Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Papamóviles

La reciente pintoresca situación vivida en Brasil, hasta ahora inédita, de un papa bloqueado en un atasco de tráfico, junto con los admirables últimos gestos papales sobre este asunto del papamóvil, nos animan a pergeñar un breve bosquejo histórico sobre el medio de transporte usado por los herederos de Pedro a lo largo del tiempo.

El llamado papamóvil o transporte rodado terrestre del jefe espiritual de los católicos ha experimentado varios cambios en función de los diferentes momentos históricos.

In illo tempore los discípulos del Fundador iban andando de un lugar a otro. Nos dice el evangelio de San Lucas que Jesús se apareció a sus discípulos en el camino de Emaús.  Claro que al hacerlo en cuerpo astral o glorioso no fue reconocido hasta después de que desapareciera de su vista.

Lo de ir andando por muy evangélico y tradicional que hubiera sido, luego fue considerado incompatible con el prestigio y boato que merecía la Iglesia.

En su conocida polémica medieval con los dominicos, los franciscanos sostenían que la Iglesia debía ser pobre ya que su fundador lo había sido y además voluntariamente. Cuestión que horrorizaba a otras instituciones y estamentos eclesiásticos porque si Jesús había sido pobre era cosa suya, al cabo era Dios y podía hacer lo que quisiese según su voluntad, pero que tal cosa no tenía aplicación a los simples mortales, y en todo caso desde luego iba en contra del prestigio de la Iglesia y de sus próceres.

La mula, animal también estéril como los propios eclesiásticos, sobre todo si era mansa y no demasiado sensible a la querencia, se constituyó en un medio muy socorrido y empleado para pequeños desplazamientos.

Luego hubo papas que montaban a caballo y algunos de modo asaz bizarro, así tal el famoso papa guerrero Julio II que intervenía en batallas incluso con armadura. Todo un personaje, casi un condotiero, aunque de buen gusto artístico, que encargó a Miguel Ángel la decoración de la bóveda de la Capilla Sextina, así como un fastuoso sepulcro que el artista no llegó a concluir.

Un medio de transporte frecuente por lo cómodo fue la carroza en sus diferentes modalidades y con distintas prestaciones según las épocas.

Antecedente rudimentario del moderno papamóvil descapotable es la llamada silla gestatoria, curioso dispositivo de tracción animal bípeda y dotada de sendos vistosos abanicos plumeros al modo faraónico egipcio. Iba sin cinturón de seguridad ni airbag con el consiguiente riesgo para los sufridos porteadores e incluso para el porteado. Sobre todo en su versión de peana móvil para que Su Santidad fuera erguido. Existía también en modalidad bajo palio como la que puede observarse en el grabado que ilustra una procesión vaticana en 1867. La verdad es que quedaba muy resultona desde el punto de vista estético y también muy práctica amén de ergonómica ya que el papa podía bendecir a las gentes y humildes siervos de Dios con gran pompa y comodidad. Cayó en desuso después del concilio Vaticano II que acabó con tantas y acendradas tradiciones y el papa Juan XIII fue el último que la empleó en público.

El papamóvil reciente también ha experimentado variantes. Tras el trágico atentado que casi cuesta la vida al papa polaco dejó de ser abierto o descapotable para convertirse en una especie de urna blindada o fanal con ruedas donde el santo padre iba expuesto.

En vez de papamóvil terrestre el papa dimisionario Benedicto utilizó un helicóptero para su espectacular salida del Vaticano en lo que algunos consideraron no dejaba de ser un plagio de cierta película no ya del inmortal agente 007 sino la basada en una algo irreverente novela de Dan Brown sobre Ángeles y demonios en la que el malo era el camarlengo.

Lejos de los fastos del Estado Vaticano en la antigua capital del Imperio, a la vuelta de Emaús, el cuerpo glorioso o astral del Fundador, incomprendido y meditabundo, pasea a pie por los atormentados campos de Su Palestina natal mientras apenas nadie lo reconoce.

¿Nadie? No. Los mitos viven cuando las personas los tienen presentes en su conciencia e inspiran su conducta. En un rasgo sin precedentes, el papa Francisco quiere hacer honor a su nombre y a lo que el sabio de Asís representa en la Tradición espiritual cristiana y está usando un viejo utilitario Renault modelo 4L como papamóvil.  Un gesto admirable tanto por lo insólito cuanto por su altura moral y solidaridad humana. Digno de nuestro reconocimiento.

Ahora bien, existe otro tipo de papamóvil: el metafísico. Y aquí la velocidad que Francisco está imprimiendo a su papado parece vertiginosa para una organización con tantos intereses materiales como la eclesiástica.  Mucho, demasiado. Quizás tanto como para que los inmovilistas del ancla puesta decidan montarle un gran cisma, si la alternativa de otra solución Albani fracasase. Según las cuentas proféticas de San Malaquías el actual papa Francisco sería el último.

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