Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Notas a la exposición del pintor Marcial Ortíz

Muchos se preguntan tras las abundantes cosechas de ismos, como los que catalogó Gómez de la Serna en un libro célebre, qué sentido posee aún para nosotros la pintura figurativa y en especial la del paisaje cuando es así que disponemos de excelentes máquinas fotográficas que nos permiten seleccionar, fijar y coleccionar en pocos momentos la realidad de la naturaleza.  Pues precisamente que la fotografía no es algo meramente humano.  Solve et coagula decían los alquimistas practicantes del Arte real, de la Gran Obra. Hay una manera de situarse ante la naturaleza como la hay para hacerlo ante la misma obra. Pero también el prejuicio de la realidad. ¿Por qué se pinta de modo diferente a como se ve? El artista no puede reducirse a copiar.

Marcial Ortiz tampoco lo hace, pese a la infinita paciencia desplegada para pintar al natural, para captar e interpretar los fugaces matices de la luz. Los colores de la campiña o de la floresta, los seres animados e inanimados en la seguridad que, al cabo, todos tienen un alma. Un reflejo del mito místico tradicional de la concientización del Todo. En los charcos de agua quieta, como una ilusión, se reflejan las bellezas del paisaje cercano a Mariñán como en la conciencia del hombre, nos dice un antiguo escrito de la cábala española, se manifiestan las glorias del Universo.

En la tempestad desde Punta Herminia, el mar adopta infinitas formas y ondulaciones, siempre distintas pero también siempre el mismo mar. El Uno manifestado mediante las diez mil formas. Sereno o proceloso, azul o gris, como nuestra misma forma de pensar y sentir con humor cambiante. Aunque pequeña, casi diminuta en la distancia y ante el desafío de la inmensidad, la Torre de Hércules se dibuja entre la bruma, y su faro muestra el camino como la Razón ilumina nuestra conciencia a través de la entropía o el desorden de la manifestación, acaso para no perder nuestra individualidad, nuestra forma en la identificación con el Todo. Acaso porque siempre hay esperanza entre las tinieblas.

La campiña plácida gallega, con sus matices de colores y sus misteriosos y cambiantes verdes, también es protagonista. Los molinos abandonados nos hablan de saudades. Del pasado del hoy arrumbado mundo rural tradicional. En un pequeño bodegón se nos revela la rara belleza de cosas tan simples como unas aceitunas en adobo.

Salvo algunos retratos de su colección particular apenas hay figuras humanas en la muestra. Solo en el paisaje urbano de la plaza coruñesa dedicada al pintor Sotomayor. Pero el paisaje nunca está deshabitado.

La conciencia humana busca siempre un lenguaje porque tomar conciencia es tomar forma. La imitación de la realidad, tal como la perciben nuestros sentidos, no es el fin mismo del arte.  Marcial demuestra su amor por Galicia, lejos de las estridencias falsarias del nacionalismo acomplejado y sectario hoy dominante.  Y nos muestra la Belleza de esta tierra que siente tan hondamente sin renegar de la cultura española y occidental.

Marcial tiene sus pasiones además de la bonhomía. La Pintura. Mercedes, su esposa. Sus hijos. Los toros. El orden de exposición, variable según cada opinante, no significa jerarquía.

El subtítulo de la muestra es El naturalismo poético. Poco tiene que ver con el naturalismo, moda literaria y modo de colocarse ante el mundo que criticaba una lúcida paisana de Marcial, la Pardo Bazán. Pero sí con la poesía al modo cervantino. Como alquimia: “La Poesía es hecha de una alquimia de tal virtud que quien sabe tratarla la volverá en oro purísimo de inestimable precio.… no ha de ser vendible de ninguna manera, no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en el número de vulgo, y así, el que con los requisitos que he dicho tratare a la Poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo”.

Muy lejos del concepto cervantino de vulgo, Marcial Ortiz es persona modesta, de difícil sencillez, su sensibilidad, su respeto por la vida y las criaturas, se revela en esta bella exposición propia de todo un aristócrata del espíritu.

Datos de la Muestra

Hasta el doce de agosto está expuesta al público la muestra de la pintura de Marcial Ortíz en el centro de exposiciones de la Asociación de Artistas de la Coruña, calle Riego del Agua , número 32, de la ciudad de La Coruña. Bajo el título de El naturalismo poético la muestra recoge 37 obras del pintor coruñés.

El horario de visita es

Laborables, de 19h 30m a 21h 30m

Domingos y Festivos, de 12 a 14 horas

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