Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Apólogo moral

Érase una vez un niño bien de buena y conocida de familia de rancio abolengo y buenos posibles por su pía condición prócer de católicas finanzas, votante del integrista y racista PNV y de misa cantada los domingos y fiestas de guardar en santuario mariano (dicho sea sin segundas).  Joven de espíritu puro y pensamientos elevados, no le había dotado la providencia divina con grandes luces intelectuales ni morales,  pero sí, en cambio, de gran estatura, buena presencia y musculatura, amén, al parecer de las felices usuarias, de otras cosas que omitimos por pudor y discreción. Lejos de la pía influencia de su confesor espiritual vascongado, fichó por cierto equipo deportivo de Galeuzca de los patrocinadores del corro de la patata y trinca trinca, se fue haciendo a vida de molicie donde el maligno acecha.

Lucía cachas en calzón corto y una lánguida aunque nada pánfila princesa admiradora de ciertos buenos talentos se fijó en él. Acaso, dicen, por cierto morboso parecido fraternal. Encaprichose la dama, le sedujo apoyada en su deslumbrante mundo de fastos palaciegos y pidió permiso a papá para legalizar honestamente su feliz himeneo con el voluble maromo. Pero de acuerdo con el ritual, era preciso superar una prueba iniciática. Si en el Turandot la caprichosa amén de sádica princesa china sometía a un temible acertijo mortal a sus pretendientes antes de conceder su mano, nuestro joven vasco de espíritu puro y pensamientos elevados habría de someterse a otra peligrosa prueba de resultado no menos asaz incierto. Probar sus habilidades en las acreditadas mañas de su nueva familia, su capacidad de adaptación a los usos y costumbres en Palacio. Prueba superada aunque de final incierto.

Al cabo, aviesos o envidiosos descontentadizos escribanos y golillas acechan para turbar el apacible disfrute del botín, su felicidad y el comer perdices. El pertinaz populacho no descansa para fastidiar a una extraña familia que no nos merecemos. Las instituciones maniobran y cohechan para hacer descarrilar el proceso judicial en curso y provocar bien la nulidad de las actuaciones o bien que caiga bajo la jurisdicción de puñetas más acomodaticias o graciables.  Escaramuzas, acusaciones a probos funcionarios judiciales, dímes y diretes oficiales aunque sentencia popular firme.

Al cabo, el abogado del diablo impuso parcialmente sus tesis sobre los partidarios de la turiferaria beatificación. Un caso de género, sin violencia, o saber de quién a quién. El hombre, malo; la hembra, buena. Buenísima. No hubo remedio, como diría Goya.

Ahora toca rescatar a la sufrida princesa doliente de las garras del rijoso dragón vasco de pura raza vasca. La princesa acompaña a su ejemplar “progenitor A”, el noctámbulo de Vigo imitador de Max Estrella, a saludar al piadoso Salman, El Descuartizador.

La Familia se adapta a las exigencias de los tiempos, pero por si acaso siempre nos quedará Suiza.

 

 

 

 

 

 

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.