Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Dante, pórticos y peregrinaciones

«… Amor que en la mente me razona…»

En los Hechos de los Apóstoles, XII, 1-2, se refiere que «Y en el mismo tiempo el rey Herodes envió tropas para maltratar a algunos de la Iglesia. Y mató a cuchillo a Santiago hermano de Juan.» La leyenda jacobea cuenta que el cuerpo fue sustraído por sus discípulos, lo depositaron en una barca y lo dejaron al albur de los vientos. En su insólita singladura desde Palestina, la barca portando las reliquias terminaría recalando cerca de Finisterre. Me recuerda Lohengrin, la más sublime expresión del mito de Psiquis una cuestión básica de la Filosofía, también con su barca tirada por dos cisnes a través del Escalda, que acude al rescate del honor de la Dama. El cuerpo fue enterrado y el sepulcro permaneció ignorado hasta que fuera descubierto por el obispo Teodomiro en el año 835.

El oportuno hallazgo del sepulcro del apóstol estuvo ligado a un planteamiento político de refuerzo de la moral de una agobiada Cristiandad ante las incursiones agarenas. Frente a la yihad islámica patrocinada por el poderoso califato de Córdoba, el orbe cristiano ha de defenderse con armas parecidas. El mito de Santiago resulta providencial. Así, Santiago y San Millán, como sus antecesores paganos los dioscuros Cástor y Pólux, que ayudaron montados en sendos caballos blancos a sus fieles romanos en la batalla de “Rhegilla”, aparecían milagrosa y oportunamente cuando su concurso era necesario para colaborar con la Cristiandad en su defensa contra la guerra santa del Islam.

Además, si el Islam tenía su centro sagrado de peregrinación, la Meca con su piedra cúbica, convenía buscar otro lugar de peregrinación en tierras relativamente más seguras, simbólicamente en relación con la gnosis y las antiguas religiones mistéricas solares, iniciadas en Egipto, en el lugar donde el sol se pierde en el horizonte cada tarde, al otro lado del Nilo, en el valle de los muertos, o en el finisterre de la civilización. Oeste simbolizado, dentro de la jerarquización del espacio arquitectónico sagrado, por las llamadas Puertas del Perdón, situadas en el lado opuesto al nacimiento del logos solar donde se sitúa el altar mayor, y donde este arte de peregrinación se esmera con uno de sus elementos diferenciadores: sus hermosos pórticos.

La peregrinación a Compostela posee una dimensión simbólica muy profunda relacionada con la renovación del logos solar y el camino de las estrellas. Tras la caída del Temple El Dante habla del camino de estrellas o Vía Láctea en su Commedia. Paraíso. Canto XIV, versos 97-99:

«de estrellas pequeñísimas e ingentes

salpicada, blanquea entre los polos

del mundo, y dudar hacer a los sapientes,»  

Y en El Convite, II, 15,: «… la Galaxia, o sea aquel blanco círculo que el vulgo llama la via di santo Jacopo. 

Y otra vez en su Commedia. Paraíso Canto XXV, versos 16-18.

«Y mi madona, llena de leticia,

me dijo : «Mira,  ira, he ahí el Caudillo 

por quien allá visitan a Galicia.» 

Dante termina cada uno de las Partes o Cánticas de su Commedia con la misma palabra: estrellas.

En su Vita Nuova la concepción hilozoísta del ocaso del logos, el camino de las estrellas y el simbolismo de la peregrinación en busca del centro se relaciona con la desaparecida amada Beatriz. Dante lo explica con fervor en el soneto XXIV:

“Deh peregrini che pensosi andate

¡Ah, peregrinos que marcháis pensosos

quizás por cosa que no está presente!

¿habéis venido de lejana gente,

como a los ojos descubrís curiosos

que no os veo con rostros lacrimosos

atravesar esta ciudad doliente

cual si ignoraseis la desgracia ingente

que motiva sus días luctuosos?

Si queréis escucharla, deteneos:

El corazón me afirma, entre suspiros,

Que no saldréis de aquí sin afligiros

La ciudad ha perdido a su Beatrice:

Y todo cuanto de ella el hombre dice

De llanto infunde, a los demás, deseos”    

En Santiago, los cofrades del Gremio de azabacheros, cuyo momento de mayor esplendor se encuentra durante la primera mitad del siglo XVI, basando su iconología en el arte románico. La decadencia de la industria azabachera compostelana comienza a finales del siglo XVI y se agrava a principios del XVII a causa de la crisis de peregrinaciones. Es muy curiosa la evolución de las formas de los azabaches peregrinos. Los más antiguos que pueden encontrarse en varios museos europeos suelen representar al Apóstol descubierto y descalzo. Después aparece con luengas barbas, bordón y sombrero de ala ancha, rara vez sedente. Pero una de las lacras habituales de la materialización de la espiritualidad es la granjería y el abuso de la gente. En 1590, Felipe II publicó una Real Cédula prohibiendo el uso del traje de peregrino, que tantas tropelías había llegado a amparar, y limitando los derechos de los peregrinos extranjeros. Surge así desde el siglo XVII la hegemonía de la forma ecuestre del Santiago Matamoros, hoy tan poco políticamente correcta.

El románico de la peregrinación

Pese a la importancia universal del genial templo compostelano desde las antiguas peregrinaciones medievales o las modernas grandes celebraciones del año jacobeo, no se deberían postergar otras obras del arte que se ha venido llamar románico. Así por ejemplo el olvido relativo de sedes catedralicias de singular mérito como Orense o Tuy. Sin olvidar el de parte de nuestro patrimonio arquitectónico y artístico, quizás modesto en lo material, pero casi siempre grande por su sabiduría sagrada, situado a veces en enclaves mágicos, de singular fuerza telúrica, lejanos de los más importantes centros de población actuales. Son templos románicos más modestos, para los que no se suelen disponer habitualmente suficientes recursos de conservación y que debemos evitar que les sean víctimas de la incuria como le ocurrió al de Carboeiro. Sirvan estas breves como una invitación al amigo lector para que busque todos estos hermosos tesoros por Galicia y los haga suyos en el conocimiento y el corazón.

El caso gallego es singular dentro del románico, y destaca por una de las joyas arquitectónicas de la humanidad como es la iglesia de Compostela, iniciada en tiempos del gran abad benedictino Hugo de Semur, y que se convertiría en el patrón o canon de toda una arquitectura posterior conocida como “de peregrinación”. Extraordinariamente original y revolucionaria en sus orígenes, pero que provocaría, paradójicamente quizás debido a su misma grandeza, el posterior adocenamiento de la arquitectura sagrada gallega. Así, por lo que se refiere a los Pórticos, el de la Gloria compostelano ejerció una gran influencia a través de todo el occidente de España. En el de Orense, llamado El Paraíso, de mediados del XIII, la copia es casi literal, en san Martín de Noya, ya en 1434, sigue observándose su notable influencia.  Sin embargo el de Tuy representa una transición del arquetipo compostelano al gótico con una doble imagen en su tímpano: de la adoración de los pastores y de los Reyes magos.

El arte románico gallego manifiesta múltiples significados e ilustra la evolución de la propia conciencia de sí del Cristianismo en Occidente, con su inmensa labor civilizadora al servicio de la satisfacción de necesidades espirituales, estéticas, políticas, económicas y sociales.

En la democrática Castilla originaria, la peculiar ordenación política de su territorio, (con un aparato estatal menos potente o incluso en precario, fueros de libre albedrío, etcétera) no favorece la uniformidad de sus manifestaciones arquitectónicas. Pero en León y Galicia, la antigua monarquía leonesa instituye un marco global, de desarrollo de poder que no descuida ninguna de sus vertientes y del que la organización de la peregrinación a Santiago constituye uno de sus instrumentos más importantes. Y a ella se asocia un canon artístico relativamente homogéneo. Sus influencias cabe relacionarlas con la casa de Borgoña, la reforma monástica de Cluny, y los criterios esotéricos trasmitidos por los masones operativos, que introducen un cripto lenguaje simbólico ligado a la antigua gnosis recuperada en Siria y Palestina por las Órdenes del Temple u Hospitalarios o de san Juan de Jerusalén,

El desarrollo del arte románico gallego además del apoyo real tiene un gran componente político cosmopolita ligado a la influencia borgoñona y al papel organizador de la peregrinación de Cluny y los obispos de origen francés a ella ligados como el famoso Bernardo o Gelmirez. Si el aspecto político es indudable, también se dota de un  programa estético y educativo basado en la imagen y en la iconología. Programa que no siempre es ortodoxo, pues muestra un lenguaje con su peculiar sintaxis geométrica, su pragmática en relación con los intereses más o menos declarados o declarables de los que lo emplean y con una semántica de varios sentidos o equívoca que el observador puede interpretar de acuerdo con su propia experiencia, en ocasiones de visiones tomadas del Inconsciente. Se desarrolla así, en efecto, todo un lenguaje visual en piedra, especialmente en los diferentes pórticos de las iglesias del arte de peregrinación. Era una época especialmente tumultuosa pero con una evidente voluntad de ser manifestada en el arte.

Sus precedentes se encuentran en el primer san Isidoro de León consagrado en 1063, cuyo pórtico se conserva y muestra una forma ya diferente de entender el arte sagrado, no sólo en lo litúrgico con la supresión por esta dominación francesa del rito hispánico o mozárabe, sino también en lo arquitectónico y en lo escultórico. Aparece ya en uno de los capiteles el motivo de claras resonancias iniciáticas de la resurrección de Lázaro, como luego a lo largo de las décadas sucesivas se muestran en los templos románicos extrañas tumbas abiertas, ritualísticas, orientadas al nacimiento del sol. Como el peregrino en su búsqueda ingresa en el cuerpo místico de Cristo desde poniente, desde el ocaso hasta el alba.

Sobre el simbolismo de la puerta

Como ya habíamos adelantado, el pórtico, y especialmente el de Poniente, posee un importante simbolismo: Representa el umbral de acceso a lo sagrado en el espacio y el tiempo, al que está asociado un rito de paso o iniciación. A él se asocian ciertos Guardianes del umbral tales como leones.

Es una Puerta abierta en el cielo como dice San Juan en el Apocalipsis, o de la caverna, donde nacen los héroes solares. En su tímpano suele aparecer una figura sagrada central: bien el cordero místico con la cruz, es decir el símbolo primitivo del Cristo y del fuego, del cristianismo originario y de las iglesias románicas asociadas a las órdenes iniciáticas o bien el Cristo Pantocrator, Señor del universo de las de peregrinación.

En este caso sobre la almendra o mandorla, semejante a los mandalas orientales aparece el cinco del espíritu en el centro del cuaternario formado con Tetramorfos, tierra, agua, aire, fuego, en forma de evangelistas o de querubines del carro de la merkabá según las visiones de Ezequiel y de san Juan, rodeado en la arquivolta de 24 ancianos o de 12 apóstoles (signos zodiacales), o coros angélicos. Cristo es el eje del mundo, el Verbo representativo de la actividad celeste en el mundo, alrededor del que éste gira.

Otra variante esotérica de ese mismo cinco son las curiosas rosacruces como las existentes en los tímpanos de los pórticos de santo Tomé de Serantes o san Pedro de Dozón.

La rosa es símbolo del Alma que se abre entre la cruz de la Materia.

Dante lo explica así: Paraíso. Canto XXXI

“En forma de alba y esplendente rosa

Me aparecía la legión sagrada…”

En realidad, podría entenderse que la cartografía mística de La Divina Comedia es una búsqueda del Alma, la Dama, Beatriz, a través del Arte poético, Virgilio. Alma que lleva al Paraíso, la rosa esplendente, del que forma parte.

La representación solsticial, los dos Juanes, símbolos de las dos puertas solares de la eclíptica suele aparecer también en los pórticos. Así figura de modo muy notable en el compostelano del Maestro Mateo. Mirando hacia el Sur ambos Juanes, el Evangelista a la izquierda, el Bautista a la derecha, símbolos del solsticio e invierno y verano, respectivamente, soportan la bóveda celeste.

Es muy importante desde el punto de vista de la evolución del pensamiento religioso la figura, propia del Cristianismo originario, del cordero en la cruz, sustituida mucho más tarde por el hombre.  A veces también se sustituye por criptogramas como el crismón y la cruz patada, también símbolos del fuego. Así en Santiago en La Coruña, san Juan de Caaveiro, san Miguel de Eiré, santa María de Cambre.

La cruz paté se muestra en la de portada románica del XII  de Samos en el ángulo NE del claustro de las Nereidas.

Anexos:

Más información sobre la iglesia de Santiago en la ciudad vieja de La Coruña, sus relaciones con tradiciones heterodoxas, y sobre la preciosa iglesia de santa María de Cambre pinchando en los respectivos nombres resaltados en granate.

Sobre el simbolismo del Pórtico de la Gloria puede verse este texto o también este otro publicado en ABC.

Nota:

Una primera versión primitiva y fragmentaria de este texto se publicó en el suplemento Culturas, de La Voz de Galicia en el año 2004

 

 

 

                                                                                 

Arquitectura sagrada en el Domingo de Ramos

De mis notas para una futura publicación acerca de los templos con estructura de árboles, singularmente de palmeras, rescato algunas que hoy, en el que se celebra el Domingo de Ramos, acaso poseen especial oportunidad.

Ente los templos con palmeras como pilares estructurales básicos podemos destacar algunos de gran belleza. En ellos las palmas son de piedra, lapis, de estabilidad y permanencia.

Así el precioso templo de los Jacobinos, en Toulouse (Francia). Se trata de una rara iglesia de dos naves separadas por una singular fila de esbeltas preciosas palmeras de piedra. Un templo extraño, elegante, bellísimo, donde se custodia la tumba de Santo Tomás de Aquino.

Acaso inspirado en otros ibéricos de hermosos árboles encantados en piedra como la colegiata de Berlanga de Duero, la Veracruz segoviana, Tomar en la sede de la Orden del Cristo de Portugal y los mozárabes San Baudelio de Berlanga o Santa María de Peñalba en Arnedillo. Pero de estos templos, su historia, arquitectura y sugestivo simbolismo, se hablará con detalle en otro futuro texto.

 

Por tierras de Segovia, frente al Alcázar, el viajero no participa de la indiferencia, casi menosprecio, de Fernando, el protagonista barojiano de Camino de Perfección, ante la preciosa citada iglesia de la Veracruz, antes templaria y hoy de la Orden de Malta. Una iglesia poligonal de doce lados, en el camino de subida desde Segovia a Zamarramala: “Era románica y debía de ser muy antigua; tenía adosada una torre cuadrada, y en la parte de atrás, tres ábsides pequeños”.

Al contrario, en estas pequeñas joyas de nuestra antigua arquitectura se hallan los mayores valores estéticos y lo mejor del alma o la espiritualidad española. Que en difícil sencillez sin apenas ornamentación trascienden su pertenencia al arte cristiano medieval para constituir artefactos universales de perfeccionamiento espiritual. De alquimia para el alma sosegada y receptiva. En este caso la arquitectura se encuentra en consonancia con ciertos rituales iniciáticos.

 

Si Machado rechazaba la religiosidad huera de la España oficial de su época sin embargo buscaba recuperar un Dios vivo, interior y esotérico.

Un Dios al que parecería más fácil encontrar refugiado en las modestas pero preciosas ermitas mozárabes o románicas que en las encopetadas y recargadas iglesias barrocas donde la retórica y la ostentación de Poder ahogan el Espíritu.

 

 

Inspiradas ambas, según algunos estudiosos, en la estructura de la Iglesia del santo Sepulcro en Jerusalén, la Iglesia de la Veracruz es bastante semejante en su disposición arquitectónica interior a la de la sede de la Orden de Cristo, antes caballeros templarios, existente en la villa portuguesa de Thomar.

 

 

En La Rioja remontando el río Cidacos desde Arnedo el viajero se acerca a Arnedillo, parada y hospedaje para poder visitar la ermita mozárabe de Santa María de Peñalba, más modesta pero de cierto parecido con la famosísima soriana de San Baudelio de Berlanga. Arnedillo es una pequeña y bonita población riojana cuyos orígenes se remontan al siglo X, cuando se funda la Castilla del conde Fernán González “islote de hombres libres en la Europa feudal”, como decía Sánchez Albornoz.

El interior de la ermita mozárabe de Santa María de Peñalba es muy sencillo aunque de notable belleza en su austeridad. Destaca en él la palmera que hace de pilar estructural en el centro de la misma. Desde el exterior de la ermita se puede admirar la panorámica sobre el valle del Cidacos, declarado Reserva de la Biosfera, es realmente bonita.

Arnedillo está rodeado de ermitas. Una muy curiosa es la de San Tirso. Ocupa una cueva irregular excavada en la roca antes que la de Peñalba datada en el siglo X. No deja de ser sugestiva la comparación de ese conjunto con el de San Baudilio de Berlanga, también del siglo X donde la cueva está situada dentro del templo y a la que se accede por una pequeña entrada en la esquina sudoccidental.

 

Berlanga de Duero, fue declarada Conjunto Histórico Artístico. Bonita población soriana reconquistada en el siglo XI por Fernando I está dotada de joyas arquitectónicas monumentales que demuestran su gran importancia durante el siglo XVI.  De urbanismo medieval fue cabeza de una histórica Comunidad castellana de Villa y Tierra, extraordinaria forma de ordenación territorial propia de hombres libres alternativa de los señoríos feudales medievales europeos.

Pero la monumental Colegiata de Santa María de Mercado que entraría dentro de la tipología de templos con palmeras de piedra destaca por su importancia. Sorprende un templo de tal calidad arquitectónica, belleza y monumentalidad en lo que hoy es una pequeña villa castellana. Pero no tanto si se recuerda la importancia que tuvo Berlanga de Duero especialmente durante su construcción en el siglo XVI.

 

Un poco más al Sur es indispensable visitar otra de las grandes joyas y una de las más singulares de la arquitectura española medieval: San Baudelio de Berlanga.

Un lugar que merece no solo ser visitado sino un viaje ex profeso para admirar su rara belleza. Para ello hay que desviarse de la carretera entre Berlanga y Atienza. Vista desde el exterior no se podría apenas intuir la insólita originalidad y belleza de su interior.Algunos de sus antiguos frescos se trasladaron a Nueva York y el Prado.

Se trata de otro templo mozárabe con palmera de piedra. Verdaderamente maravilloso.

Y también de un verdadero artefacto espiritual, un canal de comunicación espiritual, un centro iniciático extraordinario que causa admiración por su extraña disposición a cualquier estudioso o amante de la Tradición universal.

El pequeño templo se encuentra dotado de tres espacios iniciáticos. Una cueva a la que se accede desde el interior. Otro, junto a la plataforma superior del mini bosque de arcos de herradura. Y otro más oculto en la copa de la palmera principal que soporta la carga de la cubierta.

Un lugar en el que se comprende perfectamente la máxima de Platón de que La Belleza es el esplendor de la Verdad. Una reliquia preciosa de un tiempo que se nos manifiesta en su beatitud. Y una joya única que todo amante del Arte español no debe dejar de conocer.

 

 

 

Mutus liber, Silent spring

En 1962 Rachel Carson publicaba Silent Spring (Primavera silenciosa) un libro pionero de denuncia ecológica en el que alertaba sobre las consecuencias del uso indiscriminado de pesticidas sobre la cadena trófica. En especial advertía de una no muy lejana primavera en la que ya no se pudiera oír el canto de los pájaros. Y menos comprenderlo. El lenguaje de los pájaros es una metáfora tradicional del lenguaje sagrado, que permite la comunicación del hombre con la divinidad.

Hace más tiempo, en 1677, se imprimía un raro libro de Alquimia formado por quince planchas grabadas. De autor anónimo es el conocido Mutus Liber.  Un libro mudo de gran interés y de difícil interpretación pese a que en una llamada al lector explicaba “que aunque se titule mutus liber, sin embargo todas las naciones del mundo, los hebreos, los griegos, los latinos, los franceses, los italianos, los españoles, los alemanes, etc., pueden leerlo y entenderlo.”  La Alquimia, tan importante en la historia del pensamiento científico, posee unos aspectos iluminadores que hoy se suelen pasar por alto. Dentro del universo, de esa especie de teclado cósmico, muestra la posibilidad de moverse en la escala de vibraciones, desde las más groseras a las más sutiles. También en el plano del Alma y de la Conciencia. Tal es el último secreto de la Gran Obra, ascender en ese mundo como Jacob en su escala.

Ya nos decían los herméticos, los pitagóricos o los hindúes que el sonido, el Verbo, el Logos, tiene una cualidad vibratoria creadora. En Psicología y Alquimia, el Doctor Jung explicaba las relaciones entre la antigua ciencia alquímica, el inconsciente colectivo de la humanidad y lo que él llamaba el proceso de individuación psicológica.  En otro de sus libros, Psicología y Religión, sostenía que el arquetipo de Dios se encuentra en la conciencia humana.

Nos podemos aturdir con el ruido pero a veces conviene escuchar el silencio. ¿Qué queda cuando el diapasón se para?

En estos tiempos de zozobra e inquietud, con perplejidad, con horror y desolación contemplamos otro silencio en esta amarga y triste primavera. El aparente silencio de Dios. Bernanos afirmaba que el sufrimiento es el buen Dios.

Vemos horrorizados las filas de féretros, mentís a la ciudad alegre y confiada construida por los intereses creados. Tras una crisis de conciencia, Antón Chejov realizó una larga peregrinación iniciática a la remota y maldita isla de Sajalin. Viaje geográfico hacia el fin del mundo que tenía su trasunto en otro esotérico al fondo o las antípodas de su propia conciencia.  Al cabo, tras la búsqueda de sí mismo, explicaba: Yo todo lo que quería decir honradamente: ¡Echad una mirada hacia vuestras vidas y ved qué lamentables y desastrosas son!

Su estancia en la isla maldita provocó una reacción personal ante los horrores que veía. Le hizo aumentar su simpatía con los desheredados, con los humildes, con la humanidad que sufre. Chejov pensaba que las cosas no tendrían porqué seguir siendo así siempre, que era posible el progreso y confesaba a un amigo: Dentro de trescientos o cuatrocientos años, toda la tierra se convertirá en un jardín florido, y la vida será entonces extraordinariamente fácil y agradable. 

Pero el liberalismo humanista de Chejov: el de la libertad de conciencia y de expresión, los derechos civiles y la protección de los débiles, ha sido traicionado y convertido en otro, que representa todo lo contrario. El pensamiento único.  El despotismo de los poderes económicos oligárquicos que controlan a los media, cada vez más imposibilitados para ejercer su misión de contribuir a informar e instruir a la opinión pública, de controlar al Poder. El abuso de los poderosos grupos plutocráticos y sus gobiernos títeres contra los débiles y desamparados.

¿Cómo iniciar una vida nueva? La voluntad es el principio del cambio. El querer. Pero, ¿qué pasa con el saber que permita conseguir ese querer?

El pequeño Iván, protagonista de uno de los cuentos de Chejov más tristes y humanos, escribe una carta a su abuelo que vive en una lejana aldea: Ayer me gané una regañina. El amo me sacó al patio, tirándome del pelo, y me zurró, porque cuando les estaba meciendo al niñito en la cuna me quedé dormido sin querer… de comer tampoco hay aquí nada. Por la mañana te dan pan para tomar el kascha, pero no té ni schi. Se lo zampan los amos. … querido abuelito: ¡Hazme una merced en nombre de Dios! ¡Sácame de aquí y llévame a la casa de la aldea! ¡Ya no puedo aguantar más!… ¡Llévame de aquí porque me voy a morir! 

Y continúa suplicando su rescate: ¡Ven querido abuelito! ¡Por el amor de Dios te lo pido!… ¡Ten piedad de mí! ¡De este desgraciado huérfano! ¡Todos me pegan y tengo tantas ganas de comer!… Además, ¡Tengo una tristeza tan grande que no te la puedo contar!

Pero ¿qué pasó con el pobre y desamparado niño?

Antón Chejov continúa su narración. Tras acabar de escribir la carta, el pequeño Iván plegó la hoja escrita en cuatro dobleces y la introdujo en el sobre comprado la víspera… después de meditar un momento, mojó la pluma y escribió las señas: Para el abuelo que está en la aldea”. Luego se rascó y, tras un instante de cavilación, añadió a lo escrito: “Para Konstantín Makarich”.

Una hora después de introducir la preciosa carta por la ranura del buzón, mecido en sus dulces esperanzas, el niño dormía profundamente. Soñaba con una estufa caliente y que, junto a ella, su abuelito leía la carta de su rescate…

La desesperada carta del pobre niño no encontró respuesta porque no acertó a poner las señas. Cuando el hombre moderno deja de aturdirse con el ruido que genera, se desespera en su revelada orfandad. Y pese a todo, a tanta historia, tanta ciencia, tanta civilización no parece encontrar las señas del destinatario que le ayude a salir de la esclavitud.

En esta silent spring tenemos una nueva oportunidad de comprender e interpretar nuestro propio mutus liberLa Gran Obra es la transformación, el rescate de nosotros mismos. Así sea

 

San Pedro de Alcántara y los psiconautas

En la esquina noroccidental de la concatedral cacereña vigila la figura enjuta, “tan extrema su flaqueza, que no parecía sino hecho de raíces de árboles”, de San Pedro de Alcántara, patrono de la diócesis y de Extremadura. Se trata de un lugar emblemático, uno de los más fotografiados de la preciosa ciudad monumental. Desde allí se admira una bella perspectiva del palacio de los Golfines de Abajo, se adivina la plaza de San Jorge, el patrono de la capital extremeña. Loor de caballeros andantes, pero… santo mítico de dudosa existencia.

Fray Pedro se muestra como un guardián del umbral de la ciudad monumental. Una figura que nos advierte de los tesoros que podemos hallar durante la subida a la acrópolis o el vagabundeo por callejas y adarves de la ciudad Patrimonio de la Humanidad. Como la estatua de fray Luis de León en la Universidad de la vecina Salamanca los de la Cultura y el pensamiento político pionero del derecho de gentes.

Para muchos de los miles de guiris que se admiran por la insólita belleza conservada durante siglos, el nombre de San Pedro de Alcántara acaso no signifique mucho. Algunos puede que recuerden que fue amigo y protector de Teresa de Ávila. Que la defendió de la Inquisición en sus momentos de mayor zozobra, cuando estuvo a punto de sufrir condena acusada de herejía y trato diabólico. O, incluso después de muerto, con ocasión de la polémica fundación del convento reformado de San José. Tiempos azarosos y difíciles en los que ser encarcelado o terminar por ser declarado hereje o por el contrario, santo e incluso nada menos que doctor de la Iglesia, en buena medida dependía de pleitos, sentencias e influencias o protecciones en los tribunales por parte de personas principales.

Tampoco resulta tan extraño de comprender. La Mística se vincula al mundo de la experiencia más que al de la mera creencia teológica. Por ello siempre ha sido considerada peligrosa para el Poder político o sacerdotal que considera inconveniente la idea y misma la práctica de buscar el Reino del Espíritu sin intermediarios. Aquellos que no comprenden que la ortodoxia es más una necesidad de las organizaciones que una virtud espiritual. Y que, muchas veces, la ortodoxia se convierte en escudo de la ignorancia, la ambición, la cobardía, el fanatismo o la hipocresía.

Sí. Fray Pedro, el reformador de la Orden Franciscana, encajaría entre esos heterodoxos. Nos dice de él la santa reformadora del Carmelo: “vestía hábito de sayal sin ninguna otra cosa sobre las carnes…”comer a tercer día era muy ordinario… un su compañero me dijo que le acaecía estar ocho días sin comer…”.

Y eso en una época en la que Castilla y el interior de la Península Ibérica experimentaban una de las conocidas pulsaciones climáticas históricas con grave aumento de la aridez y la llegada de una casi mini glaciación. Asombran, nos conmueven, las peripecias, verdaderas gestas heroicas, de los quijotescos andariegos reformadores de los franciscanos o del Carmelo, viajando en ayunas, ateridos de frío por la cruel intemperie de campos desolados para promover nuevas fundaciones de conventos y monasterios. Una aventura espiritual, pero que hoy también llamaríamos empresarial, que supone un riguroso mentís a la supuesta inhibición de los místicos ante los problemas temporales. Por el contrario, es en el ejercicio de la Mística y por su inspiración donde nuestros héroes encuentran la energía que, incansables, les lleva a remover obstáculos que parecerían insalvables.

Hoy de muchos de esos conventos y monasterios extremeños ya no permanecen sino las ruinas: en Alburquerque, Alconchel, Casar de Palomero, Deleitosa, Gata, Jerez de los Caballeros, Salvatierra, o San Onofre cerca de Zafra, donde fray Pedro escribiese su Tratado de la Oración y la Meditación. Testigos de una aventura espiritual en gran parte arrumbada, ruinas venerables que nos muestran el pasado y nos interrogan sobre nuestro presente y nuestro futuro.

La santa de Ávila cuenta varias veces en su famosa autobiografía, texto que tantos problemas atraería sobre sí, como su santo protector extremeño se le aparecía en cuerpo astral, fantasmático o glorioso como lo llamaba san Pablo: “Hele visto muchas veces con grandísima gloria. Díjome la primera que me apareció, que bienaventurada penitencia que tanto premio había merecido, y otras muchas cosas. Un año antes que muriese, me pareció estando ausente, y supe que había de morir, y se lo avisé, estando algunas leguas de aquí. Cuando expiró, me apareció y dijo que se iba a descansar. Yo no le creí, y díjelo a algunas personas, y desde a ocho días vino la nueva como era muerto, o comenzando a vivir para siempre, por mejor decir…”   

Ya yo le había visto otras dos veces después que murió y la gran gloria que tenía, y así no me hizo temor, antes me holgué mucho: porque siempre aparecía como cuerpo glorificado, dábamela muy grande verle…” 

Pero, ¿cómo era la tal bienaventurada penitencia? También nos lo cuenta Teresa: “Paréceme fueron cuarenta años los que me dijo había dormido sola hora y media entre noche y día, y que este era el mayor trabajo de penitencia que había tenido en los principios de vencer el sueño, y para esto estaba siempre de rodillas o en pie. Lo que dormía era sentado, y la cabeza arrimada a un maderillo que tenía hincado en la pared. Echado, aunque quisiera, no podía, porque su celda, como se sabe, no era más larga de cuatro píes y medio.”      

La diminuta celda del santo que “tenía muy lindo entendimiento” aún puede verse en el monasterio de El Palancar, cerca de Pedroso, en Cáceres. La visita al Palancar trae a nuestra memoria sensaciones y recuerdos de otros conocidos conventos o templos de genuina espiritualidad modificados con dudoso acierto a través de los siglos y a mayor gloria del poder material de la Iglesia. Sin llegar a esos extremos, por ejemplo, los dos monasterios oscenses de san Juan de la Peña, o los del Suso y del Yuso en la riojana san Millán de la Cogolla. La austera, sencilla, serenidad y belleza de los templos primitivos al servicio del alma, reflejo de la pureza y austeridad espiritual, de ese resplandor de la verdad que decía Platón se ve alterada, en mi opinión para mal, cuando la Institución hace ostentación de su poder al servicio de los ritos y cultos externos. Hoy el antiguo, austero hasta la exageración, convento emblemático de la descalcez franciscana está rodeado por nuevas y no muy afortunadas edificaciones que, si bien parecen protegerle, también lamentablemente lo ocultan del exterior. Se ha convertido en una especie de singular parque temático, una suerte de legitimación global a posteriori de una Institución por la santidad de unas figuras singulares, nobles, incomprendidas o no muy bien tratadas en su tiempo por la propia Institución que hoy las elogia y las usa como legitimación a posteriori. En un recuerdo, acaso fugaz, de gentes como fray Pedro, rara, extraña, de conducta poco menos que incomprensible para nuestra sensibilidad mayoritaria actual.

 

Y es que permanecemos en lo que se ha llamado el silencio de Dios. Un estruendoso silencio que se ha podido escuchar en todas las épocas, en especial cuando la zozobra y la tribulación se hacen más perceptibles. En el Eclesiastés, libro sapiencial del Antiguo Testamento que más que hebreo parece texto del helenismo, del estoicismo, se trata de encarar la condición humana, el vacío del corazón y del sentido de la vida, cuando no se embarca en la aventura espiritual de resultado incierto. Una búsqueda heroica, difícil, incomprendida y casi incomunicable, como la emprendida por San Pedro de Alcántara, San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos o Santa Teresa de Ávila.

Hoy nos encontramos incursos en un proceso revolucionario en Occidente. Los pilares básicos de la Cultura occidental, el Cristianismo, la Ilustración, la Tradición iniciática, la Libertad, están siendo atacados dentro del embrutecedor y esclavizante proceso de demolición programada, a mayor gloria de un funesto NOM, de todo lo que tiene que ver con el Mundo del Espíritu. De la Metafísica. De las Tradiciones y Culturas nacionales reflejo y manifestación de su desain histórico.

Nos separa mucho del siglo XVI aunque podamos estar en los mismos lugares donde entonces estuviera fray Pedro. Hoy, relegada o casi abandonada la Ascética, perdido o disminuido el sentido metafísico de la existencia, la visión moderna de la experiencia mística, además de con el ejercicio habitual de la meditación, se relaciona con la Psiconáutica y el empleo de sustancias enteogénicas. Son muchos los investigadores metafísicos que por curiosidad, especulación científica o por no resignarse a la desesperación espiritual hoy tan frecuente o más que en otras épocas, buscan alternativas y el propio sentido de la vida. Unos de ellos son los llamados psiconautas, los investigadores con sustancias enteogénicas características de las antiguas tradiciones del mundo chamánico o de ciertas religiones. Criticados por los que consideran este camino un atajo peligroso o acaso virtual o engañoso, sabemos, empero, de su carácter universal, ya que el empleo de sustancias enteogénicas forma parte de casi todas las tradiciones religiosas e iniciáticas de la humanidad a lo largo del tiempo.

Aldous Huxley, autor de lúcidos e importantes ensayos tales como Los límites de la Percepción,  Cielo e Infierno, Filosofía perenne, El Fin y los medios o Moksha, lo resume muy bien en dos de sus novelas humanistas Un Mundo feliz y La Isla. En la primera el soma es empleado por el poder como instrumento de control social, de adormecimiento espiritual, como forma de anulación de la libertad. En cambio, Huxley nos explica en su novela crepuscular La Isla como la medicina moksha puede utilizarse como apertura de la conciencia para trasladar los límites de la percepción mediante la experiencia visionaria y lograr, esta vez sí, un mundo más feliz al no haber roto sus lazos con el Espíritu.

Pero el asunto es casi tan viejo como el mundo. Forma parte de las tradiciones chamánicas y de muchas otras religiosas o esotéricas. Variaban las sustancias, procedentes de las especies botánicas más comunes en cada biotopo, y los rituales ligados a una mitología o teología. Sin embargo, siempre existía alguna forma de práctica ascética previa, pues de lo contrario el viaje, la visión, pudiera ser indeseable o incluso funesta.

Por su importancia para la Cultura occidental cabe recordar aquí los Misterios eleusinos. Hoy sabemos que allí se empleaba una sustancia enteogénica, el kykeon. Si atendemos a las investigaciones de Hofmann, Wasson y Ruck, probablemente elaborada a base de cebada, menta y el esclerocio del cornezuelo del centeno o de otras gramíneas abundantes en las llanuras griegas, que permitía a los iniciados, llamados epoptes, la visión directa de lo sagrado. Una visión de tal importancia radical que originaba un antes y un después en sus vidas.  Algunos de sus componente químicos son similares a los del LSD obtenido mediante síntesis por Hofmann en los laboratorios Sandoz. Un sacramento de efectos reales y no meramente simbólicos.

Eleusis se encuentra estrechamente vinculado con nuestra Cultura y Filosofía, especialmente con Platón. Pero en todas partes y tiempos, de uno u otro modo, se han empleado sustancias enteogénicas con carácter sacramental. El Doctor Allegro, uno de los investigadores de los famosos manuscritos del Mar Muerto, vinculaba el propio Cristianismo primitivo a la amanita muscaria en su controvertido libro The sacred mushroom and the Cross. La amanita muscaria es un hongo muy empleado en muchos lugares y tiempos, estudiado por Mircea Eliade en Siberia. Del famosísimo soma de los vedas no se conoce su naturaleza exacta. Para algunos investigadores se trataría de la ya citada amanita muscaria. Para otros autores se trataría, en cambio, del Peganum harmala, conocida como ruda siriaca. Y para otros de la pulpa fermentada de Asclepios acida.

En África el enteógeno más conocido es la iboga empleada en el culto bwiti. Pero donde más sustancias enteogénicas se han encontrado es en América, sobre todo en el Centro y el Sur. La famosa experiencia de los esposos Wasson en la sierra de Oaxaca supondría un antes y un después en la comprensión occidental de la antigua y polémica cuestión de la ingesta de enteogénicos con fines sacramentales de acceso al mundo espiritual. Gordon Wasson convenció a la luego archifamosa chamana y curandera María Sabina para que le permitiera participar en una velada místico- ritualística indígena con “niños santos”, hongos del género Psilocybe. La experiencia místico estético epistemológica resultaría deslumbradora, apabullante. Wasson saldría transformado de este profundo contacto con lo numinoso. El propio Camilo José Cela dedicaría un Oratorio homenaje a la noble figura de la chamana mejicana.

Ciertos cultos basados en hongos ya habían sido documentados por algunos de nuestros cronistas de Indias, casi todos contemporáneos de san Pedro de Alcántara, así, por ejemplo en la Historia general de las cosas de Nueva España de fray Bernardino de Sahagún o las obras sobre Botánica americana de Francisco Hernández. O los Ritos antiguos de sacrificios e idolatrías de los indios de Nueva España de fray Toribio de Benavente y el Libellus de hierbas medicinales Indias de Martín de la Cruz, dentro del estudio de tradiciones indígenas como en el Manual de ministros de indias para el conocimiento de sus idolatrías y extirpación de ellas de Jacinto de la Serna, la Crónica mejicana de Fernando de Alvarado o la Historia de las Indias de Nueva España de Diego Durán.

Como es bien conocido, el peyote o la ayahusca son empleados hoy por diversas Iglesias o grupos religiosos.

 

Pese a nuestro anhelo de dar cuenta del mundo, acaso el Cosmos debiera reconocerse como una ilusión. Para los Vedas la única realidad susceptible de ser pensada es el Ser, es decir, el Uno. Para los Upanishads la palabra sagrada OM identifica a las criaturas con el Uno. OM, sOMa. Algo semejante al planteamiento cristiano occidental de “Mi Padre y yo somos uno” o “El Reino de Dios está dentro de ti”. El Uno ha sido llamado con distintos nombres según las diferentes tradiciones religiosas o iniciáticas, pero siempre la meta del buscador espiritual es hacerse uno con ese Uno.

Lo que se capta mediante la contemplación debe dispensarse en forma de Amor” (Maestro Ekhart). Amor y pensamiento. Tal es el trabajo propio de los verdaderos buscadores espirituales de todos los tiempos, empleen o no atajos psicogénicos.

Tal es la lección, el mensaje, que los místicos del Cristianismo de nuestra propia Tradición española, nos envían hoy a los desconcertados náufragos de una civilización zozobrada, como luminosos cuásares perdidos en la inmensidad de las tinieblas, desde las remotas y al tiempo íntimas estrellas flamígeras de su propia realización espiritual.

Porque, como nos recordaba un poeta en el exilio, el gran Cernuda, “no es el Amor quien muere, que somos nosotros mismos…

 

 

 

Candelaria con sol

 

«el diablo quiere destruir España«, (Benedicto XVI)

(el sol) en campos de zafiro pace estrellas”,  (Luis de Góngora)

 

Este año en La Coruña el sol no ha faltado a su cita con la candelaria, una promesa de renovación de la luz, tan de esperar, desear y agradecer en estos tiempos de tinieblas.

Ya lo decía nuestro gran Cervantes en el frontis de la Primera parte de El Quijote: «Spero lucem post tenebras«.  Una empresa como se decía en su época situada entre un halcón de cetrería con su capirote colocado y un león dormido.

En otro momento de zozobra e incertidumbre de nuestra historia el genio español espera otra salida heroica de nuestro señor don Quijote en lucha por la Justicia, la Libertad y el Bien. Una aventura al servicio de los valores metafísicos que representa la dama, Dulcinea, el alma.

La fiesta de la candelaria posee una dimensión hilozoísta. Se renueva a nivel espiritual, en el ciclo solar anual y como luz que ilumina al mundo.

Ojalá su triunfo sea también el nuestro como criaturas dotadas de autoconciencia en pos de realizar los más íntimos y queridos anhelos.

 

Por San Antón

Recuerdo de niño, en un Madrid del que apenas queda nada ni siquiera el nombre de las calles, las procesiones de animales domésticos que se llevaban a bendecir por la festividad de San Antón. Todo un espectáculo con burros, perros, gatos, gallinas, conejos, pichones, canarios y otros elementos de la fauna típica al cuidado infantil de la época. Ahora, con esto de la posmodernidad, la posverdad y la posvergüenza, kali yuga lo llaman los hindúes, la cosa ha cambiado naturalmente a peor y es la abigarrada fauna gubernamental la que se lleva a ser bendita por la mano siniestra del Padre Ángel Caído.

Todo un espectáculo tenebroso de lucrativas parejas ministeriales, contubernios eróticos totum revolutum ejecutivo legislativo judicial, animalistas, censores, tribadas empaladoras, maricones, begoños, fricadoras y demás variada e incluso feroz fauna gubernamental de progreso.

San Antón fue un santo egipcio de biografía muy curiosa que ha inspirado o dado lugar a una importante iconología. Parece que tuvo agitado trato con el diablo que le tentaba aunque resistió con coraje los embates del maligno. Se le aparecían potencias demoníacas con la misma naturalidad que al falsario, dicen sus hagiógrafos, se le aparece Soros en cuerpo materializado y en su despacho oficial de la Moncloa para ordenar fechorías y cohechos o bendecir fauna de progreso. O renovar tentaciones. Todo esto será tuyo. Y el próximo palacio, La Zarzuela.

San Antón también bendecía panes y esto constituye otra interesante curiosidad. Durante la Edad media era frecuente la enfermedad llamada Fuego de San Antón que producía horribles mutilaciones y era debida a la ingesta de pan elaborado con harinas infectadas de cornezuelo de centeno. La orden de San Antón elaboraba panes sanos para curar a los enfermos infectados.

Se especula también con que el cornezuelo de centeno se encontraría también en el origen de las visiones del santo ermitaño. Sabemos que era usado en los famosos Misterios de Eleusis. La estructura bioquímica de este hongo es casi idéntica a la del moderno LSD, como sabe el flamante y orondo ministro nombrado por la Colau. Un rarísimo ejemplar de golpista catalán made in Albacete, pasado por el lisérgico Berkeley.

Dentro del calendario anual la festividad de San Antón tiene que ver con el celo de algunas especies que se preparan para la primavera. No sabemos que engendros monstruosos producirían tales futuras hibridaciones.

Fuere como fuere, recordemos el chiste, el gobierno (papá) preparado, prepárate tú. Con o sin bendición.

 

 

EXCLUSIVA: fragmentos de notas autobiográficas de don Benito Arias Montano en Sevilla, 1598

Entre un legajo de documentos varios, aparentemente inéditos, se han encontrado unos fragmentos de lo que parece una autobiografía del insigne polígrafo don Benito Arias Montano, fallecido en Sevilla el 6 de julio de 1598. Lo encontrado, con ortografía actualizada o modernizada, dice así:

En Sevilla, junio de 1598

Ahora, cuando siento que mi vida se acaba, acogido a la hospitalidad de mi entrañable amigo Simón de Tovar y su bondadosa familia me asaltan los recuerdos. Algunos gratos, placenteros, otros, no tanto. No me arrepiento de mi vida, aunque haya demasiadas cosas que creo no repetiría. Mi pasión por el conocimiento me ha impedido gozar del amor en todas sus dimensiones, aunque no tanto de la amistad verdadera. Me vienen a la mente los ojos y la sonrisa de Anne Herents, relación imposible de la que, sin embargo, mi buen y fiel amigo y confidente Plantino actuó como singular corresponsal. ¡Qué hermosos tiempos aquellos de Amberes!

Mi vida nunca fue lo que parecía. Mi primera crisis espiritual ocurrió en Trento. Recuerdo las interminables sesiones conciliares con dos únicos libros presidiendo los trabajos, la defectuosa Biblia vulgata de san Jerónimo y la descomunal Suma teológica de Tomás, el erudito local. Por aquella época yo aún creía plenamente en la Iglesia. No entendía hasta qué punto su aventura humana había traicionado el espíritu evangélico. Como se había preocupado más del poder y las riquezas que de la defensa del Verbo. Esa Palabra que estaba en el Principio y que, sin duda, había perdido suponiendo que alguna remota vez hubiera poseído en su integridad. La rebelión de Lutero era sólo un síntoma del deterioro pero no la causa del mal que la aquejaba. Había que ir nuevamente a las fuentes, en búsqueda de la Palabra. Pero la cuestión no era tan fácil. Intelectualmente las cosas cada vez estaban menos claras a medida que se investigaba, puesto que no era posible reconstruir con total certeza la peripecia del cristianismo histórico original. Aprendí lenguas para tratar de desentrañar la verdad, pero ésta siempre se me escapaba. Pero si las letras constituyen el cuerpo del lenguaje había que buscar su alma. Mis antepasados hebreos habían guardado la tradición de ese alma que vivifica la letra muerta y, desde ese punto de vista, habían avanzado más en el conocimiento de lo genuinamente sagrado que la propia escolástica, que si bien había contribuido grandemente al desarrollo del pensamiento dirigido, olvidaba que la revelación nunca podrá ser una mera experiencia intelectual que no tenga en cuenta el ser humano en su integridad, y, por tanto, el mundo de la emoción. No hay una traducción única de un libro único. El libro verdadero está en nuestra conciencia cuando se abre a todas las dimensiones del ser. Y no está escrito con letras de ningún único alfabeto, alefato o alifato. Está escrito con emociones y con revelaciones personales que se abren hacia una conciencia mística e inefable. Y por eso, incluso más valioso que un libro sagrado, sea tener un método que permita a los merecedores de ello acceder a esos sublimes estados de conciencia, en que las criaturas siquiera momentáneamente podemos integrarnos en el Todo. Los libros nos permiten recrear intelectualmente un modelo del Ideal, pero no son el Ideal mismo, hasta que sus valores son guardados en nuestro corazón y son vividos por nosotros mismos.

Por una de esas ironías de las que la vida es tan pródiga, no veía aún las cosas así cuando buscaba libros tanto para S. M. como para mí. Por aquel entonces parecía una especie de Noé en busca de libros que salvar de la barbarie que se avecinaba. Allá por la primavera de mi primer viaje a Flandes, en comunicación con el embajador imperial en Francia, D. Francés de Álava, por órdenes del Rey y con no poca vocación personal propia, rebuscaba libros cuando me encontré con un mercader griego de libros originales, de nombre Andrés Darmario, proveedor también del obispo de Segovia, al que yo ya conocía de Venecia, que llevaba unos raros ejemplares a la reina de Inglaterra. El pobre Darmario había caído en manos de la soldadesca flamenca y había sido despojado de su dinero y enseres salvo los libros, objetos casi siempre despreciados por el vulgo, menos para calentarse alimentando una hoguera. El contratiempo le obligaba a vender parte de su mercancía para poder proseguir su azaroso viaje. Me ofreció unos pocos a cambio de una fuerte suma de dinero, además de cartas de recomendación para el embajador español y otras autoridades del camino. Yo se las di pues temía por su vida, no sin advertirle antes de las grandes dificultades de su empeño y del incierto negocio que procuraba en un reino como el inglés con libros casi todos eclesiásticos y católicos, salvo algunos filosóficos. No acepté su oferta parcial, sino que le pedí todos, diciéndole que eran para mi propia colección y no disponía de más dinero. Después de mucho regateo, idas y venidas, se los saqué por sólo ciento quince escudos cuando de haber adivinado que iban destinados a la biblioteca real de san Lorenzo no los hubiera dejado por menos de quinientos. Bien es verdad que de la relación que remití al secretario real, Gabriel de Zayas, olvidé alguno sobre el tema que más me interesaba, además de una música de Ptolomeo, algunos comentarios a Platón, libros de astronomía en letra arábiga y caldea y un pequeño volumen de Orígenes.

Luego, el Duque de Alba me dio aviso de que viera las librerías de Haustrat y Breda, de modo que llegué a reunir hasta no menos de trescientos manuscritos originales griegos. Me imaginaba cual caballero andante en busca de la gloria menos material que de recuperación de tesoros del pasado. Mejor que un Marcilio Ficino al servicio de los Médicis, mis victorias lo serían frente a la ignorancia, y sus compañeras, el fanatismo, la ambición y la hipocresía. Lástima que luego la biblioteca imperial se convirtió en otra especie de tumba, en la que buena parte de tanta sabiduría dormiría el sueño del abandono sin aprovechar a nadie. Así que decidí durante mi trabajo como bibliotecario en san Lorenzo intentar salvar del olvido los mejores con una signatura asaz apropiada, 0.0 = 5.

Pero, os decía que a veces añoro Amberes, ese remanso de paz que con los familistas pudimos preservar pese a la guerra, la violencia y la destrucción. Hice lo que pude para evitar excesos, aunque no siempre con éxito. La paradoja del humanismo es que tras intentar despertar universalmente las mentes a la crítica, el pensamiento y la creencia libres, ha de refugiarse en pequeños grupos para no perecer en el vendaval del fanatismo y la violencia. La humanidad no está preparada para vivir los grandes valores, y aunque nuestro deber sea intentar alumbrar un nuevo y mejor estadio de conciencia, a veces no nos queda más remedio que disimular y de algún modo escondernos para poder sobrevivir personalmente. Y con nosotros, la Cultura.

Amberes, ese Amberes, oficialmente católico, tridentino, ocultaba muchos secretos,. que representaban formas particulares de esa fraternidad tradicional y sin nombre, promotora de la civilización, que luego desarrollaríamos en Toledo con Luis de Castilla y el pintor Dominico Greco. La peripecia de la Biblia Políglota motivó otra de mis crisis. La política real que yo trataba de suavizar en lo posible estaba equivocada en el fondo. La Religión no puede utilizarse políticamente pues su escenario natural no el Poder, ni las glorias de Palacio, sino lo más recóndito e íntimo de las conciencias. La política imperial que yo aconsejaba al principio, basada en la firmeza de la unidad católica y la intolerancia hacia los herejes, era un claro error. Empecé a darme cuenta de él por otro motivo, cuando ocurrieron los desordenes por la imposición de los tributos conocidos como décimo. Pero, el mismo edificio emblemático de san Lorenzo no era sino un error de concepto, un extravío moral. Representaba el ideal teocrático, la unión del Cielo y la Tierra realizada sobre un Centro. Pero en este caso, la jerarquización del espacio arquitectónico se había dispuesto de modo que el domus regia, el palacio imperial, se colocaba en el Este, subordinando no ya sólo el domus sacerdotum, el convento, sino incluso el domus domini, es decir, el propio templo, a la política imperial. Felipe, el rey monje tenía su cámara en el sancta – sanctorum.

 

A mi vuelta de Roma, se habían cumplido los peores presagios. Ya en agosto se había producido en París, instigada por Catalina de Médicis, la espeluznante matanza de hugonotes. Estaba así fuera de toda duda razonable que el catolicismo no podía imponerse como garante de la unidad política si queríamos evitar la destrucción de Europa. Era necesario sustituir al Duque de Alba y que su sucesor, don Luis de Requesens, cambiara su política hacia otra más tolerante, que permitiera la actuación creciente de las autoridades flamencas. Y así estuve yo un tiempo, como un pequeño Platón aficionado, aconsejando al nuevo gobernador en su ínsula. Propuse la abolición del aborrecido Consejo de Turbas entre otras reformas dirigidas a la pacificación de la población, como el control de los desmanes y abusos de sectores del ejército imperial, compuesto en buena parte de mercenarios. Mi trato con tanta gente me hizo ver que incluso los católicos flamencos se habían vuelto contrarios a España, por lo que las razones de las revueltas más bien cabía buscarlas en los abusos concretos que en la sola imposición religiosa.         

— Ilegible…

Posdata

En estos momentos tan tenebrosos y altamente peligrosos para la suerte de la Cultura española hoy gravemente amenazada por las instituciones, no está de más, aunque sólo fuese como consuelo, recordar  y si se puede tratar de emular los grandes logros de nuestro Siglo de Oro.

 

 

 

El Resplandor

En este Siglo de las luces apagadas se ha avivado un resplandor sobre este siniestro hotel Overlook que contaba el gran Kubrick, alegoría de una patria convertida en experimento globalista de laboratorio sobre cómo destruir una nación, y habitada por psicópatas y fantasmas que amenazan y agraden a quienes están obligados a cuidar y proteger.

Los acontecimientos del Reino de España, acaso ya desde la Transición pero sobre todo desde el golpe de Estado del 11 M, se asemejan a una crónica de errores y horrores, a la trama de una tremenda novela de terror. Hoy se junta todo: un rey inepto y pusilánime, una clase dirigente política y empresarial mayormente traidora, cleptocrática, prostituida y corrupta, un pueblo embrutecido, presa de sus más bajas pasiones, incluida paradójicamente la del suicidio ritual comunista. Un sistema institucional democrático iuris tantum que es pura mohatra degradada, en el que nada es, ni menos actúa, como cabría esperar de sus obligaciones legales y morales.

El psicópata es psicópata desde luego pero su acción se ve favorecida y potenciada por un entorno favorable para los excesos impunes como es el tinglado monárquico en el que nada es como parece, que deja el hotel y las instituciones a merced del criminal. Donde fallan estrepitosamente las instituciones y mecanismos de protección. La neurosis del protagonista se ve reforzada por la revelación de su fracaso para escribir su texto, para establecer un discurso político adecuado a la socialdemocracia del siglo en que vive, no lastrado por la posverdad y la posmodernidad de las luces apagadas o del encanallado y animalesco neomarxismo cultural. Repite una y otra vez un discurso anticuado, huero hoy de sentido, atrapado en sus complejos históricos pero que, sin embargo, le facilita la comisión de sus delitos y felonías actuales y futuros.

El psicópata retorna al lugar del crimen. Ese mundo sombrío de fantasmas, restos de horrores, brutalidades y apariencias. Igual que Jack Torrence (Nicholson) el PSOE liberticida, golpista y criminal de los años treinta se reencarna ahora con similar capacidad para el Mal.

La psicosis destructiva de los socialistas carece de terapia eficaz. Kubrick, recordando el viejo mito del minotauro, del monstruo que devora a los jóvenes a sacrificar, nos enseña que un buen mecanismo de defensa es encerrarlo en su laberinto hasta que se congele. Un laberinto del subconsciente degradado, de pulsiones animales, de envidias, frustraciones, fanatismo, sectarismo, donde todo crimen tiene su asiento. También una vía de entrada del bajo astral y sus demonios.

La Cultura y el cultivo del Espíritu son los que deben encerrar al monstruo. La sentina de las bajas pasiones del socialismo debe estar cerrada. Y esa es misión fundamental de la Civilización, primero y de las redes de ley y orden social, incluidas las Fuerzas de Defensa y Orden Público, después.

Y otra lección de El Resplandor: cuando la urgente necesidad apremia la propia salvación no cabe esperar que venga de fuera. De un rey incapaz sino cómplice con sus mohatreras e ineptas instituciones. Son las víctimas propiciatorias entregadas al sacrificio quienes han de rebelarse contra el monstruo.

¡Y qué Dios nos ayude!

 

 

 

 

Sopa de ganso 2

Ahora que estamos de vacaciones y vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará.  Decía Platón que los poetas mienten de modo que vamos a cultivar un rato el apólogo, que dicen es una forma de contar cosas diferentes a las que se leen.

Según Marx, el bueno, Groucho, érase una vez un feliz Reino llamado Fridonia que bien pudiera valer para nuestro caso. Y también otro país llamado Silvania que cuenta con una agitada República y desde luego con un apuesto embajador como se ve en la película Sopa de Ganso, con su bonita embajada y todo. Sin embargo, el último gran preboste de Silvania tuvo que poner píes en la frontera porque le habían pillado con las manos en la masa y en la droga. Sus colaboradores altos capitostes y capos que no pudieron llegar tan lejos como él consiguieron refugio en la acogedora embajada de un famoso narcoestado llamado Libertonia donde les agradecieron los servicios prestados y beneficios obtenidos con el trapicheo.

El valido de Fridonia era tristemente célebre por hacer cohechos, prevaricaciones, felonías, guarradas y perrerías a todos y a todas. Incluido al sufrido aunque tímido y asaz apocado rey de Fridonia, personaje que estaba del interfecto hasta los mismísimos, bueno, o lo que tenga.

En estas resulta que el tímido rey de Fridonia que no sabe cómo vengarse de tanta afrenta y humillación recibe recado secreto de agentes de Trumpolandia y de Mosalandia que dentro de su operación para drenar el pantano también quieren poner al valido en su sitio, para lo que proponen hacerle una sucia, aunque merecida, jugarreta al felón, a ver si conseguían cargárselo o al menos dejarlo debilitado para un  próximo y deseado posterior descabello. La cosa es muy retorcida, taimada, como corresponde a gentes muy versadas en trapisondas y chanchullos de falsa bandera.

La encerrona consiste en poner en evidencia mediante un incidente internacional acaso delictivo e imposible de ocultar al valido y su tropilla de serviles puñeteras indocumentadas, que creen estar trabajando para unos hasta que comprenden, ya demasiado tarde para recular, que es para los otros, cuando les dejan con el culo al aire y en el mayor de los internacionales ridículos.

Dicho y hecho. El valido y su banda pican el cebo hasta el bofe, y tratan de recomponer figura mintiendo como bellacos bien entrenados y así intentar sortear el espantoso ridículo que desmerece su soberbia condición. Una prueba de que en realidad, pese a la demagógica propaganda local, no son sino basurilla irrelevante a nivel mundial, meros esbirros prostituidos, por muy revolucionarios e impunes apoyados por oligarcas depravados sembradores del caos que se sintieran. Como no podía ser menos, el enredo es oportunamente descubierto y publicado.

El rey de Fridonia se relame de gusto, mientras pone cara de compungido. La pena es que no pueda publicar la autoría de la idea para que la venganza sea más completa.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Moraleja, esconde la mano que viene la vieja.

(Continuará)

 

 

Navidad en Kali yuga

Con el solsticio de invierno vuelve la Navidad, fiesta principal del Cristianismo. El nacimiento del Salvador se encuentra envuelto en densas brumas históricas. Los evangelistas Mateo y Lucas escriben sendos textos legendarios, no sin algunas contradicciones entre ellos, donde predomina la parábola o leyenda teológica sobre la historicidad de los acontecimientos. Por no saber, no se sabe si fue Nazaret o Belén el lugar de nacimiento, ni tampoco su fecha exacta.

Sin embargo, pese a las amenazas islámicas, las degradaciones y granjerías de los mercaderes o los intentos sionistas de desnaturalizar antes de acabar con la festividad de la Navidad y lo que representa para buena parte de la Humanidad, ésta aún sigue viva en mucha gente, entre los que me incluyo.

Me parece que influyen varias causas. El hombre es un animal de nido. La nostalgia de nuestra infancia en una familia protectora donde identificarnos con el Misterio de un Bien vencedor de las injurias y las tinieblas. El Amor como protección. Para mí, no sé si el amigo lector comparte esta inquietante sensación, estos tiempos traen un cierto componente de pena, de fracaso. No solo por la desaparición de seres queridos, sino a nivel personal y generacional al comprobar el deterioro de nuestra sociedad por lo que se podría haber hecho y no se hizo.

Pero, porque desde el punto de vista psicológico la Navidad constituye un arquetipo de la divinidad, de lo sagrado. Una forma de epifanía o de manifestación de lo numinoso. Porque la figura de un Mediador constituye una necesidad psicológica del alma humana, mayor cuanto más conciencia de criatura contingente, falible, inmersa en el Kali yuga, se tenga.

La desnaturalización o erradicación de la Navidad por el neomarxismo sionista cultural supone una amputación de nuestro Ser. Y el emborronamiento del dasein, del Ser ahí que decía Heidegger. De una forma de revelarse en el hombre y en la Historia el arquetipo del Bien. Y también de una forma de salir de sí hacia el mundo.

La destrucción impune de nuestra Cultura sin que se construya nada mejor, ni siquiera igual, sobre sus escombros. Algo parecido a como si terroristas iconoclastas arrojasen botes de pintura roja sobre los cuadros más hermosos de los grandes autores. O se acompañase con pitidos, consignas o matracas de lumpen embrutecido la audición de La Pasión según San Mateo. Los protagonistas de nuestros mitos, en el sentido griego, de revelación espiritual del término, son cambiados o desnaturalizados. Los ángeles son sustituidos por “elfos” en los anuncios mercantiles. Los majestuosos reyes magos por un gordo gritón de la cocacola.

Ahora, bajo la tiranía de la posmodernidad y de la posverdad, estas reflexiones sobre arquetipos, Mediadores, lo sagrado, ya no son correctas y deberían ser desechadas por anticientíficas, por no ser mercancías para el lucro, por ser cosa de malvados fachas sin remedio. Pero la Navidad es una invitación a la Resistencia.

Nuestra condición psíquica se halla amenazada por los agentes dominantes y manipuladores ce una civilización en trance de dejar de serlo. Las luces y adornos exteriores de las ciudades en campaña comercial no pueden suplir la propia luz interior, ni menos, en una visión hilozoísta la de la Naturaleza en el baile cósmico del Sol y La Tierra en la eclíptica.

No es la Luz quien muere o renace, somos nosotros mismos.

 

 

 

 

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