Artículos, solfas y epistolarios
Diputaciones, ¿no gracias?
El liberalismo pretende acotar el Estado al tamaño y orientación necesarios para posibilitar el desarrollo de la sociedad civil, de esa sociedad abierta que es la verdadera protagonista del progreso y bienestar de los pueblos cuando no es aherrojada o ahogada por la voracidad insaciable del Estado.
Ahora que el jinete apocalíptico de la crisis va a tener que ir desmochando presupuestos “como sea” se intenta acabar con las diputaciones. Es evidente que se debería buscar una mayor coherencia entre artefacto y proyecto, pero dentro de una necesaria reordenación de la administración territorial española, acaso inspirada en los principios y métodos del presupuesto base cero, lo que más falla y es fuente de mayor despilfarro, cuando no directamente de perjuicio para los derechos civiles de los españoles, es toda la parafernalia bien cebada del calamitoso Título VIII de la constitución.
En las CCAA uniprovinciales cabe recordar que el presente aparato de poder autonómico deriva del engorde de la antigua diputación provincial respectiva.
Las CCAA sumaban en el primer trimestre de este año 94.621 millones de euros de deuda destacando Cataluña con más de la cuarta parte del total. Galicia es quinta en este podio del entrampamiento con 5.244 millones de euros, el 5,5 % del total y aproximadamente el 45 % de su presupuesto. Cada gallego debe 1883 euros. En relación a su PIB, la peor es la Comunidad valenciana con el 15,1 % y Galicia es quinta, con un 9,6 % de su PIB después de la citada Comunidad Valenciana, Baleares, Cataluña y Castilla La Mancha. La trampa está repartida sin colores políticos lo que prueba la maldad del sistema.
El presupuesto actual de la Xunta es de 11.685 millones de euros mientras que el mayor de las diputaciones gallegas, la coruñesa, es de 178,5 millones de euros.
En el caso de Galicia parece que las tareas más inmediatas deberían ser otras que la eliminación de las diputaciones, al menos mientras tengan que suplir las carencias más notables de ciertos municipios que apenas cuentan con infraestructura técnica y administrativa para cubrir las necesidades de sus pocos y dispersos vecinos. Así, antes de eliminar las diputaciones habría que abordar otra tarea importantísima aunque políticamente incorrecta en los dos niveles territoriales superior e inferior a las mismas.
Reducir los 315 ayuntamientos con sus 31.550 núcleos de población, a una cantidad más razonable ¿una tercera parte? de acuerdo al nivel tecnológico de hoy y las mayores facilidades para la comunicación y el transporte. Y es que de modo semejante a las parcelarias, se debería realizar una concentración municipal que permitiese organizar mejor y dotar de servicios eficientes a los administrados reduciendo en cambio puestos de políticos y malvados concejales de urbanismo. Sin olvidar que entre las obligaciones de un ayuntamiento no debería estar la de divertir con innumerables festejos a los vecinos.
Y en el escalón superior a las diputaciones, más pronto o más tarde será preciso reducir la Xunta a una dimensión acorde con la que debería tener para mejor servicio de los sufridos administrados y no convertirse en una fuente creciente de poder, y sinecuras. Pues lo de la Xunta actual también es centralismo mal imitado del tan denostado madrileño, pero ni siquiera con el consuelo del “del jefe y del mulo, cuanto más lejos, más seguro”, tan cierto en algunos casos. Y es que nos hallamos ahora ante otro estado centralista, autoritario, que celoso de su poder oficia en su propio latín ceremonial ad hoc, ordenancista, particularista hasta preferir tantas veces lo propio a lo bueno.
Dado el nivel de deuda, cuya tendencia es a empeorar, la administración regional debería plantearse devolver competencias a la administración central y haciendo voto solemne de evitar la tentación funesta e insolidaria de imitar procesos como los del lamentable, ventajista y suicida estatuto catalán.
En este desorden de cosas, Unidades administrativas discriminatorias con todo su despilfarro asociado como la de Política lingüística, deberían desaparecer, incluso merecer la atención del fiscal en pro de los valores constitucionales, la convivencia y la defensa de los derechos civiles de todos los españoles. Que, se encuentren en la parte de España donde se encuentren, tienen derecho a emplear el español.
Y es que lo que de verdad le importa al administrado es comprobar como los enormes impuestos que se ve obligado a pagar para sostener tanta carga burocrática y en tantos niveles redundantes no se destinen a gastos suntuarios o superfluos, cuando no para discriminarle, sino que le permitan contar con buenos y bien dotados servicios en educación, sanidad, infraestructuras, justicia o seguridad y es a tales funciones, algunas hoy en precario, a las que se debería dedicar toda la atención y esfuerzo, especialmente en momentos de aguda crisis. El chapucero sistema autonómico español es insostenible y estamos llegando al final de la escapada. O bien se va a un sistema verdaderamente federal pero caro como en EEUU o se vuelve a uno centralizado más barato y seguramente eficaz como en Francia. Mejor un gobierno que dieciocho. Y un parlamento que diecinueve, incluido el Senado.
La mejor celebración de la llamada patria gallega sería contribuir a que las cosas sean mejores cada día y día a día. Y creemos que esto se lograría mucho mejor con la reorganización total de su administración territorial de modo que fuera pequeña, eficaz, profesional, barata y neutra desde el punto de vista ideológico. Es decir, que se diera la vuelta a la situación presente. Pero nadie está por la labor. Ni lo estará hasta que nos asomemos al abismo.
Publicado en ABC Galicia, 26 de agosto de 2010
Galeuzcolas
Un liberal debe celebrar que se fomente y proteja la iniciativa de la sociedad abierta, padres, profesores, fundaciones, también en el campo de la educación y de la formación. A estas alturas ya no parece tan necesario, por ser valores constitucionales y comúnmente asumidos, defender la libertad de cátedra, imprenta u opinión, como lo fuera en el lejano siglo XIX cuando un grupo de catedráticos fundaron la Institución libre de enseñanza para tratar de educar y formar en los valores comunes al uso europeo casi cerrados para los españoles por el ultramontanismo de la época. Pero los Sainz Rueda, Azcárate, Giner de los Ríos, al defender la libertad, buscaban abrir a la juventud nuevas visiones humanistas mediante actuaciones como las luego llevadas a cabo por la Junta para la Ampliación de Estudios dirigidas a expandir la conciencia a revisar racionalmente nuestras tradiciones en el sentido de conocer y adoptar lo bueno si mejora lo propio, aún a costa de cerrar el sepulcro de Castelao o de El Cid bajo siete llaves.
Eso tendría con el tiempo consecuencias beneficiosas para el progreso de la cultura española, contra el caciquismo y a favor del ejercicio de los derechos civiles, la movilidad personal, laboral, profesional y social de la gente.
Pero ahora, “Culo veo, culo quiero”, nuestros nacionalistas autóctonos se ponen a imitar no a los viejos institucionalistas de humanismo universalista sino a sus sectarios colegas galeuzcos del País vasco y Cataluña en versión indigenista con grelos y cachelos del famoso Deutschland über alles que tan tiernamente cantaban las juventudes hitlerianas y que tantos días de gloria traerían sin duda a la Gran Alemania y a toda Europa.
No deja de ser curioso que tal totum revolutum de totalitarios, pesebristas o caballeros de mohatra, defienda ahora la libertad cuando ha medrado a base del abuso, la imposición, la subvención y en condiciones de verdadera libertad de mercado desaparecería o tendría una presencia marginal. El que los estalinistas del BNG se conviertan ahora a las virtudes de la libertad de empresa y el ejercicio de los derechos civiles debería maravillarnos si no resultara nueva impostura, porque hasta ahora lo suyo ha sido lo contrario, sin desdeñar prácticas para-mafiosas contra los no adictos.
Dentro de esta renovada carcundia anti liberal, frente a la tradición carlista precedente histórico del galleguismo, hoy dicen pretender una educación fuera de toda influencia religiosa. Salvo la del propio “gallego” que, cual hierofanía sagrada, tendría aquí una condición mística, sacramental, taumatúrgica: “Vivir en gallego”. El gallego como eucaristía metafísica, fe redentora y Grial de los caballeros del presupuesto redondo.
Es la invención ritual de una mítica Galicia sin ombligo, nacida de la cabeza del Zeus celta ya con armadura neo-lingüística risco-niana y todo. Un forma totalitaria de paganismo porque el verdadero laicismo, una de cuyas primeras formulaciones se debe a Pitágoras, se basa en la tolerancia y en la duda epistemológica sobre las condiciones de lo sagrado y lo numinoso. Es una virtud propia del fuerte y del sabio. Es decir, no es apto para fanáticos ni sectarios. Ni nos parece demasiado coherente en aquellos que lucen la estrella invertida del diablo en su propia bandera.
El ninguneo de la lengua española precisamente en España y para algunos españolitos que lamentablemente apenas se pueden defender es un crimen del que son principales víctimas sus seguidores más humildes que lamentablemente habrán de pagar ese arancel idiomático en forma de incultura, obstáculos a la movilidad social o servidumbre, más que para el resto de españoles contra los que se quiere romper lazos de afectos y experiencias vitales comunes.
Y lo del pluralismo mueve a risa en una organización dominada por los estalinistas.
Pero Dios los cría y Stalin (o Castelao) los junta. No se ve mucha viabilidad al invento en condiciones de libertad y competencia verdaderas, pero, de prosperar, quizás mejore la situación del resto de educadores y educandos para trabajar en libertad.
Publicado en ABC Galicia, 15 de agosto de 2010
De lo viejo y lo nuevo
Atrapados en el día a día no solemos reflexionar con perspectiva sobre lo que nos pasa. En una anterior crisis española, la del 98, se echaba la culpa de los males a “los viejos”. Pero en esa generación del 98 que, como decía Baroja, ni era generación ni era del 98, el pequeño filósofo intentaba matizar el asunto: “Lo viejo es lo que no ha tenido nunca consistencia de realidad, o lo que habiéndola tenido en un momento, ha dejado de tenerla para ajarse y carcomerse. Lo viejo son también las prácticas viciosas de nuestra política, las corruptelas administrativas, la incompetencia, el chanchullo, el nepotismo, el caciquismo, la verborrea, el “mañana”, la trapacería parlamentaria, el atraco en forma de discurso grandilocuente, las “conveniencias políticas” que hacen desviarse de su marcha a los espíritus bien inclinados, las elecciones falseadas, los consejos y cargos de las grandes compañías puestos en manos de personajes influyentes, los engranajes burocráticos inútiles…”
Y prosigue la concisa prosa azoriniana: “no necesita el lector que le recordemos que nada, ni el mundo físico ni en el moral, se produce incausadamente, nada puede considerarse como primero, todo tiene sus raíces en el tiempo y se haya engendrado por una vigorosa concasualidad….”
¿Cuándo se nos estropeó el invento? O siempre fue así y nuestra ceguera o nuestros anhelos de mejora no nos permitieron reconocerlo. El lector tendrá su opinión pero probablemente, aunque todo tenga su origen en el tiempo, cabe encontrar el embrión de muchos de los vicios de nuestra actual existencia política, social y económica en la propia constitución. Y en el proceso constituyente realizado como de tapadillo, sin mandato expreso o convocatoria a Cortes constituyentes, y, más en concreto, especialmente en la chapucera y matemática incompatibilidad sistémica del Título VIII.
Acaso la idea de que nuestro sistema político constituye una verdadera democracia nunca ha tenido consistencia de realidad. Ha resultado una ensoñación dulce devenida en un despertar amargo. Y ha bastado la entronización de un demagogo peligroso y contumaz para poner en el escaparate todas nuestras vergüenzas.
Porque, como se preguntaba un desencantado Damián Isern: “¿puede vivir ordenadamente un Estado en que, en casi todas las esferas de su actividad jurídica los hechos van por un lado y el derecho va por otro?…el Estado se declara monárquico en su constitución y resulta en realidad oligárquico. Se declara constitucional y resulta despótico. Se declara parlamentario y en las Cortes nada se resuelve por las discusiones y las votaciones, sino por componendas entre bastidores…”
Pero, ¿por qué estas mismas cosas se repiten una y otra vez en la Historia de España? Pasan porque la Nación, que es el devenir del pueblo a lo largo del tiempo, las fomenta, las ampara o cuando menos las consiente.
¿Qué puede ser lo nuevo? Lo nuevo sería la existencia de un pueblo consciente, libre y responsable. No se puede echar el vino nuevo en odres viejos, pero ¿hay vino verdaderamente nuevo?
¿Nos importan verdaderamente los valores metafísicos que informan y sostienen la Democracia, y, al cabo, la civilización occidental?
En vez de personajes en busca de autor, aquí en España es el autor el que busca personajes para la representación, que se identifiquen con su papel de verdaderos ciudadanos, porque si no sólo nos queda vieja o nueva tramoya para renovar la misma farsa.
Publicado en ABC Galicia, 12 de agosto 2010
AUSTERIDAD
La situación española es muy grave. Ya es un tópico afirmarlo. No sabemos qué puede pasar en unos meses. Incluso puede que no pase nada y la carcoma nos siga corroyendo por dentro algún tiempo más hasta que el derrumbe sea ya insalvable. Nos encontramos ante la problemática del cambio controlado de las sociedades afectadas por importantes condicionantes estratégicos o de recursos. Es decir, cuando el cambio es inevitable. Y por tanto no queda otra alternativa que asumirlo y tratar de gestionarlo o resignarse a que otros lo asuman por nosotros. Pero a mi juicio se hace demasiado hincapié en el aspecto económico y financiero de esta crisis y se olvida o relega en los análisis otros aspectos que no son menos importantes: me refiero a la crisis institucional, a la política y de identidad. Y dentro acaso de la de identidad de cierto sentido espiritual de la existencia. No en el sentido de ninguna confesión religiosa en concreto sino en el de la conciencia o no de ser hombres libres, de tener responsabilidades hacia los demás y hacia nosotros mismos, de buscar un sentido a la vida. Que tenemos derechos pero también deberes. Que existen valores metafísicos a promover y respetar también en el ámbito de nuestra conciencia y de nuestra conducta.
En consecuencia, una primera premisa para salir de la crisis es que desarrollemos en nosotros mismos la voluntad de servir a, de realizar, ese universo de valores metafísicos. Con cambios de conciencia y con cambios de conducta. Por patriotismo, por decencia o simple instinto de supervivencia, sin ella acaso no habrá posibilidad de salvar la crisis institucional y política ni probablemente la económica. Cuando hay decencia no hacen falta tantos auditores ni regulaciones.
A grandes males, grandes remedios. Al menos como ejercicio intelectual de comprensión de la realidad, conviene revisar lo qué nos pasa. Se habla de la necesidad de austeridad presupuestaria. Se dan instrucciones de recortar partidas hasta un 60%. Cuando no se ha interiorizado la gravedad y alcance del problema tal austeridad suele acaecer que el más pobre o desprotegido paga el pato. Ni siquiera su pato, el de los demás. Pero a su costa se salvan privilegios e intereses basados en el abuso o la rutina.
Organizar es relacionar objetivos con medios, con recursos, de modo que aquellos se puedan satisfacer adecuada y razonablemente. Es preciso redefinir objetivos. Si queremos salvar el Estado de bienestar no queda más remedio que redimensionar el Estado de las autonomías, cuyo crecimiento monstruoso y desordenado está poniendo en peligro no sólo las relativas conquistas de nuestro Estado de bienestar sino también en ciertas regiones, la libertad política y los derechos civiles. Es preciso redefinir objetivos de acuerdo con la misión o razón última de ser de una institución. Para proteger a la Nación y al bienestar de los españoles es necesario redefinir nuestro Estado y volver a ponerlo al servicio de España y no al revés como ahora sucede.
En el caso de las CCAA, y de Galicia en concreto, habría que empezar a realizar un proyecto paralelo de presupuesto “sombra” o de referencia basado en los criterios del conocido como presupuesto base cero. No por criterios históricos de aumento de lo que ya hay, valga o no valga, sino de proteger lo que de verdad importa, las misiones básicas del Estado. Jerarquizando actividades por orden de importancia para el ciudadano y llegando hasta donde se pueda.
Pero dirá el amigo lector que me haya seguido hasta aquí, cómo es posible ser tan ingenuo: ¿quién puede democratizar el Estado para ponerlo al servicio del ciudadano?
¿Cómo pedir austeridad al despilfarrador impune? ¿Cabe solución intramuros del sistema?
Es verdad. Pero existe el precedente no tan lejano en el tiempo aunque en sí en lo moral de la Ley de Reforma política donde el cambio fue impulsado por quien le perjudicaba.
Publicado en ABC, Galicia, 29 de julio 2010
Discurso de Rivera, Ciudadanos, en el Parlamento catalán
En estos tiempos de confusión, de río revuelto, ganancia de pescadores, mohatreros
y tramposos, se agradecen vivamente y reconcilían con la Política entendida en sus más noble sentido, discursos como el de Albert Rivera, en el parlamento catalán con motivo de los intentos de esta cámara autonómica para desmantelar el Tribunal constitucional y el Estado de Derecho. Merece la pena escucharlo hasta el final.
Y es que tiene la virtud de hablar claro, de explicar lo que pasa. Y lo que aún nos puede pasar.
Toda una lección de Política, derecho constitucional y, al cabo, de sentido común. En el fondo y en la forma.
Cohn-Bendit en el Parlamento europeo
Interesente intervención del lider de los Verdes, Daniel Cohn Bendit, en el Parlamento europeo.
Aporta datos y criterios sobre la problemática financiera europea que no sólo podría ser de aplicación a Grecia.
Pero no solo son finanzas, sino formas diferentes de entender la realidad.
Norte y Sur, ciencia y superstición, instituciones y caciquismo, libertad o tiranía.
(En francés, con subtítulos en español).
De Churchill a Steiner
El pasado martes en la La Coruña durante la celebración del congreso sobre “Lo que de verdad importa“ se pudo vislumbrar bien, tanto por las ponencias como por la reacción del númeroso público participante, la profundidad del fenómeno de las carencias actuales en la educación, esencialmente en el universo de los valores.
El asunto no es nuevo. Una de las reflexiones más lúcidas la hacia Churchill cuando reflexionaba sobre el genuino sentido de la democracia:
“Digo que lo que menos representa a la democracia es la ley de la chusma y el intento de introducir un régimen totalitario y de clamar por el fusilamiento de de todos los que políticamente estorben, haciéndoles figurar entre los presuntos eliminados en virtud de la acusación, muy a menudo infundada, de haber colaborado con los alemanes durante la ocupación. No hagamos caer la democracia tan bajo, no consideremos la democracia como si consistiese meramente en adueñarse del poder y fusilar a quienes no concuerdan con nosotros. Esto es la antítesis de la democracia.
La democracia, dije, no se funda en la violencia o el terrorismo, sino en la razón, en el juego limpio, en la libertad, en el respeto de los derechos de las demás personas…..
Yo confío en el pueblo, en la masa del pueblo de casi todos los países, pero me gusta asegurarme de que trato con el pueblo y no con una partida de bandidos de las montañas o del campo que piensan que pueden, por la violencia, derribar la autoridad constituida, y, en algunos casos, antiguos parlamentos, gobiernos y estados…”
Lección de un héroe que no se doblegó y que no estaría de más que tuviéramos presente en la crispada y decadente España actual. La democracia, pues, no es sólo cosa de números, de mayorías. No por ser más se tiene más o alguna razón. Pitágoras ya nos advertía que el Universo es una combinación armónica de números e ideas. Para que las cosas funcionen como sistema deben funcionar también sus partes. No puede haber ni persistir una democracia sin demócratas ni una república sin republicanos. Ahí aparece el sentido social de la educación en el mundo de los valores metafísicos.
Y también la responsabilidad de los intelectuales que parecen desaparecidos en nuestra patria. Hace unos años tenía la oportunidad de reseñar un libro de Gorge Steiner que describia una experiencia del gran intelectual en una conflictiva escuela patera de las afueras de París ayudando a una joven profesora en su casi heroica tarea al borde del permanente ataque de nervios. Un librito sobre cómo enseñar a pensar en la escuela: “Elogio de la transmisión”. Enseñar a pensar y enseñar a respetarse unos a otros. A aprender a conllevarse al menos si es que no se quieren estrechar los marcos de convivencia.
Curiosamente en la España actual la amenaza a nuestra convivencia, bienestar y desenvolvimiento espiritual, intelectual, social y económico como pueblo no se encuentra tanto extramuros del sistema como decía Churchill cuanto dentro de las propias instituciones que muchas veces combaten a la Nación a la que deberían servir.
Pero una cosa es el pueblo y otra los bandidos. Una diferencia se encuentra precisamente en la educación.
Isis, ¿sin velo?
Hace ya más de ocho años escribía en el periódico gallego de mayor difusión sobre este tema preocupante y recurrente del avance del fanatismo islamista a rebufo de un falso laicismo o cuando menos de las libertades cívicas en los países occidentales. Probablemente, aunque no lo parezca a primera vista, uno de los más graves para el futuro de una Europa en libertad.
Y aunque muchas veces los textos periodísticos resultan flor de un día, debo decir que podría volver a suscribirlos hoy mismo.
Así, entre otros:
http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2002/02/19/970040.shtml
http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2002/03/06/992415.shtml
http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2002/05/30/1106237.shtml
http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2002/09/20/1239879.shtml
Pero en todo este tiempo han ocurrido muchas cosas en España. Y aunque buena parte de la sociedad española aún se resiste a las imposiciones, lamentablemente parece cada vez más desnortada y confusa ante el bombardeo cotidiano de lo progre y lo políticamente correcto.
El P. Gabilondo, ministro de Su Majestad para cosa esa de la Educación, tan lejano en el tiempo, pero también en el conocimiento y en la moral de los Giner de los Ríos, Sanz del Río o Besteiro, anuncia una Ley de Libertad religiosa que vistos sus autores debiera reforzar el temor y zozobra sobre el futuro que nos espera. Porque dentro de la impostura e hipocresía generalizada que caracteriza al presente gobierno es de temer que lo de la supuesta libertad religiosa más que en protección de derechos civiles, fomento de un sano, pacífico y tolerante laicismo devenga por el contrario en un ataque al Cristianismo que es una de las históricas bestias negras del socialismo, y al que ha sustituido o pretende sustituir del todo en su singular alianza con el Trono.
Y con ello no haría sino volver a equivocarse. “Quién no confunde se confunde” decía Unamuno y nuestros ministros se quiebran de sutileza en confusión y desvarío demagógico.
La primera confusión quizás sea sobre el sentido del verdadero laicismo que basa el comportamiento moral público en la ética, es decir, en aquello que es común para todos los hombres: en la naturaleza humana y no en creencias basadas en la fe o no demostrables. Son corolarios: la igualdad ante la ley, la libertad de cátedra, conciencia e imprenta y la libertad de cultos pero fuera de los centros escolares o públicos.
Otra sobre los límites del laicismo. El laicismo surge históricamente para defender a la gente del fanatismo religioso, de las guerras y persecuciones provocadas por la religión. Para que no haya más noches de san Bartolomé o socarramientos de herejes como festejo público presidido por piadosos reyes en palcos engalanados.
El laicismo verdadero, una de cuyas primeras formulaciones se encuentra ya en Pitágoras, no pretende perseguir a las religiones sino reservar el fenómeno religioso al ámbito de lo privado y en singular de la conciencia.
Tampoco se puede confundir como hacen miembros y miembras del gobierno zapateríl, el multiculturalismo excluyente con el pluralismo tolerante.
La tolerancia es una virtud del fuerte que se deriva de la comprensión de que ningún método de conocimiento es tan perfecto como para que se pueda acceder a la verdad absoluta. Consciente de esas dificultades epistemológicas se pueden comprender o tolerar diferentes concepciones como propias de la imperfección humana. Pero no a los que desde su propia finitud intentan imponer coactivamente su concepción a los demás.En la tradición egipcia y luego helénica, está dificultad para conocer lo numinoso se solía representar simbólicamente como el velo de Isis. Sólo desvelada por la muerte o por la falsa muerte provocada durante los antiguos Misterios.
La tolerancia establece unos límites que sobrepasados deben suponer el rechazo. Porque más allá de esos límites que pueden ser absolutos – Ley moral- o relativos, de acuerdo a las contingencias históricas, se producirían graves lesiones de los valores de orden superior que es preciso proteger: Libertad, Justicia, Bien, Belleza, Paz,
Si una cosa laudable es tolerar otra muy distinta es el consentir como hacen el débil o el hipócrita. Defecto o vicio zapateril en el que el que predomina el cálculo, el disimulo, la cobardía o la duplicidad. Esto explica que se consientan las fechorías del Islam, de los nacionalistas periféricos o de dictadores tercermundistas, mientras se exacerban más allá de lo razonable las críticas a otras instituciones políticas o religiosas.
El observador barrunta que detrás de ciertas propuestas de la Feliz gobernación zapateril se encuentra la ocurrencia de que la mejor manera para debilitar a su enemigo, la religión cristiana y la Iglesia católica en particular, sea importar otra religión y enfrentarlas. Pasen y vean: la lucha entre el Papa y el ayatolá. Entre párrocos e imanes.
Si ya no es posible recrear una anacrónica y sincrética Alejandría entre los bárbaros, subvencionemos que los bárbaros tomen Alejandría y terminen quemando la Biblioteca y la tolerancia que representaba. Un planteamiento devastador, cainita y suicida como propio de ZP, convertido en nuevo traidor conde don Julián.
A todo esto dirá el paciente lector que ha llegado hasta aquí. Pero bueno, menos rollo y al grano, ¿velo sí, o velo no?
Es sabido que en España lo del velo no es cosa sólo del Islam: hasta hace muy pocos años especialmente en áreas rurales era muy común, y en algunos lugares, obligado, el que las mujeres llevaran velo para salir a la calle o para actividades religiosas cristianas. Incluso a la puerta de algunas iglesias se ponía el sacristán, piadoso congregante u otro personal masculino autorizado por el párroco para exigirlo o revisar el resto de la indumentaria femenina, largo de falda o mangas antes de dejar entrar al recinto sagrado.
Pues, como el lector habrá deducido, mi opinión basada en el laicismo tolerante es que en la actividad pública: velo no.
De conversos, cuentistas y cuentos
Visto lo visto, los principales próceres del pertinaz socialismo hispano buscan hacerse o redondear su fortunita. Si no aprecio por sus votantes o por sí mismos, porque tales comportamientos parecen ser síntomas de grandes desequilibrios emocionales y carencias morales, sin duda no les falta el que tienen por su abultada cartera. Si “el espíritu ha muerto” como insinúa Mutis no ha lugar para el pensamiento, ni menos para la meditación, o la voluntad de hacer realidad ciertos valores humanos. Sólo queda el buscar rebaños más o menos embrutecidos que mandar y la hierofanía de la pasta. Con factura o sin IVA.
¿Los suyos?
Puede haber taras de reminiscencias históricas tales como el amor por la hacienda ajena, la prepotencia, la propensión al fraude y la picaresca, la inanidad moral e intelectual.
La habilidad para el engaño o la mohatra. La pereza oriental, o el renovado síndrome del cristiano viejo adaptado a los nuevos tiempos en los que los que más presumen son los más sospechosos de franquista judaizantes o hijos de franquista judaizante. Convertidos, como otrora, en feroces y tartufos inquisidores de los demás. Y con los mismos o semejantes fines: el saqueo del sus haciendas y la conservación de un poder absoluto y sin cortapisas que sólo ha de responder ante “Obama” y la “historieta”, contada por la Sexta.
Pues, por ejemplo, ¿qué tiene que ver un señorito hípico como Bono con su votante modal, los agraviados, reales o supuestos, por los antiguos señoritos, de los que el citado Bono resulta ser un aventajado ejemplo?
No se sabe. Acaso se pueda aventurar que los próceres socialistas actuales se benefician de una caricatura de cierta visión cristiana mixtificada, según la cual el Salvador (Zapatero, Bono, el PSOE…) ha de redimir a los pobres de la Tierra…famélica legión.
Dejad que se acerquen a mí para que los pueda ver desde mi ático, y reírme en silencio de su estulticia y de su ignorancia, en algunos casos culposa.
Para prosperar en este valle socialista de sinecuras y lágrimas hay que tener fe. Mucha fe no ya en el propio valer y actuar que la carne es flaca, sino en los próceres de la buena nueva socialista, auque falten las obras. Obras que tampoco son de este mundo del ladrillo salvo ciertas fortunas de origen incierto.
Los antiguos franciscanos querían una Iglesia pobre. Los dominicos, por el contrario, decían que pobre ya había sido Jesús y que con eso bastaba, que la iglesia debía ser rica.
Que siendo rica tendrían más poder y paradójico prestigio social. Que era preferible un buen sermón, siquiera engañoso, al testimonio cotidiano de entrega, solidaridad y pobreza.
Ya no queda ningún “franciscano” conocido en el actual socialismo, si es que alguna vez los hubo. Abundan, en cambio, las amistades más o menos íntimas o escandalosas con publicanos, prestamistas usureros, fariseos simoniacos, puteros, invertidos, Anases, Caifases y arrebatacapas. Y un florido pero hipócrita y falaz discurso pergeñado en barrocos sermones desde los púlpitos electrónicos o de la prensa vespertina independiente de la mañana.
En un conocido cuento del Decamerón, el de “El judío converso”, cierto rabino marchó a Roma y luego volvió a Jerusalén convertido al Cristianismo. Se maravillaban de tan insólita novedad sus antiguos amigos y correligionarios. ¿Qué te ha sucedido? ¿Tropezó tu caballo en el camino? ¿Ha sido el santo ejemplo del Papa y la Curia los que te han movido el alma, amigo Mosé, hasta tu conversión?
No por cierto. Es mi reflexión sobre un hecho asaz prodigioso. Si toda o casi toda la jerarquía del Cristianismo romano roba, engaña, mata o fornica sin trabas, disimulos ni escrúpulos y, sin embargo, la gente aún sigue creyendo en ellos, ¿acaso no hay algo sobrenatural en la Institución?
La buena nueva del socialismo ibérico sostiene que no se ha de ser impío sino creyente.
A falta de obras sin duda en España hay mucha fe para creer los “motivos para creer” electoralmente anunciados por Zapatero.
El votante modal del otro gran partido español quizás dotado de algún mayor espíritu crítico, aunque no mucho, también está dispuesto a tener fe en lo que no se ve ni probablemente nunca se verá. Que la lánguida y agnóstica oposición que dormita plácidamente mientras parece confiar únicamente en el desencanto o apostasía de los antiguos fieles del pertinaz socialismo, pueda realizar algo útil para sacarnos de este marasmo antes que el desastre devenga insostenible.
Tendré que preguntar a nuestro buen rabino jerosolimitano qué me aconseja para que pueda conservar las razones para creer en nuestra Monarquía parlamentaria.
Republica.es
El nuevo periódico digital de Pablo Sebastián que pretende “abrir el campo a la información y a las ideas y colaborar en la salida de la crisis y la reforma democrática” se estrena ahora en el aniversario de la desquiciada y malbaratada Segunda República española. Y con un nombre, República. es, que nos trasmite esperanza a muchos aunque no exenta de desconfianza y desencanto hacia sus logros reales históricos. Esperanza que, en su momento, movió a muchos grandes intelectuales españoles: Marañón, Ortega, Machado, Pérez de Ayala, Unamuno,…y esperanza arrumbada hacia el ocaso como diría doña Maria Zambrano, entre otras muchas causas por el sabotaje interior de muchos supuestos republicanos que, en realidad, querían hacer su revolución comunista o sectaria, o, al menos su propio botín.
Un intento de rescate de España fracasado quizás por las mismas razones que hacen tambalear al actual régimen político. El fanatismo, el sectarismo, la visceralidad, la incultura, el desasosiego provocado por el imperio de la injusticia, la mentira, la mohatra o la impostura.
Visto lo que ha quedado de la Estrella digital desde su marcha, se echaba de menos la opinión de Pablo Sebastián ortónimo y sus heterónimos, el perro Marcello, Aurora Pavón, junto a otros clásicos maestros del periodismo como, entre otros, Martín Ferrand que titula su columna con gran sentido del humor “Crónicas geriátricas”.
Confiemos en que puedan llevar a cabo sus intenciones de búsqueda de la función social y de contrapoder de la prensa digital e impresa.
De modo que ¡mucha suerte y a colgar su enlace!
NOTA: Muy interesante y culto el texto de Luis Racionero sobre el significado estético y ritualístico de la fiesta de los Toros
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