Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Farsa y licencia del rey castizo

Pilar Urbano no es un genio como Valle Inclán sino una lúcida numeraria de la Obra y biógrafa autorizada, o hagiográfica, de Su Majestad la Reina. Nada más y nada menos. Sin embargo, cuando pensábamos que ya todo estaba visto en la Corte Borbónica y sus aledaños, aún  descubrimos nuevas variantes en este viejo arte tan nuestro de pícaros y esperpentos.

Tal es el romance con las grandes e increíbles hazañas democráticas de los reyes magos ¡que ahora resulta que son los padres! aunque ciertos niños eternos prefieran bien por cálculo, pereza o granjería seguir viviendo en la inopia. Rentable inopia para sus beneficiarios.

El  libro de nuestra intrépida  monja viene a ser un relato novelado no ya solo de las peripecias del golpe de Estado oficialista o borbónico del 23F, sino del proceso de nuestra Feliz Transición.  Que, más allá de su mito interesado, resultó una forma de lavar la cara al ropaje político legitimador con el que se encubre históricamente la oligarquía para seguir manteniendo el Poder y esquilar al rebaño.  También una farsa y licencia del rey castizo que no pudo soportar que el presidente converso quisiera mantener la legitimidad de las instituciones democráticas que representaba, incluso al margen de los intereses oligárquicos que soportan al Régimen.

Divinas palabras contadas no ya en pliegos de cordel por ciegos, Mari Gailas y feriantes; o bien por gentes de poco fiar como los demócratas y liberales descontentadizos de siempre, sino por gente antes tenida por aliada o compañera de aventuras. Monjas de las llagas, pero aquí no las fingidas propias, como las de Sor Patrocinio, sino reveladoras de las verdaderas ajenas: las miserias de la Corte. De modo que ante tal nueva coyuntura los cortesanos más embusteros o serviles intentan confundir al personal acusando de invención diabólica, granjería o superchería del maligno a la audaz monja miembro de La Obra de Dios.  “Vade retro”.

Observamos como el Régimen se asusta e insta la actuación del Santo Oficio para evitar que se contagie la herejía contaminando el sencillo pero ignorante caletre de súbditos y feligreses mantenidos en la santísima inopia. Descalificaciones con argumentos ad hominen y ad personam en vez de ad rem revelan la hipocresía de tanta doncella pudibunda aunque de virgo remendado. Mientras la Autoridad competente decide si coloca o no el romance de marras en el Índice de Libros prohibidos o si la monja guerrera es sometida al potro inquisitorial antes de conducirla al quemadero, recomiendo hacerse con un ejemplar aunque sólo sea en solidaridad con la proscrita o como protesta por su posible entrega al brazo secular.  Como en los viejos tiempos cuando había que comprar de tapadillo en la trastienda las últimas novedades publicadas por Ruedo Ibérico o la Editorial Oasis.

El libro es un grueso tocho de ochocientas sesenta y tres páginas, más de cien dedicadas a notas y documentos. En una primera lectura apresurada cabe indicar que constituye un interesante resumen, aunque en general no novedoso en demasía, de toda una época que se ha tratado de esculpir como lápida monumental, en mito en su sentido orteguiano, es decir, como enemigo de la ciencia y de la verdad.

Hay algunos datos inexactos. Por ejemplo, el apólogo del rey desnudo, más que de Andersen, procede de una joya de la literatura medieval española, Los cuentos del conde Lucanor.  O mucho más importantes para el caso: Las Cortes nunca fueron constituyentes en el sentido estricto del término, porque no se convocaron dentro de un anunciado proceso constituyente ni la constitución se elaboró de forma pública sino de tapadillo, casi de modo clandestino. Tampoco se permitió pronunciarse al sufrido espectador pagano sobre la forma de gobierno, Monarquía o República.

Pero en otros momentos, el libro es muy valiente. Como cuando expone que el magnicidio del presidente Carrero fue perpetrado al alimón entre ETA y la CIA que habría suministrado el explosivo militar empleado en la voladura.  O que la CIA también estaba en el ajo de las andanzas de Armada con Su Majestad mientras preparaban el golpe para echar a Suárez, poco dispuesto al ingreso de España en la OTAN.

Hay episodios, como cuando se narran con pelos y señales las diferentes intrigas para obligar a dimitir al presidente,  con traidores y colaboracionistas conspirando solos o en compañía de otros, que recuerdan el hermoso género literario, tan nuestro, del dictador hispanoamericano.  Así, cuando entra en juego el impaciente generalito Gonsales para pillar botín y poder. Querencias fomentadas por Su Majestad para meter a los nuevos socialistas made in Usa en el redil dinástico.  O, como alternativa a Armada, la elección real de Calvo Sotelo, tan desgraciadamente parecido en sus maneras a otro gallego que conocemos.

Muy sugestiva y digna de recuerdo en orla de honor de la casta es la relación de futuros ministros del fallido gobierno Armada en la que se encontraba lo mejorcito de cada casa. Entre ellos: Felipe como vicepresidente político.  Peces Barba en Justicia. Fraga en Defensa.  Areilza en Exteriores. El oligarca catalán Ferrer Salat en Comercio. Solé Tura en Trabajo.  Ansón en Información (Censura).

Para no alargar esta primera aproximación a lo que podría suponer un hito en la comprensión de nuestro reciente pasado y de la verdadera naturaleza del régimen que disfrutamos, cabe resumir que el libro de Urbano no supone una primicia esclarecedora en lo más importante. En el fondo parece que no hay revelaciones muy diferentes en cuanto a la autoría del golpe de las ya relatadas por otros autores como el historiador Palacios o el coronel Martínez Inglés.  Pero sí es novedoso, detalles aparte,  que esta vez sea desde el considerado fuego amigo. De una autora que pertenece a una Institución hoy en el Poder con el Gobierno de Mariano Rajoy.  ¿Cómo cabe interpretar su audacia al relatar con tantos detalles estas peripecias tan poco convenientes para el Régimen? ¿Es Pilar Urbano una avanzadilla? ¿De quién?

El libro concluye con estas palabras: “Esa gran desmemoria del testigo que sabía demasiado es la que permite vivir una inocencia feliz, y al Rey le asegura dormir sin insomnios…y seguir siendo Rey”.

Mal asunto cuando un Régimen no puede resistir la prueba de  la Verdad. La Cultura dicen que ha de servir para abrir los ojos. Luchar contra la desmemoria o la incomprensión de la Realidad. A tan noble e ingrata tarea se dedica nuestra monja audaz en este pliego de cordel cuya lectura atenta recomendamos.

Publicado en Periodista Digital el 4 de abril de 2014

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