la unión alquímica de los opuestos, del sol y la luna, el rey y la reina, el espíritu y la materia, tántricamente unidos en sus matraces.  Se puede alcanzar la realización espiritual y a ello nos invita el maestro Mateo.

La energía en el templo

El templo es un artefacto artístico y espiritual que combina la emoción y la idea, pero ¿Dónde está la mayor intensidad de fuerzas telúricas en la catedral compostelana?

Según parece las corrientes subterráneas tan ligadas al fenómeno han podido modificar su curso a lo largo de los siglos o con la urbanización de la ciudad. De acuerdo con mi propia sensibilidad la mayor intensidad vibratoria se encuentra en la cripta junto a la tumba. También hacia la mitad de la nave principal en el mediodía cerca del cepillo de la Virgen de la Soledad. Y junto al umbral de la capilla de la Corticela. No tanto en el Pórtico de la Gloria, ni en el parteluz donde los peregrinos acostumbraban a colocar la mano para sentirla, acaso por la razón ya señalada o porque la afluencia de gente no siempre en actitud conveniente dificulta la percepción.

Los signos masónicos en la catedral

El paciente lector que haya llegado hasta aquí acaso se preguntará porqué no hablo de los marcas de cantero o signos lapidarios masónicos. Pero los signos se diferencian de los símbolos por varias razones, entre ellas la pertenencia a un código más o menos arbitrario o convencional. Más que símbolos propiamente dichos, que hablan a la integridad consciente e inconsciente del hombre, muchos de los signos lapidarios masónicos son meras marcas de identificación de autorías o bien de pertenencia a las logias de constructores de catedrales como el mismo maestro Mateo.

El gran amigo de España y meritísimo arquitecto inglés George Street ha estudiado en uno de sus viajes los signos masónicos de la catedral compostelana. De su famoso aunque raro libro sobre arquitectura sagrada española reproduzco su inventario de signos masónicos en Santiago.

El sol declina sobre el horizonte, el maestro Mateo hace ya muchos siglos que, acabado su trabajo, guardase su cincel, su mallete, su escuadra, su nivel, su compás, su plomada, instrumentos para esculpir el alma y hacernos mejores.  La sombra de Rosalía se alarga antes de desaparecer con la luz del sol poniente. El sol pronto se ocultará bajo el manto de aguas tenebrosas al Oeste de Finisterre, pero nos queda una promesa: el renacimiento del Sol, del Logos, en el Oriente y su reflejo espiritual en el templo interior de nuestras conciencias.  Porque hay un sol interior que depende de nosotros y del que sacamos la fuerza de vivir y nuestra razón de ser. Que podemos dejar apagar o bien avivar con la fuerza de la catedral, obra maestra del arte sagrado.

 

 

 

Texto publicado en el número 4 (junio de 2014) de la revista VOSOTROS, de Galicia Bilingüe y editado en La Garita de Herbeira el jueves 12 de junio.

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