Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Bandolerismo catalán (II): Los mossos d’ esquadra

En una anterior entrega admirábamos las glorias catalanas en cuanto bandolerismo se refiere hasta el reinado de Felipe III y la meritísima labor del virrey Alburquerque para dividirlo o desglosarlo en dos: el popular, a perseguir, y el aristocrático plutocrático, a consentir para mayor gloria de estos reinos.

Dentro del hecho diferencial catalán glosábamos la biografía del obispo bandolero de Vich y del personaje real que inspiró a Cervantes la noble figura de Roque Guinart, compañero de Don Quijote y Sancho en las cercanías de Barcelona.

Hoy vamos a reseñar otra fase histórica del bandolerismo catalán, la que diera lugar a la creación de los famosos mossos d’ esquadra, que pese a lo que su nombre parece sugerir en español no estaban relacionados con el manejo y cobijo de semovientes, sino, por el contrario a la represión del bandolerismo popular con sus distintas variantes: salteadores de caminos, monederos falsos y / o contrabandistas. Los mossos d’esquadra fueron creados por los partidarios de los Borbones, entronizados en España a principios del siglo XVIII después de la guerra de Sucesión, en la que dos patrióticas dinastías extranjeras, los Austrias y los citados Borbones, se disputaban el botín español. En efecto, los mossos fueron organizados por el borbónico Pere Antoni Veciana primeramente para combatir a los recalcitrantes partidarios de la Casa de Austria encabezados por el famoso bandolero guerrillero Pere Joan Barceló, más conocido con el apodo de Carrasclet.

Pronto los mossos se ganaron un bien merecido prestigio represivo no exento de alguna truculencia para gentes no demasiado acostumbradas a la exquisita sensibilidad catalana.  Acompañaban a los bandoleros que pillaban al cadalso para luego recoger los cuartos de los ajusticiados y repartirlos por encrucijadas o plazas de las ciudades para mayor edificación de sus sensibles compatriotas y mantener su prestigio terrorífico.

Pero pronto algunos miembros observaron que era más rentable compartir el alijo con los bandoleros contrabandistas que dedicarse simplemente a su represión.

Otra función de los mossos era la policía de costumbres. Tal la represión de adúlteras o, en general, de los no cumplidores con los preceptos eclesiásticos.  Así mismo hacían todo lo posible por volver a arrejuntar más o menos a la fuerza a los matrimonios separados incluso con amenaza de presidio para los más recalcitrantes. Estas cuestiones y la creciente impopularidad de los huele braguetas enajenaron parte de la anterior simpatía lograda por los mossos entre los catalanes de todas clases sociales. Tampoco ayudaba a mantener la popularidad de tan bizarro cuerpo represivo el hecho que se trasmitiera entre familiares al modo hereditario monárquico la titularidad de la jefatura, oficialidad y otros momios o sinecuras.  De modo que como si una monarquía se tratara se daba el caso que incluso un niño de la familia Veciana fuera el responsable oficial de alguna partida local.

La creciente colusión de intereses entre mossos y bandoleros, sobre todo contrabandistas, daría lugar a que hubiera que arbitrar la creación de otros cuerpos policiales que controlaran a ambos. Con motivo de la discusión por un importante alijo, un contrabandista llamado Isidro Campsó Parrot organizó una milicia armada contra los mossos, banda conocida como los parrots, que fue sabiamente apoyada por el rey Carlos, nuestro Señor, para tratar de contrarrestar los abusos y fechorías de los mossos, y que actuaron hasta finales del siglo XIX.

Hay que reconocer, para ser del todo ecuánimes, que la proliferación de bandoleros, contrabandistas y formaciones represivas regionales o autonómicas como las llamaríamos hoy, no eran un hecho diferencial propio catalán porque, junto a los mossos d’ esquadra, en otras regiones españolas existían organizaciones más o menos parecidas. Así tal los escopeteros andaluces, los caudillatos gallegos o los salvaguardias cántabros.

Todo este marasmo represivo regional favorecía el bandolerismo y la delincuencia, de modo que para combatirla con éxito se impuso la centralización de un cuerpo policial único para toda España.  Nos referimos a la Benemérita institución de la Guardia civil fundada en 1844.

Hoy, la actual Cataluña is not Spain o del neo bandolerismo del tres por ciento ha resucitado el bizarro cuerpo de mossos fundado por Veciana al servicio de los Borbones con los resultados que son de admirar.

El grabado que ilustra el texto se debe a Gustavo Doré y representa el detalle de un mosso d’ esquadra del siglo XIX, tomado al natural durante un viaje del artista por España.

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