Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Ejercicios espirituales

No me sirve para otra cosa el haber sido Rey sino para tener que arrepentirme a esta hora de haberlo sido…” (Felipe III de España, moribundo, a su hijo)

 

Ya decía Platón que «las cosas del mundo no tendrían solución mientras los poderosos no se rodearan de filósofos, dado que ellos mismos, en cuanto poderosos era muy difícil que fuesen sabios”. Cosa muy cierta entonces y aún más ahora en la que el ideal aristocrático se encuentra cada vez más abandonado.  Y el populacho, instigado en sus más bajas pasiones por oligarcas, viciosos y demagogos, pretende gobernar y usurpar el bien común y la razón.

Probablemente, el inventor de algunos aspectos de los ejercicios espirituales ignacianos fuera Pitágoras. Así, el repaso nocturno silencioso a lo realizado durante la jornada. Ahora bien, sea como sea, me voy a referir a ciertos ejercicios espirituales que don Alfonso XIII realizara antes de su coronación. El asunto es muy interesante, se encuentra en la tradición política y literaria españolas, incluso ya antes de nuestro siglo de oro, el tratar de controlar las tendencias al despotismo de los reyes y otras autoridades. Y aunque las cosas hayan cambiado en la politeia no deja de tener gran actualidad, como todo lo que tiene que ver con los principios y valores espirituales. El Infante don Juan Manuel, Cervantes, Huarte de San Juan, Saavedra Fajardo, Quevedo, o los jesuitas Mariana y Gracián son algunos de los más famosos autores que me vienen a la memoria.

El padre Luis Coloma, jesuita como los dos últimos citados, académico y autor de Pequeñeces, Jeromín o Lecturas Recreativas, fue el encargado de dar esos ejercicios espirituales al joven que iba a ser coronado monarca. Me gustaría espigar y abreviar algunos de sus puntos.

Tras indicar que no es Rey por méritos propios sino por linaje, por nacimiento, Coloma explica qué medios puede tener un Rey para cumplir los fines propios de su Estado.  “Son cuatro: Su ejemplo, Su trabajo, Su valor y la gracia de Dios.”

Ejemplo

Ahí tiene V. M. el buen o mal ejemplo, bajando desde el trono y difundiéndose en todas las capas sociales,… recayendo siempre la última y primitiva responsabilidad sobre la conciencia del Rey.   El buen ejemplo hay que darlo con mucha cautela y con mucho tacto, todo lo que sea imponer y criticar hiere al amor propio y el amor propio herido de un hombre le convierte en su enemigo, y produce enemistades que pueden dañar mucho porque no hay enemigo pequeño….

Trabajo

El segundo medio que puede ayudar mucho a un Rey  para el cumplimiento de su fin como Rey es el trabajo. …

Los reyes holgazanes abundan en la Historia y no pocos han deslustrado las grandes cualidades con las que estaban dotados con la holgazanería, que les entregaba, atados de píes y manos a favoritos y ministros poco leales. El trabajo de un Rey que no quiere ser engañado es, a veces, muy duro, porque no debe reducirse a despachar una hora diaria con los ministros, sino que debe examinar mucho negocios por sí mismo; tomar informes, escribir notas, hacer estudios, oír consultas, recibir gentes y otras mil cosas que a cada paso nacerán de las circunstancias… y esto que de suyo es pesado, se hace insoportable y se convierte en tentación vehementísima cuando la diversión y los entretenimientos más agradables se tienen a la mano… gran fuerza de voluntad se necesita para no demorar el trabajo y no concluir por abandonarlo del todo, con grave daño de muchos…

Valor

El tercer medio que puede ayudar mucho a un Rey para alcanzar su fin es el Valor y este medio es de tal importancia que no sólo le es conveniente, sino que le es absolutamente necesario. Un Rey tiene que ser precisamente valiente, de lo contrario, degradará su corona como Rey  y merecerá el desprecio de todos como hombre, porque jamás se disculpa a un Rey la cobardía.

Hay dos clases de valor: el guerrero o activo y el pasivo o civil, y uno y otro son de todo punto indispensables a un Rey… el valor guerrero es el que hace al hombre desafiar al peligro material y acometer empresas y reñir batallas y jugarse la vida ante una bala o una espada, sin perder la presencia de espíritu… este valor propio del soldado, rara vez le será hoy necesario a un Rey en esta forma dada el modo de ser de las guerras actuales…

Un Rey debe estar, hoy como hoy, siempre dispuesto a morir, y para esto se necesita un valor muy grande… La raíz de este valor está en una cosa muy sencilla: tener la conciencia tranquila…

El otro valor pasivo es el que se necesita para arrostrar, sin ceder ni blandearse, las consecuencias que pueda traer un acto que ejecutamos o dejamos de ejecutar…

A un Rey, por ejemplo, quiere obligarle su Gobierno a cometer un acto injusto, o un pueblo amotinado exige de él una acción indecorosa… el Rey se niega y resiste y desafía todos los daños y peligros que le pintan y con que le amenazan, y como muchas veces las amenazas se realizan, se necesita para resistir a ellas un valor muy grande…

Otras veces, quizás las más, ni los peligros llegan, ni las amenazas se cumplen, porque cuando la energía de carácter sostiene lo que es justo, bueno y prudente, tiene la virtud de acobardar a todas esas pasiones bastardas que se levantan contra ella…

La gracia de Dios

El Padre Coloma explica que «la gracia de Dios es esa fuerza interna y sobrenatural que nos facilita y empuja hacia el bien y nos entorpece y aleja del mal…» y le dice a don Alfonso XIII: «V. M. se siente impulsado a una buena acción, pero le acometen dudas, vacilaciones, temores de que no le basten sus fuerzas y títulos y pide a Dios su auxilio, …y entonces, de repente, siente un nuevo impulso que le empuja hacia esa buena obra, y las vacilaciones cesan, las dificultades se desvanecen y V. M. ejecuta la acción con pleno conocimiento y plena libertad…pues esa fuerza misteriosa, ese impulso libre es la gracia de Dios…»

Corolario

El texto anterior del Padre Coloma sólo tiene poco más de un siglo aunque parecería que ha pasado mucho tiempo desde entonces. Son muchas las reflexiones que al lector consciente le pueden venir tras su lectura.

Una primera de ellas es la de la educación entendida como un servicio práctico a la sociedad y el Estado. Sin embargo, la antigua preocupación de nuestros tratadistas del Estado y preceptistas para subordinar al Poder a principios éticos de orden superior y formar personas con esos mismos valores, se ha venido sustituyendo por una suerte de embrutecimiento programado, y de recurso a la propaganda para encubrir mohatras, desfalcos, traiciones y felonías. Ahora apenas se educa la voluntad. Y en cambio se promueve la corrupción del Entendimiento, que permite y facilita todas las demás corrupciones y vicios, algunos de los cuales se quieren hacer pasar por supuestos derechos.

Al contrario que las ideas de Coloma nos encontramos en un proceso programado de contra educación: de pudrición del entendimiento y de debilitamiento de la voluntad.

En el caso particular de la actual heredera del trono su educación se confía a una institución vinculada al NOM, y ubicada en un país extranjero, enemigo histórico de España.

El neomarxismo ateo posmoderno propugnado por el NOM e instrumentado por la siniestra Agenda 2030 resulta inasimilable porque forma parte del mundo de los contravalores. Y su desarrollo puede llevar a una tiranía como nunca habría conocido la humanidad.

Acerca del ejemplo, el trabajo o el valor y la valentía ¡qué podríamos decir si se actualizase para don Felipe, el bisnieto de don Alfonso XIII hoy en el trono!

Cabe decir que lo de la gracia de Dios llama especialmente la atención. Con el actual ateísmo eugenésico propio de las instituciones del neomarxismo posmoderno estas cosas pueden ser tomadas a chufla y seguramente lo serán. El dirigente moderno, mucho más si es un Rey proveniente del linaje sin méritos personales propios y con legitimidad democrática por esta razón siempre en entredicho, más que en gracia de Dios lo que pretende es caer en gracia a los representantes de la plutocracia globalista que le han puesto allí, o al menos le permiten mantenerse mientras sirva sus intereses.  Y para tal fin lo útil son los contravalores. Los vicios, la degeneración, la vida poco ejemplar para poder ser objeto de chantajes, son atributos comunes de los nuevos gobernantes en casi todo el mundo occidental.

Esa es una de las razones por las que hoy la civilización occidental parece condenada a desaparecer. La búsqueda del bien común, a la mayor gloria de Dios se ha convertido en a la mayor gloria de la Agenda 2030 para el interés de clase de una plutocracia sin escrúpulos.

No nos debe extrañar, pues, que esté pasando lo que está pasando. Y lo que fatalmente vendrá si no se reacciona.

 

 

 

 

 

 

 

Idea de la Hispanidad

Ahora que disfrutamos para horror de la gente discreta y jolgorio del rojerío de un indio ignorante, zafio y maleducado disfrazado de Papa convendría tratar hacer un esfuerzo casi milagroso por civilizarle, para intentar sacarle de su natural rudeza de avieso salvaje embrutecido por las mafias aborteras y pederastas judío anglosajonas.

Para intentar remediar tanta idiocia e indigencia cultural, intelectual y moral se me ocurre que los obispos españoles o la misma Yoli, correligionaria comunista del indio tan astutamente disfrazado de Papa, pudieran regalarle un ejemplar de una obra corta, muy interesante, aunque con esto de la memoria democrática y el honor debido a la verdad hay que reconocer que muy políticamente incorrecta.

Me refiero a las conferencias de Manuel García Morente publicadas póstumamente por Espasa Calpe bajo el título común de Idea de la Hispanidad.

Para el lector que no lo recuerde cabe resumir que Manuel García Morente había nacido en un pueblo de Jaén, estudiado en Francia licenciándose por la Sorbona, siendo discípulo de Henri Bergson o Levy-Brühl. También fue alumno y colaboró con la Institución Libre de Enseñanza y fue catedrático en la Universidad Central de Madrid. De la Facultad de Filosofía y Letras fue decano de 1932 a 1936, años en que este centro alcanzó un extraordinario nivel con un profesorado en el que había personalidades, además de él mismo, tales como “Ortega y Gasset, Zubiri, Gaos, Menéndez Pidal, Gómez Moreno, Asín Palacios, Tormo, Américo Castro, Salinas, Sánchez Albornoz, Besteiro, Ibarra, Lapesa, Lafuente Ferrari, Labora, María de Maeztu,  González Palencia…

En fin, como puede observarse de tal relación incompleta, lo mismito que ahora.

En plena Guerra Civil, viviendo en Madrid, fue represaliado por los socialistas, despojado primero del decanato, después de su cátedra y, por fin, un amigo ministro le ayudó para que escapara a París, dado que su vida corría inminente riesgo. Su yerno había sido asesinado por los rojos en Toledo.

Acaso por la conmoción espiritual que le produjeran estos acontecimientos tras la guerra se ordenó sacerdote y murió muy joven, en 1942.

En la edición citada de la obra de Manuel García Morente cabe encontrar tres sugestivos textos con los títulos de Idea de la Hispanidad, El Pontificado y la Hispanidad o Ideas para una filosofía de la historia de España.

Se esté de acuerdo con ellos en su integridad o no, se trata de unos textos que sorprenden hoy al lector acostumbrado a que pasen por buenas y saludables las mayores barbaridades, felonías o disparates. Dada la deriva que llevamos hacia el naufragio definitivo, es como si hubiesen pasado mucho más de ochenta años. Parecerían escritos por alguno de los educadores durante nuestro siglo de oro.

Pero difícilmente se reconocerían hoy las virtudes y maneras personales y sociales que glosa García Morente en la España embrutecida y arruinada actual, acaso por haber abandonado su Tradición.

Como tampoco reconocería hoy nuestro autor al malvado indio disfrazado de Papa. Un indio ignorante, fanático y sectario que abomina de España y de la Hispanidad.

 

Élites degeneradas

Cuando se ve a Su Satanidad haciendo el indio, al falsario inaugurando incendios, comités sectarios o presidiendo el consejo de las hordas ministeriales, a Su Majestad presumiendo de trenecillos más lentos que acémila pasicorta, al supuesto mirlo blanco gallego perpetrando despotismos liberticidas, a los bien cebados comisionistas de la UE pidiendo austeridad al populacho o promoviendo el LGTBi, o al carcamal pederasta estuprador y tramposo usurpador gringo metiendo mano a todo bicho viviente mientras destruye Europa y arruina medio mundo, sin contar a los auténticos amos de la mafia globalista judía, se echa de menos la pérdida de formación intelectual y moral de las actuales élites.

Sí. Hubo un tiempo en que esto de la formación de las élites para acomodar su conducta a principios morales de validez universal era importante al menos para la civilización española quizás la que más preocupaciones morales acerca del ejercicio del Poder ha tenido a lo largo de la Historia.

Desgraciadamente pocos recuerdan hoy la extraordinaria obra educativa de gentes como un Juan Huarte de San Juan autor de “Examen de Ingenios para las ciencias” la primera obra de formación y selección de personal que se sepa, editada nada menos que por el gran Plantino.

O de un Saavedra Fajardo con sus emblemas morales para hacer comprender a la clase dirigente que debía esforzarse para ser mejor o al menos evitar que cayesen bellotas cuando les sacudieran.

O de un Gracián, un Calderón o de un Cervantes con los magníficos consejos de un sabio don Quijote al buen Sancho gobernador. O de un lúcido Quevedo que ya nos ponía sobre aviso de las fechorías de los Monopantos en su «La Hora de todos o la Fortuna con seso». O lo explicaba en su «Execración contra los judíos».

Arrumbada la civilización española, hoy ya no es así. Los próceres actuales compiten entre ellos para ver quién es más vicioso degenerado, demagogo, sanguinario o hipócrita. El ejercicio de la pederastia o de sangrientos rituales de magia negra muchas veces constituye el cemento de unión de cierta clase dirigente según lo explicaba la fallecida duquesa de Medina Sidonia en su censurado libro «La ilustre degeneración».

Ante tan graves acusaciones la típica corrupción económico política casi parece una chiquillada de novatos. Hoy se ha sabido que el Tribunal Supremo confirmaba la condena a los ex presidentes de la PSOE, la filantrópica banda socialista pilar del Régimen borbónico que con tantos desvelos se ocupa de los parias de la tierra y la famélica legión, pero eso sí robando a los parados andaluces según sentencia en firme la Justicia. Aunque, no sufran, tranquilos, tan modélicos próceres, prez y honor de la élite socialista, no devolverán nada de lo robado.

Más allá del menudeo del trinque minorista, llama la atención al más topo que entre tanto perdulario resulten ser del Talmud la gran mayoría de miembros de la mafia dirigente anglosajona más o menos jázaro sionista que impunemente está destruyendo la civilización occidental.

Así, por ejemplo, los plutócratas jefes de BlackRock y Vanguard. Los Gates, Soros, Rockefeller, Rothschild, Schawb, Morgan… O los hoy tan tristemente célebres responsables de las farma-mafia: Moderna, Pfizer, Johnson & Johnson, GlaxoSmithKlane, Astrazeneca… Sin olvidar los más encucañados capitostes de las entidades supuestamente reguladoras o controladoras de la mohatrera administración del usurpador Biden.

Todo queda en casa. En la misma casa.

 

Presencia del caballero

En esta época que parece final de un etapa de la civilización cabe recordar el universo de los caballeros. Don Miguel de Cervantes, trataba de rescatar de entre las ruinas de la devastación los restos del deshabitado ideal caballeresco: la sujeción de la Fuerza al Derecho. Sí, la Fuerza debe estar sometida al Derecho, pero el Derecho deviene en burla inútil para los inocentes cuando no está avalado por la Fuerza.

En la Cueva de Montesinos que visitara solemnemente don Quijote durante su iniciación por el elemento Tierra, dormía su sueño eterno un caballero, Durandarte,  cuyo heroico corazón guardaba Balerma.  Duerme el caballero pero no su memoria…

En España disponemos de otro famoso libro escrito por el gran Raimundo Lulio para el rey Jaime «El Conquistador» en una época en que los Estados aún no habían desarrollado toda su ferocidad bélica y dependían en gran medida de los caballeros.

Me refiero a El libro de Orden de la Caballería:

luego que comenzó en el mundo el desprecio de la Justicia por haberse apocado la caridad, convino que por medio del temor volviese a ser honrada la Justicia… por los caballeros debe mantenerse la Justicia, porque así como el oficio de los jueces es juzgar, el de los caballeros es mantener la Justicia… Oficio de Caballería es guardar la tierra, pues por el temor de los caballeros no se atreven las gentes a destruirla, y por el temor de los caballeros no se atreven los reyes y príncipes a invadir unos a otros… los traidores, ladrones y robadores deben ser perseguidos por los caballeros… el caballero que permita o sostenga al traidor, ladrón o robador no usa de su oficio… en tal caso es contrario a su Orden y a sus principios, por cuya contrariedad, aunque sea así llamado no es en verdad caballero y es más vil que el tejedor y trompetero que cumplen con su oficio. Y, al cabo,… la Caballería no está en el caballo ni en las armas sino en el caballero.»

Hoy, otro doce de julio, treinta y cuatro años después de su ausencia, he de decir con orgullo y devoción filiales que fue mi padre quien me revelara de modo sencillo con su ejemplo el sentido del honor, del ser un caballero. La importancia de la búsqueda de la Justicia, la Belleza, la Sabiduría y el Bien, aunque su logro fuesen muy improbables ante la grandeza de los fines y lo limitado de nuestras fuerzas.  «La Caballería no está en el caballo ni en las armas sino en el caballero».

Una lección que no se puede olvidar ni menos traicionar pese a nuestras flaquezas.

En presencia de su corazón, descanse en paz el caballero durmiente. Y a mí me dé fuerzas la Providencia para honrar su memoria.

 

 

 

La desmemoria histórica y el colaboracionismo

La mal llamada Ley de Memoria democrática tiene protagonistas, el sectario rojerío hoy en el gobierno de Su Majestad que ha consensuado su contenido con los herederos de ETA que posibilitan la feliz gobernación socialista pero por desgracia para los ciudadanos carece de antagonistas.

El PP en su línea colaboracionista ahora con Feijóo a la cabeza se quita de en medio. Que al parecer eso de los derechos civiles y las libertades o la Cultura no es cosa suya.

Y el papelón de la Corona desde luego no es más heroico ni inteligente. Los Borbones, de memoria tan frágil para lo que les conviene, olvidan a qué hoy denostado y perseguido benefactor les deben trono y fortuna personales. No parecen darse cuenta que la deslegitimación sectaria del franquismo que la infame nueva ley impone es la de su propia restauración u origen, debida la decisión del general Franco, sin que se consultara la voluntad popular acerca de la forma de gobierno, Monarquía o República.  Ni tampoco hubiera Cortes constituyentes.

Acaso inspirada en las asociaciones y actuaciones judías dirigidas a combatir lo que se llama impropiamente el antisemitismo, se trata de una especie de Ley contra vagos y maleantes como la promulgada por la Segunda República en la que ahora los vagos y maleantes somos los ciudadanos que tratamos de conocer mejor el pasado histórico de España aunque sólo sea para tratar de no repetir los mismos errores.

Mi querido padre como supongo que el de otros muchos lectores vivió el drama la guerra de adolescente, casi de niño. Con su gran inteligencia natural y bonhomía insobornable comprendió pronto lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Al morir mi abuelo, estuvo en un centro escolar para huérfanos del Cuerpo de Telégrafos. Primero en su Madrid natal, luego en Cataluña y finalmente en Francia hasta el final de la guerra civil.

Me contaba que en Olot, Gerona, el colegio estuvo refugiado cierto tiempo en una preciosa mansión confiscada a un indiano llamada Malagrida. Recordaba con especial satisfacción una anécdota muy noble y humana. Durante su breve tiempo de estancia, había hecho amigos allí, y uno de ellos, algo más mayor, cierta noche se fue a despedir de él.  Iba a ser llamado a filas dentro de la llamada quinta del chupete pero su familia decidió para intentar salvarle la vida que pasase clandestinamente la frontera francesa. El muchacho confiaba tanto en la integridad y discreción de mi padre que quiso despedirse de él, antes de partir a su arriesgada acción. En general, la memoria histórica de mi padre era la de una Cataluña entonces generosa y solidaria que se portó bien con los niños refugiados madrileños. El conservaría siempre a lo largo de su vida ese motivo de agradecimiento.

Pero otras cuestiones no fueron tan gratas. Cuando en el invierno del 39 el colegio marchó a la frontera para refugiarse en Francia, se produjo un incidente revelador de la catadura moral de ciertos personajillos. Unos dirigentes rojos hicieron bajar del autobús a los maestros y cuidadores del colegio, dejándolos tirados en la frontera mientras ellos les suplantaban y abandonaban a los niños una vez cruzada.

El comportamiento de los franceses con ellos tampoco sería demasiado generoso según recordaba mi padre. Y mucho peor aún el que tuvieron con los antiguos combatientes encerrados bajo alambradas en una inhóspita playa en pleno y duro invierno bajo la vigilancia de feroces soldados senegaleses. Hace unos años tuve oportunidad de recordar estos sucesos durante una visita al lugar de los hechos, incluso a la tumba de Antonio Machado en Collioure, una especie de meta de peregrinación republicana.

Mi tío Pepe había sido uno de los fundadores de la FUDE, la federación universitaria republicana, y murió en Madrid durante la guerra cuando su vehículo fue embestido por otro conducido por milicianos borrachos o locos.

Mi abuela, maestra de profesión, que tuvo que hacer frente a una difícil situación después de enviudar con varios hijos, fue represaliada por «roja» al acabar la guerra y suspendida de empleo y sueldo. Un caso de insidiosas envidias, supongo, pues no era política aunque había permanecido trabajando en el Madrid de las checas y las sacas. Pese a tales antecedentes, la Administración franquista terminaría reconociendo sus méritos profesionales llegando a ser nada menos que Directora general de Instrucción Pública, cosa bastante más difícil en esos tiempos donde el sistema se parecía a una meritocracia, no había cuotas feministas, ni enchufados de partidos, ni otras miserias actuales.

La experiencia fue dura para todos, también para el entonces niño adolescente. Mi padre intentó comprender mejor lo que había pasado y no sin ciertas dificultades fue formando una breve pero sustanciosa e ilustrativa biblioteca con obras sobre la Segunda República y la Guerra civil. Obras de toda clase de autores, incluso de ediciones entonces censuradas algunas conseguidas en Méjico o Francia, gracias a libreros amigos. Se trataba de intentar comprender mejor qué había pasado, y porqué. El contraste entre las interpretaciones de los diferentes autores de todo el espectro político permitía formar la propia opinión sobre el drama español. Y creo que tal es la actitud correcta y necesaria entre la gente bienintencionada.  Investigar, escuchar, atender razones de unos y otros y formar opinión documentada.

Yo he tratado de seguir ese ejemplo de mi padre completando su biblioteca con más y diversas obras. He de confesar que a veces se producen revelaciones inesperadas que por su importancia pueden hacer cambiar ciertas percepciones de las cosas. A mi me parecen especialmente esclarecedoras las de los militares republicanos de convicción que se rebelaron contra el Frente Popular como el general de división Ramón Cabanellas o las del movimiento libertario, el más importante obrero de entonces.  O las del ilustre general republicano Vicente Rojo o las del libertario Cipriano Mera para comprender lo que pasaba en las milicias del Frente Popular.  La excelente aunque no muy conocida obra de Burnett Bolloten en cierto modo creo que pueda considerarse pionera de la revisión historiográfica sobre la verdadera naturaleza de la Segunda República y de su degradación golpista liberticida del Frente Popular desarrollada luego por Pío Moa, entre otros autores.

Pero tal actitud humanista y científica es la opuesta precisamente a la de esta ley despótica, liberticida y sectaria que ahora pretende perpetrar la Monarquía de don Felipe. Gracias a la acción liberticida de los descendientes de los saboteadores (socialistas, golpistas catalanes, comunistas, anarquistas…) de la república, entendida como régimen de derecho y libertades, no como totalitario «paraíso» socialista. También a la falta de reacción de quienes debieran defender los valores de la constitución, la civilización española y la democracia, pero no lo hacen.

Olvidando, pese a su actualidad e interés, las palabras de Azaña en el famoso discurso de 1938 en el ayuntamiento de Barcelona, cuando ya daba la guerra por perdida:

Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordaran, si alguna vez les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia, y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón”. 

La amarga petición del que fuera segundo presidente de la república y uno de los corresponsables del desastre por desgracia ha caído en saco roto. Es moralmente condenable pero comprensible en el rojerío chequista ibérico liberticida que con la censura e incluso persecución penal del disidente informado pretenda ocultar sus crímenes y responsabilidades en el drama español.  Tratan de ocultar su violenta actividad golpista criminal en Asturias, Cataluña u otras partes. Pero no se entiende y creo les descalifica como verdaderos demócratas la pasividad cómplice del partido de Mariano o ahora de Feijóo.

Por no hablar del cobarde e incoherente papelón la Corona al no defender su propia legitimidad como herederos de Franco instaurados desde un merecido exilio gracias a la voluntad del estadista ferrolano.

Sí, la libertad de espíritu, de investigación, de prensa, de expresión, de cátedra,… todas ellas amenazadas por una Ley borbónica totalitaria y despótica que pese a su incoherente nombre descalifica como auténticos demócratas tanto a sus perpetradores activos como a los que no se oponen a esta barbaridad como hoy, insisto, el PP colaboracionista de Feijóo.  Ese mirlo blanco del globalismo usurpador que otra vez nos augura un futuro negro como el plumaje del cuervo que vuela en busca de carroña sobre los campos yermos y desolados.

ADDENDA

Un poco de memoria histórica, de la de verdad, con los desastres perpetrados por socialistas asturianos y golpistas catalanes en octubre de 1934. AQUÍ

 

 

Sobre el nuevo naufragio de Ulises

La publicación en 1922 del Ulises joyceano supuso toda una ruptura del escritor irlandés, tanto con su propio mundo de origen cuanto con el uso tradicional del lenguaje.

Un lenguaje que participa a la vez del simbolismo tomado de la epopeya de Homero y del naturalismo de un Dublín pequeño burgués, vulgar, cotidiano. Un lenguaje singular y variado que iniciado ya en el capítulo tercero con el título de Proteo adquiere en el final, llamado irónicamente Penélope, como una especie de vida propia desordenada en el famoso monólogo interior de Molly, la esposa infiel del protagonista principal de la novela, Leopold Bloom.

El Ulises es la obra de Dublín por antonomasia, escrita por un descreído ex alumno de los jesuitas, irlandés errante en busca de un mundo algo menos inhóspito que acaso sólo se hallaba en su pensamiento. Constituyó un escándalo para su época y tuvo muchas dificultades para verse publicada. Pero más allá del tema y de su tratamiento escabroso, la singular novela de Joyce nos invita a tomar conciencia del alcance que tiene para nosotros el lenguaje.

Hoy, cuando ya hace un siglo de la publicación del Ulises de Joyce no debiéramos dejar de reflexionar sobre el estado actual de nuestra consciencia y su vehículo: el lenguaje. Una cuestión de extraordinaria necesidad no obstante el tiempo transcurrido después del vagabundeo de Leopold Bloom sobre las calles de Dublín el 16 de junio de 1904. Una aventura vulgar, odisea de nuestros tiempos sin héroes, de gentes mediocres acomodadas a vidas mediocres, que nos muestra mucho, acaso demasiado para resultar grato, sobre el papel que representa el lenguaje en la construcción, desenvolvimiento y permanencia de nuestra propia identidad. Y es que el pensamiento, como la famosa paloma kantiana en el aire, se sustenta en el lenguaje.

Si esto es así, bien lo saben los enemigos de la gente. Estamos asistiendo a un naufragio provocado por un terrible sabotaje bajo la línea de flotación del lenguaje. Tanto el lenguaje codificado como el simbólico están siendo atacados por fuerzas satánicas demoledoras.

Dentro del proceso de descodificación del arte y de los grandes mitos realizado o mejor perpetrado durante el pasado siglo XX el Ulises de Joyce juega un rol capital en la Literatura.

Sin embargo, en uno de sus textos inéditos aparecidos en la biblioteca de la Universidad de Padua y publicados allá por el año 1976 en la Revista de Occidente, el propio Joyce teorizaba sobre la influencia del Renacimiento en la aparente atrofia de las facultades espirituales del hombre como la que parece manifestar el Ulises con sus íntimos circunloquios, con esa palabra interior que brota no siempre de la cristalina fuente de la que nos hablaba Juan de Yepes.

Dice Joyce: …”el tan alabado progreso de este siglo consiste en gran parte en una maraña de máquinas cuya finalidad es justamente recoger a prisa y corriendo los elementos dispersos de lo útil y lo conocible y redistribuirlos a todo miembro de la comunidad que esté en condiciones de pagar una tenue tasa. Admito que este sistema social puede presumir de grandes conquistas mecánicas, de grandes y benéficos descubrimientos. Basta, para convencerse de ello, con hacer una sumaria lista de todo lo que se ve en la calle de una gran ciudad moderna…pero en medio de esta civilización compleja y multifacético, la mente humana, casi aterrorizada por la grandeza material, se pierde, reniega de sí misma, se reblandece. ¿O habrá que llegar a la conclusión de que el materialismo actual, que desciende en línea recta del Renacimiento, atrofia las facultades espirituales del hombre, impide su desarrollo, embota su finura?…

… Del hombre moderno se podrá decir, desde luego, que tiene una epidermis en lugar de alma. La potencia sensorial de su organismo se ha desarrollado enormemente, pero se ha desarrollado en detrimento de su facultad espiritual. Carecemos de fuerza moral y quizás también de fuerza imaginativa”.

Y la cosa pinta ahora mucho peor que cuando Joyce realizaba estas reflexiones. ¿Qué diría hoy Joyce de las nuevas modernidades tales como internet o el teléfono móvil? El hombre actual parece que se ha convertido en un periférico o dispositivo informático del sistema. Hoy busca cobertura o un wifi disponible donde engancharse como antes trataba de entender la realidad de las cosas y de su propia identidad, su razón de ser, que no es un mero estar y consumir, vengan días y vengan ollas. De algún modo su consciencia se ha externalizado con periféricos. Muchas de las funciones tradicionales de nuestra mente, incluida la memoria se están atrofiando o directamente se ignoran al confiarse a dispositivos cuyo rol está derivando de auxiliares a esclavizantes.  La palabra interior que brotaba en la consciencia de Leopold Bloom está siendo sustituida por la acción de una “app” de moda.

Aún peor. Una de las pretendidas conquistas de los nuevos satanistas judíos es la generalizar los golem, la inteligencia artificial, degradando al hombre y a lo humano a un juego o negocio de máquinas dedicadas a la producción y al mantenimiento de la tiranía.

Si a Joyce, en su etapa colegial como educando de los jesuitas, le decían que Dios conoce lo más íntimo de nuestros pensamientos, la cosa parece haber cambiado con las nuevas modernidades. Ahora gracias a los nuevos trastos electrónicos nos espían gentes e instituciones cuya existencia barruntamos más que conocemos.  La tiranía total es posible.

Y la propia palabra interior, más o menos elaborada por nuestros conocimientos, se está degradando en una fea jerga de abreviaturas y anglicismos. Un Finnegans Wake cada vez más absurdo, incongruente, antesala del embrutecimiento y la pesadilla de una nueva esclavitud.

En los viejos mitos el héroe daba cuenta de la vida, recreaba la Creación, intentaba someter la Naturaleza y la Sociedad en función de determinados valores metafísicos o estéticos. Decía nuestro gran Cervantes que la pluma era la lengua del alma. El teclado del móvil parece la del autómata, la del desalmado.

Si hoy dejásemos de lado tanto chisme prodigioso quizás podríamos comprender nuestro propio naufragio. Como la fuerza de una tecnología impuesta por intereses comerciales pero ya fuera de nuestro control personal nos está arrojando a una playa solitaria, sin cobertura, donde ni siquiera tenemos ya una amorosa y dulce Nausicaa que nos recoja y consuele.

Una Europa otra vez en guerra

Ahora, con la crisis de Ucrania con la que un Occidente degradado en manos de la plutocracia más encanallada de la Historia pretende dar el golpe de gracia a nuestra civilización. Entonces, lo que fuera un asesinato de dos miembros de la familia imperial en Sarajevo se convertiría en una terrible masacre que ensangrentara a Europa con millones de víctimas sacrificadas a unos poderes en conflicto, y a la voracidad de unas invisibles potestades del aire que diría san Pablo. Nuestro Vicente Blasco Ibáñez cuenta en su obra monumental sobre la Primera Guerra Mundial las idas y venidas de diplomáticos y políticos de una y otra potencia a una u otra embajada para tratar de evitar in extremis el conflicto que al final estallaría probablemente por la cerrazón de Guillermo II. Cuando un siglo después se observan las fotografías de la época el lector sensible no puede menos de quedar impresionado por las sonrisas inconscientes de los inexpertos hombres víctimas de la propaganda y de los falsos discursos que les iban a llevar al más absurdo y cruel matadero en las trincheras. Pero la memoria histórica la manipulan los poderes dominantes de acuerdo a sus intereses. Y son otras generaciones víctimas de su renovada ignorancia las que van a sufrir a mayor gloria de los mismos intereses ocultos.

Ajeno en lo posible al desastre bélico, Joyce refugiado en Suiza, huye del conflicto y se dedica a escribir el Ulises, sobreviviendo como buenamente puede, y haciendo eco a lo que se ha venido en llamar corriente de conciencia, una palabra interior que a la vez limita y posibilita el pensamiento. Dada por finalizada la matanza Joyce vuelve a Trieste, ahora ciudad italiana, donde sigue dando vueltas al manuscrito.  Que no da por acabado hasta tres años después. Por fin, ya en 1922, consigue sea publicado.

Pero el Ulises es considerado un libro obsceno para el tartufo y pudibundo lector y entonces provoca un gran escándalo en la hipócrita cultura anglosajona sobre todo en lo que se refiere a su moralismo puritano. No tanto en la más liberal de orden católico, acostumbrada por tradición a tener más manga ancha con ciertos hechos, resultado de la auténtica condición humana. Una condición más liberal, de comprensión y tolerancia, hoy amenazada por cierto gracias la nefasta hegemónica influencia sionista y anglosajona. Aunque ahora sea distinto en lo referente a temas sexuales dado el proceso de embrutecimiento animal programado propio de la posmodernidad con toda su corte siniestra de falsas víctimas empoderadas, lumpen y especímenes tenebrosos.

Algunos críticos consideran que el Ulises refleja la formación jesuítica colegial de Joyce, y viene a ser un remedo parcial paródico de los ejercicios espirituales ignacianos. Hoy probablemente sea uno, como El Quijote o el Fausto, de esos libros famosos más citados que leídos. Pero no podemos por menos de admirar lo que parece su mayor logro, la perspectiva del lenguaje como consustancial al hombre. Un discurso que fluye como buena puede. A veces a trompicones, con manifestaciones no domadas por la cultura de la líbido. Pero siempre con una espontaneidad de lo individual, hoy gravemente amenazada por la dominante neolingua orwelliana marcada a fuego de lo correcto. Una dictadura terrible que elimina sinónimos y palabras que son reflejo de la libertad personal, del individuo… una tala consciente perpetrada con las peores intenciones.

Neolingua y flujo verbal

Donde no hay sinónimos no hay libertad… ¡ni disidentes! Porque también se está perpetrando una tala de aquellos que el Poder considera rebeldes, o inasimilables. Donde la censura es férrea o se tergiversan los significados tampoco se puede promover la Cultura ni la dignidad humana expresada en el lenguaje.

De las trescientas mil palabras con las que cuenta el español apenas se usan un par de decenas de miles por las personas más cultas. Las generaciones más jóvenes ignoran la mayoría. Pasma su pobreza de léxico que perjudica su comprensión de la realidad.  Una pena. Opongámonos a esta feroz tala de cerezos en nuestro jardín. Defendamos la libertad de conciencia y expresión. El doctor Freud aprendió español siendo modesto estudiante en Viena para poder entender mejor El Quijote, y con él, el conocimiento del alma humana. Hoy el español es perseguido con saña por gentes miserables, fanáticas e ignorantes en muchas regiones de nuestra patria. El inglés, lengua de los piratas como explican en el Golfo de Méjico, se ha convertido en la pretendida lengua culta alternativa de próceres, mercenarios y garrapatas presupuestarias.

El monólogo de Molly Bloom a la espera de su amante puede resultar obsceno pero es como es. Pero las palabras que son un instrumento, a veces también pueden resultar fuegos fatuos.  Pero como decíamos antes la elaboración del Ulises es contemporánea de la Gran Guerra. con todo lo que ella supuso de amenaza para la Humanidad y de amarga comprensión de hasta qué puntos puede llegar la estupidez y brutalidad humanas. Una época preocupante en la que también André Breton estudia los planteamientos del doctor Freud en un intento de comprender mejor la naturaleza humana y el sentido último del Arte.

En 1920, Riviere explicaba que al liberar a las palabras de las referencias colectivas, al restituirles su fuerza de invención, (Breton) las instauraba en dueñas del campo de la conciencia.

Dos años después de la azarosa publicación del Ulises, ya en 1924, Breton sacaba a la luz su Manifiesto surrealista. Definía el surrealismo como “un automatismo psíquico puro, por el que se intenta expresar el funcionamiento real del pensamiento. Un dictado de éste sin la intervención reguladora de la razón y ajeno a cualquier preocupación de carácter estético o moral”.

Es decir, una operación sobre el lenguaje. Y sobre lo que se encuentra al otro lado de él. Y aquí creo que aparece nuevamente la mística, porque al cabo, el misticismo viene a ser un intento de solución poética de los problemas filosóficos fundamentales.

Una aventura, por cierto, a la que España no es ajena. Nuestros grandes místicos fueron también redescubridores a su manera de continentes desconocidos. Así, Juan de Yepes, Teresa Cepeda, Ibn Gabirol, Ibn Arabí, o Moisés de León, desde su experiencia traducida al lenguaje poético o a la Cábala, a las relaciones más profundas entre Lenguaje y Espíritu.

El intento de superar lo que proponía Wittgenstein para concluir su famoso Tractatus: “De lo que no se puede hablar, mejor es callarse”. La tensión entre lo que puede decirse y lo que puede mostrarse porque el límite del mundo fenomenal que no es accesible no puede traspasar el lenguaje, porque tampoco podemos pensar fuera del pensamiento.

Sin embargo, fuera del pensamiento, cuando la mente se para, nos queda la Voluntad. En El Mundo como Voluntad y representación Schopenhauer demuestra ser uno de los últimos grandes filósofos de la Voluntad, de la búsqueda de la Cosa en Sí, que se encuentra en la Tradición hermética, el neoplatonismo o la Cábala.

No es exageración tal referencia a la Tradición iniciática. Breton llegará a decir en su segundo Manifiesto que: “El verbo no es para los cabalistas nada menos que aquello a semejanza de lo cual ha sido creada el alma humana. Se sabe que se la hace remontar hasta ser el primer ejemplar de la causa de las causas”.

Al final, una forma de regresar del exilio. Así, también nos explica en ese mismo Segundo manifiesto surrealista: “Todo conduce a la creencia de que existe un cierto punto del espíritu, desde el que la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, dejan de ser percibidos contradictoriamente. Ahora bien sería vano buscar en la actividad surrealista otro móvil que no fuera la esperanza de determinación de ese punto”. 

O bien, en otras palabras de uso más habitual en la Tradición, la búsqueda del Uno desde la Dualidad. Y, viceversa, la manifestación del Uno mediante símbolos poéticos para tratar de superar la contingencia de un lenguaje dual, codificado, torpe y balbuciente para expresar ciertas ideas y emociones. Una dualidad que a veces nos atrapa impidiendo el vuelo.

El problema de la Palabra perdida

Pero, a diferencia del héroe homérico, ¿Por qué fracasa Leopold Bloom? El fracaso de él, ¿También es el nuestro de hoy?

Creo que es en esta cuestión, en el ejercicio de la Voluntad o mejor en su falta, donde podemos encontrar una explicación a las azarosas vicisitudes del errático Bloom por un Dublín mágico y real a la vez. Y también a nuestra presente crisis de civilización. La falta de reflexión, el atolondramiento, las nuevas tecnologías de la comunicación, nos confunden acerca de la alta peligrosidad que tienen para nosotros las palabras engañosas, orwellianas, que se emplean premeditadamente para encubrir su verdadero significado. Apenas es ya nada lo que parece en el mundo de la vacuidad dominante.

¿Qué es Itaca? ¿Dónde está Itaca? Acaso sea un producto de la mente, una mera construcción equívoca del lenguaje. Pero, al cabo, es en la falta de Voluntad para intentar realizar el mundo de los valores metafísicos que se supone debieran inspirar nuestra civilización donde fracasamos. Para algunos Itaca no existe, es una quimera. Pero otros más, quieren creer, confundiendo las palabras o para auto consolarse, que pese a todo Itaca es donde ya vivimos.  Presos de un mundo de representación ajeno a la Voluntad, o el de la Cosa en sí.

Un mundo, que como la tramoya de un escenario teatral, o engullido por la tempestad, está desapareciendo ante nosotros sin que apenas sepamos explicarlo ni podamos agarrarnos a ninguna palabra salvadora como un madero en el naufragio.

 

La Coruña, España y los Toros

Tal como estaba anunciado en la tarde de ayer y  en el salón de actos del Sporting Club Casino se presentó el esperado libro del cronista e historiador coruñés Carlos Fernández Barallobre, «Calín». Una obra monumental sobre la dilatada actividad tauromáquica en la capital gallega. Y no solo eso, sino de la misma historia de La Coruña. El acto comenzó con un poco de retraso por la cantidad de libros que Calín hubo de firmar, hasta agotar el total de existencias.  Quiero resaltar esta circunstancia porque es de justicia y porque tal fenómeno por desgracia no suele ser frecuente y menos en un acto que pese a su importancia se ha pretendido ningunear por la prensa mercenaria subvencionada con sus cretinos y cretinas a la violeta de lo políticamente correcto.

Para disgusto del envidioso, demagogo e ignorante fue un excelente acto de auténtica Cultura que bajo la experta mano de los intervinientes pasó revista a siglo y medio de historia de la ciudad. Un fenomenal ejercicio de memoria histórica, de la de verdad, no la preñada de embustes para envidiosos, resentidos, analfabetos e iletrados perpetrada por los enemigos de España y de La Coruña.

En su breve intervención el editor, Álvaro Romero, anunció una segunda parte que narrará la aventura de la plaza multiusos Coliseo que sustituyera a las anteriores.

Toreó con su maestría habitual Paco Vázquez, el alcalde La Coruña por antonomasia, cuya figura señera se engrandece aún más en comparación con las hordas municipales que le han seguido luego.  Es evidencia de razón que la indisimulable y ahora al parecer imparable decadencia de ciudad se inició tras su retirada de la alcaldía.  Y, lo que no deja de ser curioso, también que la propia decadencia de La Coruña y el proceso despótico de prohibición de la actividad taurina coinciden en el tiempo.

El autor contó algunas curiosas y amenas anécdotas, así como glosó las figuras, presentes en el acto, de Marcial Ortíz, el famoso pintor y cartelista coruñés, entusiasta aficionado que le animara a desarrollar esta magna obra. Y también del novillero gallego, Hilario Taboada, que había venido desde su residencia catalana habitual para asistir a la presentación.

En resumen, una importante acto de Cultura, del que tanta está necesitada la ciudad venida a menos con tanto nacionalismo galleguista, paleto y sectario, tanta estupidez oficial al servicio de la plutocracia internacional, que no de los acosados coruñeses.

Obra tan monumental, más de 700 páginas con abultado reportaje gráfico, requiere una lectura detallada, de cuyas impresiones prometo dar mi humilde visión en los próximos días.

Entretanto mi enhorabuena más sincera al autor y a todos los que la han hecho posible.

Ficha

La Coruña, España y los Toros 

Carlos Fernández Barallobre

NSD Editores 

(700 páginas más apéndice gráfico)

35 euros, en Librería Arenas

 

 

 

 

Presentación del libro Los Toros en La Coruña

Esta tarde se presenta el esperado libro del cronista e historiador coruñés Carlos Fernández Barallobre, «Calín»,  sobre la dilatada actividad tauromáquica en la capital gallega.  Una actividad, famosa en toda España, hoy lamentablemente interrumpida por el inculto sectarismo fanático de socialistas, peperos, galleguistas, animalistas, abortistas, desvirgamelones, normalizadores y demás tenebrosa patulea.

El acto comenzará en el salón de actos del Sporting Club Casino a partir de las ocho de la tarde.

La entrada es libre.

 

Davos, prosaico matadero

                                                                                                        «El hombre no debe dejar que la muerte reine sobre sus pensamientos en nombre de la bondad y del amor.”   (T. Mann)

 

Entre las secuelas de la anterior agresión a la salud y mientras preparan la siguiente, la edición de Davos de este año 2022 tiene un componente de lúgubre epitafio por una civilización perdida. Tal parece que en la montaña mágica esta vez en la sesión espiritista de Hans Castorp no se ha convocado al ectoplasma de su primo, el patriota y honrado Joachim Ziemssen,  sino a los más siniestros fantasmas escapados del averno dantesco sin esperanza en el que se ha convertido el poder institucional en Occidente. Un poder absolutamente degradado y envilecido, fuera de control nacional y social, que nos prepara el infierno en la tierra de la terrible Agenda 2030.

¡Ya hay presencia! La amenaza del NOM se va materializando como el ectoplasma de Joachim.

Genocidas en activo o en edad de merecer, ladrones, agiotistas, traficantes de niños, armas o drogas, banqueros, políticos, periodistas ditirambo alabanciosos, alimañas sádicas, terroristas reciclados, discípulos del Doctor Mengele, psicópatas, obsequiosos chúpame la punta, sodomitas o tribadas, y demás ralea, se reúnen como en aquelarre goyesco para escuchar las directrices del Gran Cabrón. Por cierto, otro Rothschild para variar.

En este mercado de la globalista canallería, mucho peor que el de nuestro Monipodio, varían algunas figuras, se sustituyen las más quemadas de usar y tirar, permaneciendo otras.

Como ya me he referido en anteriores ocasiones la edición de 2016 supuso la presentación y puesta de largo de las teorías eugenésicas y pro robotización del tenebroso judío sionista nazi Klaus Schwab Rothschild. Un tipo que se permite pasear por la Moncloa como Pedro por su casa. Y no es broma, sino la viva imagen de la plutocracia satánica que gobierna hoy Occidente mediante títeres y canallas interpuestos.

Como por desgracia, la cosa cada vez resulta más actual, copio cierto fragmento de una de garita de hace seis años en la que me hacía eco del asunto, veamos:

Davos, 2016, ¿Oportunidades o amenazas?

“El tema Davos de este año 2016 era el dominio de la cuarta revolución industrial. Y se han dicho cosas cuando menos llamativas. Según Bass, alto ejecutivo de Autodesk, la fábrica del futuro tendrá dos seres vivos que la atiendan. Dos empleados: un hombre y un perro. El hombre para darle de comer al perro y el perro para evitar que el hombre pueda manipular los robots.»

 Exageración o no, la cosa parece que pinta fea para el trabajador común y la sociedad conocida.

No es la primera voz que alerta de importantísimos cambios, muchos de ellos ajenos a la conveniencia o la dignidad de la gente. Chaplin fue el autor de una genial obra maestra allá por el lejano 1936. Me refiero, claro es, a Tiempos modernos. Una diatriba humanista y sumamente divertida contra los abusos del Capital y cierta organización del trabajo.

Pero ahora ya no es que el hombre se convierta en un apéndice subordinado a la máquina como magistralmente ilustraba Chaplin, sino que la máquina le habría eliminado definitivamente.

Estos planteamientos resultarían coherentes con los negros augurios sobre lo que se ha venido en llamar Nuevo Orden Mundial y sus consecuencias para el futuro de la Humanidad. Siempre se dirá que lo que mueve la rueda de la producción es el consumo, de modo que si no existe demanda efectiva, el carrusel de producción y consumo se terminaría parando. Pero si en el estadio actual de la civilización sabemos que un centenar de familias dispone de igual riqueza que resto del mundo, no parece que el argumento del consumo valga demasiado si se pretende eliminar a gran parte de la población…

No hay que tener miedo al cambio, quizás lo único verdaderamente permanente a lo largo de la historia. Pero si es prudente desconfiar de un cambio cuando la mayor parte de los afectados se encuentran indefensos en la práctica con unas instituciones mundiales puestas al servicio de los intereses de la plutocracia dominante, en condiciones de creciente pérdida de soberanía por parte de los Estados, incapaces de, aunque quisieran que esa es otra, defender los legítimos intereses de sus respectivas naciones.»

Para colmo, ahora se pretende usurpar la soberanía de las naciones en materia de salud y sanidad a favor de la prostituida y corrompida OMS, hoy en manos de plutócratas y grandes corporaciones privadas y dirigida por un antiguo terrorista africano.

Pero no hay peligro, no hay porqué preocuparse por la suerte de nuestros próceres. Ninguno nos va a defender. Están todos entregados a la Causa, encantados de servir al amo como comparsas. Incluso don Felipe luce muy ufano y complaciente su linda chapita de la Agenda 2030. Todo un desatino.

La representación española de este año se ve agraciada con el falsario y tres ministros, dos de cuota.

Pero, allí está todo lo mejorcito de cada casa.

Aparte de la plutocracia de carácter personal o privado, según la relación oficial de autoridades públicas, 50 jefes de Estado y gobierno, 30 ministros de asuntos exteriores, 43 de finanzas, 27 de comercio, 7 de bancos centrales y así hasta un total de 310 próceres públicos despilfarradores o saqueadores de presupuestos.

Destaca la abundantísima representación ucraniana con nada menos que once miembros y esta vez con la ausencia obligada de Rusia, para que se vea con toda claridad de qué pata cojea el burro globalista.

¡Estamos rodeados!

Thomas Mann finalizaba La Montaña mágica publicada hace ya casi un siglo con la duda de si el protagonista logrará escapar con vida del espantoso fragor del combate en el que se ve envuelto. Aquí y ahora, el fuego más peligroso, y del que es preciso cuidarse no sabemos aún bien cómo, es el  supuestamente amigo.  El de los que nos deben proteger.

Otro 23 de abril

Los veintitrés de abril se celebra el Día del Libro en toda España. En esa misma fecha de 1616 aunque con diez días de diferencia, correspondientes a la existente entre los calendarios gregoriano y juliano, fallecieron dos grandes maestros, Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Este año, (nota) la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia con sede en La Coruña también ha querido rendir homenaje a la señera figura de nuestras Letras programando una sesión científica dedicada a la Antropología y sanación en El Quijote, de la que ya informaba ABC el pasado jueves, y de la que fue promotor el académico Doctor Luis Ferrer.

Resulta curioso o paradójico pero, pese a lo que pudiera parecer, la figura de Cervantes no deja de ser equívoca y el conocimiento de su genial obra por desgracia demasiado superficial entre el gran público, cuando su poder educativo es extraordinario y especialmente necesario en los actuales momentos de crisis. Situaciones en las que es preciso preguntarse de modo acuciante cuál es el sentido de la vida y qué valores tanto a escala individual como social y política debemos adoptar para poder salir con bien e incluso crecidos de ellas.  Y los grandes maestros tienen respuestas y nos las muestran. Actúan como lo cuásares iluminándonos desde la remota oscuridad del tiempo y por muy nublado que esté nuestro firmamento gallego nunca deberíamos desdeñar su mensaje humanístico.

Los paralelismos entre ambos genios español e inglés no finalizan con la simple anécdota de la fecha de su muerte.  Cervantes entrega su cuerpo a la Orden Tercera tras días antes de su muerte imitando a la figura arquetípica de Don Quijote. Ambos la criatura y su autor mueren de acuerdo a la ortodoxia. No sin antes proclamar la fe en Dulcinea, su Dama, y el universo de valores metafísicos que ella representa para el caballero. En La Tempestad se hallan influencias españolas: la Historia de Nicephoro y Dardano, incluida en Las Noches de invierno, (Madrid 1609) por Antonio de Eslava. También la de una relación española en América, surgida hacia 1526, la de Sebastián Hurtado un capitán español de cuya mujer, Lucía Miranda se enamoró un cacique de la región del Paraná, del primer establecimiento español del Río de la Plata.

En el final de La Tempestad Próspero, ¿trasunto de Shakespeare?, se despide de la magia y de la vida recuerda el propio final de Don Quijote y de Cervantes.

Si para cierta tradición erudita anglosajona Sir Francis Bacón sería el verdadero autor de  obras shakesperianas como la citada, no faltan profesores como el doctor Alfred Von Weber Ebenhoff, de Viena, que alientan otras polémicas. Basándose en los diferentes sistemas ya aplicados a las obras de Shakespeare, Von Weber empezó a analizar las obras de Cervantes. En el curso de sus investigaciones descubrió una prueba material desconcertante: la primera traducción inglesa de Shelton, presenta correcciones a mano del propio Bacon. ¿Acaso esa versión inglesa era el original  de la novela, y Cervantes habría publicado una versión en español?

Nota,

Este artículo fue publicado en ABC el lunes 23 de abril, hace diez años, Día del Libro

 

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