Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La tía fingida, febrero 2017

En el Reino de España muchas de sus instituciones más relevantes resultan ser fingidas

La Tía fingida es una novela no muy ejemplar ¿o sí? Atribuida a nuestro gran Cervantes. Habla de mohatras, término tomado de la literatura picaresca española, verdaderamente esclarecedor  e imprescindible para comprender lo que nos pasa, aún hoy, en este malbaratado Reino de España. Hilo conductor de nuestro devenir histórico y de nuestro vivir presente. Hoy nuevamente de actualidad, por cierto. Mohatra es aval en falso. Falso valor, oro de alquimia. Son “caballeros de mohatra” los que participan en este fraude descomunal de hacer pasar un régimen oligárquico y corrupto por monarquía parlamentaria: políticos ladrones, tartufos o cobardicas, beatas remienda virgos, banqueros aduladores, corchetes corruptos, jueces complacientes, constitucionalistas filoetarras, golillas soplones, hampa enmucetada, golpistas impunes, empresarios pilla subvenciones, ordeñadores de presupuestos, santiguadores de bolsillos ajenos, garduños, indignados de encargo, esquiladores de oveja ajena, extorsionistas de dossieres, periodistas alabanciosos o bufonescos, electores fanáticos o mercenarios …Y sin olvidar ahora también las llamadas agencias de rating, ¿ganchos del timo financiero internacional?

Ni Antoñito el Camborio, como diría Lorca, es legítimo Camborio ni hace fuentes de sangre con cinco chorros, ni es el dinero es ya dinero, ni la auditoria, auditoria. Ni la bolsa mercados de valores para asignar recursos de inversión, sino timbas de tahúres en los que apenas solo los trileros experimentados que están en el ajo, y en el agio, saben dónde está la bolita mágica y salvadora del Banco central europeo, la Reserva federal o el siniestro FMI de la Señora Lagarto. La deuda como instrumento de dominación suministrada a dirigentes badulaques o corruptos de modo análogo a la droga por sus traficantes. Los políticos drogadictos de deuda se ponen tan contentos porque ahora la pueden pillar más barata y el que venga detrás que arree si es que queda semoviente que arrear.

Dicen que la cantidad de moneda virtual existente y remansada en paraísos fiscales serviría para comprar varias veces el PIB mundial. Por lo que el falso dinero de encaje, el que no puede ser contrapartida o contravalor de los flujos reales de recursos, bienes y servicios, va de burbuja en burbuja, de timba en timba, o peor: de guerra en guerra, recrecido por el interés compuesto y avalado por la mohatra de turno hasta el siguiente pufo.

A grandes males grandes remedios. Occidente acaso nunca podrá recuperarse del todo si no vuelve a poner sus grandes planteamientos axiológicos en orden. Pero el inquietante Nuevo Orden Mundial que algunos propugnan viene a conculcarlos o hacerlos imposibles por la vía de los hechos consumados. Aunque unos pocos lo denuncian. Y otros, recién llegados a la poltrona imperial, aún no se sabe muy bien a qué juegan, aunque quepa temerse lo peor. Mientras estamos atentos a las nuevas amenazas, no nos vendría mal recuperar lecturas de nuestros tratadistas de Salamanca y evitar el divorcio entre las finanzas y la ética. La mohatra científica de un sistema económico entendido como algo abstracto, ahistórico y asocial, inspirado en la matemática de la Física newtoniana, ajeno a su cometido de satisfacción de necesidades reales. Ahora las finanzas dominan a la economía, la economía a la política, la política a la sociedad, ésta ha abandonado a la Cultura y también al Espíritu, luz de la Ilustración que nos debería guiar por este valle cada vez más tenebroso. Pues ahora todo es al revés de como debiera ser tras tantos siglos de civilización.

Sin recuperar, el espíritu, la Cultura, el alma de las instituciones, éstas no serán sino cascarones vacíos campo de juego mohatrero. Detrás del Espíritu está la Cultura, la Sociedad, la economía real, la verdadera, la que permite satisfacer verdaderas necesidades humanas y sociales. A cuyo servicio debiera estar el dinero, las finanzas, un medio y no un fin en si mismo. Pero la cosa se aclara cuando se observa cómo hoy se ha sustituido la empresa económica de clásico medio para satisfacer necesidades reales de la gente en mohatrero artilugio para “crear valor para el accionista”.

Justicia no son leyes aunque muchos políticos parecen tener una visión mágica de las leyes. Creen que ley aprobada, cuestión ya resuelta. Es como el ¡ábrete sésamo! de Alí Babá y los cuarenta ladrones, con perdón. Nuestros numerosos parlamentos hacen leyes como churros en las ferias. Cosa nada buena si hacemos caso a Tácito, quien consideraba la multiplicidad de leyes como señal cierta e infalible de un mal gobierno y de un pueblo corrompido. Y el propio Cervantes, entre otros, adopta su visión y así lo manifiesta en sus sabios consejos al Sancho flamante gobernador. Consejos que debieran servir de guía de pensamiento y acción a cualquier político o poderoso decente. Y luego, otro “pequeño” problema: el de la voluntad de aplicar las leyes sea quien sea el justiciable y, sobre todo, de hacer Justicia. La Justicia no es igual para todos como afirma la propaganda borbónica repetida por la cínica mohatra periodística, en burla de la inteligencia y de la dignidad de los ciudadanos indefensos y degradados a súbditos. Se acaba de demostrar otra vez hoy cuando se ha conocido cierta esperada sentencia.

El BOE a veces se asemeja a cierta literatura piadosa, e inane científica e intelectualmente, propia de nuestro Barroco tardío. Y una ley no es una acción ni tiene eficacia en sí misma, pues si no se crean o se dotan de suficientes recursos las instituciones que deben luego aplicarlas, empezando por la formación e información del personal, el resultado es la desmoralización del administrado de buena fe y el aumento del “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Eso aún cuando las leyes no sean claramente desatinadas, producto de modas estultas, el desconocimiento de la realidad social, pesebre de amiguetes o de la simple desvergüenza. O como sabotajes de las clases medias, la soberanías nacionales o el orden social con miras de facilitar el proceso del NOM globalista y profundamente antidemocrático.

Si es cierto el dicho popular español: cuantos más abogados, más arbitrariedad e injusticia. Y cuantos más economistas, más pobreza y desigualdad social. Y cuanto más pío clericalismo tartufo, también más inmoralidad y ateísmo práctico. No hay más que admirar los grandes méritos y santas virtudes de las piadosas familias obreras de los Ruíz Mateos o los Pujol Ferrusola. Sin olvidar, cada uno en lo suyo, a otros no menos santos obreros: los Sepúlveda, Matos, Gurtelidos, De Guindos, Montoros, Margallos, Fernández, Bárcenas, Tejerinas….

Es obvio que en cualquier sociedad existen personas de diferente nivel intelectual y moral. El pacto social se basa en que las leyes protejan a la sociedad de aquellos, menos adelantados en su evolución espiritual o moral, que buscan la satisfacción de sus pasiones a cualquier costa. Por ello una de las funciones de las penas es proteger el bien común de la sociedad y de ahí el castigo al reo declarado culpable, disuasorio de otros, aunque se prevea la generosidad en los casos que quepa redención social, para lo que se requiere su arrepentimiento y la voluntad demostrada de no volver a delinquir. Generosidad, que no memez, arbitrariedad ni hipocresía. Pero, lo común hoy es que los grandes delincuentes al abrigo del Poder se burlen impunemente de la Justicia.

Pero esto es el Reino de España, reconvertido en la penosa Marca España de tantos mercachifles, es decir, el mundo al revés. Falla la responsabilidad individual asociada al ejercicio de la libertad. Falla la jerarquización de las prioridades, contraria de lo que la razón, el bien y el sentido común aconsejan.

Por unas razones u otras, fallan las personas que las aplican: la impunidad crece y si esto sigue así más pronto o más tarde se terminará volviendo al ¡Fuenteovejuna señor!

Pero comprender no basta, es preciso actuar antes de que la cosa ya no tenga solución pacífica.

En La tía fingida es el mozo enamorado el que con voluntad y valor logra rescatar a la falsa sobrina de virgo constitucional tantas veces remendado por las poco respetables tías institucionales que la vende una y otra vez a la oligarquía rijosa, mohatrera y perenne.

España, nuestra pobre España huérfana y desamparada, con amor y valor heroicos también necesita ser rescatada del imperio de la oligarquía, incluso aliada al hampa avalada por la hipertrofiada mohatra de turno. Como hoy hemos vuelto a constatar.

 

 

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