Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Energía, agronomía y pane lucrando

 

Texto publicado en el libro conmemorativo editado por el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Galicia en el sexagésimo aniversario de su creación

 

 

 

 

Pocos años después de iniciar mi vida profesional tuve el honor de participar en la Asamblea Nacional de Ingenieros Agrónomos celebrada en Madrid en mayo de 1980 con una comunicación titulada: “Consideraciones acerca del estudio energético de la agricultura española” que creo mantiene cierta actualidad e interés pese a haber trascurrido ya un tercio de siglo desde entonces.

En ella planteaba algunas consideraciones de tipo científico y metodológico en relación con los análisis energéticos y su posibilidad de orientar proyectos, políticas y actividades agrarias, así como algunas de las que han sido mis preocupaciones permanentes sobre la agricultura, la sociedad y el uso de la energía. Tanto en forma renovable y descentralizada con la solar y la fotosíntesis cuanto las implicaciones del empleo masivo de energías fósiles que han dado lugar al nuevo modelo agrario de los países industrializados. Un modelo que, a diferencia de los que ha tenido la Humanidad a lo largo de milenios ahora resulta deficitario en energía sobre todo si se tienen en cuenta los requisitos energéticos del conjunto de la cadena alimentaria. Es decir, requiere más energía no renovable que la que la fotosíntesis asistida logra fijar en forma de alimentos o materias primas. Y que se caracteriza también por la simplificación de los diferentes elementos y especies de los tres reinos mineral, vegetal y animal, imbricados en los sistemas agrarios.

No podemos ignorar ni como ciudadanos ni menos como ingenieros que la cantidad y tipo de energía con sus convertidores asociados condiciona la manera de vivir del hombre en lo material y establece límites en lo que es capaz de realizar.

Agronomía y agrónomos

La agronomía puede considerarse como la manipulación de los sistemas agrarios compuestos por ecosistemas naturales y sistemas sociales de organización dirigida a aumentar determinados flujos energéticos y de materiales dirigidos a obtener un mayor logro de determinados productos. En estos sistemas agrarios son fundamentales, la composición e integración de sus diferentes componentes o convertidores energéticos, geo, plantas y animales. Y sus relaciones energéticas en sus diferentes clases. Porque la comprensión de lo que debe ser un ingeniero agrónomo debe establecerse en relación con el rol de lo que es ahora y el que sería deseable desempeñara en la sociedad y sus sistemas de producción, con una visión a largo plazo, de mantenimiento de la vida.

El ingeniero agrónomo clásico tenía una visión interdisciplinar de las cosas, una concepción global e integrada, “holística” se llama ahora en Teoría de Sistemas. Bien es verdad que se correspondía con sociedades de menor desarrollo científico y técnico, donde la barbarie de la especialización, como decía Ortega, no había alcanzado las cotas actuales. Y que entonces la carrera era una carrera de elite, de grandes exigencias formativas y de preparación, lejos de la actual heterogeneidad y degradación de la calidad de los títulos y de la proletarización de los profesionales.

La agronomía ha tenido un papel fundamental en el desarrollo de la civilización. No es casualidad que ésta se haya iniciado en lugares privilegiados para la productividad agraria como la cuenca del Nilo o los territorios bajos entre el Tigris y el Éufrates. Las propias posibilidades de estabilidad de la civilización se basan en una inteligente y ordenada gestión de los recursos naturales de modo que se pueda producir un excedente que permita sostener una clase dirigente, técnica y administrativa que cree y mantenga el orden social y el desarrollo de las instituciones y de la cultura. Así, algunas de las instituciones espirituales de mayor importancia la Antigüedad como los Misterios de Eleusis se relacionan muy íntimamente con los mitos agrarios sobre el origen de la agricultura, de muerte y de resurrección del grano de cereal asimilada a la peripecia del alma o con el empleo de sustancias enteogénicas tales como el cornezuelo parásito del Paspalum distichum, una gramínea de las llanuras cerca de Atenas, como método para lograr cierta iluminación espiritual mediante experiencias visionarias.

Nuestros primeros y lejanos antecesores de la profesión fueron también sacerdotes y gobernantes, capaces de generar y mantener las instituciones. Artefactos curiosos como el nilómetro del Antiguo Egipto muestran esas relaciones variables entre disponibilidad y gestión de recursos naturales, carga fiscal y administración.

Investigación y visión holística

Decía antes que la profesión tenía entre sus virtudes su marcado carácter interdisciplinar pero esto tiene como contrapartida la confusión acerca de nuestra identidad profesional si no se logra articular un lenguaje, un discurso propio.  Entiendo que tal lenguaje se derivaría de la profundización en el conocimiento de los sistemas agrarios. En la combinación integrada entre naturaleza y cultura. El conocimiento de tales sistemas debe orientar nuestra actividad profesional en sus múltiples vertientes. En la definición de los proyectos agrarios, atributo característico irrenunciable de cualquier ingeniero y también del agrónomo, o en la mejora y mejor gestión de las explotaciones. Aquí el papel de la investigación aplicada, cercana a las necesidades de los agricultores o ganaderos es fundamental.  He conocido de cerca en ciertos momentos de mi vida profesional los ejemplos de las fincas experimentales La Mayora del CSIC en Málaga, bajo la dirección del Doctor Wienberg dedicada a la introducción e implantación de nuevos cultivos o a la mejora de líneas genéticas de tomate con variedades locales. Y las privadas dirigidas a una investigación más aplicada de la antigua Caja Rural de Almería. Estas fincas experimentales permitían conocer de primera mano las necesidades de recursos o financieras de los nuevos cultivos, bien bajo plásticos en el Campo de Dalías o bien la fruticultura en ladera. Tales investigaciones posibilitaban análisis realistas para mejor comprender las necesidades e impactos ambientales de los diversos cultivos, orientar la producción y la política de precios que permitiesen el mantenimiento de una vida digna para los agricultores, y en este caso definir las características de las líneas de crédito adecuadas.

Sistemas agrarios y diagramas energéticos

Pero una visión sistémica también permitiría orientar la política agraria si tuviésemos soberanía, un pequeño problema por cierto, para aplicar los criterios técnicos que se consideren más adecuados para satisfacer nuestras necesidades sociales y gestionar bien nuestros recursos naturales, no obstante los intereses económico-financieros de las grandes compañías multinacionales y los condicionamientos de la globalización.

El diagrama energético de la cadena alimentaria española nos ofrece mucha información relevante para comprender la realidad e ilustrar la política agraria. La cantidad, distribución y aprovechamiento de la radiación solar en España nos muestra muchas cosas de interés. La radiación solar sobre España es muy grande. Viene a equivaler en términos energéticos brutos a casi unas quinientas veces su presupuesto actual de consumo de energía primaria. O a más de mil del consumo anual de petróleo. La contemplación del diagrama energético del sistema agroforestal español, tanto en el subsistema de fotosíntesis asistida como el de no asistida, permite conocer mejor las interrelaciones y cortocircuitos energéticos. El aumento de las necesidades energéticas del sistema agrario español y algunas de sus causas más notables. No parece lógico que las mayores importaciones energéticas de España, tras el petróleo y el gas natural, sean las de maíz o soja para alimentar a la ganadería intensiva. Y no lo es porque la radiación solar en territorio español se encuentra infrautilizada. Se observa en el subsistema de fotosíntesis no asistida que las posibilidades de los recursos pascícolas no son explotadas en todo su potencial. Dicho de otro modo, la postergación de la ganadería extensiva con especies rumiantes que emplea convertidores energéticos adaptados al empleo de “combustibles” que no hacen la competencia a la alimentación humana y que aprovecha convertidores energéticos muy especiales.  Sin embargo, el modelo potenciado por el establecimiento económico financiero es el de la costosa ganadería intensiva en la que apenas se establecen diferencias entre rumiantes y monogástricos y por el que se detraen importantes cantidades de cereales o leguminosas susceptibles de consumo humano.

Para colmo, a la humanidad más pobre le ha salido otro competidor para el consumo de maíz y soja además de la ganadería intensiva de los países ricos. La producción de los llamados biocombustibles. Otra variante de competencia por los recursos. Hubo una época en que había que dedicar superficie agraria útil para el sostenimiento de los animales de tracción hoy ya casi desaparecidos. Paradójicamente la producción de biocombustibles viene a resultar una actualización agravada de esa limitación.

Pero la mayor parte de las veces la aparente producción de energía útil en forma de biocombustibles resulta un espejismo porque con los actuales sistemas de producción de la agricultura industrializada consumidora de recursos energéticos no renovables, tales biocombustibles son en realidad petróleo cambiado de forma. No obstante, la obtención de biomasas puede tener interés local no tanto como producción diferenciada sino como aprovechamiento asociado a las tareas de limpieza de sotobosque, montes o matorral en prevención de incendios o de la poda en fruticultura y viticultura.

En todo caso, el criterio debe ser la evaluación energética de los proyectos, es decir no solo en unidades monetarias sino también en unidades energéticas. Con carácter general las cuentas energéticas de los llamados biocombustibles no salen.

La agricultura ecológica y la biodinámica

Por sus aspectos energéticos y medioambientales la agricultura de carácter ecológico, biológico ú orgánico, como se la llama en el ámbito anglosajón, debería dejar su carácter relativamente marginal y encontrar un mejor lugar en la producción de alimentos. Probablemente, los precios finales pueden bajar si se extiende, el mayor obstáculo para su desarrollo sea que pone en cuestión los intereses de la poderosa industria suministradora de algunos insumos. Lo que es coste para los agricultores o ganaderos significa ingreso, negocio y poder para el Agrobusiness.

Es decir, tal agricultura representa un cambio de modelo que el Poder no desea.

Incluso también de planteamientos científicos o epistemológicos en el caso de la agricultura inspirada en la obra de Paracelso, luego llamada biodinámica por el antropósofo austriaco Rudolf  Steiner. Uno de los primeros en darse cuenta hace un siglo de las consecuencias más indeseables que para campesinos y naturaleza podría tener la agricultura industrializada.

Pero además de los planteamientos agronómicos supone también una especie de revolución en la dieta y en las pautas de consumo. Dieta actual que produce creciente preocupación entre bromatólogos y personal sanitario libre de prejuicios.

En todo caso, conviene recordar que la obtención de proteínas animales desde las vegetales tiene bajos rendimientos energéticos. Entre seis y diez proteínas vegetales se estima que se necesitan para la obtención de una proteína animal. Los animales no son buenos convertidores energéticos. Sin embargo, aparte de sus ventajas para la fertilización nitrogenada natural del suelo, las leguminosas que proporcionan proteínas se encuentran estancadas o en recesión.  Una dieta más vegetariana en relación a otra más carnívora además de posibles ventajas para la salud humana supone ahorro energético para el sistema agrario en el caso del subsistema de fotosíntesis asistida.

La ganadería extensiva relegada en España y en Galicia

Así, en cierto modo cabe decir que toda una gran energía “alternativa” sería la promoción de la ganadería extensiva y de los sistemas agrarios a ella asociados. Que permitiría un gran ahorro energético en forma de importaciones para la ganadería intensiva. Pero para ello habría que reconducir algunas de las pautas de actuación hasta ahora seguidas. Una de ellas es tratar de volver a integrar de algún modo los ciclos como se hacía en la agricultura tradicional cuando había menos posibilidades de obtener recursos ajenos al sector, en vez de promocionar los ciclos abiertos en detrimento de los cerrados. Para evitar que cierta sabiduría sobre el medio, fruto de la observación y de la experiencia, se pierda definitivamente con la desaparición de las últimas generaciones de campesinos conviene inventariar y analizar antiguas prácticas. La antropología cultural sería de gran ayuda. Estudios antropológicos como los del último Risco poseen gran interés.

Uno de los efectos de esta política sería la prevención mediata de incendios forestales al restringir o acotar el abundante material combustible derivado de la degradación entrópica de los ecosistemas naturales o del abandono de sistemas agrarios. Me refiero a la proliferación de matorral o sotobosque que se observa en toda España y de modo muy alarmante en Galicia.

Esta integración en ciclo cerrado de la producción agraria además de importantes consecuencias de orden medioambiental seguramente también las tendría desde el punto de vista financiero. En gran medida la incapacidad actual del sector para ser reserva de ahorro como lo fuera en el pasado se debe a la creciente dependencia y a los niveles de precios de insumos con tasas de intercambio cada vez más desfavorables

Ya lo decía Jovellanos

Se argüirá, con razón, que la actual distribución de la tierra en Galicia con la escasa dimensión de las explotaciones que conlleva constituye un gran obstáculo para el conveniente desarrollo del sistema agroforestal.

Nos encontramos una vez más con un viejo problema que ya se plantearon nuestros ilustrados. Así por ejemplo, Jovellanos con su Informe sobre la Ley agraria. Es el problema de la funcionalidad o no de la propiedad de la tierra como factor económico y social de desarrollo. Jovellanos explicaba que el objetivo de la reforma agraria debiera ser potenciar el interés individual contra la permanencia de la tierra en manos muertas. Hoy paradójicamente las manos muertas son otras, pero algunas limitaciones de base siguen.

Una reforma agraria para la Galicia del siglo XXI debe respetar la propiedad privada, pero fomentar nuevas formas de gestión conjunta de modo que el tamaño de las parcelas y explotaciones no sea factor crítico. Para ello hay que profundizar en la adopción de las figuras jurídicas de tenencia de la tierra más adecuadas. Es curioso también que en España los valores de la tierra se encuentren anormalmente altos en relación con sus potencialidades agrarias. Es decir, que predominen otros factores en el precio de la tierra sobre el de la rentabilidad derivada de su gestión como activo agrario. Esto es especialmente notable en Galicia. Además de la especulación urbanística fomentada por las insaciables y sobredimensionadas administraciones en busca de recursos, con todas sus lacras de corrupción asociadas, ciertas instituciones oficiales como el Xurado de Expropiación forzosa de Galicia contribuyen a mantener estos precios elevados con sus decisiones administrativas, si bien es posible que los nuevos justiprecios se vayan revisando a la baja en virtud de los criterios de valoración por capitalización de rentas introducidos en la nueva legislación española vigente.

El sistema agrario gallego necesita una reforma profunda

En este orden de cosas, mi percepción  es que el sistema agrario gallego es manifiestamente mejorable. Que es preciso renovar con una cierta visión estratégica lo que podríamos llamar su catálogo de productos. No parece que ya tenga mayor interés insistir en la producción láctea. Sobre todo después de los errores cometidos durante la negociación para el ingreso en la UE que lastran nuestro potencial con importantes obstáculos administrativos. Y porque el consumo de leche de vaca puede provocar alergias entre la población tanto infantil como adulta.

Una posibilidad a largo plazo es la de tratar de restablecer ganaderías extensivas de orientación cárnica basadas en las dehesas de roble, similares a las de todo el occidente silíceo español con otros quercus, como la encina o el alcornoque. La dehesa se ha demostrado un excelente sistema agrario y forestal que permite producir proteína animal con gran rendimiento energético y proteger la naturaleza.

Por otra parte, la hortofruticultura está poco desarrollada en Galicia teniendo en cuenta las condiciones climáticas del litoral de la región. Si el antiguo pedregal árido de la costa almeriense ha dado lugar a varios miles de hectáreas de producción en invernaderos, incluso con suelos de préstamo y con aguas escasas, de freáticos profundos, salinas o duras, no se entiende como no se podría hacer en Galicia algo semejante. Ahora bien, tal actividad de base debe ser apoyada mediante una mejor logística de distribución. En el caso ya citado de la costa almeriense, se ha realizado gracias a la implantación de centrales hortofrutícolas en forma de alhóndigas o de cooperativas.

El sistema logístico se complementa con adecuados medios de transporte para el suministro al mercado exterior europeo.

El gas natural, energía para las industrias agrarias

Dentro del empleo de energías convencionales si ahora nadie se cuestionaría el empleo de la energía eléctrica en proyectos y actividades agrarias tampoco se debiera hacerlo con el gas natural. Es curioso que el estudio de esta fuente de energía sobre la que gira el proceso de renovación industrial en toda España, y también en Galicia, no merezca atención detallada en los planes de estudio de las escuelas de ingenieros agrónomos. Esta deficiencia que cabría calificar de escandalosa e indicativa del nivel de decadencia en la formación de los actuales ingenieros agrónomos, tiene importantes consecuencias estratégicas al renunciar así no sólo a los proyectos de instalaciones receptoras de gas natural, sino a todas las actividades relacionadas con el empleo de esta fuente emergente de energía sobre la que basculado gran parte de la actual renovación de las industrias agrarias gallegas. Mi experiencia de muchos años aquí, como responsable de la revisión y auditoría de proyectos e instalaciones de la compañía más importante del sector, indica que no sólo se encarga al ingeniero industrial la Instalación receptora de gas natural sino también el proyecto de la propia central lechera o de la industria agraria en su conjunto. El COIAG, más sensible a esta cuestión que los propios colegiados o que la universidad, ha realizado esfuerzos para intentar suplir esta importante deficiencia formativa. Así la publicación de un libro único en su género en España sobre Proyectos de instalaciones receptoras de gas natural en industrias agrarias o la organización de cursos especializados de formación. Sin olvidar los nichos de empleo asociados a la construcción de gasoductos tales como diseño de trazados, Evaluaciones de Impacto Ambiental, procesos expropiatorios, coordinación de seguridad, inversión de flora, control y desbroce de vegetación en las trazas, etc”. Pero, en resumen, me temo que nos hallamos ante una oportunidad de desarrollo profesional desaprovechada.

Mi visión personal de lo que pasa

Como prefiero ser sincero a políticamente correcto, para terminar estas breves notas me gustaría explicar mi visión personal sobre lo ocurrido en los últimos años con nuestra profesión.  Nos encontramos inmersos en una gran confusión acerca del rol e identidad profesional del ingeniero agrónomo. A ello han contribuido factores generales como la perniciosa supremacía de lo financiero sobre lo económico y de ambos sobre lo técnico. La actual hipertrofia de lo financiero, su desconexión de la actividad económica real,  se ha convertido en una grave amenaza para el mantenimiento de nuestra civilización tal como la conocemos y en consecuencia de la propia clase media y profesional que la sostiene en el tiempo.

El papel del ingeniero está devaluado en una sociedad especulativa, sin investigación ni muchas perspectivas, dependiente en lo tecnológico, lo técnico y lo administrativo de decisiones ajenas. Nuestra reaccionaria y cortoplacista oligarquía viene demostrando poca inteligencia y menos patriotismo. La insufrible maraña caciquil de normativa autonómica y local obstaculiza la innovación y la iniciativa empresariales.

La presente y creciente proliferación normativa dificulta el diseño de proyectos, cuestión agravada con el ineficaz y costoso régimen autonómico y su fragmentación de la nación española y del mercado. Por desgracia, la formación se ha degradado a extremos escandalosos durante la Restauración monárquíca. Los informes internacionales ofrecen datos terroríficos acerca del estado real de nuestro sistema educativo. Una catástrofe de dimensiones descomunales. Nuestras universidades también se encuentran degradadas. Una condición necesaria para el desarrollo de la sociedad y de la civilización, el principio de promoción del mérito o de fomento de la aristocracia de los mejores, resulta preterido y humillado. La proliferación de universidades locales de mentalidad localista o caciquil y de heterogéneos planes de estudios colabora en la promoción del desastre. Sus títulos cada vez poseen menos credibilidad y solvencia. Si esto sigue así llegarán a ser mera mohatra sin valor real.

Para colmo, el menoscabo del papel de los colegios profesionales que pretende la nueva legislación puede dar lugar al fomento de la incompetencia, el intrusismo y la merma de calidad en la actividad profesional. Una cosa es que su misión, funcionamiento interno y cometidos puedan y deban ser revisados, lejos de planteamientos corporativistas reaccionarios, y otra muy diferente que se inutilicen o desaparezcan. Mi experiencia me dice que es preciso guardar la viña puesto que no se guarda sola. Cuando nadie guarda la exigencia de calidad el sistema degenera y de ello abusan y se aprovechan los peores.

Sobre el rol del ingeniero agrónomo del siglo XXI

Pero, volviendo al principio, es preciso redefinir el rol del ingeniero agrónomo en la actual sociedad del siglo XXI. Su formación debe ser acorde con las necesidades sociales que debe contribuir a satisfacer. Ante todo, lo sustantivo: el ingeniero agrónomo es un ingeniero, y como tal debe ser capaz de proyectar.  Aprender a proyectar no es fácil, ni se improvisa, porque exige pautas de comportamiento, actitudes y aptitudes diferenciadas. Imaginación, creatividad, sentido de la medida. Otros técnicos de profesiones consagradas en el arte del diseño o de la construcción aprenden a proyectar durante varios cursos del plan de estudios hasta poder realizar el proyecto fin de carrera con alguna soltura. Precisamente esta capacidad es la que distingue a un ingeniero de un licenciado. Y esta capacidad es propia de la hoy relegada actividad de la profesión en el ejercicio libre. Es decir, clave del profesional libre, que está en el mercado profesional, de problemática muy diferente a la del funcionario. Base aquella de un colegio de economía saneada y de relevancia o prestigio social. Lo segundo más bien se confundiría con una especie de sindicato corporativo.

Si lo sustantivo es “ingeniero”, lo adjetivo es “agrónomo”. Acaso, más que en la competencia profesional en alguna de las muchas disciplinas que conforman los planes de estudios con los licenciados respectivos en Biología, Matemáticas, Física, Informática, Ecología, Bioquímica, Economía, Sociología agraria,… lo que importa como diferencial o relevante para el ingeniero agrónomo sea la capacidad de integración de la información, de esa visión holística de los sistemas. Una cualidad que posibilita una gran versatilidad y capacidad de adaptación al profesional a los cambios pero que por otra parte requiere una gran formación, de calidad, cosa que cada vez resulta más rara en un proceso de decadencia como el que padecemos.

Esperanza, aún contra toda esperanza

Sin embargo, a grandes males, grandes remedios: la hoy incierta supervivencia futura de nuestra profesión dependerá del querer y del saber. De la capacidad de adaptación a las nuevas necesidades y de la inteligencia para trasformar “Amenazas” en “Oportunidades” estratégicas, más que en el solicitar normativas corporativas proteccionistas sobre atribuciones. Y de nuestra confianza en la propia capacitación y mérito que inspire planes de estudios renovados, homogeneizados y coherentes con la identidad profesional.

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