Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

De Cervantes, bandoleros y Cataluña,

En el momento actual, mientras parte de la infancia catalana padece hambre o desnutrición, los fanáticos herederos de los golpistas del 34 siguen jugando a pergeñar su fementida nacioncita de la señorita Ferrusola.  Bien es cierto que con la complicidad también de todos los gobiernos de la monarquía y no solo de los socialistas que no se oponen a la fechoría.  Es acreditada y suicida política de los últimos Borbones procurar satisfacer los bajos instintos del separatismo catalán.

En este desorden de cosas, uno de los infinitos tenderetes robaperas financiados con el dinero de los impuestos de todos los españoles, tenderete de los que quitan la comida de la boca a los niños desnutridos de Cataluña,  se ha puesto a inventar sandeces sobre la Historia de la Cultura española.

Según estos fanáticos subvencionados, incluso Cervantes era catalán.  Hasta ahora Galicia, Mallorca y la Mancha, con más o menos argumentos, se disputaban el honor de haber visto nacer al genial escritor español.

Es cierto que Cervantes tuvo una relación ambivalente con Barcelona.  La cita en El Viaje al Parnaso, El Trato de Argel, La Galatea, La Fuerza de la sangre, Las Dos doncellas, el Persiles o El Quijote.

En la novela ejemplar Las Dos doncellas (1613) Cervantes glosa la ciudad: “Llegaron a Barcelona poco antes que el sol se pusiese.  Admiróles el hermoso sitio de la ciudad, y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad, puede pedir un discreto y curioso deseo”. 

Dos años después, ya en 1615, primera edición de la segunda parte de El Quijote, la opinión expresada es más paradójica. Su playa es el escenario de una aventura clave en el simbolismo esotérico de El Quijote.  En efecto es allí, en el Oriente geográfico y simbólico de su viaje, donde se produce la derrota del caballero que sin embargo, de modo heroico, no renuncia a su ideal. También el morisco Ricote, tras haber confesado su amor a España mientras siente nostalgia de la libertad de conciencia en Alemania, muestra aquí su generosidad. La cabeza parlante encantada en casa de Moreno es un fraude como lo son los diferentes medios de manipulación de masas mantenidos por el corrupto régimen catalán. Voces hueras de su oculto siniestro amo.

Pero es también en el capítulo LX de la segunda parte de El Quijote durante su aventura con el noble bandido Roque Guinart, donde Cervantes demuestra otra vez su gran ironía.  Dice Don Quijote a un asustado Sancho: no tienes de qué tener miedo, porque estos píes y piernas que tientas y no ves, sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados, que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta, por donde me doy a entender que debo estar cerca de Barcelona.

En la época de Cervantes la abundancia de bandoleros era señal cierta de la cercanía a la ciudad de Barcelona, solo la Sevilla de Monipodio o Rinconete le disputaba el dudoso honor de la supremacía en la delincuencia organizada.  Pero ahora, tras un tercio de siglo de pertinaz monarquía, además de la ausencia de lealtad, la mayor diferencia con la época cervantina es que los bandoleros y forajidos no están en las afueras para perpetrar sus crímenes o fechorías escondidos de la justicia sino que, por el contrario, están dentro y disfrutando de sus privilegios en palacio mientras pastorean corchetes, escribanos, puñeteros y falsas cabezas encantadas.

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