Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Semana santa

En muchas ciudades españolas no arrasadas aún por los nacionalistas o las hordas podemitas que pretenden prohibirlas, se viven con gran devoción o interés las procesiones de semana santa. Incluso jóvenes y niños participan con gran dedicación.

Fiestas cuyo remoto origen mítico e histórico se encuentra en las paganas del inicio de la primavera, tras el cruce o intersección del ecuador celeste con la eclíptica.  Y cuya estética, en ocasiones verdaderamente conmovedora o emocionante, recuerda la de los cortejos astrales según lo describen algunos clarividentes.

El universo de valores de lo femenino, realidad y símbolo cosmológico de la creación. El mito de la Virgen madre ya encontrable en los Vedas o los antiguos misterios de Isis.

Toda una verdadera experiencia de lo numinoso para gentes sensibles no importa su pertenencia o no a la confesión religiosa cristina.

En algunos momentos se cantan saetas, composiciones musicales de lamento y expresión de dolor que por su estructura potencian lo emocional sobre lo intelectual.

Fotos de don Agustín Luceño y del autor

 

 

 

 

 

 

Praga, cincuenta años después

Se cumple medio siglo de la famosa Primavera de Praga con todo lo que entonces supuso de reivindicación de deseo de libertad y de respeto a la realidad nacional y cultural checas contra los abusos de la globalización soviética de esa época. La otra cara de la moneda, por cierto, de la globalización americana impulsada por los monopolios trasnacionales, la CIA y sus instituciones oligárquicas. Ambas caras de un sistema de dominación globalista mundial que se ha venido trasformando con el tiempo hasta la situación actual en que algunos métodos y protagonistas han cambiado, pero otros siguen. Y donde en muchos lugares se han sustituido los siniestros tanques por media prostituidos que contribuyen a la alienación popular difunden ideología averiada o noticias falsas. Otra forma de tiranía, más sutil pero no menos eficaz, sin duda.

Los nombres de muchos de los protagonistas, en algunos casos verdaderamente heroicos, acaso dirán poco a la mayoría de jóvenes actuales. Los Alexander Dubcek, Václac Havel, parecen personajes intérpretes de uno de los textos atormentados de Kafka. La Primavera checa duró poco, como la soriana que glosaba nuestro poeta Antonio Machado: “Humilde como el sueño de un bendito, de un pobre caminante que durmiera de cansancio en un páramo infinito”.

Pero dejemos las orillas del Duero y volvamos al Moldava. Visité Praga a finales del verano del año ochenta del pasado siglo. Junto con Alemania del Este, Checoslovaquia formaba el núcleo duro del Pacto de Varsovia. Praga era entonces una preciosa ciudad encantada, como perdida en una especie de limbo del olvido, sin apenas tráfico rodado, habitada por gentes de mirada perdida y desmoralizada, mal vestida, endurecida, pero de gran cultura y pasión por la música.

No había apenas viajeros. Yo había llegado desde la vecina Viena, atravesando la frontera austro checa por carretera. Toda una experiencia difícil de olvidar. Checoslovaquia parecía entonces un gigantesco campo de concentración. Alambradas fronterizas, torretas de control, siniestros vopos con perros de presa y ametralladoras. Barreras con gruesos troncos de eucalipto. Toda una parafernalia del horror y la tiranía.

Sin embargo, pocas experiencias estéticas más notables que pasear por Praga a la luz de la luna. Las estatuas del puente de Carlos IV se asemejaban a fantasmas que esperaban impertérritos tiempos mejores.

En el Castillo, grupos de adolescentes niños soldados vestidos con uniforme de limpio parecían bandadas de gorriones desacostumbrados a las posibilidades y sugerencias de la geografía urbana.

Pero recuerdo con singular emoción, pese al paso de más de un tercio de siglo desde entonces, una experiencia casi mística que me sucedió en la catedral de San Vito. Al momento de entrar, como si no fuese casualidad y me estuvieran esperando,  inopinadamente, el órgano se puso a tocar una música sublime, majestuosa. Tuve una experiencia casi de desdoblamiento por la que percibí la extraña revelación que el despotismo de entonces iba a caer. Algo que parecía imposible. Desde entonces la rememoro cuando escucho el segundo movimiento del concierto para violonchelo de Dvorak.

La calle París, la plaza de San Wenceslao, la torre de la pólvora, el reloj que funciona pese a todo, el monumento a otro disidente, Jan Hus, el viejo cementerio judío, lugar de tantas especulaciones conspiratorias, la calle de los alquimistas por donde paseara el espía, criptógrafo y ocultista inglés John Dee.

La Praga de entonces apenas tiene que ver con la globalizada, llena de turistas de hoy. Era otra Europa. Otro mundo. Por fortuna la tiranía patente ha caído. Pero se están formando otras más sutiles, menos patentes pero que parecen anunciar un nuevo horizonte de esclavitud si al final se consolidan las peores formas de dominación globalistas.

Sin embargo, no identificamos ahora entre los próceres y dirigentes actuales en su insoportable levedad del ser y muchos procedentes de despiadados grupos financieros o empresas transnacionales causantes de los desastres presentes, a personalidades como los Dubcek o los Havel. Personajes con gran cultura humanista, que parecían actuar por ideales, por un sentido de profundo respeto a la dignidad humana, amenazada tanto entonces como ahora. Gentes con la voluntad de no renunciar a una visión patriótica, a un conjunto de valores ideológicos y morales. Gentes que se atrevían a enfrentar la conciencia con los tanques. Gentes sin complejos que intuían que en sus propias naciones, culturas y sociedades podrían encontrar las bases de la resistencia a los despotismos de la globalización.

 

Feminismo y Tradición. Un breve apunte

                                                                                 En honor de la Dama y del caballero

 

La semana pasada se ha montado un abigarrado sarao de carácter muy sectario y, en algunos casos, pletórico de fanatismo, ignorancia e incomprensión de los fundamentos últimos de la Vida y la Sociedad.

La promoción de la dignidad de la mujer es algo no solo muy respetable sino tarea propia de cualquier persona que quiera ser y seguir siendo persona. Y de cualquier civilización digna de tal nombre. Una obviedad.  Como lo es también que no se puede confundir lo que es susceptible de cambio social, derechos civiles, no discriminación, de lo que es condicionante biológico o de la Naturaleza. O bien el que donde más se protesta es donde la mujer ejerce más derechos. En la civilización basada en el Helenismo, el Cristianismo y la Ilustración. Pero se observa una especie de ombliguismo no tan solidario cuando, por ejemplo, no se critica la situación de la mujer en el Islam más retrógrado, aliado y cómplice de Occidente en el ataque a los regímenes laicos donde la mujer está mejor considerada.  Malos tiempos corren cuando es preciso demostrar lo evidente. Pero tal obviedad también lo debiera ser para toda persona que intente formarse su propia opinión pues detrás de este tinglado mal llamado feminista hay poderes oscurantistas, embrutecedores y esclavizantes, aunque, por el contrario, hay muchas personas que se suman a la procesión sin comprender sus objetivos últimos, ni el grado de manipulación del que puedan ser objeto.

En los últimos años estamos asistiendo a un proceso de devastación programada de las bases de la civilización occidental. Crisis financiera y económica, desempleo, anomía, desastre educativo, desestabilización de la pareja y de la familia, crisis demográfica, frivolización del aborto, promoción de la homosexualidad, inmigración descontrolada, multiculturalismo, desprestigio, neutralización y saqueo de las instituciones nacionales, mohatra climática, ridiculización de la espiritualidad…

Todo ello confluye en un proceso de devastación de la sociedad. En él colaboran agentes mercenarios, organizaciones supuestamente filantrópicas financiadas por la mini oligarquía globalista, medios de desinformación de masas, políticos demagogos, populistas, corruptos y o ineptos.

Pero, “Culo veo, culo quiero”, cada vez parece más difícil, casi heroico, pensar y actuar por uno mismo, de acuerdo no por modas sino por la inspiración de la propia conciencia debidamente formada y esclarecida.

El feminismo radical, mejor llamado hembrismo, porque tiene todos los vicios del machismo, amén de un fanatismo exacerbado, satánico, plantea y promueve como “solución” un nuevo sistema de dominación amo y esclavo en el que el hombre sería humillado, vejado, despojado de su patrimonio moral y genético, sometido al poder sectario y omnímodo de las nuevas arpías. Gentes sin escrúpulos que no dudan en promover aquí en España decenas de miles de falsas denuncias por violencia de género, basadas en la aplicación torticera de una ley inicua y notoriamente anticonstitucional porque discrimina por razón de sexo, vulnera el principio de presunción de inocencia e impide la igualdad de los ciudadanos ante la Ley.

Pero, la Tradición nos muestra otra idea de la relación entre hombres y mujeres diferente de los ataques de las arpías. Repasemos un par o tres de muestras. En Occidente, por ejemplo, Platón nos explica en su diálogo sobre el Amor, llamado El Banquete o el Symposium que el Amor es una gran potencia que puede volver a unir el andrógino originario, luego separado en dos, y con él la anhelada plenitud perdida. Al final de El Banquete, el propio Sócrates considera que Eros es un daimon, medianero entre los hombres y los dioses. El Amor consiste en querer alcanzar lo bueno. Su objeto es la generación de belleza y la inmortalidad. El que quiere aspirar a tal objeto del Amor debe amar los cuerpos bellos y considerar que la belleza del alma es más importante que la del cuerpo. Una aparente contradicción que no es tal si una cosa es instrumento de la otra como pretende la práctica del tantrismo.

En efecto, en Oriente la Tradición nos viene a explicar lo mismo:

El budismo tántrico se considera como una forma de meditación, una teurgia, una identificación del practicante con Buda y de ese modo se adora como si tal. El budista tántrico pretende suprimir la actividad mental, adentrarse en el Nirvana, alcanzar el estado búdico. Pero el método es distinto, toma un camino que puede considerarse directo como es la magia y los ritos erótico-místicos. Para ello necesita el concurso de una deidad femenina, una consorte sagrada.  El rol de tal Tara o Shakti unida a su consorte es el de servir para alcanzar la liberación completa de ambos.

Dentro de esta interpretación el acto sexual realizado en ciertas condiciones ritualísticas y espirituales sería el método de liberación a practicar. Así, la unión sexual con la consorte sagrada, análoga a la primitiva u originaria de Shiva con Shakti, rememoraría las delicias de la unidad, y recrearía un cuerpo sutil, el Cuerpo del goce supremo o Maha Suknakaya que posibilitase el goce supremo de los budas realizados. Presididos o iluminados por Buddhi o rayo del Intelecto superior no individualizado que constituiría el más elevado principio en la manifestación humana, los cuerpos sutiles forman la anatomía oculta del hombre.

Los cuerpos sutiles pueden entenderse como diferentes envolturas o vehículos vibratorios para habitar en los diferentes planos vibratorios. Tales cuerpos se forman con la unión entre Purusha y Prakitri en las diferentes octavas del gran teclado cósmico.  Análogamente, la unión sexual ritual con una mujer iniciada, es decir la introducción de la piedra preciosa, mani, en la flor de loto, padma, constituiría el máximo medio de obtener la perfección. También los centros de fuerza sutiles conocidos como chacras, ruedas o padmas, representan una especie de abertura o ventana que se pueden abrir a la conciencia cósmica. Los principales según la tradición son seis. En cada uno de ellos opera un variante vibratoria de la dualidad divina Shiva, Shikta.

Es decir, una idea acaso no muy diferente a la que según hemos recordado expone Platón, inspirado en la tradición pitagórica, en su diálogo sobre el Amor conocido como El Banquete. El Amor es una gran potencia, a veces ignorada, que puede volver a unir el andrógino originario, luego separado en dos, y con él la anhelada plenitud perdida.

Así se ve también el luminoso e inspirador mito del Grial. La Dama, no los sacerdotes, es custodia y protectora del Grial, es decir del universo de los grandes valores metafísicos: el Amor, la Belleza, el Bien, la Justicia, la Libertad, a la que, y a los que, ha de servir el caballero.

El señor del castillo había hablado así a Parzival: “El hombre y la mujer forman una inseparable unidad, como el sol que hoy ha brillado y eso que llamamos día. No se puede separar lo uno de lo otro: florecen a partir de la misma semilla”.

Unos momentos antes de unirse Parzival con la reina Condwiramurs “También Gurnemaz le había explicado que el hombre y la mujer forman una unidad perfecta”.

Desde la cuestión del método a la realización, dentro de la evolución del budismo histórico, el Tantra vendría a constituir un modo de encauzar la sexualidad hacia el Espíritu. Dionisos no es negado ni reprimido sino que es empleado mediante ritos, iniciaciones y liturgias como un retorno a la fuente, al mundo de lo sagrado. Los consortes y prácticas tántricos se convierten así en un símbolo de las fuerzas que presiden el cosmos. Dioses y diosas son los símbolos de estas funciones cósmicas, sus energías y su querer. La kundalini o líbido apresada en el chacra de la base de la columna vertebral puede volver a la fuente superior. Y llegar a la revelación, a través de su paso sucesivo por los chacras o puntos de interconexiones entre planos dimensionales. Por eso en los Tantras, como en los sistemas gnósticos occidentales, la simbología sexual es tan importante. Es una consecuencia natural de su concepción del cosmos como un ser viviente, con la que se identifican los consortes tántricos.

La actividad de Bhraman, el impensable, el incognoscible, se manifiesta bajo dos polos o aspectos: “Positivo”, masculino, Purusha, el creador. Y “Negativo”, femenino, Prakriti, principio plástico universal, la Virgen Madre, Isis, la sustancia primordial indiferenciada, el soporte de toda manifestación. La acción de Purusha en Pakriti determina formaciones de ondas vibratorias en la sustancia primordial que determinan las formaciones materiales en el Macrocosmos… El hombre (microcosmos) también participa de esos planos vibratorios desde los más elevados hasta los más groseros que forman su cuerpo material. Las técnicas contemplativas o de éxtasis tratan de hacer patentes los otros planos vibratorios, más elevados, a la conciencia.

Conciencia esclarecida. Una visión del Hombre y de la Mujer como criaturas complementarias, vehículos del Espíritu, que se aman, admiran y necesitan el uno al otro. Tao, Yin y Yan. Lo opuesto a las satánicas consignas manipuladoras del hembrismo mercenario.

 

 

 

 

 

 

 

CONSOLAMENTUM cátaro en La Coruña

Desde el siglo XI al XIII el sudeste de Francia fue escenario de un movimiento religioso místico político conocido como catarismo o movimiento herético de los albigenses o los puros. En 1209 Simón de Monfort había tomado uno de sus bastiones, la que entonces se creía fortaleza inexpugnable de Carcassonne. Todo el territorio del Languedoc y, en especial, el último bastión cátaro, el castillo de Montségur en las estribaciones del Pirineo, está relacionado con la hermosa leyenda del grial. Al parecer, según documentos de época, en enero de 1244 poco antes de la caída de la fortaleza bajo las tropas del Papado, cuatro cátaros se descolgaron por el precipicio cercano portando un pequeño tesoro en el que según la leyenda estaría incluido el propio grial. El 16 de enero caía el bastión y más de doscientas personas entre hombres, mujeres y niños fueron quemados vivos por las fuerzas del Papado en la explanada existente bajo el castillo llamada desde entonces Camp des Cremats.

Hoy existe una estela conmemorativa del terrible genocidio. Presenta una cruz paté y otra druídica, con una inscripción dedicada a los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano.

¿Por qué fueron combatidos los cátaros con tanta saña y crueldad?  Desde el punto de vista espiritual participaban de gnosis, de una relación íntima entre el hombre y la Divinidad, sin intermediarios. Este supuesto ponía en cuestión radical todo el aparato de poder material eclesiástico. Es decir, una vez más la misma disyuntiva entre Espíritu y Poder material.

El consolamentum es una especie de sacramento propio de los cátaros, puros o albigenses. Se encuentra ligado a una transmisión espiritual de maestro a discípulo y asociado a un libro, habitualmente cerrado, que representa el libro de San Juan.

Para algunas tradiciones este libro es el que aparece en una carta del tarot. Bien abierto como en el de Marsella o bien cerrado como en el tarot de Visconti Sforza. Un tarot pintado por Bembo a mediados del siglo XV, que se conserva en varios museos, salvo cuatro cartas perdidas. Una de ellas, la del diablo, acaso hecha desaparecer por el mismo maligno.

Según ciertas tradiciones posteriores vinculadas al enigmático Leonardo y sus hipotéticas relaciones con la heterodoxia cátara, tal libro de la carta del tarot pudiera ser una obra de fray Amadeo de Portugal, hermano de Beatriz de Silva, la fundadora de las concepcionistas y fundador él mismo de cierta rama de los franciscanos con algún parecido a la propia reforma del Carmelo. El beato describe revelaciones relativas a San Juan, obtenidas durante éxtasis místicos: en efecto, en su Apocalipsis nova, uno de cuyos ejemplares se encuentra en la biblioteca de El Escorial probablemente gracias a don Diego Hurtado de Mendoza y codificado por su bibliotecario Benito Arias Montano con la signatura secreta relacionada con el cinco.

Pero, lo del tarot de la Casa Ducal de Milán, ¿era capricho de potentado o medio de transmisión de Conocimiento o de alguna tradición esotérica o iniciática?

Eliphas Levi decía que el tarot “acaso sea la obra maestra del espíritu humano y, con seguridad, una de las cosas más bellas que la antigüedad nos ha legado”. Y la Belleza afirman los platónicos que tiene un fin práctico: ayudar a la contemplación del Uno. Pues la Belleza es el resplandor de la Verdad. Cada arcano tiene su significado y se relaciona con los otros. Así, el arcano mayor de ordinal uno, El Mago, suele indicar un comienzo, que algo es posible, que se puede empezar, y además, ahora. Es una invitación a encarnar la energía que llamamos consciencia. Pero cada arcano está constituido por toda una constelación de símbolos, que como las estrellas tienen una realidad propia aunque sean ordenada de modo psicológico. El dos es dedicado a la figura de la papisa, según el tarot de Marsella, o de una dama vestida con hábito franciscano según el tarot de Visconti Sforza con un libro en la mano, que es la carta o arcano mayor al que ya hemos hecho referencia. En otras variantes formales aparece con la cruz del Languedoc cátaro.

El tarot, al que vulgar y habitualmente se le relaciona con el inframundo de lo que Cervantes llamaba “echacuervos”, es decir de los embaucadores de incautos e ignorantes, ha ejercido una gran atracción sobre muchos investigadores del Conocimiento.

Y constituye un lenguaje con su propia gramática, semántica y pragmática. Los algoritmos gramaticales del tarot varían con las diferentes escuelas e incluso con el propio modo particular de hacer las cosas, con la propia maniera. Pero la semántica a diferencia de los lenguajes con códigos cerrados es abierta, y como en todo lenguaje simbólico inaprensible en su integridad. Casi se puede hablar de idiolectos o lenguajes particulares, al menos desde el sentido último que se escapa en cada arcano o arquetipo. Un arcano, es un aspecto de la eternidad cuyo conocimiento no es accesible totalmente a la mente humana.

El tarot presenta veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis menores que ayudan como en el famoso mito cretense a explorar el laberinto del inconsciente. Por tanto no está destinado a aspirantes a Teseos inmaduros o de mente frívola, ni para racionalistas que suprimen la dualidad humana, la dialéctica entre el día y la noche. Pero, como diría Jung, sirve a las gentes pensantes y reflexivas a las que gusta meditar acerca de lo que hacen y lo que les ocurre.

Existen diversas versiones o escuelas de tarot. Aunque de procedencia al menos medieval y luego renacentista, una de ellas fue desarrollada hace poco más de un siglo por un coruñés muy famoso en Francia aunque olvidado en su tierra natal, el Doctor Encausse, más conocido como Papus, estudioso de la Tradición Occidental quien renovó la Orden Martinista y desarrolló dos formas distintas del tarot de Marsella: el divinatoire y el de los bohemiens.

En Occidente, la Psicología, pese a lo que su propio nombre indica como ciencia del alma, se encuentra muy materializada, no obstante estar deambulando en la tierra fronteriza de lo invisible, y pretende descartar la palabra conciencia como algo diferente de lo físico. Para colmo, muestra una especie de síndrome de Estocolmo llamada Conductismo. Desde esa perspectiva materialista el mecanismo del tarot resulta incomprensible. Como lo es el fenómeno de la precognición, criptestesia o clarividencia referentes al futuro, estudiados entre otros por Osty o el gran Richet, Premio Nobel 1913.

Sea como fuere Jung y Pauli entendían estas cuestiones y, en general, las relacionadas con la mántica gracias a lo que llamaban el principio de sincronicidad: una relación inteligente pero no causal de acontecimientos, de modo que si se acepta la existencia de un espacio intermediario, ni interno o psíquico, ni externo o ambiental, pudiera interpretarse el fenómeno del sincronismo como una participación de lo anímico interno y de la realidad externa en los fenómenos de este mundo intermediario. Así, al consultar el tarot caben varías hipótesis: que informaciones metapsíquicas puedan influir en el orden de las cartas. Que las cartas actúen como inductores en el psíquismo del consultante o del interpretador. Bien porque la psiquis no es localizable espacialmente o bien porque el espacio es psíquicamente relativo. En todo caso, nunca cabe definir un código totalmente cerrado de interpretación.

Por si esa dificultad aún fuera poca, hay que añadir el que el tarot es un lenguaje total, sistémico. Como acaso diría von Bertalanffy, supone un paradigma diferente de la visión mecanicista del mundo. Su funcionamiento estaría más próximo al de las partes analógicas o sinópticas del famoso diccionario ideológico de Julio Casares o al de los mapas o cartografías mentales de lo que Buzan llama pensamiento irradiante.

El tarot puede entenderse como una manifestación del lenguaje sagrado o, al menos una ventana abierta al mundo de lo numinoso. Y, en consecuencia, si se usa con sensatez e inteligencia, una vía para conocernos mejor a nosotros mismos.

El cinco de oros tiene varios significados en el tarot.

Para Jodorowsky: “El 5 abre caminos para el conocimiento de uno mismo o propone ideas brillantes”. Se trata de la invitación a una aventura, a un comienzo, a iniciar algo nuevo, aunque en el caso de los oros él la identifica con el dinero.

Sin embargo, para Roso de Luna el cinco de oros tiene que ver con la realización espiritual. Con el oro del conocimiento iniciático. En El tesoro de los lagos de Somiedo cuenta que en cierta talla existente en una ermita berciana asociada a la tradición templaria, el cuatro de copas de la crucifixión del espíritu en la materia es cambiado por el cinco de oros: “El Niño, el Adepto, en respuesta a las palabras del salmo treinta pronunciadas por el candidato, de Ego autem in te speravi, Domini Dixi: in manibus tuis sortes meae, le alarga el Oro del Conocimiento iniciativo, con el cinco correspondiente, al par que le retira el naipe simbólicamente contrario, o sea el cuatro, que es de copas, por representar éstas el vino de las pasiones que embriagan a los humanos, sometiéndolos a la tiránica, cuanto grata, ley del sexo, y es un cuatro al par, como símbolo de la crucifixión en la carne, la limitación, la caída en el sexo. Queda así constituido en conjunto el emblema rosacruciano del cinco con el cuatro, del Conocimiento con la Pasión, de la Rosa con la Cruz”.

El tarot puede considerarse un medio de transmisión de la Tradición, pero pese a la opinión de Levy no creo que de los más importantes, aunque lo haya sido en algunas épocas y para ciertos movimientos históricos heterodoxos.  En mi opinión, lo es más la arquitectura sagrada, al menos aunque sólo fuese desde el punto de vista de ser menos perecedera, más permanente en el tiempo.

Pero volvamos al tarot en relación con el consolamentum cátaro y miremos algunos de sus arcanos menores presentes en la arquitectura románica coruñesa.

El arte gallego nos depara muchas sorpresas. Algunas que parecen íntimamente relacionadas con la gnosis y el movimiento cátaro.  Un ejemplo: en la puerta Norte de la catedral de Lugo se muestra un capitel con la sagrada cena en la que aparece una figura femenina ¿acaso la Magdalena? apoyada en el pecho del Salvador. Como se observa en la imagen no hay duda de que el personaje es una mujer. La dulzura del rostro, la melena, el collar…

Pero una sugestiva combinación de consolamentum, tarot y arquitectura sagrada se encuentra en la ciudad vieja de La Coruña, en la antigua iglesia de Santiago, interesante ejemplar de la arquitectura típica gallega de origen románico modificada luego en gótico. Tiene tres ábsides semicirculares con columnas y canecillos en el Oriente. En el Norte destaca el tímpano con el agnus dei y la cruz patriarcal, característicos del sanjuanismo y de la antigua Tradición solar.

En Poniente posee una puerta románica al modo compostelano y de arcos apuntados. Pero cabe fijarse en las jambas de las puertas. Aparecen dos figuras. Una tiene un libro cerrado sobre su cabeza, encima del libro se muestra un ángel, el mensajero con una filacteria. Los ángeles transmiten mensajes, dan consuelo, protegen e invitan al desenvolvimiento espiritual. El personaje hace el signo de fe con una mano y con la otra mantiene el bastón cetro de Santiago. Pero, si esta es singular y enigmática, la figura de la jamba opuesta llama la atención con el índice sobre un naipe, el cinco de oros que sostiene y muestra, enigmático, al visitante. El libro cerrado puede asociarse a la tradición gnóstica del maestro Mateo y su versión del Apocalipsis genialmente interpretada en el Pórtico de la Gloria. Mas el libro está cerrado y sus sellos, trasunto de los chacras o centros psíquicos humanos ¿también lo están? Una forma de esta Gnosis, como lo fuera el priscilianismo es la del catarismo. Pero también puede ser una referencia al evangelio de San Juan. ¿Esta figura con el libro cerrado sobre la cabeza nos muestra el consalamentum? ¿Casualidad o capricho del artista? Es posible, ¿pero también lo es la extraña figura de la jamba opuesta?

Como ya hemos visto, en la iconología tradicional el cinco de oros suele asociarse al cuatro de copas. Que representan el cinco, lo espiritual y los cuatro elementos materiales o lo pasional. La realización espiritual del hombre sublima las pasiones cambiando un naipe por otro.  A veces el libro cerrado, la palabra perdida, se asocia al grial, una sabiduría inalcanzable. Pero es una copa y no cuatro: ¿habría un cuatro de copas en la iglesia primitiva antes de su reforma?

Para Fulcanelli, la obra en alquimia se expresa de modo simbólico por un libro abierto o cerrado según que la materia prima haya sido trabajada o solo extraída.

El cinco de oros también significa una invitación a la aventura espiritual, a cruzar el umbral de lo sagrado. Suma del primer número par y del primer impar y medio de los primeros nueve, según los pitagóricos es signo de unión del centro, de la armonía. De la unión o bodas alquímicas entre lo celeste y lo terrestre.

En el interior del templo coruñés de Santiago nos hallamos ante una ancha nave dividida en tres grandes arcos apuntados que sostienen la cubierta, en el testero se ven tres arcos de medio punto, acceso a los ábsides donde estarían los arranques de las ahora suprimidas tres naves iniciales típicas que derivaron en única tras la reedificación del siglo XVI. Se siente una gran fuerza telúrica cerca de la puerta, hacia el mediodía, por donde quizás discurriría la separación entre naves. No sabemos dónde se manifestaba esta energía antes de la reforma.  Pero la energía telúrica transformada en el templo nos puede ayudar a elevar nuestra conciencia.

No es solo la inteligencia lo que nos permite avanzar. Se precisa la voluntad. Saber y querer ayudados por el espíritu, permiten trasformar la piedra bruta, abrir el libro cerrado de nuestros cuerpos y mentes. Y cambiar el cuatro de copas por el cinco de oros.

Así sea.

 

 

 

 

Agradecimientos por una grata velada literaria y cultural

Deseo agradecer al público presente ayer en el acto de presentación de mi último libro Buda, Parsifal y el Grial, editado por Lautana.

También dedicar unas líneas para agradecer a la Librería Arenas de La Coruña su amable invitación para hablar del libro en un ambiente grato y de tan gran tradición literaria en la ciudad de La Coruña.

Hospitalidad que ya manifestó con anterioridad con ocasión de la presentación de otro anterior libro, Los Misterios ocultos de El Quijote, objeto de otros anteriores comentarios y entrevistas.

El acto se celebró ayer miércoles siete de marzo de 2018 en el salón dedicado a estas ocasiones de la librería en su sede del Cantón coruñés.

Fue presentado por el abogado Francisco Fernánez Tarrío y por el editor Juan Mariñas.

Tras una breve explicación acerca de algunos aspectos principales del texto se abrió un animado coloquio y se procedió a la clásica firma de libros.

Mi gratitud a Fran y a Juan, los dos caballeros del Grial que tuve el honor de que me presentaran, a la Librería Arenas y a sus representantes, y, en especial, al sensible y numeroso público asistente por haber hecho posible una velada tan grata de homenaje a los valores metafísicos, espirituales, simbólicos heterodoxos, de uno de los mitos más esclarecedores de la Humanidad como es el del grial. Un mito que posee una íntima relación con otras tradiciones espirituales de Oriente y con la Filosofía de Schopenhauer.

Las fotos que ilustran esta entrada son cortesía de doña Belén Iglesias y don Marcial Ortíz, respectivamente.

 

Entrevista en El Ideal gallego, pinchad aquí.

 

 

Sobre el libro del grial, Parsifal y el budismo

El libro Buda, Parsifal y el Grial no es otro socorrido alimenticio “corta y pega” sobre un tema ya muy trillado como es el del grial y toda su mitología o leyenda, del que apenas parece que quede algo nuevo o interesante por decir.  En realidad, dentro una civilización como la actual que parece haber perdido el sentido metafísico de la existencia, ¿qué nos importa a los ciudadanos de hoy ciertas leyendas viejas de tiempos tan lejanos en nuestra comprensión y forma de entender la vida?

De un tiempo remoto en que si había una gran ferocidad cotidiana no era menos que existían damas y caballeros unidos por el Amor y el Honor.

Creo que es evidencia de razón para cualquier persona lúcida que no se resigne a la actual devastación estética, humanista y metafísica de la sociedad occidental reconocer que nos encontramos en un momento muy grave para la humanidad. Muchos valores tradicionales, en el mejor sentido del término, es decir de opuesto tanto a lo novedoso como a lo reaccionario, no son sólo discutidos sino también frívolamente destruidos. Es preciso acomodarse mal que bien a leyes chapuceras sino directamente inicuas. A la inestabilidad financiera producto de la actual subversión por la que resulta hegemónica con gran poder de devastación en vez de ser instrumental para potenciar la vida, el progreso y la convivencia. A la mediocridad social que prima la cantidad sobre la calidad, a la masa sobre la aristocracia del mérito y la virtud.

Pero es preciso tener en cuenta que a la desesperación espiritual nunca debemos acomodarnos. A reencontrar la razón de vivir en un mundo muy tecnificado, al servicio de intereses hegemónicos  del Capital, a veces tan opuestos a los del humanismo. Como ya decía en su momento, con tanta agudeza simbólica y desarraigo existencial, el poeta y académico Dámaso Alonso,

“Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres…. Y paso muchas horas preguntándole a Dios, preguntándole porqué se pudre lentamente mi alma”.

Es por eso que nos encontramos en un momento especialmente oportuno para buscar el grial. Nuestro grial. La sugestiva y heterodoxa saga del grial, con su cumbre estética en el Parsifal de Wagner nos plantea muchos interrogantes pero también nos ofrece muchas pistas y pautas para intentar su hallazgo.  Un encuentro que partiendo de mitos y leyendas tiene como escenario la Metafísica y la Música. Es curioso, así como muy revelador del valor universal de la Cultura, cómo existen profundas analogías simbólicas y metafísicas entre aspectos de la saga occidental del grial y de ciertas tradiciones budistas.  Y cómo la música, como ya indicaba el mito de Orfeo nos puede ayudar de modo muy práctico en esta búsqueda del universo del grial.

Decían los neoplatónicos que la Belleza es el resplandor de la Verdad. Hablar de Parsifal y de la saga del grial también supone inquirir acerca del propio sentido que ha de darse al arte, y de la relación de éste con nosotros mismos. Por ejemplo, Kandisky, al igual que antes Wagner, también consideraba que había llegado el tiempo de renovar la sociedad europea comenzando una nueva época espiritual cuya fuerza motriz fuese el arte. Una vocación siempre en parte fracasada y en parte renovada a lo largo de la Historia. Para el ciudadano medio occidental actual, cada vez más distraído y desinformado por los “media” para mayor gusto y satisfacción de un Sistema que le cosifica y embrutece, muchos de los temas estéticos y metafísicos, incluidos los símbolos, carecen ya de sentido.  Pero por su propio bien no estaría de más que intentara afinar su propio diapasón para poder vibrar en resonancia con las notas más elevadas del majestuoso teclado cósmico en el que habitamos consciente o inconscientemente. Al menos, como diría un budista zen, para ser conscientes de nuestra inconsciencia.

Pero el arte comprendido al modo tradicional vendría a ser objetivo. Su belleza estaría en la propia obra más que en la comprensión del espectador que pudiera no estar suficientemente capacitado para reconocerla. El verdadero arte vendría a satisfacer necesidades reales. Es decir, estaría destinado a ayudar al hombre a acercarse al Conocimiento. Con sus posibilidades de expresión es capaz de superar las de los límites del lenguaje común.

El mundo del grial es todo un universo simbólico que abarca muchos y diferentes campos del conocimiento. Forma parte de la antropología, la estética, la literatura, del arte, de la filosofía, de las tradiciones iniciáticas y esotéricas, de la música… del ideal caballeresco.

En tanto que universo es casi imposible abordarlo en su integridad, pero sí contribuir a mover las emociones.

Entre ellas la de su búsqueda, que en realidad no deja de ser la del propio encuentro con nuestro ser interior, el verdadero Yo. La búsqueda (queste) o demanda del grial puede considerarse simbólicamente semejante a la de la Palabra perdida de otras tradiciones esotéricas o iniciáticas.

O la relación de la sexualidad con el desenvolvimiento espiritual.  Las diferencias entre la actitud de Parsifal hacia Kundry con las de las parejas de la tradición tántrica no solo oriental sino también occidental.

En el libro tras repasar algunas de las principales ideas clave para comprender mejor el mito, extraídas de sus diferentes versiones o tradiciones, se estudia su influencia en la Música, el Parsifal de Wagner así como ciertos aspectos filosóficos y metafísicos del conocimiento.

Sin olvidar algo muy importante en toda Tradición universal o verdadera: establecer o mejor dicho recrear un cierto puente espiritual, cultural, estético y simbólico entre Occidente y Oriente. Revisar y comprender mejor las relaciones conceptuales, estéticas e incluso metodológicas, de antiguas enseñanzas de Gautama con la filosofía de la Voluntad, trasmitida en España por el neoplatonismo y la cábala, de la que el filósofo e hispanista alemán Schopenhauer es una de sus figuras modernas más señeras. Relaciones tanto con el budismo Hinayana o primitivo, como en el budismo Mahayana o gran vehículo con su variante zen y el Vajrayana o budismo tántrico.

 

La Cultura tiene un fin práctico que supera a la mera erudición. Antonio Machado solía decir que el fin de la Cultura no era otro que el de hacer despertar las almas dormidas y convertirlas en capaces de espiritualidad.

Así, pues, creo que es necesario iniciar nuestra propia búsqueda del grial, de ese Uno que supera nuestra finitud y dualidad para mejorar nuestras vidas y satisfacer nuestras necesidades espirituales, intelectuales y estéticas más profundas. El símbolo mueve emociones, el arte nos conmueve, nos mueve hacia.

Todo logro verdadero o auténtico requiere un cierto esfuerzo. Sin embargo, confío en contribuir a ayudar con este libro a tal búsqueda personal, ofreciendo algunas pistas a seguir.

Este libro sobre el grial viene a resumir algunos de los hallazgos y peripecias de mi propia búsqueda del grial, en la medida que estos puedan ser expresables. Es un itinerario personal que recorre paisajes exteriores legendarios emblemáticos pero también algunas indicaciones en cuanto que sean transmisibles a otros, de mis propias peripecias, reflexiones y meditaciones sobre este apasionante mito, tan iluminador y revelador de nuestra misma naturaleza humana.

 

La cuestión metafísica del grial es la de qué significa la totalidad de nuestra vida, qué fines tiene, qué felicidad nos cabe esperar. Gran parte de los importantes éxitos de los últimos siglos no son precisamente los del mejor conocimiento del hombre interior, que si es sensible, junto a sus logros materiales o tecnológicos se siente también pobre, vacío, como extrañamente deshabitado.  Preso o instrumento de un sistema de cultura impersonal, volcado en lo externo, descuidada la vida interior, de lo numinoso, de lo sagrado, del conocimiento del alma.

En esta búsqueda el símbolo del grial nos puede ser muy esclarecedor, muy revelador, muy útil.  En efecto, tales son las conocidas preguntas del grial: la que Parsifal no se atreve o no se le ocurre hacer en su primera visita al templo del grial, lo que le costará su expulsión del recinto sagrado, y el consiguiente fracaso en la curación y el rescate de Amfortas, el Rey malherido y su Orden o Hermandad de caballeros del Grial.

O las preguntas que hace el mismo grial a cualquiera de los caballeros que lo buscan. Acaso las mismas preguntas que se encuentran en el origen de la trayectoria de búsqueda espiritual de Gautama, el Buda. Un gran sabio que entendía que “No es el traje, ni el nacimiento lo que hacen un brahmán: son solamente sus méritos propios”. La misma concepción del ideal caballeresco que la de nuestro Raimundo Lulio. El caballero, y la Caballería como institución, no son cosa de linaje sino de virtud. ¿Cuál es la razón de nuestro sufrimiento? O, ¿Por qué sufre Amfortas?

 

La presentación del libro será el próximo miércoles 7 de marzo a partir de las ocho de la tarde en la librería Arenas de La Coruña.

Intervendrán en el acto Francisco Fernández Tarrío, abogado y estudioso comprometido con la cultura y la sociedad españolas y Juan Mariñas, escritor y editor.

La entrada es libre.

 

 

 

 

 

ARCO sin flechas

Creo que no hace falta repetir lo tantas veces ya dicho en otros muchos textos anteriores. Gran parte del Arte enmucetado, oficialista, ha venido degenerando desde el siglo XX en una mohatra lamentable, en un tinglado propio de descuideros, tartufos y arrebatacapas. Pero acabamos de vivir otra hipócrita escaramuza que merece ser comentada.

La despótica alcaldesa zamarrapeor la Señora Carmena, la misma que promueve con fondos públicos extraídos a sus víctimas madrileñas, la apología de personajes tenebrosos so pretexto de la infecta Ley de Memoria histórica, apoya la provocación, se viste de plañidera derramando lágrimas de cocodrila por la supuesta violación de la libertad de expresión perpetrada en ARCO por la dirección al haber retirado una no menos supuesta obra de arte.  Y más chula que un ocho, olvidando el cargo que detenta, dicho sea en su preciso sentido, da plantón a los Reyes.

La tal obra de arte que competía con unas fregonas dobladas y un cubo entre otras magníficas piezas, consistía en panel o dazibao maoísta con una colección de caras de golpistas, terroristas, chorizos, forajidos, hampones, reos y maleantes de toda calaña o condición a los que se les calificaba de presos políticos. Una más que posible apología del terrorismo, la delincuencia y el golpismo. Una reedición a catalana de los famosos wanted de las películas del Oeste.

La dirección de IFEMA ha solicitado la retirada en uso de sus legítimos derechos, por su nula calidad artística, aviesas intenciones y acaso en previsión de que pudiera ser acusada de complicidad en la comisión de un delito.

La totalitaria amén de repugnante policía sorosiana de costumbres ha puesto el grito en el presupuesto, más que en el cielo. Y el gobierno o la gobierna de Mariano y sus chicos y chicas se ha disfrazado de plañideros y plañideras para rasgarse las vestiduras y entonar el mea culpa por haber tenido la tentación de evitar un nuevo insulto y provocación a las víctimas y hacer cumplir las leyes. Pecado nefando, y que conste que no va con segundas por su naturaleza marianil.

No sé, supongo que no, si existe alguna colección de la serie ISO 9000 de normas de calidad para el arte. Pero, con normas o sin normas de aplicación tecnocrática, resulta asombrosa y lamentable la falta de criterios estéticos y morales de nuestros próceres y próceras apoltronados y apoltronadas. La primera corrupción, madre de todas las demás, sobres barcenianos, gurteles o púnicas y EREs incluidos, es la pudrición del Entendimiento.

A lo que se añade la cobardía e incapacidad del gobierno y al parecer del Régimen en general, para defender el Bien común, el honor de España y los españoles, ambos indefensos ante las provocaciones y agresiones de sus enemigos.

El “artista” de ARCO no es el único provocador. Un tal Rogelio Torrente, brazo cretino de la ley autonómica catalana, se ha permitido insultar a magistrados y jueces confundiendo con impune chulería catalanista políticos presos con presos políticos con ocasión de un reciente acto en el Colegio de Abogados. Alguno de los aludidos con muy buen criterio dejaron plantado al estulto maromo golpista, mientras que el ministro marianil del ramo, o de la rama vista su penosa actuación consentidora del atropello, no reaccionó ante los insultos a la Judicatura que se supone representa en el Ejecutivo, con perdón, y se quedó apoltronado, amorfo, callado como ramera, consentidor como su jefe.

El verdadero estado de las civilizaciones es el de su arte.

 

 

 

 

 

Ovidio, dos mil años después

Se cumplen dos milenios de la muerte en el destierro de Publio Ovidio Nason. Un gran poeta, un escritor merecedor del más alto concepto. Y una figura simbólica o emblemática, muy a su pesar, de las relaciones conflictivas entre la Cultura o el Arte y el Poder.

En compañía de Pomponio Macro, Ovidio viajó mucho por el azaroso y deslumbrante mundo mediterráneo. Atenas, las hermosas ciudades helénicas de Asia Menor, Sicilia. La gran isla, un continente en pequeño por el que han pasado tantas y tan diferentes civilizaciones y culturas, patria de Arquímedes o Empédocles, donde Platón fuese para ayudar a Dion de Siracusa en su experiencia de gobierno. ¿Una antigua tentativa de gobierno de los sabios? En su carta séptima, Platón lo explica así:

Los problemas del mundo nunca tendrán solución mientras los poderosos no se rodeen de filósofos, siendo así que en cuanto poderosos es casi imposible que ellos mismos sean filósofos”. La bella Siracusa cuyo templo dedicado a Atenea en su acrópolis competía entonces con el mismísimo Partenón. Agrigento, la ciudad de los templos a la que Píndaro elogiaba como “la ciudad más hermosa de los mortales”.

Sin olvidar donde fuera raptada Proserpina mientras jugaba con unas ninfas entre papiros: el lago Pergusa no muy lejos del Etna. Una pena que los antiguos y poéticos bosques de laureles hayan sido sustituidos por un circuito para carreras de motos. Y el canto de los pájaros, testigos de la caída del alma, por el estridente ruido de sus motores. Los extraordinarios misterios de Eleusis, una de las instituciones espirituales y filosóficas de la Antigüedad, en homenaje a Proserpina y su rescate por su madre Ceres o Demeter se han desvanecido en el tiempo y apenas ya los himnos homéricos nos los recuerdan. Pero nuestro poeta no parecía muy de acuerdo con algunos de los condicionantes de la celebración profana:

Llegó el aniversario de las fiestas de Ceres la doncella descansa sola en su lecho vacío. Rubicunda Ceres, que coronas de espigas tus finos cabellos, por qué en el día de tu festividad nos prohíbes los placeres?… ¿Quién creerá que se alegra con las lágrimas de los amantes y quiere ser festejada con los tormentos de la continencia?

Ovidio era un caballero y, acaso en consecuencia, pudiera ser considerado un gran feminista, conocía el alma femenina en profundidad. Y un experto conocedor de los entresijos tantas veces insondables del Amor:

“Yo compuse esta obra, yo, aquel, poeta Nason, nacido en la lluviosa comarca  de los pelignos, que se divierte en cantar sus propios extravíos. Así me lo ordenó el Amor. ¡Lejos de aquí, muy lejos, bellezas intratables, no sois público adecuado a mis tiernos versos! Léame la virgen inflamada en presencia de su prometido y el sencillo adolescente que sufre por primera vez las angustias amorosas. Quiero que algún joven, herido por la misma flecha que yo llevo clavada, reconozca, leyéndome, las señales del fuego que le consume, y tras larga admiración exclame: “¿Por dónde este poeta ha penetrado y descubierto  mis ocultos dolores?”

En El arte de Amar Ovidio glosa el anhelo amoroso:

Si te cautiva la frescura de las muchachas adolescentes, presto se ofrecerá a tu vista alguna virgen candorosa; si la prefieres en la flor de la juventud, hallarás mil que te seduzcan con sus gracias, viéndote embarazado en la elección, y si acaso te agrada la edad juiciosa y madura. Créeme, encontrarás en éstas un verdadero enjambre…

Hasta el foro, ¿Quién lo creerá? Es un cómplice del amor, cuya llama brota infinitas veces entre las lides clamorosas. En las cercanías del marmóreo templo consagrado a Venus surge el raudal de la fuente Appia con dulcísimo murmullo, y allí mil veces se dejó prender el jurisconsulto en las amorosas redes, y no pudo evitar los peligros de que defendía a los demás; allí con frecuencia, el orador elocuente pierde el don de la palabra…”   

En efecto, es posible que la causa de su destierro, con el pretexto de la publicación del Ars amandi, fuese una venganza de Livia quien dominaba la voluntad del viejo emperador. En un momento dado el poeta y su obra parecieron peligrosos para el Poder. Fuere como fuere, Ovidio nunca regresaría a Roma.

Ovidio como nuestro Cervantes u otros de los más grandes resultan ser como un faro para la humanidad, una especie de cuásares de la cultura que muestran su luz durante algún tiempo en medio de la oscuridad reinante. Gentes que nos muestran la posibilidad de ser mejores, pero también por eso mismo, con vidas difíciles, el Espíritu enfrentado al Poder.

Un Poder que ahora puede seguir encarnado como antes en un déspota y sus caprichos pero que está consiguiendo nuevas y más peligrosas estrategias y técnicas de dominación. Un Platón y sus filósofos asesores reinterpretado a su maniera por la cuerda de, entre otros, Leo Strauss y sus secuaces neocons desplegados en variados e influyentes Think Tanks. La mentira como arma de los “sabios” que ya no filósofos que controlan la caverna platónica y nos confunden con su juego manipulado de sombras. una sociedad dominada por una élite que mediante técnicas depuradas y sutiles influyan en el comportamiento de la gente y ejerzan el control de los “ciudadanos” convertidos en obedientes esclavos sin que tengan conciencia de serlo.  En estas condiciones el Arte, la Cultura se convierten en peligrosos enemigos del Poder.  De ahí,  un nuevo destierro perpetrado por el Poder contra la Verdad, el Arte, el Conocimiento y la Libertad.

Se achaca a Confucio, la que parece una sentencia orwelliana: “cuando las palabras pierden su significado los hombres pierden su libertad”.

El liberalismo, al menos en su noble significado español de nuestro siglo de oro, ha sido prostituido por la Cultura anglosajona. La defensa de la Libertad, del débil, la lucha por la Justicia y la realización de los valores metafísicos, los derechos civiles, la libertad de pensamiento, expresión, cátedra o imprenta, vienen siendo sustituidas por la libertad del comercio y el dinero y las ventajas del pensamiento único.

En 1964, un humanista nacido en el país del exilio de Ovidio, investigador de la Metapsíquica y relacionado con Eliade, Cioran o Ionesco, consiguió el premio Goncourt por su inspirada novela Dios ha nacido en el exilio. Perseguido por el régimen comunista rumano, Vintila Horia no llegaría a recogerlo. En su obra el escritor rumano habla de Ovidio, de sus temores y anhelos y de una esperanza espiritual: una hierofanía cuya manifestación ha de esperarse. Pero, en realidad, de sus propias peripecias vitales en el exilio por diferentes países: Italia, Argentina, Francia o España, donde murió.

Aquí, en España, la repugnante y mercenaria zurda sorosiana  con la complicidad de una derecha cobarde, corrupta y felona, ante la debilidad y desguarnecimiento de nuestra Cultura actual pretende introducir una nueva ley de desmemoria, manipulación o confusión histórica. Por ella, el linchamiento intelectual y social o la cárcel sustituirán al debate de ideas o la investigación. La mentira al gusto del Poder será oportunamente enmucetada.

Y nuevos Ovidios volverán al exilio a la espera de una nueva consoladora hierofanía.

 

 

 

 

 

La Candelaria asoma

Dedicado a mis queridos amigos Milagros y Alejandro.  En homenaje a su gran y antigua amistad.

Hace cinco años escribía este texto:

“Ascendía desde el Tajo en la penumbra de sombríos pensamientos hacia la catedral junto a mi buen amigo el alquimista toledano Alejandro Vega, humilde sabio que se ha hecho uno con la conciencia numinosa de Toledo, la antigua ciudad sagrada, ombligo de Castilla y de España.

Mira. Es raro, todo un privilegio: hoy podemos entrar por la Puerta de los Leones o de la Alegría. Cruzamos el umbral. La figura de Cristóbal, el portador de la Luz, esa pesada inocencia que supera las fuerzas del coloso, nos muestra la enormidad de la carga que espera a quien trata de mantener la dignidad aún en tiempos tumultuosos. Seguimos por el deambulatorio. Al fondo en Poniente, la capilla mozárabe, donde aún se celebra el viejo rito hispánico, respetado durante la dominación musulmana de la ciudad, mas arrumbado luego por la influencia francesa. En la capilla de san Martín el caritativo santo nos señala la dualidad así como diferentes modos de iniciación. En la de los dos Juanes solsticiales se conserva uno de los pilares de la mezquita sobre cuyo solar se edificó la catedral. Y en la de san Eugenio, yeserías mudéjares en el arco sepulcral de Gudiel. En el noroeste, junto a otro pilar donde la leyenda sitúa el descenso de la Virgen para imponer la casulla a san Ildefonso se venera la piedra sagrada donde posaron sus píes. En el trascoro la Virgen de la Estrella expande su potente energía curativa.  Y en el exterior del coro, Alejandro me muestra figuras de templarios con su tau, así como una representación de la leyenda de Hiram Abí, el maestro de los masones.

De oca a oca, vamos hacia el mayor monumento en homenaje al grial que existe en España. Mira desde aquí el Trasparente del maestro Narciso Tomé. El Cabildo a principios del siglo XVIII quiso iluminar la zona posterior del sagrario para lo que encargó perforar parte de los muros del trasaltar de la capilla principal. Parece un sacrilegio perpetrado contra la obra gótica, pero no lo es. En realidad, es una culminación de la Gran Obra, la Solar. Cuando se eleve sobre el horizonte, un rayo de sol atravesará el círculo abierto en la bóveda original y penetrará con su luz primordial, fecundándolo, el centro entre los arcángeles. Observa el altar sobre el campo de estrellas de seis puntas, rodeado por el damero masónico de la dualidad sobre la que se apoya el conocimiento.

Sí que recuerda al famoso verso gongorino: “(el sol) en campos de zafiro pace estrellas”.

Pero como casi siempre lo más interesante está oculto a la mirada profana. Así la cámara sagrada situada detrás, entre él y el altar mayor, donde se custodia el sagrario, al que acceden las monjas cuidadoras. Allí está guardado el pelícano. Sí, el pelicano, el ave sagrada, símbolo de Cristo, emblema de la Rosa Cruz y de profundo significado místico. El del propio sacrificio. El principio creador y vivificante que se entrega para alimentar a sus criaturas. El sol, el fuego que permite la vida.

Antes de irnos, toca aquí, este pilar de la capilla de san Ildefonso, junto a la tumba del maestro Martín y los tres peldaños iniciáticos. Es tremendo el caudal vibratorio. Más aún quizás que en el parteluz del Pórtico de la Gloria compostelano. Donde más energía hay en Santiago es en la parte del altar, donde se abraza al Apóstol y en la cripta que guarda el sepulcro, pero las últimas obras además de eliminar el damero masónico del piso, han debilitado el efecto energético original.

Cae la tarde, mientras nos alejamos en dirección al pequeño cigarral de mi amigo, vuelvo la cabeza hacia la vieja ciudad gris y me fijo en las tres coronas que coronan la torre de la catedral. Son las tres coronas de poder sobre sus respectivos mundos que figuran coronar la cabeza del sabio constructor.

Toledo a veces enseña alguno de sus misterios, sus secretos, a los buscadores sinceros. Es un Libro escrito en una lengua ya olvidada. En un principio fue el Verbo pero en esta era de sombras y penumbras quedan sólo sílabas casi indescifrables de la antigua palabra perdida. Mi amigo lleva toda una vida buscando y reuniendo en la catedral primada los restos de ese lenguaje. Su semántica, su pragmática, su gramática. Me consuelo, confortado por la visita  al ombligo de España, con la idea de que el pelícano es fuerte, pese a ofrecer su propia sangre a sus hijos, y que, aunque falle la voluntad de ser o el conocimiento del arquitecto de las tres coronas, en todo caso, el Gran Arquitecto del Universo no va dejar de proteger a España y guiar con su Luz a los españoles.

Atrás queda el antiguo minarete de san Miguel, la casa del duende con sus misteriosos subterráneos, pero la Candelaria asoma y es la propia ciudad de Toledo quien la porta como un san Cristóbal”.

 

Con motivo de la presentación de una nueva edición de su famoso libro Introducción al Toledo filosofal, el pasado otoño tuve la oportunidad de visitar con Alejandro de cicerone otra vez el barrio templario de San Miguel, así como los subterráneos de la casa del duende, que otrora fuera taller del maestro Quismondo. Una casa tradicional toledana y un lugar de extraordinario interés, insólito, muy diferente de lo que el público puede visitar habitualmente.  En la penumbra de los recovecos de sus múltiples galerías y pasadizos se sienten las diferentes energías de la milenaria ciudad. De su memoria histórica.

Una especie de escondido eterno inconsciente colectivo, de viejas emociones y sentimientos, confundidas en el Espacio y el Tiempo. Del Ser que hace esfuerzos por Ser, tomar consciencia y mostrar así las glorias del micro y macrocosmos, las que corresponden a una vida en plenitud.

Ya en el exterior, junto a la aguja de acupuntura del campanario de san Miguel, en una de las colinas de Toledo, la Luz asoma en la calle de la Candelaria.

Entre un halcón de cetrería con el capirote puesto y un león dormido, ya lo decía nuestro gran Cervantes en el frontis de la Primera parte de El Quijote: “Spero lucem post tenebras“.  Ojalá su triunfo sea también el nuestro como criaturas en pos de realizar los más íntimos y queridos anhelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONVOCATORIAS: Esteban Cortijo habla de Roso de Luna en el Ateneo de Madrid

El próximo lunes cinco de febrero el catedrático de Filosofía y máximo experto en su biografía, Esteban Cortijo, disertará sobre el polígrafo extremeño y ateneísta Mario Roso de Luna en el Ateneo de Madrid, del que fuera figura señera. Su retrato, retirado un tiempo como castigo a su heterodoxia, luce en la famosa Cacharrería de la antigua institución cultural madrileña.

Hoy acaso no tan recordado como se merece, Mario Roso de Luna ocupa un lugar de extraordinaria importancia en la Cultura y la Ciencia del primer tercio del siglo XX.  Astrónomo, licenciado en Filosofía y Letras, Doctor en Derecho, poseyó una cultura vastísima, puesta al servicio del Ideal. Pero Roso por encima de todo fue un hombre bueno. Un investigador y buscador espiritual que realizó una labor ingente al servicio de los valores humanísticos y metafísicos.

Un homenaje más que merecido a una figura singular que seguro habrá de gustar al público asistente. Mi enhorabuena a Esteban Cortijo y demás organizadores de este acto.

 

 

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