Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

23 de abril. El Quijote y la Música. Homenaje a Cervantes y al Libro

Nota previa para el amable lector

        Los nombres resaltados en granate de los títulos de las obras mencionadas son enlaces a muestras de las correspondientes representaciones musicales. Para facilitar su audición se  recomienda abrir dos veces la presente entrada. Una para la lectura mientras se reserva la otra para abrir los sucesivos enlaces y poder escuchar las interpretaciones musicales seleccionadas procedentes de youtube. 

 

Arturo Schopenhauer, el filósofo de la Voluntad, explica en su tratado sobre El Mundo como Voluntad y representación que “la música constituye por sí sola capítulo aparte. En ella no encontramos la imitación o reproducción de una Idea de la esencia del mundo, pero es un arte tan grande y magnífico, obra tan poderosamente sobre el espíritu del hombre, repercute en él de manera tan potente y magnífica, que puede ser comparada a una lengua universal, cuya claridad y elocuencia supera en mucho a todos los idiomas de la tierra…Desde nuestro punto de vista que está caracterizado por el efecto estético, tenemos que reconocerla una importancia mucho más seria y profunda y que se refiere a la esencia interior del mundo y de nuestro yo, y en este respecto, las relaciones numéricas en las cuales se resuelve no deben considerarse como lo significado, sino como el signo. Pues con relación al mundo deben conducirse, en cierto modo, como la representación a lo representado, como la copia al modelo, y esto lo deducimos por analogía con las otras artes, a todas las cuales es propio este carácter”.

Y continúa el filósofo inspirador de las ideas estéticas de Wagner en un anejo a su obra dedicado expresamente a la Metafísica de la Música: “entre las producciones de la música y el mundo como representación o naturaleza debe existir, no solo semejanza sino paralelismo completo…la música, que no es, como las demás artes, una representación de las ideas o grados de objetivación de la Voluntad, sino que representa a la Voluntad misma directamente, obra sobre la voluntad al instante; esto es sobre los sentidos, las pasiones y la emoción del auditorio, exaltándolos o modificándolos”.

Cervantes, conocedor del mundo de la iniciación, y uno de los exponentes españoles más preclaros de la filosofía de la voluntad, ¿pues qué es la aventura de don Quijote sino la de la Voluntad en su intento de ejercer el mundo de los valores?, emplea la palabra “música” hasta veintiuna veces en El Quijote.

Suele ir asociada a momentos de especial relevancia de la obra como corresponde a su inventor Apolo, el también padre de la Poesía. El logos solar. Como síntoma y causa a la vez de alegría, felicidad o bienestar: “la música siempre es indicio de regocijos y fiestas”; ó: “pero viendo que la música se había vuelto en sollozos y lastimeros ayes”.  ”Sino un son de una suave y concertada música formado, con que Sancho se alegró”.

En casa de los duques don Quijote, que sabe tocar la vihuela e incluso canta, come con música como Pacheco, el suegro de Velázquez, nos relata que hacía El Greco en su casa toledana.

Para don Quijote la música resulta inseparable de la propia caballería andante y de sus más profundos ideales. Así cuando se elige un nombre para su dama, el ideal, la propia alma del caballero desde el punto de vista iniciático, observa que el nombre de Dulcinea le parecía bien pues era “músico y peregrino y significativo”. O bien: “señora, donde hay música no puede haber cosa mala. Tampoco donde hay luces.” O como inspiración para pensar: “envuelto en los pensamientos que le habían causado la música de la enamorada Altisidora”. Ya que “la experiencia me mostraba que la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”.

El poeta Cernuda mantenía la misma idea en su exilio mejicano cuando nos recuerda que: “Aún queda la sala del concierto, aún puede el hombre dejar que su mente humillada se ennoblezca”….cuando la música suena …”en las ruinas del cielo de los dioses”.

El doctor Eduardo Alfonso, el gran médico naturista y miembro de varias sociedades metafísicas e iniciáticas, explicaba la importancia de la música desde el punto de vista científico, anatómico y fisiológico: “es notable por todos los estilos que el sentido del oído no tenga una correspondencia clara con determinado sistema orgánico como la tienen los demás sentidos… Pero he aquí  que cuando la gama de sonidos es combinada según excelsas leyes musicales… el sentido del oído adquiere un elevado rango. Se convierte en la entrada del aparato pineo-hipofisario, de funciones tan trascendentales como mal estudiadas. Estas glándulas son los órganos donde se manifiestan las más elevadas operaciones intelectuales del ser humano. Y he aquí que encontramos la importantísima misión del sentido del oído, cuando pensamos que existen ciertos acordes y sonidos, abundantes en los cantos litúrgicos religiosos, en las obras de los grandes maestros y en la articulación de ciertas palabras (mantras) que tienen la particular influencia de intensificar las pulsaciones de la hipófisis en los sujetos sensibilizados y educados para ello”.

Quizás aquí pudiera encontrarse la explicación del uso de ciertas palabras de poder, del canto litúrgico como el llamado gregoriano o los sonidos mántricos del lamaísmo.

El Quijote ha sido una buena fuente de inspiración musical a lo largo del tiempo. En efecto, son muchas las obras que se han inspirado en nuestro Libro sagrado por antonomasia. Unas, intentando recoger el espíritu, siempre difícil de traducir a otros géneros artísticos de la magna obra. Otras, basadas en la recreación de algunos episodios aislados de la misma. Otras más, quizás por el mero oportunismo de asociar su propio título al mito inmortal y universal.

Entre las varias docenas de obras de tema quijotesco alemanas, inglesas, francesas, italianas, incluso portuguesas, suizas y de otros países, además de las españolas, cabe recordar hoy aquí algunas de gran interés.

Por ejemplo, la primera de todas ellas, y probablemente quizás una de las más compenetradas con el verdadero espíritu cervantino, fue la que escribió en 1694, un año antes de su absurda muerte por pulmonía, Henry Purcell el insigne organista de Westminster, con el título “The comical history of don Quixotte”, de la que se puede destacar una especie de himno a la Institución de la Caballería, cuyo abolengo se halla en el Cielo mismo, con san Jorge, (tenor), el Genio de Inglaterra, (soprano) y un clarín.

Como puede observarse, hay una relación entre esta Obra de Purcell y el mito iniciático de San Jorge y el dragón de antiquísimas resonancias tradicionales.

Junto a esta aproximación al mito cervantino del gran genio inglés del barroco, cuya biografía guarda cierto parecido con la de Mozart, destacan también, en una prueba más de la influencia española en la cultura alemana, las bellas recreaciones de Telemann, “Ouverture burlesque sur don Quichotte” de 1721, en la que el gran músico magdeburgués, más celebrado entre sus contemporáneos que el mismo Bach, resalta los aspectos más cómicos de la obra. Aquí la suite completa grabada durante un concierto en vivo. Y también su Don Quijote en las bodas de Camacho.

O las de otro genio precoz como Mendelssohn, Das hochzeit von Camache , en la que se introduce también el tema de la cueva de Montesinos, momento fundamental para comprender el sentido simbólico e iniciático de la obra cervantina.

Mucho más conocidas son, sin embargo, las Variaciones Fantásticas de Richard Strauss, estrenadas en Berlín en 1897.

El italiano Antonio Salieri, el rival del genial Mozart, estrenó en Viena en 1771 un divertimento teatral titulado “don Chisciotte alle nozze di Gamace”.

Antonio Rubinstein, gran amigo de España, e ídolo en su momento del público madrileño, es autor de un poema sinfónico con el nombre de Don Quichotte, estrenado en Berlín en 1875.

Philidor es el autor de una ópera bufa estrenada en 1762 con el título de “Sancho Pança Gouverneur dan´s l’isle de Barataria. Sin embargo, el libreto sigue muy remotamente la peripecia del escudero en la aragonesa población de Alcalá de Ebro, en la que Cervantes desarrolla la peripecia como buen gobernante de Sancho y demuestra entre bromas y veras su conocimiento de Platón y de las lúcidas teorías sobre el buen gobierno, definidas por el filósofo griego y otros autores.

Entre las obras españolas, además del reciente estreno de una ópera de Halffter en el Teatro Real de Madrid, la más interpretada es la conocida y excelente obra, híbrida de representación y sinfonía, “El Retablo de Maese Pedro” del gran maestro gaditano don Manuel de Falla. Estrenada en 1923, primero en Sevilla como suite sinfónica y luego en París, en versión escénica realizada bajo el patrocinio de la princesa de Polignac con tres voces: las del héroe, maese Pedro y el Trujamán, esta última antes confiada a voces blancas y ahora a sopranos.

Interesante también, entre otras, es el Don Chisciotte” ópera al gusto italiano de Manuel García, el famoso tenor y compositor sevillano, padre de la Malibrán. Fue estrenada en París en 1827.

Como ejemplo de la fascinación de la obra maestra cervantina entre los músicos más modernos no hay que olvidar tampoco a Ravel y sus canciones de Don Quijote y Dulcinea. Ni a nuestro Jesús Guridi que en 1916 en forma de poema sinfónico rememora Una aventura de Don Quijote.

De Oscar Esplá es el “Don Quijote velando las armas”, estrenada en Madrid en 1929.

Del repaso, forzosamente resumido, del centenar largo de obras inspiradas en nuestro mito, uno de los más fecundos de la cultura universal, se deduce algo que es patente por ejemplo, en las Variaciones de Strauss de las que ya hemos hecho referencia. La perfección formal, la orquestación, la onomatopeya a veces, se detiene en aspectos, casi diríamos anecdóticos cuando no grotescos de la obra, pero rara vez se traslada su plenitud espiritual. El Quijote es un libro malamente comprendido en sus aspectos esotéricos y metafísicos. Y cuanto más nos acercamos a nuestra época más patente parece lo anterior. El heroísmo de don Quijote cada vez resulta más difícil de entender. Es como si se fuera perdiendo la dimensión sagrada del arte. Esa concepción del Arte que se suele llamar tradicional, dirigida al desarrollo completo del hombre, como servicio por encima de todo útil para su plenitud, educación y deleite. Quizás porque la mente de los hombres cada vez está más humillada pese a los progresos tecnológicos, porque la Voluntad decaiga o porque el cernudiano cielo de los dioses se halle cada vez más en ruina.

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