Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Viaje por el espacio y el tiempo

El viajero viene de Francia. Ha visitado a su familia. También con ella el ahora museo donde estaba el antiguo convento de los Agustinos. Y el precioso templo de los Jacobinos, en Toulouse. Se trata de una rara iglesia de dos naves separadas por una singular fila de  preciosas palmeras de piedra. Un templo extraño, elegante, bellísimo, donde se custodia la tumba de Santo Tomás de Aquino. Acaso inspirado en otros ibéricos de hermosos árboles encantados en piedra como la colegiata de Berlanga de Duero, la Veracruz segoviana, Tomar en la sede de la Orden del Cristo de Portugal y los mozárabes San Baudelio de Berlanga o Santa María de Peñalba en Arnedillo. Pero de estos templos, su historia, arquitectura y sugestivo simbolismo, se hablará en otro artículo.

El viajero no participa de la indiferencia, casi menosprecio, de Fernando, el protagonista barojiano de Camino de Perfección, ante la preciosa citada iglesia de la Veracruz, antes templaria y hoy de la Orden de Malta, en el camino de Segovia a Zamarramala: “Era románica y debía de ser muy antigua; tenía adosada una torre cuadrada, y en la parte de atrás, tres ábsides pequeños”.

Al contrario, piensa que en estas pequeñas joyas de nuestra antigua arquitectura se hallan los mayores valores estéticos y lo mejor del alma o la espiritualidad española. Que en difícil sencillez sin apenas ornamentación trascienden su pertenencia al arte cristiano medieval para constituir artefactos universales de perfeccionamiento espiritual. De alquimia para el alma sosegada y receptiva.

El viajero no está solo en esa apreciación: Si Machado rechazaba la religiosidad huera de la España oficial sin embargo buscaba recuperar un Dios vivo, interior y esotérico. Un Dios al que parecería más fácil encontrar refugiado en las modestas pero preciosas ermitas mozárabes o románicas que en las encopetadas y recargadas iglesias barrocas donde la retórica y la ostentación de Poder ahogan el Espíritu.

Bécquer también nos anima a que, sea como historiador o como artista, sea examinada la importancia de monumentos que merecen fijar la atención de los hombres pensadores y estudiosos.

En Oriente, tan lejano y cercano a la vez, un importante yogui, Paramahansa Yogananda, también nos lo dice: “Adorar al Señor en la iglesia o en templo es un buen hábito, siempre y cuando a partir de esa inspiración aprendas a entrar en tu propio templo de la meditación y a experimentar el éxtasis interior. En las horas más profundas de la noche y en la quietud del amanecer, entra en tu catedral interior y háblale a la congregación de tus pensamientos, exhortándolos a todos ellos a consagrarse al infinito. y en el grandioso órgano de tu templo de paz, sonará el majestuoso Om”  

 

El viajero, aburrido de la autovía francesa hacia la frontera con Irún en la que la principal emoción es saber si el dispositivo automático de su auto levantará o no la barrera del peaje, decide volver a España atravesando el Pirineo por zona nacional evitando los más fáciles pasos de Gerona y Vascongadas.

Duda entre sendos túneles oscenses, bien el de Bielsa, conocido de otros viajes y más corto pero más agobiante por su reducida sección, o el de Somport -Canfrant, amplio y cómodo aunque de casi nueve kM de largo.

Se decide por esta última opción. El viajero pasa cerca de Lourdes, famoso centro de apariciones marianas o lo que sean, pero no entra en la población porque ahora no está para milagros. A la altura de la ciudad de Pau toma la intrincada y anticuada carretera en dirección Sur por Oloron Ste-Marie, siguiendo aguas arriba el curso del Gave d`Aspe hasta el túnel que atraviesa el Pirineo en dirección a España. Una ruta de montaña con tramos de gran belleza.

Francia tiene muy descuidadas, firme gastado, trazados tercermundistas, cruce de poblaciones, las carreteras cercanas a nuestra frontera.  Debe ser cosa de prioridades. Las suyas. Pero mal iríamos si no pudiésemos emplear los pasos fronterizos cómodos en manos nacionalistas hostiles y tuviésemos que comunicarnos a través del Pirineo.

La emblemática estación de Canfrant, hoy cerrada, tiene un aire como de viejo balneario decadente de tiempos pasados y acaso mejores, al menos para ella. Ya en tierra española de Aragón, aunque con trazado de montaña, la carretera es buena. Jaca es una ciudad hermosa, con amplias urbanizaciones pero de urbanismo moderno, de escasa tradición arquitectónica popular salvo en la zona de su preciosa catedral, joya del románico español.

 

El viajero confiesa que tiene una cierta nostalgia. Una sensación de nuevo fracaso histórico español como el del 98. Y se distrae rememorando la obra de algunos de los más preclaros autores de esa generación, tan ligada en sus comienzos al regeneracionismo y al modernismo. Pero los miembros de la generación del 98 adquieren pronto un discurso propio que no es el simple de los datos, el positivismo de unos o el esteticismo atemporal y casi apolítico de otros.

Acaso sus juicios no resulten hoy demasiado científicos, al menos con la perspectiva que nos da el tiempo, pero mantienen una gran carga de emotividad, de rebeldía asociada a una idea estética de la vida. Su visión de Castilla está teñida de su preocupación por el paisaje. Pero la de la Castilla geográfica no es muy real, al confundirla con las inmensas llanuras leonesas, cuando es así que el verdadero relieve castellano es accidentado. También esa idea estética se inspira en los mitos históricos, legendarios y literarios de nuestra gran Cultura. Una de las más importantes del mundo, dicho sea en honor a la verdad lejos de cualquier nacionalismo barato.

 

En su libro Castilla Azorín ofrece un final feliz a la aventura amorosa, tan desoladoramente trágica en el original, de Calisto y Melibea.

En esto veo Melibea la grandeza de Dios. ¿En qué Calisto? En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase: y fazer a mi in merito tanta merced que verte alcanzase”.

¿Por qué el devenir de España parece tener también como en el caso de los tan desgraciados amantes un elemento permanentemente trágico, que impide el triunfo del amor y del bien? El devenir de España también parece eternamente víctima de una conspiración motivada por la ambición, el egoísmo y la codicia de las Celestinas de turno y permitida por un pueblo desorientado cada vez más amorfo.

Azorín nos presenta a un Calisto maduro, felizmente casado con Melibea y padre de una hija, del mismo nombre que su abuela, Alisa. Pero Calisto medita con la cabeza reclinada en la mano sobre el devenir del tiempo y las formas de las nubes, tan iguales, tan distintas, en su eterno caminar sobre el cielo… Otro halcón pasa el cercado del jardín y tras él un mancebo…

¿Tiene razón Azorín al permitirse dar otro final a la historia? ¿Es que la Historia de España tiene un carácter fatal que se impone a los intentos de reforma y mejora profunda y continua de generación tras generación?

 

En una de sus Cartas desde mi celda Bécquer nos confiesa que: “lo único que yo desearía es un poco de respetuosa atención para aquellas edades, un poco de justicia para los que lentamente vinieron preparando el camino por donde hemos llegado hasta aquí, y cuya obra colosal quedará acaso olvidada por nuestra ingratitud e incuriala vida de una nación, a semejanza de la de un hombre, parece como que se dilata con la memoria de las cosas que fueron, y a medida que es más viva y más completa su imagen, es más real esa segunda existencia del espíritu en el pasado, existencia preferible y más positiva tal vez que la del punto presente”.   

 

De modo que el viajero desea atravesar Castilla otra vez en un momento histórico en el que los logros de su labor de construcción de la gran civilización española se encuentran gravemente amenazados. En el que el tren azoriniano de la lucecita roja parece que ya nunca regresará. Una aventura común de siglos hoy medio desbaratada por la corrupción y la falta de inteligencia, voluntad y patriotismo de muchas instituciones y sus ocupantes, trasladadas a buena parte del pueblo español actual, objeto de un proceso de embrutecimiento programado. No sin zozobra y con una extraña sensación de final de época se decide a adentrarse en un paisaje de nostalgia, que como el reino de Fantasía de La Historia interminable parecería que ya no tiene nadie que lo piense.

Atravesar el espacio en Castilla también es un viaje en el tiempo.

Si desde una perspectiva funcional las actividades mentales pueden desglosarse en varias capacidades: de observar, de recordar, de analizar y juzgar, la vida moderna con sus variados chismes y artilugios pone en entredicho la más plenamente humana de todas, la de creación, la capacidad de intuir y generar ideas. El campo de la imaginación es tanto o más vasto que las llanuras de la Castilla noventayochista.

En su Una Hora de España cuando habla de Un Viandante el pequeño filósofo de Monóvar nos explica que “cuando nos sentimos superiores a las cosas que nos rodean y la necesidad nos mantiene ligados a esas cosas, poco a poco nuestro espíritu se va concentrando en un ideal íntimo… dejamos el mundo material y creamos para nosotros, otro mundo fantástico. En ese ideal que nosotros solos guardamos se reconcentra toda nuestra vida. Sin ese asidero imaginativo-imaginario y salvador- nuestro espíritu se hundiría en el abismo. Y podremos trafagar por los pueblos y por las ventas, podremos sufrir adversidades, pero allá en lo íntimo de nuestro ser se eleva para nosotros solos un mundo que todos los días, en nuestras meditaciones vamos purificando y hermoseando. Las sugestiones de los libros importan mucho; pero en vano serían las sugestiones de los libros, leídos acá y allá, si no se llevara en el ánimo este desequilibrio del que hablamos. Las lecturas no hacen más que ayudar a la gestación de la obra. Las lecturas son simplemente la piedra aguzadera del ensueño”. 

El gran Valle también lo expresa con las bellas palabras de su español alquímico, primorosamente destilado en alquitara galaica: Los muchos libros son como las muchas amantes: no dejan huella.  Y así sería si, como dice Azorín, no lleváramos ya tal desequilibrio en el ánimo.

Pero ¿el mundo interior es real? Azorín continúa su relato con el encuentro en una venta y el posterior abrazo de mutuo reconocimiento entre el caballero de la triste figura y … ¡Cervantes! Y es que “El ensueño interior del viandante – ¡Oh maravillosa ironía! – se concretaba, fuera, en el mundo, en la persona de un loco”.

Hoy la hostelería es muy buena en España. Ya no existen esas terribles ventas cervantinas ni menos las fondas y fonditas con tenedores manchados de huevo irónicamente glosadas por Azorín. Tampoco se cruzan los parajes en diligencia o caballero sobre mula pasicorta con el temor de algún infeliz encuentro con bandoleros de los de antes, sin impunes poltronas ni nuevas tecnologías cleptocráticas. Hoy se pueden hacer en cómodo automóvil por carreteras de variada condición aunque siempre lejos de las dificultades de antaño.

 

Antes de meterse en tierras castellanas el viajero cruza Aragón y Navarra. Esta vez no se desvía por Santa Cristina de Seros para acceder al precioso claustro de San Juan de la Peña, lugar del grial, por Naturaleza, Historia, Arte y Cultura. Ni tampoco al monasterio navarro de Leire con su hermosa leyenda del abad que trascendió nuestro universo tridimensional embelesado por el canto de un pájaro. Una leyenda no solo navarra sino universal semejante a las de Armenteira, Éfeso o la que cuenta la sura decimoctava del Corán.

El transparente azul turquesa del agua, ahora muy escasa, del embalse de Yelsa recuerda la tonalidad habitual de las playas del Caribe. Un punto de colorida serenidad en medio del agreste paisaje del pre Pirineo. Pasa de largo del reducto jesuítico de Javier. Sangüesa, bella ciudad en el camino de Santiago, también queda atrás con sus emblemáticas casas solariegas de curiosos aleros y el precioso Pórtico de Poniente de su iglesia románica de Santa María la Real, una de las más bellas del camino.

Olite estaba en fiestas y hubo que dar un rodeo bordeando el parador Príncipe de Viana para atravesarla en dirección al río Ebro y La Rioja. Arnedo es una capital muy industrializada, la última que el viajero va a ver durante un tiempo cuando se adentre en la desamparada, noble y dignísima Castilla milenaria hasta el momento de llegar a la provincia de Madrid.

 

Remontando el río Cidacos desde Arnedo el viajero se acerca a Arnedillo, parada y hospedaje para poder visitar la ermita mozárabe de Santa María de Peñalba, más modesta pero de cierto parecido con la famosísima soriana de San Baudelio de Berlanga.

Arnedillo es una pequeña y bonita población riojana cuyos orígenes se remontan al siglo X, cuando se funda la Castilla del conde Fernán González “islote de hombres libres en la Europa feudal”, como decía Sánchez Albornoz.

Gracias a la eficaces gestiones del amable hospedero Don Javier y del alcalde, Don Pedro, el viajero pudo organizar las visitas del día siguiente.

Su amable, culto, discreto y hospitalario cura, Don Joaquín, proporciona al viajero muchos y valiosos datos sobre la población, su entorno, balneario y ermitas. Gracias a su gentileza subirá con él a admirar el interior de la ermita mozárabe de Santa María de Peñalba en una hermosa mañana bajo el transparente cielo azul y el testigo inmutable de la peña blanca. Desde allí la panorámica sobre el valle del Cidacos, declarado Reserva de la Biosfera, es realmente bonita. Pero de este modesto aunque bello y sugestivo templo mozárabe se hablará más en otro texto que prepara el autor sobre templos con palmeras de piedra y su profundo e inspirador simbolismo.

Don Joaquín también le enseña una curiosa nevera medieval con sendos orificios de entrada y salida donde se conservaba la nieve invernal. Junto a ella se encuentra la curiosa pequeña ermita de San Miguel.

Arnedillo está rodeado de ermitas. Una muy curiosa es la de San Tirso. Ocupa una cueva irregular excavada en la roca antes que la de Peñalba datada en el siglo X.

No deja de ser sugestiva la comparación de ese conjunto con el de San Baudilio de Berlanga, también del siglo X donde la cueva está situada dentro del templo y a la que se accede por una pequeña entrada en la esquina sudoccidental.

Y ya volviendo al pueblo de Arnedillo, su iglesia parroquial es notable. Sin embargo, debido a su ubicación cercana al río hubo que rellenar el suelo original con hasta dos metros de piedra para combatir las filtraciones de agua, lo que quita esbeltez a sus pilares.

Cerca de Arnedillo y Enciso y en la comarca soriana de Tierras altas se encuentran yacimientos con huellas de seres antediluvianos. Son las icnitas, huellas fosilizadas de dinosaurios. En algún momento del pasado remoto del planeta lo que hoy son abruptos montes fueron valles y vergeles capaces de soportar la presión sobre los recursos de los grandes herbívoros.

La carretera que conduce directamente a Soria aguas arriba del Cidacos y a través del puerto de Oncala estaba cortada entre Enciso y Yanguas, de modo que hubo que dar un largo rodeo por Cervera del río Alhama. Se frustra así la ruta hacia Soria mediante excursión por las Tierras altas. Donde, además de las huellas de los grandes saurios, permanecen relictos del culto secular al fuego.

 

Es obligado visitar Soria cuando se anda cerca de ella. San Juan de Duero, San Polo y San Saturio, la ribera de los álamos cantores ejercen una atracción irresistible para el viajero: pocos lugares en la España mágica son capaces de igualar estos parajes maravillosos en los que se combinan tan estrechamente Naturaleza y Arte. El arte arquitectónico tan hermoso, evocador, enigmático y singular del claustro de San Juan de Duero con su sugerente sarcófago iniciatorio. El literario resaltado por dos grandes poetas sevillanos, Gustavo Adolfo Bécquer y Antonio Machado.

Donde otrora Bécquer nos contaba las feroces batallas astrales en el Monte de las Ánimas o la fugaz belleza de la misteriosa y esquiva dama convertida en rayo de luna, hoy podemos pasear de modo apacible en un paraje sublime que genera una de las mayores emociones estéticas que cabe encontrar el viajero en toda España. Nada menos y nada más.

Para la inspiración de su obra soriana acaso Bécquer viera los elementales en su celda o en el mismo templo del monasterio de Veruela. O quizás tomó ideas de las misteriosas leyendas de la no muy lejana Trasmoz al pie del oscuro Moncayo escenario de aquelarres. O de la bilocada dama azul en la vecina Ágreda. Un sutil universo de brujas o hadas benefactoras viajeras en el astral.

 

Don Antonio Machado paseaba por la ribera del Duero, primero solitario. Luego de la mano de su amada. Al cabo, otra vez solo y… desolado. Pero el viejo olmo reflorecido, entre los álamos cantores, le consuela y le abre a la esperanza de otra futura alma en flor.

No será la única vez que don Antonio, como el portugués Antero de Quental u otros grandes poetas ibéricos, recurre al hilozoísmo como fuente de inspiración y sublime expresión poética. Así también, por ejemplo, en la Tierra de Alvargonzález el Mal cae en la oscuridad perpetua de la Laguna negra. Como, antes que los hijos parricidas en la de Urbión, cuando era perseguida por Mudarra, la malvada Doña Lambra instigadora del asesinato de los Siete Infantes de Lara en otra laguna negra cercana, la de Neila, ya en Burgos.

 

Mientras recorremos y admiramos el precioso y evocador paraje junto al Duero resuena en nuestros oídos las palabras del eximio poeta republicano:

¡Colinas plateadas,

Grises alcores, cárdenas roquedas

Por donde traza el Duero

Su curva de ballesta

En torno a Soria, oscuros encinares,

Ariscos pedregales, calvas sierras,

Caminos blancos y álamos del río,

Tardes de Soria, mística y guerrera,

Hoy siento por vosotros, en el fondo del corazón tristeza,

Tristeza que es amor! ¡Campos de Soria

Donde parece que las rocas sueña,

Conmigo vais! ¡Colinas plateadas,

Grises alcores, cárdenas roquedas!…

 

He vuelto a ver los álamos dorados,

Álamos del camino en la ribera

Del Duero, entre san Polo y san Saturio,

Tras las murallas viejas

De Soria- barbacana

Hacía Aragón, en castellana tierra-,

Estos chopos del río, que acompañan

Con el sonido de sus hojas secas

El son del agua, cuando el viento sopla,

Tienen en sus cortezas

Grabadas iniciales que son nombres

De enamorados, cifras que son fechas,

¡Álamos del amor que ayer tuvisteis

 De ruiseñores vuestras ramas llenas;

Álamos que seréis mañana liras

Del viento perfumado en primavera;

Álamos del amor cerca del agua

Que corre, pasa y sueña,

Álamos de las márgenes del Duero,

Conmigo vais, mi corazón os lleva!

 

Pero, ¡Cómo ser tan insensible para no llevarlos en el corazón!

El viajero cruza luego el puente sobre el río donde soñaba el poeta que antes cruzaban silenciosamente lejanos pasajeros ¡tan diminutos! Carros, jinetes y arrieros y bajo cuyas arcadas de piedra veía ensombrecerse las aguas plateadas del Duero.

Poco queda ya sino el recuerdo de la muerta ciudad de señores, soldados o cazadores de esa Soria fría con su castillo guerrero arruinado sobre el Duero, con sus murallas roídas y casas denegridas...

Luego de hacer una corta visita a la iglesia de Santo Domingo y a esa joya de la arquitectura civil española que es el Palacio de Gómara sigue aguas abajo del Duero en dirección a Almazán para visitar su famosa iglesia de San Miguel.

 

La iglesia de San Miguel en Almazán no pertenece a la tipología de las de palmera a las que se dedicará otro texto, de modo que conviene hablar aquí brevemente sobre ella. Aunque dedicada al famoso arcángel tiene referencias a Hércules, su posible antecedente pagano.

El templo presenta una extraña disposición con su eje desviado lo que se ha prestado a muchas y variadas especulaciones. Una de ellas (Lampérez) es que la planta representa la figura del Salvador con su cabeza reclinada sobre un hombro. Otra (Almazán de Gracia) es que el ábside fuera o se asimilara a un mihrab orientado hacía La Meca.

Pero lo más interesante es la cúpula nervada califal. Gaya Nuño aprecia influencias sirias, de Córdoba y Toledo a través de su gran mezquita, o las hoy conocidas como el Cristo de la Luz o Tornerías.

El cuadrado del crucero se convierte en el octógono preciso para la cúpula por medio de unas trompas singularísima en el románico español: la trompa propiamente dicha o trompillón es muy pequeña, con un arquito de medio cono, y el juego de fuerzas convergentes desde aquí hasta que llega a formar el paño intermedio, lo constituyen cinco arcos abocinados, los mayores escazanos y el último de medio arco apuntado…”

En la parte exterior, en la ventana meridional del ábside, se encuentra esculpida una pequeña figura muy deteriorada, acaso intencionadamente por su tema, que se asemeja a las tántricas de San Pedro de Cervatos.

El simbolismo templario e islámico del ocho aparece en una solución arquitectónica muy original.

Desde luego se trata de un hermoso templo singular de visita obligada, previo peaje eso sí, para el tesoro del obispado de Osma.

 

El viajero continúa rumbo a la cercana Berlanga de Duero, declarada Conjunto Histórico Artístico. Población soriana reconquistada en el siglo XI por Fernando I está dotada de joyas arquitectónicas monumentales que demuestran su gran importancia durante el siglo XVI.  De urbanismo medieval fue cabeza de una histórica Comunidad castellana de Villa y Tierra, extraordinaria forma de ordenación territorial propia de hombres libres alternativa de los señoríos feudales medievales europeos.

Tras buscar alojamiento en el acogedor hostal que tiene por nombre el de un ilustre fraile renacentista, merodea sin prisa por las calles del pueblo. La aljama, la plaza mayor porticada con pilares de madera sobre basas de piedra, la calle real, la espaciosa plaza del Mercado o la de san Andrés, la puerta Aguilera.

El Palacio renacentista de los Marqueses de Berlanga fue una gran construcción del siglo XVI el de máximo esplendor de la población luego semi destruido durante la barbarie napoleónica que lo incendió. Fue erguido junto al palacio paterno del Condestable de Castilla y la señora de Berlanga. Disponía de dos torres, un patio central y preciosos jardines en varias alturas. En cierto modo estos restos venerables simbolizan la propia dignidad de la Castilla agredida. Ahora se mantiene una de sus torres y la fachada como un decorado testigo de un pasado mejor.

En la misma plaza del Mercado se yergue la estatua de Fray Tomás de Berlanga. Un gran humanista y polígrafo del Renacimiento. Geógrafo, descubrió las islas Galápagos, consejero del emperador Carlos, tercer obispo de Panamá y uno de los pioneros en la idea de la construcción su actual canal. Intentó mediar, sin éxito, en las sangrientas disputas peruanas que enfrentaban a muerte a los Pizarro con Orellana. En la estatua se halla un caimán. No es capricho ornamental: la leyenda afirma que fray Tomás trajo dos de las Américas. Uno de ellos está en Medina de Rioseco. El otro en la Colegiata.

Pero la monumental Colegiata de Santa María de Mercado que entraría dentro de la tipología de templos con palmeras de piedra merece su glosa aparte.

Aquí, simplemente decir que sorprende un templo de tal calidad arquitectónica, belleza y monumentalidad en lo que hoy es una pequeña villa castellana. Pero no tanto si se recuerda la importancia que tuvo Berlanga de Duero especialmente durante su construcción en el siglo XVI.

El templo es enseñado al visitante por don Jesús, un joven amable y culto historiador. El viajero entabla una instructiva, amena y agradable conversación. Se agradece en estos tiempos poder conversar con gente tan sensible y preocupada por nuestro patrimonio artístico, histórico y cultural. Gentes verdaderamente insustituibles pese a la aparente modestia de sus cometidos, que constituyen el entramado de lo que queda de España.

 

El viajero prosigue su ruta en dirección Sur para visitar otra de las grandes joyas y una de las más singulares de la arquitectura española medieval: San Baudelio de Berlanga.

Un lugar que merece no solo ser visitado sino un viaje ex profeso para admirar su rara belleza. Se trata de otro templo mozárabe con palmera de piedra.

Y también de un verdadero artefacto espiritual, un canal de comunicación espiritual, un centro iniciático extraordinario que causa admiración por su extraña disposición a cualquier estudioso o amante de la Tradición universal.

Un lugar en el que se comprende perfectamente la máxima de Platón de que La Belleza es el esplendor de la Verdad.

O un tiempo que se nos manifiesta en su beatitud.

 

El viajero continúa luego su viaje en dirección Sur hacía Atienza, otra bonita villa medieval, ya en Guadalajara. También posee su castillo en el altozano desde donde se divisa una gran panorámica. En un restaurante junto a la hermosa iglesia de San Juan Bautista come unas judías pintas, receta antes tan popular hoy en desuso y un exquisito plato de corzo. No sin cierto remordimiento de conciencia, todo hay que decirlo, porque el corzo es uno de los animales más elegantes y bellos de nuestros bosques. Con el proceso de desertización y progresivo abandono de nuestros campos no es muy difícil verlos, en especial durante el crepúsculo cuando atraviesan la frontera del bosque en busca de comida. Su elegante y misteriosa silueta se perfila sobre los terrenos de colores más claros.

Deja Sigüenza al Este y atravesando tierras y barrancos de la Alcarria sigue en dirección Brihuega y luego hacía Pastrana donde hará noche.

La Alcarria es el nombre de una vasta y famosa comarca de Guadalajara pero también de un accidente geográfico que da lugar a todo un ecosistema presente también en otras provincias de la meseta sur. Para la Real Academia, normalmente no muy precisa en cuestiones de Ecología, es un terreno alto, raso y con poca hierba. Una definición en la que podría encajar por lo menos media Península Ibérica.

Parece proceder de una palabra arábigo española, Al karria que vendría a significar según unos, aldea o lugar de poca población. O bien, según otros, camino, ruta de paso.

Las alcarrias son mesetas altas, troncos de pirámide parecidos a artesas volcadas con laderas erosionadas. A veces reducidos a simples cerros testigo.

Es decir, desde el punto de vista ecológico la alcarria es un ecosistema modificado por el hombre que consta en lo geológico de rasas, planicies o páramos superiores calizos y valles de erosión y barrancos excavados por redes fluviales hoy de escaso caudal en cotas crecientes de terrenos arcillosos pardo bermejos, margas, e incluso lignitos en estratos de baja potencia. Y en lo botánico de especies resistentes a la sequía entre las que abundan las labiadas y aromáticas: Lavanda, espliego, romero, tomillo.

En la Alcarria se han entablado batallas históricas famosas. Así durante la Guerra de Secesión entre las fuerzas borbónicas de Felipe V y las imperiales austriacas. Y otra más reciente y conocida durante la Guerra civil, entre fuerzas defensoras y atacantes de Madrid.

Esta última tuvo lugar junto a Brihuega y como protagonistas principales a las fuerzas expedicionarias italianas mandadas por el general Coppi y las nacionales del general Moscardó frente a las republicanas de los entonces teniente coroneles Segismundo Casado y Vicente Rojo, excelente militar de carrera éste, admirado por Franco, y las columnas libertarias de Cipriano Mera, obrero de la construcción y genio militar improvisado.

Tras la contundente derrota de los italianos los comunistas de modo oportunista y propagandístico intentaron hacerse protagonistas a posteriori de la misma, ninguneando a Mera y Rojo sus verdaderos artífices.

Me vienen a la memoria todas estas cuestiones, comportamientos valientes, incluso heroicos, junto a miserias humanas cuando en Brihuega me asomo al mirador sobre el río Tajuña. Contrasta la apacible serenidad de esta tarde de verano con los feroces combates de marzo del 37.

Don Camilo el del Premio cuenta su entrada en Brihuega, allá por el año 46:

“El viajero baja por unas callejas y se fuma un pitillo, a la puerta de una casa, con un viejo.

Parece hermoso el pueblo.

No es malo. Cuando había que haberlo visto era antes de la aviación.

Las gentes de Brihuega hablan de antes y después de la aviación como los cristianos hablan de antes y después del diluvio.

Ahora no es ni sombra de lo que fue”.

Pero afortunadamente hoy Brihuega ha recuperado la luz, venciendo al menos temporalmente a las sombras. Esas sombras que amenazan la vida de las pequeñas urbes castellanas situadas lejos de las grandes vías de comunicación y cuyo futuro parece menos esplendoroso que su pasado.

En Brihuega nació la querida abuela Ildefonsa, mujer de gran talento que por méritos profesionales llegaría a ser directora general de Instrucción Pública. El viajero se permite dedicar unos momentos a su emocionado recuerdo.

Antes de partir hacia Pastrana merodea por las calles del pueblo. Atraviesa los restos de las murallas árabes por la puerta de la Cadena. Desciende hasta la plaza del Coso y desde allí a través del arco de la Guía se dirige extramuros a la Iglesia de Santa María y al mirador sobre la vega.

 

El viajero continúa su ruta en dirección a Pastrana atravesando alcarrias y previo paso por Budia, el pueblo donde miraban a don Camilo como un bicho raro y luego las pasara canutas para llevarse algo al estómago y encontrar fonda donde dormir.

Pastrana fue una población muy importante en el siglo XVI. Aquí vivió Ana de Mendoza, hija de los condes de Melito, la controvertida princesa de Éboli, esposa del privado real Ruy Gómez da Silva, y casi segura amante del propio rey Felipe. El hecho es que, según Morayta, “el primogénito de sus hijos era el único que tenía la cabellera como el rey, rubia y que se vanagloriaba de ser hijo del monarca y que en la corte, como tal hijo del rey se consideraba, y más porque Felipe II  hacía que se le guardasen las mismas consideraciones que al príncipe de Ascoli, su hijo natural”.

Ana de Mendoza debió ser una dama muy guapa aunque tuerta tras un accidente, caprichosa acostumbrada a salirse con la suya e inconstante en sus voluntades.

En las afueras de Pastrana Teresa Cepeda fundó un importante convento descalzo y también Juan de Yepes otro masculino.

La extraordinaria aventura espiritual, intelectual, literaria y organizativa de ambos reformadores del Carmelo, no pueden dejar de sorprendernos. Pasando frío y penalidades de todas clases, cuando no bajo la persecución del Carmelo calzado, atravesaban la inhóspita Castilla de mediados del XVI entusiasmados con su voluntad fundacional.  Recuperaron el valor de la Mística como yoga de unidad espiritual. Sus biografías están repletas de sucesos metapsíquicos, algunos tan singulares que hoy llamaríamos propios del fenómeno OVNI.

El biógrafo de Juan de Yepes, el Padre Fray Gerónimo de San Joseph, también carmelita descalzo, cuenta así la peripecia de la fundación del convento masculino de los carmelitas descalzos en Pastrana:

Aviendo ya instruido el Santo Padre los novicios de Duruelo, y Mancera, se partió mediado Otubre (1570) a hazer lo mismo en el de Pastrana con título de Vicario de aquella casa. Halló n ella a un escogido rebañuelo de catorze Novicios que en el primer año de su fundacion se avian recebido todos excelentes, y de grandes esperanzas: los quales aunque muy fervorosos, y dispuestos a toda perfección, pero necesitados de doctrina, por no aver tenido Maestro de asiento, ni a proposito. Por lo qual el Santo Padre, como a quien tocava la enseñanza comun de la Reforma, comencó a instruirlos de nuevo en las obligaciones de ella. Luego se echó de ver en el Noviciado, y en toda la casa la eficacia de su Magisterio: porque andavan todos alegres, devotos y alentados, y con una Santa competencia diligentes en el camino del Señor.

No pudo durar mucho la asistencia de nuestro Beato Padre en Pastrana, porque avindose  fundado en Alcala en este año de 1571, un Colegio, que fue el primero y más señalado de la Orden, fue señalado en él por primer Rector, para que le diese el temple devido a la virtud y las letras…”

Santa Teresa explica de propia mano la peripecia de la fundación de su convento femenino en Pastrana. Se produjo en un momento muy inoportuno para ella porque estaba organizando el recientemente creado en Toledo pero obligada por la insistencia de la de Éboli, no se pudo negar. Estuvo en Pastrana unos dos meses antes de regresar a Toledo en ese mismo 1569. Cuando murió don Ruy cuatro años después a la princesa viuda se le antojó meterse a monja descalza en el convento de Pastrana con el nombre de Sor Ana de la Madre de Dios. Sin embargo, al parecer sus caprichos y exigencias fueron tantos que Santa Teresa decidió trasladar a sus monjas a otro convento en Segovia. La vida religiosa de la intrépida doña Ana como monja descalza duraría solo unos meses. Luego de lo cual volvería a tener amoríos con el rey y ante la infidelidad de éste disfrutaría de su viudez con otros amantes, el secretario de Estado Antonio Pérez, el más importante de todos.

En la plaza pastranera de la Hora, junto al palacio ducal existe una placa conmemorativa de la visita de Cela. La plaza se mantiene en lo principal como la describe don Camilo: “La plaza de la Hora es una plaza cuadrada, grande despejada, con mucho aire. Es también una plaza curiosa, una plaza con sólo tres fachadas, una plaza abierta a uno de sus lados por un largo balcón que cae sobre la vega, sobre una de las dos vegas del Arlés”.

El viajero se fija allí en una misteriosa y esbelta dama con andares como de felino cansado que también se asoma a ver el paisaje. Luego inesperadamente se la vuelve a encontrar en el hotel. Resulta ser una ciclista aficionada que ha parado en Pastrana para hacer noche.

El tute por estrechas carreteras secundarias hace que el viajero se sienta algo cansado y decida irse a acostar pronto. Mañana un paseo por Pastrana y luego ruta hacia el destino final, la hermosa ciudad de Cáceres.

Pero antes hay que picar algo. En un primer bar el dueño le indica que aún es pronto para el Pastrana la nuit y la cocina está cerrada. En otro establecimiento negocia que le pongan medias raciones. La de callos estaba muy buena. En los precios se observa ya la influencia madrileña. Para bajar la cena pasea por calles empinadas de nombres sugerentes o de personalidades históricas españolas. Algunos balcones lucen banderas españolas. Seguimos en zona nacional.

Ya de mañana, el viajero no pudo entrar en el palacio ducal pero seguro que ya no se encuentra en el estado calamitoso descrito entonces por Cela. Tampoco en el museo de tapices idea que fue de don Eustoquio García que fuera párroco de la villa. La visita a la plaza de la fuente de los Cuatro Caños es obligada.

El viajero compra unos melones, se despide de Pastrana y vuelve a la agitación de la civilización industrial.

 

 

Menos mal que le queda el destino final de la ciudad monumental de Cáceres.  Allí paseando por el Parque del Príncipe acompañado por su sombra podrá poner en orden sus pensamientos y los recuerdos de su excursión por la España eterna.

¿Eterna?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un apunte sobre federalismo y la España invertebrada

Es bien sabido que para Ortega no era correcto hablar de la decadencia de España porque nunca habría tenido verdadero esplendor en realidad.

Durante mucho tiempo la legitimidad de la unión entre los distintos reinos y regiones españolas se basaba en la existente entre el Trono y el Altar más que en una escasa, cuando no inexistente, voluntad de la nación. Personajes lúcidos de la etapa de la dinastía austríaca como el conde-duque de Olivares trataron en vano de que todos los españoles, independientemente del antiguo reino del que procediesen, se consideraran con los mismos derechos y deberes.  La conspiración de parte de la aristocracia con el de Medinasidonia a la cabeza y la rebelión de los catalanes con su fuga de ida y vuelta a la vecina, pero no dulce, Francia puso fin a tal aventura.

El tratado de Verona de 1822 que propició la restauración absolutista fernandina en el trono y la liquidación del trienio liberal de Riego se firmó para satisfacer los derechos del soberano pero no los de la Nación. Con gran coherencia interna se acordaba la persecución de la libertad de imprenta, instrumento de la voluntad popular en contra de la de los príncipes así como el concurso de Su Santidad el Papá “a fin de avasallar a las naciones”.

Recordando de nuevo a Ortega, el mal de España se llama particularismo. Particularismo también patente en dos elementos vertebradores clásicos: el Trono y la Iglesia, idea que defienden también ahora los modernos integristas periféricos, especialmente los nacionalistas vascos del PNV. Estos roles políticos de la declinante Iglesia han sido adoptados por la secta pesoista, renovando la antigua Alianza con una especie de UTE con la Corona para tratar de taparse mutuamente las vergüenzas. También algunos cortesanos actuales que piensan que la separación de Cataluña sería paliada si los Borbones pudieran presidir una especie de Comonwealth a la española.

A falta de un verdadero patriotismo nacional, el constitucional tiene un hermoso antecedente en el Cádiz de 1812. Probablemente y esto no suele ser tan políticamente correcto recordarlo, también lo eran aquellos afrancesados que pensaban que el rey José, no podía, aunque quisiera, alcanzar la abyección e ignominia de los últimos borbones. Que por ello lo mejor para España era tratar de mantener la paz y el orden público, base de toda prosperidad moral y material, en vez de recuperar una dinastía que había dado tantas repetidas muestras de inmoralidad e ineptitud.

Cuando, tras el magnicidio de Prim y la partida del noble rey Amadeo, se proclama la I República, España parece estallar en pedazos, dando lugar a una abigarrada pepitoria de cantones, y localismos que impiden el gobierno.

Pero no todos los republicanos están afectados por las ideas federalistas del barcelonés Pí y Margall. Los sectores más conscientes de la situación ven venir el desastre en la impotencia. El proyecto de nueva constitución republicana federal es arrumbado tras las intervenciones entre otros de diputados como León y Castillo, cuyo lúcido discurso en las Cortes durante una memorable sesión de debate acerca del proyecto constituyente debiera ser recordado. Al final, el último presidente de la I República, don Emilio Castelar, se vio obligado a gobernar mediante real decretos suspendiendo la actividad parlamentaria. A principios de enero de 1874 contra el consejo de su amigo el general Pavía se somete a una moción de confianza que pierde como era previsible, y el primer experimento republicano resulta definitivamente arrumbado.  La República de modo harto paradójico muere a manos de la doble reacción: la de los nostálgicos de los borbones en sus ramas carlistas e isabelinas y la de la fauna variopinta de federalistas o cantonalistas.

Contra la opinión de Ortega, los defensores del estado integral republicano como Azaña pensaban que los estatutos de autonomía servirían para reforzar a España y la república, pronto se vio que los sectores más extremistas los consideraban como una plataforma para la escisión. Ortega demostró conocer mucho mejor lo que son capaces de dar de sí nuestros separatistas que el polémico político alcalaíno.

En ninguna de las experiencias republicanas anteriores cabe hablar de una constitución federal. La idea “federal” en la tradición española, salvo los pimargalianos y los anarquistas bakuninistas, como mal menor,  probablemente era más frecuente entre los monárquicos partidarios del Antiguo Régimen. En efecto éstos contaban con el régimen de fueros, jurisdicciones locales y privilegios como una barrera para la libre circulación de las ideas, las mercancías y los hombres propias del sistema liberal, si se evitaba la unidad de acción en todo el territorio, sería más fácil mantener los privilegios y en general el status quo pre-existente.

En estos momentos en que el presente Régimen monárquico, apuntalado in extremis por la abigarrada patulea sorosiana, se desacredita y deslegitima a la vista del más topo, uno de los factores fundamentales a tener en cuenta es el del mal llamado federalismo. Un vicio propio pero azuzado por conocidas potencias extranjeras.

Bajo el chantaje, cabe la posibilidad de que ya esté apalabrada una modificación de la lamentable constitución del 78, pero en un sentido contrario al deseable para el bienestar de la nación y de los españoles. Por lo que se ve el conocimiento de la Historia sirve de poco salvo para particulares vendettas sectarias.

 

 

Cofradías borboneras

El impropiamente considerado jayán de popa de la cofradía ha pedido tregua para unos ciertos jaques no tan adelantados en el escalafón o con menos suerte. Forman parte de la cofradía cómplice de igual servicio y mejor gloria de estos católicos Reinos. Pero no un bajamanero cualquiera, que ya decía el Guzmán de Alfarache: “quien se precie de ladrón procure serlo con honra, no bajamanero, hurtando de la tienda una cebolla y trompos a los muchachos”. Ni fragute ni menos santiguador de bolsillos, cachuchero, gomarra, alcatifero, desmotador, murcigallero, mulciglero o murcio.

2086 - Sienna_opt¿Piedad por el descarriado?, ¿solidaridad entre compadres, colegas y cómplices?

Hay que descartar que todo un excelentísimo señor devenga en aguilucho, pero el desocupado lector tendrá su propia opinión y no es cosa de cambiarla a estas alturas.

Sin embargo, sabido el ventor, quedan cosas aún por averiguar: ¿quién fuera el aliviador, azorero, caleta, palanquín?

¿Nuevas generaciones? ¿Regeneracionismo?  Se abre un abismo para el virtuoso joven de talante virginal, espíritu puro y pensamientos elevados. Ante él, como visión de diabólico tentador, se despliega la carrera completa dentro de la cofradía: de jorgolino a trainel, luego a mandil o mandilandín republica cataluña_optsi porta espada. Aquí, el ameno y florido jardín se bifurca: la honesta aspiración a rufezno por un lado. La carrera de ciertas armas de otro. De ahí a espadachín. Luego, previa oportuna iniciación, a jaque. La naturaleza de esa iniciación varía. Se debe probar coraje y desenvoltura para la causa: ¿pelearse con otros matones?, ¿liquidar a un corchete o justicia? Y ya demostrada la valía el jaque puede devenir en jaquetón. O jayán: el que, según Quevedo, es respetado por todos los demás. Tal como cierto descuidero, comendador de bola según otros, que le escolta.

Mas no hay nada que no pueda resolver un virtuoso dinástico, un buen colaboracionista. Y, al cabo, la Justicia se administra en nombre del Rey.

Eco y la rosa

Acaba de fallecer en Milán el escritor, semiólogo y hombre de Letras, Umberto Eco.

umberto ecoAdemás de su importante labor como científico y docente de la información, cabe recordar en esta breve nota de homenaje algunos aspectos de su faceta de escritor.

El primer libro que leí de él, entonces confieso que apenas había oído hablar ni del autor ni de su importante obra científica en relación con la Semiótica, fue de ficción probablemente el más famoso de los suyos. Me refiero como el lector ya habrá adivinado a El nombre de la rosa.

Por aquel entonces me había dado por investigar la influencia de la rosa como símbolo y su influencia en las tradiciones heterodoxas occidentales, similares en algunos aspectos a la del loto en la Tradición religiosa y esotérica oriental. Si en ésta el loto suele aparecer como base o peana de las representaciones de energías, personajes o potencias espirituales, también la rosa pertenece a un simbolismo sagrado del que forma parte la tradición rosacruz.

Umberto Eco el nombre de la rosaPero en una primera interpretación el título puede resultar equívoco. Sin embargo, la lectura del texto, de extraordinaria erudición, nos ofrece algo más que una peripecia de novela negra ambientada en un momento histórico de gran importancia para la Iglesia católica y en consecuencia dada la época, para todo Occidente.

Cabe pensar que en las famosas polémicas entre Bernardo, el dominico inquisidor jefe de la legación pontificia y el protagonista Guillermo, Eco se habría inspirado en otras muy famosas de esa época. Me refiero a las conocidas como polémicas gerundenses que tuvieron lugar en la bella población del NO de España a principios del siglo XIII entre el alquimista y heterodoxo valenciano Arnaldo de Vilanova y el dominico inquisidor Bernardo de Puigcercos. Personaje histórico que coincide en el nombre, profesión y rol con el siniestro ficticio de Eco.

Muy interesante el problema que se planteaba, y aún hoy se sigue planteando, entre otros. Es decir, si la Iglesia como supuesta heredera de las enseñanzas de Jesús debe ser o no pobre, como lo fuera el Maestro Fundador. Es decir, las relaciones entre Espíritu y Poder material. El Fundador explicaba que había que actuar sin temor para el desenvolvimiento presente y futuro como tampoco lo hacen las florecillas del campo. Sin embargo, sus herederos demostrando así poca esperanza en lo espiritual hacían acopio de riquezas y Poder político para imponer sus doctrinas.  Incluso asesinando a los considerados herejes.

Pero en el libro también se desarrolla una importante reflexión epistemológica, para mí lo mejor y más revelador del texto. Es sobre la relación fundamental entre intuición y método deductivo. Entre el lenguaje simbólico y el racionalmente codificado. Al cabo, si Guillermo consigue acceder al Finis Africae, o sancta sanctorum secreto de la Biblioteca, es por una intuición o revelación onírica que es capaz de traducir a los términos del mundo tridimensional en el que nos movemos. El Inconsciente ofrece la pista clave para comprender lo que pasa. El Consciente permite su comprobación, desarrollo y aplicación en nuestro universo material.

Sin el primero, éste se queda atascado. Sin el segundo, la visión puede resultar estéril en cierto plano vital, en el que nos movemos como materia.

La biblioteca y el monasterio donde se guarda se convierten en una alegoría de la Cultura, y en consecuencia, de la propia vida individual y social que conforma. Un grupo clerical, cerrado, se convierte en su celoso y excluyente guardián, y ejerce sobre los demás el poder de fijar lo que puede o no ser conocido.  Se erige en celoso proscriptor incluso de la risa, que para Aristóteles constituye atributo decisivo de la naturaleza humana. La risa relativiza, nos hace dudar, poner cosas en cuestión, como también nuestra relación con ellas. Nos ayuda a comprender, a aprehender lo que somos.

Por eso el tenebroso y rígido monje Jorge de Burgos la oculta, así como la obra de la autoridad de Aristóteles, cuya divulgación puede resultar altamente subversiva y peligrosa para el mantenimiento de un sistema cerrado y excluyente de poder, basado en la imposición y la ignorancia. Para Eco el poder exotérico, encarnado en la complaciente y ambigua figura del abad es diferente del poder diríamos esotérico desnaturalizado en cuanto a sus fines y potencialidades que encarna Jorge de Burgos. Su ceguera física debe ser compartida como ceguera espiritual por lo demás.

Umberto Eco nos hace una serie irónica de guiños intelectuales o culturales.

Es fácil pensar que, además de los Arnaldo de Vilanova o Bernardo de Puigcercós de los que ya hemos hablado, la figura de Jorge del Burgos, el monje ciego se inspira en la del genial escritor argentino Jorge Luis Borges. O que Guillermo de Baskerville es un homenaje a Sir Arthur Conan Doyle el ilustre médico espiritista creador de Sherlock Colmes. Que lo de Baskerville tiene que ver con lo del famoso perro de uno de sus títulos. O que Adso el joven ayudante de Guillermo es una trasunto fonético del famoso Watson que acompañaba al famoso detective de la Baker street.

Pero si el loto nace en el légamo, atraviesa aguas oscuras, y al final se abre a la luz, también la rosa es un símbolo del alma o ser superior que se desarrolla y abre entre las peripecias y pruebas de la vida cotidiana.

Creo que a esta aventura, que es la misión de la verdadera Cultura, es a la que nos invitaba Umberto Eco.  Ojalá él también haya conseguido acceder a su propio Finis Africae

 

Atentados en Paris

Desde las diez de la noche se vienen sucediendo varios atentados criminales en Paris con varios asesinados. Tras una explosión junto al estadio donde se jugaba el partido de fútbol Francia Alemania el Presidente Hollande que lo estaba viendo ha sido evacuado.

Aquí el momento de la explosión tal como se sintió en el terreno de juego.

 

Del spleen a la saudade

Rosalía y Baudelaire, poetas malditos

No sé si algún autor ha dedicado tiempo a comparar peripecias personales y sentimientos expresados en sus obras por dos grandes poetas decimonónicos que mantuvieron una desasosegada, casi desesperada actitud hacia la vida. Muy diferentes en tantos conceptos empezando por su sexo y el ambiente vital. La abierta cosmopolita ciudad luz en un caso, una pequeña población de mentalidad cerrada, clerical y algo aldeana, “cementerio de vivos” como la calificaba nuestra poeta, en el otro. Crítico de arte sagaz, uno, semejante en esta cualidad más bien a la universalista Pardo Bazán que a la autárquica poeta compostelana que se solía limitar a criticarse a sí misma y a los necios galleguistas bien pensantes de su época que la atacaban a veces con extremo sectarismo y ferocidad.  Carlos Baudelaire además de brillante crítico se hermanó con un alma que consideraba gemela, la de Edgar Alan Poe, del que fuera fervoroso traductor al francés. A Rosalía también le gustaba el autor norteamericano: “He leído ayer un cuento de Poe, precioso, aunque sencillo. Otro que he leído de él, de un género opuesto se parece al modo de escribir de Larra.”

 

Rosalía accedió tras la muerte de Aguirre y su boda con Murguía al relativo buen pasar de una vida de pequeña burguesía de provincias de modo que estaba lejos de practicar la “voluptuosidad del ayuno” como su paisano el genial Valle Inclán. Sin embargo, Baudelaire pasó muchas privaciones: “Por lo demás estoy tan acostumbrado a los sufrimientos físicos, sé arreglar tan bien dos camisas bajo un pantalón y un gabán destrozados que atraviesa el viento; sé adaptar con tanta destreza suelas de paja y aun de papel en los zapatos agujereados, que casi no siento más que los dolores morales

Pero si hay notables diferencias entre ambos también existen ciertas similitudes. Una infancia no muy feliz condicionada por graves circunstancias familiares: Ser hija de un sacerdote que no asumió su paternidad en un caso, la muerte del padre culto, amoroso y sensible junto al pronto segundo casamiento de su madre, en el otro. Opuestas, pues,  relaciones con el padre. Desarraigos emocionales y familiares, crisis espirituales. Silencio de Dios. La huida y el refugio.

La obra de ambos artistas es sobre todo poética aunque no falte la prosa de mérito. En el caso de la gallega cuentos largos: El caballero de las botas azules o La hija del mar.

Carlos se estrenó como escritor exponiendo sus anhelos con un sugestivo cuento de luminosas reminiscencias clásicas, El joven hechicero, donde la amargura posterior de su vida no impide una narración esperanzada sobre el poder del amor, en cuya búsqueda inicia un viaje incierto:

“La noche estaba gloriosamente bella, el trirreme, alejándose cada vez más del Pireo, dejaba tras de sí un largo rastro de luz, como un arado que surcara plata fundida. Los dos amigos permanecían en la popa, contemplaban el cielo, las tranquilas aguas y las nobles cimas del Ática y veían todas las cosas huir a su alrededor y detrás de ellos, como si viajaran en una nube y flotaran el seno del aire. Las luces y el ruido del puerto se desvanecieron gradualmente y se alzó la luna. Iluminado por su claridad el Partenón se irguió sobre la colina, pálido, solemne y solitario, como un majestuoso espíritu alerta que velara sobre todo el país”.     

La serenidad del antiguo templo y mansión de la preciosa diosa de la sabiduría se aleja también el horizonte vital de nuestro poeta, cuyo periplo, a diferencia del final feliz de su bella narración, acaba en naufragio.

Sin olvidar otra de sus narraciones famosas, La Fanfarlo, considerada casi autobiográfica en algunos aspectos. El sensible feminista Baudelaire pone en boca de madame Cosmelly un lamento de la condición femenina: “Una y otra son igualmente ignorantes. A esas míseras víctimas que se llaman niñas casaderas les falta una vergonzosa educación, quiero decir, el conocimiento de los vicios de un hombre.  Yo querría que cada una de esas pobres niñas, antes de someterse al lazo conyugal, pudiera oír en un lugar secreto y sin vista, a dos hombres conversando entre ellos de cosas de la vida y, sobre todo, de mujeres. Después de esta primera y temible prueba podrían entregarse con menos peligro a las terribles contingencias del matrimonio, conociendo el lado fuerte y flaco de sus futuros tiranos”. 

Curiosa la comparación entre la visión de la mujer de ambos poetas. Rosalía también nos expone su propia visión desolada: “¡Oh mujer! ¿Por qué siendo tan pura vienen a proyectarse sobre los blancos rayos que despide tu frente las impías sombras de los vicios de la Tierra?…todo lo que viene a formarse de sombrío y macilento en tu mirada…y a borrar las imágenes de la virtud en tu pensamiento, todo te lo transmiten ellos, todo… y sin embargo, te desprecian”.

El amor es considerado como una debilidad: “Los remordimientos son la herencia de las mujeres débiles. Ellos corroen su existencia con el recuerdo de unos placeres que hoy compraron a costa de su felicidad y que mañana pesarán sobre su alma como plomo candente. …¡Y todo esto por una debilidad!”

Pero, ¿Rosalía se refiere aquí a la peripecia amorosa de su madre o acaso a sus propias relaciones con Aguirre?

Y vuelve sobre el tema de la discriminación femenina en El domingo de ramos glosando de modo crítico cierta costumbre popular gallega de portar ramos de palmas las doncellas, cosa tabú entre las que ya no lo son cualquiera que fuese su estado civil. Una curiosa fenología primaveral que vendría a identificar a la mujer más con la Naturaleza que con la Cultura. Este texto daría lugar a un incidente con los galleguistas que le haría renegar de escribir nunca más en gallego: “ni por tres, ni por seis, ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto

En su carta a Eduarda, bajo el seudónimo de Nicanora, pide a su fingida amiga y confidente que se aleje de la fatal tentación de la escritura: “Puedo asegurarte, amiga mía, que si el matrimonio es casi para nosotras una necesidad impuesta por la sociedad y la misma Naturaleza, las musas son un escollo y nada más. Y, por otra parte, ¿merecen ellas que uno las ame? ¿No se han hecho acaso tan ramplonas y plebeyas que acuden al primero que las invoca, siquiera sea la cabeza más vacía?”

Lo que no estorba que en la introducción a su ya citada El caballero de las botas azules invocara la ayuda de una musa quien le revela que su primer origen fue el acaso.

 

Baudelaire es famoso por su spleen mientras Rosalía por la saudade. El spleen es palabra que proviene del griego, el bazo, centro del humor de la melancolía en la vieja medicina.

Baudelaire lo asocia al tedio en su poema homónimo, el primero con número LXXIX  de los tres consecutivos de Las Flores del mal :  “Yo tengo más recuerdos que si hubiera mil años…/el tedio, fruto de la sombría incuriosidad/ Toma las proporciones de la inmortalidad…”

Saudade significa soledad para Piñeiro. De algún modo son formas de melancolía, pero acaso la diferencia, sutil, entre una y otra sea la acción o la pasividad.

Saudade tiene que ver con recuerdos, nostalgia, con un cierto instinto de muerte y de retorno o reintegración con la tierra. Novoa Santos lo asocia a la especial vinculación del gallego con el terruño. El tópico Castelao lo identifica como un sentimiento poco definible, una reminiscencia celta. Hay que aclarar que el celtismo suele valer tanto para un roto que para un descosido y resultar el equivalente galleguista del racismo decimonónico romántico de  los Arana o Prat de la Riba.  En mi forma de ver se relacionaría con un cierto sentimiento de hilozoísmo procedente de la época precristiana, no muy lejana de la actitud ya criticada por San Martín Dumiense durante la etapa sueva.

También ese instinto de muerte existe en Baudelaire: ¡Oh muerte, capitán, es tiempo ya, levemos!

Ambos poetas son víctimas que sufrieron.  No fueron bien comprendidos durante su vida.

Rosalía nos confiesa que tiene un mal que no tiene cura: “O meu mal y o meu sufrir e o meu corazón…”

Carlos, impotente, que “la necedad, el yerro, el pecado, la carroña ocupan nuestras almas, trabajan nuestros cuerpos…¡el Diablo es quien maneja los hilos que nos mueven,/  a las cosas inmundas encontramos encantos…”  o “El buen sentido nos dice que las cosas de la tierra sólo existen apenas y que la verdadera realidad no reside más que en los sueños”

Además de incomprensión, ambos padecieron alguna suerte de acoso o mobbing como se dice ahora. Quizás no supieron defenderse bien de los depredadores psicológicos y sociales, los que hoy se suelen llamar psicópatas organizacionales.

Quizás porque el mundo real del poeta es el destierro del paraíso, de la palabra perdida. De ese mundo, al cabo incomunicable, que se anhela y busca en la paradoja del lenguaje:  “Porque el más grande honor para un poeta se cifra en realizar justamente lo que se ha proyectado hacer”.

Quizás sentían el arte como refugio, como medio de búsqueda espiritual de un mundo metafísico intuido entre las brumas y nieblas naturales de Galicia o entre el humo artificial del opio. O porque “el trabajo inútil genera melancolía” según ya nos avisaba Aristóteles, pero es posible sublimar esa melancolía, ese spleen, esa saudade, en oro metafísico modelado por orfebres alquimistas de la palabra.

Baudelaire hacía suyo propio este pensamiento de Los Paraísos artificiales: “No comprendo por qué el hombre racional y espiritual se sirve de medios artificiales para llegar a la beatitud poética, puesto que el entusiasmo y la voluntad bastan para elevarlo a una existencia supernatural. Los grandes poetas, los filósofos, los profetas, son seres que, por el puro y libre ejercicio de la voluntad, consiguen llegar a un estado en el que son a la vez causa y efecto, sujeto y objeto, hipnotizador y sonámbulo”.

En la experiencia de lo numinoso, de lo sagrado existe un lugar para la música y el silencio místico que recuerda la música callada y la soledad sonora del poeta carmelita. “Y aún más que los acentos del órgano y la música sagrada, conmovióme aquel silencio místico que llena el espacio de indefinidas notas, tan sólo perceptibles al conturbado espíritu”.

Unas campanas que evocan la comunión con el terruño compostelano y la campiña próxima como una bendición sonora: Yo las amo, yo las oígo… o el famoso leit motiv wagneriano de las campanas del Santo Graal, del mundo metafísico glosado por Baudelaire en su certera y meritísima critica musical de Wagner.

El localismo de la gaita gallega popular frente a la revolución estética de la gran ópera del arte universal, de coincidencia de varias artes, el arte por excelencia.

Se ha casi olvidado hoy que los pioneros del renacimiento de la filosofía de la voluntad meditaban en la España medieval. Ligados a la cábala y al neoplatonismo de la escuela de Alejandría. A La Fuente de la Vida como Ibn Gabirol. Pulsan una nota en el diapasón cósmico tan poderosa que hace vibrar a otras almas. Un anhelo del paraíso. Un conmoverse, un ir hacia donde la estrella le llama. Un establecer puentes de oro purísimo con el Paraíso gracias al Verbo, al Principio. Del Amor a la Conciencia, de la conciencia al retorno. “Libre es mi corazón, libre mi alma y libre mi pensamiento que se alza hasta el cielo  y desciende hasta la tierra, soberbio como Luzbel y dulce como una esperanza”.

El gran Cervantes también nos lo revela con toda su sublime maestría: “La Poesía es hecha de una alquimia de tal virtud que quien sabe tratarla la volverá en oro purísimo de inestimable precio.…no ha de ser vendible de ninguna manera, no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en el número de vulgo, y así, el que con los requisitos que he dicho tratare a la Poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo”.

Baudelaire era un hombre muy culto, gran conocedor de los clásicos. Rosalía carecía apenas de estudios o formación académica. A ninguno de los dos los calificaría el maestro Cervantes como vulgo. Al contrario, ambos poetas ven estimado su nombre a título póstumo.

Pero hubo que pagar un gran precio. Ambos asumieron o se resignaron a alguna suerte de malditismo. Una forma de anomia, de desarraigo íntimo, de profundo desconsuelo. Dice el poeta: “Nosotros podemos mirar a la muerte cara a cara; pero si supiéramos, como alguno de nosotros lo sabemos hoy, lo que es la vida humana, ¿quién (suponiendo que se lo advirtieran) podría sin temblar mirar cara a cara la hora del nacimiento?

Y en Negra sombra ese malditismo está asociado a la saudade: “Cando penso que te fuches/ negra sombra que m’ asombras…en todo estás e ti es todo/ para min y en min mesma moras, / nin m’ abandonarás nunca/ sombra que sempre m’ asombras”.

Acaso porque la concepción del hilozoísmo es diferente: en Rosalía no con el sentido iniciático de evolución de las criaturas hacía la concientización del Todo como expresa Antero de Quental en Redención, sino como testigos de los anhelos íntimos, de los sueños, “dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes ni los pájaros…”.  O “en  pensamos si no será verdad que las plantas, como los hombres, pueden ser presas de mortales nostalgias…”

Baudelaire se identifica con el albatros, una criatura tan torpe en tierra cuan ágil en el vuelo hacia las alturas. El anhelo de evolución espiritual se expresa con forma de grito casi desesperado en Las Letanías de Satán o en Castigo del orgullo o en De Profundis clamavi.

Pero sus propias señas de pertenencia a una comunidad política son diferentes. Como también lo son los estados e instituciones en ambas naciones vecinas. Baudelaire se sintió francés pese a su exilio voluntario en Bélgica.

Pobre Galicia non debes chamarte nunca española qu’ España de ti s’ olvida…” Aunque luego corregido en su madurez, errando la puntería y la diana Rosalía descarga un resentimiento irracional y sectario contra “Castilla”, injusto en lo histórico y también en lo personal cuando es así que el Madrid cultural la recibió y acogió con cordialidad. También confunde, aunque cierto que no es la única, el accidentado y ameno paisaje natural de la genuina Castilla real que no es el monótono de las estepas leonesas. Y como las almejas de su tierra se cierra dentro de su concha para regodearse en su saudade.

Rosalía, a tola, elevada al santoral galleguista, hoy es considerada una autora importante de la Literatura española de su época, que supera con creces la notoria mediocridad del parnasillo galleguista oficial. Don Emilio Castelar lo reconoce así en su famoso prólogo a la edición de Follas novas: “Rosalía, por sus libros de versos gallegos, es un astro de primera magnitud en los vastos horizontes del arte español”.

Aunque Rosalía al final renegó con contundencia del sectarismo nacionalista de la época sin embargo su tumba está recogida en el Panteón de gallegos ilustres. Acaso se pretenda guardar su fantasma bajo una pesada losa no salga a denunciar también la impostura de la mediocre cultura oficialista gallega actual. La renovada Galicia caciquil que una vez muerta y enterrada ha enmucetado su obra en un intento de desnaturalizar sus contenidos y neutralizar su potencial subversivo.

La suerte de Baudelaire también resulta paradójica. Cuenta su biógrafa y traductora al español Nydia Lamarque que con ocasión de la primera visita a su tumba en el cementerio parisino de Montparnasse se quedó escandalizada porque uno de los más grandes poetas de Francia tuviera una tumba casi clandestina sin nombre ni cruz y sus restos descansasen en el panteón de su por él tan poco querido padrastro. Protestó indignada ante el guarda que la acompañaba hasta el semi perdido lugar, quien con toda serenidad le contestó: “No importa, todo el mundo lo ama”.

 

 

¿Un misterio que acaso más vale no averiguar?

El derribo del avión comercial de la Malasian Airlains con destino a Kuala Lumpur en espacio aéreo europeo es un misterio que si bien pone de manifiesto la creciente desoladora barbarie en la que nos movemos, quizás por eso mismo y dada la envergadura de los intereses en juego, puede ser difícil de dilucidar, al menos a nivel público con total transparencia. Víctima inocente de un nuevo conflicto bélico entre Occidente y Rusia con Ucrania interpuesta, y hasta ahora de relativamente baja intensidad, ambas partes se achacan la responsabilidad del derribo del avión civil.

Sarajevo asesinato archiduqueNo es la primera vez que se fabrica un causus belli con víctimas inocentes para provocar un conflicto o inducir a que una potencia entre en guerra.  Los españoles recordamos el auto atentado norteamericano del Maine que provocó la guerra de Cuba.

Precisamente ahora se conmemora el centenario del asesinato en Sarajevo del archiduque de Austria y su esposa que dio lugar al fin de la civilización tal como se entendía durante el siglo XIX y al inicio de la Primera Guerra Mundial. Una situación basada en el fin de los equilibrios entre potencias, Triple Alianza, Triple Entente, el patrón oro internacional, el mercado autorregulador y la naturaleza del Estado liberal clásico.  Y que tenía como trasfondo económico la crisis endémica de los Balcanes y el reparto colonial de África.

Luego, en mayo de 1915, se torpedeó el trasatlántico Lusitania con más de mil muertos entre pasajeros y tripulación, uno de los pretextos empleados para la entrada en guerra de EEUU.

El diciembre de 1941 era atacado Peral Harbor, pero no del modo inopinado que fuera vendido a la opinión pública. Estudios como El secreto final de Pearl Harbor, la contribución de Washington al ataque japonés del contralmirante  Robert A. Theobald, demuestran que altos dirigentes norteamericanos, incluido el propio presidente Roosevelt, conocían la inminencia del ataque japonés pero no hicieron nada por evitarlo.

Pero volviendo al luctuoso atentado que nos ocupa, parece que va a ser difícil conocer la auténtica verdad de lo ocurrido aunque existen datos contradictorios que podrían explicarlo.  Lo primero es que derribar un avión a más de diez mil metros de altitud no está al alcance de cualquiera, lo que descartaría una chapuza de aficionados. Lo segundo es que el tipo de misil supuestamente utilizado puede proceder tanto de los arsenales ucranianos como rusos. Otra cuestión es que al parecer los controladores de vuelo hicieron bajar unos seiscientos metros la trayectoria real sobre la teórica y la desviaron unos trescientos kilómetros hacia el Norte.

aviones putin y malasianLas maniobras de información / desinformación incluirían una extraña cuenta de twitter de un supuesto español trabajador en Ucrania que ha sido desactivada inmediatamente después del siniestro.

Otra cuestión no menor es si el derribo habría sido premeditado y ejecutado por las autoridades militares de uno de los dos bandos o fue resultado de un error de cálculo tanto por parte del Ejército profesional ucraniano o ruso que bien podría haber seguido o no una propia iniciativa no consultada con las autoridades civiles o por el contrario, resultado de una acción de las guerrillas rebeldes pro rusas en Ucrania

Aquí se comentan más hipótesis.  La más inquietante es que el misil pudiera haber ido dirigido contra el avión del presidente Putin que en ese momento estaba próximo al lugar del atentado.

Habría dado lugar, si tal hipótesis fuese cierta, a un atentado de falsa bandera casi perfecto porque achacaría la responsabilidad del derribo a las propias fuerzas pro rusas de Ucrania.

Otra hipótesis es que se confundiera al civil con un avión militar, pero en todo caso el uso de un misil de estas características requiere formación y equipo militar profesional, no al alcance de cualquiera.

Sea como fuere, un suceso tremendo, canallesco y cobarde en el que hay que lamentar casi tres centenares de víctimas mortales inocentes e indefensas, incluidas mujeres y niños.

Descansen en paz.

Nota añadidas en fechas posteriores de 2014

Con fecha 16 de noviembre de 2014 se ha publicado este extenso informe sobre las posibles formas en que pudo producirse el atentado.

Y el 7 de diciembre algunos medios rusos vuelven a la hipótesis que el objetivo verdadero era el avión presidencial de Putin

A cincuenta años del magnicidio de JFK

Se cumple el cincuentenario del asesinato del presidente Kennedy el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas.  Un magnicidio de grandes consecuencias no solo para EEUU sino para todo el mundo occidental.  En 1988, veinticinco años después del asesinato, el fiscal Jim Garrison confesaba sus sentimientos en libro de memorias sobre el caso titulado On the trail of the assassins: “después de mi investigación acerca del asesinato de Kennedy y mis experiencias posteriores, mi vida y conciencia han cambiado para siempre. Este libro trata en realidad sobre este proceso de cambio, de creciente desilusión, cólera y conocimiento. Mi experiencia como relevante protagonista en estos hechos históricos impide que se conviertan en tópicos pues todo el país se sumó, en diferentes grados, a mi cambio de conciencia. Un cuarto de siglo después se puede ver que el asesinato y la ocultación perpetrada por el gobierno y los medios de comunicación fueron cuestiones que marcaron una línea divisoria en este país. Significaron la pérdida de inocencia para los norteamericanos de la posguerra; el inicio de la presente etapa de desconfianza en nuestro gobierno y en nuestras instituciones más fundamentales”.

Y Garrison proseguía: “deseo que este libro ayude a la joven generación a entender mejor las consecuencias políticas, sociales e históricas del asesinato y la subsiguiente ocultación. Aún hoy pagamos sus consecuencias; se ha mantenido una vergonzosa Guerra Fría, un gobierno lleno de engaños y secretos, una prensa dócil, unos omnipresentes cinismo y corrupción. Para cerrar esta etapa en la que las mentiras de nuestro gobierno electo y las operaciones encubiertas de nuestro gobierno secreto amenazaron la verdadera supervivencia de nuestra sociedad, debemos empezar a contemplar la Guerra Fría y nuestra seguridad nacional bajo una nueva luz”.

En la España posterior al infausto 11 M también nos hemos caído el caballo como el fiscal Garrison para comprender lo que ocurre en realidad con nuestro régimen.  El reciente atentado estratégico sin aclarar del 11 M que habría sido tergiversado por los poderes para confundir a la opinión pública y mantenerlo impune se une a otros grandes atentados que constituyeron una suerte de golpes de Estado en la práctica. Así, el no resuelto asesinato del presidente del gobierno, general Prim, tras prometer en el Parlamento que “Borbones, jamás, jamás, jamás” y se disponía a sostener el reinado de don Amadeo de Saboya hasta su consolidación, luego frustrada tras el magnicidio. O el del también presidente, el liberal reformista Canalejas, en atentado perpetrado por un oportuno anarquista que supuestamente actuaba también de modo individual. O el del almirante Carrero preparado durante meses y ejecutado a pocos metros de la Embajada americana en Madrid tras recibir el entonces presidente del gobierno español al secretario de estado, Henry Kissinger.

Pero volviendo al tema del asesinato del presidente Kennedy, resulta demoledor comprobar la impotencia de la sociedad civil y de los miembros más honrados del aparato del Estado para desenmascarar las actuaciones criminales y los últimos resortes del poder oculto para lograr su impunidad.

Carl Oglesby, otro investigador del magnicidio desde la Oficina de Información de Asesinatos resume los resultados de las investigaciones del fiscal Garrison:

1 elementos rabiosamente anticomunistas de la división de operaciones de la CIA, moviéndose a menudo a través de canales extra gubernamentales, estuvieron profundamente  implicados en la cúpula del planeamiento del asesinato y del proceso de su ejecución. Al parecer fueron quienes tomaron la decisión de matar al presidente.

2 la conspiración tuvo un motivo político. Su objetivo era detener el movimiento de JFK hacia la distensión en la Guerra Fría, y en ello tuvo éxito. Por tanto debe contemplarse como un golpe de Estado palaciego.

3 Oswald fue un hombre inocente reclutado para cargar con la culpa. Como él puntualizó: “Yo soy un señuelo”.

Sin embargo, la teoría del fiscal no fue la versión oficial de la Comisión Warren, en resumen:

1 Oswald disparó y mató solo a JFK.

2 Un cómplice desconocido disparó desde otro punto pero erró.

3 Oswald formaba parte de una conspiración más amplia.

4 La conspiración tuvo su origen el crimen organizado y fue provocada por el programa anticrimen propuesto por el presidente Kennedy.

No obstante, cabe pensar teniendo en cuenta ciertos antecedentes históricos que aunque hubiera intervenido la mafia de modo decisivo en el asesinato, eso no significa en sí mismo que la organización criminal haya actuado de modo autónomo y sin apoyos oficiales. Así las relaciones con la Marina para preparar la invasión americana de la península italiana desde Sicilia durante la Segunda Guerra mundial.  O la colaboración de la organización criminal contra los sindicatos comunistas a cambio de favores para Lucky Luciano.

Existen también otras versiones más o menos novelescas sobre las causas del asesinato que las vinculan a los deseos manifestados por el presidente de difundir información secreta, inquietante y comprometida sobre el fenómeno OVNI.

Los reticentes a reconocer las posibilidades de realidad de las teorías de las conspiraciones quizás harían bien en no olvidar precedentes históricos como el caso del hundimiento del Maine en el puerto de la Habana, calumniosamente achacado a la Marina española. Un atentado de falsa bandera que provocaría la declaración de guerra de EEUU contra España y el nuestro posterior desastre del 98.

O el ataque japonés a Pearl Harbor conocido con anterioridad por el Presidente Roosevelt y los servicios secretos americanos si hacemos caso a las significativas investigaciones del contralmirante norteamericano Robert Theobald, leal compañero de armas de los altos mandos militares, el almirante Kimmel y el geneal Short a los que luego se juzgaría por incompetencia a fin de disimular la verdadera naturaleza de los hechos. Según estas investigaciones el ataque japonés era conocido con anterioridad por las máximas autoridades norteamericanas pero no fue evitado para ocasionar un pretexto para la entrada en guerra de EEUU. Sin embargo, los navíos de guerra sacrificados eran los más obsoletos puesto que se acababa de dar orden a los portaviones que abandonasen el puerto que iba a ser atacado.

Pero cincuenta años después del inquietante asesinato de Kennedy no cabe hacerse demasiadas ilusiones sobre el estado de EEUU y en general de los sistemas occidentales.

En su búsqueda de la verdad y de la identidad de los patrocinadores secretos del magnicidio, el fiscal Garrison fue ninguneado, boicoteado e incluso acusado falsamente de corrupción a fin de someterle o desacreditarle.

Garrison pensaba y así lo declaraba que lo que pasó en Dallas fue un golpe de Estado. Pero no sabía cuando había empezado la organización y preparación del golpe.

Oswald fue manipulado y suplantado para dejar rastros incriminatorios en actuaciones anteriores al atentado. No disparó a nadie el infausto día si atendemos a los resultados negativos de la prueba del nitrato en los dedos. Para el éxito del golpe se necesitaba la colaboración de miembros de lo que llamaba la guardia pretoriana, es decir los servicios secretos en sus distintas modalidades u organizaciones. La protección al presidente había sido oportunamente retirada en el momento de los hechos:

Se ignoró un télex de aviso en el que se decía que se preparaba un atentado contra Kennedy. La cápsula protectora de la limusina presidencial fue retirada por el Servicio secreto. Las ventanas y azoteas no habían sido controladas”.

Pero con Kennedy recién muerto comenzaría la operación de encubrimiento. El secuestro del cuerpo. La falta de una autopsia civil independiente.

 “Los elementos del nuevo gobierno vieron las ventajas de apoyar la puesta en escena de que un solitario descontento había asesinado al presidente en un casual e irreflexivo acto de violencia, que no había ocurrido un golpe de Estado y que nuestra democracia estaba intacta y a salvo. Entendieron rápidamente el mensaje de quines habían organizado el asesinato: que había un fuerte consenso para reavivar la Guerra Fría hasta el nivel que tenía antes de Kennedy.

Tan pronto como los elementos no participantes de la Comunidad de Inteligencia comprendieron que había ocurrido un golpe de estado, se movieron rápidamente para apoyar la versión oficial….

Durante muchos años, los funcionarios federales hicieron todo lo que estaba en sus manos para sostener este tambaleante edificio (la versión oficial) mientras los críticos lo atacaban, de modo que casi nadie cree ya en la hipótesis del asesino solitario”.

El caso Kennedy aún constituye un test sobre la realidad de las instituciones americanas e incluso de la civilización occidental. Un test clarificador pero no superado.

Bibliografía básica

JFK, Jim Garrison tras la pista de los asesinos. Ediciones B.

El secreto final de Pearl Harbor,  la contribución de Washington al ataque japonés, por Robert Theobald.

Los asesinos del general Prim, por Antonio Pedrol Rius

En youtube, Declaración en TV del fiscal Jim Garrison

Publicado en Periodista digital

Wagner según Baudelaire

El 22 de mayo se cumple el bicentenario del nacimiento en Leipzig del genial compositor alemán Richard Wagner.  Un gran renovador del arte, del drama musical entendido como Arte total que debe superar las concepciones de la ópera tradicional limitada a musicar libretos con menor o mayor fortuna. Un intento magnífico de recuperar los grandes valores y criterios estéticos clásicos en la línea de los Dramas y Misterios de la Antigüedad que ya había iniciado el pionero renovador Glück (Orfeo y Euridice, Alceste) mediante la introducción de profundos cambios en la técnica operística.

Franz Listz los explicaba en Lohengrin y Tannhäuser: “El espectador, preparado y resignado a no encontrar ninguno de esos fragmentos separados que, ensartados unos tras otros en el hilo de alguna intriga componen la sustancia habitual de nuestras óperas, podrá encontrar un singular interés en seguir durante tres actos la combinación profundamente reflexionada, sorprendentemente hábil y poéticamente inteligente con que Wagner, mediante varias frases principales, ata un nudo melódico que constituye todo su drama….consigue extender el imperio y las pretensiones de la música. No satisfecho con el poder que ejerce sobre los corazones despertando en ellos toda la gama de sentimientos humanos, le hace posible incitar nuestras ideas, dirigirse a nuestro pensamiento, hacer un llamado a nuestra reflexión y la dota de sentido moral e intelectual …dibuja melódicamente el carácter de sus personajes y de sus pasiones principales y esas melodías se manifiestan en el canto o en el acompañamiento…”  

Pero Wagner fue y sigue siendo pese a todo un artista polémico. Considerado antisemita, ¡incluso filonazi! Cuando es así que murió en Venecia en un bello palacio del Gran Canal seis años antes del nacimiento de Hitler.

Uno de sus contemporáneos que más le admiraba y le defendió casi en solitario ante el público francés fue el gran poeta Charles Baudalaire, con lo que demostró su talento profético, agudeza y perspicacia como crítico de arte en sendos textos contracorriente publicados en marzo y abril de 1861 en los que glosaba Lohengrin, El Holandés errante y el Tannhäuser.

El estreno parisino del Tannhäuser había dado lugar a escándalos provocados por la reacción bienpensante o bien embestidora cuando se digna usar de la cabeza. La obra fue boicoteada y apenas nadie, además de Baudelaire, salió en su defensa:

“Tannhäuser representa la lucha de los dos principios que han elegido el corazón humano como principal campo de batalla, es decir, de la carne y del espíritu, del infierno y del cielo, de Satán y Dios. Y esa dualidad queda representada en la obertura con incomparable habilidad…resume el pensamiento del drama por medio de dos cantos, el canto religioso y el canto voluptuoso….

El canto de los peregrinos aparece primero, con la autoridad de la ley suprema, como marcando inmediatamente el verdadero sentido de la vida, el objetivo de la universal peregrinación, es decir, Dios. Pero como el sentido íntimo de Dios queda bien pronto sofocado en toda conciencia por las concupiscencias de la carne, el canto representativo de la santidad se ve poco a poco cubierto por los suspiros de la voluptuosidad….

Así en la representación plástica de la idea se ha apartado felizmente de la fastidiosa turba de víctimas, de las innumerables Elviras (la heroína abandonada del Don Juan mozartiano). La idea pura, encarnada en la única Venus, habla mucho más alto y con mucha mayor elocuencia. Aquí no vemos a un libertino común mariposeando de bella en bella, sino al hombre general, universal, que vive morganáticamente con el ideal absoluto de la voluptuosidad, con la reina de todas las diablesas, de todas las faunesas y de todas las satiresas, relegadas bajo tierra desde la muerte del gran Pan, es decir con la indestructible e irresistible Venus…

Por fin el tema religioso recobra poco a poco su imperio, por gradaciones lentamente, y absorbe al otro en una victoria apacible, gloriosa como la del ser irresistible sobre el ser enfermizo y desordenado, la victoria de San Miguel sobre Lucifer.”    

“La música del porvenir ha sido enterrada” proclamaba el coro de miopes paniaguados y majaderos reaccionarios que le criticaba durante y tras el boicot mediático que se hizo al estreno del Tannhäuser en Paris. Pero Baudelaire le aplaude y reconforta. Wagner se lo agradece ese mismo mes de abril por carta al no poder hacerlo personalmente tras su frustrada visita al poeta.

Por entonces Baudalaire ya había viajado por el spleen y los paraísos artificiales (1860) remedo del mundo del grial o graal lohengrinesco. Como esteta y experimentador sabía bien de qué iba el asunto. Y con gran perspicacia y más mérito si cabe pues Wagner aún no había creado el Parsifal, la ópera dedicada al padre de Lohengrin y desarrollo estético y filosófico último de la saga del Graal.

Baudalaire nos lo explica en El poema del Haschischla afición del hombre al infinito, una beatitud, un estado excepcional del espíritu y de los sentidos que puedo, sin exageración llamar paradisíaco. …una verdadera gracia, como u espejo mágico en el cual se invita al hombre a ser embellecido, es decir, tal como debería y podría ser; una especie de excitación angélica…como una manifestación de la voluntad divina atenta a despertar en el espíritu del hombre el recuerdo de las realidades invisibles…es tan imprevisto como un fantasma. Es una especie de obsesión, pero de obsesión intermitente de la que debemos extraer, si somos discretos, la certidumbre de una existencia mejor y la esperanza de alcanzarla por el diario ejercicio de la voluntad. Esta acidad del pensamiento, este entusiasmo de los sentidos y del espíritu han tenido que aparecer al hombre, en todos los tiempos, como el primero de los bienes; por eso, considerando solo la voluptuosidad inmediata, y sin inquietarse por violar las leyes de la constitución, el hombre ha tratado de encontrar en la ciencia física, en la farmacéutica, en los más groseros licores, en los perfumes más sutiles, bajo todos los climas y en todos los tiempos, los medios de huir aunque fuera por algunas horas de su habítáculo de fango…de alcanzar el Paraíso de un solo golpe. Ay, los vicios del hombre, por llenos de horror que se les suponga, suministran la prueba de su afición al infinito, sólo que es una afición que a menudo equivoca el camino”.

Toda una advertencia pragmática y moral la del trágico poeta francés en Los Paraísos perdidos a los imprudentes consumidores de haschisch o de opiáceos. Acaso también todo un aviso profético de los límites del camino para otros investigadores relacionados con la Antropología, la Etnobotánica y la Mística: los actuales psiconautas en la estela de Gordon Wasson desde su famosa velada iniciática con la chamana mejicana María Sabina la de los hongos mágicos de Oaxaca, o el apócrifo sino fingido chamán Don Juan de las obras de Castaneda, los rastreadores de entéogenos tales como el cornezuelo del centeno, un hongo enteógeno, semejante en su composición bioquímica al LSD, en el kykeon y la base del psicodrama de los misterios de Eleusis como el citado Wasson, Ruk, o el sabio científico Albert Hoffman. Sin olvidar a grandes historiadores de las religiones como Mircea Eliade o literatos como Huxley, el del soma de Un mundo feliz que tan mal tratara por cierto al genial Baudelaire. O, entre nuestros investigadores, al psicólogo J. M. Fericgla.

Pero, ¿viene a ser Lohengrin una especie de “niños santos” como llamaba a sus hongos enteogénicos la chamana Maria Sabina, un mediador o enviado de un paraíso artificial, del templo del Graal? De efectos similares en la Tradición mistérica eleusina al cornezuelo del centeno. En todo caso es un caballero defensor de su dama, como Demeter de su hija raptada Proserpina. Una relación abierta entre el mundo espiritual y el mundo terrestre se trate de sustancias enteogénicas o de meros símbolos, mitos y alegorías capaces de conmovernos e informar nuestra conducta.

Baudelaire glosa con gran perspicacia y conocimiento la obertura de Lohengrin. Aspecto místico de la cuestión que tanto enfadaría a Nietzsche en especial por relacionarlo con el cristianismo, hasta llevarlo a la ruptura con Wagner.

Pero la concepción estética wagneriana del Tristán o de Lohengrin pero sobre todo del Parsifal estrenada en Bayreuth durante el verano de 1882 parece claramente inspirada en las ideas filosóficas de Schopenhauer. No es extraño pues para el filósofo la Música es el arte más íntimamente relacionada con el mundo de la Cosa en Sí, el de la Voluntad, el mundo del Graal de Parsifal y de su hijo, el enviado Lohengrin. Esta ópera wagneriana es una de las variantes, acaso la más hermosa en el plano estético, de la saga filosófica ya iniciada por Apuleyo en el siglo II conocida como el mito de Psiquis, que tanto influyó en nuestro Cervantes quien algo sabía de heroicos y malogrados servidores del Espíritu e inspiraría su relato El Curioso impertinente. La curiosidad, asociada a una prohibición, como fuente de problemas y frustraciones para el hombre.

Desde la lejana tradición pitagórica sabemos que existe una íntima relación entre Música, esoterismo y sabiduría sagrada. Como la paradójica entre el Spleen y el entusiasmo. Los entusiasmos musicales son muy importantes, gratificantes y bienhechores. El doctor Alfonso explicaba que “cuando la gama de sonidos es combinada según excelsas leyes musicales por la intuición del genio, formando acordes, arpegios, melodías, contrapuntos…el sentido del oído adquiere un elevado rango, no superado por los demás, se convierte en la entrada del aparato pineo-hipofisario, de funciones trascendentales…estas dos glandulillas, pineal e hipófisis, son una especie de antenas receptoras y emisoras de vibración mental…son los órganos donde se manifiestan las más elevadas operaciones intelectuales del ser humano….”

En esto se basa el canto litúrgico, el mito del Orfeo civilizador, tan ligado desde Monteverdi a la Historia de la ópera o el empleo de sonidos vocales en rituales sagrados, símbolos en acción dinámica de tan potente energía psicológica.

Sin olvidar ciertas notables consecuencias de carácter político como hemos podido comprobar con la emocionante, y tan envidiable desde la hoy desolada España incapaz de manifestar cualquier suerte de elevado patriotismo, reafirmación de amor a Italia y a su Cultura protagonizada por Muti durante una reciente representación del Nabucco en Roma.

Hoy como entonces, en el corazón de la gente más noble y sensible se manifiesta un nuevo spleen acaso no muy bien identificado, una modalidad de lo numinoso, una nostalgia del templo del Graal, del mundo del espíritu, de esa cosa en sí que trasciende las formas, el mundo fenomenal cotidiano en el que nos movemos.

Entre las amenazas que otra vez se ciernen sobre nuestra civilización, el arte se muestra como una forma de liberación humana, de testimonio de nuestra condición sagrada. Y la música, tan próxima al noúmeno, a la Cosa en Sí, nos permite trascender el spleen para recuperar el entusiasmo, la voluntad de conocer, la autoconciencia de nuestra querencia hacía el paraíso. Tal era la idea sublime de Wagner, tan revolucionaria por paradójicamente fiel servidora de la Tradición.

El permitir que su música sublime nos ayude a encontrar nuestro propio Gríal, “donde el Tiempo y el Espacio se confunden”, como enseñaba uno de sus caballeros servidores al inocente pero voluntarioso Parsifal, es acaso el mejor homenaje que podemos hacer a su memoria hoy, que sumidos en el spleen de este devastador principio de siglo conmemoramos el bicentenario del gran artista.

Publicado en ABC Cultural, sábado 18 de mayo de 2013

Costa y su Unión Nacional

La Historia de España parece sufrir el síndrome del eterno retorno de modo fatal o permanente. Aún con nuevas tecnologías o situaciones específicas, los mismos problemas vuelven una y otra vez en el tiempo. En efecto, de nuevo se plantea hoy la crisis de la Monarquía, un régimen de mohatra cuya incompetencia y corrupción endémicas provocan graves crisis periódicas.

Joaquín Costa fue un hombre controvertido quizás por incomprendido, perseguido por el Régimen borbónico y de gran mérito autodidacta dada su humilde extracción social hasta superar las carreras de Derecho y Filosofía y Letras. Títulos que sin embargo durante mucho tiempo no pudo emplear por al no poder obtener el diploma por carecer de dinero para pagar las tasas.

De Joaquín Costa se recuerdan aún cuestiones como el regeneracionismo, su crítica a la oligarquía y el caciquismo, sus estudios agrarios o de de política hidráulica, su visión del derecho consuetudinario o el famoso pleito de La Solana donde comprobaría de modo personal y directo como se las gastaba la iglesia católica española de la época. Pero quizás no tanto otras como sus intentos de combatir la lamentable política de su tiempo no ya con su obra intelectual sino mediante una actividad política directa.  Sus trabajos en la Institución Libre de Enseñanza, fundada por Giner y otros ilustres catedráticos represaliados por la Monarquía, porque estaba convencido de que la educación era fundamental para que el pueblo pudiera librarse de sus seculares ataduras y de su postrada condición económica. Y su participación en la aventura política de Unión Nacional, un partido nuevo para tratar de satisfacer sus inquietudes.

En el verano de 1898 tras el último gran desastre provocado por la estulticia de la Monarquía, Costa se había convencido que la meritoria labor institucionalista o de lograr una obra de educación de la opinión para una regeneración no era suficiente.

Con los partidos dinásticos no se podía contar ni tampoco le satisfacía la deriva que personalidades como Nicolás Salmerón estaban dado al Partido Republicano. Así, en octubre de 1898, en una entrevista concedida al periódico El Liberal, explicaba que “pensar en redenciones milagrosas, en un hombre salvador, en algo que nos haga salir de pronto de la calle de la amargura para trocarnos en un país fuerte, rico, sabio, respetado, es pensar en un imposible”.

La situación de degradación era tan grande que poco cabía esperar a corto plazo. Pero si creía necesario establecer tres condiciones mínimas para empezar a cambiar de verdad las cosas:

“Hacer libre de verdad al pueblo español, que no lo es a pesar de sus leyes con apariencias democráticas.

Elevar la cultura del pueblo español, es decir, modificar la manera como se distribuye el presupuesto a favor de la educación.

Restablecer o crear una disciplina social que a todos obligue y que a todos alcance”.

Problemas que, con matices, como se ve siguen estando presentes en la España del tercer milenio.

Pero, pese a su notoria repugnancia por el parlamentarismo tal como existía entonces en España, Costa hacía su autocrítica por no haber sido capaz junto a otras personas conscientes y competentes de poner en común esfuerzos o programas. Incluso se lamenta de que “por no haber constituido un partido nacional y hecho frente a los charlatanes y tahúres de la política, a todo ese enjambre de vividores, ha sobrevenido la catástrofe”.

Y unos días después remacha en el mismo periódico citado: “Solo un medio eficaz existe: seguir del enemigo el consejo: organizarse como él está organizado, y seguir sus mismos procedimientos en cuanto sea compatible con la moral y el derecho.”

Es preciso, pues, “organizarse en partido nacional, en partido regenerador, con sus periódicos, sus comités y sus asambleas, con un programa desarrollado y gacetable.”

Pero para esta labor de organización se buscan sinergias con otras organizaciones ya existentes de inquietudes o problemática más o menos semejante.  Así, los educadores y catedráticos o las entonces inquietas Cámaras de comercio.

Durante una asamblea nacional de Cámaras reunida en Zaragoza celebrada en noviembre se acordó que  corporativamente estas iniciaran un movimiento regenerador inspirado en el pensamiento de Costa. Se nombró presidente de la Comisión permanente nacional de Cámaras a Basilio Paraíso que lo era de la de Zaragoza y también se aprueba mandar un mensaje a la Regente.

Sin embargo, Costa piensa que esto no es suficiente y así lo expone más tarde: “renunciemos al recurso de las Ligas nacionales por inadecuado o insuficiente y concluyamos diciendo que las clases representadas en la Asamblea de Zaragoza, en vez de elevar al Trono un mensaje sin ninguna trascendencia práctica, debieron crear una organización apta para las luchas activas de la política y la gobernación del Estado, reelaborar su programa y hacerlo gacetable, agitarlo en la prensa y en el meeting, ganar para él la adhesión de una parte considerable de el país, llevarlo con una minoría enérgica al Parlamento y en una primera oportunidad reclamar el Poder.”

En la Asamblea nacional de Productores celebrada unos meses después también en Zaragoza vuelve a discutirse la naturaleza de la organización  acciones a desarrollar, no sin luchas personales por conseguir el dominio o dirección del movimiento, ni recursos o pretextos de tipo jurídico.

Costa es derrotado y se acuerda formar una Liga de Productores, pero no un Partido.

Tras el desastre del 98 hay que pagar los platos rotos por los políticos dinásticos y Villaverde aprueba una reforma tributaria que han de sufrir los de siempre y que desata las protestas de sus víctimas. En especial pequeños y medios comerciantes e industriales.

En este caldo de cultivo se convoca instigada por Gamazo en Valladolid una sorpresiva y acaso oportunista segunda Asamblea de Cámaras. Se manifiestan dos tendencias, la acción directa sobre el Poder o la indirecta mediante diversas acciones no políticas. Ganó esta última opción y se formó una cierta Unión Nacional bajo la presidencia de Paraíso y con Santiago Alba de Secretario que invitó a Costa a participar con su Liga.

Costa propone una Asamblea mixta de ambas organizaciones que se rechaza ante el temor de que el prestigio de don Joaquín pudiera neutralizar la maniobra. No obstante se produce la fusión y se acuerdan las primeras acciones a desarrollar. Así, actos de protesta y manifestaciones pacíficas. Pero la manifestación de Madrid es prohibida por el gobernador y las de las provincias desconvocadas.

En la casa de Costa se reúnen los directivos de Unión Nacional para decidir qué hacer.

Acciones pasivas, para o no pagar impuestos. O más activas, intentar algo más contundente. Paraíso es partidario de lo segundo, pero Costa cree que aún es prematuro porque no se habían agotado todos los medios pacíficos y constitucionales posibles antes de provocar una revolución desde abajo, habría que mantener la agitación y la protesta  mientras se educaba a las clases llamadas neutras en el programa de la Unión, dándole una forma gacetable para no tener que improvisar si acaso hubiera éxito.

Existía el precedente de Barcelona del año anterior en el que la objeción fiscal había sido reprimida con contundencia al declarla el gobierno delito de resistencia, autorizando la detención ipso facto del contribuyente objetor y el cierre inmediato de su establecimiento. Por ello, Costa creía que la rebelión fiscal carecía de posibilidades reales de éxito, salvo que hubiera el compromiso, que no suponía se fuera a cumplir, que cuando el gobierno ordenara el cierre de un establecimiento todos los demás de esa población cerraran en solidaridad de modo indefinido.

Es decir, si se decidía el camino de la revolución había que actuar con contundencia.

La objeción fiscal no tuvo éxito y al cabo, tanto Paraíso como Alba se sumaron luego a las tesis de Costa de formar un verdadero partido para presentarse a las elecciones. Pero ya era tarde, la gente se había desanimado. Paraíso buscó acomodo con Moret. Alba ingresó en el partido conservador. Costa se fue con lo que se perdió la poca credibilidad que le quedaba a Unión Nacional, no había sido capaz de formar un partido nacional compuesto por una élite intelectual que guiara a los hombres de buena voluntad, lo que terminó de desanimar a la opinión más consciente y sincera.

En 1901 s desde el Ateneo madrileño promueve su famosa encuesta sobre Oligarquía y Caciquismo. Una diagnosis aún de gran interés y actualidad porque los grandes problemas españoles de fondo permanecen más de lo que pudiera parecer a simple vista.

Don Miguel de Unamuno contestaría a Don Joaquín: “No tanto leyes cuanto personas, nos hace falta; no ideas sino hombres. Lo semejante engendra a lo semejante; las ideas no hacen más que ideas, sólo los hombres hacen hombres. Lo que ocurre es que el instrumento con que los hombres hacen hombres son las ideas, y que sin hombres no hacen ideas las ideas”

La palabra es el gran ariete contra el caciquismo y el despotismo, como lo es la prensa. Con ella el espíritu público toma conciencia y cuando hay conciencia pública el despotismo se debilita.

Y prosigue el rector de Salamanca: “sólo es menester que se purifique la prensa de su “politicismo”, que hable menos del personaje político tal y cual y de sus idas y venidas y tratas y contratos, sin comentar cualquier vulgaridad que se deje decir el personaje; que se haga más un vehículo de cultura general, que preste oídos a todos los ecos…”

En 1903 Costa se incorporaría la Unión Republicana para combatir a los partidos dinásticos responsables del Desastre del 98. Salió diputado pero al año dimitió.

La España del 2013 también padece otra aguda crisis causada por la incompetencia y corrupción de los partidos dinásticos y del Régimen borbónico. Como en la época de Costa algunos ciudadanos preocupados por las desgracias nacionales buscan el modo pacífico para salir del presente marasmo institucional.  Las nuevas tecnologías de la comunicación ofrecen posibilidades de organización y decisión inéditas entonces, pero se echa en falta la labor patriótica y generosa de grandes intelectuales. ¿Cómo organizarse? ¿Qué pasará?

No hay que perder la esperanza pero tampoco cabe hacerse muchas ilusiones. Otro lúcido rebelde y hombre de bien como Costa, Dionisio Ridruejo, en un ensayo que le costaría la cárcel (“Escrito en España”) durante el franquismo, explicaba que “tomados en su conjunto los españoles viven como espectadores, contemplando de lejos y con poco interés la política que hace sobre ellos un grupo reducido de gestores. El disgusto genérico del país es tan incontestable como su abulia. Un aplazamiento de la solución, o del comienzo de la solución …o de su comienzo…se acepta siempre como una prórroga al deber de ocuparse y preocuparse”. Es decir: Mariano y el PP, junto a los demás partidos dinásticos co-responsables del desastre, en estado puro.

Ridruejo introduce otra idea, la de alcanzar en España también el nivel de los tiempos como acicate de nuestro progreso: idea y pasión, saber y querer, que tratan de introducir nuestros ilustrados y reformistas históricos. Pero, hoy el nivel de los tiempos se ha alcanzado, aunque se encuentre en grave peligro de perderlo, en lo material, aunque no se sabe si tal nivel se ha logrado bien por mérito personal y social propio o bien derivado de la circunstancia de pertenecer geográfica e históricamente al ámbito europeo y occidental.

Aunque, hoy como entonces, las instituciones resultan como cascarones huecos, están como vaciadas, como deshabitadas del espíritu que debería informarlas y hacerlas verdaderamente efectivas y dignas del nombre que llevan.

Y ahora acaso ya tampoco tengamos en activo muchos ilustrados, ni reformistas.

Mientras estas actitudes permanentes no se corrijan y no parece que vayan a hacerlo, es de temer que la condena inapelable de los ciudadanos españoles nobles que en verdad desean cambiar el presente estado de cosas sea una y otra vez el desencanto y la vuelta a empezar.

Fuentes bibliográficas:

Joaquín Costa, el gran desconocido, por G. J. G. Cheyne

Oligarquía y caciquismo, por Joaquín Costa

Escrito en España, por Dionisio Ridrueho

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