Artículos, solfas y epistolarios
Paisaje sin fuego (y II)
Dentro de la ordenación de aprovechamientos que contribuiría a la prevención de incendios inspirada en la gestión tradicional e integrada del suelo es preciso resaltar el valor de la ganadería extensiva en el control del sotobosque. Antes existían aprovechamientos tales como leñas, camas de ganado o cultivos de cereal en turno largo, que la experiencia y en la escasez de recursos ajenos al propio mundo rural había implantado. El incremento de biomasa de sotobosque, estimado en unas tres toneladas de materia seca por Ha y año, representa un peligroso combustible para fomentar y propagar incendios que podría tener un valioso empleo alternativo como alimento para el ganado y además no en competencia con el consumo humano directo como es el caso de cereales pienso o soja. Así, los cuarenta a cincuenta toneladas de biomasa de sotobosque que se alcanzan en parcelas sin pastorear se podrían bajar a diez incluso mucho menos, según situaciones y especies. De algunas experiencias realizadas se deduce que las especies arbóreas no parece se vean afectadas en su crecimiento ni en altura ni en diámetro. Tal actividad ganadera pudiera dificultar la acción de los pirómanos si hubiera menos parajes solitarios y un mayor control de la presencia humana en el monte.
Conviene replantearse si ante las nuevas amenazas derivadas de la crisis económica, energética con sus subidas de costes y de la propia devastación provocada por los incendio no cabe buscar nuevas oportunidades estratégicas basadas paradójicamente en cierta forma tradicional de hacer las cosas aunque con nuevas técnicas. Es decir, en la promoción de la fotosíntesis no asistida o apenas asistida.
Pero, ¿qué hacer? ¿Quién va a realizar la innovación en nuestro sector agrario?
Como los del Jovellanos autor del Informe sobre la Ley agraria, ¿vivimos paradójicos tiempos en los que también resulta preciso remover los obstáculos que se oponen al interés individual? ¿Cuáles son ahora las manos muertas?
Hay que deslindar el problema técnico agronómico y forestal del institucional: social, económico y empresarial. Pero ambos están unidos por la geopolítica o “modificación de un ambiente geográfico por la acción del hombre en un momento preciso de la evolución histórica”, (Olagüe). La demanda de Tierra para fines agrarios o forestales no deja de de ser una demanda derivada y lo más prioritario resulta ser hallar una geopolítica adecuada con aprovechamientos rentables, puesto que el problema de la diferentes formas de tenencia de la tierra resultaría secundario para el innovador si supiera o tuviera en qué invertir.
Se conoce la vocación y capacidad del suelo gallego para los diferentes aprovechamientos. Pero falta esa visión geopolítica actualizada. Un aprovechamiento o conjunto de aprovechamientos interrelacionados capaces de producir ese cambio decisivo desde el punto de vista empresarial que mejore la actual situación. Lo importante es que puedan contribuir a vencer la actual dinámica de abandono. Muchas especies pueden repoblar nuestros montes, con su acción benéfica como sumideros de carbono, sobre la economía del agua, el control de la erosión y sobre el medio ambiente general, además de devolvernos junto con la diversidad y riqueza del paisaje, la hermosa tradición campesina gallega de tener una cartilla de ahorros viva.
En resumen, es preciso cuidar la prevención de los incendios. Integrando sectores agrarios y forestales en los que la ganadería extensiva puede resultar importante nexo. Promoviendo nuevos aprovechamientos. Removiendo los obstáculos que se oponen al interés individual. Cuidando al inversor, al empresario y a la gente ocupada en el rural.
El ojo del amo engorda el caballo…e impide o apaga el incendio.
Publicado en ABC Galicia, 21 de agosto de 2010
Paisaje sin fuego (I)
Cierto poeta con tendencias hilozoístas decía que “el alma de las gentes está como se muestran los campos”. Si eso fuera cierto no es una buena noticia. La belleza singular de Galicia se ve frecuentemente afeada por la acción humana. Podría ser un paraíso estético extraordinario porque condiciones naturales sobran. Pero lo que se muestra al observador es el desorden en el territorio.
En lo que se refiere a la campiña gallega hay nuevo factor que modifica el paisaje propio de la economía campesina tradicional: El proceso de transformación experimentado desde los sesenta. La realidad actual muestra decadencia de los aprovechamientos agrícolas. La ocupación del suelo para este uso, y en especial el policultivo de labradío, está en regresión en Galicia. En el paisaje el orden y variedad de cultivos y aprovechamientos ha derivado, a falta de criterios claros de innovación o sustitución de nuevos aprovechamientos cuestión que constituye una auténtica e importante reforma pendiente, en una mayor entropía o falta de información visual debido a la sucesiva y uniformadora invasión de matorral, especialmente de tojo y brezal. Pero tampoco hay suficientes bosques verdaderos al menos atendiendo al potencial que permiten las condiciones gallegas para el bosque “mesofítico”.
Las estadísticas de ocupación del suelo gallego no suelen ser totalmente veraces al haber un importante colchón o cajón de sastre definido como forestal pero cuya realidad se desvía bastante del sentido común de dicho término. El viajero se lleva la impresión que en buena parte de la geografía gallega, más que de verdadera gestión general de recursos naturales lo que hay es abandono, aún salpicado de explotaciones, que es aprovechado por la maleza invasora propia de los primeros estadios de la sucesión ecológica.
Los criterios de valoración de la nueva Ley del Suelo plantean cuál ha de ser el uso potencial de la tierra, para deducir una renta a capitalizar, pero observamos que lo dominante, lo modal, viene a ser dicha degradación. ¿Es que Galicia no es capaz de otra cosa? ¿No hay ningún planteamiento estratégico eficaz para sustituir aprovechamientos limitados por la PAC o de alto coste energético? Asombra comprobar lo que ha sucedido en áreas con grandes limitaciones ecológicas, como el Poniente de Almería, pero en las que, por contra, se demuestra el valor de la inteligencia y el trabajo humanos apoyados por iniciativas científicas y de investigación agronómica experimental ad hoc a las que no son ajenas las cajas rurales locales, así como de creación de estructuras comerciales ágiles y trasparentes.
La agricultura tradicional basada en el aprovechamiento integral de la fotosíntesis cerraba ciclos. Operaba con sistemas agrarios en los que el monte estaba integrado en su sistema de gestión de la tierra. Con la agricultura industrializada basada en la introducción de petróleo y otros combustibles fósiles muchos de estos ciclos se han abierto. Se han fragmentado. Así, mientras millones de Has se van degradando sin carga ganadera, una de las importaciones energéticas más importantes de España son los cereales grano y la soja para alimentar a la ganadería sin tierra. Dentro de los sistemas ganaderos extensivos la dehesa de quercus tiene un valor económico y ecológico singular como productora de proteína animal a bajo coste energético. En Galicia existen quercus mesofíticos a diferencia de los mediterráneos pero también con bellotas susceptibles de aprovechamientos ganaderos extensivos.
Pero, sea cual sea el aprovechamiento, tradicional o innovador, con especies autóctonas o importadas, el caso es que haya orden y actividad. Que haya sistema y no abandono, absentismo y degeneración.
El artículo 25.b de la Ley 3/2007, do 9 de abril, de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia, prohíbe las repoblaciones forestales en zonas dedicadas a labradío, cultivo, prados o pastos, con independencia da su cualificación urbanística. Es una medida contraproducente. El problema no es sólo de disyuntativa entre aprovechamientos agrarios o forestales sino de que haya aprovechamientos.
Más vale que haya plantaciones de especies de crecimiento rápido a que no haya sino tojales o brezales.
Una política eficaz contra los incendios forestales no puede ser ajena a la prevención.
Y una prevención eficaz se basa en la ordenación de aprovechamientos, tarea pendiente en la Galicia de hoy.
Publicado en ABC Galicia, 18 de agosto d 2010
Curso de Instalaciones receptoras de gas natural en industrias
Patrocinado por el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Galicia se ha celebrado en La Coruña el Curso de Instalaciones receptoras de gas natural (IRG) en industrias agrarias.
En línea de anteriores actuaciones del COIAG sobre este asunto, se ha pretendido ofrecer una visión general de la problemática del gas natural y de su empleo en las industrias agrarias gallegas, y aportar criterios para la redacción de Proyectos de instalaciones receptoras como ámbito competencial de los ingenieros agrónomos.
Intervino como ponente el colegiado Alfonso De la Vega, autor del Manual de Proyectos de Instalaciones receptoras de gas natural en industrias editado por Laverde ediciones.
El Programa del curso fue el siguiente:
1 El gas natural en Galicia. Su logística. Gasoductos, redes de distribución, ERM, puntos de entrega y presiones de operación. Posibilidades de actuación profesional para el ingeniero agrónomo en este ámbito. EIA, Coordinación de seguridad.
2 El proyecto de instalación receptora de gas natural en APA:
A Agentes que intervienen. Sus relaciones y su influencia en el trabajo profesional.
B Variables estratégicas a considerar
C Normativa de aplicación
D Morfología del proyecto de IRG en una industria agraria. Índice tipo.
E El proceso de diseño de la IRG. Resolución de un caso práctico
3 La dirección de obra. Problemática especial.
4 Documentación final de la IRG a presentar para la puesta en servicio.
5 Documentación final de los aparatos consumidores a conectar a la IRG.
6 Discusión y Comentarios.
II Curso de Valoración rústica
El Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Galicia ha organizado el Segundo Curso de Valoración rústica a celebrar los días 28 y 29 de mayo y 4 y 5 de junio en la sede de Caixanova en la ciudad de La Coruña.
En las dos primeras jornadas los ponentes invitados son dos catedráticos de la Universidad Politécnica de Valencia:
Los doctores ingeniero agrónomo don Vicente Caballer Mellado y doña María Natividad Guadalajara Olmeda.
El que esta nota redacta era alumno de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid cuando tuvo la suerte de conocer al Profesor Caballer a mediados de los setenta cuando, junto con el también compañero Carlos Romero, desarrollaban meritorios estudios pioneros sobre valoración agraria, bajo la dirección del entonces catedrático de Economía de la Empresa de la ETSIA madrileña don Enrique Ballestero. Era esa toda una época muy notable de la universidad española tanto por los logros científicos cuanto por encabezar toda una voluntad de cambio y renovación política y social basada en el conocimiento, el mérito y el deseo de ser mejores y contribuir así al fomento de una sociedad más libre, más desarrollada y más justa.
El profesor Caballer fue autor de un importante libro pionero que ya va por la quinta edición “Concepto y métodos de valoración agraria”, Madrid, 1975. Este libro tenía una hermosa dedicatoria que honra a su autor y constituye
una noble declaración de motivaciones, de dedicación, mérito y categoría personal, digna de ejemplo y emulación:
“als meus pares i germans, llauradors, que amb gran esforç i sacrifici han fet possible que em dedicara a l’ estudi.
Su intervención de hoy ha constituido un magistral repaso de la problemática conceptual, metodológica y profesional de la valoración en general y rústica en particular, especialmente oportuna en estos momentos de cambios sociales, económicos y legislativos. Enhorabuena al profesor Caballer por sus logros profesionales a lo largo de toda una vida y mi gratitud a los organizadores del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Galicia.
En sucesivas Jornadas intervendrán como ponentes D. Manuel González Sarria, actual Presidente del Xurado de Expropiación de Galicia, don José Enrique Herrero de Padura y don Arturo Serrano Bermejo.
FRAGILIDADES
La imprevista actividad de un volcán islandés de nombre tan raro ha causado un gran caos en las comunicaciones y el conjunto de la economía europea. Caos e incertidumbre que aún se mantienen. Y que parece ser ha pillado a la clase dirigente in albis.
Este es un asunto que debería mover a algunas reflexiones a la ciudad alegre y confiada.
El ciudadano medio, urbano, de los países occidentales acaso no es consciente del todo de la gran fragilidad de las redes de energía y de recursos de la naturaleza en la que se basa el complejo orden de sus sociedades y, en suma, su bienestar cotidiano.
Está más o menos acostumbrado a términos comunes como precios, demanda, oferta, paro, bolsa, “crear valor para el accionista”, PIB, hipotecas basura, euribor, etc. y considera más o menos conscientemente que el llamado sistema económico es autónomo. Doblemente autónomo tanto de la Moral como de la Naturaleza.
En efecto, en los últimos siglos, especialmente tras la Revolución industrial, se ha producido la emancipación metodológica y conceptual del llamado “sistema económico” como algo abstracto, basado en modelos matemáticos desligados del medio físico en que tenía su asiento. De tal modo que el “sistema económico” se convirtió en algo autónomo, creador y satisfaciente de nuevas necesidades, cada vez más artificiales o separadas de la estricta supervivencia, que empleaba unidades monetarias en lugar de unidades físicas y que era servido por una nueva y abstrusa casta sacerdotal o chamánica: los economistas. El concepto de escasez fundamental para poder hablar de lo económico también se convierte en algo artificial, relativo, desligado de las unidades físicas y de la propia Naturaleza. Incluso ahora tras la crisis internacional, el dinero real en el sentido de contracorriente del flujo de circulación e bienes y servicios puede resultar escaso.
Con carácter más general, el aumento del llamado PIB se convirtió en un nuevo dogma, en el que, por ejemplo, no se solía distinguir que parte de ese PIB correspondía a la destrucción de la energía útil de recursos de carácter no renovable, acumulados durante millones de años. Es decir, en las cuentas de contabilidad natural no se distinguía como ocurre en la contabilidad empresarial entre resultados procedentes de explotación de los que proceden reenajenaciones de patrimonio o activos.
La llamada ciencia económica ya emancipada de la Teoría Moral de sus orígenes, se intentaba establecer de modo isomorfo con el aparato matemático de la Mecánica Newtoniana. Así León Walras, en su Tratado de la Riqueza Social establecía los postulados de validez del desarrollo matemático de la Ciencia económica. Y aclaraba que el mundo de lo económico es el mundo de lo útil apropiable, de lo intercambiable, y de lo reproducible industrialmente.
Y ahora, la amenaza a la actividad de ese sistema económico supuestamente autónomo no procede de la acción antrópica del cambio del clima climático como lo llama el inefable ministro de Exteriores de Su Majestad y pretenden creadores de líneas de negocio ecologistas, sino paradójicamente de un volcán incontrolado de un país periférico. Pura naturaleza en acción. Que afecta a un bien antes mostrenco, el aire más o menos limpio de capas altas de la atmósfera con su correspondiente oxígeno para hacer posible la combustión de motores o turbinas y la navegación aérea.
Para el público en general y para muchas gentes que proceden del Derecho o la Economía tal como ahora se entiende, la civilización y la organización social es cosa de simples leyes políticas, que pueden cambiarse con decisiones parlamentarias o ejecutivas. Un juego de PIB, inflaciones o medidas macroeconómicas Por ello, la investigación científica se ve relegada sobre todo en las materias a las que Walras hacía referencia. Y por ello no es de extrañar que las variables científica y técnica, la ingeniería, sean ninguneadas hasta que un acontecimiento notable: seísmo, ciclón, actividad vulcanológica, sequía,… nos recuerde que la Naturaleza existe con sus graves consecuencias sociales y económicas. Y que el hombre es un ser vivo también condicionado por ella.
Pese a que Barajas es un caos en el que desesperados miembros y miembras del pueblo soberano son tratados como corresponde, nuestro inefable Ministro de Su Majestad para la cosa esa del Fomento está encantado de poder presidir las reuniones con sus “colegas” europeos para arreglar eso del volcán. Pero no hay mal que por bien no venga. Acabamos de descubrir sus talentos. Estamos salvados.
Y es que, como decía proféticamente un vecino del amigo Pepiño:
“En cuanto los acrianzan fuera de aquí sirven para todo como el primero: y aún los pastores más esfarrapaos tienen barrunta para medrar, si a mano viene”.
El scalextric de ZP
Tras la mohatra de las energías renovables la moda gubernamental de la temporada primavera verano en telas invisibles parece ser ahora el coche eléctrico.
Dentro de su quijotesca y particular cruzada contra los molinos sostenibles de la economía insostenible, o quizás al revés, Zapatero ha presentado su proyecto para el desarrollo de este singular y diabólico artefacto con una partida de 590 millones de euros en dos años y un objetivo de matriculación de 70.000 unidades, lo que supone según la cuenta de la vieja, que cada trasto eléctrico le cueste directamente al ya saqueado contribuyente español nada más y nada menos que 8.428 euros.
En la presentación de la buena nueva, además de la Salgado, la Garmendía y su daimon, Sebastián, acompañando a Zapatero estuvo la flor y nata de los dirigentes de la industria energética y campeones nacionales asociados, creada buena parte de ella con los despojos del antiguo sector público español sabiamente desamortizado “a la española”, ya que era tan malvado e ineficiente que mantenía el precio de la gasolina por debajo de las cien pesetas litro, incluso en momentos de graves crisis internacionales.
Muy risueños y alabancioso complacientes, allí acudieron casi todos, oliendo la nueva tajada que se les ofrece, como diría Botín, el famoso sponsor de Garzón, “Tú eres el gran presidente que necesitábamos. ¿Para qué necesitas un ministro de Economía?”
En un país como España tradicionalmente gobernado por abogados y financieros a veces resulta difícil explicar algunas nociones de la economía natural de la energía o termodinámica, propias de ingenieros y científicos, que, sin embargo, se encuentran implícitas en la viabilidad o no de decisiones políticas o empresariales porque el llamado sistema económico no puede considerarse como autónomo ni del entorno institucional ni del de la naturaleza.
Pese a lo que crean juristas, políticos o teólogos, las leyes sociales sólo son viables de modo estable si se encuentran en consonancia con las leyes de la Naturaleza y la eficiencia o idoneidad de los convertidores energéticos en los que se basa la actividad económica y social. Ninguna sociedad avanzada puede funcionar sin degradar grandes cantidades de energía, fundamentalmente fósil o no renovable. Incluso algo tan básico como es la producción de alimentos en los países industrializados descansa en el empleo intensivo de energía fósil en sus ecosistemas agrarios, y ya no solo en la fotosíntesis no asistida como ha ocurrído durante la mayor parte de la historia de la humanidad.
Para intentar aclararnos en las cuestiones más intrincadas de la energía disponemos de un instrumento esencial: la ciencia de la termodinámica. Con dos leyes fundamentales: la primera, la de conservación de la energía, la puede entender cualquiera, incluido el actual primer ministro de Su Majestad. La segunda es algo más complicada pues tiene que ver con conceptos más abstractos tales como Orden, Probabilidad, Trabajo útil o la irreversibilidad del tiempo.
Después hay que seguir con la cuestión de las fuentes de la energía, su adaptación mayor o menor a los fines a las que se destinan y los usos de dichas energías en los sistemas de producción, transporte y consumo.
Todo ello cuestiones que evidentemente rebasan las posibilidades de un artículo periodístico, pero aquí cabe comentar brevemente algunas.
La electricidad no es una energía primaria salvo la Hidroelectricidad, la solar, la eólica, y con cierto abuso conceptual, porque no deja de ser una térmica de carácter especial, la nuclear. Es decir, que salvo en los casos anteriores para generar electricidad es preciso emplear en térmicas más o menos evolucionadas fuentes de energía primaria como carbón, petróleo o gas natural.
Desde el punto de vista medioambiental la generación eléctrica produce contaminación por lo que no cabe hablar de “coche limpio”. Puede ser menos contaminante en un lugar pero el coste medioambiental queda donde se produce o transporta y no se disfruta la electricidad.
Los rendimientos de generación de electricidad en las térmicas clásicas son aproximadamente de un tercio de la energía empleada. En las modernas de ciclo combinado el rendimiento conjunto térmico eléctrico puede subir hasta los dos tercios.
A esto hay que añadir los costes energéticos del transporte y distribución de la energía eléctrica y ahora también el de los sistemas de recarga de baterías y el rendimiento final del motor eléctrico.
El sistema eléctrico funciona de modo integrado. Las térmicas funcionan de base. Las hidroeléctricas para satisfacer horas llanas o punta. Se ha intentado en anteriores ocasiones paliar ese desequilibrio entre generación y demanda. Así, por ejemplo, desde la producción con bombeos en ciertas centrales hidroeléctricas durante las horas valle, o desde la demanda con la introducción de tarifas nocturnas que a la postre resultaron un engaño para el consumidor al que luego se dejó “colgado”. Zapatero promete ahora una tarifa “supervalle” para recargar los nuevos vehículos y crea la nueva figura del gestor de cargas. Veremos.
Por lo que se refiere a los productos refinados del petróleo empleados directamente en los motores de combustión, los rendimientos de obtención son más altos porque los costes energéticos en refinería son más pequeños y la logística primaria mediante oleoductos desarrollada por el antiguo Monopolio de Petróleos es muy eficiente, una de las mejores de Europa. Y los de los motores de combustión se miden por los ciclos teóricos de Otto para las gasolinas o Diesel para los de gasóleo.
Aparte de esta cuestión de los costes energéticos variables habrá que considerar el coste energético de todos los inputs que intervienen en el proceso de fabricación de los convertidores. Sin olvidar los análisis de ciclo de vida, con VAN energéticos.
Todo ello hablando en términos de energía, porque la cuestión del dinero que ha de pagar el consumidor final es otra, relacionada con los costes y rendimientos energéticos, pero también con los del sistema económico, financiero y fiscal, modelos de mercados incluidos. Y aquí es donde se puede crear otro floreciente y subvencionado patio de Monipodio a añadir a los ya inventados por la picaresca hispana.
En conclusión, habrá que ver qué da de sí este nuevo invento zapaterino investigando el asunto mediante el análisis energético completo. Pero del que sólo sabemos de cierto su alto coste fiscal para los españolitos. Cabe pensar que se produzca además otro nivel de despilfarro imaginativo y creativo en las escalas autonómica y municipal.
Pero el ciudadano ya escaldado debe ponerse sobre aviso de otra posible mohatra.
Al final es posible que el asunto quede, al igual que otras ocurrencias “sostenibles” made in ZP, como un artefacto curioso a aparcar a doble fila y fardar de novedad mientras se toma el aperitivo.
La entropía insostenible
Uno de los mantras de los demagogos políticamente correctos actuales es la superstición esa de la “sostenibilidad”. Ha habido épocas en la historia de la Humanidad en que las civilizaciones eran más o menos sostenibles, no ya en lo político, social o ideológico, sino en lo que a la utilización de recursos naturales: agrarios, forestales, pesqueros, navales, mineros etc. se refiere. La clave era que los recursos renovables representaban la parte fundamental, casi única, de su presupuesto energético, basado fundamentalmente en la fotosíntesis no asistida, y, luego, en un convertidor energético tan eficiente como la vela, que sustituyó al remo.
Esta clase de presupuesto energético implicaba una gran masa de gentes que trabajaba en condiciones más o menos precarias, y con una economía próxima a la de subsistencia para sostener el nivel de vida superior de una reducida, en términos absolutos y relativos, clase dirigente. En los tres últimos siglos, el empleo creciente de combustibles fósiles gracias al descubrimiento de convertidores energéticos permitieron los profundos cambios en la sociedad y también en la forma de interpretarla que ahora conocemos.
Uno de esos cambios importantes es el de la emancipación metodológica y conceptual del llamado “sistema económico” como algo abstracto, basado en modelos matemáticos desligados del medio físico en que tenía su asiento. De tal modo que el “sistema económico” se convirtió en algo autónomo, creador y satisfaciente de nuevas necesidades, cada vez más artificiales o separadas de la estricta supervivencia, que empleaba unidades monetarias en lugar de unidades físicas y que era servido por una nueva y abstrusa casta sacerdotal o chamánica: los economistas. El concepto de escasez también se convierte en algo artificial, relativo, desligado de las unidades físicas.
Una consecuencia por lo que se refiere a la PAC o política agraria comunitaria es el cambio en la asignación de recursos agrícolas y ganaderos. Antes inspirados más o menos en razones técnicas o sociales. Producir de modo eficiente con los medios y recursos naturales disponibles los cultivos o producciones ganaderas (rotaciones con especies y razas bien acomodadas al entorno) necesarias para satisfacer las necesidades bromatológicas de la población. Y ahora según lo que diga Bruselas, burocráticamente reproducido en el BOE o DOGA correspondiente.
Con carácter más general, el aumento del llamado PIB se convirtió en un nuevo dogma, en el que no se solía distinguir que parte de ese PIB correspondía a la destrucción de la energía útil de recursos de carácter no renovable, acumulados durante millones de años.
La llamada ciencia económica ya emancipada de la Teoría Moral de sus orígenes, se intentaba establecer de modo isomorfo con el aparato matemático de la Mecánica Newtoniana. Así León Walras, en su Tratado de la Riqueza Social establecía los postulados de validez del desarrollo matemático de la Ciencia económica. Y aclaraba que el mundo de lo económico es el mundo de lo útil apropiable, de lo intercambiable, y de lo reproducible industrialmente. Evidentemente los recursos energéticos eficientes que soportan físicamente la economía actual no son reproducibles industrialmente, salvo, con matices, la hidroelectricidad.
¿Puede funcionar una economía moderna sin energía y sin recursos fósiles?
En el estado actual del conocimiento de las leyes de la Naturaleza y de la Termodinámica, no.
No puede funcionar ni siquiera la agricultura, convertida en los países industrializados una rama más de la industria en lo que a eficiencias energéticas se refiere.
Para el público en general y para muchas gentes que proceden del Derecho o la Economía tal como ahora se entiende, la civilización y la organización social es cosa de simples leyes políticas, que pueden cambiarse con decisiones parlamentarias o ejecutivas. Se ignora que sin presupuesto energético y convertidores eficientes las instituciones no pueden funcionar, al menos en el grado que pretenden.
El desarrollo político y económico de una sociedad (y el aumento de la clase media) dependen de la posibilidad de utilizar recursos energéticos y convertidores eficientes.
La ineficiencia energética de un convertidor significa poca o nula energía útil en relación a la total o a la energía degradada, entropía. En la práctica, digan lo que digan las leyes parlamentarias más o menos democráticamente adoptadas, representa la necesidad de subvenciones energéticas de otras fuentes o convertidores más eficientes y subvenciones monetarias que se detraen del sistema vía impuestos o déficit. La supuesta sostenibilidad resulta imposible si no existen recursos energéticos y convertidores eficientes (fósiles o hidroelectricidad) que subvencionen los ineficientes. Y que la baja productividad debe apoyarse también con subvenciones monetarias detraídas de la economía real.
Para los políticos ignorantes o sin escrúpulos del actual momento de degeneración entrópica de la civilización, a nivel internacional, nacional y autonómico, el ensanchar las subvenciones y el presupuesto supone más poder clientelar, un modo de favorecer a amigos y redes cleptocráticas asociadas que medran de las delicias del presupuesto y que protegen y se reparten el poder político como meros directores comerciales de sus actividades monopolísticas más o menos útiles o fraudulentas. Ya veremos qué pasa con esta nueva burbuja que parece tan a propósito para sustituir a la anterior.
La Teoría de Sistemas pretendía obtener sistemas que pudieran explotar eficientemente intramuros de los mismos la energía útil y arrojar o excretar extramuros de ellos el desorden o entropía generados necesariamente por la actividad. Ahora, la entropía se pretende explotar como fuente de ordeño presupuestario intramuros del sistema, engordando una nueva gusanera.
El ciclo de la demagogia, y de la pobreza, se cierra vendiendo la idea a la llamada ciudadanía (antes populacho) desinformada con la publicidad y la mohatra de los medios de manipulación, de que, con estas cosas tan sostenibles, se está protegiendo al medio ambiente y se elude “el cambio del clima climático” que diría el inefable Moratinos.
Pero dice la segunda Ley de la Termodinámica, de momento fuera de la influencia de la casta política española e inmodificable en el BOE o DOGA de turno, que “la entropía aumenta” y sin energía útil no puede funcionar ningún sistema ni físico, ni social, ni intelectual.
Energía y Agricultura
Este texto fue publicado en junio de 2004 por la Revista del COIAG.
“Contra los progresistas y su ingenua fe en un mañana mejor descubrió Carnot el segundo principio de la termodinámica. O acaso fueron los progresistas quienes para consolarnos de ella decidieron hacernos creer que todo será para bien, como si el universo entero caminase hacia una inevitable edad de oro”
(Juan de Mairena, 1936)
“En agricultura, sólo 1/3000 horas de trabajo humano por unidad de producto se necesitan comparadas con 1840…no respondo de la exactitud de estas cifras. Los tecnócratas de quienes proceden son demagogos y, por tanto, gente sin exactitud, poco escrupulosa y atropellada”
(José Ortega y Gasset, 1939)
Energía y sistemas agrarios
Don Pascual Carrión, nuestro ilustre compañero, antiguo catedrático de la ETSIA de Madrid, afirmaba en tiempos tumultuosos de nuestra Historia, con ocasión de los intentos republicanos de promover una Reforma Agraria, que “la solución del problema social agrario es fundamental para la vida de los pueblos y especialmente para España”. Muchas cosas han cambiado desde entonces, y aunque lamentablemente del planeta no se ha erradicado aún el hambre, en España ya no existe la antigua y dramática presión sobre la tierra pues la población empleada en la agricultura y residente en el mundo rural ha descendido enormemente, de modo que muchas extensiones de nuestros campos se hallan solitarias, abandonadas, y los sistemas agrarios se han simplificado, perdiendo gran parte de su complejidad y riqueza ecológica, cuando no desaparecido. Detrás de tan profunda transformación existen muchas causas pero querría centrarme hoy en una de singular importancia como es el papel de la energía en los sistemas agrarios y su influencia en la actividad y la ordenación del territorio.
El asunto no es nuevo ni en los hechos ni en su tratamiento metodológico o científico y por su gran interés estratégico para la sociedad y para nuestra profesión, hubo una época en que pude dedicar tiempo a estudiarlo con cierto detenimiento. Ya en la Asamblea Nacional de Ingenieros Agrónomos de 1980 escribía una comunicación titulada “Consideraciones acerca del estudio energético de la agricultura española” en la que entre otras muchas cuestiones proponía la conveniencia de promocionar la investigación desde la perspectiva energética, perfeccionar las técnicas más adecuadas y promover el empleo de los análisis energéticos y el desarrollo de proyectos inspirados en estos criterios. Y en la exposición de una ponencia del III Simposium nacional sobre Combustión celebrado en Valencia en 1982 o en el Seminario sobre La agricultura en la ordenación del territorio y el medio ambiente, desarrollado por el IRYDA en 1981, tras las anteriores crisis energéticas, afirmaba que la crisis de la energía implica una cierta crisis también de confianza en instituciones como la llamada ciencia económica. Pues para saber en que fases del proceso productivo resulta posible sustituir petróleo y / o ahorrar energía es preciso conocer cuales son los flujos reales en términos de materia de los sistemas de producción. Hay que emplear unidades físicas, ya no bastan las monetarias y es preciso conocer las leyes de funcionamiento de los procesos de transformación de la materia y de la energía: hay que recurrir a la Termodinámica, a la Ecología, a la Biología, a la Edafología. Y entonces resulta pues, que el sistema de asignación de recursos agrícolas, ganaderos y forestales basados en criterios simplemente pecuniarios, se muestra insuficiente: hace falta una visión global del problema. Definiendo las limitaciones ecológicas al desarrollo del proceso económico y reencontrándose con el mundo físico. Tarea en la que deberíamos participar con especial dedicación los ingenieros agrónomos si tratamos de recuperar un discurso propio y diferenciado, o al menos, como mal menor, sobrevivir en un cierto “nicho ecológico profesional”.
En este orden de cosas y de los estudios de diferentes sistemas agrarios se deduce que, durante las últimas décadas, la agricultura española ha experimentado un cambio de modelo muy acelerado pasando de lo que pudiera definirse como tradicional, semi-industrial, al común a los países industrializados. El resultado ha sido un incremento del output agrícola financiado por un mayor consumo de energía fósil, y un descenso en los rendimientos energéticos del proceso productivo.
Este descenso se deriva de la sustitución de recursos propios, entre los que también pudiéramos incluir el mismo trabajo, por energía fósil en sus diversas formas: fertilizantes nitrogenados, combustibles para producción y transporte, capital en forma de maquinaria, cuya obtención no hay que olvidar tiene también una importante base energética fósil.
En este conjunto de transformaciones tiene singular importancia el desarrollo de la ganadería intensiva alimentada con productos agrícolas propios del consumo humano como el maíz o la soja. Sus importaciones de varios millones de toneladas anuales deberían formar parte de la partida de importaciones energéticas pues constituyen importantísimas aportaciones de energía al sistema alimentario español. Y un combustible diferente, por cierto, del que usaban las “máquinas vivientes” de nuestra cabaña autóctona, más resistentes y mejor acomodadas al medio natural y capaces de aprovechar mejor los propios recursos pascícolas y la fotosíntesis no subsidiada con energía fósil.
Algunos diagnósticos
Como resultado de todo este proceso de trasformación cabe afirmar que no podría mantenerse el actual de régimen de proteína animal en la dieta española en el supuesto de régimen de autoabastecimiento. Y de modo mucho más preocupante para la alimentación de la humanidad en el futuro esta cuestión puede generalizarse puesto que el modelo agrario y de consumo alimentario de los países accidentalizados plantea una importante presión sobre los recursos energéticos no renovables a nivel mundial. Estas consideraciones deben tenerse en cuenta muy especialmente ahora que los superpoblados países orientales emergentes están contribuyendo a aumentar la demanda mundial de energía fósil.
Pero hay otros espejismos en los que no se debe caer.
Uno de ellos es la tentación de aumentar la oferta de energía promoviendo la producción de biomasas. Suele ser un espejismo en muchos casos, puesto que, como hemos apuntado antes, gran número de cultivos de los sistemas agrícolas occidentales tienen rendimientos energéticos casi negativos. Es decir, que su producción requiere inputs energéticos iguales e incluso mayores según los casos, que su valor expresado en unidades energéticas. De modo que la generación de, por ejemplo, de metanol o etanol, salvo en procesos de fermentación de gran especificidad enzima sustrato, o se reemplee energía térmica de cogeneración, suelen ser procesos endotérmicos, consumidores más que generadores de excedentes de energía útil.
Otro es pensar que flujo de energía que sustenta la agricultura de los países industrializados se gasta sólo en los predios y no también en las ciudades para fabricar abonos, refinar crudo de petróleo, construir maquinaria, lograr mejoras genéticas, o transgénicos ¿pasará con éstos como con el DDT?, obtener productos fitosanitarios, así como alimentar el transporte, la organización social, Administraciones públicas, empresas industriales, servicios en general. Todo ello permite el mantenimiento y la reproducción en el tiempo del sistema agrario, éste a su vez, los del sistema productivo global, al sustentar la de su parte más importante: la gente.
La visión economicista neoclásica
Otro espejismo, conceptual y metodológico, es el olvido de los postulados en que se basa el concepto de riqueza social y del objeto propio de lo económico en los planteamientos de la teoría económica neoclásica, modelo que es el habitualmente estudiado y se emplea en la toma de decisiones.
El llamado sistema económico surge tras la Ilustración como un todo coherente de relaciones lógicas, dotado de una entidad propia de funcionamiento, que se mueve por sus propios automatismos, inspirado matemáticamente en el modelo de la mecánica Newtoniana, mediante criterios de optimización y de completa sustituibilidad de los diferentes recursos. Frente a los planteamientos de sir Francis Bacon de que “el modo de dominar la Naturaleza es obedeciéndola”, nuestro Jovellanos en su famoso Informe sobre la Ley agraria patrocinaba luchar contra la Naturaleza, vencerla y mejorarla, con el concurso de la protección del interés individual.
Posteriormente León Walras en su gran obra “Elementos de Economía Política Pura o Teoría de la Riqueza Social”, de 1870, define la riqueza social, el ámbito en que se va a mover su sistema mecánico: “yo llamo riqueza social al conjunto de las cosas que son raras y nos son útiles, de una parte, y de otra, no existen más que en cantidad limitada”. Y más adelante explica la naturaleza de las cosas que forman parte de la riqueza social:
“el valor de cambio y la propiedad recaen sobre la riqueza social y toda ella”
“las cosas útiles tienen valor de cambio e intercambiabilidad”
“las cosas útiles limitadas en cantidad son industrialmente productibles o multiplicables”
El mismo Walras lo resume así: “el valor de cambio, la industria y la propiedad son los tres hechos generales de los que toda riqueza social es el teatro”.
Como resultado de esta breve incursión entre las más importantes fuentes del pensamiento económico establecido, cabe resaltar por su especial interés para nuestra profesión, que los criterios de la economía política neoclásica no deberían seguir siendo los únicos, ni siquiera quizás los más importantes para la asignación y gestión de los recursos naturales. Ni por la realidad objeto de estudio ni por su optimización en unidades monetarias y no físicas.
Conclusiones
A modo de conclusión voy a intentar resumir un conjunto de planteamientos o enfoques inspirados en las consideraciones anteriores, en los que los ingenieros agrónomos deberíamos participar no sólo como ciudadanos sino como resultado de nuestra propia reflexión sobre el resultado del buen hacer profesional:
Escasez Frente a los planteamientos subjetivos, la ophelimité de Pareto o la rareté de Walras, y el criterio de que “la ciencia económica hace abstracción de lo útil en sentido de bueno convirtiéndolo en lo deseable”, nos corresponde el estudio de la escasez como algo objetivo, es decir la escasez real, medible o estimable en unidades físicas, atendiendo a valores vitales obtenidos de los conocimientos de bromatología, ecología, biología, etc.
Valor Frente al valor de cambio, medido en unidades monetarias es preciso considerar también el valor de uso y por tanto la idoneidad de la cantidad y calidad de los alimentos
Unidades Frente a las unidades monetarias las de materia y energía expresadas en unidades físicas.
Renta Frente a la consideración únicamente como variable flujo la averiguación de hasta que punto esta variable flujo se encuentra derivada de una variable fondo o stock. A este respecto, es muy importante la protección de nuestro patrimonio natural, y por tanto la introducción de cuentas de patrimonio natural, en que se considere el recurso Tierra, así como sus pérdidas provocadas por la erosión, contaminación o destrucción de ecosistemas naturales. La ley del suelo debería incluir un catálogo de suelo fértil o de suelos de especial protección atendiendo a sus especiales características agronómicas.
Gestión de recursos En vez de basarse sólo en valores monetarios, es decir subjetivos, deberá tener en cuenta también el estudio y conocimiento de los ciclos de materia y energía de los ecosistemas.
Producción Debido a que enmascara la destrucción de facto de recursos no renovables es preciso tratar de de identificar lo que la actual producción supone de destrucción, diferenciando los inputs renovables de los no renovables.
Crecimiento Frente al crecimiento ilimitado que probablemente sea una aspiración cultural que nunca se da en la Naturaleza, la consideración de que en ésta se encuentra limitado por la materia y la energía, de modo que su representación matemática son las curvas sigmoides en vez de las geométrico exponenciales.
Plazo Frente a las consideraciones a corto o muy corto plazo hay que tratar de recuperar una cierta visión histórica de los procesos y de las civilizaciones, de modo que se contemple las consecuencias previsibles de las decisiones en el ámbito de varias generaciones.
Contexto Frente a la concepción de un sistema económico considerado autónomo (mundo cultural, sociológico, cerrado, en el que no se valoran las deseconomías externas, es necesario recuperar una visión antropológica, el mundo de los valores vitales, el hombre situado dentro del medio ambiente, y la consideración de las deseconomías externas al estudiar el sistema en su conjunto.
Concepción Complementando la visión sectorial dominante, la especialización más o menos exacerbada y disjunta del saber, y la concepción antropocéntrica de que “el hombre es la medida de todas las cosas”, gracias a nuestra formación tan variada, casi “renacentista” o enciclopédica en algunos planes de estudio, podemos aportar una visión sistémica, global u holística, en la que “el todo es más que las partes”.
Para terminar una invitación a la genuina reflexión geopolítica. Que tenga en cuenta tanto la evolución de la Gea como de la Idea. Pues el auge y decadencia de las civilizaciones pasa por la búsqueda de equilibrios abiertos entre la Gea y la Idea. En un mundo de recursos limitados y cada vez más deteriorados lo único menos finito es el espíritu humano. Así, las consideraciones anteriores no deberían hacernos caer en el pesimismo sobre el futuro, sino, por el contrario, motivarnos a la creación de nuevas ideas fuerza capaces de modificar las relaciones geopolíticas, en el desarrollo de un nuevo ciclo de civilización de acuerdo con nuestros condicionantes naturales, geográficos, culturales y sociales en los que la energía y la agricultura tienen un papel fundamental.
Energía, recursos y Sociedad
La Teoría económica suele moverse en el mundo abstracto de los conceptos y los modelos matemáticos y a veces no tiene en cuenta de modo suficiente la realidad física del territorio en que se asienta su actividad.
Ya León Walras en sus planteamientos sobre la riqueza social establecía claramente cuales eran los postulados en los que el objeto de “lo económico” tenía su asiento: “el valor de cambio, la industria, la propiedad, tales son los tres hechos generales de los que toda riqueza social es el teatro”.
El problema conceptual se plantea cuando no están disponibles métodos y estadísticas sobre otros aspectos de la actividad económica que tienen que ver con el territorio. Cuando se carece de un “enfoque ecointegrador” como dice José Manuel Naredo, ni existen estadísticas que reflejen la realidad de las cuentas de patrimonio natural, ni su relación con las estadísticas económicas usuales o walrasianas. En la Contabilidad de empresas se distingue entre los resultados de explotación y los obtenidos por enajenación de patrimonio. En el caso de los recursos no renovables esta distinción no suele tenerse en cuenta, de modo que en términos monetarios no se distingue entre flujos y fondos, entre rentas y patrimonio natural. Ha habido intentos de relacionar las cuentas empresariales con los entornos sociales y naturales de su actividad como los del pionero William Kapp con su Social cost of business enterprise, (1963) o los desarrollados por el Banco mundial, con la aplicación de los métodos de evaluación de proyectos que han tratado de interpretar mejor estas cuestiones, diferenciando entre la perspectiva económica y la financiera, entre el efecto renta de creación de valor y el efecto redistribución, es decir, cómo se distribuye ese valor entre agentes y territorios.
Evaluación que puede matizarse y complicarse con la determinación y aplicación de los llamados precios sombra. O con las evaluaciones energéticas, realizadas en unidades de energía, que indican la idoneidad y eficiencia de una fuente o convertidor energético.
Pero no se puede olvidar que desarrollo de civilización y aprovechamiento de energía están íntimamente ligados a lo largo de la historia, de modo que las instituciones no pueden perdurar sin ella. Y que muchos logros de la civilización, y el bienestar de la gente, descansan en la entrada de energía al sistema y en la invención o mejora de los convertidores energéticos y en el buen uso de los recursos naturales además del único teóricamente inagotable como es la inteligencia. A veces estas cuestiones de geopolítica elemental se olvidan, sobre todo entre los que carecen de formación científica o técnica.
Cuando ya hace un cuarto de siglo realizaba los balances de energía primaria en España para cierta publicación oficial, se consideraba deseable que aumentara el componente renovable, siempre que el convertidor fuera eficiente desde el punto de vista energético y tuviera un Valor Actual Neto cuantificado en unidades energéticas positivo. Que era recomendable potenciar la energía hidráulica, y, casi agotada la posibilidad de grandes embalses, habría que recurrir a las mini centrales además de a otras fuentes renovables como la eólica, solar o geotérmica. Entonces, el PSOE entendía que lo prioritario era sustituir las térmicas convencionales en la generación eléctrica: por razones de rendimiento termodinámico, dependencia exterior, efecto invernadero y contaminación. Y en cuanto a la política nuclear estaba dividido, más por razones políticas y de poder que técnicas, en dos facciones: la que entonces encabezaban Boyer / Solchaga y Guerra / Rodríguez Ibarra.
Pero, ahora se ha puesto en cuestión el desarrollo hidráulico y se deriva hacia la energía eólica o los huertos solares, de los que habría que conocer su VAN.
Otro aspecto a considerar es el del reparto social e los costes de modo que los propietarios de terrenos donde se vayan a instalar convertidores energéticos no vean menoscabados sus legítimos derechos de propiedad.
En su momento se emplearon instituciones como la expropiación forzosa por razón de utilidad pública para remunerar los factores o recursos asociados. Se consideraron y valoraron como bienes fondo pagando el correspondiente justiprecio, cuando pudieran haberse buscado otras soluciones como aportaciones en especie más relacionadas con la renta que con el capital. Pero estamos en un estado de derecho, en un país de la Unión europea, de modo que es preciso exigir transparencia. Las reglas de juego deben estar claras y los legítimos derechos de los diversos actores deben ser respetados.
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