Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Agradecimientos

De regreso a Galicia quiero dedicar unas líneas a agradecer al Ateneo de Cáceres y a su actual presidente, Javier Domínguez su amable invitación para hablar nuevamente sobre El Quijote.

En especial sobre el contenido de mi libro Los Misterios ocultos de El Quijote, objeto de anteriores comentarios y entrevistas.

Presidido por Dulcinea, el acto se celebró el pasado jueves ocho de junio en el salón dedicado a estas ocasiones de su preciosa sede del palacio del marqués de Camarena.

Fue presentado por el ex presidente del Ateneo, Esteban Cortijo y por Agustín Luceño, fisioterapeuta internacional y artista.

 

Mi gratitud a la Institución cultural cacereña y a sus representantes, así como al numeroso público asistente por haber hecho posible una velada tan grata de homenaje a los valores metafísicos, espirituales, simbólicos heterodoxos, de la magna obra de la Cultura española.

 

NOTA

Para información adicional sobre este tema puede consultarse:

Entrevista en la radio

Entrevista para Periodista digital

Entrevista en la TV de Castilla La Mancha

Reseña en La Razón

Conferencia: El pensamiento político de Cervantes

Conferencia en la Real Academia de Medicina

El Quijote y la Música

Cervantina

Sobre la posible relación entre la obra de Cervantes y la de Shakespeare

Teresa, Cervantes y los libros de caballerías

Otros artículos y textos sobre Cervantes y su obra

 

 

 

El Mitreo de Mérida

He tenido el honor de que el texto que sigue a continuación haya sido publicado como dossier en el número 17 de la revista del Ateneo de Cáceres que acaba de salir al público. Lo reproduzco aquí para aquellos posibles lectores interesados que no tengan acceso directo a la dignísima revista del Ateneo de Cáceres.

Mi agradecimiento a esta importante y veterana Institución cultural extremeña por su generosa hospitalidad.

  

Desde hace solo unos pocos años abiertos al público, los restos arqueológicos conocidos oficialmente como la Casa de Mitreo constituyen uno de las antigüedades más importantes y evocadoras de Emerita Augusta, la gran ciudad romana capital de la provincia de Lusitania.

En realidad, pese a haberle sido adjudicado un nombre algo equívoco y que mueve a la confusión,  nos hallamos casi con toda certeza ante los restos de un bastante bien conservado templo mitraico, en los que se puede inducir la relación entre continente y contenido, entre arquitectura sagrada y liturgia. El mitreo es un subterráneo artificial en forma de gruta de reducidas dimensiones utilizado como santuario o templo en el mitraísmo. Es famoso el hallado en 1934 en la iglesia de Santa Prisca de Roma.

Aquí en España se muestra otro junto a la muralla romana y la actual catedral lucense. Cabe la posibilidad de que el extraordinario santuario hoy conocido como Santa Eulalia de Bóveda también situado cerca de Lugo, que tantas interpretaciones diferentes ha originado, se correspondiese con la parte inferior o mitreo de un templo romano. Se sabe que la parte superior de este antiguo templo romano fue destruida y se ubicó una iglesia cristiana en su lugar.

Pero, volviendo al área monumental de Mérida, en efecto, existe un mitreo claramente dispuesto y diferenciado en dichas antigüedades arqueológicas emeritenses. Un mitreo que desde luego no debiera ser confundido con lo que las pintorescas descripciones oficiales llaman “las habitaciones subterráneas” e “interpretan” como ¡¡¡“dormitorios de verano”!!!

Tan notable confusión pudiera ser interesada. Sin embargo, parece ser que Mitra y el mitraísmo significan poco hoy, incluso para el público culto español conocedor de las diferentes religiones establecidas actuales. No en vano a lo largo de los siglos la religión dominante en España ha tratado de borrar las huellas de las tradiciones religiosas precedentes en las que se ha inspirado sino basado, o incluso a veces asimilado como propias. Y el culto mitraico no sólo es una de esas tradiciones, sino, acaso junto con los restos del pitagorismo recogidos por Platón en su obra filosófica, los misterios eleusinos y dionisiacos, la de mayor influencia en la formación del Cristianismo original o primitivo por parte de Saulo de Tarso, más conocido como San Pablo.

 

Mitraismo y Cristianismo

De acuerdo con cierta historiografía moderna, Saulo habría sido un hombre cultivado, nacido en Tarso una ciudad de Asia Menor. Un judío cosmopolita que ni conoció ni fue discípulo del Maestro Jesús protagonista de tan hermosas, iluminadoras y poéticas peripecias  descritas en los evangelios pero cuya existencia histórica real no está totalmente probada. Según tales interpretaciones vigentes desde el siglo XIX, el Maestro Jesús sería otro de los héroes o divinidades solares cuyas biografías míticas resultan semejantes en lo que se refiere a los datos astronómicos. Para muchos investigadores a partir de la escuela racionalista de David Strauss que buscaba la realidad del Jesús histórico, Saulo sería el verdadero fundador del Cristianismo, ya que habría abierto una inicial variante del judaísmo acaso ligada de modo más o menos estrecho con los nacionalistas zelotes al universo espiritual, intelectual, político y social más amplio de los gentiles. Un movimiento que tras la toma del poder político del antiguo Imperio romano durante la etapa del emperador Constantino y aprovechando su gran aparato de Estado, se transformaría en la poderosa religión hoy conocida. Para tan decisivo cambio sincrético y estratégico, Saulo habría asimilado diferentes tradiciones iniciáticas, esotéricas o mistéricas de la Antigüedad reconvirtiéndolas e introduciéndolas en el nuevo culto que se habría originado en Palestina con planteamientos más localistas o restringidos al judaísmo y en todo caso, diferentes.

No obstante, algunos autores contemporáneos llevan el asunto de la creación del Cristianismo incluso aún más allá y tratan de demostrar que los textos neotestamentarios en realidad carecerían de la antigüedad que se les atribuye. Constituirían una obra apócrifa de Lactancio y Eusebio de Cesárea, compuesta durante varios años a instancias del parricida emperador Constantino y dirigida a establecer una religión monoteísta que fortaleciese al Imperio Romano y en especial, la propia autoridad imperial personal. Para ello habrían empleado diversos materiales, mitos y tradiciones anteriores a las que habrían dado un discurso o forma de cierta coherencia. Entre ellas las tradiciones hebreas del Antiguo Testamento y los Misterios, en especial en lo que se refiere al culto solar. La figura fundamental de la nueva religión se identificaría con la de otros héroes o divinidades solares, desde los Vedas a los Misterios.

Sea San Pablo el verdadero fundador del Cristianismo o bien con posterioridad, Lactancio y Eusebio de Cesárea, el caso es que ya en el siglo II el filósofo Celso se refiere entre horrorizado y despectivo a los cristianos a los que considera una horda, fanática oriental opuesta a la concepción aristocrática de la Vida y de la Cultura, una forma de lumpen ignorante y subversivo que pretendía igualar a todos por abajo sin diferenciar sus méritos o virtudes, dispuesta a socavar la Tradición, que podía poner en riesgo las instituciones romanas. Es posible que tales gentes fueran distintas a las que en un grupo más reducido, ligado a los Misterios, celebraban sus reuniones en catacumbas o incluso instalaciones subterráneas mitraicas. Probablemente adaptando a su propio plan los símbolos de Mitra, tan queridos a los romanos, en especial a sus legiones.

Pero sean quienes fueran esos cristianos a los que el filósofo Celso se refiere, el caso es que no existe arquitectura cristiana hasta el siglo IV, ni iconología cristiana hasta el siglo III. Una iconología inequívoca, que vaya abandonando de forma clara el estrecho parentesco semiótico con otras tradiciones gráficas paganas o hebreas veterotestamentarias tampoco se encuentra hasta ya el siglo IV.

Un aspecto curioso de esta iconología que parece querer ir disimulando la identificación del cordero (agnus) con el agni o fuego védico lo constituye la notable evolución de su imagen a partir del siglo IV.  Al principio se sustituye el inicial cordero nimbado con el sol y portador de la cruz por otra figura con cabeza humana.  Luego aparece solo la cabeza nimbada. Luego se puso la cabeza humana en la intersección de dos brazos de la cruz. Tras el concilio de Constantinopla a finales del siglo VII se ordena representar el cuerpo entero de Jesús sobre la cruz. No sin ciertas reticencias, como muestra la imagen del cordero portador de la cruz en la cripta de la iglesia de Sos en Zaragoza. A partir del siglo XIII la figura dramática del Cristo clavado y sufriente en la cruz, semejante a otras anteriores de Prometeo o Baal, se adopta con carácter general.

En algunas imágenes se muestra la forma de mandalas al estilo oriental, con la figura espiritual principal en el centro geométrico de la composición. Es frecuente la figura del Buen Pastor y del cordero que suele asociarse a la del alma del cristiano. También aparecen personajes psicopompos acompañando el alma del difunto. Ambas están influidas por el culto del fuego, agnus, agni o por los misterios de Eleusis (Demeter / Proserpina) o de Orfeo (Orfeo / Euridice).

La imagen del Sol y del fuego, asimilada por el Cristianismo a Cristo y al cordero, procede de los Vedas. La antigua Trinidad védica del Sol (Savistri) el Padre celestial; del fuego (Agni), hijo y encarnación del sol, y del Espíritu (Vayu), el soplo, ha sido adoptada también como dogma fundamental por el Cristianismo. El ritual o ceremonial católico de resurrección del fuego oficiado el Sábado santo presenta reminiscencias de ritos védicos.

También cabe asimilar a las antiguas ceremonias védicas de reparto del cuerpo místico de Agni la propia comunión cristiana.

Son importantes también las relaciones entre los Vedas y el Mitraísmo persa como luego veremos.

 

Mitra y el mitraismo

Pero sea como sea nuestra opinión sobre este asunto, conviene repasar brevemente qué fue el mitraismo para apreciar mejor las similitudes que el posterior culto cristiano tendría con dicha tradición religiosa e iniciática precedente.

Decía el conde de Canilleros que Extremadura era “la tierra donde nacían los dioses”. Pero había otros héroes dioses, “enviados” para el progreso o desarrollo espiritual de la Humanidad, muy anteriores a los de la Conquista a los que se refería don Miguel.

Así, Mitra es hijo de Ahura Mazda u Ormuz, el Principio del Bien zoroastrino. Nace simbólicamente en el templo mitraico de Mérida, y como el sol o el Maestro del Cristianismo el 25 de diciembre, cuando el sol, tras el solsticio invernal, comienza a elevarse sobre el horizonte. Nace dentro de una montaña lapis o piedra sagrada lo que tiene su correspondencia con una de las versiones de naturaleza del grial, la que le identifica con una piedra sagrada caída del cielo. Suele acompañarse su figura con pastores. Mitra representa al Sol. Lleva un gorro frigio inclinado hacia adelante sobre su cabeza de simbolismo semejante al del ureaus de los faraones egipcios. Es decir, el símbolo de la diosa egipcia Uadyet o energía kundalini elevada desde la base de la columna vertebral hasta la frente, hasta los chacras superiores. Lo que significa la realización espiritual y la renovación o desmaterialización del cuerpo astral o intermediario.

Tiene dos servidores portadores de antorchas, Cautes con el fuego hacia arriba. Cautopates con el fuego de la antorcha hacia abajo. Día y noche, se asocian al Tiempo, porque el héroe solar, dios o avatar, dentro del eterno retorno ha encarnado en el Tiempo, para desarrollar una serie de trabajos iniciáticos de carácter mítico y filantrópico. El Tiempo es origen de la Creación y del Mal tras su manipulación  por el demiurgo, (Ahrimán) que en el culto mitraico se asocia al toro que se ha de combatir después de ser robado, como en otros mitos iniciáticos, y llevado a una caverna, donde vencido el demiurgo en forma de toro nace el principio espiritual. También nacen en una caverna, por ejemplo, Zeus, Hércules, El Quijote iniciado o el propio Maestro Jesús.

Cautes y Cautopates muy probablemente sean la adaptación mitraica de los Asvines védicos, que simbolizan a Venus, en forma de Estrella de la Mañana o Estrella de la Tarde, pero que acompañan al sol en su movimiento aparente desde la Tierra y han venido a este planeta para combatir al demiurgo enemigo de la Luz. Otras variantes suyas son la pareja mortal e inmortal formada por Castor y Pólux, que tendrían su trasunto en el Cristianismo con la pareja Santiago San Millán famosos protectores de la caballería cristiana.

Mitra tendría un aspecto masculino y otro femenino. Por una parte es el Señor del Sol, de otra, representa a la Naturaleza receptiva y terrestre que fructifica cuando la baña la luz solar. Mitra tiene un componente de Logos o inteligencia mediadora entre Ormuz y Ahrimán que se disputan el alma humana. Desde el punto de vista esotérico, atendiendo a la naturaleza triple del Hombre, Mitra representaría el cuerpo fluido, el astral, el Ka, el periespíritu o el “alma” de la tradición esotérica. Es decir, no la dualidad de cuerpo y alma de las religiones exotéricas, sino el intermediario entre el Espíritu y el cuerpo material o bioquímico. Cuerpo astral que ha de ser regenerado mediante la iniciación para lograr un mejor acceso al mundo espiritual.

Existe un Mitra relacionado con los Vedas como hemos indicado brevemente. Pero el culto mitraico influyente en Occidente fue fundado por los sacerdotes magos zoroastriano antes que el cristiano y extendido luego como ya hemos indicado por los militares romanos a lo largo del Imperio.

Mitra realiza una serie de trabajos simbólicos que son recreados en las iniciaciones o misas mitraicas. Así, como ya hemos visto, dentro de la caverna o templo mata al toro, cuya sangre se hace caer sobre los recipendiarios situados en una estancia o cavidad inferior. Da de comer y beber a sus fieles o adeptos su carne y su sangre en una especie de comunión, simbólicamente similar por otra parte a la del kykeon de los misterios eleusinos, ambas muy anteriores a las instauradas más tarde por el sacramento cristiano.

El culto de Mitra es otro ejemplo del propio de sociedades secretas antiguas cuyas leyendas son representaciones del sol y de sus trabajos. El iniciado mitraico se hacía Uno con Mitra, imitaba y formaba parte de la Divinidad, de modo semejante al cristiano que desea imitar y unirse a Cristo.

Los perros que acompañan a Mitra significan la lealtad, la confianza, la sinceridad. En cambio, la serpiente se identifica comúnmente con Ahrimán.

El asunto tiene una grandiosa representación cósmica o astronómica. Orión caza al toro, la constelación de Tauro, (constelación Taurus, cuya estrella más brillante es Aldebarán) acompañado por los dos canes (constelaciones Canis major, estrella alfa Sirio, y Canis minar) y se opone en el teatro cósmico a la constelación de Serpens (o, según otros, a la de Scorpius) situadas en el lado opuesto de la esfera celeste. Los templos mitraicos, también el de Mérida, poseen representaciones de fuerzas cosmológicas y zodiacales.

 

Los misterios mitraicos

Una vez repasadas las nociones elementales sobre lo qué fue el mitraísmo se pueden apreciar mejor las similitudes que el posterior culto cristiano tendría con dicha tradición religiosa e iniciática precedente.

Si los misterios de Eleusis tuvieron gran influencia en la Cultura griega e incluso en el helenismo tardío, el mitraísmo fue una de las tradiciones religiosas e iniciáticas más importantes en la Antigüedad, especialmente en Roma. Dominante en el ejército, fue extendida a lo largo de todo el Imperio por las legiones romanas. Muchos de los oficiales romanos, incluso emperadores, se hicieron iniciar en el culto de Mitra.

Los Misterios constituyeron una de las Instituciones espirituales más notables de la Antigüedad clásica. Trabajaban en paralelo, pero con autonomía de las religiones oficiales que, dirigidas a un público general de gentes con menores inquietudes espirituales o de menor capacitación intelectual, explicaban mitos religiosos o literarios con carácter exotérico. Por el contrario, dirigidos a un grupo minoritario, más selecto, de pensadores, filósofos, artistas, gentes de mayor capacitación intelectual o moral, los Misterios mostraban de modo más o menos experimental las realidades espirituales, esotéricas, inefables o difícilmente comunicables de otra forma. De algún modo, experiencia en vez de creencia. De carácter aristocrático, como comunidades reservadas, muchas de las grandes personalidades de la Antigüedad fueron iniciadas en unos u otros Misterios.

Los Misterios variaban en cuanto a contenidos míticos pero en cuanto a método coincidían en tratar de establecer de modo experimental y no meramente dogmático la existencia del alma así como otras realidades espirituales diferentes del espacio tridimensional y del sentido común del Tiempo. Pretendían ayudar al hombre a despertar sus poderes espirituales, que dormían en su alma presa en la cárcel del mundo material y de las pasiones.

Generalmente eran una especie de psicodramas u obras dramáticas sagradas que se representaban de modo reservado para los admitidos a la iniciación y durante ciertos momentos del año, comúnmente equinoccios o solsticios.

Sin embargo, de modo semejante al soma de los Vedas, parece ser que en los más importantes además de la representación dramática de las peripecias de algún dios o héroe solar, también se realizaba una especie de comunión con alguna sustancia de carácter enteogénico. En Eleusis, uno de los Misterios más importantes que perduró durante casi veinte siglos, se cree que el brebaje sagrado Kykeon incluía cebada contaminada con cornezuelo del centeno o de otras gramíneas. Su componente era similar desde el punto de vista bioquímico al moderno LSD. En los dionisiacos, el brebaje llevaba uva fermentada junto con otras sustancias psicogénicas. Se inducía así una experiencia espiritual de extraordinaria influencia en la vida posterior de los iniciados que la experimentaban. Estas ceremonias y sus preparaciones serían antecedentes de la comunión mitraica y luego cristiana, esta última de carácter simbólico, sin propiedades enteogénicas.

En los Misterios cabe resumir que se dramatizaban dos clases fundamentales de enseñanzas, más o menos combinadas según los casos:

Los mitos de regeneración o floración y fructificación vegetal propios de las sociedades agrarias, ligados a un héroe solar que padece la muerte causada por el Mal y el desmembramiento, cuyo cuerpo luego suele ser dado a los fieles como alimento espiritual (Osiris, Tammuz, Atis, Adonis, Mitra, Orfeo, Dionisos, Balder,… el Maestro Jesús). Se trata de la escenificación del mito del dios que muere. Por medio de ceremonias o rituales iniciáticos que simbolizaban la purificación y la regeneración, el dios resucitaba y se convertía en salvador. Así, identificado con su propia entidad divina oculta el hombre realizado ha conseguido superar su naturaleza inferior, dominar sus pasiones o apetitos para manifestar la versión más elevada de sí mismo.

Los mitos relacionados con algún agente psicopompo que participaba en alguna aventura iniciática de rescate del alma o de un elemento simbólico espiritual o sagrado (Ishtar, Demeter, Orfeo, Jasón, Horus,… el Maestro Jesús).

El mitraismo participaría sobre todo del primer grupo.

La iniciación mitraica también constaba, como otras, de tres grados fundamentales, aunque el último desglosado.

Tras una preparación intelectual, emocional y moral del solicitante era iniciado en el primer grado. Al parecer, se le entregaba al neófito una corona en la punta de una espada. Seguramente asociados a la naturaleza espiritual del hombre y a la sabiduría.

También se le enseñaba que el esoterismo de Mitra dentro de su naturaleza triple como hombre era el de su propia alma o principio intermedio entre su Espíritu y su cuerpo.

En el segundo grado se le dotaba de una armadura para luchar en los subterráneos donde era enviado a luchar contra sus propias pasiones y “demonios” mentales. Parece que entonces adoptaba el nombre de Mile, soldado. Mile es el soldado al servicio voluntario de Mitra.

Durante una de estas ceremonias se sacrificaba un toro cuya sangre al parecer caía sobre el neófito emplazado en el mitreo o cripta subterránea.

Las representaciones iconológicas del mitraismo suelen mostrar a Mitra arrodillado sobre un toro yacente al que clava una espada en el cuello. El toro significa el demiurgo causante del Mal. Desde otra perspectiva, la degollación del toro significa que los rayos solares simbolizados por la espada liberan en el equinoccio vernal las esencias vitales de la tierra que al manar de la herida abierta por la divinidad solar, Mitra, fertilizan las semillas de los seres vivos. El sol, Mitra, al herir al animal fertiliza al mundo con su sangre, trasmutada en la suya desde lo alto, como si viniese de otro mundo, la parte superior del templo que ocupan los ya iniciados. Desde ese punto de vista, el culto de Mitra constituye otro mito de fructificación o regeneración propio de las sociedades agrarias.

En el grado más alto le daban una capa con el Zodiaco y otros símbolos astronómicos.

Tras las iniciaciones era proclamado miembro de Mitra, se le iniciaba en las enseñanzas secretas de la mística persa y recibía el nombre de león, dado que una de las representaciones esotéricas del propio Mitra era con cabeza de león y un par de alas. Algunos de estos elementos del culto mitraico como el saludo ritualístico en garra de león fueron adoptados por la Masonería Tradicional.

El Sumo sacerdote de la Orden Mitraica recibía el nombre de Padre Supremo. En el Cristianismo el del Papa tiene cierta semejanza, se suele llamar Padre Santo.

Los cristianos emplearon el culto mitraico como forma de introducirse entre el ejército romano para una posterior toma del poder. Las similitudes simbólicas iniciales permitirían tal labor. Una vez conseguido el poder el mitraismo fue perseguido, sus templos devastados, un ninguneo que les permitiera no dejar huellas de sus adaptaciones.

El templo mitraico

Se dispone en dos alturas para poder oficiar sus ceremonias litúrgicas o ritualísticas iniciáticas.  La parte más singular o característica es el mitreo o cripta. El mitreo es un subterráneo artificial en forma de gruta de reducidas dimensiones utilizado como santuario o templo en el mitraismo. Su papel en el ritual iniciático mitraico es fundamental. En el de Mérida aparece claramente diferenciado dentro del conjunto arquitectónico. El recipendiario de la iniciación era conducido allí, a la oscuridad subterránea a luchar contra las tinieblas, las pasiones degradantes, el propio miedo. En el espacio superior situado sobre el mitreo se sacrificaba al toro, cuya sangre caía sobre el iniciado.

En el templo mitraico suele haber alguna imagen o representación cosmológica. En el de Mérida se conserva parcialmente un importante mosaico.

 

 

 

 

 

Invitación

La visita a antiguas ciudades representativas de grandes civilizaciones periclitadas suele ofrecer una ocasión para la nostalgia. Para dejarse llevar por todo un mundo de evocadoras sugerencias. Para el conocedor siquiera superficialmente el mitraismo la visita a la llamada Casa de Mitreo en el área monumental de Mérida es especialmente sugestiva. No sólo puede disfrutar de su Belleza arquitectónica. Representa una memoria viva de la historia de las creencias y de las instituciones filosóficas, religiosas y esotéricas de la Antigüedad. Invita a pensar lo que podría haber sido la civilización europea si no se hubiera arrumbado de modo tan drástico y dramático todo ese universo griego y romano. También nos muestra otro ejemplo de la caducidad de las formas, muere la letra pero acaso sobreviven sus más valiosas enseñanzas esotéricas con otros ropajes. Uno de ellos es el Cristianismo esotérico.

Sin embargo, de las viejas sombras, de la nostalgia por el viejo mundo de Atenea cuya lechuza voló de su hombro en busca de otro sitio donde posarse, cabe rescatar algunos planteamientos que hoy perviven de otro modo. Así por ejemplo la Fiesta de los Toros.

 

 

APÉNDICE. Mitra y la fiesta de los toros

El templo mitraico de Mérida, así como muchas de las esculturas a él asociadas, se hallaron cerca de la actual plaza de toros de la moderna ciudad. No parece del todo casualidad sino acaso una especie de Justicia poética o verdadera memoria histórica. En efecto, muchos estudiosos consideran la Fiesta Nacional española heredera o consecuencia transformada del antiguo culto mitraico. La Fiesta también es un ritual de sacrificio de un toro, extraordinario animal, magnífica joya de nuestra zootecnia, pieza fundamental en el ecosistema de la dehesa, de tan preciosa biodiversidad. De algún modo es su símbolo y en lo que se refiere a cadena trófica y a biotopo, el toro bravo condensa en su propia carne la potencialidad de un ecosistema cuya existencia se vería amenazada si tan hermoso animal se extinguiera a consecuencia de la sectaria, despótica, e irresponsable prohibición de la Fiesta nacional.

El toro de lidia es símbolo vivo de la Naturaleza pero en un plano psicológico también de las pulsiones subconscientes del hombre y del héroe, contra las que éste ha de enfrentarse, luchar y tratar de vencer.

Una de ellas es el miedo. Cuando se dominan y encauzan las pasiones se puede construir algo superior, civilización. El control del miedo asociado al orden preciso de la lidia puede originar un arte fugaz con momentos de gran emoción y valor estético.

La espada es un símbolo polisémico. Uno de sus significados es el de la sabiduría para discernir, para separar lo cierto de lo incierto, lo bueno de lo malo. Otro es el de protección contra las agresiones del Mal. Muerto a espada como Mitra hace en acto sagrado, el toro que representa las fuerzas oscuras del inconsciente es transformado en instrumento de elevación, el hombre realizado ha conseguido superar su naturaleza inferior, dominar sus pasiones o apetitos para manifestar la versión más elevada de sí mismo. Una especie de superación mayéutica al ser llevadas las fuerzas y pasiones ocultas al mundo consciente, incluso para crear Belleza y repartirla.

Una tradición que aún se mantiene, si bien algo deformada, en algunos lugares de España. Durante las fiestas de San Juan, solsticio de verano, en la Soria de caballeros templarios y sanjuanistas de poetas como Bécquer o Machado, la fiesta ritual incluye que la carne de los toros muertos durante la lidia se reparte entre los asistentes en una especie de comunión recuerdo de la antigua ceremonia mitraica.

Don Alfonso X el Sabio reconocía este carácter originalmente sagrado de la fiesta de los Toros al prohibir cobrar dinero o el lucro entre sus participantes.

 

 

 

 

Educación antes y después de PISA

Acabamos de conocer en España el último Informe PISA, que suele ser temido por las instituciones oficiales como un nublado o como la época de los exámenes y sus calificaciones por los malos estudiantes. Parece que, en general nuestra situación relativa no ha empeorado lo que se parece deberse más bien al progresivo deterioro de la educación en otros países estudiados. La cosa si no fracasa del todo, tampoco prospera como cabría esperar con las nuevas posibilidades que ofrecen los actuales adelantos.

Pero que en todas partes cuezan habas no es ningún consuelo dada la importancia que la educación tiene para la realización personal, social e histórica del mundo de los valores metafísicos.

Muchos nos tememos que las cosas no suceden por casualidad. Que gran parte de las deficiencias o no conformidades como diría un tecnócrata que se observan en la educación y, en consecuencia, en la conducta actual de los jóvenes sólo se deban a la incompetencia oficial.

Sospechamos que en las novedosas condiciones de post modernidad en absoluto le conviene al Poder fomentar la Cultura. No es raro entonces que, por ejemplo, el Informe PISA ofrezca malos resultados cuando lo que, en el fondo, favorece al Poder en esta etapa histórica de disolución de la Cultura nacional sea que abunde la gente embrutecida, a ser posible sin dignidad ni honor, con mentalidad y vocación de mendigo pedigüeño o pícaro con nuevas tecnologías. Y es que en el actual estadio de civilización por lo que se ve al Poder no le conviene estimular el esfuerzo por ser mejores, la educación de la voluntad, de la inteligencia y en los valores metafísicos.

Para la plutocracia internacional, que ahora algunos incluso califican de “cleptocorporatocracia” el creciente desorden de los Estados, siempre que se encuentre bajo su control en lo que a ella interesa, hace prosperar sus negocios e intereses y facilita la descomposición y desmantelamiento previos a una nueva ordenación del Poder, ahora globalizado en lo que se denomina NOM. Por eso le conviene  menos promover la Inteligencia y la  Voluntad que el pensamiento único, cómplice de esa construcción, especialmente en los pueblos primarios, embrutecidos, sin  formación moral ni instituciones dignas.  Pueblos decadentes o prescindibles con las nuevas tecnologías de producción y dominación globalizadas.

Pero, como en tantas otras instituciones sociales es el compromiso personal de algunos agentes lo que nos salva del naufragio. Sigue habiendo muchas personas de mérito que tratan de cumplir con su deber vocacional más allá del simple pane lucrando.

El pasado  día diecisiete de Noviembre se presentó en el Ateneo de Cáceres el libro Cómo llegar a ser profesor y no morir en el intento. Un sugestivo trabajo a dos de los veteranos profesores Antonio Sánchez Buenadicha y  Juan Verde Soray.

El acto resultó especialmente brillante, como una especie de diálogo socrático desarrollado al alimón. Una forma muy original, y coherente con el fondo y forma, de presentar su obra.

Luego hubo tiempo para el coloquio y debatir o al menos apuntar algunos de los principales temas propios de la educación y sus tareas en una sociedad como la actual en estos entrópicos y cambiantes tiempos.

Los dos autores firmaron a continuación ejemplares de su obra para los muchos asistentes. Un libro de gran interés, escrito con notable sentido del humor y en el que se desborda la experiencia y buen hacer de Antonio y Juan.

Mi enhorabuena a ambos y al Ateneo de Cáceres por programar esta presentación que ayuda a difundir este libro como se merece.

 

Santa Lucía de Trampal

Aunque parezca mentira, aún se descubren en España joyas de arquitectura prerrománica hispana que vienen a completar nuestro DSC_0297_optcatálogo de tesoros legados por el pasado.  Así, por ejemplo, a principios del siglo XX, el bello templo pagano lucense conocido ahora como Santa Eulalia de Bóveda, al que ya hemos hecho referencia en otras ocasiones. O el importante templo mitraico de Mérida que merece estudio aparte.

Sin olvidar otros preciosos templos que han sufrido importantes peripecias que pusieron en un brete su conservación. Así, Melque, que se utilizó como pajar en una explotación agrícola. San Baudelio de Berlanga fue utilizado como aprisco y sus singulares frescos, algunos hoy recuperados y expuestos en el Museo del Prado, desmantelados. San Pedro de la Nave fue trasladada para no ser inundada por la construcción de un gran embalse sobre el río DSC_0351_optDSC_0360_opt DSC_0367_optDuero.

 

Hoy vamos a dedicar un tiempo a la más reciente, la encontrada también en Extremadura, en el término municipal de Alcuéscar, en la provincia de Cáceres, no lejos de Montánchez, de la antigua dehesa pública de Mérida o del desaparecido santuario dedicado al culto pagano de Ataecina, una diosa prerromana que se representaba por una pequeña cabra, luego asimilada por los romanos a Proserpina, la hija de Démeter y esposa de Plutón, protagonistas de los famosos DSC_0362_optMisterios de Eleusis en Grecia, una de las instituciones más importantes de la Antigüedad. El santuario de Ataecina se cree estaba a unos diez kilómetros cerca de la ruta de la plata. Se celebraba un culto, acaso mistérico, que identificaba a la diosa con una cabra que era sacrificada en su honor y luego consumida entre sus fieles como en una especie de comunión pre-cristiana.

 

DSC_0340_optProbablemente mudéjar más que visigótica como inicialmente se creyó por su estructura y decoración o la presencia de tres ábsides como en San Juan de Baños, y contemporánea de Santa María de Melque (Toledo), vamos a tratar a continuación de la iglesia prerrománica cristiana de Santa Lucía de Trampal. Esta preciosidad, parcialmente escondida entre la maleza, se encontraba “reutilizada” como casa de labranza, corrales, aprisco y almacén y ha sido rescatada del deterioro o del olvido en 1980 cuando amenazaba ruina y felizmente recuperada para la admiración del visitante. Santa Lucía fue convertida en sede provisional de un destacamento de las tropas invasoras napoleónicas durante la Guerra de la Independencia. Y luego, como ya se ha indicado, en casa de labranza donde vivía un aparcero y su familia que dedicarían a establo una parte del crucero.

 

El edificio felizmente hoy recuperado formaba parte de un conjunto cenobítico erigido hacia finales del siglo VIII, situado a unos cinco kilómetros al sudoeste de la población cacereña de Alcuéscar y al que se puede acceder por una carretera asfaltada que discurre entre dehesas. Se ubica a media ladera cerca de un manantial o venero llamado de Trampal. Una singular obra hidráulica rodeaba el conjunto del recinto con sendas acequias que se juntaban aguas abajo, hasta desembocar en la conocida como charca de Santiago. De modo que, como otros muy posteriores de Cluny o el Cister, con tal ordenación del espacio y un sistema de cultivo en regadío, pudiera sobrevivir en un régimen de cierta autarquía alimentaria e incluso de venta de excedentes. El conjunto cenobítico disponía de dos iglesias, Santa Lucía y Santiago, un monasterio, un poblado para colonos encargados de la agricultura hortícola, una torre o campanario, talleres y herrería.

Para su construcción se reutilizaron materiales procedentes de otras edificaciones anteriores, y en especial, se empleó una especie de pepitoria de sillares, pilastras, dovelas y aras de origen romano o visigótico. Un recurso muy habitual cuando una Cultura sucede a otra sobre el mismo territorio.

DSC_0361_optEn su comienzo la liturgia se basaba en el rito mozárabe o hispánico. De ahí, es decir a la acomodación entre rito y distribución del espacio arquitectónico, la singular disposición de la construcción. Tras una procesión ceremonial el sacerdote se situaba en el ábside central y, al igual que en las tradiciones judía o cristiana ortodoxa oriental, parte de la liturgia quedaba oculta a los fieles que se acomodaban en la nave.

La iglesia fue abandonada unas décadas después de la invasión musulmana, parcialmente despojada de mármoles o elementos arquitectónicos valiosos y luego rehabilitada ya hacía el siglo XV, sobre todo la nave principal. El conjunto oriental con los tres ábsides, el crucero y el coro es la parte mejor conservada de la original. Sus cubiertas originarias han llegado hasta hoy, excepto las de los cimborrios. Con bóvedas de cañón peraltadas, arcos de sujeción de los cimborrios y de herradura. El resto parece que se arruinó durante los siglos de abandono.

DSC_0328_optLas bóvedas iniciales se contrarrestaban y transmitían la presión del peso de la cubierta a las laterales. El juego y posición de los muros de carga permitía una especie de arrostramiento que proporcionaba estabilidad al conjunto. Los macizos de estos muros están construidos con mampostería de pizarra, salvo el del ábside central realizado en sillería algo desigual.

 

No se sabe muy bien las razones del abandono del monasterio por varios siglos a partir del IX.  Acaso la influencia musulmana produjera la conversión más o menos forzosa al Islam o quizá migraciones en busca de una mayor protección.  Un siglo y medio después de la reconquista del territorio por las fuerzas cristianas, el monasterio se volvió a ocupar y comenzó la rehabilitación de la iglesia. Por eso la nave principal presenta DSC_0385_optahora arcos góticos, anacrónicos con la arquitectura originaria de influencia bizantina.

También se recuperó el sistema de acequias que permitía su explotación agrícola.

Santa Lucía de Trampal es otro tesoro a añadir a los que muchos que adornan Extremadura y su visita es altamente recomendable.

 

En el actual centro de interpretación del monumento, atendido amablemente por Miguel, se presentan una serie de paneles didácticos ilustrativos e incluso una maqueta que reproduce su disposición original.

Caballero Zoreda y Sáez Lara (CSIC) son algunos de los investigadores del monumento de cuya ponencia presentada en el V Congreso de Arqueología medieval española también he tomado datos para la documentación de este texto.

 

Postdata

Sobre Santa Lucía del Trampal disponemos de las noticias que nos han llegado a través del llamado Interrogatorio recopilado por Thomás López, Pensionista de Su Majestad y Geógrafo de Sus Dominios, publicado bajo el nombre de Estremadura a finales del siglo XVIII y dirigido a la elaboración de un Diccionario Geográfico de España. Un empeño científico de la Ilustración al que cabe considerar también una especie de embrión de catastro.

Define a “Alcuesca” como “villa eximida, territorio y encomienda de la Orden de Santiago”.

Dice que “Tubo, antiguamente, cinco hermitas que eran las de San Gregorio, situada en la cima de la sierra de Santa Lucía, cerro del Calvario, distante del pueblo medio cuarto de legua en medio del oriente y del mediodía. La de San Jorge en la dehesa boyal, distante un cuarto de legua, más acia levante. Estas dos ya demolidas (se refiere al año 1798). La de Santa Lucía en la falda de la sierra de este nombre, distante media hora entre mediodía y levante. Esta se tiene, por tradición constante, que fue convento de templarios y estar rodeada de cimientos que indican haver sido convento y de una hermosa huerta. La de los Mártires… y la de San Yldefonso…”

Y más adelante nos indica que “La sierra de Santa Lucía… acaba en el zerro del Trampal, de cuya cima nace un copioso venero de aguas que fertiliza la mencionada huerta de Santa Lucía, situada al fin de su falda

Esta descripción, con la curiosidad añadida de vincular a Santa Lucía de Trampal con los templarios, tiene especial interés al haber sido realizada antes de la desamortización que tantos desastres artísticos propiciara.

 

 

 

 

 

Cuentos extremeños

Lejos de la moda mediática o consideradas habitualmente como obras menores, suelen pasar casi desapercibidos las leyendas de base local o los relatos ambientados en el espacio conocido y amado por el autor. También cuando se refieren a un tiempo que pudiera considerarse indefinido o vagamente histórico. Sobre todo si sus autores no pertenecen al mundillo de lo comercialmente consagrado por las editoriales dominantes. Algo general en toda España y acaso más aún cuando se trata de la preciosa pero relegada Cáceres.

cueva becerra luceño_opt (1)Miguel Antonio Luceño, catedrático de Filosofía y ex profesor de la Universidad de Extremadura, recientemente fallecido, ya conocido por sus Cáceres: el susurro de las piedras o La casa solitaria de los pilares y otros relatos, nos presenta en su última obra bajo el título de La Cueva de la becerra y otros relatos una colección de trece narraciones aparentemente sencillas, pero que sin embargo poseen más enjundia de la que parece a primera vista. Llevan a finales de suspense y sorpresa para el lector, a la par que le muestran decires y formas de vida o conducta pasadas. Aunque siempre con un denominador común que permanece invariable más allá del espacio o del tiempo, las pasiones humanas. Son textos de extensión y alcance variados. Con algunos altibajos, no sé bien del todo si intencionados o no, los relacionados con el género negro o de terror resultan especialmente sugestivos.

Al cabo, se percibe un fondo filosófico, didáctico, en estos relatos íntimamente ligados a la personalidad y profesión de su autor. El profesor Luceño nos hace reflexionar sobre lo que pasa, la realidad última de las cosas en verdad no suelen ser como parecen: la realidad, como le gustaba decir a Unamuno, se manifiesta mediante paradojas. Su interpretación y significados no tienen porqué ser ni únicos ni los más aparentes.

La propia vida viene a ser una paradoja, un enigma abierto, un jeroglífico expresado en lengua extraña, que la Filosofía y la Literatura nos ayudan a descifrar.

 

 

 

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