Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

EXCLUSIVA: fragmentos de notas autobiográficas de don Benito Arias Montano en Sevilla, 1598

Entre un legajo de documentos varios, aparentemente inéditos, se han encontrado unos fragmentos de lo que parece una autobiografía del insigne polígrafo don Benito Arias Montano, fallecido en Sevilla el 6 de julio de 1598. Lo encontrado, con ortografía actualizada o modernizada, dice así:

En Sevilla, junio de 1598

Ahora, cuando siento que mi vida se acaba, acogido a la hospitalidad de mi entrañable amigo Simón de Tovar y su bondadosa familia me asaltan los recuerdos. Algunos gratos, placenteros, otros, no tanto. No me arrepiento de mi vida, aunque haya demasiadas cosas que creo no repetiría. Mi pasión por el conocimiento me ha impedido gozar del amor en todas sus dimensiones, aunque no tanto de la amistad verdadera. Me vienen a la mente los ojos y la sonrisa de Anne Herents, relación imposible de la que, sin embargo, mi buen y fiel amigo y confidente Plantino actuó como singular corresponsal. ¡Qué hermosos tiempos aquellos de Amberes!

Mi vida nunca fue lo que parecía. Mi primera crisis espiritual ocurrió en Trento. Recuerdo las interminables sesiones conciliares con dos únicos libros presidiendo los trabajos, la defectuosa Biblia vulgata de san Jerónimo y la descomunal Suma teológica de Tomás, el erudito local. Por aquella época yo aún creía plenamente en la Iglesia. No entendía hasta qué punto su aventura humana había traicionado el espíritu evangélico. Como se había preocupado más del poder y las riquezas que de la defensa del Verbo. Esa Palabra que estaba en el Principio y que, sin duda, había perdido suponiendo que alguna remota vez hubiera poseído en su integridad. La rebelión de Lutero era sólo un síntoma del deterioro pero no la causa del mal que la aquejaba. Había que ir nuevamente a las fuentes, en búsqueda de la Palabra. Pero la cuestión no era tan fácil. Intelectualmente las cosas cada vez estaban menos claras a medida que se investigaba, puesto que no era posible reconstruir con total certeza la peripecia del cristianismo histórico original. Aprendí lenguas para tratar de desentrañar la verdad, pero ésta siempre se me escapaba. Pero si las letras constituyen el cuerpo del lenguaje había que buscar su alma. Mis antepasados hebreos habían guardado la tradición de ese alma que vivifica la letra muerta y, desde ese punto de vista, habían avanzado más en el conocimiento de lo genuinamente sagrado que la propia escolástica, que si bien había contribuido grandemente al desarrollo del pensamiento dirigido, olvidaba que la revelación nunca podrá ser una mera experiencia intelectual que no tenga en cuenta el ser humano en su integridad, y, por tanto, el mundo de la emoción. No hay una traducción única de un libro único. El libro verdadero está en nuestra conciencia cuando se abre a todas las dimensiones del ser. Y no está escrito con letras de ningún único alfabeto, alefato o alifato. Está escrito con emociones y con revelaciones personales que se abren hacia una conciencia mística e inefable. Y por eso, incluso más valioso que un libro sagrado, sea tener un método que permita a los merecedores de ello acceder a esos sublimes estados de conciencia, en que las criaturas siquiera momentáneamente podemos integrarnos en el Todo. Los libros nos permiten recrear intelectualmente un modelo del Ideal, pero no son el Ideal mismo, hasta que sus valores son guardados en nuestro corazón y son vividos por nosotros mismos.

Por una de esas ironías de las que la vida es tan pródiga, no veía aún las cosas así cuando buscaba libros tanto para S. M. como para mí. Por aquel entonces parecía una especie de Noé en busca de libros que salvar de la barbarie que se avecinaba. Allá por la primavera de mi primer viaje a Flandes, en comunicación con el embajador imperial en Francia, D. Francés de Álava, por órdenes del Rey y con no poca vocación personal propia, rebuscaba libros cuando me encontré con un mercader griego de libros originales, de nombre Andrés Darmario, proveedor también del obispo de Segovia, al que yo ya conocía de Venecia, que llevaba unos raros ejemplares a la reina de Inglaterra. El pobre Darmario había caído en manos de la soldadesca flamenca y había sido despojado de su dinero y enseres salvo los libros, objetos casi siempre despreciados por el vulgo, menos para calentarse alimentando una hoguera. El contratiempo le obligaba a vender parte de su mercancía para poder proseguir su azaroso viaje. Me ofreció unos pocos a cambio de una fuerte suma de dinero, además de cartas de recomendación para el embajador español y otras autoridades del camino. Yo se las di pues temía por su vida, no sin advertirle antes de las grandes dificultades de su empeño y del incierto negocio que procuraba en un reino como el inglés con libros casi todos eclesiásticos y católicos, salvo algunos filosóficos. No acepté su oferta parcial, sino que le pedí todos, diciéndole que eran para mi propia colección y no disponía de más dinero. Después de mucho regateo, idas y venidas, se los saqué por sólo ciento quince escudos cuando de haber adivinado que iban destinados a la biblioteca real de san Lorenzo no los hubiera dejado por menos de quinientos. Bien es verdad que de la relación que remití al secretario real, Gabriel de Zayas, olvidé alguno sobre el tema que más me interesaba, además de una música de Ptolomeo, algunos comentarios a Platón, libros de astronomía en letra arábiga y caldea y un pequeño volumen de Orígenes.

Luego, el Duque de Alba me dio aviso de que viera las librerías de Haustrat y Breda, de modo que llegué a reunir hasta no menos de trescientos manuscritos originales griegos. Me imaginaba cual caballero andante en busca de la gloria menos material que de recuperación de tesoros del pasado. Mejor que un Marcilio Ficino al servicio de los Médicis, mis victorias lo serían frente a la ignorancia, y sus compañeras, el fanatismo, la ambición y la hipocresía. Lástima que luego la biblioteca imperial se convirtió en otra especie de tumba, en la que buena parte de tanta sabiduría dormiría el sueño del abandono sin aprovechar a nadie. Así que decidí durante mi trabajo como bibliotecario en san Lorenzo intentar salvar del olvido los mejores con una signatura asaz apropiada, 0.0 = 5.

Pero, os decía que a veces añoro Amberes, ese remanso de paz que con los familistas pudimos preservar pese a la guerra, la violencia y la destrucción. Hice lo que pude para evitar excesos, aunque no siempre con éxito. La paradoja del humanismo es que tras intentar despertar universalmente las mentes a la crítica, el pensamiento y la creencia libres, ha de refugiarse en pequeños grupos para no perecer en el vendaval del fanatismo y la violencia. La humanidad no está preparada para vivir los grandes valores, y aunque nuestro deber sea intentar alumbrar un nuevo y mejor estadio de conciencia, a veces no nos queda más remedio que disimular y de algún modo escondernos para poder sobrevivir personalmente. Y con nosotros, la Cultura.

Amberes, ese Amberes, oficialmente católico, tridentino, ocultaba muchos secretos,. que representaban formas particulares de esa fraternidad tradicional y sin nombre, promotora de la civilización, que luego desarrollaríamos en Toledo con Luis de Castilla y el pintor Dominico Greco. La peripecia de la Biblia Políglota motivó otra de mis crisis. La política real que yo trataba de suavizar en lo posible estaba equivocada en el fondo. La Religión no puede utilizarse políticamente pues su escenario natural no el Poder, ni las glorias de Palacio, sino lo más recóndito e íntimo de las conciencias. La política imperial que yo aconsejaba al principio, basada en la firmeza de la unidad católica y la intolerancia hacia los herejes, era un claro error. Empecé a darme cuenta de él por otro motivo, cuando ocurrieron los desordenes por la imposición de los tributos conocidos como décimo. Pero, el mismo edificio emblemático de san Lorenzo no era sino un error de concepto, un extravío moral. Representaba el ideal teocrático, la unión del Cielo y la Tierra realizada sobre un Centro. Pero en este caso, la jerarquización del espacio arquitectónico se había dispuesto de modo que el domus regia, el palacio imperial, se colocaba en el Este, subordinando no ya sólo el domus sacerdotum, el convento, sino incluso el domus domini, es decir, el propio templo, a la política imperial. Felipe, el rey monje tenía su cámara en el sancta – sanctorum.

 

A mi vuelta de Roma, se habían cumplido los peores presagios. Ya en agosto se había producido en París, instigada por Catalina de Médicis, la espeluznante matanza de hugonotes. Estaba así fuera de toda duda razonable que el catolicismo no podía imponerse como garante de la unidad política si queríamos evitar la destrucción de Europa. Era necesario sustituir al Duque de Alba y que su sucesor, don Luis de Requesens, cambiara su política hacia otra más tolerante, que permitiera la actuación creciente de las autoridades flamencas. Y así estuve yo un tiempo, como un pequeño Platón aficionado, aconsejando al nuevo gobernador en su ínsula. Propuse la abolición del aborrecido Consejo de Turbas entre otras reformas dirigidas a la pacificación de la población, como el control de los desmanes y abusos de sectores del ejército imperial, compuesto en buena parte de mercenarios. Mi trato con tanta gente me hizo ver que incluso los católicos flamencos se habían vuelto contrarios a España, por lo que las razones de las revueltas más bien cabía buscarlas en los abusos concretos que en la sola imposición religiosa.         

— Ilegible…

Posdata

En estos momentos tan tenebrosos y altamente peligrosos para la suerte de la Cultura española hoy gravemente amenazada por las instituciones, no está de más, aunque sólo fuese como consuelo, recordar  y si se puede tratar de emular los grandes logros de nuestro Siglo de Oro.

 

 

 

Ejércitos de terracota

En ciertas excavaciones de Oriente se ha encontrado todo un ejército magistralmente realizado en terracota que guardaba al primer emperador en su tumba. Acompañándole en su desaparición yacían enterrados hermosos carros de guerra con primorosos adornos reflejo de la abundancia de las arcas imperiales, cuyos caudales fueron retraídos de la satisfacción de más apremiantes necesidades populares, majestuosos generales de gesto altivo, coroneles, capitanes y otros oficiales, junto a miles de soldados e incluso mandarines del millonario funcionariado civil, que impasibles guardaban al emperador en su última aventura. Todos muy serios, conscientes de su misión póstuma pues sus trabajos y sacrificio por la patria carecen ya de sentido tras el ocaso de su barbudo jefe. Sólo desentonan de tanta ajada solemnidad sendas furias tirándose de los pelos mientras ataca el enemigo inmisericorde.

Algunos permanecen sin cabeza, otros sin manos, todos sin aliento, lamentándose de la traición del yerno de un tendero extranjero experto en efebos y trata de blancos, al que no se le presumía tal capacidad de atravesar la Gran Muralla, desahuciando al Hijo del Sol y a su infinita burocracia. Letrados sindicales cuentan hasta varios millares de altos cargos dispuestos otrora a llevar las más nimias voluntades del Señor Cara Pocha a los más recónditos lugares del imperio, ahora cesantes que no llevan sino la zozobra a sus familias de derecho y de hecho, amantes y criados.

Otro voraz ejército de chulos, castrados, hembras lujuriosas, pagados por narcotraficantes, todos hipócritas seguidores de Nepote, había llegado para reforzar las huestes invasoras y lograr plaza en el reparto del botín que se prevé asaz sustancioso.

Medio millar de directores generales entrenados a lo largo de todo el largo reinado en engordar la gusanera, son desplazados por otro abundoso ejército ávido de arrebañar nuevas competencias autonómicas, legales o no.

Responsables de empresas dispuestos a convencer a los recién llegados que su puesto en realidad es altamente técnico y que lo ocupan por sus altos méritos profesionales. Todo por la patria. Y en el extremo opuesto del imperio otros mandarines empiezan a mirar de reojo a su máxima magistratura mientras intentan confundirse con el paisaje consolidando su mandarinato.

 

La Peste

“Pues sabía lo que la muchedumbre en fiesta ignoraba y puede leerse en los libros, a saber: que el bacilo de la peste no muere ni desaparece nunca, que puede permanecer adormecido durante años en los muebles y la ropa, que aguarda pacientemente en las habitaciones, las cuevas, las maletas, los pañuelos y papeles y que quizá llegue un día en que, para desdicha y enseñanza de los hombres, la peste despierte sus ratas y las envíe a morir a una ciudad alegre.”

(Albert Camus, La Peste)

Premio Nobel de 1957, admirador de Unamuno y Ortega, con preocupaciones acerca de la conciencia humana que nos recuerdan las de Dostoievski, Albert Camus fallecía en trágico accidente de tráfico el 4 de enero de 1960. Dicen que en su coche siniestrado se encontró un ejemplar de El hombre y lo divino, obra fundamental de la eximia pensadora María Zambrano. Una obra que quizás le había llegado demasiado tarde, justo a las puertas de la muerte: la conciencia misma se agranda tras un desengaño del amor, como el alma misma se había dilatado con su engaño. Si naciésemos en el amor y en él nos moviésemos  siempre, no hubiéramos conciencia.  Y esta luminosa sentencia convertida en una suerte de epitafio resume toda vida de plenitud, también la del gran humanista tan prematuramente arrebatado por la muerte.

Por una muerte absurda, como tantas de ahora, o de siempre, que sin embargo no le impidió constituirse en uno de los más notables y honrados testigos de su tiempo. Tiempo de búsquedas y desengaños, dirigido al alba pero arrumbado en el ocaso, en que, arrumbada o abandonada la metafísica, el hombre desligado resulta un extraño para sí y para su mundo verdadero: el que tiene que ver con el alma y el amor, auténticas medidas del universo.

Símbolo moderno de la conciencia, Albert Camus es testigo de los actos que se ejecutan sin ser demasiado consciente de ellos como los del señor Meursault, el protagonista de El extranjero (o El extraño, según la traducción de Sainz de Robles). Una vida en la ceguera, sólo aliviada por sensaciones placenteras como la tibieza del cuerpo desnudo de Marie, y que quizás ha de cerrarse con la furia o el insulto.

El drama personal de Camus es también el drama del propio y lamentable siglo XX, un siglo que había traicionado tantas esperanzas: así la del sometimiento de los demonios personales que se pretendía gracias a la psicoanálisis o la del comunismo que presuntamente habría de poner fin a la Historia con una civilización sin amos ni esclavos, pero que el cabo se ha revelado como lo que es: una ideología genocida que el humanista Camus abandonó asqueado. Una ideología que permanecía agazapada pero que hoy vuelve como la peste.

Albert Camus nació en Argelia donde trascurre su juventud. De ascendencia española por parte de madre que le enseñó nuestra lengua, su padre emigrado alsaciano, murió cuando Albert iba a cumplir un año, durante la Primera Guerra Mundial. No olvidaba los problemas de su Argelia natal. La búsqueda de una solución lejos de una imposible “reconquista” o del desarraigo de los franceses de Argelia, que si no tienen el derecho de oprimir a nadie, tienen el de no ser oprimidos  y el de disponer ellos mismos de la tierra en que nacieron. Para restablecer la justicia necesaria hay otros medios que el de reemplazar una injusticia por otra.  La sensación de la propia civilización amenazada. La descolonización no solo de Argelia ha resultado un desastre, acaso cada vez más complejo y difícil de manejar con el actual auge del islamismo fanatizado y propugnador de la sharia como código civil. Un Islamismo que ha pasado al ataque no ya en la Argelia pretendidamente ganada para la causa del laicismo neutro oficial, sino que está degradando la metrópoli republicana francesa con su indeseable multiculturalismo.

En las sociedades en las que se van difuminando las jerarquías y los órdenes morales, intelectuales y estéticos, en las que no hay modelos, o estos se encuentran deformados, se desvirtúa también el concepto de tolerancia y por tanto de sus límites. Tolerar no es consentir. Pues la tolerancia tanto como virtud moral como en su sentido técnico referido a los sistemas de calidad representa un ámbito en que se puede aceptar la diferencia o discrepancia de algunas de las características básicas de un integrante del sistema. Así, tal pieza puede aceptarse si no pone en peligro el funcionamiento del conjunto en su integridad. Lo primero que hay que conocer es el sistema axiológico en que la civilización se basa. Luego la capacidad de integración por la cantidad o por la calidad: por fallos no detectados, o si detectados no corregidos por diferentes intereses, en los subsistemas de educación, socialización e integración social que permiten la reproducción del sistema principal en el tiempo, impidan ésta y pongan en peligro la supervivencia de una forma de civilización. No puede funcionar bien un sistema democrático sin demócratas. Ni una república sin republicanos. Es decir: una sociedad solo puede ser crecientemente libre, próspera y justa si estos valores son vividos por las gentes que la integran. La progresía andante y mandante considera asaz impropio aspirar a la perfección. Son valores antisociales que degradan al ser humano los que promueve.

En su obra maestra, La Peste, Camus nos habla de una plaga que amenaza la ciudad alegre y confiada como diría otro premio Nobel, Jacinto Benavente. La ciudad dichosa e inconsciente hasta que se manifiesta el mal latente, oculto a los ojos de la sociedad. Cuando apareció la obra se consideró una alegoría del nazismo, esa peste que infectó cuerpos y almas antes de arrasar Europa. También de otro movimiento totalitario, el comunismo, causante aún de más muertes y desgracias. Pero no es cosa del pasado sino asunto de extraordinaria actualidad, la alegoría profética de un mundo que se nos desmorona desde hace unos años sin que hasta ahora hayamos advertido la profundidad y gravedad de la amenaza. En lo que llevamos de siglo XXI parecen volver en toda su virulencia muchos males que creíamos ya erradicados. Como nos advierte Camus: el bacilo de la peste ni muere ni desaparece jamás.

El siglo XXI nos muestra un nuevo proceso radicalmente revolucionario. La emergencia del mal ahora en forma de una nueva especie de comunismo devastador pero sin uniformes, cánticos ni correajes como en los años treinta. Un proceso de disolución del orden social, de la familia, de destrucción de la clase media, víctima de la hipertrofia de lo financiero, transformado en poder absoluto y autónomo, inaccesible en castillo desligado de lo real. Y es que Sánchez, Iglesias y sus bandas no aparecen con correajes ni desfiles uniformados. Ni siquiera se identifican con lo que son: comunistas despóticos y totalitarios o meros oportunistas del Poder. Los nuevos servidores del despotismo y mercenarios del gran capital reniegan de los símbolos patentes de orden y jerarquía. Son agentes de entropía moral, intelectual, económica y social. En el caso de España la situación se agrava con los intentos de descomposición nacional y disgregación en partes independientes y enfrentadas.

El mal se manifiesta y ataca a todos, sin respetar a los inocentes. Mas varían las actitudes de los diferentes personajes ante la peste. Así, el patético y abnegado Tarrou que la combate contra toda esperanza. Me quedo con la actitud del heroico y lúcido doctor Rieux, quien decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar a favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay más cosas en los hombres dignas de admiración que de desprecio.

Ojalá sobrevivamos a la peste que se manifiesta. Ojalá, esta nueva aparición de la peste posea una faceta buena, útil, educativa. Y nos sirva como al doctor Rieux para reconocer y promover las cosas dignas de admiración en el hombre. Un hombre y una civilización que debieran combatir la peste amenazadora con la educación y la escuela. Y promover como vacuna contra la peste y las ratas que la expanden una opinión pública ilustrada y consciente digna de tal nombre.

 

Actualidades del Ruedo Ibérico

Los generales Serrano y Novaliches, Paco y Manolo, se enviaban notas secretas, solapados en el propósito de coronar al príncipe de Asturias. (Mientras)…  acampados en una y otra ribera, los soldados de la revolución, y los leales, robaban gallinas mientras llegaba la abdicación de la Reina.”

La Gloriosa pasó a mejor vida salvo en las crónicas valleinclanescas. La revolución es puro esperpento, ahora desarrapada, sin soldados de uniforme salvo el del estudiado desaliño de los pantalones tobilleros rotos y arremangados a baja pantorrilla, las zapatillas veraniegas de lona tan adecuadas para las heladas de este enero que no sólo hiela los píes sino el alma.

Es la hora del lumpen no pastoreado ya por generales isabelinos ni menos letizio filipinos que se abalanza a tomar palacios, trincar lo que se pueda, pillar paguillas de la nueva sopa boba y despanzurrar tesoros históricos.

Mientras las hordas toman la Moncloa sin siquiera cabe como pretexto de la inacción la heroicidad histórica de un crucero Aurora bombardeando el Palacio real. Nuestros valientes generales durante la pintoresca Pascua Militar hacen corrillos misteriosos, huérfanos de un conspirador Aviraneta que les ilustre. En algo conviene gastar el tiempo hasta escuchar la tópica y estupefaciente homilía real de un impotente rey imaginario habitante del país de las ensoñaciones batuecas. Ahora ya no dimite nadie por razones de honor en desacuerdo con la promoción de los comunistas como hiciera el general De Santiago, que todos somos muy demócratas y el comunismo, aunque recién condenado por la UE no es para tanto. Que entre lo que ya tengo y lo que me toque en el futuro reparto me avío para una temporada. Todos firmes a la espera de un carguillo otorgado por el elemento revolucionario o la pedrea de algún negociado de la OTAN, lejos a ser posible de la madre patria.

La cosa tampoco va ya de robar gallinas isabelinas, buena parte del patrimonio nacional ya ha sido saqueado y queda poco importante que pillar salvo santiguar los bolsillos de los estúpidos súbditos que pagan el tan poco edificante espectáculo de la Monarquía.

 España es una deformación grotesca de la civilización europea”

Aquel Marte pontificio, capitán de zuavos, la miraba con petulante sonrisa…  regresaba de la Corte española adonde había ido, correo en la gran intriga que con monjas y frailes, camarilleros isabelinos y emigrados circundas, conducía el monseñor cardenal secretario de Estado. Sor Patrocinio la seráfica monja de las llagas, habíale alcanzado las charreteras… La conjura apostólica zozobraba y con ella otros piadosos ardides de la monja…por mediación de la seráfica madrina hubo secretas entrevistas- lágrimas y besuqueo, promesas y mieles, fallidos propósitos de remediarle con dineros…volvía desilusionado, temeroso….en Roma le esperaban los usureros…”

Los usureros esperan pero no solo en Roma para cobrarse la revolución. Con una deuda como la del Reino de España la cosa está madura, de “un mírame y no me toques”. Una conjura en la que si hay monjas u obispos invertidos del papa doña Francisquita, la parte el león la tienen sionistas, narcotraficantes y neomarxistas a lo Alinsky con su corte de milicianas meonas o desgreñadas, feroces hembristas, invertidos, mercenarios o invasores multiculturalistas. Mención aparte las denuncias bolivianas de financiación por el narcotráfico del puntal partidario del nuevo gobierno bolchevique de Su Majestad.

Muchas de las socaliñas con que hace ocho siglos se robaba en los caminos compostelanos son actuales, como aquella de la luciente dobla de oro que el peregrino descubre entre el polvo de su ruta, con todo el enredo de de la súbita aparición de dos sutiles tramposos que reclaman su quiñón en el hallazgo, mueven pleito de voces y retos acaban aviniéndose por gracia de alguna blanca de ley que ofrece el peregrino a cambio de guardarse la dobla, que luego le saldrá fullera. “

Para que luego se diga que las instituciones no funcionan.

Doña Isabel puso píes en polvorosa, tirando los trastos de reinar, porque el cristo revolucionario la sorprendió en lugar vecino a la frontera, donde tomaba los baños de mar tan saludables para el humor herpético.

Bien puede suponerse que aquellos sesudos políticos moderados, carcamales de la más docta veteranía en conjuras, trapisondas y cabildeos, no aventuraban un dictamen tan espinoso de responsabilidades y tan contrario a la adulación cortesana sin haberse previamente entendido con el duque de la victoria…”   

“Es la retórica lo que más separa a los pueblos.”

No solo la Retórica maestro Valle Inclán, también la ambición por mandar aunque sean borregos y la codicia por el reparto del botín.

 

 

Galdós y las nuevas episodias nacionales

Supongo que muchos españolitos víctimas de la degenerada educación socialista y pepera apenas conocen al personaje y su ingente obra. Sin embargo, ahora que se conmemora el centenario de la muerte de don Benito Pérez Galdós no está de más recordar no sin nostalgia por el parnaso perdido lo que la obra y la propia figura del gran escritor canario ha significado para muchas generaciones de españoles. Una lección de patriotismo crítico y de amor a España, una dramatización de su historia y de sus costumbres e instituciones sociales. Un modo artístico de auténtica memoria histórica. La actual obra de demolición de España es también la de su lengua y su Literatura.

Un autor controvertido ya en su época, don Benito el garbancero, que también fue víctima de alguna que otra conspiración de envidiosos y miserables funcionarios de la Kultura para evitar que fuese galordonado con el Nobel. En esto algo parecido a las peripecias de otra humanista, doña Concha Espina, la Niña de Luzmela, autora de Retaguardia una de las novelas más interesantes y espeluznantes sobre el terror rojo durante la guerra civil.

Recuerdo que aún casi niño leía con admiración las peripecias patrióticas de Gabriel Araceli y su novia Inesilla en la edición de Obras completas de Aguilar de la biblioteca de mi querido padre. Unas peripecias que son las de la misma España. Una cartografía espiritual de ciudades emblemáticas, Cádiz, Madrid, Toledo, Zaragoza,… que merece la pena tener presente, junto con sus antiguos personajes, cuando se visitan años después.

No siempre lo narrado en los episodios galdosianos puede considerarse versión de verdad histórica. Un caso notable por su importancia estratégica para la suerte de España es el de uno de los 11 M de la época: el asesinato de Prim con sus posteriores verdades judiciales oficiales. Valle Inclán cuenta un comentario que le hizo a Galdós sobre la versión oficial con la autoría de Paul y Angulo: “Don Benito movió la cabeza: es posible que no haya sido Paul y Angulo … es posible… pero estas cosas no pueden decirse… en este episodio me hubiera gustado hablar de los negreros que financiaron la revolución… luego Cánovas los hizo senadores vitalicios y títulos del reino… tenía muchos datos pero está todo tan reciente… don Nicolás Estévanez me ha escrito. Tampoco cree que haya sido el autor del asesinato. Para don Nicolás han sido los alfonsinos…”

Su descripción de la Masonería de la época y sus intrigas políticas también es muy interesante y reseñable por su permanente actualidad.

Memorable especialmente la visión galdosiana de Toledo en su Ángel Guerra.  Completada en Toledo. Su historia y su leyenda. Critica aquí su decadencia: «El siglo XVII, que marca una atroz decadencia, así en política como en artes, crea en Toledo, como en toda España, una multitud de bárbaros e insubstanciales conventos, fundados por un fanatismo craso y una devoción poco ilustrada. ya no se ponen al servicio del culto aquellas artes tan bellas, tan ingeniosas y ricas, que fueron principal gala del siglo anterior. Se derriban palacios muzárabes y del Renacimiento para erigir esos desapacibles conventos de ladrillos, y esas casas de jesuitas, de que España está llena. La arquitectura es cosa muerta; y como por una especie de ironía, nace de sus cenizas una vil parodia, una caricatura, una burla, el churriguerismo, que pone su mano estúpida en todas las grandes catedrales de España, y en la de Toledo hace el transparente, que es un padrón de ignominia.» 

Interesantes y polémicas las ideas estéticas de don Benito. No sabemos si su crítica al Transparente acaso oculta alguna referencia freudiana al hembrismo o la homosexualidad, hoy tan de moda. O simplemente es solo un boquete efectuado en la bóveda del templo. Sin embargo, sea como sea, pese a todo, cuando paseo por la ciudad con la grata y sabia compañía de mis amigos toledanos Alejandro y Milagros a veces percibo la extraña presencia de viejos fantasmas como El Greco, Cervantes, San Juan de la Cruz o el mítico Ángel Guerra.

También digno de recuerdo por varias razones el escándalo político literario tras el estreno de Electra.

Ahora que no sabemos que futuras infaustas episodias nacionales nos tiene preparada la Providencia, ojalá sirva esta conmemoración del centenario para conocer mejor la obra titánica de Galdós y como homenaje a un gran español. Con perdón.

 

 

 

 

El Resplandor

En este Siglo de las luces apagadas se ha avivado un resplandor sobre este siniestro hotel Overlook que contaba el gran Kubrick, alegoría de una patria convertida en experimento globalista de laboratorio sobre cómo destruir una nación, y habitada por psicópatas y fantasmas que amenazan y agraden a quienes están obligados a cuidar y proteger.

Los acontecimientos del Reino de España, acaso ya desde la Transición pero sobre todo desde el golpe de Estado del 11 M, se asemejan a una crónica de errores y horrores, a la trama de una tremenda novela de terror. Hoy se junta todo: un rey inepto y pusilánime, una clase dirigente política y empresarial mayormente traidora, cleptocrática, prostituida y corrupta, un pueblo embrutecido, presa de sus más bajas pasiones, incluida paradójicamente la del suicidio ritual comunista. Un sistema institucional democrático iuris tantum que es pura mohatra degradada, en el que nada es, ni menos actúa, como cabría esperar de sus obligaciones legales y morales.

El psicópata es psicópata desde luego pero su acción se ve favorecida y potenciada por un entorno favorable para los excesos impunes como es el tinglado monárquico en el que nada es como parece, que deja el hotel y las instituciones a merced del criminal. Donde fallan estrepitosamente las instituciones y mecanismos de protección. La neurosis del protagonista se ve reforzada por la revelación de su fracaso para escribir su texto, para establecer un discurso político adecuado a la socialdemocracia del siglo en que vive, no lastrado por la posverdad y la posmodernidad de las luces apagadas o del encanallado y animalesco neomarxismo cultural. Repite una y otra vez un discurso anticuado, huero hoy de sentido, atrapado en sus complejos históricos pero que, sin embargo, le facilita la comisión de sus delitos y felonías actuales y futuros.

El psicópata retorna al lugar del crimen. Ese mundo sombrío de fantasmas, restos de horrores, brutalidades y apariencias. Igual que Jack Torrence (Nicholson) el PSOE liberticida, golpista y criminal de los años treinta se reencarna ahora con similar capacidad para el Mal.

La psicosis destructiva de los socialistas carece de terapia eficaz. Kubrick, recordando el viejo mito del minotauro, del monstruo que devora a los jóvenes a sacrificar, nos enseña que un buen mecanismo de defensa es encerrarlo en su laberinto hasta que se congele. Un laberinto del subconsciente degradado, de pulsiones animales, de envidias, frustraciones, fanatismo, sectarismo, donde todo crimen tiene su asiento. También una vía de entrada del bajo astral y sus demonios.

La Cultura y el cultivo del Espíritu son los que deben encerrar al monstruo. La sentina de las bajas pasiones del socialismo debe estar cerrada. Y esa es misión fundamental de la Civilización, primero y de las redes de ley y orden social, incluidas las Fuerzas de Defensa y Orden Público, después.

Y otra lección de El Resplandor: cuando la urgente necesidad apremia la propia salvación no cabe esperar que venga de fuera. De un rey incapaz sino cómplice con sus mohatreras e ineptas instituciones. Son las víctimas propiciatorias entregadas al sacrificio quienes han de rebelarse contra el monstruo.

¡Y qué Dios nos ayude!

 

 

 

 

De pueblos y populachos

Al final de una época, Occidente y España especialmente parecen hallarse en una encrucijada como tantas otras veces a lo largo de la historia. Como al marqués de Bradomín atravesando la comarca del Salnés una negra noche de tempestad, surgen los caminos que se bifurcan: una de las rutas a seguir es la del esfuerzo individual y de la sociedad en su conjunto para sacar adelante las cosas. Es, pues, la de la libertad, la inteligencia, la responsabilidad, la investigación y el desarrollo de las potencialidades. Difícil, lenta pero segura y acaso la única verdadera. Pero esta ruta ha sido muchas veces preterida en España, donde frecuentemente se ha favorecido el modelo opuesto. No sabemos si aún queda margen para elegir la senda correcta o ha sido escondida y ya deviene en impracticable por la intrincada maleza de la entropía, la desinformación y el embrutecimiento programados.

Desde luego que no es un problema nuevo pero ahora se presenta con crudeza radical. En las lúcidas pero amargas palabras de Cadalso:

Pide a Dios te dé un hijo tonto; verás qué vejez tan descansada y honorífica nos da. Heredará a todos sus tíos y abuelos, y tendrá una robusta salud. Hará una boda ventajosa y una fortuna brillante. Será reverenciado en el pueblo y favorecido por los poderosos; y moriremos llenos de conveniencias.

 Pero si el hijo saliese con talento ¡cuánta pesadumbre ha de prepararnos!….. cuando veo que Miguel de Cervantes ha sido tan desconocido después de muerto como fue infeliz mientras vivía… que este ingenio, autor de una de las pocas obras originales que hay en el mundo, pasó su vida parte en el hospital, parte en la cárcel, y parte en las filas de una compañía como soldado raso, digo que Nuño tiene razón en no querer que sus hijos aprendan a leer.”

Con ocasión de un episodio de su azarosa biografía, el motín de Esquilache, cuando logró salvar la vida a cierto aristócrata confesaba: “aquel día conocí el verdadero carácter del pueblo”.

 

Muchos años más tarde, el cónsul de Noruega, el heroico Félix Schlayer que salvara la vida a más de mil refugiados en la embajada, en su conocido libro sobre las matanzas en el Madrid republicano veía así la situación del Frente Popular:

En la zona dominada por los rojos, estos crímenes, producto de la ferocidad de las masas iban en aumento semana tras semana, hasta convertirse en una espantosa orgía de pillaje y muerte…aquí se trataba del asesinato organizado. Ya no era solo el odio del pueblo, sino algo que respondía a una metodología rusa: era el producto de una animalización consciente del hombre por el bolchevismo. De lo que se trataba era de adueñarse de lo que fuera a cambio de nada; y si era menester matar, se mataba. Lo que desde siempre ha dominado políticamente en a amplia masa del pueblo español ha sido el sentimiento y nunca la razón. Pero en los conflictos anteriores su fanatismo se apoyaba en bases idealistas….

Esta vez sin embargo, debido a la influencia de la progresiva materialización de las masas populares, como consecuencia de las teorías socialista y comunista, los motivos de fondo son principalmente de orden económico y la meta con la que se especula es disfrutar de la vida con el mínimo esfuerzo.”

“Su ecuación bien parece ser ésta vivir bien es igual a no hacer nada. Ésta era la atractiva consigna con que el comunismo seducía eficazmente a las masas incultas, llevándolas hasta la consecución de un sentimiento tan fanático como éste: Arrebatad a los poderosos todo lo que tienen y así podréis ser tan gandules como ellos y vivir tan bien como ellos”

 

¿Estamos hoy tan lejos de rememorar atrocidades parecidas? En la España actual, agredida, saqueada, abandonada su suerte por el Régimen borbónico con un amenazante futuro gobierno rojo y golpista de concentración carcelaria en la que ya casi no hay futuro salvo para los políticos degradados y los sinvergüenzas en general, el destino del segundo al que se refería Cadalso, el hijo con talento, sería emigrar en busca de un lugar donde pode vivir decentemente. O el exilio interior. Mimetizarse como las perdices en campo raso. Pero al primero aún le pueden quedar varias opciones. Puede hacerse cómplice del tinglado. Será bien recibido si carece de escrúpulos y obedece sin rechistar.

Esta segunda ruta, la de mantener y fomentar el embrutecimiento general, es una tentación fácil para ciertos poderes políticos, empresariales, religiosos o mediáticos pero condena fatalmente el futuro. Buena parte del tinglado presente parece basarse en el predominio de esta segunda opción. En educación, prensa, cultura, economía o finanzas. Y desde luego en Política.

 

Huxley lo explica en su contra-utopía Un mundo feliz:

“Una sociedad de alfas no podría evitar el ser inestable y desgraciada. Imagine una fábrica donde todos fuesen alfas, es decir, individuos diferenciados y sin parentesco, de buena herencia y acondicionados para ser capaces (con limitaciones) de escoger libremente y asumir responsabilidades…El experimento de Chipre una sociedad de todos alfas fracasó…guerra civil. La población óptima es como el iceberg ocho novenos bajo el agua y uno encima.”

Y es que, para los promotores de Un mundo feliz:

“La ciencia es peligrosa. Al científico que va por libre lo mandamos a una isla.

Aunque parece un castigo, en realidad es un premio. Le mandan a un lugar donde hallará la compañía de los hombres y mujeres más interesantes que podría encontrar en todo el mundo. Cuantas personas que, por una u otra causa han alcanzado demasiada personalidad para poder adaptarse a la vida en común. Cuantas personas no están conformes con la ortodoxia. Cuantas tiene ideas propias. Cuantas son…alguien. La verdad es una amenaza, la ciencia un peligro público”.

 

En el deteriorado reino borbónico actual se ha desterrado la excelencia como no sea la de la misma cleptocracia liberticida que campa a sus anchas, haciendo del saqueo impune y de la propia burla de la Nación una forma de las Bellas Artes. La verdad es una amenaza, la ciencia un enemigo público. O no hay alfas o los que hay se adscriben al monipodio gobernante. Desde luego, no parece que haya ya alfas para el liderazgo del Bien. Y sin ellos la democracia no puede funcionar y se convierte en la antesala de la tiranía.

En la construcción del NOM estamos en la fase de sembradura del caos. De generación, enaltecimiento, “empoderamiento” lo llaman ahora, del populacho. Sin embargo, la historia nos enseña que la bestia sin educar, el populacho desbordado, cuando caen las redes del orden constituye una grave amenaza para todos, incluidos los que lo fomentan para su propia granjería y dominación.

El Arte, la Cultura y la Política quizás hayan naufragado ya, al menos como las veníamos entendiendo en Occidente, pero aún hay mucho estulto que cree que está a salvo del hundimiento del Titanic por viajar en camarotes de primera clase. El contacto con el agua gélida puede hacerle despertar cuando ya sea demasiado tarde.

 

Otro Sí digo

«Siempre hay una puta para un buen cliente»

No es de extrañar que se haya consumado la ignominia del texto de la abogacía del estado amparando a delincuentes por orden y a gusto y satisfacción del presidiario catalán compinche del Presidente del Gobierno de Su Majestad.

Es otro ejemplo de ese populacho miserable encaramado a la cucaña institucional borbónica que confunde profesionales con mercenarios y ciudadanos con súbditos.

 

 

Sopa de ganso 2

Ahora que estamos de vacaciones y vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará.  Decía Platón que los poetas mienten de modo que vamos a cultivar un rato el apólogo, que dicen es una forma de contar cosas diferentes a las que se leen.

Según Marx, el bueno, Groucho, érase una vez un feliz Reino llamado Fridonia que bien pudiera valer para nuestro caso. Y también otro país llamado Silvania que cuenta con una agitada República y desde luego con un apuesto embajador como se ve en la película Sopa de Ganso, con su bonita embajada y todo. Sin embargo, el último gran preboste de Silvania tuvo que poner píes en la frontera porque le habían pillado con las manos en la masa y en la droga. Sus colaboradores altos capitostes y capos que no pudieron llegar tan lejos como él consiguieron refugio en la acogedora embajada de un famoso narcoestado llamado Libertonia donde les agradecieron los servicios prestados y beneficios obtenidos con el trapicheo.

El valido de Fridonia era tristemente célebre por hacer cohechos, prevaricaciones, felonías, guarradas y perrerías a todos y a todas. Incluido al sufrido aunque tímido y asaz apocado rey de Fridonia, personaje que estaba del interfecto hasta los mismísimos, bueno, o lo que tenga.

En estas resulta que el tímido rey de Fridonia que no sabe cómo vengarse de tanta afrenta y humillación recibe recado secreto de agentes de Trumpolandia y de Mosalandia que dentro de su operación para drenar el pantano también quieren poner al valido en su sitio, para lo que proponen hacerle una sucia, aunque merecida, jugarreta al felón, a ver si conseguían cargárselo o al menos dejarlo debilitado para un  próximo y deseado posterior descabello. La cosa es muy retorcida, taimada, como corresponde a gentes muy versadas en trapisondas y chanchullos de falsa bandera.

La encerrona consiste en poner en evidencia mediante un incidente internacional acaso delictivo e imposible de ocultar al valido y su tropilla de serviles puñeteras indocumentadas, que creen estar trabajando para unos hasta que comprenden, ya demasiado tarde para recular, que es para los otros, cuando les dejan con el culo al aire y en el mayor de los internacionales ridículos.

Dicho y hecho. El valido y su banda pican el cebo hasta el bofe, y tratan de recomponer figura mintiendo como bellacos bien entrenados y así intentar sortear el espantoso ridículo que desmerece su soberbia condición. Una prueba de que en realidad, pese a la demagógica propaganda local, no son sino basurilla irrelevante a nivel mundial, meros esbirros prostituidos, por muy revolucionarios e impunes apoyados por oligarcas depravados sembradores del caos que se sintieran. Como no podía ser menos, el enredo es oportunamente descubierto y publicado.

El rey de Fridonia se relame de gusto, mientras pone cara de compungido. La pena es que no pueda publicar la autoría de la idea para que la venganza sea más completa.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Moraleja, esconde la mano que viene la vieja.

(Continuará)

 

 

Navidad en Kali yuga

Con el solsticio de invierno vuelve la Navidad, fiesta principal del Cristianismo. El nacimiento del Salvador se encuentra envuelto en densas brumas históricas. Los evangelistas Mateo y Lucas escriben sendos textos legendarios, no sin algunas contradicciones entre ellos, donde predomina la parábola o leyenda teológica sobre la historicidad de los acontecimientos. Por no saber, no se sabe si fue Nazaret o Belén el lugar de nacimiento, ni tampoco su fecha exacta.

Sin embargo, pese a las amenazas islámicas, las degradaciones y granjerías de los mercaderes o los intentos sionistas de desnaturalizar antes de acabar con la festividad de la Navidad y lo que representa para buena parte de la Humanidad, ésta aún sigue viva en mucha gente, entre los que me incluyo.

Me parece que influyen varias causas. El hombre es un animal de nido. La nostalgia de nuestra infancia en una familia protectora donde identificarnos con el Misterio de un Bien vencedor de las injurias y las tinieblas. El Amor como protección. Para mí, no sé si el amigo lector comparte esta inquietante sensación, estos tiempos traen un cierto componente de pena, de fracaso. No solo por la desaparición de seres queridos, sino a nivel personal y generacional al comprobar el deterioro de nuestra sociedad por lo que se podría haber hecho y no se hizo.

Pero, porque desde el punto de vista psicológico la Navidad constituye un arquetipo de la divinidad, de lo sagrado. Una forma de epifanía o de manifestación de lo numinoso. Porque la figura de un Mediador constituye una necesidad psicológica del alma humana, mayor cuanto más conciencia de criatura contingente, falible, inmersa en el Kali yuga, se tenga.

La desnaturalización o erradicación de la Navidad por el neomarxismo sionista cultural supone una amputación de nuestro Ser. Y el emborronamiento del dasein, del Ser ahí que decía Heidegger. De una forma de revelarse en el hombre y en la Historia el arquetipo del Bien. Y también de una forma de salir de sí hacia el mundo.

La destrucción impune de nuestra Cultura sin que se construya nada mejor, ni siquiera igual, sobre sus escombros. Algo parecido a como si terroristas iconoclastas arrojasen botes de pintura roja sobre los cuadros más hermosos de los grandes autores. O se acompañase con pitidos, consignas o matracas de lumpen embrutecido la audición de La Pasión según San Mateo. Los protagonistas de nuestros mitos, en el sentido griego, de revelación espiritual del término, son cambiados o desnaturalizados. Los ángeles son sustituidos por “elfos” en los anuncios mercantiles. Los majestuosos reyes magos por un gordo gritón de la cocacola.

Ahora, bajo la tiranía de la posmodernidad y de la posverdad, estas reflexiones sobre arquetipos, Mediadores, lo sagrado, ya no son correctas y deberían ser desechadas por anticientíficas, por no ser mercancías para el lucro, por ser cosa de malvados fachas sin remedio. Pero la Navidad es una invitación a la Resistencia.

Nuestra condición psíquica se halla amenazada por los agentes dominantes y manipuladores ce una civilización en trance de dejar de serlo. Las luces y adornos exteriores de las ciudades en campaña comercial no pueden suplir la propia luz interior, ni menos, en una visión hilozoísta la de la Naturaleza en el baile cósmico del Sol y La Tierra en la eclíptica.

No es la Luz quien muere o renace, somos nosotros mismos.

 

 

 

 

Cantares, traiciones y otras políticas

España es la patria del romancero y de los cantares. Si el romancero estereotipa hazañas heroicas, los cantares son un catálogo de la intimidad del alma y los sentimientos.

A falta de otros logros en el desgraciado Reino de España bajo el tambaleante cetro del último Borbón, tenemos como ejemplar hazaña heroica la de robar el dinero de los parados aunque el heroísmo está aquí en la impunidad con el que escribanos y corchetes han celebrado la más alta estafa mohatrera que vieron los siglos. O con la que el falsario y sus compinches negocian cabritera en la mano en timba de trileros con presidiarios, ventajistas, abusones y filoetarras. La lugartenienta para la cosa del zoco de compraventa de cargos y cargas ha dejado con un palmo en las narices al pardillo logrero de Teruel también existe pero que ni pincha ni corta. El ministro Abalos ha sido llamado al orden por bocazas al vulnerar la regla de oro de toda celestina que debe llevar a cabo sus granjerías y desfalcos con nocturnidad, con alevosía, pero con gran discreción.

El falsario, con permiso de Begoño, sus lugartenientes y lugartenientas manda recado al orondo presidiario Polifemo, recién enmucetado por los chicos de la leyenda negra sobre la naturaleza de sus amores y canta en la ventana de la mancebía de madame iZ:  “Corazón de filigrana embutido en fino acero ¿cómo quieres que te olvide si has sido mi amor primero”.

Y en el umbral ruega le acoja el Polifemo de pura raza catalana en su nutricio seno maternal del opusino tanto por ciento: “nunca me digas adiós, que es una palabra triste: corazones que se quieren nunca deben despedirse”. Aunque el requebrado se confunde o se hace el digno al contestar: “no vengas en busca mía que va mucha diferencia de tu persona a la mía”.

Mientras, otra parte de la banda falsaria, olvidando que otrora algunos de los asesinados eran supuestos correligionarios, tiene la vileza de insultar a las Víctimas del terrorismo al ofender su memoria conchabándose para el botín con los del grupo representante de los terroristas. Aunque tan turbios personajes no se lo crean, aún hay muchas personas que guardan la memoria de los sacrificados por sus protegidos: “Las flores que en tu sepulcro derramo yo a manos llenas van regadas con mi llanto y por eso no se secan”.

La PSOE se quita definitivamente la careta y aparece en su genuina naturaleza de palanganeros y manijeros de la oligarquía compinchada con cualquier mafia que le sirva. Y aunque el PSOE ya desde la era ZP y ahora con el falsario haya traicionado sus orígenes de decidida oposición al bizcairratismo sabiniano: “del clavel que me distes anacarado, toma tú las cenizas que lo he quemado”, renunciando así a la solidaridad y la dignidad democrática y política, más vale que no olvide tampoco que para muchos españoles de todas clases, incluidos algunos socialistas: “Cuando se arranca una rama / el tronco siente dolor / las raíces lloran sangre / de luto viste la flor”.

El rey Felipe ya bien entrenado como inerme y resignado payaso de las bofetadas recibe otra más, ahora de la mafia sionista socialista del prostíbulo de Bruselas. “Pasaban los hombres y yo sonreía….”.

 

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