Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

«Los Demonios» de Dostoyesvki y nosotros

Repasando unos viejos apuntes, algunos de ellos preparados para documentar algún texto en Periodista digital, he encontrado unas notas de lectura tomadas hace más de diez años de un libro verdaderamente profético del gran Dostoyesvki.  Me refiero a su novela Los Demonios. A veces traducida aquí por Endemoniados, Demonios.

Lo que nos planteaba en ella el gran escritor humanista ruso hace un siglo y medio se está cumpliendo con gran precisión en estos tiempos de zozobra y gran tribulación, en los que sobre los temores de la propia pandemia de más que probable origen antropogénico, la amenaza de la dictadura comunista se cierne cada vez de modo más probable en el reino borbónico de España. Se manifiesta ahora en toda su crudeza por la causa desencadenante o catalizadora de la pandemia roja, pero es debido a muchos años de incuria y a la estulticia culpable de muchos de nuestros próceres empezando por nuestros propios frívolos zares.

Demonios no fue bien recibido, en general, acaso porque explicaba demasiado bien lo que la clase dirigente se negaba a aceptar. Para otros se trataba de simples calumnias. Muchos años después, ya a principios del siglo XX, Gorki pretendía que: “Los demonios es el más perverso, y el más talentoso, de todos los intentos por difamar el movimiento revolucionario de la década de los setenta”.

Dostoyesvki supo ver las terribles consecuencias devastadoras del nihilismo hoy disimulado, aunque yacente, por el neomarxismo cultural. El que sustituye a la lucha de clases del marxismo convencional y es promovido por la plutocracia globalista.

Medio siglo después de su aparición, los descendientes de esa burguesía entonces tan crítica con el libro que pudieron huir, se escaparon de la Rusia bolchevique. Es posible, aún se está a tiempo de evitarlo, que tal pase aquí también, con nuestro heroico rey huyendo el primero por Cartagena o por donde pueda para salvar su vida y su hacienda.

Y es que una de las primeras cuestiones a lograr por el proceso revolucionario es tener un rey títere y unas instituciones ineptas, y en el fondo cómplices, que narcoticen a su nación impidiéndola reaccionar ante la agresión antes de que ya sea demasiado tarde.

 

Pero, en resumen, ¿cuáles serían las principales notas características del movimiento denunciado por Dostoyesvki?

Repasemos mis notas que copio a modo telegráfico, sin mayor elaboración:

Dualidad social: Aristocracia sin muchos horizontes intelectuales, población con pocos económicos. Complejo de inferioridad hacia la inteligencia y hacia la cultura extranjera.

Creciente frivolidad en la costumbres. Cierto matriarcado real. Influencia de los revolucionarios sobre la mujer (igual que los primeros cristianos de Saulo).

Halago de la vanidad. Utilización de la ambición ajena.

Ateísmo. Nihilismo. Pérdida de referencias morales y tradicionales.

Considerar el bien o el mal como prejuicios a eliminar en el nuevo orden a imponer.

Ostentación de mala educación y burla de convenciones sociales y de la urbanidad o “buena” educación.

Apocamiento de la derecha: “para el hombre ruso el honor es tan solo una carga superflua.”

“Yo aún soy partidario del honor pero sólo por la fuerza de la costumbre…

 

Se explican las razones del éxito revolucionario nihilista:

1 tener un “uniforme” (sentido de la pertenencia, cargos, misiones) y engaño sobre la verdadera realidad de la organización.

2 Sentimentalismo como elemento de difusión del socialismo

3 Los pícaros mondos y lirondos

4 El cemento principal: la vergüenza de la propia opinión

 

La organización social futura según Schigálev:

Fase previa: Quinquevirato que disimula su condición entre los otros

División de la Humanidad en dos partes desiguales. Una décima parte de la misma recibirá la libertad personal y un derecho ilimitado sobre las otras nueve partes restantes. Estas vendrán obligadas a perder la personalidad y en convertirse en algo así como un rebaño, y, mediante una obediencia sin límites, alcanzar la primitiva inocencia, por el estilo del primitivo paraíso, aunque de otra parte, tendrán que trabajar.

Hay medidas para extirpar la voluntad a las otras nueve partes de la Humanidad y reducirlas a la condición de rebaño, merced a la educación de generaciones enteras…

Estrategias:

1 Usar lo que pasa (por ejemplo una revuelta o protesta laboral por la corrupción del administrador de su fábrica) para los propios fines, apropiándose de sucesos como algo premeditado e inducido por ellos.

2 Provocar tumultos

3 Agentes demoledores profesionales y sociales que sin saberlo conscientemente trabajan para el desarrollo de la causa minando la moral y cohesión social.

4 El crimen ya no es una locura sino un deber. El dios ruso ha huido ante el alcohol.

5 Una o dos generaciones depravadas son ahora indispensables. De una depravación inaudita, ruin, en la que el hombre se convierta en un ser asqueroso, cobarde, cruel, egoísta…

6 Recurriremos al incendio, echaremos a volar leyendas…

7 Comprometer a los socios y simpatizantes con algún crimen para chantaje y cierre de solidaridad, aunque sea a la fuerza.

8 Fomentar la desconfianza e incluso el odio entre los diferentes miembros y humillarlos en público para distinguirse el mando de la masa. Terror ajeno y propio para mantener la disciplina. Incluso asesinato de disidentes y arrepentidos.

9 Buscar un rey títere.

Organización:

Con una supuesta autoridad central desconocida para los miembros comunes, formada por una Red de secciones relacionadas (más o menos de verdad) que hacen prosélitos y se extienden, cuyas Misiones, mediante una propaganda sistemática delatora, son:

1 Minar continuamente la autoridad de los poderes locales

2 Engendrar la duda en los vecinos

3 Fomentar el cinismo y el escándalo, la incredulidad absoluta en todas las cosas, el ansia de mejora

4 Provocando incendios como medio popular por excelencia, lanzar a una región, en el momento indicado, si es preciso, incluso a la desesperación.

No obstante, para un disidente, Schatov, los terroristas son:

Enemigos de la vida

Liberalotes anticuados que le temen a las personalidades independientes

Lacayos del pensamiento,

Enemigos de la personalidad y de la libertad

Puercos predicadores de la carroña y la podredumbre

Dorada medianía,

Canallas

 

En su libro Dostoyesvki tiene una curiosa reflexión no solo interesante para bibliófilos. Se refiere a cultura y encuadernación.

Leer un libro y encima encuadernarlo representa dos periodos enteros de evolución:

Primero el de aprender y gozar con la lectura, aunque haciendo poco caso del libro. Encuadernarlo representa ya respeto al libro, no sólo leer sino también que reconocen el valor de la lectura y del libro. A este segundo periodo no se ha llegado aún en Rusia.

 

Ojalá podamos no solo leer, hacer caso de él, sino también encuadernar Demonios como un importante libro clásico. Como una brillante obra de lo mejor de la Cultura europea. Como un homenaje a una obra humanista profética. Pero mucho me temo que, si esto sigue así y nadie reacciona, encuadernado o sin encuadernar los Demonios la arrojen a la enorme pira de nuestra Civilización arrasada con nosotros dentro.

Pero, ¿Qué opina el lector?

 

 

Lacambra o el poeta es un fingidor

Parece ser que al autor del heterónimo Miguel Lacambra le suena un poeta personaje ortónimo llamado Fernando Pessoa. Un genial fingidor, testigo del desasosiego, que desarrolló una serie de personajes, los heterónimos, autores de su propia producción literaria acorde a su supuesta personalidad individualizada. Pessoa significa persona y dicen los griegos que persona es lo que suena a través de la máscara. La máscara que representa a cada uno de los personajes que adoptamos en nuestra vida o que el demiurgo habilita en nosotros.

Entre los heterónimos pessoanos con abundante producción literaria “propia” cabe recordar a Álvaro Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro, incluso alguno femenino: como la enamorada María José, entre otros muchos. Sin embargo, la realidad es mental como sostiene la Tradición hermética que inspiraba a Pessoa y una vez salidos de la minerva pessoana cada uno de sus autores adquiere vida propia.

José Saramago dedicaba una de sus novelas “El año de la muerte de Ricardo Reis” al heterónimo médico. Y si se me permite que me meta a llevar un cirio en este entierro, incluso Alvaro Campos me concedió una entrevista en su Algarve natal que fuera publicada in illo tempore por la sección cultural de La Voz de Galicia ¡Qué lejanos y felices tiempos aquellos en los que aún no había aparecido la terrible peste zapateril ni menos el terrorífico rebrote sanchopedresco!

¿Quién o qué estará detrás del heterónimo actual? Llamar “heterónimo” al tal Lacambra indica un cierto grado de Cultura normalmente incompatible con “las repugnantes zurdas españolas”, que diría don Antonio Machado, gentes cuyo repertorio se limita habitualmente a un resumen de las obras completas de filósofa Belén Esteban o del eximio doctor Sánchez.

Don Antonio, otro gran poeta hilozoísta aunque diferente de nuestro vecino portugués, fue el inventor de un Juan de Mairena, heterónimo heterodoxo educador que buena falta nos hace.

Ahora bien, el tal heterónimo Miguel Lacambra ¿vendría a ser una variante disimulada del malvado hechicero y satanista Aleister Crowley, «la Bestia», que visitara a Pessoa en Lisboa? Pessoa jugó al ajedrez con él como el caballero jugaba con la Muerte en El Séptimo sello. Cualquiera sabe, pero afirman que uno de los objetivos confesados de la actual pandemia mundial es la futura introducción forzosa de una vacuna siniestra con chip identificador, la famosa marca de la Bestia del Apocalipsis.

Pero, Crowley tampoco es «la Bestia» sino acaso uno de sus profetas o embajadores. Incluso me temo que detrás de Miguel Lacambra ni siquiera se encuentre el gobierno pomposamente llamado de España. Más bien parece que tanto este gobierno de devastación y demolición como su corte de propaganda ditirambo alabanciosa de frívolos señoritos comunistas ensoberbecidos y adinerados no sean sino heterónimos oportunos, simples máscaras de personajes ficticios, desalmados, desespiritualizados, formas vesperales sin entidad real salvo la impostada o hecha a troquel que les proporciona la plutocracia globalista internacional.

Una plutocracia que mediante su instrumento posmoderno el neomarxismo cultural, la propaganda infame y los media mohatreros asociados no hace sino crear heterónimos de biografía ficticia, insustancial, impostada, de levedad del ser más o menos insoportable para distracción y supuesta representación de otros entes asaz leves como alas de mariposa y embrutecidos como semovientes.

Pero, entonces, ¿Quién es el demiurgo que se encuentra tras la máscara de tanto heterónimo falaz?

Buena pregunta aún sin repuesta cierta. Probablemente la misma fuerza tenebrosa y satánica que habría inventado y promovido este virus genocida. Según Francis Boyle una oportuna mezcla de coronavirus anteriores tales como SARS, MERS e IVH preparada para crear esta pandemia, anunciada al menos desde 2007 por la American Society for Microbiology .

El falsario y su gobierno nos han revelado su gran capacidad letal. Demuestran un gran poder de devastación pero torpe y necio a la hora de construir nada. Apenas superables en su incompetencia devastadora.

Es posible que el demiurgo haya de improvisar otros heterónimos mejor preparados para las siguientes etapas de la revolución tras pandemia.  Atentos a los nuevos heterónimos.

 

 

Un recuerdo de hace cinco años sobre la enfermedad como sufrimiento y revelación

Hace cinco años escribía un texto sobre la enfermedad y el modo de sufrirla y abordarla. Me refería a sendas novelas testimonios de dos Premios Nobel de Literatura. Un alemán, Thomas Mann y un español, Camilo José Cela.

Creo que pueda tener algún interés volverlo a editar en estos tiempos de zozobra y desolación. El lector juzgará. En todo caso, ahí queda.

El pabellón mágico. Cela, Mann, la enfermedad como sufrimiento y revelación

                        

                    El sufrimiento es el buen Dios sostenía cierto personaje de Bernanos

 

Una de las obras menos visitadas de don Camilo, el del Premio, tiene cierto carácter autobiográfico y supone una faceta muy diferente de la descarada, socarrona, mordaz, sarcástica, acaso un tanto frívola en ocasiones, del autor gallego. Me refiero a la terrible pero lúcida y conmovedora Pabellón de reposo, inicialmente publicada por entregas en el semanario El Español, homónimo del digital, no hay casualidades, que ahora quiere resucitar Pedro J para demostrarnos a todos que nunca se rinde ni hay despotismo capaz de tumbarlo sin remedio.

pabellon celaPabellón de reposo trascurre sin acción exterior apenas pero en el interior de la conciencia de los diferentes personajes se vive un drama de sufrimiento, dolor o angustia. Muestra la creciente desolación del enfermo que siente como su mal empeora hasta que la enfermedad rompe sus últimas esperanzas de evitar la condena fatal.

En vez de la barca de Caronte, aquí se trata de la más prosaica pero no menos terrible carretilla del jardinero del sanatorio donde eran transportados, como viejo tronco de encina derribado por el rayo, los ataúdes de los enfermos fallecidos.

Tampoco faltan breves pero ilustrativos momentos en los que se muestra la oculta realidad de intereses económicos que subyacen en la actividad sanitaria entendida como negocio empresarial.

Pero la enfermedad nos recuerda el milagro paradójicamente permanente y pasajero de la Vida. Para el enfermo existen sentimientos, verdades, revelaciones estéticas, que no se aprecian por el hombre sano.  Las preocupaciones y prioridades sobre lo de verdad importante cambian.

 ¿Qué es un Banco que se hunde, amigo mío, comparado con al espectáculo insólito de tantos miles y miles de cuerpos que a diario humillan la cabeza para no levantarla jamás?

No. No está usted en lo cierto. Toda esa dicha ficticia que usted se ha creado para vivir y en la que yo, para mi desgracia, he creído antes de la transmisión de poderes, cuando era, como usted ahora, gerente de …, nada importa, hágame caso, para conseguir o perder ese don inaprehensible que se llama salud.

Usted la tiene, que Dios se la conserve, y por eso habla inconscientemente de esas livianas preocupaciones, que ni lo son siquiera. Yo que la he perdido…

Mi salud marcha mal, amigo mío, muy mal: pero soy tan feliz…

cela 1El alma, como en barbecho en espera de la lluvia, se abre a la comprensión estética.

 He descubierto en un bello libro que me dejó un compañero de Sanatorio, un mundo ilimitado de poesía que desconocía. Me he estremecido al leer los versos de algún poeta, y he pensado que quizá la salud no sea tan importante como creemos, cuando fuera de ella pueden encontrarse insospechadas sensaciones, veladas para la mayor parte de los sanos.

No le deseo verse en mi trance; pero de otra parte, ¡se me antoja usted tan desdichado, sin un solo minuto al día para dejar de preocuparse por la marcha de las cotizaciones! 

En la antigua tradición rosacruz, el alma, simbolizada en la rosa, se abre esperanzada, buscando la luz de la conciencia, desde las vicisitudes y sufrimientos debidos a estar presa en la cruz de la Materia y sus contingencias.

 La muerte llama, uno a uno, a todos los hombres y a las mujeres todas, sin olvidarse de uno solo. ¡Dios, qué fatal memoria!…es doloroso tener que ahogar este cariño inmenso hacia las cosas y hacia los tiernos hombres que han echado raíces en mi corazón. … para lo que está vivo no existe lo que se muere, lo que se pierde implacablemente para la vida, lo que huye del cotidiano dolor de mantenerse, instante a instante, en una ininterumpida continuación de actitudes. Y para lo que se muere, lo que vive y perdura, es una dolorosa presencia que no se aguanta. ¡Dios mío, cómo siento en mis carnes, que pronto os regalarán su dolor y su temperatura el desgarrado dolor de la verdad de lo que os digo!  

Apenas veinte años antes que Cela, otro Premio Nobel, Thomas Mann, había tratado ya estas mismas cuestiones en su memorable obra La Montaña mágica.  El tema y los escenarios vienen a ser los mismos, el sentido de la vida, el amor, la esperanza, el sufrimiento y la muerte, en un tiempo singular y en escenario de sanatorios de cumbres nevadas, en una suerte de nueva acrópolis del espíritu, medio cubierta por un sudario húmedo y blanco. Fatal aunque de formas exteriores cambiantes. Sean Davos en Suiza o la Sierra de Guadarrama en Castilla. Si el paso del tiempo azoriniano se asociaba al paso periódico de Una Lucecita roja, aquí se hace al chirriante de la siniestra carretilla citada.

Un espacio y un tiempo diferentes de los profanos, al contacto con lo numinoso y lo sagrado. Con el sufrimiento y la introspección psicológica que causa.

Sin embargo, el desarrollo estético y, al cabo, la actitud para enfrentar las cosas y la aptitud para entenderlas, me parecen diferentes. Además del propio genio e inspiración personal de ambos autores, creo que cabe entenderlas en relación con las dos diferentes culturas o marcos intelectuales en las que han nacido y crecido.

En Pabellón de reposo no existe la sólida arquitectura narrativa de la novela de Mann. Es una novela más coral o comunitaria, en la que las desdichas, relaciones y amoríos frustrados de los enfermos no distinguen una clara pareja protagonista ni desarrollan, como en el caso de Hans Castorp y Clawdia Chauchat un conflicto amoroso o incluso una cierta iniciación al mundo de la madurez. En la obra de Cela los pacientes son números, los de sus habitaciones y sus relaciones aparecen más bien esbozadas.

Thomas-MannMann nos da nombres y apellidos de los que viven, se preguntan o sufren. Para algunos críticos el autor alemán abusa de adornos o se equivoca desde el punto de vista estético al introducir disquisiciones políticas o ideológicas lo que distrae al lector de la cuestión principal o alarga demasiado la narración. Una forma de escribir propia de Mann con sucesivas ramificaciones y frondosidades desde el tronco principal. Quizás porque él mismo se califica de esteta atraído por el abismo y en tales frondosidades capaces de permitir posar pájaros estéticos pueda también encontrar algo en lo que asirse. En cambio, lo de Cela acaso posee mayor tensión dramática en su brevedad y desnudez formal.

También lo son las diferentes formas de enfrentar el problema de lo numinoso.  En los desolados personajes del Pabellón se manifiesta una religiosidad ortodoxa, convencional dentro del Catolicismo, lo que no estorba sino que agranda las profundas y dolorosas dudas existenciales de los personajes, ni su alternancia entre rebelión y resignación ante el silencio de Dios. La carretilla de transporte de ataúdes es símbolo de esa materialidad descarnada contrapunto de una religiosidad amanerada.

Pero, en cambio, a Hans Castorp el principal protagonista de La Montaña mágica no le basta el dogma establecido y vence su inicial repugnancia a emplear recursos metapsíquicos, incluso espiritistas, para indagar acerca de la suerte de ultratumba de su primo Joachim. Durante su estancia en Davos es solicitado por diferentes fuerzas más o menos profundas o encontradas. De tal perplejidad le saca un hecho aparentemente fortuito. Con ocasión de una arriesgada excursión donde se extravía entre la nieve y la niebla durante la que está a punto de perecer sino extrema su lucha, tiene Davos-2un extraño sueño que le hace comprender que el hombre no debe permitir que la muerte se enseñoree de su pensamiento porque tal es el mandato de la bondad y del amor. Y, en consecuencia, debe aplicar su voluntad a tal fin. El episodio pudiera tener que ver con misma biografía de Mann. Tanto él como Goethe habían experimentado una especie de azul iniciación mediterránea tras su visita a Italia.

Cela no muestra revelaciones parecidas en sus personajes, en los que el sufrimiento no acaba de ilustrar una comprensión metafísica.

No obstante, existen importantes relaciones históricas de fondo entre las culturas española y alemana. Kant nos hace comprender la imposibilidad del conocimiento del noúmeno o Causa en Sí para la criatura atrapada en el fenómeno. En el fondo nada nuevo en la Cultura occidental. Había reelaborado con su propio lenguaje el sentido epistemológico y filosófico de algunas de narraciones simbólicas tradicionales como el clásico Mito de Psiquis o nuestras leyendas Flor de Amores, el Conde de Partinuplés o el Caballero del Cisne y su comprensión del problema de las limitaciones del conocimiento. Jung ya explicaba que una de las formas de expresión de los arquetipos de inconsciente colectivo es el mito y la leyenda. El hispanista Schopenhauer, traductor de Gracián y filósofo en la vieja tradición española de la Voluntad asociada a la cábala sefardita, al que Mann dedicaría un estudio posterior, tendría una importante influencia en las ideas y realizaciones estéticas de Wagner. Lohengrín es una ópera inspirada en el citado mito de Psiquis. El Parsifal y el Tristán en el problema del ejercicio o el desfallecimiento de la Voluntad.  Al cabo, el mundo del Gríal más que conservado en las bellas anfractuosidades de San Juan de la Peña es el de la cosa en sí, donde Tiempo y Espacio se confunden.

praha_puente_de_carlos_v_jpgY desde luego otras influencias más inmediatas o contemporáneas dentro de la Cultura alemana: La toma de consciencia del lenguaje dentro del neokantismo como forma a priori de la mente, como aduce Cassier cuando Mann publica su novela.  O la referencia al espíritu, según el famoso Tractatus de Wittgenstein: “7. De lo que no se puede hablar mejor es callar”.  O del poeta Rainer María Rilke que una década antes había cambiado el fluir del Moldava bajo el puente de Carlos de su Praga natal por el del Tajo desde el de Alcántara.

 

Pabellón de reposo es un libro desolador, La Montaña mágica mantiene un cierto tono optimista pese a las diferentes vicisitudes a las que no son ajenas la muerte. Una está escrita en el ambiente sombrío y reaccionario de la cruel posguerra española. La otra durante los felices años veinte, aunque no tan felices, por cierto, para la Alemania de entre guerras, con sus promesas más o menos arrumbadas de cambios sociales, estéticos e institucionales. Ambas son obras maestras de sendos Premios Nobel.

Puede que todo se deba a diferencias de genio o talento personal de ambos artistas. Pero, ya digo, también el marco intelectual de una y otra creación es diferente. La brillante antigua filosofía medieval española cegó sus fuentes tras la prepotencia escolástica y el monopolio eclesiástico sobre las conciencias. La autoridad versus la propia investigación de la experiencia. Comunidad versus individuo. El jesuita y teocrático Naphta frente al humanista liberal Settembrini.

¿Quién determinaba el verdadero estado y la verdadera posición del hombre? ¿Era el aniquilamiento dentro de la comunidad que lo nivelaba todo, o bien el individuo crítico?

cementerio-guerraSi Cela parece condenar de modo fatal a sus personajes, él mismo acaso también lo es por cierto carácter autobiográfico del texto; Mann piensa que no todo está perdido y deja la suerte del protagonista en la incertidumbre:

¡Vas a vivir ahora a caer! Tienes pocas posibilidades; esa danza terrible a la que te has visto arrastrado durará todavía algunos cortos años criminales, y no queremos apostar muy alto que puedas escaparte. Si hemos de ser francos, nos tiene sin cuidado dejar esta cuestión sin contestar. Las aventuras de la carne y del espíritu, que han elevado tu simplicidad, te han permitido vencer con el espíritu lo que no podrás sobrevivir con la carne. Hubo instantes en los que surgió en ti un sueño de amor, lleno de presentimientos – sueño que “gobernabas” -, fruto de la muerte y de la lujuria del cuerpo. De esta fiesta mundial de la muerte, de esta mala fiebre que incendia en torno tuyo el cielo de esta noche lluviosa, ¿se elevará el amor algún día?

 

Ahora, en estos tiempos de grave incertidumbre, de esa mala fiebre, ojalá encontremos una respuesta afirmativa a tan fundamental pregunta, así como la forma de vencer con el espíritu lo que no podemos sobrevivir con la carne.

Amén.

 

 

 

 

 

Jiménez Lozano y la nostalgia de un mundo deshabitado

Conocí personalmente a José Jiménez Lozano hace muchos años durante un breve encuentro en la librería anticuaria de mi amigo Rafael Molina, junto a la iglesia de San Sebastián. Me lo presentó, estuvo comentando algunas cosas en relación con el Siglo de Oro. Creo recordar que buscaba un libro sobre o de Teresa, Molinos o algún otro protagonista de la  Mística española. No sé.

Cuando Jiménez Lozano se fue, Rafael y yo seguimos charlando sobre literatura. Era un auténtico privilegio hablar con Rafael, que no era un mercader sino un librero de vocación, una de las personas más cultas, acogedoras y amables que he conocido. Tengo la impresión de que cuando vendía un libro se llevaba un disgusto solo mitigado por el consuelo de que el comprador iba a saber apreciarlo. Por amistad o fraternidad bibliófila cómplice que no por negocio, me recomendaba o me buscaba ediciones raras o descatalogadas de libros curiosos. Una vez me proporcionó una ejemplar de Los Borbones en pelota, la irreverente pero lúcida obra de los hermanos Bécquer, que presté al hoy director de ABC y no sé si aún la conserva dadas las obligaciones de su empinado cargo.

Rafael abominaba de los “discípulos aventajados de Robespierre”, como llamaba a los insensibles encuadernadores demasiado dados a guillotinar sin respetar márgenes. Pensaba que uno de los mayores crímenes del socialismo patrio había sido cerrar la antigua Editora Nacional y destruir sus publicaciones so pretexto de que el malvado dictador procuraba mantener la Cultura y Tradición españolas, crimen por lo visto imperdonable para los herederos del sectario Iglesias. Un tipo maniqueo bronco. Un paleomarxista poco amigo de matices y distingos culteranos o de posmodernismos neomarxistas que sostenía que “sólo quedan dos clases sociales. La burguesa y la obrera.”  Y “que el odio entre una y otra tienen forzosamente que existir”.

Era la época de Estudio Uno y luego de La Clave, terribles y peligrosos programas afortunadamente sustituidos gracias al pertinaz socialismo por los exquisitos y filantrópicos Sálvame o Gran Hermano.

Por desgracia, mi amigo Rafael murió muy joven cuando trasladaba sus queridos libros a otro local cercano de la calle Santa Isabel.

No es casualidad, por tanto, que Jiménez Lozano frecuentase su librería. Un centro de pensamiento y de amor a la literatura española en el barrio madrileño de Las Letras. Lugar que guardo con especial cariño pues fue donde yo viví de niño y de joven, en la vecina calle de Amor de Dios protegido por el de mi familia.

Decía Cernuda que no es el amor quien muere sino nosotros mismos. Ojalá. Vamos desapareciendo poco a poco las gentes de las más veteranas generaciones españolas y no me parece que vaya habiendo suficiente recambio.  Como lamentable signo de los tiempos cierran librerías de nuevo y de viejo. Cada vez se lee menos y se ignora más. La prodigiosa Cultura española se ve hoy amenazada por una instrucción pública y una educación cada vez más deficientes y degradadas. Si los arbitristas barrocos soltaban latinajos viniesen o no a cuento para demostrar su erudito estar al loro, ahora lo moderno es colocar alguna bárbara palabreja gringa. Como si el español no tuviese cientos de miles de palabras en su Diccionario y hubiera que usar el comparativamente paupérrimo inglés, lengua de piratas y boxeadores.

El desprecio al español y nuestra Cultura se ha convertido en prenda de honor entre nuestras ágrafas autoridades encaramadas a la cucaña o los infames personajillos de la subcultura de masas vilmente promocionados por los prostituidos media que, como bien sostiene cierta valiente y hoy denostada personalidad política, se enriquecen arruinando a la Nación. Y dando coces a la Gramática.

Jiménez Lozano es una de las últimas personalidades desaparecidas de ese mundo que poco a poco va quedando deshabitado.  Como homenaje a su memoria y como recreo del alma sugiero la relectura de una de sus obras Guía espiritual de Castilla en la que nos invita a un viaje por la Castilla inmensa y eterna. Ese islote de hombres libres que además de por un paisaje, también lo es por el tiempo, por nuestra historia.

Una guía que comienza con la semblanza de una de las joyas del arte español. Nada más y nada menos que la ermita de San Baudelio de Berlanga.  Con su mítico tronco de palmera pétrea de copa iniciática, trasunto del Árbol de la Vida.

Árbol cuyos frutos ojalá permitan un nuevo renacer espiritual, intelectual y cultural de España.  Lo anuncia el salmo hilozoísta: «El Justo florecerá como la palmera»

Descansen en paz.

 

 

 

 

 

De La Peste a La Misión anglosajona

“Pues sabía lo que la muchedumbre en fiesta ignoraba y puede leerse en los libros, a saber: que el bacilo de la peste no muere ni desaparece nunca, que puede permanecer adormecido durante años en los muebles y la ropa, que aguarda pacientemente en las habitaciones, las cuevas, las maletas, los pañuelos y papeles y que quizá llegue un día en que, para desdicha y enseñanza de los hombres, la peste despierte sus ratas y las envíe a morir a una ciudad alegre.”

(Albert Camus, La Peste)

Hace dos meses, el 13 de enero pasado, rendía un homenaje a Albert Camus y a su gran obra La Peste. Hoy, con motivo de la manifestación de otra peste moderna convertida en pandemia, conviene volver sobre el asunto.

En su obra maestra, La Peste, Camus nos habla de una plaga que amenaza la ciudad alegre y confiada como diría otro premio Nobel, Jacinto Benavente. La ciudad dichosa e inconsciente hasta que se manifiesta el mal latente, oculto a los ojos de la sociedad. Cuando apareció la obra se consideró una alegoría del nazismo, esa peste que infectó cuerpos y almas antes de arrasar Europa. También de otro movimiento totalitario, el comunismo, causante aún de más muertes y desgracias. Pero no es cosa del pasado sino asunto de extraordinaria actualidad, la alegoría profética de un mundo que se nos desmorona desde hace unos años sin que hasta ahora hayamos advertido la profundidad y gravedad de la amenaza. En lo que llevamos de siglo XXI parece que vuelven muchos males que creíamos ya erradicados. Como nos advierte Camus: el bacilo de la peste ni muere ni desaparece jamás.

El siglo XXI nos muestra un nuevo proceso radicalmente revolucionario. La emergencia del mal ahora en forma de una nueva especie de comunismo devastador pero sin uniformes, cánticos ni correajes como en los años treinta. Un proceso de disolución del orden social, de la familia, de desestabilización y destrucción de la clase media, víctima de leyes inicuas y de la hipertrofia de lo financiero, transformado en poder absoluto y autónomo, inaccesible en castillo inexpugnable y desligado de lo real. Los nuevos servidores del despotismo y mercenarios del gran capital reniegan de los símbolos patentes de orden y jerarquía. Son agentes de entropía moral, intelectual, económica y social. En el caso de España la situación se agrava con los intentos de descomposición nacional y disgregación en partes independientes y enfrentadas. Sin que se hayan despejado las sospechas sobre cuestiones tan graves como las razones de la falta del preceptivo escrutinio general en las pasadas elecciones, el contenido de los acuerdos del falsario con los golpìstas, o sobre la verosimilitud del Expediente Royuela, la credibilidad institucional entre la gente informada se encuentra bajo mínimos.

Pero la peste se manifiesta y ataca a todos, sin respetar a los inocentes. Mas varían las actitudes de los diferentes personajes ante la peste. Así, el patético y abnegado Tarrou que la combate contra toda esperanza. Entre ellos, me quedo con el heroico y lúcido doctor Rieux, quien «decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar a favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay más cosas en los hombres dignas de admiración que de desprecio

En La Peste Camus, más que como alguien que predice, es decir: pasará esto, hablaba como un profeta: esto va a pasar si no cambiamos tal cosa. En efecto, ciertos profetas nos explican que el futuro de la Humanidad nos amenaza con un modelo mundial global, habitualmente conocido como NOM, parecido al actual chino: capitalista oligárquico, sin libertades, con una pequeña clase dominante con todos los privilegios y el resto de dominados cerca de o en la esclavitud. Una esclavitud terrible e irremisible porque como los prisioneros de la caverna platónica ni siquiera sabrían que existe otra realidad más allá de las sombras que tienen por mundo real. La clase media, base de la sociedad y de la civilización como ahora se entiende, habrá desaparecido. Pero para llegar a esta situación se precisan una serie de pasos. Y desde luego premeditados porque si bien nos advierte Camus: «el bacilo de la peste ni muere ni desaparece jamás», habría que matizar que dicho bacilo puede ser creado, guardado y manipulado y al final soltado para agredir y acabar con la ciudad dichosa, alegre y confiada. Es decir, para obtener objetivos estratégicos inconfesables con métodos criminales.

La Peste fue escrita en 1947, tras los horrores de la Segunda Guerra mundial. Entonces la principal amenaza de la humanidad era el comunismo clásico. Hoy la amenaza es otra forma de despotismo, encubierto o enmascarado en sus primeras etapas,  llamado globlalismo o NOM, uno de cuyos paradójicos instrumentos es el neomarxismo cultural, peligrosa peste que pretende acabar con la civilización occidental.

Desde principios de este siglo algunos autores marginados ya nos advertían de la nueva Peste en ciernes. Una peste no natural sino premeditada, creada e inducida por y desde ciertos poderes ocultos. Sus profecías pueden tomarse como simples especulaciones sin fundamento, desahogo de gentes atormentadas, ensoñaciones de psicópatas, o de intoxicadores mercenarios. Pero que, sin embargo, presentan mayor verosimilitud a la luz de lo que hoy sucede. En febrero de 2010, dentro del Proyecto Camelot, Hill Ryan editaba un curioso vídeo titulado La Misión anglosajona en el que se hacían afirmaciones de gran gravedad, resumen de supuestas filtraciones confidenciales y, como él mismo reconocía, aparentemente fantasiosas e inverosímiles.

En efecto, Ryan se hacía eco en La Misión anglosajona de un supuesto plan de ciertas élites e instituciones para reducir drásticamente la población mundial, a fin de instaurar un nuevo orden, más manejable o controlable, a través de una serie de fases. Estas fases serían:

Un ataque nuclear de Israel contra Irán a la que se le acusaría de poseer armas atómicas, como ya se hizo con Irak.

El consiguiente control militar en Occidente para evitar el pánico inducido.

El empleo de armas biológicas como un virus de gripe genéticamente dirigido contra la población china a la que habría que diezmar. Aunque también tendría graves consecuencias en Occidente.

El comienzo de una guerra mundial generalizada.

Todo ello con el objetivo ya indicado de reducir la población mundial, muy especialmente las razas no blancas anglosajonas.

Según el vídeo de Ryan, los instigadores creen que necesitarían hacerlo pronto. No solo para poder mantener el control de la población mundial de acuerdo con sus intereses sino porque creen que en un futuro no muy lejano se producirá un evento geofísico o astronómico de carácter catastrófico.  Con la radical reducción de la población mundial se prepararía un estado totalitario militarizado controlado por la raza blanca, no por los chinos, que permitiría recuperarse de las terribles consecuencias de estos acontecimientos.

 

Pero, ¿Qué sucede ahora?

Hoy, diez años después, podríamos pensar que ahora también se trataría de impedir la reelección de Trump por lo que su política pretendidamente significa de protección de los Estados nacionales frente a las amenazas globalistas.

Los intentos de los últimos meses de que Israel atacase a Irán so pretexto de sus supuestas armas nucleares han fracasado, de momento. Tampoco provocaciones como las escaramuzas en el Estrecho de Ormuz con ataques de dudosa bandera a petroleros, o el reciente asesinato de un importante general persa han derivado en guerra abierta como pudiera haberse temido.

Sin embargo, lo de la pandemia actual de coronavirus vinculado con China sí que parecería encajar en esta pesadilla anunciada. Veremos pronto la gravedad real de pandemia que hoy ya afecta a países occidentales incluida España, si bien por fortuna con tasas de mortalidad muy reducidas excepto en grupos de riesgo. Aquí se dan circunstancias especialmente favorecedoras para la difusión del mal pese a la existencia de un buen, aunque venido a menos, servicio sanitario. Un gobierno central inepto, chantajeado, fanático y sectario, junto a unas instituciones lamentables como las Autonomías que dificultan el siquiera el conocimiento del avance del proceso y generan barreras para combatirlo, hacen la situación española imprevisible y especialmente peligrosa para la población. En Galicia, donde escribo, me dicen que muchos médicos no disponen de mascarillas, ni menos de protocolos de actuación o información relevante fidedigna, y hasta ahora se encuentran a merced de una burocracia inepta y servil al poder, además del propio virus. Son consecuencia indeseable de la indebida politización de cuestiones eminentemente técnicas que debieran ser tratadas por profesionales y expertos. Aparte de la cuestión sanitaria la economía se ve amenazada. Y las Finanzas están sufriendo una varapalo de escándalo. Hoy, mientras escribo estas líneas, el IBEX 35 cae ¡más de un siete por ciento! Y la Bolsa llevaría perdida desde el principio de la crisis el equivalente a un décimo del PIB. El barril de petróleo baja a los ¡treinta dólares!

En otro desorden de cosas se ha sabido que EEUU va a desplegar unos 20.000 soldados en Europa para participar en el ejercicio militar Defender Europe 20. Una operación en la que participarán decenas de miles de militares y civiles de países de la OTAN con el objetivo de “proteger Europa de cualquier amenaza potencial” pero que puede contribuir a la difusión de la pandemia. O en dar lugar a indeseables situaciones de riesgo de enfrentamiento o escaramuzas militares. En casos anteriores algunos de los simulacros han sido seguidos de atentados reales.

Sea como sea, la crisis del oportuno virus puede blanquear, encubrir o enmascarar otras crisis como la gravísima monetaria financiera internacional y la problemática de lo que se conoce como reseteo. Las economías reales y las Bolsas están sufriendo mucho con la pandemia. Amenaza y Oportunidad. Muchos males estructurales anteriores se podrán achacar al virus. Aquí, en España, los derivados de las actuaciones erradas o inacciones presentes o futuras del actual gobierno comunista golpista. No obstante, a cuenta de la crisis del virus se abren otras posibilidades políticas alternativas de reajustes con nuevas parejas de baile dentro de la casta.

Albert Camus fallecía en un trágico accidente de tráfico el 4 de enero de 1960.

Dicen que en su coche siniestrado se encontró un ejemplar de El hombre y lo divino, obra fundamental de la eximia pensadora española María Zambrano: «la conciencia misma se agranda tras un desengaño del amor, como el alma misma se había dilatado con su engaño. Si naciésemos en el amor y en él nos moviésemos  siempre, no hubiéramos conciencia.»  También Camus, al cabo un humanista, deja al final de su obra un mensaje de esperanza en las posibilidades del hombre.

Es fundamental que ese mensaje sea hoy crítica y comprometidamente renovado. La peste puede y debe servir para agrandar nuestra conciencia.  En la certeza espiritual de que, en la medida que el Hombre sea conciencia y amor, ninguna insidia prevalecerá contra la Humanidad.

Amén.

 

 

 

 

 

Nepotismo fin de régimen

El nepotismo es flor muy extendida en el cruel jardín borgiano de los senderos que se bifurcan y suele florecer tardío como el membrillo e indicar deterioro, decadencia. No siempre. Algunas instituciones se basan en el nepotismo así por ejemplo la monarquía donde el hijo primogénito hereda el poder sea cual sea su cualificación moral o técnica, es decir, sin más mérito que el ser hijo reconocido de su padre.

Así luego pasa lo que pasa. Y los humillados súbditos sufren las consecuencias a la espera que la palme o abdique el afortunado heredero tronado del trono tras algún escándalo insoportable. El reino queda indefenso a merced de sus enemigos. Así pasó tras la muerte de Felipe II, después de Carlos III o sucede ahora mismo.

Pero además del puramente monárquico hay otro nepotismo plebeyo muy extendido cuando el mérito es relegado por razones de parentesco o linaje. Para algunos expertos se trata de una reminiscencia tribal, aunque no hay tribu que prospere o siquiera se mantenga sin acudir de algún modo al mérito y la virtud. De un conflicto entre razón y modernidad versus instinto por razones de genética o sangre.

Don Camilo el del Premio lo cuenta, no sin crueldad, en Tobogán de Hambrientos con el ejemplo modélico de la dinastía Blattidae fundada por el señor Ramón Sorbas Purchena, alias Rey Mago o también Morueco, por ser el padre y cabeza visible de todo un batallón. Claro que el oficio del Rey Mago Sorbas no está encumbrado en los más altos designios de la Patria sino el mucho más modesto e inocuo de decorar botijos.

El gran Miguel Espinosa lo explicaba así en palabras del cínico mandarín Cara Pocha:

Todo bergante pretende ser objeto de un destino. Los compromisarios manifestaron un día: “En verdad que nacimos para el Mando”; sus queridas añadieron: “No hay duda: la Divinidad  pensó en el compromisario y su amante”.

Sí. La amante como la mula, delante, para que no se espante. En efecto, una variante especialmente nociva se produce cuando el nepotismo es de pareja y la “lógica” de las conveniencias de alcoba, dominación sexual o de los celos, sustituye a la de las ideas. Este es el dominio preferido de lo irracional, del mundo de la pasión, de la emoción no sometido a la razón. Un escenario de suyo inestable pero nefasto para los administrados. Hay quien coloca a su mujer, querida o concubina en altos puestos para los que no está preparada. Si antes al tópico cacique de derechas se le criticaba por poner piso a la querida, ahora, con la posmodernidad neomarxista hembrista y sablista los costes directos corren a cuenta del erario público y los indirectos los sufren todas las infinitas víctimas de sus incompetencias y arbitrariedades.

Mas continúa el mandarín Cara Pocha impartiendo doctrina: “Dos fuentes de sabiduría hay: el instinto natural y el juicio sobre lo conveniente; este último se llama Premeditación…. El instinto resulta superficial. Sólo hay verdadera profundidad donde el juicio comienza a servir lo conveniente… Al Reino de la Naturaleza pertenecen las Cosas Primeras, como la razón, la materia, los animales, las mujeres, los niños, el Pueblo, los dioses y los lógicos; al reino de la Premeditación, las Cosas Ultimas, o cosas de mandarines… La Premeditación  no inventó los dioses, como piensan superficialmente algunos, pero sí el empeño de hablar en su nombre…  La Premeditación usa cuatro diccionarios: el primero para hablar con la Divinidad, diccionario falso; el segundo para hablar con el Pueblo, diccionario falso; el tercero para hablar con la Historia, diccionario falso; y el cuarto para hablar consigo misma, diccionario cerrado. Es costumbre esperar un Quinto Diccionario, verdadero y abierto, también llamado Diccionario de Aquel Día tan Debido o del Gran Juicio y su Justicia. Mas conviene saber que nunca habrá Quinto Diccionario….”   

La espera del mundo de la Justicia puede ser larga y nunca llegar a feliz resultado. Sea como sea la teoría de los preceptistas, o la naturaleza íntima de tal diccionario cerrado, la historia nos enseña que el nepotismo siempre permanece al acecho, nunca es erradicado del todo y prospera en su mejor hábitat natural donde el mérito y la vocación no son valorados.

El nepotismo es una exhibición de poder contra natura. Mando yo y hago cualquier fechoría porque me da la gana. Calígula nombró cónsul a Incitatus, su caballo español preferido, con similar desparpajo al que otros nombran ministras de la Corona.

El régimen acabará más pronto que tarde. Bien por la fatal acción terminal de sus propias nocivas instituciones o, más difícil, por la rebelión impremeditada de sus víctimas. Pero las siguientes hordas de nepotes paniaguados esperan ansiosas su turno. Pese a lo que indican sus hechos favoreciendo a barraganas y parientes, dicen que los socialistas pretenden erradicar la familia para mejor destruir la sociedad e imponer su tiranía. Pero aunque lo lograran, nunca dejará de haber parientes a los que favorecer aunque sean colegas de probeta.

Pese a Huarte de San Juan y su pionero Examen de ingenios el sistema al que el famoso cónsul Nepote cediera su nombre pervivirá internamente.

 

 

 

 

Letizia, la reina impaciente

«Una reina no debe tener pasado» (Jaime Peñafiel)

Aunque ya existían reveladores trabajos pioneros de difusión limitada, boicoteada o casi clandestina, parece que dentro de esta conciencia de fin de Régimen en la que hoy nos movemos se va levantando la veda que protegía el conocimiento y comprensión de la auténtica realidad de los Borbones.

Hace poco glosaba el reciente trabajo de Joaquín Abad sobre Juan Carlos I, hoy vamos a dedicar unas líneas, creo que el oportunista texto no merece mucho más, al libro hagiográfico sobre Letizia Ortiz, convertida en reina consorte de España. Su título: Letizia La reina impaciente. Su autor es un periodista argentino llamado Leonardo Faccio que vive en Barcelona.

En realidad, más que un libro medianamente estructurado es un repertorio o antología de cotilleos, dímes y diretes acerca de las aventuras amorosas de la hoy reina Letizia. Escrito con cierto desorden expositivo, en el que abundan extemporáneas incursiones históricas, muchas de ellas desafortunadas, tergiversadas o fuera de contexto.

La misma familia de Letizia según se cuenta parece sacada de alguno de los libros de Cela como La Colmena o Tobogán de Hambrientos. Ella misma constituye ejemplo de algo tan viejo y manido, tan poco «moderno», «feminista» y «progresista» como la utilización del sexo o de sus supuestas amistades con poder para el ascenso en la escala social.

Tampoco queda en un papel muy lucido su entonces novio, Felipe de Borbón, encubriendo el aborto de Letizia a los reyes de modo  que no tuviesen más poderosos argumentos para impedir una boda tan inconveniente. Según Morton, biógrafo de Lady Di: «el niño que se sentía asfixiado por su madre, ha elegido a una pareja dominante y controladora».

En un relato algo confuso a lo largo del texto aparecen y desaparecen sucesivos amantes. En el libro de Abad ya citado, el autor dedica una especie de útil epílogo o apéndice de fichas con las más conocidas entre sucesivas amantes y queridas de Juan Carlos I que viene muy bien como guía para el lector. Sin embargo, aquí se echa de menos una solución similar mediante un desplegable o mapa mental con sus sucesivos amoríos, puestos profesionales o de poder que ocupaban, sus matrimonios y similares datos informativos para que el lector que se aventure en estas páginas no se pierda. Creo que sería más útil e interesante que la bibliografía general que se ofrece al final.

En realidad, el escaso interés del libro se agota casi del todo en estos menesteres amatorios puestos al servicio de una insaciable ambición. Se dice que Letizia era agnóstica y republicana antes de su sacrificada y heroica renuncia a ambas cualidades para acceder al trono como reina consorte. Lo de agnóstica es cuestión personal de su conciencia aunque lo de casarse con tanto bombo y parafernalia católica en la catedral de la Almudena no parece muy coherente. Es de suponer, visto lo visto, que lo de republicana no lo sea en su sentido estricto, o como se emplea en otras naciones que tienen esta forma de gobierno, sino en el equívoco español de confusión con el rojerío totalitario, socialista, comunista y demagógico. Precisamente todo lo opuesto al verdadero republicanismo.

Sobre el tema del consumo de drogas el autor del libro cita a Petersen, quien «recuerda que ella era parte de un grupo al que llamaban los Muéganos… Hacían todo juntos: el sexo, la comida, la bebida, todo lo hacían en comunidad.» Y su jefe y amante entonces, el editor Luis Miguel González, explicaba que: «Digamos que era un grupo muy liberal. No en el sentido norteamericano del término, sino muy tolerante con el tema sexual o las drogas».

Más allá de estos lances, algunas de los aclaraciones del libro no dejan de sorprender. Así, por ejemplo, el motivo de la famosa trifulca con su suegra a la salida de cierto acto en la catedral de Palma. Un momento de gran violencia aún más triste y preocupante por el feo gesto de la nieta heredera rechazando airadamente a su abuela paterna. Al parecer, según explica el autor, la reina Sofía con su intento de acercamiento para fotografiarse con sus nietas habría vulnerado un supuesto pacto con su nuera para que las niñas no fuesen retratadas en ningún acto o templo religioso. Lo que de ser así creo que aún sería peor, porque la mala educación y descortesía de la que se hace gala resultaría premeditada y al servicio del sectarismo y fanatismo anticlerical, en olvido de la propia dignidad de los afectados así como de la condición sagrada del lugar.

Mi opinión es que pese a su vocación hagiográfica como intento de lavado de imagen de un personaje antipático e incluso temido y odiado en algunos medios y sectores sociales, el libro no lo consigue. Incluso pudiera resultar contraproducente.

Estamos en Cuaresma de modo que mi recomendación es que si el lector quiere hacer penitencia de ese modo se arme de resignación y paciencia para leerlo. Y si no, que ofrezca los 18,90 euros del precio a alguien más necesitado que seguro lo agradecerá.

Letizia, la reina impaciente. Leonardo Faccio

Editorial DEBATE, Febrero 2020.

237 páginas. 18,90 euros

 

 

 

 

 

El Señor Presidente

El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel 1967, no es solo otra novela del fantástico género de dictadores hispanoamericanos, que comenzara con la extraordinaria Tirano Banderas de nuestro Valle Inclán.

Benemetrio de la patria era el presidente de la nación al que no le importaba la cualidad de su mandato sino su reelección. Dicen que es el trasunto del dictador Manuel Estrada Cabrera. Otros, que lo mismo igual nos pilla más cerca.

El Señor Presidente ha recibido en palacio a otro señor presidente de cómplice banda rival y pura raza indígena, quijada lobuna. Dos turbios tiranos encanallados dispuestos a cualquier crimen, mohatra, desfalco o felonía para mantener su feliz gobernación, que se reconocen y temen sus respectivas mañas de tahúres. Sesudos políticos tartufos, carcamales de la más docta veteranía en conjuras, trapisondas y cabildeos, no aventuraban una timba tan espinosa de responsabilidades y tan contraria a la adulación cortesana sin haberse previamente garantizado la impunidad borbónica, ni entendido con el filantropófago amo oculto.

Cara de Ángel, íntimo colaborador de El Señor Presidente era bello y malo como Satán. Por orden implacable del Señor Presidente, egregio amigo Cara de Ángel recibe de tapadillo a dulce encanto Delcy Rodríguez diente y maletas de oro. Dulce Encanto es el nombre del afamado prostíbulo de Doña Chón Diente de Oro. Antro de perdición caribeña con coca, niños y niñas a disposición, solaz de extorsionables corrutos e incautos esclavos de sus más degenerados vicios.

In illo tempore, antes que el montonero subversivo Bergoglio descubriera las virtudes pachamamanescas, los confesionarios subían y bajaban de la tierra al cielo, elevadores de almas manejados por el Ángel de la Bola de Oro y el Diablo de los Oncemil Cuernos.

El Señor Presidente no puede mantenerse sin la espiral de desarrapados cuya teórica y quimérica liberación pretende justificar su feliz gobernación ni menos sin su abultada horda de favoritos psicópatas encanallados y plumíferos ditirambo alabanciosos que le protegen y la hacen posible.

En verdad os digo que el Señor Presidente necesita pobres y así hace más pobres para mantenerse. La noche los reunía al mismo tiempo que las estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del Señor sin más lazo común que la miseria, maldiciendo unos de otros, insultándose a regañadientes con tirria de enemigos que se buscan pleito. Ni almohada ni confianza halló jamás esta familia de parientes del basurero. Con las promesas electorales olvidadas hasta una nueva mano de cartas marcadas se acostaban separados, sin desvestirse, y dormían como ladrones, con la cabeza en el costal de sus quiméricos tesoros. Tras la muerte violenta e inesperada del Coronel José Parrales Sonriente, alias el Hombre de la Mulita, huyeron aunque no pudieron escapar a la redada.

Desde luego las pasiones humanas, sobre todo en la política, llevan a las más extremas resoluciones.

 

 

 

Camino de servidumbre

Mientras escribía la reseña del reciente libro de Joaquín Abad sobre el Rey Emérito don Juan Carlos I me vino a la memoria otro, todo un clásico del siglo XX. Me refiero nada más y nada menos que el titulado en España Camino de Servidumbre, obra del Premio Nobel Friedrich Hayek. Un libro importante y de gran actualidad pese a haber sido publicada la primera edición ya en un lejano 1944, durante las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.  Fue traducido por el que fuera mi profesor de Teoría Económica II en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, don José Vergara.

No voy a hacer una reseña a estas alturas de un libro tan importante y tan conocido pero si me permito invitar al lector a su relectura, que ofrece notable luz en estos tiempos de incertidumbre y zozobra en que tantas amenazas para la libertad asoman por el horizonte.

El índice de la obra ya es significativo. Apartados como El camino abandonado sobre las bases individualistas de la civilización moderna. O la utopía del socialismo democrático.  O la alternativa de una economía dirigida no es el laissez faire, sino una estructura racional para el funcionamiento de la libre competencia. El valor último es la libertad y no la democracia…

Muy actual, no hay más que ver quienes están en lo más alto de la cucaña borbónica, la reflexión de por qué los peores se colocan en cabeza.  O cómo los presuntos fines sociales justifican todos los medios. O, ahora en que las zurdas españolas utilizan tanto el término fascista como insulto, sobre las raíces socialistas del nazismo, “no todos están dispuestos a reconocer que el nacimiento del fascismo y del nazismo no fue una reacción contra las tendencias socialistas del periodo precedente, sino producto inevitable de aquellas corrientes. Es un hecho que la mayoría de las gentes no querían ver cuando ya se percibía desde lejos la semejanza de muchos rasgos repulsivos de los regímenes interiores en la Rusia comunista y en la Alemania nacionalsocialista. Como resultante de ello, muchos que se consideran infinitamente por encima de las aberraciones del nazismo y que odian sinceramente todas sus manifestaciones se afanan a la vez por ideales cuyo triunfo conduciría directamente a la tiranía aborrecida…

En este orden de cosas cabe recordar la deriva totalitaria del PSOE, tanto en los tiempos de Largo Caballero o Negrín, cuanto en la actualidad con los gobiernos de ZP o el falsario afectos al neomarxismo y aliados o agentes del comunismo.

Para Hayek, “si vamos a construir un mundo mejor, hemos de tener el valor de comenzar de nuevo…quienes más claman por un Nuevo Orden son, sin duda, los que más por entero se hallan bajo el influjo de las ideas que han engendrado esta guerra y la mayoría de los males que padecemos… Si hemos fracasado en el primer intento de crear un mundo de hombres libres, tenemos que intentarlo de nuevo. El principio rector que afirma no existir otra política realmente progresiva que la fundada en la libertad del individuo sigue siendo hoy tan verdadero como lo fue en el siglo XIX.”

Esto lo decía Hayek en 1944 y hoy sigue siendo tan válido aquí y ahora en el que llevamos andadas muchas etapas del camino de servidumbre como lo era en tiempos de Cervantes. Así, por ejemplo, en La Gitanilla: “en este mi baxo cobre/ siendo honestidad su esmalte/ no hay buen deseo que falte/ ni riqueza que no sobre/ no me causa alguna pena/ no quererme o estimarme/ que yo pienso fabricarme/ mi suerte y ventura buena”.

O bien:La libertad es uno de los más preciosos dones que los hombres dieron los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Pues eso.

NOTA: Camino de servidumbre puede leerse en versión digital pinchando aquí.

 

 

Descubriendo a Juan Carlos I

El veterano periodista Joaquín Abad acaba de publicar un libro títulado Descubriendo a Juan Carlos I.  Un título no sé si del todo acertado ya que es un personaje cuya verdadera catadura moral muchos observadores hemos descubierto hace tiempo, y en el que apenas hay demasiados datos auténticamente novedosos. Se trata de una mini biografía del Rey Emérito, es de suponer que no autorizada, en la que se revisan algunas de las principales hazañas del personaje sobre todo en sus abultadas facetas amatoria y comisionista. Si bien al principio del libro se glosa la traición del entonces príncipe en el tema de la Marcha Verde y el Sahara y sus complicidades con el sultán de Marruecos según aparecen en documentos filtrados por la inteligencia norteamericana. Y también existe alguna alusión al papel en el autogolpe del 23 F, por las posibilidades para el chantaje que ofrece tan espinoso y manipulado asunto.

Pero, sobre todo el pequeño libro trata de lo que Su Majestad el Rey Emérito entiende por “negocios” y amoríos.  Una especie de peculiar devocionario borbónico que tiene la virtud de decir sin muchos tapujos lo que se ha tratado de tapar gratis et amore o por miedo a las amenazas o las represalias sufridas por algunos cronistas durante varias décadas hasta la inesperada abdicación.

Según el autor se recorren 37 años de la vida y amores del Rey Emérito, en realidad son más años pues también habla de sus primeras amantes y bastardos, recordando múltiples peripecias y aventuras aunque con no mucho análisis sobre la influencia que haya tenido esta conducta tan poco ejemplar en el desastroso estado actual del Reino. Que, no obstante, se puede colegir por el altísimo sentido del honor y la honradez de sus más íntimas amistades económico- financieras. Manolo Prado, Ruíz Mateos, el príncipe Zourab Tchokotua, los Albertos, Javier de la Rosa, Conde, entre otros menos famosos.

No es de extrañar que un breve capítulo se dedique al “pánico a los dossieres de Jordi Pujol”.  Blindaje eficaz de la siniestra familia del padrino catalán.

También otro apartado muy sustancioso va dedicado a las filantrópicas aventuras del yerno Urdargarín y su ocultación de dinero del botín aprovechando una fundación para la teórica ayuda a niños descapacitados. O el tráfico de influencias para intentar colocar al entonces aún “presunto” al otro lado del charco, lejos de España.

En el libro se sostiene que el número de amantes reales supera el millar, aunque no ofrece datos sobre el de hijos bastardos. No se pasa revista a cada uno de esos amoríos, lo que me temo que en vez de un libro daría lugar a una biblioteca borgiana de Babel, pero sí a algunos de los más notables o sustanciosos. María Gabriela de Saboya, Carla Olghina de Rabilant, Sarita Montiel, Carmen Díez de Rivera, Bárbara Rey, Marta Gayá, lady Di, Nadiuska, Paloma San Basilio, Anne Igartiburu, Julia Steinbusch, Deborah Norville, y acaso el más triste de todos por su lamentable y sospechoso final, el de la joven actriz Sandra Mozarowsky.

Por supuesto que la falsa princesa Corinna Larsen es protagonista principal, y se comentan algunos de sus más sonados escándalos como amante y comisionista.

Un curioso resumen de las no precisamente ejemplares de las actividades de un personaje egoísta, turbio, sin empatía, que aunque sólo fuese por los extraordinarios privilegios que ha disfrutado sin merecerlos debiera haber tenido más sentido de la dignidad propia y sobre todo del país que supuestamente representaba. Pero que, pese a su abdicación, continúa a salvo de la jurisdicción de los tribunales de Justicia que según dice la constitución se administra en su nombre. Un pasado del que aún no se puede pasar página porque, lamentablemente, el heredero de la Corona se comporta como si siguiera atrapado por estas deudas del pasado lo que acaso explique su falta de respuesta en defensa de España, a los ataques que nuestra Nación está sufriendo por las propias instituciones de la Monarquía.

 

Descubriendo a Juan Carlos I, por Joaquín Abad

Edita Cibeles Group, CCL, 2019 (185 + 26 páginas)

15,60 euros

 

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