Artículos, solfas y epistolarios
AUSTERIDAD
La situación española es muy grave. Ya es un tópico afirmarlo. No sabemos qué puede pasar en unos meses. Incluso puede que no pase nada y la carcoma nos siga corroyendo por dentro algún tiempo más hasta que el derrumbe sea ya insalvable. Nos encontramos ante la problemática del cambio controlado de las sociedades afectadas por importantes condicionantes estratégicos o de recursos. Es decir, cuando el cambio es inevitable. Y por tanto no queda otra alternativa que asumirlo y tratar de gestionarlo o resignarse a que otros lo asuman por nosotros. Pero a mi juicio se hace demasiado hincapié en el aspecto económico y financiero de esta crisis y se olvida o relega en los análisis otros aspectos que no son menos importantes: me refiero a la crisis institucional, a la política y de identidad. Y dentro acaso de la de identidad de cierto sentido espiritual de la existencia. No en el sentido de ninguna confesión religiosa en concreto sino en el de la conciencia o no de ser hombres libres, de tener responsabilidades hacia los demás y hacia nosotros mismos, de buscar un sentido a la vida. Que tenemos derechos pero también deberes. Que existen valores metafísicos a promover y respetar también en el ámbito de nuestra conciencia y de nuestra conducta.
En consecuencia, una primera premisa para salir de la crisis es que desarrollemos en nosotros mismos la voluntad de servir a, de realizar, ese universo de valores metafísicos. Con cambios de conciencia y con cambios de conducta. Por patriotismo, por decencia o simple instinto de supervivencia, sin ella acaso no habrá posibilidad de salvar la crisis institucional y política ni probablemente la económica. Cuando hay decencia no hacen falta tantos auditores ni regulaciones.
A grandes males, grandes remedios. Al menos como ejercicio intelectual de comprensión de la realidad, conviene revisar lo qué nos pasa. Se habla de la necesidad de austeridad presupuestaria. Se dan instrucciones de recortar partidas hasta un 60%. Cuando no se ha interiorizado la gravedad y alcance del problema tal austeridad suele acaecer que el más pobre o desprotegido paga el pato. Ni siquiera su pato, el de los demás. Pero a su costa se salvan privilegios e intereses basados en el abuso o la rutina.
Organizar es relacionar objetivos con medios, con recursos, de modo que aquellos se puedan satisfacer adecuada y razonablemente. Es preciso redefinir objetivos. Si queremos salvar el Estado de bienestar no queda más remedio que redimensionar el Estado de las autonomías, cuyo crecimiento monstruoso y desordenado está poniendo en peligro no sólo las relativas conquistas de nuestro Estado de bienestar sino también en ciertas regiones, la libertad política y los derechos civiles. Es preciso redefinir objetivos de acuerdo con la misión o razón última de ser de una institución. Para proteger a la Nación y al bienestar de los españoles es necesario redefinir nuestro Estado y volver a ponerlo al servicio de España y no al revés como ahora sucede.
En el caso de las CCAA, y de Galicia en concreto, habría que empezar a realizar un proyecto paralelo de presupuesto “sombra” o de referencia basado en los criterios del conocido como presupuesto base cero. No por criterios históricos de aumento de lo que ya hay, valga o no valga, sino de proteger lo que de verdad importa, las misiones básicas del Estado. Jerarquizando actividades por orden de importancia para el ciudadano y llegando hasta donde se pueda.
Pero dirá el amigo lector que me haya seguido hasta aquí, cómo es posible ser tan ingenuo: ¿quién puede democratizar el Estado para ponerlo al servicio del ciudadano?
¿Cómo pedir austeridad al despilfarrador impune? ¿Cabe solución intramuros del sistema?
Es verdad. Pero existe el precedente no tan lejano en el tiempo aunque en sí en lo moral de la Ley de Reforma política donde el cambio fue impulsado por quien le perjudicaba.
Publicado en ABC, Galicia, 29 de julio 2010
Sin comentarios »
Dejar un comentario
Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.