Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Si de mi baja lira…

                                                                                                           ” Si de mi baja lira

                                                    Tanto pudiese el son que en un momento

                                                                                                                  Aplacase la ira

                                                                                                       Del animoso viento

                                                                 Y la furia del mar y el movimiento”

                                             (Garcilaso, Canción V:  Ode ad florem Gnidi)

 

Recomendación del autor: el texto puede leerse mientras se escucha la  preciosa canción del Duque de Alba con música de Juan de Urrade.

 

Existe un primer Renacimiento embrionario íntimamente ligado a España en la corte del rey sabio y a la literatura y a los libros, un mecenazgo dirigido al rescate de los antiguos textos del mundo grecolatino, en el que participa de modo decisivo el mundo judío, interesado en promover el español como lengua culta en detrimento del latín, lengua eclesiástica y entonces de cultura por excelencia. Pero se suele decir que el Renacimiento llega a España casi un siglo y medio después que a Italia, cuando el español se convierte en la nueva lengua de cultura universal sustituyendo apenas al latín. Es un retorno, una mirada a la cultura clásica en un momento que trata de sacudirse las trabas estéticas, filosóficas e ideológicas de la Edad Media, aunque acaso sin una ruptura tajante. Y un resultado del florecimiento de la libertad de conciencia. Tan alabada luego por el desterrado Ricote, uno de los personajes más patéticos de la vasta minerva cervantina.

Existen resonancias e influencias de Erasmo, el sabio y escurridizo reformista que la Iglesia no se atrevió a combatir de frente. Y equívocos como los propios del emblemático sabio polígrafo pacense Benito Arias Montano, bibliotecario real de Felipe II en El Escorial, auténtico rescatador de la sabiduría clásica grecolatina, hebraísta, cabalista, coautor y responsable ante el impresor Cristóbal Plantino de la famosa Biblia Políglota de Amberes, cuya aprobación luego defendería en Roma. Aunque también miembro de la Fraternidad iniciática de carácter rosacruciano Familia Charitatis.

Conocemos la sugestiva e interesante correspondencia entre el sabio Montano y el gran maestro del erotismo Francisco Aldana, (Poema II de Medoro y Angélica):

la sábana después quietamente

levanta al parecer no bien seguro

y como espejo el cuerpo ve luciente

el muslo cual aborio limpio y puro

contempla de los pies hasta la frente

las caderas de mármol liso y duro

las partes donde el Amor el cetro tiene

y allí con los ojos muertos se detiene…

El capitán Aldana, un gran y sensible poeta lamentablemente desaparecido a los cuarenta y un años de edad junto con el rey don Sebastián de Portugal durante la aciaga batalla de Alcalzarquivir, ( http://alfonsodelavega.com/?p=5914).

Pero también unos años antes, en setiembre de 1536, otro de los grandes poetas renacentistas, el toledano Garcilaso De la Vega, encontrará trágica muerte en plena juventud durante el sitio de la fortaleza francesa de Frejus. Y nuestro gran Cervantes estuvo a punto de perecer en Lepanto. Son autores que ejercen la doble profesión de poeta y de militar, en línea de lo explicado por Don Quijote en casa del caballero del verde gabán, durante este agitado y mutante siglo XVI, en el que los artistas buscan la inmortalidad de la fama y España alcanza la cima del mundo conocido. Tiempos curiosos, de armas y de letras simultáneas, en los que, a diferencia de la abundante gañanería iletrada actual, un perfecto cortesano debía saber componer versos.

Son años de aventuras militares, de descubrimientos pero también del neoplatonismo recuperado, otra forma de combate, más sofisticado. El del amor y el conocimiento. Marsilio Ficino había muerto en la Florencia de los Médicis durante el año prólogo del siglo, el mismo en que se imprime la primera edición de La Celestina, una visión trágica, tremenda, del erotismo. Amor y voluntad confluyen. León Hebreo, una de las fuentes filosóficas y estéticas cervantinas, compone sus Diálogos de Amor. Es la filosofía de la Voluntad y, a la vez, la del Amor. Nuestros grandes místicos predecesores de los célebres Juan de Yepes, Teresa de Ávila o Miguel de Molinos, los Ibn Gabirol, Ibn Abentofail, Ibn Arabí, Moisés de León, Raimundo Lulio o Arnaldo de Vilanova ya han preparado psicológicamente, gracias a su descubrimiento de las antípodas del alma consciente, los otros viajes hacía las antípodas geográficas de los más lejanos continentes.  Con consecuencias científicas: las descripciones del nuevo mundo van a implicar también un concepto nuevo de la Historia, que ya no cabe en las visiones de la Antigüedad clásica, y en la que el observador participa o quiere influir también de los acontecimientos descritos: así lo hace Alonso de Ercilla en su poema La Araucana.

Acaso sea por esta profunda relación entre mística, voluntad y erotismo por lo que en español la palabra querer tiene dos acepciones. La de la voluntad de ir hacía y la de amar, tal como recoge este breve muestra poética.

El primer Duque de Alba, don García Álvarez de Toledo (m. 1488), lamentaba sus penas de amores:

Nunca fue pena mayor

Ni tormento tan extraño

Que iguale con el dolor

Que recibo del engaño

Que ha llegado a nosotros incluida en el Cancionero de la Colombina con música de Juan de Urrede.

Acaso un precedente de la garcilasiana copla II, (Canción, habiéndose casado su dama), dedicada a doña Isabel Freire: 

Culpa debe ser quereros

Según lo que en mí hacéis

Más allá lo pagaréis

Do no sabrán conoceros

Por mal que me conocéis…

Ya en ese mismo siglo XV el marqués de Santillana se había hecho eco de las novedades poéticas italianas con sus Sonetos fechos al itálico modo. Pero es otra obra desarrollada mediante diálogos, El Cortesano, de Castiglione la que de modo paradójico ha de tener gran importancia entre nuestros poetas del Renacimiento. En ella confluyen dos poetas amigos, el barcelonés Juan Boscán, traductor, y el toledano Garcilaso, su prologuista y asesor consejero. El buen cortesano del siglo XVI debe saber versificar, aunque lo suyo no sea la buena poesía, para educar el gusto y desarrollar el ingenio.

El humanista y embajador de Venecia, Andrea Navagiero, había convencido al catalán Boscán para que renovara nuestra poesía y adaptara a la lengua española sonetos, y otras artes de trova usadas por los buenos poetas de Italia.

A la muerte de Garcilaso y de Juan Boscán, en 1544 el humanista veneciano edita una antología conjunta de ambos poetas. En 1569, El Brocense, catedrático de Retórica de la Universidad de Salamanca, publica una nueva edición en solitario de la obra del poeta toledano que unos años más tarde revisaría añadiendo otros sonetos.

En 1580 el sacerdote y poeta sevillano Fernando de Herrera, quien puede considerarse cabeza de la escuela poética sevillana enfrentada en lo estético y literario a la salmantina, edita sus Anotaciones a las obras de Garcilaso de la Vega una nueva y erudita edición de poesía garcilasiana en la que explica también sus propias teorías sobre la poesía. En 1582 da a la imprenta Algunas poesías, publicadas tras la muerte de su dama, doña Leonor.

Y ya en el siglo XVII, Francisco Pacheco, el suegro de Velázquez, publica una antología completa de su obra poética. Herrera es un personaje de gran interés y no solo por su obra. Este soneto que sigue ilustra el drama íntimo del sacerdote pero hombre enamorado de la condesa de Gelves, doña Leonor de Milán, y nos revela el papel de la dama para los poetas renacentistas.

Pensé, más fue engañoso pensamiento

Armar de duro hielo el pecho mío

Porque el fuego de amor al grave frío

No desatase en nuevo encendimiento.

Procuré no rendirme al mal, que siento

Y fue todo mi esfuerzo desvarío

Perdí mi libertad, perdí mi brío

Cobré un perpetuo mal, cobré un tormento

El fuego al hielo destempló en tal suerte

Que, gastando su humor, quedó ardor hecho

Y es llama, es fuego, todo cuanto espiro

Este incendio no puede darme muerte

Que, cuanto de su fuerza más deshecho

Tanto más de su eterno afán respiro.

Drama personal íntimo a la vez que tema literario renacentista, el del amante esclavizado en la voluntad del amado, que cabe encontrar en Herrera, Petrarca o Aldana.

Fray Luis de León tiene influencias horacianas pero muy en especial, del neoplatonismo. En  Noche serena, o en la Oda a Salinas es patente dicho neoplatonismo. La reminiscencia del alma alejada de su origen, el conocimiento está en el recuerdo. La música como medio de elevación espiritual hacia la luz perdida.

Cuando contemplo el cielo

de innumerables luces adornado

y miro hacia el suelo

de noche rodeado

en sueño y en olvido sepultado

el amor y la pena

despiertan en mi pecho una ansia ardiente

despiden larga vena

los ojos hechos fuente

la lengua dice al fin con voz doliente:

¡Morada de grandeza,

templo de claridad y hermosura

mi alma que a tu alteza

nació, ¿qué desventura

la tiene en esta cárcel, baja, escura?

¿Qué mortal desatino

De la verdad aleja así el sentido

Que de tu bien divino

Olvidado, perdido

Sigue la vana sombra, el bien fingido? 

El hombre está entregado

al sueño, de su suerte no cuidando

y con paso callado

el cielo, vueltas dando

las horas del vivir le va hurtando

¡Ay! ¡Despertad mortales!

Mirad con atención en vuestro daño

¿Las almas inmortales,

hechas a bien tamaño

podrán vivir de sombra y solo engaño?

Y el culmen la poesía renacentista española se encuentra en esa monumental catedral sonora arqueométrica que es el prodigioso Cántico espiritual del grandísimo poeta y místico Juan de Yepes. En cualquiera de sus dos versiones, la de treinta y nueve liras del manuscrito de Sanlúcar o la más conocida segunda de cuarenta liras del de Jaén.

En la técnica poética del maestro de Fontiveros, el empleo de la lira posee gran importancia musical armónica. Esta estrofa compuesta por heptasílabos y endecasílabos combinados, recuerda en su relación 7 a 11 la del número de oro de la escuela pitagórica consagrado por Platón en el Timeo y recordado durante el Renacimiento por Fra Luca Pacioli y las ilustraciones de Leonardo.

Fray Luis de León glosaba el asunto de la música de las esferas del pitagorismo y la doctrina platónica del recuerdo en su Oda al músico maestro Salinas o en Noche serena, ¡compuestas en liras!

A cuyo son divino

El alma, que en olvido está sumida,

Torna a cobrar el tino

Y memoria perdida

De su origen primera esclarecida

En el Cántico hay un fondo erótico conmovedor, reminiscencia del Cantar de los Cantares.  El propio Fray Luis de León, uno de los traductores al español del poema atribuido a Salomón, tuvo problemas con la Inquisición por el empleo del término “guedejas” para traducir la palabra zama, (cunnus en hebreo) citando en su comentario al capítulo cuarto pero contradiciendo o corrigiendo la versión de san Jerónimo de igual sentido que el empleado por Aldana en “las partes que el amor el cetro tiene”. Asunto que originaría su escrito de defensa: “Respuesta que desde su prisión da a sus émulos el maestro Fr. Luis de León en el año 1573”. Una polémica que puede verse en el apéndice de la edición de la Oficina de Francisco de Toxar en Salamanca fechada en el año de 1798 (que es el que he consultado).

Claro que entonces las universidades eran campo de Agramante no ya de las dos Españas sempiternas clásicas sino de las diferentes banderías eclesiásticas donde incluso las polémicas terminaban a veces peligrosamente en la Inquisición.

El Cantar de los Cantares es la base de muchos textos alegóricos místicos. Así, el místico murciano Ibn Arabí nos indica que debemos buscar el significado espiritual en los cantos del erotismo sensual.

Para El Zohar, el libro más importante de la cábala o misticismo hebraico español, el Cantar de los Cantares no es solo un relato de alta tensión erótica sino que constituye una especie de resumen de la historia de Israel. Asimismo explica el amor del rey por la Sulamita como el amor de Dios por la Shekina por lo que no debería usarse como algo profano.

El Cántico de Juan de Yepes, además de un precioso poema erótico, sobre todo es una especie de tratado de la gran mística española, en este caso en su comprensión cristiana. San Juan emplea las imágenes eróticas del Cantar como una forma de religar el alma con Dios. Como la forma de amor más profunda: la espiritual en el momento de la unión.

Pero la última realidad más allá del fenómeno, el noúmeno o la cosa en sí, la voluntad o el amor, el querer en su doble sentido español, permanece sellada pese a dominar bien el lenguaje incluso para los grandes místicos y poetas que como Juan de Yepes en el Cántico intentan dar cuenta de lo inefable. Esta es su última lira:

Que nadie lo miraba

Aminadab tampoco parecía

Y el cerco sosegaba

Y la caballería

A vista de las aguas descendía

Al cabo, la aventura humana y renacentista del amor se resuelve en conmovedoras paradojas, en la intuición de lo incomunicable, entre los misteriosos arcanos del lenguaje poético donde desde las venas ocultas del inconsciente más profundo, Toda ciencia trascendiendo, fluye la conciencia humana y la auto conciencia del propio lenguaje como un manantial, Do mana el agua pura.

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