Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Diego Rivera, mestizo y rosacruz. O paradojas de la Hispanidad

Desde el extremo de la acrópolis cacereña a través del adarve de Santa Ana puede contemplarse el Palacio de Moctezuma. Es una de las vistas más hermosas y sugestivas de la ciudad extremeña Patrimonio de la Humanidad. Isabel era hija del emperador Moctezuma casada con el capitán cacereño Juan Cano Saavedra. Un ejemplo de mestizaje.

Si siempre es bueno y sugestivo desde el punto de vista intelectual, artístico, cultural o político revisar la cuestión de la Hispanidad este año 2020 tiene la especial consideración del medio milenio de acontecimientos trascendentales para la Historia de América y de Europa, cabe decir que para la propia Humanidad. Me refiero a sucesos acaecidos en julio de 1520 como la Noche Triste o la Batalla de Otumba, que aquí en España están pasando casi desapercibidos, bien por indiferencia producto de la ignorancia culposa o bien por no llamar la atención de gestas heroicas que contradicen los infundios de la Leyenda negra.

He encontrado un asunto muy curioso del que hablaré luego revisando diversos textos para preparar un breve estudio sobre el indigenismo y su relación con la Hispanidad y la ingente obra de España en América, de la que con sus muchas luces, y desde luego también  algunas pocas sombras, todos los españoles de bien deberíamos sentirnos orgullosos.

Una de las formas actuales de combatir a España y sus referencias históricas es el indigenismo como falaz mito de idílico adanismo contra la civilización occidental. Uno de cuyos publicistas más sectarios y fanáticos fuera el pintor Diego Rivera. En efecto, nos ataca un indigenismo hostil, una deformación histórica interesada para promover sus devastadores fines, jaleado por globalistas financieros sionistas, curas trabucaires, comunistas, echacuervos y arrebatacapas. Que curiosamente acusa a España de barbaridades sin darse cuenta que si la colonización de la hoy Hispanoamérica la hubieran perpetrado los anglosajones los pocos indígenas que no hubieran sido exterminados estarían en jaulas para solaz de turistas gringos o como carne de cañón de los experimentos genéticos de Monsanto o de la CIA.  Y, claro está, tampoco habría mestizos, grupo modal demográfico en muchos países de habla y cultura española, porque los anglosajones no se mezclaban con los pueblos que colonizaban. Su supremacismo racista no se lo permitía. Ni tampoco se molestaban en llevar su propia civilización a las gentes sino que se limitaban a montar las redes de comercio y especulación en complicidad con tiranos, caciques, reyezuelos o rajás que las sometían.

En realidad, el tema del indigenismo anti español no se suscribe solo a América. Aquí, se ha perpetrado una llamada Ley de Memoria Histórica tergiversadora y demagógica. Indígenistas vasquistas, catalanistas, balearistas, valencianistas, blasinfantistas, galleguistas y tribales canarios guanches también se han montado su “película indigenista», una deformación histórica interesada para promover sus devastadores pero lucrativos fines caciquiles. En cierto modo otra segunda parte o sesión del proceso de desmembramiento nacional ya padecido cuando el imperialismo anglosajón y sus instrumentos consiguieron desmembrar los virreinatos de España.

Al principio el antiespañolismo es cosa de criollos más que de indígenas o mestizos. O de comunistas más o menos opulentos o narcotraficantes como ahora. Los indígenas y mestizos lucharon por el rey. En realidad no eran tontos y sabían bien quienes les protegían y les posibilitaban una vida relativamente próspera. En general, la independencia americana resultaría una catástrofe para indígenas y mestizos, con gran pérdida de rentas y protección social. Así como la causa de una fragmentación en repúblicas clasistas, ineficaces, presa fácil del gigante norteño. Poco tiempo después de la independencia promovida por un grupo de oligarcas masones más o menos encanallados al servicio del imperio británico, las cosas se estropearon de forma fulminante. Una división en la Tradición iniciática. Como explica Alejo Carpentier en El Siglo de las luces, el místico y bienintencionado buscador espiritual Doctor Orgé se ve sobrepasado por el ambicioso político aventurero Víctor Hughes.

El moderno Méjico independiente pronto demostraría su incompetencia y perdería enseguida buena parte del antiguo territorio de Nueva España a manos de los hipócritas y oportunistas invasores gringos.

 

En otros textos anteriores me he referido a la lúcida visión  de Salvador de Madariaga sobre el problema de Méjico en relación a España y su cultura pero no está de más volver a traerla a colación por su gran interés. Decía así el ilustre intelectual, diplomático y ex ministro republicano en sus Memorias:

“El peligro en Méjico se agrava por el abierto antihispanismo de no pocos intelectuales, tan irracional que muchos son entre ellos los que se identifican con Montezuma y hasta con Cuautemoc antes de sentir con Cortés…. Todo ello va envuelto en cierta hipocresía más o menos consciente. Los aspectos más repulsivos de la cultura azteca- el abrirles el pecho a las víctimas y arrancarles el corazón para ofrecerlo aún palpitante al dios antropófago, los banquetes más o menos rituales de carne humana se esfuman y esconden cuando no se niegan-. Las piedras de sacrificio se exhiben pero no se describen. La historia se adapta al modelo antiespañol.…

Pero Méjico no llega a cuajar como nación una y fuerte porque niega a su padre. Méjico es una creación de Cortés, pero los mejicanitos no reciben en la escuela más que grotescas deformaciones de lo que fue la conquista fundadas en que aquellos conquistadores reviven en estos españoles, siendo así que aquellos conquistadores viven hoy en la parte blanca de la sangre del mejicano de hoy; por lo cual la enseñanza (¿?) insensata que se les da solo tiene por fruto la guerra perpetua que, en la sangre, lleva Méjico.

Cuando publiqué en Méjico y en Madrid (1972) un artículo sobre la verdadera fundación de Méjico, exponiendo estas ideas, recibí de un joven mejicano una carta indignada echándome en cara que yo diera por padre de Méjico a Hernán Cortés, que era un extranjero. Firmaba dos apellidos tan castellanos como Gómez Fernández. Le contesté que leyera el artículo primero antes de escribir tales disparates porque él no se llamaba Chichimecatecutli, sino Gómez Fernández, de modo que sin Cortés, ni siquiera existiría.”

Lamentablemente por ser una tierra tan querida por los españoles, Méjico ha venido a resultar un estado casi fallido cuyo germen acaso ya se encontraba desde que interrumpiera la ingente labor civilizadora de España. Si aquí, según sostiene Gonzalo Fernández de la Mora en ensayo famoso, uno de los grandes lastres y dramas nacionales es lo que llamaba la envidia igualitaria, tan astuta y lucrativamente explotado por las repugnantes zurdas locales, allí la cuestión de hispanofobia posee un componente racial, y en cierto modo racista: el del mestizaje y su envidia del blanco. Esa guerra en la propia sangre a la que se refería Madariaga.

A mi me también me ha llamado la atención en Méjico que muchos mejicanos actuales, con nombres y apellidos de origen español, se identifiquen con los aztecas, «la sociedad más monstruosa de todos los tiempos«, según Antonio Escohotado. Un pueblo genocida, que perpetraba habituales sacrificios humanos incluidos de niños pequeños, caníbal, comparable a los nazis. Un pueblo que ni siquiera era autóctono de Méjico como otros a los que había sojuzgado gracias a su salvajismo, ferocidad y crueldad. Los aztecas procedentes del N.O. de América habían protagonizado un éxodo similar al de los judíos en busca de la tierra prometida dos o tres siglos antes de la llegada de nuestros gloriosos antepasados. No suele hacer mucha gracia que se recuerde esta cuestión y menos aún en el lugar de la famosa matanza perpetrada por el gobierno priista de Ordaz y Echeverría, la plaza de las Tres Culturas en la capital mejicana.

 

Esta visión sectaria y en cierto modo incoherente y absurda denunciada por Madariaga también es la del pintor Diego Rivera expresada en su por otra parte brillante obra muralística. Y aquí cabe hacer un breve apunte sobre las hipotéticas influencias simbólicas rosacrucianas en una figura importante, famosa por su activismo más allá del aspecto puramente artístico, del indigenismo en Méjico como fue Pedro Rivera. El famoso y excelente muralista pero lamentable fanático sectario antiespañol. Prohombre del comunismo más o menos señorito, allá por los años veinte Rivera tuvo sus escarceos con la agrupación mejicana de la Orden Rosacruz, AMORC, con sede central en San José de California. Una institución controvertida a la que muchos achacan su carácter no tradicional, pese a su pretensión de haber sido refugio de la Tradición europea (Fama fraternitatis, Confessio, Bodas Químicas de C R) en EEUU, a partir de la crisis de entreguerras. Su Imperator Sar Alden, (Harvey Spencer Lewis) había sido uno de los fundadores de la llamada FUDOSI. Una especie de confederación de Órdenes místicas y esotéricas que trataba de no ser identificada con la Masonería.

Desconozco las motivaciones íntimas de Rivera para tal afiliación. Cabría especular con que, de no ser simple esnobismo o búsqueda de posibilidades eróticas para aumentar su numerosa colección femenina en la que estaba hasta su propia cuñada, fuera una forma de conseguir nuevas relaciones sociales o políticas, facilitadas por su afiliación.  Pero podría tratarse de una legítima inquietud espiritual. Una forma de abordar el misterio de lo numinoso. Incluso un modo de superar la barrera de investigación que se habría cerrado con el silencio impuesto a sor Juan Inés de la Cruz, dos siglos antes en tiempos del virreinato durante el reinado de Carlos II, El Hechizado. El vuelo fallido del Primero sueño en busca del Conocimiento, probablemente extraviado en vericuetos gongorinos, del que montada en su particular Clavileño nos habla la Musa Dezima mejicana. Es posible que sus inquietudes habrían quedado atrapadas en el ámbar de una espiritualidad no evolucionada, en “una república de hombres encantados que viven fuera del orden natural” como ya decía Martín González de Cellórigo. Pero el súbito desencantamiento histórico del siglo de las luces causaría más de un deslumbramiento lamentable en su búsqueda de luminarias sustitutivas del Sol interior. Y, que, como ya he indicado antes, el Doctor Orgé fuese preterido por el ambicioso político aventurero Víctor Hughes.

En la curiosa foto de época Rivera aparece vestido a la egipcia folclórica con otros miembros de la Gran Logia Rosacruz Anahuac. En el detalle, se le ve rodeado de columbas, personajes del ritual protagonizado por jóvenes, que se asocian a atributos positivos del arquetipo del Alma tales como la Virtud, la Luz y la Consciencia.

Pero esta aventura de Rivera le sería censurada por el Partido Comunista, dado que en sus ramplones planteamientos materialistas este Partido detesta y condena toda investigación que tenga que ver con el mundo espiritual y sus relaciones con la naturaleza humana. Y, en efecto, sometió a Rivera a un tercer grado, del que el pintor se defendió de modo más bien cobarde y espantadizo. En efecto, durante ese interrogatorio le obligaron a confesar si había tenido ligas con la Masonería. A lo que Rivera contestó que no. En realidad AMORC, no obstante las precauciones de la FUDOSI pudiera considerarse en cierto modo un sucedáneo abierto a mujeres de esa otra Institución, con la que compartiría ciertas relaciones e influencias sociales, aunque de menor poder político y material. Probablemente, esa búsqueda de influencia social y política, a veces no exenta de cierto nepotismo, es lo que le habría llevado a ingresar a Rivera en la logia Rosacruz Quetzacoalt

El asunto este de la aventura rosacruciana de Rivera no deja de resultar sorprendente en un comunista puesto que la Orden Rosacruz, AMORC considera al hombre como un alma viviente. Tal concepción encajaría más y mejor con otras situadas ideológicamente en las antípodas de la de Diego Rivera como, por ejemplo, la solemne declaración, pocos años después, de José Antonio Primo de Rivera: (Teatro de la Comedia, Madrid, 29 de octubre de 1933): “sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y salvarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad”.

Pero el viejo diplomático, hombre de letras y ministro republicano Madariaga también nos da un sincero e inmisericorde retrato de Diego Rivera:

“No faltaban entonces en Méjico hombres de letras y también sedicentes historiadores consagrados a esta deformación sistémica de los hechos a los que el país debe su existencia; pero ninguno más potente y apasionado que el pintor Diego Rivera. Fui a verle una vez allá en Altavista, donde habitaba en una casa, por cierto, de una fealdad monumental. Jamás volví. Nada se dijo en nuestra conversación que produjera, en sí, la impresión que me produjo, pero pocas veces he sentido mayor repulsión por un ser humano….cuando fui a verle, lo único que sabía de Diego Rivera era una anécdota que me había contado Andrés Segovia. Vasconcelos, a su paso por el ministerio de Educación había confiado a Rivera la decoración de las paredes del patio; y un día al llegar Segovia al ministerio vio a Diego Rivera sobre un andamio, con paleta y pinceles, dispuesto a la labor. Pero preguntó Andrés, ¿para qué quieres esos dos pistolones al cinto?; y Diego, con su acento azucarado, contestó: Para orientar a la crítica, ¿sabes?

Ahora que lo miro desde lejos, creo que lo que en Rivera me repugnaba era su carencia de amor. El rostro era feroz, y además le faltaba sinceridad, todo en huidas y escurriduras de anguila. Sólo así era posible explicar sus sórdidas contradicciones…. Era cosa de preguntarse por qué se llamaba Diego Rivera y no Ahitzol o cosa por el estilo. Triste destino el del mestizo apasionado, incapaz de elevarse por encima de la guerra que lleva en la sangre; Rivera malgastó en esta guerra ancestral indudables dotes de gran pintor.”

 

Diego Rivera diseñó el pabellón de la logia Hermandad Quetzacoalt. Con el nombre de Quetzacoalt se conoce la serpiente emplumada, un antiguo e importante símbolo y mito mesoamericano anterior al descubrimiento. Se trata de un símbolo sincrético que participa de lo terrestre, la serpiente y de lo celeste, el quetzal, bello y raro pájaro con cuyo vistoso plumaje se adornaban ciertas poderosas autoridades precolombinas. Se le relaciona con el dragón oriental, y con la fertilidad del mundo vegetal, con el renacimiento y la primavera cuando la tierra se cubre como si fuese una serpiente con las escamas y plumas de la vegetación verde, del maíz que surgía después de haber sido tragado por las fauces del dragón terrestre. Desde ese punto de vista tendría un significado análogo a los de resurrección como el de Adonis en el viejo mundo.

También se asocia al mito de un antiguo héroe dios civilizador de origen desconocido, ¿acaso superviviente de la desaparecida Atlántida? ¿o quizás un extraterrestre? Un personaje blanco y barbudo, introductor de ciertas doctrinas misteriosas, opuesto a los sacrificios humanos, que cierto día había desaparecido pero que habría de volver en algún momento de la historia para proseguir su obra civilizadora. Había surgido del mar llevando consigo una cruz misteriosa. En sus vestiduras había nubes adornadas y cruces rojas. La cruz de Quetzacoalt se convirtió en un símbolo sagrado entre los mayas. Se cree que el mito de su retorno hiciera que algunos pueblos mesoamericanos se confundiesen con la aparición de los descubridores y conquistadores españoles que también procedían del mar, eran blancos y barbudos y portaban cruces.

Para el doctor Eduardo Alfonso, médico personal y discípulo de Mario Roso de Luna, “la serpiente emplumada o Quetzacoalt es un símbolo astronómico del cuerpo celeste en su eterno marchar por los espacios, en equilibrio perenne entre las dos fuerzas contrapuestas, centrífuga y centrípeta, de la gravitación. Los planetas giran elípticamente alrededor del Sol; el Sol, a su vez, gira en enorme órbita alrededor de otro centro desconocido, y de este modo los astros de nuestro sistema trazan en el espacio, no una elipse en realidad sino un epiciclo o línea serpentina como enseñó Hiparco. También los caldeos supieron que los espíritus de los astros se movían como serpientes y que eran, en una palabra serpientes que volaban por el espacio, es decir, pájaros serpientes o Quetzal- Coatls que diría un maya o un tolteca.”

Para Juan Eduardo Cirlot puede entenderse como un vínculo entre cielo y tierra, consciente e inconsciente o poseer un significado de androginia o ser completo.

Más allá de su gran técnica como pintor no parece que la etapa rosacruciana de Diego Rivera supusiera una influencia real ni duradera. Ni le sirviera para lograr una visión coherente del Arte tradicional. Tampoco para mejorar su conducta. ¿Quedó en el ámbito solo formal, exotérico que no esotérico, su iniciación en la AMORC californiana?

 

Sea como sea el aspecto personal anecdótico de esta cuestión, ojalá la Hispanidad se reencontrara a sí misma como ser completo, se consumara una especie de proceso de individuación psicológica a nivel personal y nacional que permitiese la unión de los opuestos. El animus y el ánima jungianos. Y en el que en el inconsciente colectivo del continente se integraran lo mejor de los antiguos arquetipos precolombinos con los de la civilización española. Acabar con esa inconveniente guerra en la sangre a la que alude Madariaga, tarea de la Cultura y del Arte, incluso antes que de la Política.  Tratar de lograr una base sólida para superar la actual suicida fragmentación, de tales logros acaso dependa la suerte última futura de muchos millones de personas, destinadas de lo contrario a ser víctimas propiciatorias de mafias, cárteles, Foros o las delicias del NOM que nos tratan de imponer.

 

Don Felipe contempla Antígona en el teatro romano de Mérida

La Familia real al completo, retoños incluidos, ha visitado Mérida para asistir a una función en su magnífico Teatro romano. Por si el continente ya no fuera bastante en sí mismo esta vez la función también era extraordinaria. Nada menos que la Antígona de Sófocles, hito del Arte y de la Cultura occidental inspirador de las más elevadas conductas. Antígona, considerada arquetipo o emblema de los valores más elevados de la civilización occidental.

Un personaje arquetípico que desafía la orden del tirano Creonte de no enterrar el cuerpo de su hermano fallecido.

El tirano la acusa: “¿conocías el bando que prohibía eso?

Y la heroína le responde: “Lo conocía. ¿Cómo no debía conocerlo? Público era”.

Y así, ¿te atreviste a desobedecer las leyes?

Y la valiente Antígona le responde: «Como que no era Júpiter quien me las había promulgado, ni tampoco la Justicia, la compañera de los dioses infernales, ha impuesto esas leyes a los hombres, ni creí yo que tus decretos tuvieran fuerza para borrar e invalidar las leyes divinas, de manera que un mortal pudiese quebrantarlas. Pues no son de hoy ni de ayer, sino que siempre han estado en vigor y nadie sabe cuando aparecieron.  Por esto no debía yo, por temor al castigo de ningún hombre, violarlas para exponerme a sufrir el castigo de los dioses…”

Antígona constituye un arquetipo inmortal de plena actualidad siempre pero aún más hoy en el que la espiritualidad de la civilización se ve tan amenazada por los nuevos déspotas asiáticos y sus cómplices. Sófocles nos expone el drama personal pero también político de su heroína rebelde ante leyes injustas contra la Ley Natural, leyes tiránicas contra las que es preciso rebelarse para salvar la propia condición de la dignidad humana. En este caso, ofrecer sepultura a los restos mortales de su hermano.

Pero no solo el trágico griego, también Cicerón se pregunta: ¿los hombres pueden hacer bueno lo que es malo, y malo lo que es bueno? Nuestro Cervantes recoge esta tradición, base de la civilización occidental en los consejos de Don Quijote a Sancho gobernador. Y la mayoría de nuestros preceptistas del siglo de Oro, investigan las relaciones de los sistemas normativos y de las conductas de los Príncipes en relación al universo de los valores metafísicos. Algunos incluso llegan a considerar legítimo el tiranicidio.

La primera premisa o referencia del buen gobierno es, pues, externa al gobernante cuya acción debe tenerla en cuenta y servirla. Sea esa tal referencia la Ley natural, un código de conducta, un sistema axiológico metafísico de valores. O una Constitución política base del ordenamiento jurídico de un país. El gobernante no puede ir contra la Ley, ni el sistema político funcionar a su capricho.

En España hay o habido varias Antígonas repetidamente traicionadas por las conveniencias del Poder Político. Baste recordar por ejemplo a María San Gil en las Vascongadas. O a Gloria Lago, defensora del español, o a juezas y letradas, defensoras de la Justicia.

Antígona tenía una hermana, Ismena. Que no se atreve a seguir a Antígona y se busca excusas. Se lo afea la heroína: “Si te parece, haz desprecio de lo que más estimación tienen los dioses”.

A lo que la acobardada Ismena contesta: “Yo no hago desprecio de eso; pero soy impotente para obrar contra la voluntad de los ciudadanos”. O bien “De ningún modo conviene perseguir lo imposible”

Un sofisma: la voluntad del tirano Creonte no es la de los ciudadanos. La condición de ciudadanos es incompatible con apoyar el capricho del tirano. Y una cobardía, hacer lo fácil o lo que complace al poderoso en vez de lo que es debido.

Con la notable excepción del abad del Valle de los Caídos, émulo de Antígona, La postura de Imena es la adoptada por la temblorosa y felona Iglesia Católica española que acaso deba su supervivencia a la persona cuyos restos mortales se intentan afrentar. Una infame traición a la figura de su protector que no siguió su complaciente criterio de «no perseguir lo imposible» para salvarlos de la criminal ferocidad de las hordas. Pero también a la de los miles de víctimas católicas del clero y seglares vilmente asesinadas.

Ni conviene olvidar la ingratitud cobarde de la Corona, último objetivo a derribar por la inicua Ley de Memoria histórica, cuya actual Dinastía fue instaurada por la víctima del pretendido ultraje. Y que al no defender a quien tiene obligación moral y acaso legal de hacerlo, pronto puede encontrarse con que tampoco va a tener a nadie dispuesta defenderla cuando los caprichos del tirano y sus compinches cambien de víctima.

El arquetipo de Antígona contrasta con el pasmo de Su Católica Majestad que sin mover un músculo observa impasible la fatal devastación de Su Reino, es de justicia añadir más y más pasmaos a este encantamiento que padecemos, acaso provocado por el malvado gigante Soros Malambruno o sus más enconados bellacos secuaces. Como explicaba González de Cellorigo:No parece sino que se han convertido reducir estos reinos a una república de hombres encantados que vivan fuera del orden natural.”

Ignoro qué pensaría don Felipe mientras asistía amordazado a la función en el magnífico Teatro romano de Mérida, suponiendo que no se haya quedado dormido después de acabar la bolsa de palomitas. Acaso toda una provocación. Una encerrona. La España de hoy se parece cada vez más a la tiranía de Creonte. Y si en España hay hoy una figura política que está en las antípodas morales, de compromiso político y valentía para enfrentar la adversidad de la tiranía, virtudes representadas por la gran heroína griega esa es la del pobre don Felipe. Un personaje amargado, dominado, que se deja humillar impunemente en público. Que no actúa ni como debe ni como se espera de él en defensa de España. Y que si esto sigue así no se escapará de ser barrido también por la riada revolucionaria.

La lánguida flacidez de un imbel complaciente versus la apasionada defensa de la condición humana de la heroica Antígona. Gente que hace poco ha consentido lo que nunca hubiera hecho Antígona como es la humillante profanación de la tumba de su benefactor. Humillación que también lo es de la propia Corona que es su heredera. Y, más en abstracto, el sometimiento a los caprichos y contradioses de Su Gobierno. O el refrendo de leyes contra la Nación o la Ley Natural.

Si es que se ha enterado de algo del profundo mensaje humanista de la tragedia de Sófocles, ¿le servirá para algo a nuestro complaciente y pusilánime Rey?

Es preciso insistir. En este momento estamos sometidos a un creciente despotismo con ribetes genocidas que intenta arrumbar la civilización occidental intramuros del sistema. La cultura griega es un faro que ha venido iluminando durante siglos la civilización occidental, hoy saboteada y saqueada por quienes por razón de sus responsabilidades institucionales mayores obligaciones tendrían de defenderla.

En la tragedia de Sófocles el tirano Creonte y su familia acabaron mal, muy mal. Y el Coro pone fin a la obra:

La prudencia es la primera condición para la felicidad; y es menester, en todo lo que a los dioses se refiere, no cometer impiedad; pues las insolentes bravatas que castigan a los soberbios con atroces desgracias, les enseñan a ser prudentes en la vejez.”

Fin

 

Medio milenio desde la Noche Triste

Los penosos sucesos que vive España con un ignorante gobierno siniestro y devastador para su pueblo y su Cultura hacen que pasen desapercibidos muchos de los grandes acontecimientos de nuestra Historia, motivo de honor y de orgullo para los españoles. La magnífica aventura de circunvalación del mundo lograda por el marino Juan Sebastián Elcano ha pasado con más pena que gloria. Incluso el llamado Instituto de su nombre se muestra más bien al servicio del enemigo inglés.

Otra cosa similar está ocurriendo con la conmemoración de la llamada Noche Triste sucedida hace ahora medio milenio en las afueras de la ciudad de Tenochtitlan. En la que las tropas de Hernán Cortés se retiraron en maniobra a la desesperada de la capital azteca.

Tras la muerte de Moctezuma a consecuencia de las heridas producidas por haber sido apedreado por sus propios súbditos aztecas, la situación de los españoles se estaba tornando desesperada. Hasta el último momento el genial militar había tratado de impedir el conflicto abierto. Marina traduce sus palabras:

¿No os apena el morir tanta gente; creéis que vale la pena sacrificar a la locura de expulsarnos a nosotros la flor de la juventud azteca? Sabed que soy muy fuerte aunque no lo creáis, y que el Dios que da la fuerza es el que está conmigo, no esos vanos simulacros de dioses, que ayer he arrojado por los peldaños del templo.

Cortés se refiere a lo sucedido durante la anterior escaramuza en la que estuvo a punto de perecer sacrificado a los dioses, aunque consiguió librarse y arrojar sus estatuas escalinata abajo, destrozándolas.

Bien veis que cada uno de nosotros vale por un millar de los vuestros. ¿Tenéis tantos millares de guerreros como yo hombres? Os ofrezco la paz. Con esta paz os libraréis del rigor de mi justicia. Yo he venido a esta tierra con una Alta misión, sabedlo…

Fracasada la cumbre con los caciques no quedó más remedio que preparase para una lucha desesperada debido a la enorme superioridad numérica de los feroces guerreros del imperio caníbal.

Cortés llama a su presencia a Blas Botello, considerado hechicero y astrólogo, lo que le permitía conocer el porvenir. Blas le explica al gran militar: todas las potestades del cielo están contra nosotros excepto una. Hay que aprovechar la noche en que reine Júpiter, el único que nos es propicio. Esa noche hay que escapar con sigilo, no hay otra posibilidad. Y ha de ser el uno de julio.

Así se acuerda y se hace. Estando a punto de abandonar la laguna una vieja espía da la señal de alarma, se desarma el efecto sorpresa y los fugitivos se ven acorralados. Mueren cientos de españoles, varios capitanes e incluso el mismo desafortunado astrólogo. Y miles de sus aliados americanos.  Pero contra todo pronóstico sobrevive parte de su ejército. Los aztecas no les persiguen entonces y logran sobreponerse a duras penas.

Tras cinco días de agotadora marcha los supervivientes llegan a Otumba. Cerca del camino de los muertos, junto a las pirámides del Sol y de la Luna, gloria majestuosa de la antigua civilización tolteca sometida por los invasores aztecas. El 7 de julio aparece un enorme ejército enemigo en el horizonte. Decenas de miles de aztecas contra cuatrocientos españoles. Se combate a la desesperada durante cuatro horas. La batalla parece definitivamente perdida ante la superioridad numérica del enemigo y entonces Cortés divisa el estandarte plateado con un sol en aurora y el águila sobre el nopal del cacique enemigo, el cihuacohuatl.  Junto con tres capitanes y un soldado cargan en modo suicida contra la masa india, y con gran esfuerzo logran acceder al lugar. El cacique es muerto por el soldado. Cortés toma el estandarte y lo blande cabalgando sobre el horizonte. La masa azteca al verlo en sus manos huye aterrorizada.

Cortés ha demostrado ser invencible. El prodigio militar se ha consumado y el poderoso sanguinario imperio caníbal azteca, vencido. Y su Alta misión civilizadora, de la que hablara el gran genio militar a los caciques intentando evitar la lucha antes de la Noche Triste, puede ya iniciarse en la Nueva España.

 

 

 

 

Noche de San Juan

En cierto modo, la de San Juan Bautista, asimilación cristiana del solsticio de verano en el hemisferio norte, es una fiesta paradójica. Al ser un máximo, su entorno es menor y la trayectoria solar a partir de ella es declinante. En palabras de San Juan como anunciante de Cristo: “Él (Cristo) conviene que crezca y yo que disminuya”.

Jung también hace referencias a este asunto: si uno honra a Dios, al Sol o al fuego, honra también su propia fuerza vital, la libido”.  Que es símbolo de sus criaturas, plantas, animales y también de muchos héroes sagrados.

Así, por ejemplo, don Quijote, héroe solar cuya ejemplar actividad desfacedora de entuertos declina después de la noche de San Juan, al ser vencido en una playa de Barcelona. Aunque hace heroica proclamación de fe un su Dama, el Alma, justo en el momento en que el sol está en lo más alto, y en el lugar más oriental de sus aventuras. Una declaración de la preponderancia del Espíritu frente a las contingencias de la Materia expresada en un Tiempo y en un Espacio sagrados.

También de Hércules, patrono mitológico de la ciudad de La Coruña, que lucha contra Gerión, el símbolo del espíritu maligno que se opone a la Luz. Y por eso el héroe que se representa asociado o entre dos columnas, en el umbral de la iniciación. Dos columnas que figuraban en algunas antiguas monedas españolas con la inscripción “non plus ultra” en una banderola, iconología que aparece luego en el dólar americano, con la banderola simplificada en una S y las dos columnas solares como trazos o palos.

Pero hay otras preciosas costumbres populares relacionadas con la noche de San Juan como recoger plantas para hacer un ramito de amor y salud, remedo del lapis herbal de los alquimistas.

Una de las plantas emblemáticas de la botánica paracélsica es la artemisa (artemisa vulgaris) o hierba de San Juan, que cogida ese día vuelve fértiles a los campos. Planta defensiva contra las malas influencias forma parte de muchos ritos mágicos solsticiales en toda Europa. También se hacen perfumes.

De la Énula campana (Ínula helenium) dice el grimorio «Los secretos del pequeño Alberto«: «en la noche de San Juan, al dar las doce, cógese la hierba llamada énula campana, hágase secar y reducir a polvo, añadíendose una pequeña cantidad de ámbar gris. Métase todo en una bolsita verde y llévese encima del corazón durante nueve días. Pónganse luego estos polvos en contacto con la piel de la persona que se ama (sin que ella lo advierta), y se despertará en ella un amor irresistible hacia quien la ha preparado«.

Dentro de la gran tradición española cada pueblo tiene su hierba de San Juan preferida: corazoncillo, artemisa, helecho macho, genciana, grosella, algarrobo, no me olvides, menta sarracena, abrótano, yedra terrestre, milenrama….

En la comedia cervantina Pedro de Urdemalas, este año disfrutamos de la tragedia Pedro de Urdepeores, se hace referencia otra tradición popular: las mozas casaderas se ponían a la ventana en la noche de San Juan con el cabello suelto y un pie descalzo dentro de un barreño lleno de agua, y están atentas a escuchar el primer nombre que dijesen en la calle, suponiendo que así debería llamarse el que fuera su marido.  En palabras del personaje Benitae: «eres noche tan sagrada/ que hasta la voz que en tí suena/dicen que viene preñada/ de alguna ventura buena/ a quien la escucha guardada»

En la tradición cristiana, San Juan anuncia a Cristo, las hierbas de San Juan descubren todos los misterios y echan todos los demonios, la mayor luz que se manifiesta por San Juan es la medicina más poderosa, la riqueza y la ciencia por excelencia.

Don Antonio Machado nos explicaba que:

Tus ojos me recuerdan

Las noches de verano

Negras noches sin luna

Orilla al mar salado

Y el chispear de estrellas

Del cielo negro y bajo

– – – –

Para tu linda hermana

Arrancaré los ramos

De florecillas nuevas

Los regaré con agua de los arroyos claros

Los ataré con verdes junquillos del remanso

Para tu linda hermana

Yo haré un ramito blanco

La noche de San Juan es un punto de transición y una promesa de amor en un mundo hilozoístico. Puede que veamos grandes signos en el futuro inmediato, mas el sol nos advierte que a partir de ahora ya empieza a declinar, y Shakespeare, cuyo nombre oculta un sabio, nos enseña que el sueño de una noche de verano posibilita que Titania, la preciosa reina de las hadas, pueda enamorarse de un burro. No sé yo, pero parece que con esto de la posmodernidad que rompe con la Tradición y los ciclos naturales nuestras más bellas titanias se enamoran de burros como si fuesen hermosos donceles.

Pese a los que digan algunos forofos del racionalismo donde no existe eterno retorno sólo nos queda la incertidumbre del acaso.

 

 

San Pedro de Alcántara y los psiconautas

En la esquina noroccidental de la concatedral cacereña vigila la figura enjuta, “tan extrema su flaqueza, que no parecía sino hecho de raíces de árboles”, de San Pedro de Alcántara, patrono de la diócesis y de Extremadura. Se trata de un lugar emblemático, uno de los más fotografiados de la preciosa ciudad monumental. Desde allí se admira una bella perspectiva del palacio de los Golfines de Abajo, se adivina la plaza de San Jorge, el patrono de la capital extremeña. Loor de caballeros andantes, pero… santo mítico de dudosa existencia.

Fray Pedro se muestra como un guardián del umbral de la ciudad monumental. Una figura que nos advierte de los tesoros que podemos hallar durante la subida a la acrópolis o el vagabundeo por callejas y adarves de la ciudad Patrimonio de la Humanidad. Como la estatua de fray Luis de León en la Universidad de la vecina Salamanca los de la Cultura y el pensamiento político pionero del derecho de gentes.

Para muchos de los miles de guiris que se admiran por la insólita belleza conservada durante siglos, el nombre de San Pedro de Alcántara acaso no signifique mucho. Algunos puede que recuerden que fue amigo y protector de Teresa de Ávila. Que la defendió de la Inquisición en sus momentos de mayor zozobra, cuando estuvo a punto de sufrir condena acusada de herejía y trato diabólico. O, incluso después de muerto, con ocasión de la polémica fundación del convento reformado de San José. Tiempos azarosos y difíciles en los que ser encarcelado o terminar por ser declarado hereje o por el contrario, santo e incluso nada menos que doctor de la Iglesia, en buena medida dependía de pleitos, sentencias e influencias o protecciones en los tribunales por parte de personas principales.

Tampoco resulta tan extraño de comprender. La Mística se vincula al mundo de la experiencia más que al de la mera creencia teológica. Por ello siempre ha sido considerada peligrosa para el Poder político o sacerdotal que considera inconveniente la idea y misma la práctica de buscar el Reino del Espíritu sin intermediarios. Aquellos que no comprenden que la ortodoxia es más una necesidad de las organizaciones que una virtud espiritual. Y que, muchas veces, la ortodoxia se convierte en escudo de la ignorancia, la ambición, la cobardía, el fanatismo o la hipocresía.

Sí. Fray Pedro, el reformador de la Orden Franciscana, encajaría entre esos heterodoxos. Nos dice de él la santa reformadora del Carmelo: “vestía hábito de sayal sin ninguna otra cosa sobre las carnes…”comer a tercer día era muy ordinario… un su compañero me dijo que le acaecía estar ocho días sin comer…”.

Y eso en una época en la que Castilla y el interior de la Península Ibérica experimentaban una de las conocidas pulsaciones climáticas históricas con grave aumento de la aridez y la llegada de una casi mini glaciación. Asombran, nos conmueven, las peripecias, verdaderas gestas heroicas, de los quijotescos andariegos reformadores de los franciscanos o del Carmelo, viajando en ayunas, ateridos de frío por la cruel intemperie de campos desolados para promover nuevas fundaciones de conventos y monasterios. Una aventura espiritual, pero que hoy también llamaríamos empresarial, que supone un riguroso mentís a la supuesta inhibición de los místicos ante los problemas temporales. Por el contrario, es en el ejercicio de la Mística y por su inspiración donde nuestros héroes encuentran la energía que, incansables, les lleva a remover obstáculos que parecerían insalvables.

Hoy de muchos de esos conventos y monasterios extremeños ya no permanecen sino las ruinas: en Alburquerque, Alconchel, Casar de Palomero, Deleitosa, Gata, Jerez de los Caballeros, Salvatierra, o San Onofre cerca de Zafra, donde fray Pedro escribiese su Tratado de la Oración y la Meditación. Testigos de una aventura espiritual en gran parte arrumbada, ruinas venerables que nos muestran el pasado y nos interrogan sobre nuestro presente y nuestro futuro.

La santa de Ávila cuenta varias veces en su famosa autobiografía, texto que tantos problemas atraería sobre sí, como su santo protector extremeño se le aparecía en cuerpo astral, fantasmático o glorioso como lo llamaba san Pablo: “Hele visto muchas veces con grandísima gloria. Díjome la primera que me apareció, que bienaventurada penitencia que tanto premio había merecido, y otras muchas cosas. Un año antes que muriese, me pareció estando ausente, y supe que había de morir, y se lo avisé, estando algunas leguas de aquí. Cuando expiró, me apareció y dijo que se iba a descansar. Yo no le creí, y díjelo a algunas personas, y desde a ocho días vino la nueva como era muerto, o comenzando a vivir para siempre, por mejor decir…”   

Ya yo le había visto otras dos veces después que murió y la gran gloria que tenía, y así no me hizo temor, antes me holgué mucho: porque siempre aparecía como cuerpo glorificado, dábamela muy grande verle…” 

Pero, ¿cómo era la tal bienaventurada penitencia? También nos lo cuenta Teresa: “Paréceme fueron cuarenta años los que me dijo había dormido sola hora y media entre noche y día, y que este era el mayor trabajo de penitencia que había tenido en los principios de vencer el sueño, y para esto estaba siempre de rodillas o en pie. Lo que dormía era sentado, y la cabeza arrimada a un maderillo que tenía hincado en la pared. Echado, aunque quisiera, no podía, porque su celda, como se sabe, no era más larga de cuatro píes y medio.”      

La diminuta celda del santo que “tenía muy lindo entendimiento” aún puede verse en el monasterio de El Palancar, cerca de Pedroso, en Cáceres. La visita al Palancar trae a nuestra memoria sensaciones y recuerdos de otros conocidos conventos o templos de genuina espiritualidad modificados con dudoso acierto a través de los siglos y a mayor gloria del poder material de la Iglesia. Sin llegar a esos extremos, por ejemplo, los dos monasterios oscenses de san Juan de la Peña, o los del Suso y del Yuso en la riojana san Millán de la Cogolla. La austera, sencilla, serenidad y belleza de los templos primitivos al servicio del alma, reflejo de la pureza y austeridad espiritual, de ese resplandor de la verdad que decía Platón se ve alterada, en mi opinión para mal, cuando la Institución hace ostentación de su poder al servicio de los ritos y cultos externos. Hoy el antiguo, austero hasta la exageración, convento emblemático de la descalcez franciscana está rodeado por nuevas y no muy afortunadas edificaciones que, si bien parecen protegerle, también lamentablemente lo ocultan del exterior. Se ha convertido en una especie de singular parque temático, una suerte de legitimación global a posteriori de una Institución por la santidad de unas figuras singulares, nobles, incomprendidas o no muy bien tratadas en su tiempo por la propia Institución que hoy las elogia y las usa como legitimación a posteriori. En un recuerdo, acaso fugaz, de gentes como fray Pedro, rara, extraña, de conducta poco menos que incomprensible para nuestra sensibilidad mayoritaria actual.

 

Y es que permanecemos en lo que se ha llamado el silencio de Dios. Un estruendoso silencio que se ha podido escuchar en todas las épocas, en especial cuando la zozobra y la tribulación se hacen más perceptibles. En el Eclesiastés, libro sapiencial del Antiguo Testamento que más que hebreo parece texto del helenismo, del estoicismo, se trata de encarar la condición humana, el vacío del corazón y del sentido de la vida, cuando no se embarca en la aventura espiritual de resultado incierto. Una búsqueda heroica, difícil, incomprendida y casi incomunicable, como la emprendida por San Pedro de Alcántara, San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos o Santa Teresa de Ávila.

Hoy nos encontramos incursos en un proceso revolucionario en Occidente. Los pilares básicos de la Cultura occidental, el Cristianismo, la Ilustración, la Tradición iniciática, la Libertad, están siendo atacados dentro del embrutecedor y esclavizante proceso de demolición programada, a mayor gloria de un funesto NOM, de todo lo que tiene que ver con el Mundo del Espíritu. De la Metafísica. De las Tradiciones y Culturas nacionales reflejo y manifestación de su desain histórico.

Nos separa mucho del siglo XVI aunque podamos estar en los mismos lugares donde entonces estuviera fray Pedro. Hoy, relegada o casi abandonada la Ascética, perdido o disminuido el sentido metafísico de la existencia, la visión moderna de la experiencia mística, además de con el ejercicio habitual de la meditación, se relaciona con la Psiconáutica y el empleo de sustancias enteogénicas. Son muchos los investigadores metafísicos que por curiosidad, especulación científica o por no resignarse a la desesperación espiritual hoy tan frecuente o más que en otras épocas, buscan alternativas y el propio sentido de la vida. Unos de ellos son los llamados psiconautas, los investigadores con sustancias enteogénicas características de las antiguas tradiciones del mundo chamánico o de ciertas religiones. Criticados por los que consideran este camino un atajo peligroso o acaso virtual o engañoso, sabemos, empero, de su carácter universal, ya que el empleo de sustancias enteogénicas forma parte de casi todas las tradiciones religiosas e iniciáticas de la humanidad a lo largo del tiempo.

Aldous Huxley, autor de lúcidos e importantes ensayos tales como Los límites de la Percepción,  Cielo e Infierno, Filosofía perenne, El Fin y los medios o Moksha, lo resume muy bien en dos de sus novelas humanistas Un Mundo feliz y La Isla. En la primera el soma es empleado por el poder como instrumento de control social, de adormecimiento espiritual, como forma de anulación de la libertad. En cambio, Huxley nos explica en su novela crepuscular La Isla como la medicina moksha puede utilizarse como apertura de la conciencia para trasladar los límites de la percepción mediante la experiencia visionaria y lograr, esta vez sí, un mundo más feliz al no haber roto sus lazos con el Espíritu.

Pero el asunto es casi tan viejo como el mundo. Forma parte de las tradiciones chamánicas y de muchas otras religiosas o esotéricas. Variaban las sustancias, procedentes de las especies botánicas más comunes en cada biotopo, y los rituales ligados a una mitología o teología. Sin embargo, siempre existía alguna forma de práctica ascética previa, pues de lo contrario el viaje, la visión, pudiera ser indeseable o incluso funesta.

Por su importancia para la Cultura occidental cabe recordar aquí los Misterios eleusinos. Hoy sabemos que allí se empleaba una sustancia enteogénica, el kykeon. Si atendemos a las investigaciones de Hofmann, Wasson y Ruck, probablemente elaborada a base de cebada, menta y el esclerocio del cornezuelo del centeno o de otras gramíneas abundantes en las llanuras griegas, que permitía a los iniciados, llamados epoptes, la visión directa de lo sagrado. Una visión de tal importancia radical que originaba un antes y un después en sus vidas.  Algunos de sus componente químicos son similares a los del LSD obtenido mediante síntesis por Hofmann en los laboratorios Sandoz. Un sacramento de efectos reales y no meramente simbólicos.

Eleusis se encuentra estrechamente vinculado con nuestra Cultura y Filosofía, especialmente con Platón. Pero en todas partes y tiempos, de uno u otro modo, se han empleado sustancias enteogénicas con carácter sacramental. El Doctor Allegro, uno de los investigadores de los famosos manuscritos del Mar Muerto, vinculaba el propio Cristianismo primitivo a la amanita muscaria en su controvertido libro The sacred mushroom and the Cross. La amanita muscaria es un hongo muy empleado en muchos lugares y tiempos, estudiado por Mircea Eliade en Siberia. Del famosísimo soma de los vedas no se conoce su naturaleza exacta. Para algunos investigadores se trataría de la ya citada amanita muscaria. Para otros autores se trataría, en cambio, del Peganum harmala, conocida como ruda siriaca. Y para otros de la pulpa fermentada de Asclepios acida.

En África el enteógeno más conocido es la iboga empleada en el culto bwiti. Pero donde más sustancias enteogénicas se han encontrado es en América, sobre todo en el Centro y el Sur. La famosa experiencia de los esposos Wasson en la sierra de Oaxaca supondría un antes y un después en la comprensión occidental de la antigua y polémica cuestión de la ingesta de enteogénicos con fines sacramentales de acceso al mundo espiritual. Gordon Wasson convenció a la luego archifamosa chamana y curandera María Sabina para que le permitiera participar en una velada místico- ritualística indígena con “niños santos”, hongos del género Psilocybe. La experiencia místico estético epistemológica resultaría deslumbradora, apabullante. Wasson saldría transformado de este profundo contacto con lo numinoso. El propio Camilo José Cela dedicaría un Oratorio homenaje a la noble figura de la chamana mejicana.

Ciertos cultos basados en hongos ya habían sido documentados por algunos de nuestros cronistas de Indias, casi todos contemporáneos de san Pedro de Alcántara, así, por ejemplo en la Historia general de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún o las obras sobre Botánica americana de Francisco Hernández. O los Ritos antiguos de sacrificios e idolatrías de los indios de Nueva España de fray Toribio de Benavente y el Libellus de hierbas medicinales Indias de Martín de la Cruz, dentro del estudio de tradiciones indígenas como en el Manual de ministros de indias para el conocimiento de sus idolatrías y extirpación de ellas de Jacinto de la Serna, la Crónica mejicana de Fernando de Alvarado o la Historia de las Indias de Nueva España de Diego Durán.

Como es bien conocido, el peyote o la ayahusca son empleados hoy por diversas Iglesias o grupos religiosos.

 

Pese a nuestro anhelo de dar cuenta del mundo, acaso el Cosmos debiera reconocerse como una ilusión. Para los Vedas la única realidad susceptible de ser pensada es el Ser, es decir, el Uno. Para los Upanishads la palabra sagrada OM identifica a las criaturas con el Uno. OM, sOMa. Algo semejante al planteamiento cristiano occidental de “Mi Padre y yo somos uno” o “El Reino de Dios está dentro de ti”. El Uno ha sido llamado con distintos nombres según las diferentes tradiciones religiosas o iniciáticas, pero siempre la meta del buscador espiritual es hacerse uno con ese Uno.

Lo que se capta mediante la contemplación debe dispensarse en forma de Amor” (Maestro Ekhart). Amor y pensamiento. Tal es el trabajo propio de los verdaderos buscadores espirituales de todos los tiempos, empleen o no atajos psicogénicos.

Tal es la lección, el mensaje, que los místicos del Cristianismo de nuestra propia Tradición española, nos envían hoy a los desconcertados náufragos de una civilización zozobrada, como luminosos cuásares perdidos en la inmensidad de las tinieblas, desde las remotas y al tiempo íntimas estrellas flamígeras de su propia realización espiritual.

Porque, como nos recordaba un poeta en el exilio, el gran Cernuda, “no es el Amor quien muere, que somos nosotros mismos…

 

 

 

De patatas y patateros

Buena parte del agro español está actualmente en píe de guerra contra el zarrapastroso y traidor gobierno de Su Majestad. Sin duda méritos hace muchos el falsario y su tropa en la que se distinguen en este asunto el inepto ministro de Agricultura y el retorcido y revenido del Interior.  Un tipo cobarde y dócil hasta la nausea con los poderosos pero en cambio jaque matón de taberna con la gente de bien que protesta contra las injusticias que sufren incluidas las gratuitas agresiones gubernamentales.  Así la reciente carga de la Brigada pesada contra una manifestación pacífica en Don Benito, Badajoz.

Es verdad que las causas de la actual postración de nuestro agro son muchas y variadas y tienen que ver con aspectos de carácter estructural y de la formas de producción y comercialización. Son de carácter sistémico y no todas achacables a la encanallada estulticia socialista.

En homenaje a nuestros sufridos agricultores y como humilde invitación a que lleven sus cuitas con tesón y energía pero también con paciencia rescato un antiguo texto de hace un lustro que sirvo a continuación:

 

El mundo de la patata es complejo.  Pertenece a una de las familias más útiles para la Humanidad, el género Solanum que cuenta con miles de especies, algunas de ellas relacionadas con sustancias psicoactivas. Uno de los grandes tesoros traídos por los españoles desde América, conocida aquí en España antes de 1573, que ha permitido la supervivencia en periodos especialmente difíciles a parte de la población europea, como antes lo hacía con las americanas. Cieza de León explicaba en su Crónica del Perú que “el principal mantenimiento de ellos (los indios collas) es papas que son como turmas de tierra”. También se ocupa de ellas Garcilaso de la Vega, el Inca en sus Comentarios reales.

Patata _optLlamada Solanum Tuberosum por Linneo, hay patatas con 24, 36, 48, 60 y 72 cromosomas.

Hay patatas machos, término que en España significa patatas filosas e improductivas y que los ingleses emplean en cambio para distinguir los ejemplares estériles y de mayor tamaño.

Hay matas silvestres que manifiestan caracteres más rústicos y primitivos. Son defectuosas tanto por su menor rendimiento como porque tiende a brotar prematuramente.

Hay patatas tempranas, semi tempranas y tardías.

La patata de cultivo no se siembra directamente con semillas sino con otras patatas producidas en condiciones favorables. La buena patata de semilla debe obtenerse eliminando las plantas enfermas, o de otras variedades, en mezclas conocidas como ventureiras en Galicia.

La patata se acomoda bien al clima pero para que sea más útil para la siembra ha de hacerse en zonas productoras que presentan características climáticas especiales. Clima suave, lluvias repartidas pero no excesivas ni muy frecuentes, con vientos de velocidad media, días largos, ausencia de heladas durante el periodo vegetativo, temperaturas de verano no muy altas, para que no haya periodos de reposo ni de brusca reactividad de la planta. Los días largos favorecen la formación de la mata y los cortos, la de los tubérculos.

De modo que las condiciones ecológicas para obtener buena patata de siembra están limitadas en España.

Las mejores zonas patateras españolas deben estar por encima de la isoyeta de los 600 mm de precipitación. Las temperaturas del verano no deben ser excesivas. La altitud superior a 700 metros.  Suelen estar alineadas en la orografía cantabro pirenaica, carpetana e ibérica.

La Naturaleza es fuente de Sabiduría por lo que debiera llenarnos de orgullo y satisfacción imitarla en lo posible. Si de las patatas pasamos a los políticos cabe decir que existen también muchas variedades con diferentes cualidades productivas, de rendimiento y organolépticas. También, que degeneran si no se renuevan como las patatas de siembra, criadas en áreas especializadas y especialmente controladas.  La resiembra patatera produce degeneración y enfermedades por lo que no se debe dejar que formen casta cerrada y degenerada, autentica fuente de plagas y problemas para el suelo y el resto de cultivos.

De modo que es tarea inaplazable de genuina regeneración nacional determinar las zonas de cría político patatera más aptas para nuestras especiales condiciones ecológicas tan diferentes por cierto de las de allende los Pirineos, en la Europa laica, democrática y civilizada donde las estafas, atentados y fechorías no quedan impunes.

Así, una vez producido y certificado como libre de corrupción y plagas el político de siembra podría implantarse con éxito en la zona de cultivo, siempre con la condición de no ser reutilizado para una próxima cosecha para que la cosa no degenere.

El ente encargado de garantizar la calidad del producto político patatero, ¿debe ser nacional o autonómico?  La experiencia indica que un ente nacional tendría muchas más ventajas desde el punto de vista de la calidad, la logística, los legítimos intereses de productores y consumidores así como para la conservación de la naturaleza.

Se ha comprobado una y otra vez que los servicios autonómicos fatalmente caen en manos de caciques y gentes desaprensivas por lo que no tardan en convertirse en onerosas mohatras.

Las políticos patateros procedentes de zonas de alto riesgo degenerativo infeccioso como los valles de Arán y Aneo o las sierras del Cadí o Beaumort en Lérida; la Cerdaña y Ribera del Rigart en Gerona; Berga en Barcelona y Pradés en Tarragona, deben ser objeto de vigilancia especial dado su hábito de saltarse la legalidad vigente según convenga.

Fuente:

Servicio de Ocurrencias varias de la Presidencia del Gobierno, Marca España (Spain).

Bienvenido Míster Buda

Insólita, desde luego incluso para el enrarecido Reino de España donde cualquier cosa por extraña e inconveniente que sea puede ocurrir y ocurre, incluso con el paradójico concurso de nuestras autoridades, es la noticia de la intención de construir un parque temático dedicado a Buda en plena estepa cacereña. Sí. Extraño escenario para un nuevo sermón de Benarés, disputando hábitat a sisones, avutardas, ortegas, cortezas, alondras, cogujadas, aguanieves o alcaravanes se pretende construir como gigantesco espantapájaros y atrae-guiris una descomunal estatua del príncipe indio, la mayor de todo el mundo, con nada menos que cuarenta metros de altura. Rodeada de varios centros de atención al guiri. Una cosa kitsch que recuerda el engendro compostelano de la Ciudad de la Cultura, un emergente ecosistema entre tojales para hacer la competencia en atracción del turista al clásico paquete de la vieja catedral y sus alrededores monumentales.

Lo del Buda en la estepa es una aventura como poco extravagante que tiene, me temo, todos los visos de constituir un renovado Bienvenido Míster Buda. Con un alcalde y su séquito viajero a exóticas tierras para hermanar la ciudad extremeña con la nepalí de Lumbini. Un séquito municipal que nos debe una explicación, que puede nos vaya a pagar como el colega de Villar del Río cuando la cosa no tenga remedio y haya que recoger con la cabeza gacha la parafernalia de confetis y banderitas del fallido festejo pagado a escote por los sufridos lugareños. Eso sino se convierte en ocasión para la granjería y especulación de poderosos, testaferros y sus aledaños.

No deja de ser curioso que cuando imagen de tipo religioso o espiritual como es la cruz, que tan grande tradición posee en Extremadura, molesta al fanatismo socialista, comunista o ateo progre, y se pretende derribarla, en cambio, se vaya a realizar un proyecto supuestamente religioso sin vinculación con la tradición cacereña. Deben ser cosas del multiculturalismo impuesto por el globalismo. O sin más argumentos raros, como explicaría Ockham, el de la navaja, por pura especulación, no intelectual sino urbanística.

Sabemos que no sería el único, que ya existe un parque temático budista en Portugal. También que en Madrid, escarmentados quizás después de la fallida experiencia del timo sionista de Eurovegas, el proyecto ha sido rechazado.

Pero, ¿qué sentido tiene montar este extraño tenderete sobre los secarrales que bordean la prodigiosa ciudad patrimonio de la Humanidad? ¿Tendrá estación apeadero del nuevo mitológico AVE a ninguna parte? ¿Acaso nuestros piadosos próceres velan por nuestra buena salud espiritual?  Me extrañaría en gentes tan proclives a desafueros político, familiar o sindical vendible por votos en el zoco o mercadillo de la moral y la espiritualidad desahuciadas…  Gentes que se muestran como la negación intelectual y vital del mensaje de Buda o de todo filósofo o avatar espiritual.

Hasta donde hoy se conoce el sentido del proyecto no parece que sea espiritual. Ya hay otros centros budistas en el Norte de Cáceres aparentemente más acordes con las ideas del gran hombre bueno preocupado por combatir el sufrimiento, el hombre de la Gran Renunciación al que es de suponer le habría sorprendido este tinglado que se pretende montar en su nombre.

 

El budismo es un término que no deja de ser equívoco porque puede incluir diferentes concepciones espirituales, metafísicas e incluso mágicas. Entre ellas, un método práctico de desarrollo espiritual. Siddartha Gautama, Buda, fue un personaje histórico más o menos adornado de leyenda que sostenía que el hombre puede contribuir a acabar con el sufrimiento y alcanzar la iluminación por sus propios medios. Buda no se considera un Dios ni tampoco un profeta monoteísta. Tras muchos años de meditación Buda llega a una serie de conclusiones que expresa de modo oral.

Es la doctrina del sendero medio: ni vida consagrada a la sensualidad o los placeres, ni tampoco a la ascesis mortificadora. El sendero medio evita ambos extremos y conduce a la Sabiduría, a la serenidad, al discernimiento,… al nirvana.

Para Buda hay Cuatro Nobles Verdades que forman el Dharma o doctrina experimental budista. La verdad del sufrimiento. La verdad de su causa. La verdad de su cese. La verdad del método que conduce a lograr esa extinción del sufrimiento.

Este método es el explicado en el famoso Sermón de Benarés: Las cuatro nobles verdades sobre el dolor, su origen, su detención y el camino para su cesación. Brevemente: Visión u opinión correcta o justa, Pensamiento correcto, Palabra correcta, Actividad correcta, Medios de vida correctos o acordes, Esfuerzo, Atención y Concentración.

La Enseñanza budista propugna la triple corrección:

Conducta  ética, o sila  (palabra, actividad y forma de vida correctas)

Disciplina mental, o samadhi (esfuerzo, atención y concentración correctos)

Sabiduría, o panna o prajna (visión correcta, pensamiento correcto)

El Buda promueve la experimentación de cada cual. Nadie debe creerse lo que el propio Buda dice sin experimentarlo primero. Buda no se considera un salvador.

Tampoco es un pesimista, Buda entiende que el sufrimiento tiene solución y explica cómo solucionarlo.

En la concepción original de Buda no existiría un atman o alma individual que trasmigrase como sostiene el hinduismo, sino una especie de conglomerados de atributos, energía o conciencia que puede disolverse o reagruparse parcialmente.

Si no es un alma susceptible de reencarnación como tal, el individuo sería una manifestación de energías cambiantes y agrupadas en cinco agregados: materia, sensaciones o sentimientos, percepciones e ideas, deseos que generan karma y conciencia.

La extinción de tal conglomerado y con ella, del sufrimiento, depende de la conducta ética, de las acciones, no de la devoción. Con la muerte el Buda ya liberado, se extinguiría por lo que no tendría sentido rezarle.

Pero mientras no haya liberación definitiva esas energías no desaparecen con la muerte del cuerpo sino que se siguen manifestando con otra forma.

Si se eliminase la ignorancia sobre nuestra verdadera naturaleza sucesivamente se eliminarían el deseo, el apego, el devenir, el nacer, el envejecer, el morir, la aflicción, todo lo que constituye el sufrimiento. Y con ello el abandono de los fundamentos de la existencia, el fin del deseo, el logro del nirvana.  Y supongo, dicho sea de paso, de la “necesidad” de ningún parque temático “budista” como del que aquí se hace mérito.

El nirvana no representa la nada sino el verdadero ser.

Es importante intentar comprender el sentido profundo del nirvana asociado a Beatitud, Bienaventuranza inquebrantable, Inmortalidad

La visión designada en el canon como “el ojo de los santos” permite el contacto con lo incondicionado, lo no construido, nirvana.

Esta visión trascendental se obtiene mediante técnicas contemplativas o ejercicios guiados por la sabiduría, es decir, por una comprensión de los estados psíquicos y para psíquicos experimentados.

Al hacerse inteligibles las experiencias yoguitas trasmutan la conciencia normal, y quedan abolidas las construcciones verbales y las estructuras de pensamiento.

Este es un aspecto común a todo lenguaje místico. Y al ligarlo a la dificultad de fijar una ortodoxia representa un riesgo para cualquier sistema de poder o dominación. Por eso los místicos no suelen ser bienquistos por el Poder religioso, aunque en ocasiones éste trata de asimilarlos.

La doctrina de lo Absoluto o no construido se puede comprender y confirmar con esas tales experiencias. Una de ella sería el tantra. Sus ritos intentarían realizar el coincidentia oppositorum a todos los niveles de la existencia.

Las verdades de Buda deben ser experimentadas y confirmadas de este modo. No basta el conocimiento simplemente intelectual. No es una simple teología motivo de fe.

Pero el difícil concepto de nirvana se ha interpretado de diverso modo.

La condición de “nirvanado”, si vale la expresión, puede ser la extinción total. Para otros una beatitud más allá de la existencia que nadie puede expresar.

Si algunos enseñan que el Nirvana es la aniquilación del Yo, decidles que mienten. Si algunos enseñan que el Nirvana es vida separada, decidles que se engañan, porque ignoran la verdad, no ven la luz que brilla por encima de sus rotas lámparas y no saben que la felicidad está fuera de la existencia y del tiempo”  (Arnold, Luz de Asia).

El problema epistemológico se plantea así: Si el nirvana es lo incondicionado por excelencia, el Absoluto, el mundo de la cosa en sí, trascenderá no sólo las estructuras cósmicas, sino también las categorías del conocimiento. En este caso podrá decirse que el ser que ha penetrado en el nirvana ya no existiría, si entendemos la existencia como un modo de ser en el mundo, pero puede afirmarse también que “existe” en el nirvana, en lo incondicionado, en un modo de ser por tanto que no cabe imaginar ni comprender en nuestra finitud de criaturas.

El budismo se fue trasformando a medida que se fue extendiendo por toda Asia al contacto con las principales creencias de los diferentes países. La doctrina más escueta, racionalista y experimental de los orígenes se fue diluyendo o modificando en ocasiones cuando asimilaba creencias locales. En efecto, la doctrina inicial se expuso al peligro de irse diluyendo al contacto con las imágenes y los símbolos anteriores a su llegada a los diferentes países en los que se fue extendiendo. De modo que hubo un proceso histórico de adaptación y asimilación. Más que intentar desalojar espíritus y demonios de a imaginación de los hombres, se entretejieron hábilmente las creencias populares en las enseñanzas, surgiendo así un complejo pero acertado y eficaz sistema de metáforas que permitía que tanto el racionalista como el mero devoto interpretaran la doctrina cada uno a su manera. Para los racionalistas era una filosofía positivista y a la vez un código moral basado en el autodominio, la bondad y la clarividencia. Para los devotos era una fidelidad, un sentido emocional de pertenencia, una fe o devoción.

De tal manera que de aristocrático, en el genuino sentido del mérito y la Virtud pero no del linaje, sin necesidad de un clero o casta sacerdotal porque su ámbito era cada individuo, se fue trasformando en  popular, con un creciente papel de un clero intermediario. Lo que daría lugar a panteones más o menos barrocos, teologías complejas y devociones inspiradas o gestionadas por ese clero.

El lamaísmo tibetano, en realidad una forma de teocracia, fue un buen ejemplo de ello. En cierto modo, el budismo y el cristianismo sufren evoluciones parecidas, donde el Conocimiento espiritual se degrada en ortodoxia y poder político o religioso para aplicarla.

En consecuencia, lo que un principio era una doctrina escueta, austera, racionalista, positivista y un código moral basado en la bondad, la lucidez o el autodominio, se convierte así en una visión devocional. Buda ya no es sólo un príncipe, un hombre bienintencionado experimentador espiritual, sino que se trasforma en una deidad superior capaz de escuchar sus ruegos. El conglomerado de atributos o energías antes citado sería para esta asimilación posterior un alma que reencarnaría más veces.

La pura concepción originaria de Buda, tan sencilla en lo abstracto pero difícil en la práctica vital, trasmitida a un grupo reducido de iniciados a través de una doctrina secreta, da lugar cuando se extiende primero al budismo Hinayana luego al Mahayana o gran vehículo, al budismo tántrico y al zen.

Junto a una cosmografía fantástica, también nace así una iconología tradicional que se va haciendo cada vez más compleja o barroca, por la que se entronizan arquetipos o atributos del mundo espiritual.  Y surge un arte tradicional o sagrado, fijado en cánones, en el que de modo semejante a lo establecido por el Tratado de Iconografía de Panselinos en el  caso del Cristianismo, las imágenes pueden ser identificadas por sus gestos o mudras, posturas o asanas, u objetos ritualísticos y símbolos que portan.  Surgen también las bellas y consoladoras figuras de los bodhisattwas o budas de la compasión, las taras o deidades tántricas femeninas cuyo origen es sin embargo, humano: las dos esposas, mogola y nepalí de cierto rey tibetano. Los arhats, llamados Lo-hans en China, o discípulos personajes realizados; los terroríficos guardianes protectores contra la acción de los demonios, etc.

Sin embargo, pese a su gran pureza inicial, e integridad del buscador espiritual que le diera vida, el budismo histórico tampoco es ajeno a los procesos de desgaste sino cierta degeneración histórica clerical a los que aludía Max Müller.

 

Tras este somero repaso recordatorio sigue sin estar clara la espiritualidad o razón última de semejante proyecto, que parece incardinado en lo meramente material, en maya, el mundo ilusorio del que Buda invitaba a separase. Pero en tal plano material, dando a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, desde ese punto de vista, todo proyecto tiene un efecto renta y un efecto distribución. Y unos costes medioambientales que en el actual estado de cosas no sabríamos evaluar, aunque esperamos que no sean críticos con las suficientes y adecuadas acciones correctoras.

Desde el punto de vista iconológico llama la atención que en el vídeo que se ha hecho público la figura de Buda, punto espiritual con el que identificarse y hacerse Uno, no se encuentre en el centro geométrico de lo que podría constituir un gran mandala, sino en uno de los lados.

Es de suponer que la cosa termine como en Bienvenido Mister Marshall, pero si al cabo, el proyecto termina saliendo adelante, es preciso que la opinión pública esté muy vigilante para ver cómo se concretan estas cuestiones o variables estratégicas del proyecto y exigir a las autoridades y agentes empresariales transparencia, rigor y sensatez en sus planteamientos y desarrollo.

 

 

Fotos del autor, incluidas las del parque budista de Barrabal en Portugal.

Sobre el libro Buda, Parsifal y el grial

Buda, Parsifal y el grial

 

 

EXCLUSIVA: fragmentos de notas autobiográficas de don Benito Arias Montano en Sevilla, 1598

Entre un legajo de documentos varios, aparentemente inéditos, se han encontrado unos fragmentos de lo que parece una autobiografía del insigne polígrafo don Benito Arias Montano, fallecido en Sevilla el 6 de julio de 1598. Lo encontrado, con ortografía actualizada o modernizada, dice así:

En Sevilla, junio de 1598

Ahora, cuando siento que mi vida se acaba, acogido a la hospitalidad de mi entrañable amigo Simón de Tovar y su bondadosa familia me asaltan los recuerdos. Algunos gratos, placenteros, otros, no tanto. No me arrepiento de mi vida, aunque haya demasiadas cosas que creo no repetiría. Mi pasión por el conocimiento me ha impedido gozar del amor en todas sus dimensiones, aunque no tanto de la amistad verdadera. Me vienen a la mente los ojos y la sonrisa de Anne Herents, relación imposible de la que, sin embargo, mi buen y fiel amigo y confidente Plantino actuó como singular corresponsal. ¡Qué hermosos tiempos aquellos de Amberes!

Mi vida nunca fue lo que parecía. Mi primera crisis espiritual ocurrió en Trento. Recuerdo las interminables sesiones conciliares con dos únicos libros presidiendo los trabajos, la defectuosa Biblia vulgata de san Jerónimo y la descomunal Suma teológica de Tomás, el erudito local. Por aquella época yo aún creía plenamente en la Iglesia. No entendía hasta qué punto su aventura humana había traicionado el espíritu evangélico. Como se había preocupado más del poder y las riquezas que de la defensa del Verbo. Esa Palabra que estaba en el Principio y que, sin duda, había perdido suponiendo que alguna remota vez hubiera poseído en su integridad. La rebelión de Lutero era sólo un síntoma del deterioro pero no la causa del mal que la aquejaba. Había que ir nuevamente a las fuentes, en búsqueda de la Palabra. Pero la cuestión no era tan fácil. Intelectualmente las cosas cada vez estaban menos claras a medida que se investigaba, puesto que no era posible reconstruir con total certeza la peripecia del cristianismo histórico original. Aprendí lenguas para tratar de desentrañar la verdad, pero ésta siempre se me escapaba. Pero si las letras constituyen el cuerpo del lenguaje había que buscar su alma. Mis antepasados hebreos habían guardado la tradición de ese alma que vivifica la letra muerta y, desde ese punto de vista, habían avanzado más en el conocimiento de lo genuinamente sagrado que la propia escolástica, que si bien había contribuido grandemente al desarrollo del pensamiento dirigido, olvidaba que la revelación nunca podrá ser una mera experiencia intelectual que no tenga en cuenta el ser humano en su integridad, y, por tanto, el mundo de la emoción. No hay una traducción única de un libro único. El libro verdadero está en nuestra conciencia cuando se abre a todas las dimensiones del ser. Y no está escrito con letras de ningún único alfabeto, alefato o alifato. Está escrito con emociones y con revelaciones personales que se abren hacia una conciencia mística e inefable. Y por eso, incluso más valioso que un libro sagrado, sea tener un método que permita a los merecedores de ello acceder a esos sublimes estados de conciencia, en que las criaturas siquiera momentáneamente podemos integrarnos en el Todo. Los libros nos permiten recrear intelectualmente un modelo del Ideal, pero no son el Ideal mismo, hasta que sus valores son guardados en nuestro corazón y son vividos por nosotros mismos.

Por una de esas ironías de las que la vida es tan pródiga, no veía aún las cosas así cuando buscaba libros tanto para S. M. como para mí. Por aquel entonces parecía una especie de Noé en busca de libros que salvar de la barbarie que se avecinaba. Allá por la primavera de mi primer viaje a Flandes, en comunicación con el embajador imperial en Francia, D. Francés de Álava, por órdenes del Rey y con no poca vocación personal propia, rebuscaba libros cuando me encontré con un mercader griego de libros originales, de nombre Andrés Darmario, proveedor también del obispo de Segovia, al que yo ya conocía de Venecia, que llevaba unos raros ejemplares a la reina de Inglaterra. El pobre Darmario había caído en manos de la soldadesca flamenca y había sido despojado de su dinero y enseres salvo los libros, objetos casi siempre despreciados por el vulgo, menos para calentarse alimentando una hoguera. El contratiempo le obligaba a vender parte de su mercancía para poder proseguir su azaroso viaje. Me ofreció unos pocos a cambio de una fuerte suma de dinero, además de cartas de recomendación para el embajador español y otras autoridades del camino. Yo se las di pues temía por su vida, no sin advertirle antes de las grandes dificultades de su empeño y del incierto negocio que procuraba en un reino como el inglés con libros casi todos eclesiásticos y católicos, salvo algunos filosóficos. No acepté su oferta parcial, sino que le pedí todos, diciéndole que eran para mi propia colección y no disponía de más dinero. Después de mucho regateo, idas y venidas, se los saqué por sólo ciento quince escudos cuando de haber adivinado que iban destinados a la biblioteca real de san Lorenzo no los hubiera dejado por menos de quinientos. Bien es verdad que de la relación que remití al secretario real, Gabriel de Zayas, olvidé alguno sobre el tema que más me interesaba, además de una música de Ptolomeo, algunos comentarios a Platón, libros de astronomía en letra arábiga y caldea y un pequeño volumen de Orígenes.

Luego, el Duque de Alba me dio aviso de que viera las librerías de Haustrat y Breda, de modo que llegué a reunir hasta no menos de trescientos manuscritos originales griegos. Me imaginaba cual caballero andante en busca de la gloria menos material que de recuperación de tesoros del pasado. Mejor que un Marcilio Ficino al servicio de los Médicis, mis victorias lo serían frente a la ignorancia, y sus compañeras, el fanatismo, la ambición y la hipocresía. Lástima que luego la biblioteca imperial se convirtió en otra especie de tumba, en la que buena parte de tanta sabiduría dormiría el sueño del abandono sin aprovechar a nadie. Así que decidí durante mi trabajo como bibliotecario en san Lorenzo intentar salvar del olvido los mejores con una signatura asaz apropiada, 0.0 = 5.

Pero, os decía que a veces añoro Amberes, ese remanso de paz que con los familistas pudimos preservar pese a la guerra, la violencia y la destrucción. Hice lo que pude para evitar excesos, aunque no siempre con éxito. La paradoja del humanismo es que tras intentar despertar universalmente las mentes a la crítica, el pensamiento y la creencia libres, ha de refugiarse en pequeños grupos para no perecer en el vendaval del fanatismo y la violencia. La humanidad no está preparada para vivir los grandes valores, y aunque nuestro deber sea intentar alumbrar un nuevo y mejor estadio de conciencia, a veces no nos queda más remedio que disimular y de algún modo escondernos para poder sobrevivir personalmente. Y con nosotros, la Cultura.

Amberes, ese Amberes, oficialmente católico, tridentino, ocultaba muchos secretos,. que representaban formas particulares de esa fraternidad tradicional y sin nombre, promotora de la civilización, que luego desarrollaríamos en Toledo con Luis de Castilla y el pintor Dominico Greco. La peripecia de la Biblia Políglota motivó otra de mis crisis. La política real que yo trataba de suavizar en lo posible estaba equivocada en el fondo. La Religión no puede utilizarse políticamente pues su escenario natural no el Poder, ni las glorias de Palacio, sino lo más recóndito e íntimo de las conciencias. La política imperial que yo aconsejaba al principio, basada en la firmeza de la unidad católica y la intolerancia hacia los herejes, era un claro error. Empecé a darme cuenta de él por otro motivo, cuando ocurrieron los desordenes por la imposición de los tributos conocidos como décimo. Pero, el mismo edificio emblemático de san Lorenzo no era sino un error de concepto, un extravío moral. Representaba el ideal teocrático, la unión del Cielo y la Tierra realizada sobre un Centro. Pero en este caso, la jerarquización del espacio arquitectónico se había dispuesto de modo que el domus regia, el palacio imperial, se colocaba en el Este, subordinando no ya sólo el domus sacerdotum, el convento, sino incluso el domus domini, es decir, el propio templo, a la política imperial. Felipe, el rey monje tenía su cámara en el sancta – sanctorum.

 

A mi vuelta de Roma, se habían cumplido los peores presagios. Ya en agosto se había producido en París, instigada por Catalina de Médicis, la espeluznante matanza de hugonotes. Estaba así fuera de toda duda razonable que el catolicismo no podía imponerse como garante de la unidad política si queríamos evitar la destrucción de Europa. Era necesario sustituir al Duque de Alba y que su sucesor, don Luis de Requesens, cambiara su política hacia otra más tolerante, que permitiera la actuación creciente de las autoridades flamencas. Y así estuve yo un tiempo, como un pequeño Platón aficionado, aconsejando al nuevo gobernador en su ínsula. Propuse la abolición del aborrecido Consejo de Turbas entre otras reformas dirigidas a la pacificación de la población, como el control de los desmanes y abusos de sectores del ejército imperial, compuesto en buena parte de mercenarios. Mi trato con tanta gente me hizo ver que incluso los católicos flamencos se habían vuelto contrarios a España, por lo que las razones de las revueltas más bien cabía buscarlas en los abusos concretos que en la sola imposición religiosa.         

— Ilegible…

Posdata

En estos momentos tan tenebrosos y altamente peligrosos para la suerte de la Cultura española hoy gravemente amenazada por las instituciones, no está de más, aunque sólo fuese como consuelo, recordar  y si se puede tratar de emular los grandes logros de nuestro Siglo de Oro.

 

 

 

La leyenda de la Virgen del Ara

                                        El negocio cristiano no consiste en ciencia, sino en experiencia. (Juan de Valdés)

 

En cierto paraje recóndito de la siempre sorprendente y preciosa Extremadura se encuentra una insólita por importante aunque no muy conocida ermita. Se trata del santuario de Nuestra Señora de Ara, a una legua del pueblo de Fuente del Arco, en la actual provincia de Badajoz, lindando casi con Andalucía en las estribaciones de Sierra Morena.

Se trata de un territorio ya bien conocido por la civilización romana. No solo de la entonces gran urbe Emérita Augusta. Cerca de allí está Regina, cuyo teatro romano aún se conserva. O la mina de hierro de La Jayona, hoy declarada monumento natural, antiquísima explotación, en un interesante paraje geológico con fallas y actividad kárstica, de la que hace sucinta referencia Tomás López a finales del siglo XVIII en su famosa descripción geográfica de “Estremadura”.

El santuario también es citado por Pascual Madoz aunque por error o errata la llama la ermita de Nuestra Señora de Lara.

La ermita se encuentra ubicada en un lugar sagrado romano probablemente donde ya estuviera antes un templo o lugar de peregrinación pagano. Dado el importante nivel vibratorio del lugar, y la propia orografía de valle entre colinas, en un área con aguas subterráneas y una fuente.

La fuente es uno de los elementos importantes de la leyenda de la Virgen de Ara. Una leyenda cargada de profundo simbolismo como trataremos de explicar.

La finca donde está la ermita tiene un paisaje muy sugestivo. Aunque logró permanecer fue objeto de la nefasta desamortización de Mendizábal que tantos desastres artísticos provocaría. Hoy es de propiedad privada, excepto la ermita santuario propiedad del arzobispado y de la Hermandad o cofradía dedicada a la Virgen, entidad que tiene su cargo la conservación y gestión de visitas. También superó la desaparición en la práctica de la Orden de Santiago que la protegiera y dotara a lo largo del tiempo.

No sin alguna exageración al santuario de Nuestra Señora del Ara se le califica de la Capilla Sixtina de Extremadura. Desde luego, no estuvieron aquí ni Boticelli ni menos Miguel Ángel, o demás artistas biografiados por Vasari, pero el conjunto de pinturas de la decoración de variado mérito y calidad resulta hermoso y sorprende en un lugar tan alejado de núcleos importantes de población. La mayoría de ellas relacionada con temas bíblicos. Algunas dedicadas a originales exvotos que aquí son pinturas en vez de esculturas en cera. Muy interesantes, entre ese conjunto de pinturas, las de las bóvedas del coro con sus insólitos temas geográficos de continentes y puntos cardinales. Y los frescos con motivos geométricos.

La visita merece la pena y no puede por menos de hacernos recordar la sugestiva peripecia de los alumbrados españoles, alguno de cuyos centros más importantes se hallaban precisamente en la vecina Llerena, en especial desde 1570 a 1582. Una ciudad de importancia cultural entonces, calificada de “pequeña Atenas de Extremadura” por Rodríguez Moñino.

Probablemente, lo más importante a recordar hoy sobre el fenómeno de los alumbrados sea la experiencia del lenguaje sagrado y su incierta traducción a códigos religiosos, teológicos, poéticos conocidos por comunes o canónicos en cada Cultura. En el iluminismo de los alumbrados se da una hegemonía de lo emocional, sin límites críticos de la Cultura o de la Razón. Y para el alumbrado se prioriza la aspiración de lo sagrado como ser una especie de criatura entregada al deseo para conseguir identificarse con el Absoluto, con lo incondicionado.

En la decoración de la ermita se muestra una Biblia expuesta al libre examen pero en imágenes. Los frescos del zócalo con motivos geométricos se habrían realizado en el siglo XVI mientras las pinturas de la bóveda de cañón proceden del siglo XVIII y se deberían al maestro Brieva y su hijo.

Pero para mí lo más importante o significativo es la contemplación del conjunto. Y desde luego, del paisaje, el propio centro de poder telúrico, la leyenda originaria, así como la peregrinación que recuerda a la famosa del Rocío.

Como afirmaba el doctor Eduardo Alfonso, médico y amigo de Mario Roso de Luna: “Las leyendas y tradiciones son tan “restos arqueológicos” como las estatuas, estelas y ceramios. Lo importante, como sucede en éstos, es saberlos interpretar… lo que ocurre es que los investigadores positivistas que siguen la línea del conocimiento discursivo, basado en la observación y deducción, parecen olvidar que hay también una forma de conocimiento “intuitivo” o suprarracional, que es tan legítimo como el otro; aparte el camino inductivo del conocimiento racional que empleamos muchos como formas de llegar también a la verdad. Y no creemos que deje de ser “racional” buscar soluciones en la voz del espíritu de los pueblos, buscando en la masa psíquica ancestral de la humanidad, fuente del pensamiento fantástico, mítico simbólico, con el cual se ha expresado invariablemente la humanidad primitiva, y que a nosotros nos toca descifrar ante las exigencias racionalistas de nuestra ciencia actual…”

 

La leyenda de Nuestra Señora de Ara plantea un conocido e importante problema epistemológico. El sentido y naturaleza del conocimiento y de sus relaciones con el universo espiritual.

La leyenda se describe en un bonito y sugestivo cuadro de origen gótico renovado varias veces, la primera ya en un lejano 1488, según refiere el investigador Francisco Tejada. Sin embargo, el este cuadro paradójicamente no se encuentra situado en un lugar preeminente del templo sino en la sacristía, un lugar con fuerza telúrica. En el camarín de la parte superior del retablo, parecido al de Guadalupe, al que también se puede acceder desde atrás, se presenta una talla un poco anodina, a mi juicio de menor interés estético y simbólico que la imagen del cuadro, “desterrada” a la sacristía.

En una cartela explicativa del cuadro cuyo texto copiamos al margen se resume la leyenda de muy alto contenido simbólico y espiritual.

En resumen, la princesa mora Erminda consigue la cura de la ceguera de su padre el reyezuelo Jayón quien tras la revelación o apertura al mundo espiritual también se convierte al Cristianismo.

Aparecen varios arquetipos tradicionales. El agua y la fuente. La doncella que va al manantial. La fuente como centro. Según Justino mártir “como una fuente de agua viva de Dios manó este Cristo en los paganos privados del conocimiento de Dios, el Cristo que se manifestó también a vuestro pueblo, y que curó a los que por nacimiento y por la carne eran ciegos, mudos o paralíticos…”.

Y el gran poeta místico español nos lo explica:

Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche.

(Toledo, cárcel calzados, 1578)

 

¡Oh cristalina fuente

Si en esos tus semblantes plateados

Formases de repente

Los ojos deseados

Que tengo en mis entrañas dibujados!

(Cántico, 11 Sanlúcar, A; 12 Jáen, B)

 

Entréme donde no supe

Y quedéme no sabiendo

Toda ciencia trascendiendo

(Ávila)

El árbol es en este caso un alcornoque, especie del género quercus adaptada a las condiciones de sequía estival. El moro con poder político como indica su cetro, pero ciego tanto en lo fisiológico como en lo espiritual.  Y en la copa del árbol, la revelación de lo sagrado, en la imagen de Nuestra Señora con el Niño, rodeada por ángeles. El árbol da una imagen de verticalidad, de eje de la existencia, que conduce desde lo subterráneo hasta el cielo. Este tipo de representación hilozoísta de una figura arquetipo espiritual sobre una planta florecida, no es exclusiva de la tradición cristiana sino que es muy habitual en Oriente en la forma de un loto en flor. Allí suele ser una figura budista femenina, Kuan Yin o un Avalokitesvara, Bodhisattva o Buda de la Compasión. El loto nace en el fango, atraviesa las tinieblas del fango y se abre a la luz.

El árbol sefirótico es resumen o diagrama de la antigua tradición de la Cábala. El hombre puede regresar a su verdadero mundo originario. El verdadero árbol posee sus raíces en el espíritu y las ramas en la ilusión de la existencia tangible. El Árbol de la Vida en la columna central indicaría el equilibrio espiritual y la inmortalidad. El Árbol del Bien y del Mal, o de la Dualidad, la polaridad y el desequilibrio, lo perecedero, en sendas ramas laterales.

También Mozart nos cuenta en su última ópera que la flauta mágica que abre el acceso al mundo espiritual estaba escondida en otro quercus. La flauta según algunos cuentos sufíes se relaciona con las cañas y con el agua, y trata de decir lo indecible.

En el Pórtico de la Gloria de Santiago el árbol de la Vida, con el linaje de Jesús, es de piedra esculpido en el parteluz y por encima de él, en el tímpano semicircular se presenta la Apocalipsis o visión sagrada en este caso con una figura de Pantocrátor en vez de la Virgen.

La representación del árbol como medio de evolución espiritual, de trasformación de lo grosero en lo elevado, aparece en los grabados de muchos libros de alquimia de esa época. Así, por ejemplo en el Tractatus qui dicitur Thomae Aquiniatis de Alchimia. O en Miscellanea d´Alchimia. En este último texto se muestran sendos grabados, uno con el árbol naciendo del falo de Adán; otro con el árbol naciendo de la cabeza de Eva, como un arquetipo de lo sagrado. En cierto modo recuerda el nacimiento de Atenea desde la cabeza mente de Zeus.

En la mitología nórdica también existe un árbol sagrado, el gran fresno Yggdrasill, que crece en el centro del Cosmos, protegiendo y nutriendo los mundos. Y de algún modo, diríamos ahora, conectando universos de diferentes dimensiones y tasas de vibración. Esa misma idea la encontramos aquí: en la copa se encuentra la imagen de la Virgen, aparecida o manifestada desde el mundo espiritual al nuestro.

 

El santuario se encuentra en un antiguo olivar con su dotación de almazara. El olivo es el árbol de Minerva, que la diosa donara a los mortales, el árbol de la Paz y de la Sabiduría. Una de las formas de su protección. Es posible que la procesión actual al santuario del Ara, además de por ser un centro o punto de poder, tenga su remotísimo y olvidado origen, trasmitido por los romanos, en las antiguas procesiones inmortalizadas por la escuela de Fidias en el friso del Partenón que subían desde Atenas a la Acrópolis para lleva a la diosa protectora un delicado peplo de lana teñido con azafrán.

 

La pervivencia de antiquísimas tradiciones como ésta nos mueve a la reflexión sobre su sentido último en el actual ciego mundo posmoderno instalado en la simulación y la mentira. El arte tradicional conmueve, mueve hacia. Tiene un componente práctico. Creo que nos indica que debemos prestar atención a lo sagrado, a la contemplación de lo numinoso. Al mundo que se abre cuando renunciamos a nuestra ceguera voluntaria. A como dice la leyenda: «a ser esclavos del infernal Dragón«.

 

Este texto es una interpretación personal de la leyenda, para saber más sobre el santuario

Web del ayuntamiento de Fuente del Arco

Explicaciones de la guía Ara María Martín

El Santuario de Nuestra Señora del Ara de Fuente del Arco por Francisco Tejada Vizuete

(Fotografías del autor, tomadas durante su visita en julio de 2019)

 

Tribadas por el socialismo

La verdad es que hasta hace un par de años poco más o menos no sabía de la vida (poco ejemplar) y milagros (falsos como su colita)  de un o una o une tal Beatriz / Paul Preciado nacido, nacida o nacide en Burgos cuando lo del famoso juicio. Eso fue durante una curiosa sesión del Ateneo de Cáceres bajo la máscara de ¡un ciclo de Filosofía! El orador, creo que era un profesor de algo pero no sé de dónde, ni tampoco recuerdo su nombre. El caso es que muy serio, conmovido y puesto en razón, dada la categoría epistemológica y moral de las revelaciones, explicaba a una audiencia más complaciente que perpleja alguna de las ingeniosas teorías de Preciado. Recuerdo entre el rosario de sandeces la verdaderamente novedosa amén de revolucionaria de que el sexo es un invento del Estado. Sí, sí, tal como lo oyen. De donde en buena lógica se deduce que antes de que hubiera Estado no había sexo. Y eso en todo un solemne ciclo de Filosofía del Ateneo cacereño.

Hoy de nuevo Preciado está de actualidad por un texto, texta o texte en el periódico vespertino El País en el que aboga porque las mujeres tengan su propia pistola cargada y a punto para practicar el tiro al blanco con los malvados varones heterosexuales. Gentes entre las que me incluyo por lo que formo parte de la especie amenazada y en vías de extinción por el femi comunismo. Ideología criminal que quiere imponer, y lo está logrando aquí en este calamitoso Reino, el neomarxismo cultural del Partido americano de Soros y Alinsky donde toda aberración tiene su asiento. Me refiero como el lector ya habrá adivinado al Partido Demócrata del que la PSOE es franquicia en España. Según Preciado y El País la heterosexualidad es peligrosa. Sí, sí, eso dicen.

Que haya gente zumbada es muy de lamentar. Y aún más si en vez de ser tratados por la Psiquiatría se convierten en peligrosas referencias de la progrez y sus rebaños para mayor engorde del gran capital financiero que los paga y promociona. Así, Preciado o la virtuosa niña Greta. O las despechugadas tribadas por el socialismo.

Que a este juego criminal se presten los antiguos tenderetes políticos y sindicales del proletariado supuesto enemigo histórico del gran capital sólo se comprende en la medida que crean gravísimos problemas sociales, desestabilización e insurgencia revolucionaria y sobre todo subvenciones, desfalcos, déficit y deuda soberana con sus onerosos intereses asociados que cada vez se llevan más parte de los presupuestos en detrimento de lo que se puede dedicar a la verdadera Política.

No suelo ver la tele, pero hoy mientras comía ancas de rana he contemplado a toda la onerosa plaga política de langostas muy compungida por lo de la violencia de género, todos muy bien colocados para salir en la foto de la televisión gubernamental extremeña. Estos sí que nos han salido rana, pensaba. Quién nos iba a decir hace unos años que íbamos a acabar así: haciendo ostentación de lo obvio como justificación del desfalco y el desvarío.

Es obvio que toda persona de bien, sean cuales sea sus ideas, está contra la violencia gratuita en especial cuando se ejerce contra el más débil o indefenso. Sin embargo, el tenderete del género es un instrumento del subversivo neomarxismo cultural que hoy  promocionan los mencheviques y bolcheviques de toda la parásita partitocracia borbónica con la hasta ahora meritoria excepción de VOX. Una fuente de propaganda para el Partido Socialista, el de los desfalcos y los escándalos, aliado de violentos etarras y golpistas. Un partido que al mismo tiempo que protesta por estas enojosas cuestiones machistas carece del menor empacho en mantener en sus listas, acaso para mejor blindarlo, a un presunto pederasta que formaría parte sustancial de la red de pederastia vasca que se vincula al fotógrafo Cabezudo, ya condenado por obstrucción a la Justicia y en espera de juicio por otros delitos de índole sexual. Sin olvidar a otro filantrópico político socialista condenado por maltratador, Eguiguren, no uno cualquiera sino nada menos que presidente del Partido Socialista vasco.

En medio del escándalo Epstein, el problema de la pederastia practicada por parte de los poderosos, y en especial por miembros del Partido Demócrata y de las élites globalistas con tanta influencia en España no parece que haya mucho interés en abordarlo. Pero lo que cuenta, por ejemplo, la duquesa de Medina Sidonia en su libro La Ilustre degeneración es terrible.

Entre tanta demagogia y desvarío no sé yo si habría que establecer un Día del sentido común y contra la demagogia. Pero estaría desierto o sería declarado subversivo por el Fiscal General del Reino y la Prensa, TV y Radio del Régimen.

 

 

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