Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La barbarie demócrata y comunista contra don Quijote

Como acabo de indicar en anteriores entregas o cuando hablaba de oclocracia, estamos asistiendo entre perplejos y horrorizados a un estallido de barbarie no ya del hampa más criminal, que también, sino de grupos sociales supuestamente civilizados, si bien manipulados por, o mercenarios de, la plutocracia financiera.

Es una revuelta contra el orden civilizado, programada por ciertas jerarquías o beneficiarios de ese orden. Tanto ocultas como por sus instrumentos visibles como el tenebroso y satánico Partido Demócrata americano del que el déspota falsario constituye franquicia en España. Revuelta perpetrada por turbas ignorantes o vilmente encanalladas con especial saña contra figuras emblemáticas de la civilización española en América.

Es una rebelión satánica dirigida contra el universo de los valores espirituales o metafísicos. Los ataques al almirante Colón o a la reina benefactora Isabel reflejan ignorancia y envidia supinas por parte de los anglosajones o sionistas satánicos. Especialmente repugnante por su injusticia y fanatismo es el cobarde ataque a las estatuas de los clérigos benefactores y protectores de los indios, muchos de éstos salvados tras el descubrimiento de una horrible muerte mediante sacrificio ritual y posterior deglución caníbal por las criminales “culturas” americanas precolombinas. El salvajismo más atroz que se intenta rehabilitar y precedió al Cristianismo humanista del que Fray Junípero Serra fuera una de sus ejemplos.

Pero lo de la agresión contra Cervantes y nuestro señor don Quijote ya apenas admite calificación. Lo que en los salvajes ejecutores es simple criminal ignorancia y fanatismo encanallado, obedece entre los satánicos impulsores ocultos a causa coherentes aunque criminales. La persecución de la excelencia, de los valores espirituales metafísicos más sublimes de la Civilización tales como la Justicia, el Bien, el Amor, la Belleza, el Honor de la Caballería, la Tradición, la educación, el amparo de los débiles.

Por su gran actualidad dado que son valores perennes consustanciales con la naturaleza humana y de las sociedades avanzadas conviene repasar una y otra vez las ideas políticas cervantinas expresadas en sus obras y en especial en El Quijote. Así, durante las peripecias del Sancho gobernador, don Quijote, haciendo de Platón improvisado a un Dión de Siracusa, indica las condiciones del buen gobierno.

La primera es su referencia externa a la ley natural en la que el sabio, don Quijote, explica al Sancho que va a ejercer la gobernación de la ínsula: “primeramente, oh hijo, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada”. Que puede entenderse como una probable alusión al gobierno platónico de los sabios, expresada en la carta Séptima de Platón: “los problemas del mundo nunca tendrán solución si los poderosos no se rodean de sabios que los aconsejen, siendo así que siendo poderosos es casi imposible que ellos mismos sean sabios”.

Pero nos dice la Biblia: El temor de Dios que significa la sabiduría (Eclesiástico 1-15…)

O también Cicerón: ¿los hombres pueden hacer bueno lo que es malo, y malo lo que es bueno?

La primera premisa o referencia del buen gobierno es externa al gobernante cuya acción debe tenerla en cuenta y servirla. Sea esa tal referencia la Ley natural, un código de conducta, un sistema axiológico o constitucional, la verdad es que no vale todo.

La segunda condición del buen gobierno es la indagación de nuestra propia relación con la Ley natural: el famoso “conócete a ti mismo” del templo de Apolo en Delfos. O la pregunta que el servidor del Grial dirige al caballero buscador: ¿a quién sirves?

Es decir, la tensión dialéctica entre la pauta moral y nuestra propia capacidad para actuar en las contingencias personales, sociales e históricas. En las propias palabras de nuestro caballero andante: “lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse; del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey…”

Goethe considera que falta de dominio de sí y autocracia están muy unidos: “quien no se domina a sí mismo gusta de someter a otros bajo su poder y voluntad”

Sancho aunque iletrado resulta un buen gobernador: “letras pocas tengo porque aún no sé el A,B,C, pero bástame tener el Cristus en la memoria para ser buen gobernador…”.

Don Quijote prosigue los consejos a Sancho mediante carta en la que, una vez sentados los principios abstractos, ahora se exponen criterios de orden práctico: “para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: la una ser bien criado con todos… y la otra procurar la abundancia de los mantenimientos que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que el hambre y la carestía”.

Es decir, todo un programa actual de gobierno: atención a la imagen y a la economía.

Y como Tácito, que consideraba “la multiplicidad de las leyes como señal cierta e infalible de un mal gobierno y de un pueblo corrompido”, prosigue nuestro sabio Don Quijote avisando al buen gobernador Sancho contra la excesiva proliferación de leyes. Pero, continúa nuestro caballero: “si las hicieres procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan, que las pragmáticas que no se guardan lo mismo es que si no lo fuesen, antes dan a entender que el príncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas no tuvo valor para hacer que se guardasen…”

Y avisa: “No te muestres, aunque por ventura lo seas, lo cual yo no creo, codicioso, mujeriego ni glotón, porque en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería, hasta derribarte en el profundo de la perdición”.

A lo que el buen Sancho le contesta para tranquilizarle que “hasta agora no he tocado derecho ni llevado cohecho”.

Finalmente, cuando Sancho dimite de su cargo, don Quijote le consuela: “ven tu con segura conciencia y digan lo que dijeren”

No obstante, por si acaso lo de la conciencia no funcionaba debidamente, la administración española en los virreinatos entronizó lo que se conocía en el derecho castellano desde el siglo XIV como juicio de residencia, por el que cuando un virrey u oficial real acababa su mandato daba cuentas de lo realizado.

Como vemos, por injusto que sea no resulta tan desatinada para los criminales instigadores la vejación de Cervantes, don Quijote y lo que ellos como emblemas de la civilización española representan.  Valores que son pioneros y embrionarios también de la era de la Ilustración que los nuevos salvajes «progres» quieren clausurar.

Si no se enfrenta como merece, de esta violenta oclocracia no va a surgir nada bueno. Es necesario combatirla con todas nuestras armas y las primeras la de la Verdad, la Cultura y el Pensamiento.  Y para ello nos conviene invocar y ponernos bajo la protección del bienhechor y filantrópico arquetipo de don Quijote y lo él representa.

 

Notas adicionales sobre Cervantes y su obra

El pensamiento político de Cervantes

Misterios ocultos de El Quijote

Entrevista en la radio sobre El Quijote

Conferencia sobre Cervantes y su obra en la Real Academia de Medicina y Cirugía

Presentación del libro Misterios ocultos de El Quijote

 

Bloomsday, una vez más y… distinto

Se ha cumplido más de un siglo desde que un veinteañero Joyce saliera a pasear por el viejo Dublín con Nora Barnacle un 16 de junio de 1905. Una fecha que ha quedado como emblemática para los joyceanos y que es la de la aventura del Ulises dublinés, un periplo entre olas, arrecifes y acantilados del traicionero lenguaje que nos permite navegar, y nos lleva a lugares remotos. Que con suerte nos permite regresar a la Ítaca perdida pero que también nos puede hacer naufragar contra un bajío oculto.

Lo que fuera un asesinato de dos miembros de la familia imperial en Sarajevo se convertiría en una terrible masacre que ensangrentara a Europa con millones de víctimas sacrificadas a unos poderes en conflicto, y a la voracidad de unas invisibles potestades del aire que diría san Pablo. Nuestro Vicente Blasco Ibáñez cuenta en su obra monumental sobre la Primera Guerra Mundial las idas y venidas de diplomáticos y políticos de una y otra potencia a una u otra embajada para tratar de evitar in extremis el conflicto que al final estallaría probablemente por la cerrazón de Guillermo II. Cuando un siglo después se observan las fotografías de la época el lector sensible no puede menos de quedar impresionado por las sonrisas inconscientes de los inexpertos hombres víctimas de la propaganda y de los falsos discursos que les iban a llevar al más absurdo y cruel matadero en las trincheras. Pero la memoria histórica la manipulan los poderes dominantes de acuerdo a sus intereses. Y son otras generaciones víctimas de su renovada ignorancia las que van a sufrir a mayor gloria de los mismos intereses ocultos.

Ajeno en lo posible al desastre, Joyce refugiado en Suiza, huye del conflicto y se dedica a escribir el Ulises, sobreviviendo como buenamente puede, y haciendo eco a lo que se ha venido en llamar corriente de conciencia, una palabra interior que a la vez limita y posibilita el pensamiento. Dada por finalizada la matanza Joyce vuelve a Trieste, ahora ciudad italiana, donde sigue dando vueltas al manuscrito.  Que no da por acabado hasta tres años después. Por fin, ya en 1922, consigue sea publicado.

Pero el Ulises es considerado un libro obsceno y provoca entonces un gran escándalo en la hipócrita cultura anglosajona sobre todo en lo que se refiere a su moralismo puritano. No tanto en la más liberal de orden católico, acostumbrada por tradición a tener más manga ancha con ciertos hechos, resultado de la verdadera condición humana. Una condición más liberal, de comprensión y tolerancia, hoy amenazada por cierto gracias la nefasta hegemónica influencia anglosajona promotora de grandes logros como los acusicas soplones de los balcones, jueces de lo ajeno, entre otras tiranías de lo políticamente correcto. Aunque ahora sea distinto en lo referente a temas sexuales dado el proceso de embrutecimiento animal programado propio de la posmodernidad con toda su corte siniestra de lumpen y especímenes.

Algunos críticos consideran que el Ulises refleja la formación jesuítica colegial de Joyce, y viene a ser un remedo parcial paródico de los ejercicios espirituales ignacianos. Hoy probablemente sea uno de esos libros más citados que leídos. Pero no podemos por menos de admirar lo que parece su mayor logro, la perspectiva del lenguaje como consustancial al hombre. Un discurso que fluye como buena puede. A veces a trompicones, con manifestaciones no domadas por la cultura de la líbido. Pero siempre con una espontaneidad de lo individual, hoy gravemente amenazada por la dominante neolingua orwelliana marcada a fuego de lo correcto. Una dictadura terrible que elimina sinónimos y palabras que son reflejo de la libertad personal, del individuo… una tala consciente perpetrada con las peores intenciones. Donde no hay sinónimos no hay libertad… ¡ni disidentes!

De las trescientas mil palabras con las que cuenta el español apenas se usan un par de decenas de miles por las personas más cultas. Las generaciones más jóvenes ignoran la mayoría. Pasma su pobreza de léxico que perjudica su comprensión de la realidad.  Una pena. Opongámonos a esta feroz tala de cerezos en nuestro jardín. Defendamos la libertad de conciencia y expresión.

El monólogo de Molly Bloom a la espera de su amante puede resultar obsceno pero no deja de estar en su derecho. Pero las palabras que son un instrumento, a veces también pueden resultar fuegos fatuos. De ello se lamenta otro personaje joyceano, esta vez de Dublineses. Gabriel ha ensayado un discurso tópico, prescindible, para perorar durante el banquete de una celebración tradicional familiar navideña. Pero una confidencia de su mujer le hace ver lo ridículo de su posición. Michael, un antiguo pretendiente suyo de cuando era joven habría muerto de amor.

Amor, palabra insondable que acaso resume en ella todas las demás del diccionario. Palabra que nos permite hablar a la Divinidad y se convierte en nave segura para el regreso de Ulises sin depender de la contingencia del lenguaje. Al final de la aventura de la vida y del lenguaje, cae la nieve… cae sobre el solitario cementerio donde yace enterrado Michael Furey… cae imperceptible sobre todo el universo. Imperceptible, como la llegada del momento final, sobre todos los vivos y los muertos.

 

 

 

 

Un cuento del conde Lucanor

A algunos les va parecer que disparato. O que me he salido de la estrecha senda de lo políticamente correcto cuando digo que el viejo emérito hoy con un pie en el destierro y el otro en fuga de banquillo era mucho mejor rey que lo que está demostrando ser su acomplejado hijo. Un reinado en el que vamos de desastre en desastre, de calamidad en calamidad, sin ningún logro o satisfacción para España y sus súbditos. Aseguran que el emérito era un insaciable putero y comisionista. No sé si será así como cuentan, que yo no soy quien para discutirlo, pero me parece que tenía cierto carisma que empleaba en defensa de la cosa al menos cuando se sentía amenazado. Lo que por efecto colateral beneficiaba a los españoles. Algo es algo, o quizá mucho, teniendo en cuenta que son Borbones que van a lo suyo que no suele ser lo nuestro.

Ahora bien, su hijo parece un tragasables. No reacciona cuando se silba o se ultraja la bandera o el himno nacionales en su presencia. O cuando se cuelgan carteles con su efigie cabeza abajo. O cuando sus gobernantes le ningunean y atentan contra la constitución. Su comportamiento parece propio de imbeles, de gentes sin sangre en las venas. Un personaje al que de tarde en tarde parece que le dan larga para lucir bonitos uniformes hecho un brazo de mar y soltar extraños discursos estupefacientes. Se deja humillar por todos, consiente todo.

Su mujer ha destruido la armonía de su familia, todos y todas contra todas y todos. Recordando episodios nacionales ejemplares como el del numerito de la entrega de los pasados Princesa de Asturias, cuando desterró a la emérita al gallinero del teatro, nos maliciamos que está en trance de instaurar la roja dinastía Rocasolano en vez de la Borbón, y desde luego no se puede decir que colabore en la credibilidad y estabilidad de las instituciones que debiera servir.

 

Los apólogos de la colección del conde Lucanor, obra maestra del Infante don Juan Manuel, siguen constituyendo preciosos ejemplos de comprensión de la naturaleza humana. Aún conservo con todo cariño y devoción filial un ejemplar de la colección de apólogos editada por Aguilar que me regalara mi padre siendo niño. Pese a formar parte de lo mejor de nuestra Cultura, o acaso por eso mismo, es una pena que nuestro apuesto y acicalado rey no parezca conocerlos, ni menos poner en práctica sus lecciones.

Me viene a la memoria el del Ejemplo XXXV, De lo que le aconteció a un mozo que casó con una mujer muy fuerte y muy brava.

Un cuento muy famoso y comentado. E incluso plagiado por el mismísimo Shakespeare en La Fierecilla domada. Por cierto, no el único plagio de la gran Cultura española del supuesto bardo de Avon. Ruego al amigo culto lector me disculpe si resumo brevemente el texto citado para mejor comprensión de lo que hablo en honor de las pobres víctimas de la ignorancia programada por el pertinaz socialismo patrio.

Se trata de un mozo que quiere casarse con una moza de carácter intratable por lo que nadie quería casarse con aquel demonio. Su padre se lo desaconseja pero no consigue disuadirle, de modo que va a pedir la mano de la novia. El futuro cosuegro le confiesa que «si tal hiciera cometería una maldad muy grande pues su hijo es bueno y si se casa con mi hija le matará o le hará pasar una vida peor que la muerte». Al final, la boda se produce, pero el astuto mozo ha planeado su estrategia para someter a la fiera. Pide a varios animales que le traigan agua para lavarse las manos. Dado que ellos por supuesto no le entienden y no lo hacen, los mata con su espada. Muerto así incluso su propio único caballo por fin le llega el turno a su mujer que, visto lo visto, se asusta y le obedece sin rechistar para evitar las fatales consecuencias de la temible ira marital.

Dado el éxito de la estratagema, el suegro quiso repetirla con un gallo que como es natural tampoco le obedecía, pero su mujer le disuadió: «la verdad, don Fulano, que te has acordado tarde, pues ya de nada te valdrá matar cien caballos que tuvieras, antes tendrías que haber empezado, que ahora te conozco

Patronio termina la narración escuchada atentamente por el conde con esta moraleja:

“Si al principio no te muestras como eres, no podrás hacerlo cuando tú quisieres”.

 

Majestad, me temo que ya es tarde para hacerse respetar pero sugiero como Patronio que no estaría de más probar a intentarlo por el bien de España. Lo mismo cuela.

 

 

Monarcómacos y tiranicidios

Curiosamente en este posmoderno siglo XXI parece volver a ponerse de actualidad la antigua polémica sobre la legitimidad del tiranicidio entre los tratadistas cristianos tanto católicos como reformistas del siglo XVI y XVII en el marco de sus guerras espirituales y político-económicas. Una cuestión, la del tiranicidio, que ya procede al menos desde la Antigüedad clásica y también fuera muy común entre los teólogos de la Edad Media.

¡Será por tiranos! Jefferson lo comprendió bien cuando propuso sin éxito su sello contra los tiranos como deber moral en julio de 1776. Desde luego no podemos desconocer esta grave cuestión cuando observamos el NOM que ahora se está construyendo gracias a grandes desfalcos financieros y empresariales, mohatras políticas democráticas y armas biológicas asesinas de laboratorio financiadas por plutócratas genocidas revestidos de supuestos filántropos. Todo ello bien protegido por los prostituidos medios de manipulación de masas, en especial las televisiones.

Aunque no se trate de un monarcómaco convencional, entre nosotros los españoles tiene mucha fama el jesuita Juan de Mariana que publicó en Toledo un polémico libro llamado De Rege et Regis Institutione el no tan lejano año 1599. Sobre todo después de la segunda edición de Maguncia en 1605 que tendría mayor difusión que la primera, hay que decir que la Compañía trató de desligarse de las teorías que consideraba demasiado subversivas o poco convenientes para sus propias políticas de control del poder. En 1610 se prohibió a los jesuitas defender públicamente a su compañero y a sus teorías.

La cuestión que se plantea es si es lícito o no matar al tirano. Mariana tenía muy claro el caso del tirano por usurpación. Ahí poca polémica habría. Más difícil sería el caso del tirano de ejercicio: “Creemos que ha de sufrírsele mientras no desprecie las leyes del deber y del honor a las que está sujeto por razones de su oficio”. Pero cabría la resistencia contra “los que menosprecian las leyes y la religión del reino y desafían con su arrogancia y su impiedad al propio cielo”. Una resistencia que admitiría diferentes instrumentos o gradaciones, según los casos. Primero se trataría de destronar al tirano, pero si no fuese posible, en determinadas circunstancias se podría matar al príncipe como enemigo público con la autoridad del derecho de defensa. Estas circunstancias serían tales como “trastornar la religión patria y llamar al reino a nuestros enemigos.”

Y es que “si el rey atropella la república, entrega al robo las fortunas públicas y las privadas y vulnera y desprecia las leyes públicas y la sacrosanta religión; si su soberbia, su arrogancia y su impiedad llegasen hasta  insultar a la divinidad misma, entonces no se le debe disimular de ningún modo.

Desde luego el Padre Mariana no fue el único autor en tratar la resistencia al tirano ni el tiranicidio en nuestra literatura doctrinal. Así, por ejemplo, Pedro de Osma, Francisco de Roa. Incluso los más célebres, Domingo de Soto o el propio Francisco de Vitoria.

De especial interés y actualidad parece la visión del vallisoletano Fernando Vázquez de Menchaca expresada en su Controversiarum illustrium de 1563, poco antes de su muerte en Sevilla. El considerado fundador del Derecho Natural laico critica a Domingo de Soto por haber escrito que “si el príncipe procede tiránicamente no les queda a los ciudadanos ningún otro recurso que el pedir a Dios que le enmiende, en el caso de no existir ningún superior a quien poder recurrir.” Y le enmienda, no sin cierta ingenuidad: “Pero se equivoca porque, atendiendo al derecho natural, es incumbencia de todos los restantes príncipes del mundo acudir en apoyo y auxilio de aquel pueblo, víctima de la tiranía.”

Una cuestión de evidente actualidad como vemos, aunque muy manipulable y complicada de discernir. Y de aplicar en la práctica. Dentro de la incertidumbre en la que estamos y con los pocos datos que tenemos hoy, de haber alguien acaso fuese el presidente Trump el que pudiera intervenir con alguna posibilidad de éxito en defensa del derecho natural donde es más amenazado por la tiranía del NOM.

No obstante, cuando tal ayuda para deponer al tirano no llegase, Vázquez de Menchaca consideraba que “si el príncipe abusase intolerablemente del supremo poder, pueden los ciudadanos darle muerte, según el sentir de santo Tomás.”

Y es que para el laico católico Vázquez de Menchaca los individuos por el mero hecho de ser hombres poseen derechos naturales inmutables que deben asegurarles su aspiración a ser felices.

De modo que cuando los nuevos tiranos agentes del NOM sea cual sea su calaña o disfraz persiguen al Cristianismo y su Civilización o tratan de calumniar o destruir la Cultura tradicional española parece que saben muy bien lo que hacen.

 

 

Hojas caídas, sombras recobradas

Hoy, 17 de mayo, se celebra en Galicia el Día de las Letras gallegas.  Para homenajearlo como merece, reproduzco aquí sendos artículos remitidos dentro del marco de mi antigua colaboración con La Voz de Galicia que entonces fueron desatendidos.

El día de los números gallegos (15 de mayo 2004)

Igual que se celebra el día de las letras gallegas también habría que celebrar otro dedicado a los números gallegos, que viene a ser la otra cara de la cosa. Ya se sabe que Pitágoras sostenía que el universo es un conjunto ordenado de números e ideas.

«Bótase moito» de menos tal celebración para que el universo de este «curruncho» peninsular no quede cojo de una pata. Un ejemplo: la “Tesourería” de la “Deputación” de Pontevedra ofrece un modelo de “taxas” por autorización de obras. Pero luego, los diversos campos que tienen que ver con los «cartos», (plata, money, pelas, parné, etcétera) figuran en clarísimo español por si las moscas (o flies). Gran parte de las Letras gallegas se basan en la existencia de los correspondientes números. Los voluntariamente gallegos parlantes disminuyen en el común de la sociedad gallega. Muchos niños, no importa la procedencia geográfica de sus padres o si están o no de paso en esta Comunidad, a los que se les obliga a estudiarlo, lo detestan. Probablemente era mucho más querido en la época en que no era obligatorio o se le ninguneaba oficialmente.

El uso del gallego, a diferencia del pasado que constituía una habla genuinamente popular, crecientemente se está consolidando como una suerte de impostura en ciertos casos: políticos de la Xunta o de la oposición cuando hablan en público, escritos oficiales, (que a veces pudieran vulnerar los derechos constitucionales de los administrados), o caza subvenciones culturales. Se avecina otra ofensiva autonomista para hacer hincapié sobre los factores que dividen a los españoles, pero es preciso no olvidar que con la imposición del uso del gallego pasa lo que con ciertas muestras y exposiciones en Silleda. Serían insostenibles si se dejaran de regar con abundante dinero público. Deben ser «sin dubida» las limitaciones del galleguismo. Una cosa son las concesiones a la retórica y otra muy distinta las cosas de comer. Como la vida misma.

 

El 15 de julio de 2005 remitía este otro texto con el título de El Instituto Rosalía

Según parece el programa de gobierno de la nueva Xunta prevé la creación de una especie de Instituto Cervantes dedicada al fomento del gallego por todos esos mundos de Dios. La verdad es que resulta tan sorprende como penoso, y ni los españoles ni los hispanófilos entienden salvo por la tradicional incuria y falta de visión en que duermen muchos aspectos estratégicos fundamentales de interés para España, la falta de aprovechamiento y gestión del vital recurso agua o la del más importante recurso exportable no tangible, el español, lengua de cuatrocientos millones de personas.

Pero para que no sirva de despilfarro la creación de más organizaciones alimentadas con los mismos impuestos del sufrido contribuyente y dedicadas quizás a hacerse la competencia quizá lo mejor sea que se dispongan, donde fuera oportuno y razonable, secciones para las lenguas regionales dentro del mismo Instituto Cervantes. Los ahorros burocráticos y de representación política así logrados permitirían dedicarse a lo verdaderamente importante: su objeto institucional, la promoción de la lengua y la cultura más que la propaganda política o la colocación de afines.

No obstante, cabe hacer un comentario sobre el nombre a dar a tal institución. Es difícil elegir uno entre los grandes escritores gallegos Valle, Cela, Torrente, Fernández Flórez, Cunqueiro, Madariaga, Pardo de Andrade, etcétera.  Rosalía fue una mujer sensible y excelente poeta pero su pensamiento no debería ser tergiversado. En junio de 1881 escribía a Murguía: «me extraña que insistas todavía en que escriba un nuevo tomo de versos en dialecto gallego…ni por tres, ni por seis ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto…”.

Rosalía quedó más que harta del sectarismo fanático de los regionalistas de su época y de la manipulación que con fines políticos quería hacerse de su persona y su obra.

 

Lecturas para tiempos de zozobra, 1

En estos azarosos tiempos nos conviene repasar algunas de las obras maestras, que iluminan y permiten ver de otro modo las cosas que suceden. Así, por ejemplo, La Montaña mágica de Tomas Mann. Una obra a la que ya he dedicado algún otro texto anterior pero que parece mostrarse e inspirar al lector de modo distinto que antes de la crisis, no solo sanitaria, en la que nos han metido con un horizonte verdaderamente horripilante.

La evolución espiritual del protagonista principal de la novela, el joven ingeniero Hans Castorp, merece hoy nuestra atención. Me refiero a algunos aspectos ahora especialmente interesantes o de actualidad, como cuando Castorp empieza a comprender el sufrimiento existente tras muchas grandes palabras pero sobre todo de las grandes estadísticas. Y a protestar, como dice Mann, “contra el egoísmo generalizado… otra de las cosas que le habían decidido era la necesidad de su espíritu de tomar en serio el sufrimiento y la muerte y poder honrarlos como creía que se merecían, necesidad que esperaba satisfacer y fortalecer acercándose a los enfermos graves y agonizantes…”

A esta conducta de solícita y sincera atención a otros enfermos compañeros y de algún modo prisioneros en Davos, le había llevado una mezcla de compasión y reflexión.

Tras visitar para dar el pésame a quien acaba de quedar viuda Castorp comenta que “cuando se habla a los muertos o de los muertos, el latín recobra su vigencia, es la lengua oficial en estos casos, hace ver que la muerte es algo especial…. A Settembrini no le gustaría nada, no es un lenguaje para humanistas, republicanos y pedadagogos, es fruto de otro tipo de espíritu, del otro espíritu que existe. Yo pienso que hay que tener bien claras las diferentes orientaciones o actitudes del espíritu, mejor dicho. Hay dos: la actitud cimentada en la libertad y la actitud cimentada en la piedad. Cada cual tiene sus ventajas, pero mi principal objeción contra la primera, la que defiende Settembrini, es que se cree en posesión exclusiva de la dignidad humana en todas sus facetas y eso es exagerado. La segunda también tiene un cierto componente de dignidad humana, a su manera, y fomenta una profunda decencia, integridad y un noble respeto por las formas, más incluso que la actitud basada en la libertad, a pesar de que concede una atención especial a la debilidad y fragilidad del hombre y una gran importancia a la idea de la muerte y la descomposición”…

Y más adelante el joven protagonista continúa con su reflexión: “le resulta demasiado envarado y pomposo, preferiría algo más espontáneo, más humano. Pero, ¿qué es humano?  Humano es todo. El temor de Dios, la devota solemnidad y la rigurosa austeridad son una forma de humanidad muy digna, a mi parecer, y, por otra parte, el término de humano también puede ser una excusa para encubrir cualquier negligencia y falta de principios.”

Sí. Negligencia y falta de principios son factores básicos y permanentes de la actuación gubernamental en esta crisis. Una negligencia con visos de criminalidad que sin embargo puede que sirva de modo muy eficaz a ciertos intereses malévolos.

Pero es terrible que a seres como nosotros primero se les haya entregado a la muerte y segundo se les niegue siquiera las honras fúnebres que merecen. Ni libertad, ni piedad.

Dudo mucho que el gobierno actual se deba a ningún ideal noble. Influido por la hibris de psicópatas peligrosos comprobamos una y otra vez que lo suyo es mera impostura mohatrera, encanallamiento con la mentira más sórdida, que la devastación que está provocando ha de se útil para alguien al acecho en las sombras. Pero cualquier disfraz ideológico que pudiera pillar en la nutrida y demagógica guardarropía revolucionaria se cae con estrépito cuando se comprueba su falta de sentido de la piedad con el dolor y sufrimiento ajeno. O su trueque de personas, de compatriotas, en números o chapuceras estadísticas.

 

 

 

¿Profesionales o mercenarios?

Cicerón: ¿los hombres pueden hacer bueno lo que es malo, y malo lo que es bueno?

La primera premisa o referencia del buen gobierno es, pues, externa al gobernante cuya acción debe tenerla en cuenta y servirla. Sea esa tal referencia la Ley natural, un código de conducta, un sistema axiológico o constitucional, la verdad es que no vale todo.

 La segunda condición del buen gobierno es la indagación de nuestra propia relación con la Ley natural: el famoso “conócete a ti mismo” del templo de Apolo en Delfos. O la pregunta que el servidor del Grial dirige al caballero buscador: ¿a quién sirves?”

 

Reproduzco estas frases tomadas de mi libro Misterios ocultos de El Quijote porque creo que siguen siendo muy oportunas.

Es sabido que la dominación de la PSOE le sienta muy mal a España desde su ya lejana  fundación por un tipo sectario, atravesado, antidemócrata y anti patriota.  Tampoco la PSOE le sienta demasiado bien a la Guardia civil. Aún se recuerda la humillación que supuso para la Benemérita estar bajo las órdenes de un modelo de virtudes socialistas como fuera su director general Luis Roldán. Un prohombre ejemplar que lo tenía todo y que constituye prima de honor en la mejor memoria histórica del socialismo patrio.

Aunque no por las mismas razones que lo de Roldán, la sociedad española consciente está hoy horrorizada por otra hazaña socialista relacionada con la Benemérita. Se trata de unas increíbles declaraciones leídas por uno de sus más importantes mandos en la que se confesaban órdenes presuntamente delictivas, anticonstitucionales, un atentado contra los derechos constitucionales de los españoles precisamente por quien debiera defenderlos. Realizadas en solemne conferencia oficial y de uniforme.

Parece mentira que a estas alturas haya que recordar que no es lo mismo ser un profesional que ser un mercenario. Hay mercenarios sin duda muy eficientes. Sicarios de extraordinaria puntería. Que actúan en solitario o en equipo. Como dijera cierta sentencia célebre: “solo o con ayuda de otros”.

No quiero ser repetitivo, pero me vienen a la memoria algunas de las obras cervantinas más y mejor relacionadas con la corrupción. Y la peor corrupción es la del entendimiento, madre de las demás.

Así, las famosas Novelas Ejemplares El Coloquio de los perros o Rinconete y Cortadillo

En el Coloquio, uno de los canes sabios cuenta al otro sus aventuras y peripecias mientras se ocupó de guardar un rebaño de ovejas. Y observa, cuando trata de averiguar la verdad de los extraños ataques que sufren, como son los propios pastores quienes so pretexto del lobo matan y roban el mismo rebaño que deberían cuidar.

En las aventuras sevillanas de Rinconete y Cortadillo se describe con toda la ironía cervantina la congregación de Monipodio, que viene a ser el trasunto de una cofradía con fines poco benéficos o piadosos, por cuanto se dedica al robo y el pillaje, eso sí, bajo la advocación de María Santísima. Una organización perfecta en su clase en la que además de una variada tipología de elementos del hampa no faltan los funcionarios de policía y justicia que deberían reprimir los mismos delitos de los que se benefician.

Desnuda de cualquier sentido moral, la realización de toda clase de trabajo es abordada allí de un modo técnico, como algo profesional que es preciso hacer bien, según una serie de reglas fijadas por Monipodio:”cosa nueva es para mí, que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente” se sorprende uno de los pillos.

A lo que contesta otro más experimentado: “señor yo no me meto en tologías. Lo que sé, es que cada uno en su oficio puede alabar a Dios”.

Por lo que se ve, hay mucho personaje con y sin uniforme, sin criterio moral o de moral distraída, dispuesto a alabar a la PSOE en su oficio, sin meterse en inoportunas tologías constitucionales.

Nuestro gran Cervantes lamentaría que cuatro siglos después, en plena posmodernidad neomarxista, sigamos en las mismas.

Nota:

Más comentarios sobre el pensamiento político de Cervantes, aquí

 

 

 

Casado y yo

Casado es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos….lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes, gualdas…

Lo llamo dulcemente “¿Casado?” y viene a mi con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal.

Le gustan la naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados con su cristalina gotita de miel.

Es mimoso igual que un niño, que una niña…,

 

 

«Los Demonios» de Dostoyesvki y nosotros

Repasando unos viejos apuntes, algunos de ellos preparados para documentar algún texto en Periodista digital, he encontrado unas notas de lectura tomadas hace más de diez años de un libro verdaderamente profético del gran Dostoyesvki.  Me refiero a su novela Los Demonios. A veces traducida aquí por Endemoniados, Demonios.

Lo que nos planteaba en ella el gran escritor humanista ruso hace un siglo y medio se está cumpliendo con gran precisión en estos tiempos de zozobra y gran tribulación, en los que sobre los temores de la propia pandemia de más que probable origen antropogénico, la amenaza de la dictadura comunista se cierne cada vez de modo más probable en el reino borbónico de España. Se manifiesta ahora en toda su crudeza por la causa desencadenante o catalizadora de la pandemia roja, pero es debido a muchos años de incuria y a la estulticia culpable de muchos de nuestros próceres empezando por nuestros propios frívolos zares.

Demonios no fue bien recibido, en general, acaso porque explicaba demasiado bien lo que la clase dirigente se negaba a aceptar. Para otros se trataba de simples calumnias. Muchos años después, ya a principios del siglo XX, Gorki pretendía que: “Los demonios es el más perverso, y el más talentoso, de todos los intentos por difamar el movimiento revolucionario de la década de los setenta”.

Dostoyesvki supo ver las terribles consecuencias devastadoras del nihilismo hoy disimulado, aunque yacente, por el neomarxismo cultural. El que sustituye a la lucha de clases del marxismo convencional y es promovido por la plutocracia globalista.

Medio siglo después de su aparición, los descendientes de esa burguesía entonces tan crítica con el libro que pudieron huir, se escaparon de la Rusia bolchevique. Es posible, aún se está a tiempo de evitarlo, que tal pase aquí también, con nuestro heroico rey huyendo el primero por Cartagena o por donde pueda para salvar su vida y su hacienda.

Y es que una de las primeras cuestiones a lograr por el proceso revolucionario es tener un rey títere y unas instituciones ineptas, y en el fondo cómplices, que narcoticen a su nación impidiéndola reaccionar ante la agresión antes de que ya sea demasiado tarde.

 

Pero, en resumen, ¿cuáles serían las principales notas características del movimiento denunciado por Dostoyesvki?

Repasemos mis notas que copio a modo telegráfico, sin mayor elaboración:

Dualidad social: Aristocracia sin muchos horizontes intelectuales, población con pocos económicos. Complejo de inferioridad hacia la inteligencia y hacia la cultura extranjera.

Creciente frivolidad en la costumbres. Cierto matriarcado real. Influencia de los revolucionarios sobre la mujer (igual que los primeros cristianos de Saulo).

Halago de la vanidad. Utilización de la ambición ajena.

Ateísmo. Nihilismo. Pérdida de referencias morales y tradicionales.

Considerar el bien o el mal como prejuicios a eliminar en el nuevo orden a imponer.

Ostentación de mala educación y burla de convenciones sociales y de la urbanidad o “buena” educación.

Apocamiento de la derecha: “para el hombre ruso el honor es tan solo una carga superflua.”

“Yo aún soy partidario del honor pero sólo por la fuerza de la costumbre…

 

Se explican las razones del éxito revolucionario nihilista:

1 tener un “uniforme” (sentido de la pertenencia, cargos, misiones) y engaño sobre la verdadera realidad de la organización.

2 Sentimentalismo como elemento de difusión del socialismo

3 Los pícaros mondos y lirondos

4 El cemento principal: la vergüenza de la propia opinión

 

La organización social futura según Schigálev:

Fase previa: Quinquevirato que disimula su condición entre los otros

División de la Humanidad en dos partes desiguales. Una décima parte de la misma recibirá la libertad personal y un derecho ilimitado sobre las otras nueve partes restantes. Estas vendrán obligadas a perder la personalidad y en convertirse en algo así como un rebaño, y, mediante una obediencia sin límites, alcanzar la primitiva inocencia, por el estilo del primitivo paraíso, aunque de otra parte, tendrán que trabajar.

Hay medidas para extirpar la voluntad a las otras nueve partes de la Humanidad y reducirlas a la condición de rebaño, merced a la educación de generaciones enteras…

Estrategias:

1 Usar lo que pasa (por ejemplo una revuelta o protesta laboral por la corrupción del administrador de su fábrica) para los propios fines, apropiándose de sucesos como algo premeditado e inducido por ellos.

2 Provocar tumultos

3 Agentes demoledores profesionales y sociales que sin saberlo conscientemente trabajan para el desarrollo de la causa minando la moral y cohesión social.

4 El crimen ya no es una locura sino un deber. El dios ruso ha huido ante el alcohol.

5 Una o dos generaciones depravadas son ahora indispensables. De una depravación inaudita, ruin, en la que el hombre se convierta en un ser asqueroso, cobarde, cruel, egoísta…

6 Recurriremos al incendio, echaremos a volar leyendas…

7 Comprometer a los socios y simpatizantes con algún crimen para chantaje y cierre de solidaridad, aunque sea a la fuerza.

8 Fomentar la desconfianza e incluso el odio entre los diferentes miembros y humillarlos en público para distinguirse el mando de la masa. Terror ajeno y propio para mantener la disciplina. Incluso asesinato de disidentes y arrepentidos.

9 Buscar un rey títere.

Organización:

Con una supuesta autoridad central desconocida para los miembros comunes, formada por una Red de secciones relacionadas (más o menos de verdad) que hacen prosélitos y se extienden, cuyas Misiones, mediante una propaganda sistemática delatora, son:

1 Minar continuamente la autoridad de los poderes locales

2 Engendrar la duda en los vecinos

3 Fomentar el cinismo y el escándalo, la incredulidad absoluta en todas las cosas, el ansia de mejora

4 Provocando incendios como medio popular por excelencia, lanzar a una región, en el momento indicado, si es preciso, incluso a la desesperación.

No obstante, para un disidente, Schatov, los terroristas son:

Enemigos de la vida

Liberalotes anticuados que le temen a las personalidades independientes

Lacayos del pensamiento,

Enemigos de la personalidad y de la libertad

Puercos predicadores de la carroña y la podredumbre

Dorada medianía,

Canallas

 

En su libro Dostoyesvki tiene una curiosa reflexión no solo interesante para bibliófilos. Se refiere a cultura y encuadernación.

Leer un libro y encima encuadernarlo representa dos periodos enteros de evolución:

Primero el de aprender y gozar con la lectura, aunque haciendo poco caso del libro. Encuadernarlo representa ya respeto al libro, no sólo leer sino también que reconocen el valor de la lectura y del libro. A este segundo periodo no se ha llegado aún en Rusia.

 

Ojalá podamos no solo leer, hacer caso de él, sino también encuadernar Demonios como un importante libro clásico. Como una brillante obra de lo mejor de la Cultura europea. Como un homenaje a una obra humanista profética. Pero mucho me temo que, si esto sigue así y nadie reacciona, encuadernado o sin encuadernar los Demonios la arrojen a la enorme pira de nuestra Civilización arrasada con nosotros dentro.

Pero, ¿Qué opina el lector?

 

 

Lacambra o el poeta es un fingidor

Parece ser que al autor del heterónimo Miguel Lacambra le suena un poeta personaje ortónimo llamado Fernando Pessoa. Un genial fingidor, testigo del desasosiego, que desarrolló una serie de personajes, los heterónimos, autores de su propia producción literaria acorde a su supuesta personalidad individualizada. Pessoa significa persona y dicen los griegos que persona es lo que suena a través de la máscara. La máscara que representa a cada uno de los personajes que adoptamos en nuestra vida o que el demiurgo habilita en nosotros.

Entre los heterónimos pessoanos con abundante producción literaria “propia” cabe recordar a Álvaro Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro, incluso alguno femenino: como la enamorada María José, entre otros muchos. Sin embargo, la realidad es mental como sostiene la Tradición hermética que inspiraba a Pessoa y una vez salidos de la minerva pessoana cada uno de sus autores adquiere vida propia.

José Saramago dedicaba una de sus novelas “El año de la muerte de Ricardo Reis” al heterónimo médico. Y si se me permite que me meta a llevar un cirio en este entierro, incluso Alvaro Campos me concedió una entrevista en su Algarve natal que fuera publicada in illo tempore por la sección cultural de La Voz de Galicia ¡Qué lejanos y felices tiempos aquellos en los que aún no había aparecido la terrible peste zapateril ni menos el terrorífico rebrote sanchopedresco!

¿Quién o qué estará detrás del heterónimo actual? Llamar “heterónimo” al tal Lacambra indica un cierto grado de Cultura normalmente incompatible con “las repugnantes zurdas españolas”, que diría don Antonio Machado, gentes cuyo repertorio se limita habitualmente a un resumen de las obras completas de filósofa Belén Esteban o del eximio doctor Sánchez.

Don Antonio, otro gran poeta hilozoísta aunque diferente de nuestro vecino portugués, fue el inventor de un Juan de Mairena, heterónimo heterodoxo educador que buena falta nos hace.

Ahora bien, el tal heterónimo Miguel Lacambra ¿vendría a ser una variante disimulada del malvado hechicero y satanista Aleister Crowley, «la Bestia», que visitara a Pessoa en Lisboa? Pessoa jugó al ajedrez con él como el caballero jugaba con la Muerte en El Séptimo sello. Cualquiera sabe, pero afirman que uno de los objetivos confesados de la actual pandemia mundial es la futura introducción forzosa de una vacuna siniestra con chip identificador, la famosa marca de la Bestia del Apocalipsis.

Pero, Crowley tampoco es «la Bestia» sino acaso uno de sus profetas o embajadores. Incluso me temo que detrás de Miguel Lacambra ni siquiera se encuentre el gobierno pomposamente llamado de España. Más bien parece que tanto este gobierno de devastación y demolición como su corte de propaganda ditirambo alabanciosa de frívolos señoritos comunistas ensoberbecidos y adinerados no sean sino heterónimos oportunos, simples máscaras de personajes ficticios, desalmados, desespiritualizados, formas vesperales sin entidad real salvo la impostada o hecha a troquel que les proporciona la plutocracia globalista internacional.

Una plutocracia que mediante su instrumento posmoderno el neomarxismo cultural, la propaganda infame y los media mohatreros asociados no hace sino crear heterónimos de biografía ficticia, insustancial, impostada, de levedad del ser más o menos insoportable para distracción y supuesta representación de otros entes asaz leves como alas de mariposa y embrutecidos como semovientes.

Pero, entonces, ¿Quién es el demiurgo que se encuentra tras la máscara de tanto heterónimo falaz?

Buena pregunta aún sin repuesta cierta. Probablemente la misma fuerza tenebrosa y satánica que habría inventado y promovido este virus genocida. Según Francis Boyle una oportuna mezcla de coronavirus anteriores tales como SARS, MERS e IVH preparada para crear esta pandemia, anunciada al menos desde 2007 por la American Society for Microbiology .

El falsario y su gobierno nos han revelado su gran capacidad letal. Demuestran un gran poder de devastación pero torpe y necio a la hora de construir nada. Apenas superables en su incompetencia devastadora.

Es posible que el demiurgo haya de improvisar otros heterónimos mejor preparados para las siguientes etapas de la revolución tras pandemia.  Atentos a los nuevos heterónimos.

 

 

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