Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Redención, fenología e hilozoísmo

El llamado Domingo de Resurrección por la Tradición cristiana, tan pleno de amor, compasión, ilusiones y esperanzas, forma parte de las antiguas festividades relacionadas con la primavera y el proceso de renovación de la vegetación, con el calendario fenológico. Así, entre otras muchas, los cultos a Apolo, Baco, Adonis, o la tradición frigia de Cibeles y Atis, a su vez con diferentes variantes legendarias.

Fiestas de carácter astronómico y de conmemoración de diversas fases del ciclo solar.

En el Cristianismo, el Domingo de Resurrección se establece el primer domingo después del primer plenilunio tras el equinoccio de primavera. Es decir, una vez atravesado el punto vernal o de intersección formando una cruz apaisada o de san Andrés el ecuador celeste con la eclíptica.

Desde la Antigüedad, esta renovación cósmica se asocia a la que ha de tener en consonancia tanto las personas a nivel individual como las sociedades o culturas en las que viven. En efecto, el hilozoísmo asocia las obras del espíritu a la naturaleza. Religión, arte, cosmología, metafísica son formas de entender y desarrollar una misma concepción universal. El hilozoísmo puede entenderse como un sistema de la metafísica experimental, valga la paradoja, que intenta referir a un origen psíquico el conjunto de las cosas y los fenómenos de la naturaleza. Todas las cosas tendrían alguna forma de conciencia. Alguna forma de alma. La evolución de la naturaleza sería la del desenvolvimiento de la conciencia.

El asunto no es tan abstracto o extraño como pueda parecer. Ha tenido mucha influencia en diferentes ámbitos. En el País vasco, los nacionalistas adeptos de Sabino Arana celebran hoy lo que llaman el Aberri Eguna: El Día de la “patria” vasca. ¿Por qué? Al parecer se trata de una ocurrencia teocrática del orate Arana que tal día como hoy víctima de la fiebre por un fuerte proceso gripal y entre sus vapores delirantes asoció “su” “Euskadi” nada menos que a la figura del Redentor cristiano. Toda una blasfemia sacrílega, al fin y al cabo.

 

Pero el hilozoísmo ha tenido mucha influencia en el Arte y las diferentes manifestaciones estéticas.

Pintores como, entre otros muchos, el ruso peregrino en el Tibet Nicolás Roerich del que seleccionamos aquí alguna de sus cuadros. Poetas como Antonio Machado o Antero de Quental lo expresan en alguno de sus más hermosos poemas.

Don Antonio finalizaba así A un olmo seco:

Olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida

otro milagro de la primavera

 

O el poema Redención, los dos preciosos sonetos del poeta romántico portugués en versión de Emilio Bernal citada por Miguel de Unamuno:

¡Voces del mar, los árboles y el viento!

Cuando a veces, en sueño doloroso

Me mece vuestro canto poderoso

Igual al vuestro juzgo mi tormento.

Verbo crepuscular, íntimo aliento

De las cosas sin voz, son misterioso,

¿No será tu quejido vaporoso

El suspiro del mundo y su lamento?

Flota un espíritu en la inmensidad

Una agonía cruel de libertad

Estremece las formas fugitivas

Y yo comprendo vuestra lengua extraña

Voces del mar, la selva y la montaña.

¡Almas, hermanas de la mía, cautivas!

 

¡No lloréis vientos, árboles, y mares!

Coro antiguo de voces rumorosas

De voces primitivas, dolorosas,

Como un llanto de larvas tumulares

Un día, entre visiones vesperales

Rompiendo sombras surgiréis radiosas

De esos sueños y ansias afrentosas

Que expresan vuestras quejas singulares

¡Almas en el albor de la existencia

Despertaréis un día en la Consciencia

Y flotando, ya puro pensamiento

Veréis caer deshechas, lentamente,

Las vanas formas que creo la mente

Y acabará por fin vuestro tormento!

 

Todas las civilizaciones han mantenido e interpretado el lenguaje de las plantas y de las flores, asociado a diferentes mitos. Egipto, India, China, Japón, Judea, Grecia, Roma, Arabia, África, América precolombina…

En Occidente la rosa relacionada con la caída en la materia (la cruz) del ama (la rosa que se abre).

En Oriente el loto, que nace en el fango, atraviesa la penumbra y la oscuridad de las aguas cenagosas y se abre en la luz. En su iconología tradicional las imágenes de sus entidades espirituales surgen de una flor de loto abierta.

Algunas de las plantas como las hoy denominadas enteogénicas habituales de prácticas chamanísticas son instrumentos auxiliares de ciertas formas de apertura de la percepción y la conciencia.

En Japón el florecimiento de la primavera aún constituye hoy toda una fiesta popular tradicional.

En España viene siendo tradicional la visita al valle del Jerte en Cáceres para admirar el precioso espectáculo de los cerezos en flor.

Este año es aún pronto por lo que el calendario fenológico de las flores del cerezo es posterior a esta semana Santa y el Domingo de Resurrección.

Sin embargo, sea como sea, las manifestaciones de la Naturaleza con sus calendarios fenológicos, los mitos, los símbolos, las grandes concepciones como el hilozoísmo nos inspiran para que el crecimiento externo de la luz se extienda al interior de nuestra propia consciencia.

 

 

Semana santa

En muchas ciudades españolas no arrasadas aún por los nacionalistas o las hordas podemitas que pretenden prohibirlas, se viven con gran devoción o interés las procesiones de semana santa. Incluso jóvenes y niños participan con gran dedicación.

Fiestas cuyo remoto origen mítico e histórico se encuentra en las paganas del inicio de la primavera, tras el cruce o intersección del ecuador celeste con la eclíptica.  Y cuya estética, en ocasiones verdaderamente conmovedora o emocionante, recuerda la de los cortejos astrales según lo describen algunos clarividentes.

El universo de valores de lo femenino, realidad y símbolo cosmológico de la creación. El mito de la Virgen madre ya encontrable en los Vedas o los antiguos misterios de Isis.

Toda una verdadera experiencia de lo numinoso para gentes sensibles no importa su pertenencia o no a la confesión religiosa cristina.

En algunos momentos se cantan saetas, composiciones musicales de lamento y expresión de dolor que por su estructura potencian lo emocional sobre lo intelectual.

Fotos de don Agustín Luceño y del autor

 

 

 

 

 

 

Praga, cincuenta años después

Se cumple medio siglo de la famosa Primavera de Praga con todo lo que entonces supuso de reivindicación de deseo de libertad y de respeto a la realidad nacional y cultural checas contra los abusos de la globalización soviética de esa época. La otra cara de la moneda, por cierto, de la globalización americana impulsada por los monopolios trasnacionales, la CIA y sus instituciones oligárquicas. Ambas caras de un sistema de dominación globalista mundial que se ha venido trasformando con el tiempo hasta la situación actual en que algunos métodos y protagonistas han cambiado, pero otros siguen. Y donde en muchos lugares se han sustituido los siniestros tanques por media prostituidos que contribuyen a la alienación popular difunden ideología averiada o noticias falsas. Otra forma de tiranía, más sutil pero no menos eficaz, sin duda.

Los nombres de muchos de los protagonistas, en algunos casos verdaderamente heroicos, acaso dirán poco a la mayoría de jóvenes actuales. Los Alexander Dubcek, Václac Havel, parecen personajes intérpretes de uno de los textos atormentados de Kafka. La Primavera checa duró poco, como la soriana que glosaba nuestro poeta Antonio Machado: “Humilde como el sueño de un bendito, de un pobre caminante que durmiera de cansancio en un páramo infinito”.

Pero dejemos las orillas del Duero y volvamos al Moldava. Visité Praga a finales del verano del año ochenta del pasado siglo. Junto con Alemania del Este, Checoslovaquia formaba el núcleo duro del Pacto de Varsovia. Praga era entonces una preciosa ciudad encantada, como perdida en una especie de limbo del olvido, sin apenas tráfico rodado, habitada por gentes de mirada perdida y desmoralizada, mal vestida, endurecida, pero de gran cultura y pasión por la música.

No había apenas viajeros. Yo había llegado desde la vecina Viena, atravesando la frontera austro checa por carretera. Toda una experiencia difícil de olvidar. Checoslovaquia parecía entonces un gigantesco campo de concentración. Alambradas fronterizas, torretas de control, siniestros vopos con perros de presa y ametralladoras. Barreras con gruesos troncos de eucalipto. Toda una parafernalia del horror y la tiranía.

Sin embargo, pocas experiencias estéticas más notables que pasear por Praga a la luz de la luna. Las estatuas del puente de Carlos IV se asemejaban a fantasmas que esperaban impertérritos tiempos mejores.

En el Castillo, grupos de adolescentes niños soldados vestidos con uniforme de limpio parecían bandadas de gorriones desacostumbrados a las posibilidades y sugerencias de la geografía urbana.

Pero recuerdo con singular emoción, pese al paso de más de un tercio de siglo desde entonces, una experiencia casi mística que me sucedió en la catedral de San Vito. Al momento de entrar, como si no fuese casualidad y me estuvieran esperando,  inopinadamente, el órgano se puso a tocar una música sublime, majestuosa. Tuve una experiencia casi de desdoblamiento por la que percibí la extraña revelación que el despotismo de entonces iba a caer. Algo que parecía imposible. Desde entonces la rememoro cuando escucho el segundo movimiento del concierto para violonchelo de Dvorak.

La calle París, la plaza de San Wenceslao, la torre de la pólvora, el reloj que funciona pese a todo, el monumento a otro disidente, Jan Hus, el viejo cementerio judío, lugar de tantas especulaciones conspiratorias, la calle de los alquimistas por donde paseara el espía, criptógrafo y ocultista inglés John Dee.

La Praga de entonces apenas tiene que ver con la globalizada, llena de turistas de hoy. Era otra Europa. Otro mundo. Por fortuna la tiranía patente ha caído. Pero se están formando otras más sutiles, menos patentes pero que parecen anunciar un nuevo horizonte de esclavitud si al final se consolidan las peores formas de dominación globalistas.

Sin embargo, no identificamos ahora entre los próceres y dirigentes actuales en su insoportable levedad del ser y muchos procedentes de despiadados grupos financieros o empresas transnacionales causantes de los desastres presentes, a personalidades como los Dubcek o los Havel. Personajes con gran cultura humanista, que parecían actuar por ideales, por un sentido de profundo respeto a la dignidad humana, amenazada tanto entonces como ahora. Gentes con la voluntad de no renunciar a una visión patriótica, a un conjunto de valores ideológicos y morales. Gentes que se atrevían a enfrentar la conciencia con los tanques. Gentes sin complejos que intuían que en sus propias naciones, culturas y sociedades podrían encontrar las bases de la resistencia a los despotismos de la globalización.

 

CONSOLAMENTUM cátaro en La Coruña

Desde el siglo XI al XIII el sudeste de Francia fue escenario de un movimiento religioso místico político conocido como catarismo o movimiento herético de los albigenses o los puros. En 1209 Simón de Monfort había tomado uno de sus bastiones, la que entonces se creía fortaleza inexpugnable de Carcassonne. Todo el territorio del Languedoc y, en especial, el último bastión cátaro, el castillo de Montségur en las estribaciones del Pirineo, está relacionado con la hermosa leyenda del grial. Al parecer, según documentos de época, en enero de 1244 poco antes de la caída de la fortaleza bajo las tropas del Papado, cuatro cátaros se descolgaron por el precipicio cercano portando un pequeño tesoro en el que según la leyenda estaría incluido el propio grial. El 16 de enero caía el bastión y más de doscientas personas entre hombres, mujeres y niños fueron quemados vivos por las fuerzas del Papado en la explanada existente bajo el castillo llamada desde entonces Camp des Cremats.

Hoy existe una estela conmemorativa del terrible genocidio. Presenta una cruz paté y otra druídica, con una inscripción dedicada a los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano.

¿Por qué fueron combatidos los cátaros con tanta saña y crueldad?  Desde el punto de vista espiritual participaban de gnosis, de una relación íntima entre el hombre y la Divinidad, sin intermediarios. Este supuesto ponía en cuestión radical todo el aparato de poder material eclesiástico. Es decir, una vez más la misma disyuntiva entre Espíritu y Poder material.

El consolamentum es una especie de sacramento propio de los cátaros, puros o albigenses. Se encuentra ligado a una transmisión espiritual de maestro a discípulo y asociado a un libro, habitualmente cerrado, que representa el libro de San Juan.

Para algunas tradiciones este libro es el que aparece en una carta del tarot. Bien abierto como en el de Marsella o bien cerrado como en el tarot de Visconti Sforza. Un tarot pintado por Bembo a mediados del siglo XV, que se conserva en varios museos, salvo cuatro cartas perdidas. Una de ellas, la del diablo, acaso hecha desaparecer por el mismo maligno.

Según ciertas tradiciones posteriores vinculadas al enigmático Leonardo y sus hipotéticas relaciones con la heterodoxia cátara, tal libro de la carta del tarot pudiera ser una obra de fray Amadeo de Portugal, hermano de Beatriz de Silva, la fundadora de las concepcionistas y fundador él mismo de cierta rama de los franciscanos con algún parecido a la propia reforma del Carmelo. El beato describe revelaciones relativas a San Juan, obtenidas durante éxtasis místicos: en efecto, en su Apocalipsis nova, uno de cuyos ejemplares se encuentra en la biblioteca de El Escorial probablemente gracias a don Diego Hurtado de Mendoza y codificado por su bibliotecario Benito Arias Montano con la signatura secreta relacionada con el cinco.

Pero, lo del tarot de la Casa Ducal de Milán, ¿era capricho de potentado o medio de transmisión de Conocimiento o de alguna tradición esotérica o iniciática?

Eliphas Levi decía que el tarot “acaso sea la obra maestra del espíritu humano y, con seguridad, una de las cosas más bellas que la antigüedad nos ha legado”. Y la Belleza afirman los platónicos que tiene un fin práctico: ayudar a la contemplación del Uno. Pues la Belleza es el resplandor de la Verdad. Cada arcano tiene su significado y se relaciona con los otros. Así, el arcano mayor de ordinal uno, El Mago, suele indicar un comienzo, que algo es posible, que se puede empezar, y además, ahora. Es una invitación a encarnar la energía que llamamos consciencia. Pero cada arcano está constituido por toda una constelación de símbolos, que como las estrellas tienen una realidad propia aunque sean ordenada de modo psicológico. El dos es dedicado a la figura de la papisa, según el tarot de Marsella, o de una dama vestida con hábito franciscano según el tarot de Visconti Sforza con un libro en la mano, que es la carta o arcano mayor al que ya hemos hecho referencia. En otras variantes formales aparece con la cruz del Languedoc cátaro.

El tarot, al que vulgar y habitualmente se le relaciona con el inframundo de lo que Cervantes llamaba “echacuervos”, es decir de los embaucadores de incautos e ignorantes, ha ejercido una gran atracción sobre muchos investigadores del Conocimiento.

Y constituye un lenguaje con su propia gramática, semántica y pragmática. Los algoritmos gramaticales del tarot varían con las diferentes escuelas e incluso con el propio modo particular de hacer las cosas, con la propia maniera. Pero la semántica a diferencia de los lenguajes con códigos cerrados es abierta, y como en todo lenguaje simbólico inaprensible en su integridad. Casi se puede hablar de idiolectos o lenguajes particulares, al menos desde el sentido último que se escapa en cada arcano o arquetipo. Un arcano, es un aspecto de la eternidad cuyo conocimiento no es accesible totalmente a la mente humana.

El tarot presenta veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis menores que ayudan como en el famoso mito cretense a explorar el laberinto del inconsciente. Por tanto no está destinado a aspirantes a Teseos inmaduros o de mente frívola, ni para racionalistas que suprimen la dualidad humana, la dialéctica entre el día y la noche. Pero, como diría Jung, sirve a las gentes pensantes y reflexivas a las que gusta meditar acerca de lo que hacen y lo que les ocurre.

Existen diversas versiones o escuelas de tarot. Aunque de procedencia al menos medieval y luego renacentista, una de ellas fue desarrollada hace poco más de un siglo por un coruñés muy famoso en Francia aunque olvidado en su tierra natal, el Doctor Encausse, más conocido como Papus, estudioso de la Tradición Occidental quien renovó la Orden Martinista y desarrolló dos formas distintas del tarot de Marsella: el divinatoire y el de los bohemiens.

En Occidente, la Psicología, pese a lo que su propio nombre indica como ciencia del alma, se encuentra muy materializada, no obstante estar deambulando en la tierra fronteriza de lo invisible, y pretende descartar la palabra conciencia como algo diferente de lo físico. Para colmo, muestra una especie de síndrome de Estocolmo llamada Conductismo. Desde esa perspectiva materialista el mecanismo del tarot resulta incomprensible. Como lo es el fenómeno de la precognición, criptestesia o clarividencia referentes al futuro, estudiados entre otros por Osty o el gran Richet, Premio Nobel 1913.

Sea como fuere Jung y Pauli entendían estas cuestiones y, en general, las relacionadas con la mántica gracias a lo que llamaban el principio de sincronicidad: una relación inteligente pero no causal de acontecimientos, de modo que si se acepta la existencia de un espacio intermediario, ni interno o psíquico, ni externo o ambiental, pudiera interpretarse el fenómeno del sincronismo como una participación de lo anímico interno y de la realidad externa en los fenómenos de este mundo intermediario. Así, al consultar el tarot caben varías hipótesis: que informaciones metapsíquicas puedan influir en el orden de las cartas. Que las cartas actúen como inductores en el psíquismo del consultante o del interpretador. Bien porque la psiquis no es localizable espacialmente o bien porque el espacio es psíquicamente relativo. En todo caso, nunca cabe definir un código totalmente cerrado de interpretación.

Por si esa dificultad aún fuera poca, hay que añadir el que el tarot es un lenguaje total, sistémico. Como acaso diría von Bertalanffy, supone un paradigma diferente de la visión mecanicista del mundo. Su funcionamiento estaría más próximo al de las partes analógicas o sinópticas del famoso diccionario ideológico de Julio Casares o al de los mapas o cartografías mentales de lo que Buzan llama pensamiento irradiante.

El tarot puede entenderse como una manifestación del lenguaje sagrado o, al menos una ventana abierta al mundo de lo numinoso. Y, en consecuencia, si se usa con sensatez e inteligencia, una vía para conocernos mejor a nosotros mismos.

El cinco de oros tiene varios significados en el tarot.

Para Jodorowsky: “El 5 abre caminos para el conocimiento de uno mismo o propone ideas brillantes”. Se trata de la invitación a una aventura, a un comienzo, a iniciar algo nuevo, aunque en el caso de los oros él la identifica con el dinero.

Sin embargo, para Roso de Luna el cinco de oros tiene que ver con la realización espiritual. Con el oro del conocimiento iniciático. En El tesoro de los lagos de Somiedo cuenta que en cierta talla existente en una ermita berciana asociada a la tradición templaria, el cuatro de copas de la crucifixión del espíritu en la materia es cambiado por el cinco de oros: “El Niño, el Adepto, en respuesta a las palabras del salmo treinta pronunciadas por el candidato, de Ego autem in te speravi, Domini Dixi: in manibus tuis sortes meae, le alarga el Oro del Conocimiento iniciativo, con el cinco correspondiente, al par que le retira el naipe simbólicamente contrario, o sea el cuatro, que es de copas, por representar éstas el vino de las pasiones que embriagan a los humanos, sometiéndolos a la tiránica, cuanto grata, ley del sexo, y es un cuatro al par, como símbolo de la crucifixión en la carne, la limitación, la caída en el sexo. Queda así constituido en conjunto el emblema rosacruciano del cinco con el cuatro, del Conocimiento con la Pasión, de la Rosa con la Cruz”.

El tarot puede considerarse un medio de transmisión de la Tradición, pero pese a la opinión de Levy no creo que de los más importantes, aunque lo haya sido en algunas épocas y para ciertos movimientos históricos heterodoxos.  En mi opinión, lo es más la arquitectura sagrada, al menos aunque sólo fuese desde el punto de vista de ser menos perecedera, más permanente en el tiempo.

Pero volvamos al tarot en relación con el consolamentum cátaro y miremos algunos de sus arcanos menores presentes en la arquitectura románica coruñesa.

El arte gallego nos depara muchas sorpresas. Algunas que parecen íntimamente relacionadas con la gnosis y el movimiento cátaro.  Un ejemplo: en la puerta Norte de la catedral de Lugo se muestra un capitel con la sagrada cena en la que aparece una figura femenina ¿acaso la Magdalena? apoyada en el pecho del Salvador. Como se observa en la imagen no hay duda de que el personaje es una mujer. La dulzura del rostro, la melena, el collar…

Pero una sugestiva combinación de consolamentum, tarot y arquitectura sagrada se encuentra en la ciudad vieja de La Coruña, en la antigua iglesia de Santiago, interesante ejemplar de la arquitectura típica gallega de origen románico modificada luego en gótico. Tiene tres ábsides semicirculares con columnas y canecillos en el Oriente. En el Norte destaca el tímpano con el agnus dei y la cruz patriarcal, característicos del sanjuanismo y de la antigua Tradición solar.

En Poniente posee una puerta románica al modo compostelano y de arcos apuntados. Pero cabe fijarse en las jambas de las puertas. Aparecen dos figuras. Una tiene un libro cerrado sobre su cabeza, encima del libro se muestra un ángel, el mensajero con una filacteria. Los ángeles transmiten mensajes, dan consuelo, protegen e invitan al desenvolvimiento espiritual. El personaje hace el signo de fe con una mano y con la otra mantiene el bastón cetro de Santiago. Pero, si esta es singular y enigmática, la figura de la jamba opuesta llama la atención con el índice sobre un naipe, el cinco de oros que sostiene y muestra, enigmático, al visitante. El libro cerrado puede asociarse a la tradición gnóstica del maestro Mateo y su versión del Apocalipsis genialmente interpretada en el Pórtico de la Gloria. Mas el libro está cerrado y sus sellos, trasunto de los chacras o centros psíquicos humanos ¿también lo están? Una forma de esta Gnosis, como lo fuera el priscilianismo es la del catarismo. Pero también puede ser una referencia al evangelio de San Juan. ¿Esta figura con el libro cerrado sobre la cabeza nos muestra el consalamentum? ¿Casualidad o capricho del artista? Es posible, ¿pero también lo es la extraña figura de la jamba opuesta?

Como ya hemos visto, en la iconología tradicional el cinco de oros suele asociarse al cuatro de copas. Que representan el cinco, lo espiritual y los cuatro elementos materiales o lo pasional. La realización espiritual del hombre sublima las pasiones cambiando un naipe por otro.  A veces el libro cerrado, la palabra perdida, se asocia al grial, una sabiduría inalcanzable. Pero es una copa y no cuatro: ¿habría un cuatro de copas en la iglesia primitiva antes de su reforma?

Para Fulcanelli, la obra en alquimia se expresa de modo simbólico por un libro abierto o cerrado según que la materia prima haya sido trabajada o solo extraída.

El cinco de oros también significa una invitación a la aventura espiritual, a cruzar el umbral de lo sagrado. Suma del primer número par y del primer impar y medio de los primeros nueve, según los pitagóricos es signo de unión del centro, de la armonía. De la unión o bodas alquímicas entre lo celeste y lo terrestre.

En el interior del templo coruñés de Santiago nos hallamos ante una ancha nave dividida en tres grandes arcos apuntados que sostienen la cubierta, en el testero se ven tres arcos de medio punto, acceso a los ábsides donde estarían los arranques de las ahora suprimidas tres naves iniciales típicas que derivaron en única tras la reedificación del siglo XVI. Se siente una gran fuerza telúrica cerca de la puerta, hacia el mediodía, por donde quizás discurriría la separación entre naves. No sabemos dónde se manifestaba esta energía antes de la reforma.  Pero la energía telúrica transformada en el templo nos puede ayudar a elevar nuestra conciencia.

No es solo la inteligencia lo que nos permite avanzar. Se precisa la voluntad. Saber y querer ayudados por el espíritu, permiten trasformar la piedra bruta, abrir el libro cerrado de nuestros cuerpos y mentes. Y cambiar el cuatro de copas por el cinco de oros.

Así sea.

 

 

 

 

Sobre el libro del grial, Parsifal y el budismo

El libro Buda, Parsifal y el Grial no es otro socorrido alimenticio “corta y pega” sobre un tema ya muy trillado como es el del grial y toda su mitología o leyenda, del que apenas parece que quede algo nuevo o interesante por decir.  En realidad, dentro una civilización como la actual que parece haber perdido el sentido metafísico de la existencia, ¿qué nos importa a los ciudadanos de hoy ciertas leyendas viejas de tiempos tan lejanos en nuestra comprensión y forma de entender la vida?

De un tiempo remoto en que si había una gran ferocidad cotidiana no era menos que existían damas y caballeros unidos por el Amor y el Honor.

Creo que es evidencia de razón para cualquier persona lúcida que no se resigne a la actual devastación estética, humanista y metafísica de la sociedad occidental reconocer que nos encontramos en un momento muy grave para la humanidad. Muchos valores tradicionales, en el mejor sentido del término, es decir de opuesto tanto a lo novedoso como a lo reaccionario, no son sólo discutidos sino también frívolamente destruidos. Es preciso acomodarse mal que bien a leyes chapuceras sino directamente inicuas. A la inestabilidad financiera producto de la actual subversión por la que resulta hegemónica con gran poder de devastación en vez de ser instrumental para potenciar la vida, el progreso y la convivencia. A la mediocridad social que prima la cantidad sobre la calidad, a la masa sobre la aristocracia del mérito y la virtud.

Pero es preciso tener en cuenta que a la desesperación espiritual nunca debemos acomodarnos. A reencontrar la razón de vivir en un mundo muy tecnificado, al servicio de intereses hegemónicos  del Capital, a veces tan opuestos a los del humanismo. Como ya decía en su momento, con tanta agudeza simbólica y desarraigo existencial, el poeta y académico Dámaso Alonso,

“Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres…. Y paso muchas horas preguntándole a Dios, preguntándole porqué se pudre lentamente mi alma”.

Es por eso que nos encontramos en un momento especialmente oportuno para buscar el grial. Nuestro grial. La sugestiva y heterodoxa saga del grial, con su cumbre estética en el Parsifal de Wagner nos plantea muchos interrogantes pero también nos ofrece muchas pistas y pautas para intentar su hallazgo.  Un encuentro que partiendo de mitos y leyendas tiene como escenario la Metafísica y la Música. Es curioso, así como muy revelador del valor universal de la Cultura, cómo existen profundas analogías simbólicas y metafísicas entre aspectos de la saga occidental del grial y de ciertas tradiciones budistas.  Y cómo la música, como ya indicaba el mito de Orfeo nos puede ayudar de modo muy práctico en esta búsqueda del universo del grial.

Decían los neoplatónicos que la Belleza es el resplandor de la Verdad. Hablar de Parsifal y de la saga del grial también supone inquirir acerca del propio sentido que ha de darse al arte, y de la relación de éste con nosotros mismos. Por ejemplo, Kandisky, al igual que antes Wagner, también consideraba que había llegado el tiempo de renovar la sociedad europea comenzando una nueva época espiritual cuya fuerza motriz fuese el arte. Una vocación siempre en parte fracasada y en parte renovada a lo largo de la Historia. Para el ciudadano medio occidental actual, cada vez más distraído y desinformado por los “media” para mayor gusto y satisfacción de un Sistema que le cosifica y embrutece, muchos de los temas estéticos y metafísicos, incluidos los símbolos, carecen ya de sentido.  Pero por su propio bien no estaría de más que intentara afinar su propio diapasón para poder vibrar en resonancia con las notas más elevadas del majestuoso teclado cósmico en el que habitamos consciente o inconscientemente. Al menos, como diría un budista zen, para ser conscientes de nuestra inconsciencia.

Pero el arte comprendido al modo tradicional vendría a ser objetivo. Su belleza estaría en la propia obra más que en la comprensión del espectador que pudiera no estar suficientemente capacitado para reconocerla. El verdadero arte vendría a satisfacer necesidades reales. Es decir, estaría destinado a ayudar al hombre a acercarse al Conocimiento. Con sus posibilidades de expresión es capaz de superar las de los límites del lenguaje común.

El mundo del grial es todo un universo simbólico que abarca muchos y diferentes campos del conocimiento. Forma parte de la antropología, la estética, la literatura, del arte, de la filosofía, de las tradiciones iniciáticas y esotéricas, de la música… del ideal caballeresco.

En tanto que universo es casi imposible abordarlo en su integridad, pero sí contribuir a mover las emociones.

Entre ellas la de su búsqueda, que en realidad no deja de ser la del propio encuentro con nuestro ser interior, el verdadero Yo. La búsqueda (queste) o demanda del grial puede considerarse simbólicamente semejante a la de la Palabra perdida de otras tradiciones esotéricas o iniciáticas.

O la relación de la sexualidad con el desenvolvimiento espiritual.  Las diferencias entre la actitud de Parsifal hacia Kundry con las de las parejas de la tradición tántrica no solo oriental sino también occidental.

En el libro tras repasar algunas de las principales ideas clave para comprender mejor el mito, extraídas de sus diferentes versiones o tradiciones, se estudia su influencia en la Música, el Parsifal de Wagner así como ciertos aspectos filosóficos y metafísicos del conocimiento.

Sin olvidar algo muy importante en toda Tradición universal o verdadera: establecer o mejor dicho recrear un cierto puente espiritual, cultural, estético y simbólico entre Occidente y Oriente. Revisar y comprender mejor las relaciones conceptuales, estéticas e incluso metodológicas, de antiguas enseñanzas de Gautama con la filosofía de la Voluntad, trasmitida en España por el neoplatonismo y la cábala, de la que el filósofo e hispanista alemán Schopenhauer es una de sus figuras modernas más señeras. Relaciones tanto con el budismo Hinayana o primitivo, como en el budismo Mahayana o gran vehículo con su variante zen y el Vajrayana o budismo tántrico.

 

La Cultura tiene un fin práctico que supera a la mera erudición. Antonio Machado solía decir que el fin de la Cultura no era otro que el de hacer despertar las almas dormidas y convertirlas en capaces de espiritualidad.

Así, pues, creo que es necesario iniciar nuestra propia búsqueda del grial, de ese Uno que supera nuestra finitud y dualidad para mejorar nuestras vidas y satisfacer nuestras necesidades espirituales, intelectuales y estéticas más profundas. El símbolo mueve emociones, el arte nos conmueve, nos mueve hacia.

Todo logro verdadero o auténtico requiere un cierto esfuerzo. Sin embargo, confío en contribuir a ayudar con este libro a tal búsqueda personal, ofreciendo algunas pistas a seguir.

Este libro sobre el grial viene a resumir algunos de los hallazgos y peripecias de mi propia búsqueda del grial, en la medida que estos puedan ser expresables. Es un itinerario personal que recorre paisajes exteriores legendarios emblemáticos pero también algunas indicaciones en cuanto que sean transmisibles a otros, de mis propias peripecias, reflexiones y meditaciones sobre este apasionante mito, tan iluminador y revelador de nuestra misma naturaleza humana.

 

La cuestión metafísica del grial es la de qué significa la totalidad de nuestra vida, qué fines tiene, qué felicidad nos cabe esperar. Gran parte de los importantes éxitos de los últimos siglos no son precisamente los del mejor conocimiento del hombre interior, que si es sensible, junto a sus logros materiales o tecnológicos se siente también pobre, vacío, como extrañamente deshabitado.  Preso o instrumento de un sistema de cultura impersonal, volcado en lo externo, descuidada la vida interior, de lo numinoso, de lo sagrado, del conocimiento del alma.

En esta búsqueda el símbolo del grial nos puede ser muy esclarecedor, muy revelador, muy útil.  En efecto, tales son las conocidas preguntas del grial: la que Parsifal no se atreve o no se le ocurre hacer en su primera visita al templo del grial, lo que le costará su expulsión del recinto sagrado, y el consiguiente fracaso en la curación y el rescate de Amfortas, el Rey malherido y su Orden o Hermandad de caballeros del Grial.

O las preguntas que hace el mismo grial a cualquiera de los caballeros que lo buscan. Acaso las mismas preguntas que se encuentran en el origen de la trayectoria de búsqueda espiritual de Gautama, el Buda. Un gran sabio que entendía que “No es el traje, ni el nacimiento lo que hacen un brahmán: son solamente sus méritos propios”. La misma concepción del ideal caballeresco que la de nuestro Raimundo Lulio. El caballero, y la Caballería como institución, no son cosa de linaje sino de virtud. ¿Cuál es la razón de nuestro sufrimiento? O, ¿Por qué sufre Amfortas?

 

La presentación del libro será el próximo miércoles 7 de marzo a partir de las ocho de la tarde en la librería Arenas de La Coruña.

Intervendrán en el acto Francisco Fernández Tarrío, abogado y estudioso comprometido con la cultura y la sociedad españolas y Juan Mariñas, escritor y editor.

La entrada es libre.

 

 

 

 

 

La Candelaria asoma

Dedicado a mis queridos amigos Milagros y Alejandro.  En homenaje a su gran y antigua amistad.

Hace cinco años escribía este texto:

“Ascendía desde el Tajo en la penumbra de sombríos pensamientos hacia la catedral junto a mi buen amigo el alquimista toledano Alejandro Vega, humilde sabio que se ha hecho uno con la conciencia numinosa de Toledo, la antigua ciudad sagrada, ombligo de Castilla y de España.

Mira. Es raro, todo un privilegio: hoy podemos entrar por la Puerta de los Leones o de la Alegría. Cruzamos el umbral. La figura de Cristóbal, el portador de la Luz, esa pesada inocencia que supera las fuerzas del coloso, nos muestra la enormidad de la carga que espera a quien trata de mantener la dignidad aún en tiempos tumultuosos. Seguimos por el deambulatorio. Al fondo en Poniente, la capilla mozárabe, donde aún se celebra el viejo rito hispánico, respetado durante la dominación musulmana de la ciudad, mas arrumbado luego por la influencia francesa. En la capilla de san Martín el caritativo santo nos señala la dualidad así como diferentes modos de iniciación. En la de los dos Juanes solsticiales se conserva uno de los pilares de la mezquita sobre cuyo solar se edificó la catedral. Y en la de san Eugenio, yeserías mudéjares en el arco sepulcral de Gudiel. En el noroeste, junto a otro pilar donde la leyenda sitúa el descenso de la Virgen para imponer la casulla a san Ildefonso se venera la piedra sagrada donde posaron sus píes. En el trascoro la Virgen de la Estrella expande su potente energía curativa.  Y en el exterior del coro, Alejandro me muestra figuras de templarios con su tau, así como una representación de la leyenda de Hiram Abí, el maestro de los masones.

De oca a oca, vamos hacia el mayor monumento en homenaje al grial que existe en España. Mira desde aquí el Trasparente del maestro Narciso Tomé. El Cabildo a principios del siglo XVIII quiso iluminar la zona posterior del sagrario para lo que encargó perforar parte de los muros del trasaltar de la capilla principal. Parece un sacrilegio perpetrado contra la obra gótica, pero no lo es. En realidad, es una culminación de la Gran Obra, la Solar. Cuando se eleve sobre el horizonte, un rayo de sol atravesará el círculo abierto en la bóveda original y penetrará con su luz primordial, fecundándolo, el centro entre los arcángeles. Observa el altar sobre el campo de estrellas de seis puntas, rodeado por el damero masónico de la dualidad sobre la que se apoya el conocimiento.

Sí que recuerda al famoso verso gongorino: “(el sol) en campos de zafiro pace estrellas”.

Pero como casi siempre lo más interesante está oculto a la mirada profana. Así la cámara sagrada situada detrás, entre él y el altar mayor, donde se custodia el sagrario, al que acceden las monjas cuidadoras. Allí está guardado el pelícano. Sí, el pelicano, el ave sagrada, símbolo de Cristo, emblema de la Rosa Cruz y de profundo significado místico. El del propio sacrificio. El principio creador y vivificante que se entrega para alimentar a sus criaturas. El sol, el fuego que permite la vida.

Antes de irnos, toca aquí, este pilar de la capilla de san Ildefonso, junto a la tumba del maestro Martín y los tres peldaños iniciáticos. Es tremendo el caudal vibratorio. Más aún quizás que en el parteluz del Pórtico de la Gloria compostelano. Donde más energía hay en Santiago es en la parte del altar, donde se abraza al Apóstol y en la cripta que guarda el sepulcro, pero las últimas obras además de eliminar el damero masónico del piso, han debilitado el efecto energético original.

Cae la tarde, mientras nos alejamos en dirección al pequeño cigarral de mi amigo, vuelvo la cabeza hacia la vieja ciudad gris y me fijo en las tres coronas que coronan la torre de la catedral. Son las tres coronas de poder sobre sus respectivos mundos que figuran coronar la cabeza del sabio constructor.

Toledo a veces enseña alguno de sus misterios, sus secretos, a los buscadores sinceros. Es un Libro escrito en una lengua ya olvidada. En un principio fue el Verbo pero en esta era de sombras y penumbras quedan sólo sílabas casi indescifrables de la antigua palabra perdida. Mi amigo lleva toda una vida buscando y reuniendo en la catedral primada los restos de ese lenguaje. Su semántica, su pragmática, su gramática. Me consuelo, confortado por la visita  al ombligo de España, con la idea de que el pelícano es fuerte, pese a ofrecer su propia sangre a sus hijos, y que, aunque falle la voluntad de ser o el conocimiento del arquitecto de las tres coronas, en todo caso, el Gran Arquitecto del Universo no va dejar de proteger a España y guiar con su Luz a los españoles.

Atrás queda el antiguo minarete de san Miguel, la casa del duende con sus misteriosos subterráneos, pero la Candelaria asoma y es la propia ciudad de Toledo quien la porta como un san Cristóbal”.

 

Con motivo de la presentación de una nueva edición de su famoso libro Introducción al Toledo filosofal, el pasado otoño tuve la oportunidad de visitar con Alejandro de cicerone otra vez el barrio templario de San Miguel, así como los subterráneos de la casa del duende, que otrora fuera taller del maestro Quismondo. Una casa tradicional toledana y un lugar de extraordinario interés, insólito, muy diferente de lo que el público puede visitar habitualmente.  En la penumbra de los recovecos de sus múltiples galerías y pasadizos se sienten las diferentes energías de la milenaria ciudad. De su memoria histórica.

Una especie de escondido eterno inconsciente colectivo, de viejas emociones y sentimientos, confundidas en el Espacio y el Tiempo. Del Ser que hace esfuerzos por Ser, tomar consciencia y mostrar así las glorias del micro y macrocosmos, las que corresponden a una vida en plenitud.

Ya en el exterior, junto a la aguja de acupuntura del campanario de san Miguel, en una de las colinas de Toledo, la Luz asoma en la calle de la Candelaria.

Entre un halcón de cetrería con el capirote puesto y un león dormido, ya lo decía nuestro gran Cervantes en el frontis de la Primera parte de El Quijote: “Spero lucem post tenebras“.  Ojalá su triunfo sea también el nuestro como criaturas en pos de realizar los más íntimos y queridos anhelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dualidades toledanas

El pasado jueves se presentó en Toledo la segunda edición de todo un clásico. Introducción al Toledo filosofal de Alejandro Vega, obra pionera muy querida por el autor en la que ya hace más de un cuarto de siglo plasmaba algunas de las relaciones entre el Arte de la Alquimia y la milenaria ciudad española.

 

No es, de naturaleza oportunista como tantas otras hoy al uso, un corta y pega, tente mientras cobro o granjería de echacuervos que tenga a Mercurio, el dios del comercio como patrón, sino por el contrario a Minerva, la diosa de los ojos glaucos, patrona de la Sabiduría.

 

En la misma línea de la propia Tradición alquímica no es obra fácil de entender sobre todo sino se aborda con la adecuada actitud espiritual y el ánimo de comprender y aprender. No habla solo a la mente sino también al corazón.

 

El acto estuvo muy concurrido y en él intervinieron un notable cabalista y un profesor de universidad. Dos planteamientos complementarios en lo intelectual pero únicos en lo que se refiere a la simpatía por el autor y su obra.

 

Antonio Chaves Jiménez estudia la cábala original, la del conocimiento de los mundos superiores, espirituales o metafísicos, la propia de los hombres justos en la mejor tradición del genuino judaísmo español. Hoy tantas veces desvirtuada para desgracia de la Humanidad y del propio Judaísmo por echacuervos, jázaros, sionistas o babilonios. Antonio conoce entre otras la escuela del sabio maestro austriaco Friedich Weinreb y explicó algunas de sus relaciones con el árbol sefirótico.

 

Joaquín José Sánchez Gárquez por su parte disertó sobre diversos aspectos simbólicos de la obra y reconoció la influencia que había tenido en su comprensión y amor a Toledo.

 

Les agradezco a ambos me diesen luego la oportunidad de conocerlos mejor y obtener datos, consejos e ideas valiosos.

 

Durante la luminosa mañana del viernes tuvimos la suerte de poder dar un memorable paseo por Toledo, en especial, por el área que otrora fuera ocupada por los templarios, próxima a la parte oriental de la catedral, hasta llegar a través de la calle de Locum, la plaza del Seco, la calle del Can hasta la Candelaria.

 

La rica y sugerente toponimia toledana adquiere su pleno significado cuando es integrada como hace Alejandro Vega con la maestría que dan muchos años de dedicación y estudio.  Da gusto pasear con él por las calles y callejas de la ciudad entre adarves y nombres a cada cual más sugerente. Ya decía el Doctor Alfonso que una forma de hacer arqueología además de la que se basa en pruebas materiales es la seguir la pista a antiguos mitos, nombres y leyendas, lo que pudieran considerarse pruebas o testimonios inmateriales pero de capacidad ilustrativa o incluso probatoria no menor. A los datos se le añaden criterios estéticos, los rumores misteriosos o legendarios, que muestran claves de la realidad más auténtica. En Toledo leyenda e Historia se confunden, como en la mansión del grial lo hacen Espacio y Tiempo.

 

Toledo fue emporio de las Letras, depósito de conocimiento. Es un libro que hay que leer despacio, página a página, calleja a calleja. Aunque no todos los lectores sean capaces de entenderlo como Alejandro. Toledo, el lugar donde hubo una gozosa hierofanía, se manifestó a la Humanidad la Revelación de nuestro Señor Don Quijote, aunque el gran Cervantes sabemos que es poco sincero en ciertas cosas importantes.

 

No nos encontramos con el fantasma de Ángel Guerra con su misticismo decadente y desorientado, retazos más o menos inconexos de un magnífico esplendor sincrético anterior, vagabundeando por esas callejas, si bien acaso no se pueda afirmar lo contrario. Y es que el siglo XVII marcó una gran decadencia a la que no escapa Toledo: Se derriban joyas arquitectónicas para construir conventos u otros edificios espantosos o insustanciales que constituyen un penoso laberinto para el alma.

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La fachada occidental de la catedral muestra la famosa puerta de los sabios con su simbólico parteluz alquímico. Y bordeando el majestuoso templo por la parte Norte, la calle Hombre de palo, en la antigua Alcaná de la que luego hablaremos.

 

El llamado taller del Moro luce su restauración. Su precioso artesonado. Su vista de los jardines del Palacio de Fuensalida, a través de unas ventanas que permitieran contemplar el Paraíso.

Pero pocos viajeros advierten algunos detalles que nos muestra Alejandro. Así, las palomas o las manos de Miriam o de Fátima, poderoso amuleto de protección en las dependencias privadas. O en el precioso brocal de pozo esmaltado.

 

Bien y Mal, Belleza y mal gusto. Amor y Odio, Paz y Guerra son la dualidad en la que nos movemos.

 

En el misterioso y magnético antro o caverna de la casa del duende junto a la torre de acupuntura de San Miguel puede emplearse su peculiar condición vibratoria telúrica para elevar el pensamiento, nuestra propia tasa de vibración personal. Lo sutil y lo pesado. El ego y la generosidad filantrópica a través de la cadena de unión. Toda una experiencia.

Otrora también fue lugar de reunión de academias de conocimiento e investigación.

 

En las cuevas del Alcaná, junto a la parte norte de la catedral, la vibración del suelo, es notable y semejante a la de su parte meridional. Sin embargo, en ella existe una exposición de siniestros instrumentos de tortura. Al parecer todos europeos, porque lo de la leyenda negra española no deja de ser invención en gran parte de nuestros enemigos históricos estúpidamente creída e incluso resaltada por algún compatriota ignorante o malintencionado.

Pero estos instrumentos de crueldad, de maldad, de barbarie, de odio, no dejan de irradiar sufrimiento, dolor de sus víctimas. Acaso mantengan cierta utilidad como recordatorio de hasta donde pueden llegar la maldad, la perversión, la crueldad, la brutalidad.

Es difícil permanecer allí mucho tiempo sin sentirse mal, desarmonizado, incluso con la salud afectada.

Pero desde luego también conviene recordar las sombras de nuestra Historia. Unas sombras de dolor, sufrimiento y esclavitud que nunca deben repetirse, aunque importantes nubarrones en el horizonte avisan que puede volver a suceder..

 

Pero Toledo nos muestra que otro mundo es posible. La catedral con todos sus criptomensajes salvíficos y bienhechores, con todas sus sugestiones de elevación espiritual, intelectual y moral, está al lado de este antro de tortura, salvajismo y barbarie.

 

Cuando el viajero con el libro de Alejandro como guía accede a la ciudad sagrada puede intentar reproducir en sí mismo la Gran Obra.

Así sea.

 

 

 

 

 

 

 

Itaca, según Cavafis

   

                                                     “Los amores relativos son experiencias enriquecedoras a través del conocimiento de otros seres y, una vez despejado el misterio, se abren nuevos caminos a la exploración amorosa siempre analítica e inquietante.

                                                       Quizá los dilemas del amor llevan al politeísmo erótico, amar muchas veces sin comprometerse en ninguna unión definitiva, que cierra el horizonte de de la infinitud amorosa. Y seguiremos buscando el Todo-Uno, la verdad absoluta del amor, el fin de sus dilemas”.  

(Carlos Gurméndez, Los dilemas del amor)

 

ITACA

Si emprendes el camino hacía Itaca

Desea que el camino sea largo,

Lleno de peripecias, lleno de experiencias.

A los lestrigones y a los cíclopes,

Al encolerizado Poseidón no temas,

Tales cosas en tu camino no encontrarás

Si tu pensamiento alto permanece, si una selecta

Emoción roba tu espíritu y tu cuerpo.

Ni lestrigones ni cíclopes

Ni al fiero Poseidón encontrarás

Si no los llevas en tu alma,

Si tu alma no los erige ante ti.

 

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

En que, con que placer, con que alegría,

Entres en los puertos por primera vez vistos;

Detente en los mercados fenicios

Y compra las hermosas mercancías,

Nácar y corales, ámbar y ébanos,

Y voluptuosos perfumes de todo tipo,

Los perfumes más valiosos y voluptuosos que puedas;

Visita muchas ciudades egipcias

Y aprende y aprende de los sabios.

 

Ten siempre en tu mente Itaca.

Llegar allí es tu destino.

Pero no apresures el viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure

Y que, ya anciano, arribes a la isla,

Rico con cuanto ganaste en el camino

Sin esperar que Itaca te dé riquezas.

 

Itaca te dio el bello viaje.

Sin ella no hubieses emprendido el camino

Pero ya no tiene nada que darte.

 

Y, si la encontraras pobre, Itaca no te engañó.

Tan sabio has devenido, con tanta experiencia,

Ya habrás comprendido lo que significan las Itacas.

 

 

Nota

La traducción del poema Itaca de Costantino Cavafis es de Luis de Cañigral.  Ediciones Júcar, 1980.

Imágenes procedentes de Los dioses de Grecia y Roma de Víctor Gebhardt, Biblioteca ilustrada Espasa, 1881.

 

 

 

 

 

 

 

Viaje por el espacio y el tiempo

El viajero viene de Francia. Ha visitado a su familia. También con ella el ahora museo donde estaba el antiguo convento de los Agustinos. Y el precioso templo de los Jacobinos, en Toulouse. Se trata de una rara iglesia de dos naves separadas por una singular fila de  preciosas palmeras de piedra. Un templo extraño, elegante, bellísimo, donde se custodia la tumba de Santo Tomás de Aquino. Acaso inspirado en otros ibéricos de hermosos árboles encantados en piedra como la colegiata de Berlanga de Duero, la Veracruz segoviana, Tomar en la sede de la Orden del Cristo de Portugal y los mozárabes San Baudelio de Berlanga o Santa María de Peñalba en Arnedillo. Pero de estos templos, su historia, arquitectura y sugestivo simbolismo, se hablará en otro artículo.

El viajero no participa de la indiferencia, casi menosprecio, de Fernando, el protagonista barojiano de Camino de Perfección, ante la preciosa citada iglesia de la Veracruz, antes templaria y hoy de la Orden de Malta, en el camino de Segovia a Zamarramala: “Era románica y debía de ser muy antigua; tenía adosada una torre cuadrada, y en la parte de atrás, tres ábsides pequeños”.

Al contrario, piensa que en estas pequeñas joyas de nuestra antigua arquitectura se hallan los mayores valores estéticos y lo mejor del alma o la espiritualidad española. Que en difícil sencillez sin apenas ornamentación trascienden su pertenencia al arte cristiano medieval para constituir artefactos universales de perfeccionamiento espiritual. De alquimia para el alma sosegada y receptiva.

El viajero no está solo en esa apreciación: Si Machado rechazaba la religiosidad huera de la España oficial sin embargo buscaba recuperar un Dios vivo, interior y esotérico. Un Dios al que parecería más fácil encontrar refugiado en las modestas pero preciosas ermitas mozárabes o románicas que en las encopetadas y recargadas iglesias barrocas donde la retórica y la ostentación de Poder ahogan el Espíritu.

Bécquer también nos anima a que, sea como historiador o como artista, sea examinada la importancia de monumentos que merecen fijar la atención de los hombres pensadores y estudiosos.

En Oriente, tan lejano y cercano a la vez, un importante yogui, Paramahansa Yogananda, también nos lo dice: “Adorar al Señor en la iglesia o en templo es un buen hábito, siempre y cuando a partir de esa inspiración aprendas a entrar en tu propio templo de la meditación y a experimentar el éxtasis interior. En las horas más profundas de la noche y en la quietud del amanecer, entra en tu catedral interior y háblale a la congregación de tus pensamientos, exhortándolos a todos ellos a consagrarse al infinito. y en el grandioso órgano de tu templo de paz, sonará el majestuoso Om”  

 

El viajero, aburrido de la autovía francesa hacia la frontera con Irún en la que la principal emoción es saber si el dispositivo automático de su auto levantará o no la barrera del peaje, decide volver a España atravesando el Pirineo por zona nacional evitando los más fáciles pasos de Gerona y Vascongadas.

Duda entre sendos túneles oscenses, bien el de Bielsa, conocido de otros viajes y más corto pero más agobiante por su reducida sección, o el de Somport -Canfrant, amplio y cómodo aunque de casi nueve kM de largo.

Se decide por esta última opción. El viajero pasa cerca de Lourdes, famoso centro de apariciones marianas o lo que sean, pero no entra en la población porque ahora no está para milagros. A la altura de la ciudad de Pau toma la intrincada y anticuada carretera en dirección Sur por Oloron Ste-Marie, siguiendo aguas arriba el curso del Gave d`Aspe hasta el túnel que atraviesa el Pirineo en dirección a España. Una ruta de montaña con tramos de gran belleza.

Francia tiene muy descuidadas, firme gastado, trazados tercermundistas, cruce de poblaciones, las carreteras cercanas a nuestra frontera.  Debe ser cosa de prioridades. Las suyas. Pero mal iríamos si no pudiésemos emplear los pasos fronterizos cómodos en manos nacionalistas hostiles y tuviésemos que comunicarnos a través del Pirineo.

La emblemática estación de Canfrant, hoy cerrada, tiene un aire como de viejo balneario decadente de tiempos pasados y acaso mejores, al menos para ella. Ya en tierra española de Aragón, aunque con trazado de montaña, la carretera es buena. Jaca es una ciudad hermosa, con amplias urbanizaciones pero de urbanismo moderno, de escasa tradición arquitectónica popular salvo en la zona de su preciosa catedral, joya del románico español.

 

El viajero confiesa que tiene una cierta nostalgia. Una sensación de nuevo fracaso histórico español como el del 98. Y se distrae rememorando la obra de algunos de los más preclaros autores de esa generación, tan ligada en sus comienzos al regeneracionismo y al modernismo. Pero los miembros de la generación del 98 adquieren pronto un discurso propio que no es el simple de los datos, el positivismo de unos o el esteticismo atemporal y casi apolítico de otros.

Acaso sus juicios no resulten hoy demasiado científicos, al menos con la perspectiva que nos da el tiempo, pero mantienen una gran carga de emotividad, de rebeldía asociada a una idea estética de la vida. Su visión de Castilla está teñida de su preocupación por el paisaje. Pero la de la Castilla geográfica no es muy real, al confundirla con las inmensas llanuras leonesas, cuando es así que el verdadero relieve castellano es accidentado. También esa idea estética se inspira en los mitos históricos, legendarios y literarios de nuestra gran Cultura. Una de las más importantes del mundo, dicho sea en honor a la verdad lejos de cualquier nacionalismo barato.

 

En su libro Castilla Azorín ofrece un final feliz a la aventura amorosa, tan desoladoramente trágica en el original, de Calisto y Melibea.

En esto veo Melibea la grandeza de Dios. ¿En qué Calisto? En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase: y fazer a mi in merito tanta merced que verte alcanzase”.

¿Por qué el devenir de España parece tener también como en el caso de los tan desgraciados amantes un elemento permanentemente trágico, que impide el triunfo del amor y del bien? El devenir de España también parece eternamente víctima de una conspiración motivada por la ambición, el egoísmo y la codicia de las Celestinas de turno y permitida por un pueblo desorientado cada vez más amorfo.

Azorín nos presenta a un Calisto maduro, felizmente casado con Melibea y padre de una hija, del mismo nombre que su abuela, Alisa. Pero Calisto medita con la cabeza reclinada en la mano sobre el devenir del tiempo y las formas de las nubes, tan iguales, tan distintas, en su eterno caminar sobre el cielo… Otro halcón pasa el cercado del jardín y tras él un mancebo…

¿Tiene razón Azorín al permitirse dar otro final a la historia? ¿Es que la Historia de España tiene un carácter fatal que se impone a los intentos de reforma y mejora profunda y continua de generación tras generación?

 

En una de sus Cartas desde mi celda Bécquer nos confiesa que: “lo único que yo desearía es un poco de respetuosa atención para aquellas edades, un poco de justicia para los que lentamente vinieron preparando el camino por donde hemos llegado hasta aquí, y cuya obra colosal quedará acaso olvidada por nuestra ingratitud e incuriala vida de una nación, a semejanza de la de un hombre, parece como que se dilata con la memoria de las cosas que fueron, y a medida que es más viva y más completa su imagen, es más real esa segunda existencia del espíritu en el pasado, existencia preferible y más positiva tal vez que la del punto presente”.   

 

De modo que el viajero desea atravesar Castilla otra vez en un momento histórico en el que los logros de su labor de construcción de la gran civilización española se encuentran gravemente amenazados. En el que el tren azoriniano de la lucecita roja parece que ya nunca regresará. Una aventura común de siglos hoy medio desbaratada por la corrupción y la falta de inteligencia, voluntad y patriotismo de muchas instituciones y sus ocupantes, trasladadas a buena parte del pueblo español actual, objeto de un proceso de embrutecimiento programado. No sin zozobra y con una extraña sensación de final de época se decide a adentrarse en un paisaje de nostalgia, que como el reino de Fantasía de La Historia interminable parecería que ya no tiene nadie que lo piense.

Atravesar el espacio en Castilla también es un viaje en el tiempo.

Si desde una perspectiva funcional las actividades mentales pueden desglosarse en varias capacidades: de observar, de recordar, de analizar y juzgar, la vida moderna con sus variados chismes y artilugios pone en entredicho la más plenamente humana de todas, la de creación, la capacidad de intuir y generar ideas. El campo de la imaginación es tanto o más vasto que las llanuras de la Castilla noventayochista.

En su Una Hora de España cuando habla de Un Viandante el pequeño filósofo de Monóvar nos explica que “cuando nos sentimos superiores a las cosas que nos rodean y la necesidad nos mantiene ligados a esas cosas, poco a poco nuestro espíritu se va concentrando en un ideal íntimo… dejamos el mundo material y creamos para nosotros, otro mundo fantástico. En ese ideal que nosotros solos guardamos se reconcentra toda nuestra vida. Sin ese asidero imaginativo-imaginario y salvador- nuestro espíritu se hundiría en el abismo. Y podremos trafagar por los pueblos y por las ventas, podremos sufrir adversidades, pero allá en lo íntimo de nuestro ser se eleva para nosotros solos un mundo que todos los días, en nuestras meditaciones vamos purificando y hermoseando. Las sugestiones de los libros importan mucho; pero en vano serían las sugestiones de los libros, leídos acá y allá, si no se llevara en el ánimo este desequilibrio del que hablamos. Las lecturas no hacen más que ayudar a la gestación de la obra. Las lecturas son simplemente la piedra aguzadera del ensueño”. 

El gran Valle también lo expresa con las bellas palabras de su español alquímico, primorosamente destilado en alquitara galaica: Los muchos libros son como las muchas amantes: no dejan huella.  Y así sería si, como dice Azorín, no lleváramos ya tal desequilibrio en el ánimo.

Pero ¿el mundo interior es real? Azorín continúa su relato con el encuentro en una venta y el posterior abrazo de mutuo reconocimiento entre el caballero de la triste figura y … ¡Cervantes! Y es que “El ensueño interior del viandante – ¡Oh maravillosa ironía! – se concretaba, fuera, en el mundo, en la persona de un loco”.

Hoy la hostelería es muy buena en España. Ya no existen esas terribles ventas cervantinas ni menos las fondas y fonditas con tenedores manchados de huevo irónicamente glosadas por Azorín. Tampoco se cruzan los parajes en diligencia o caballero sobre mula pasicorta con el temor de algún infeliz encuentro con bandoleros de los de antes, sin impunes poltronas ni nuevas tecnologías cleptocráticas. Hoy se pueden hacer en cómodo automóvil por carreteras de variada condición aunque siempre lejos de las dificultades de antaño.

 

Antes de meterse en tierras castellanas el viajero cruza Aragón y Navarra. Esta vez no se desvía por Santa Cristina de Seros para acceder al precioso claustro de San Juan de la Peña, lugar del grial, por Naturaleza, Historia, Arte y Cultura. Ni tampoco al monasterio navarro de Leire con su hermosa leyenda del abad que trascendió nuestro universo tridimensional embelesado por el canto de un pájaro. Una leyenda no solo navarra sino universal semejante a las de Armenteira, Éfeso o la que cuenta la sura decimoctava del Corán.

El transparente azul turquesa del agua, ahora muy escasa, del embalse de Yelsa recuerda la tonalidad habitual de las playas del Caribe. Un punto de colorida serenidad en medio del agreste paisaje del pre Pirineo. Pasa de largo del reducto jesuítico de Javier. Sangüesa, bella ciudad en el camino de Santiago, también queda atrás con sus emblemáticas casas solariegas de curiosos aleros y el precioso Pórtico de Poniente de su iglesia románica de Santa María la Real, una de las más bellas del camino.

Olite estaba en fiestas y hubo que dar un rodeo bordeando el parador Príncipe de Viana para atravesarla en dirección al río Ebro y La Rioja. Arnedo es una capital muy industrializada, la última que el viajero va a ver durante un tiempo cuando se adentre en la desamparada, noble y dignísima Castilla milenaria hasta el momento de llegar a la provincia de Madrid.

 

Remontando el río Cidacos desde Arnedo el viajero se acerca a Arnedillo, parada y hospedaje para poder visitar la ermita mozárabe de Santa María de Peñalba, más modesta pero de cierto parecido con la famosísima soriana de San Baudelio de Berlanga.

Arnedillo es una pequeña y bonita población riojana cuyos orígenes se remontan al siglo X, cuando se funda la Castilla del conde Fernán González “islote de hombres libres en la Europa feudal”, como decía Sánchez Albornoz.

Gracias a la eficaces gestiones del amable hospedero Don Javier y del alcalde, Don Pedro, el viajero pudo organizar las visitas del día siguiente.

Su amable, culto, discreto y hospitalario cura, Don Joaquín, proporciona al viajero muchos y valiosos datos sobre la población, su entorno, balneario y ermitas. Gracias a su gentileza subirá con él a admirar el interior de la ermita mozárabe de Santa María de Peñalba en una hermosa mañana bajo el transparente cielo azul y el testigo inmutable de la peña blanca. Desde allí la panorámica sobre el valle del Cidacos, declarado Reserva de la Biosfera, es realmente bonita. Pero de este modesto aunque bello y sugestivo templo mozárabe se hablará más en otro texto que prepara el autor sobre templos con palmeras de piedra y su profundo e inspirador simbolismo.

Don Joaquín también le enseña una curiosa nevera medieval con sendos orificios de entrada y salida donde se conservaba la nieve invernal. Junto a ella se encuentra la curiosa pequeña ermita de San Miguel.

Arnedillo está rodeado de ermitas. Una muy curiosa es la de San Tirso. Ocupa una cueva irregular excavada en la roca antes que la de Peñalba datada en el siglo X.

No deja de ser sugestiva la comparación de ese conjunto con el de San Baudilio de Berlanga, también del siglo X donde la cueva está situada dentro del templo y a la que se accede por una pequeña entrada en la esquina sudoccidental.

Y ya volviendo al pueblo de Arnedillo, su iglesia parroquial es notable. Sin embargo, debido a su ubicación cercana al río hubo que rellenar el suelo original con hasta dos metros de piedra para combatir las filtraciones de agua, lo que quita esbeltez a sus pilares.

Cerca de Arnedillo y Enciso y en la comarca soriana de Tierras altas se encuentran yacimientos con huellas de seres antediluvianos. Son las icnitas, huellas fosilizadas de dinosaurios. En algún momento del pasado remoto del planeta lo que hoy son abruptos montes fueron valles y vergeles capaces de soportar la presión sobre los recursos de los grandes herbívoros.

La carretera que conduce directamente a Soria aguas arriba del Cidacos y a través del puerto de Oncala estaba cortada entre Enciso y Yanguas, de modo que hubo que dar un largo rodeo por Cervera del río Alhama. Se frustra así la ruta hacia Soria mediante excursión por las Tierras altas. Donde, además de las huellas de los grandes saurios, permanecen relictos del culto secular al fuego.

 

Es obligado visitar Soria cuando se anda cerca de ella. San Juan de Duero, San Polo y San Saturio, la ribera de los álamos cantores ejercen una atracción irresistible para el viajero: pocos lugares en la España mágica son capaces de igualar estos parajes maravillosos en los que se combinan tan estrechamente Naturaleza y Arte. El arte arquitectónico tan hermoso, evocador, enigmático y singular del claustro de San Juan de Duero con su sugerente sarcófago iniciatorio. El literario resaltado por dos grandes poetas sevillanos, Gustavo Adolfo Bécquer y Antonio Machado.

Donde otrora Bécquer nos contaba las feroces batallas astrales en el Monte de las Ánimas o la fugaz belleza de la misteriosa y esquiva dama convertida en rayo de luna, hoy podemos pasear de modo apacible en un paraje sublime que genera una de las mayores emociones estéticas que cabe encontrar el viajero en toda España. Nada menos y nada más.

Para la inspiración de su obra soriana acaso Bécquer viera los elementales en su celda o en el mismo templo del monasterio de Veruela. O quizás tomó ideas de las misteriosas leyendas de la no muy lejana Trasmoz al pie del oscuro Moncayo escenario de aquelarres. O de la bilocada dama azul en la vecina Ágreda. Un sutil universo de brujas o hadas benefactoras viajeras en el astral.

 

Don Antonio Machado paseaba por la ribera del Duero, primero solitario. Luego de la mano de su amada. Al cabo, otra vez solo y… desolado. Pero el viejo olmo reflorecido, entre los álamos cantores, le consuela y le abre a la esperanza de otra futura alma en flor.

No será la única vez que don Antonio, como el portugués Antero de Quental u otros grandes poetas ibéricos, recurre al hilozoísmo como fuente de inspiración y sublime expresión poética. Así también, por ejemplo, en la Tierra de Alvargonzález el Mal cae en la oscuridad perpetua de la Laguna negra. Como, antes que los hijos parricidas en la de Urbión, cuando era perseguida por Mudarra, la malvada Doña Lambra instigadora del asesinato de los Siete Infantes de Lara en otra laguna negra cercana, la de Neila, ya en Burgos.

 

Mientras recorremos y admiramos el precioso y evocador paraje junto al Duero resuena en nuestros oídos las palabras del eximio poeta republicano:

¡Colinas plateadas,

Grises alcores, cárdenas roquedas

Por donde traza el Duero

Su curva de ballesta

En torno a Soria, oscuros encinares,

Ariscos pedregales, calvas sierras,

Caminos blancos y álamos del río,

Tardes de Soria, mística y guerrera,

Hoy siento por vosotros, en el fondo del corazón tristeza,

Tristeza que es amor! ¡Campos de Soria

Donde parece que las rocas sueña,

Conmigo vais! ¡Colinas plateadas,

Grises alcores, cárdenas roquedas!…

 

He vuelto a ver los álamos dorados,

Álamos del camino en la ribera

Del Duero, entre san Polo y san Saturio,

Tras las murallas viejas

De Soria- barbacana

Hacía Aragón, en castellana tierra-,

Estos chopos del río, que acompañan

Con el sonido de sus hojas secas

El son del agua, cuando el viento sopla,

Tienen en sus cortezas

Grabadas iniciales que son nombres

De enamorados, cifras que son fechas,

¡Álamos del amor que ayer tuvisteis

 De ruiseñores vuestras ramas llenas;

Álamos que seréis mañana liras

Del viento perfumado en primavera;

Álamos del amor cerca del agua

Que corre, pasa y sueña,

Álamos de las márgenes del Duero,

Conmigo vais, mi corazón os lleva!

 

Pero, ¡Cómo ser tan insensible para no llevarlos en el corazón!

El viajero cruza luego el puente sobre el río donde soñaba el poeta que antes cruzaban silenciosamente lejanos pasajeros ¡tan diminutos! Carros, jinetes y arrieros y bajo cuyas arcadas de piedra veía ensombrecerse las aguas plateadas del Duero.

Poco queda ya sino el recuerdo de la muerta ciudad de señores, soldados o cazadores de esa Soria fría con su castillo guerrero arruinado sobre el Duero, con sus murallas roídas y casas denegridas...

Luego de hacer una corta visita a la iglesia de Santo Domingo y a esa joya de la arquitectura civil española que es el Palacio de Gómara sigue aguas abajo del Duero en dirección a Almazán para visitar su famosa iglesia de San Miguel.

 

La iglesia de San Miguel en Almazán no pertenece a la tipología de las de palmera a las que se dedicará otro texto, de modo que conviene hablar aquí brevemente sobre ella. Aunque dedicada al famoso arcángel tiene referencias a Hércules, su posible antecedente pagano.

El templo presenta una extraña disposición con su eje desviado lo que se ha prestado a muchas y variadas especulaciones. Una de ellas (Lampérez) es que la planta representa la figura del Salvador con su cabeza reclinada sobre un hombro. Otra (Almazán de Gracia) es que el ábside fuera o se asimilara a un mihrab orientado hacía La Meca.

Pero lo más interesante es la cúpula nervada califal. Gaya Nuño aprecia influencias sirias, de Córdoba y Toledo a través de su gran mezquita, o las hoy conocidas como el Cristo de la Luz o Tornerías.

El cuadrado del crucero se convierte en el octógono preciso para la cúpula por medio de unas trompas singularísima en el románico español: la trompa propiamente dicha o trompillón es muy pequeña, con un arquito de medio cono, y el juego de fuerzas convergentes desde aquí hasta que llega a formar el paño intermedio, lo constituyen cinco arcos abocinados, los mayores escazanos y el último de medio arco apuntado…”

En la parte exterior, en la ventana meridional del ábside, se encuentra esculpida una pequeña figura muy deteriorada, acaso intencionadamente por su tema, que se asemeja a las tántricas de San Pedro de Cervatos.

El simbolismo templario e islámico del ocho aparece en una solución arquitectónica muy original.

Desde luego se trata de un hermoso templo singular de visita obligada, previo peaje eso sí, para el tesoro del obispado de Osma.

 

El viajero continúa rumbo a la cercana Berlanga de Duero, declarada Conjunto Histórico Artístico. Población soriana reconquistada en el siglo XI por Fernando I está dotada de joyas arquitectónicas monumentales que demuestran su gran importancia durante el siglo XVI.  De urbanismo medieval fue cabeza de una histórica Comunidad castellana de Villa y Tierra, extraordinaria forma de ordenación territorial propia de hombres libres alternativa de los señoríos feudales medievales europeos.

Tras buscar alojamiento en el acogedor hostal que tiene por nombre el de un ilustre fraile renacentista, merodea sin prisa por las calles del pueblo. La aljama, la plaza mayor porticada con pilares de madera sobre basas de piedra, la calle real, la espaciosa plaza del Mercado o la de san Andrés, la puerta Aguilera.

El Palacio renacentista de los Marqueses de Berlanga fue una gran construcción del siglo XVI el de máximo esplendor de la población luego semi destruido durante la barbarie napoleónica que lo incendió. Fue erguido junto al palacio paterno del Condestable de Castilla y la señora de Berlanga. Disponía de dos torres, un patio central y preciosos jardines en varias alturas. En cierto modo estos restos venerables simbolizan la propia dignidad de la Castilla agredida. Ahora se mantiene una de sus torres y la fachada como un decorado testigo de un pasado mejor.

En la misma plaza del Mercado se yergue la estatua de Fray Tomás de Berlanga. Un gran humanista y polígrafo del Renacimiento. Geógrafo, descubrió las islas Galápagos, consejero del emperador Carlos, tercer obispo de Panamá y uno de los pioneros en la idea de la construcción su actual canal. Intentó mediar, sin éxito, en las sangrientas disputas peruanas que enfrentaban a muerte a los Pizarro con Orellana. En la estatua se halla un caimán. No es capricho ornamental: la leyenda afirma que fray Tomás trajo dos de las Américas. Uno de ellos está en Medina de Rioseco. El otro en la Colegiata.

Pero la monumental Colegiata de Santa María de Mercado que entraría dentro de la tipología de templos con palmeras de piedra merece su glosa aparte.

Aquí, simplemente decir que sorprende un templo de tal calidad arquitectónica, belleza y monumentalidad en lo que hoy es una pequeña villa castellana. Pero no tanto si se recuerda la importancia que tuvo Berlanga de Duero especialmente durante su construcción en el siglo XVI.

El templo es enseñado al visitante por don Jesús, un joven amable y culto historiador. El viajero entabla una instructiva, amena y agradable conversación. Se agradece en estos tiempos poder conversar con gente tan sensible y preocupada por nuestro patrimonio artístico, histórico y cultural. Gentes verdaderamente insustituibles pese a la aparente modestia de sus cometidos, que constituyen el entramado de lo que queda de España.

 

El viajero prosigue su ruta en dirección Sur para visitar otra de las grandes joyas y una de las más singulares de la arquitectura española medieval: San Baudelio de Berlanga.

Un lugar que merece no solo ser visitado sino un viaje ex profeso para admirar su rara belleza. Se trata de otro templo mozárabe con palmera de piedra.

Y también de un verdadero artefacto espiritual, un canal de comunicación espiritual, un centro iniciático extraordinario que causa admiración por su extraña disposición a cualquier estudioso o amante de la Tradición universal.

Un lugar en el que se comprende perfectamente la máxima de Platón de que La Belleza es el esplendor de la Verdad.

O un tiempo que se nos manifiesta en su beatitud.

 

El viajero continúa luego su viaje en dirección Sur hacía Atienza, otra bonita villa medieval, ya en Guadalajara. También posee su castillo en el altozano desde donde se divisa una gran panorámica. En un restaurante junto a la hermosa iglesia de San Juan Bautista come unas judías pintas, receta antes tan popular hoy en desuso y un exquisito plato de corzo. No sin cierto remordimiento de conciencia, todo hay que decirlo, porque el corzo es uno de los animales más elegantes y bellos de nuestros bosques. Con el proceso de desertización y progresivo abandono de nuestros campos no es muy difícil verlos, en especial durante el crepúsculo cuando atraviesan la frontera del bosque en busca de comida. Su elegante y misteriosa silueta se perfila sobre los terrenos de colores más claros.

Deja Sigüenza al Este y atravesando tierras y barrancos de la Alcarria sigue en dirección Brihuega y luego hacía Pastrana donde hará noche.

La Alcarria es el nombre de una vasta y famosa comarca de Guadalajara pero también de un accidente geográfico que da lugar a todo un ecosistema presente también en otras provincias de la meseta sur. Para la Real Academia, normalmente no muy precisa en cuestiones de Ecología, es un terreno alto, raso y con poca hierba. Una definición en la que podría encajar por lo menos media Península Ibérica.

Parece proceder de una palabra arábigo española, Al karria que vendría a significar según unos, aldea o lugar de poca población. O bien, según otros, camino, ruta de paso.

Las alcarrias son mesetas altas, troncos de pirámide parecidos a artesas volcadas con laderas erosionadas. A veces reducidos a simples cerros testigo.

Es decir, desde el punto de vista ecológico la alcarria es un ecosistema modificado por el hombre que consta en lo geológico de rasas, planicies o páramos superiores calizos y valles de erosión y barrancos excavados por redes fluviales hoy de escaso caudal en cotas crecientes de terrenos arcillosos pardo bermejos, margas, e incluso lignitos en estratos de baja potencia. Y en lo botánico de especies resistentes a la sequía entre las que abundan las labiadas y aromáticas: Lavanda, espliego, romero, tomillo.

En la Alcarria se han entablado batallas históricas famosas. Así durante la Guerra de Secesión entre las fuerzas borbónicas de Felipe V y las imperiales austriacas. Y otra más reciente y conocida durante la Guerra civil, entre fuerzas defensoras y atacantes de Madrid.

Esta última tuvo lugar junto a Brihuega y como protagonistas principales a las fuerzas expedicionarias italianas mandadas por el general Coppi y las nacionales del general Moscardó frente a las republicanas de los entonces teniente coroneles Segismundo Casado y Vicente Rojo, excelente militar de carrera éste, admirado por Franco, y las columnas libertarias de Cipriano Mera, obrero de la construcción y genio militar improvisado.

Tras la contundente derrota de los italianos los comunistas de modo oportunista y propagandístico intentaron hacerse protagonistas a posteriori de la misma, ninguneando a Mera y Rojo sus verdaderos artífices.

Me vienen a la memoria todas estas cuestiones, comportamientos valientes, incluso heroicos, junto a miserias humanas cuando en Brihuega me asomo al mirador sobre el río Tajuña. Contrasta la apacible serenidad de esta tarde de verano con los feroces combates de marzo del 37.

Don Camilo el del Premio cuenta su entrada en Brihuega, allá por el año 46:

“El viajero baja por unas callejas y se fuma un pitillo, a la puerta de una casa, con un viejo.

Parece hermoso el pueblo.

No es malo. Cuando había que haberlo visto era antes de la aviación.

Las gentes de Brihuega hablan de antes y después de la aviación como los cristianos hablan de antes y después del diluvio.

Ahora no es ni sombra de lo que fue”.

Pero afortunadamente hoy Brihuega ha recuperado la luz, venciendo al menos temporalmente a las sombras. Esas sombras que amenazan la vida de las pequeñas urbes castellanas situadas lejos de las grandes vías de comunicación y cuyo futuro parece menos esplendoroso que su pasado.

En Brihuega nació la querida abuela Ildefonsa, mujer de gran talento que por méritos profesionales llegaría a ser directora general de Instrucción Pública. El viajero se permite dedicar unos momentos a su emocionado recuerdo.

Antes de partir hacia Pastrana merodea por las calles del pueblo. Atraviesa los restos de las murallas árabes por la puerta de la Cadena. Desciende hasta la plaza del Coso y desde allí a través del arco de la Guía se dirige extramuros a la Iglesia de Santa María y al mirador sobre la vega.

 

El viajero continúa su ruta en dirección a Pastrana atravesando alcarrias y previo paso por Budia, el pueblo donde miraban a don Camilo como un bicho raro y luego las pasara canutas para llevarse algo al estómago y encontrar fonda donde dormir.

Pastrana fue una población muy importante en el siglo XVI. Aquí vivió Ana de Mendoza, hija de los condes de Melito, la controvertida princesa de Éboli, esposa del privado real Ruy Gómez da Silva, y casi segura amante del propio rey Felipe. El hecho es que, según Morayta, “el primogénito de sus hijos era el único que tenía la cabellera como el rey, rubia y que se vanagloriaba de ser hijo del monarca y que en la corte, como tal hijo del rey se consideraba, y más porque Felipe II  hacía que se le guardasen las mismas consideraciones que al príncipe de Ascoli, su hijo natural”.

Ana de Mendoza debió ser una dama muy guapa aunque tuerta tras un accidente, caprichosa acostumbrada a salirse con la suya e inconstante en sus voluntades.

En las afueras de Pastrana Teresa Cepeda fundó un importante convento descalzo y también Juan de Yepes otro masculino.

La extraordinaria aventura espiritual, intelectual, literaria y organizativa de ambos reformadores del Carmelo, no pueden dejar de sorprendernos. Pasando frío y penalidades de todas clases, cuando no bajo la persecución del Carmelo calzado, atravesaban la inhóspita Castilla de mediados del XVI entusiasmados con su voluntad fundacional.  Recuperaron el valor de la Mística como yoga de unidad espiritual. Sus biografías están repletas de sucesos metapsíquicos, algunos tan singulares que hoy llamaríamos propios del fenómeno OVNI.

El biógrafo de Juan de Yepes, el Padre Fray Gerónimo de San Joseph, también carmelita descalzo, cuenta así la peripecia de la fundación del convento masculino de los carmelitas descalzos en Pastrana:

Aviendo ya instruido el Santo Padre los novicios de Duruelo, y Mancera, se partió mediado Otubre (1570) a hazer lo mismo en el de Pastrana con título de Vicario de aquella casa. Halló n ella a un escogido rebañuelo de catorze Novicios que en el primer año de su fundacion se avian recebido todos excelentes, y de grandes esperanzas: los quales aunque muy fervorosos, y dispuestos a toda perfección, pero necesitados de doctrina, por no aver tenido Maestro de asiento, ni a proposito. Por lo qual el Santo Padre, como a quien tocava la enseñanza comun de la Reforma, comencó a instruirlos de nuevo en las obligaciones de ella. Luego se echó de ver en el Noviciado, y en toda la casa la eficacia de su Magisterio: porque andavan todos alegres, devotos y alentados, y con una Santa competencia diligentes en el camino del Señor.

No pudo durar mucho la asistencia de nuestro Beato Padre en Pastrana, porque avindose  fundado en Alcala en este año de 1571, un Colegio, que fue el primero y más señalado de la Orden, fue señalado en él por primer Rector, para que le diese el temple devido a la virtud y las letras…”

Santa Teresa explica de propia mano la peripecia de la fundación de su convento femenino en Pastrana. Se produjo en un momento muy inoportuno para ella porque estaba organizando el recientemente creado en Toledo pero obligada por la insistencia de la de Éboli, no se pudo negar. Estuvo en Pastrana unos dos meses antes de regresar a Toledo en ese mismo 1569. Cuando murió don Ruy cuatro años después a la princesa viuda se le antojó meterse a monja descalza en el convento de Pastrana con el nombre de Sor Ana de la Madre de Dios. Sin embargo, al parecer sus caprichos y exigencias fueron tantos que Santa Teresa decidió trasladar a sus monjas a otro convento en Segovia. La vida religiosa de la intrépida doña Ana como monja descalza duraría solo unos meses. Luego de lo cual volvería a tener amoríos con el rey y ante la infidelidad de éste disfrutaría de su viudez con otros amantes, el secretario de Estado Antonio Pérez, el más importante de todos.

En la plaza pastranera de la Hora, junto al palacio ducal existe una placa conmemorativa de la visita de Cela. La plaza se mantiene en lo principal como la describe don Camilo: “La plaza de la Hora es una plaza cuadrada, grande despejada, con mucho aire. Es también una plaza curiosa, una plaza con sólo tres fachadas, una plaza abierta a uno de sus lados por un largo balcón que cae sobre la vega, sobre una de las dos vegas del Arlés”.

El viajero se fija allí en una misteriosa y esbelta dama con andares como de felino cansado que también se asoma a ver el paisaje. Luego inesperadamente se la vuelve a encontrar en el hotel. Resulta ser una ciclista aficionada que ha parado en Pastrana para hacer noche.

El tute por estrechas carreteras secundarias hace que el viajero se sienta algo cansado y decida irse a acostar pronto. Mañana un paseo por Pastrana y luego ruta hacia el destino final, la hermosa ciudad de Cáceres.

Pero antes hay que picar algo. En un primer bar el dueño le indica que aún es pronto para el Pastrana la nuit y la cocina está cerrada. En otro establecimiento negocia que le pongan medias raciones. La de callos estaba muy buena. En los precios se observa ya la influencia madrileña. Para bajar la cena pasea por calles empinadas de nombres sugerentes o de personalidades históricas españolas. Algunos balcones lucen banderas españolas. Seguimos en zona nacional.

Ya de mañana, el viajero no pudo entrar en el palacio ducal pero seguro que ya no se encuentra en el estado calamitoso descrito entonces por Cela. Tampoco en el museo de tapices idea que fue de don Eustoquio García que fuera párroco de la villa. La visita a la plaza de la fuente de los Cuatro Caños es obligada.

El viajero compra unos melones, se despide de Pastrana y vuelve a la agitación de la civilización industrial.

 

 

Menos mal que le queda el destino final de la ciudad monumental de Cáceres.  Allí paseando por el Parque del Príncipe acompañado por su sombra podrá poner en orden sus pensamientos y los recuerdos de su excursión por la España eterna.

¿Eterna?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Santa María de Cambre y el Temple

Invito al amigo lector a un breve paseo por el espacio y el tiempo en una especie de ribera sacra norteña, un lugar de la antes conocida como Mariñas dos Frades, nombre que lo más seguro es que se refiera más que a los frailes de los monasterios cluniacenses a la propia presencia del Temple, cuyos caballeros se habían establecido en la Puebla del Burgo, muy cercana de La Coruña. Y también de Cambre, la antigua Calambre. Y, en especial, por su actual iglesia parroquial de Santa María de Cambre, hermosa construcción románica del siglo XII acabada en el XIII que es lo que nos queda del antiguo monasterio benedictino fundado hace más de mil años y que ha sufrido muchas transformaciones y a veces penosas vicisitudes a lo largo del tiempo. Entre las que cabe destacar, la devastación del pirata Drake con ocasión del sitio de La Coruña o luego por las fuerzas napoleónicas del mariscal Soult. Sin olvidar las consecuencias, tan indeseables para el patrimonio artístico español, de la desamortización de Mendizabal.

Parcialmente reconstruida en el siglo XIX tras la campaña napoleónica que tantos estragos produjo, la preciosa iglesia románica hoy rehabilitada luce su majestuosa belleza junto a la plaza principal del pueblo y puede ser admirada desde todas las direcciones excepto por una, donde la casa rectoral, una edificación adosada de escaso valor estético construida en solar antes ocupado por el antiguo monasterio destruido, la afea y dificulta su perspectiva.

Su planta basilical, de cruz latina y distribución del espacio arquitectónico con el claustro ubicado en posición meridional se asemeja en pequeña escala a la catedral compostelana. Desde el Oriente sorprende su girola con cinco ábsides, rara solución arquitectónica en el románico gallego. Es muy notable, tanto por su rareza como por la elegancia con la que ha sido resuelta, dicha girola o deambulatorio que consta de cinco ábsides dotados de arcos apuntados. Su existencia puede tener que ver con las procesiones rituales de los monjes que en otros monasterios se realizaban en el claustro, más que con las numerosas visitas de peregrinos y fieles como en el caso de Compostela dado que no era un centro de peregrinación. La girola es de tramos trapezoidales de dimensiones alternadas. Da acceso a cinco capillas de planta ultra semicircular. Cada una con cinco ventanas y crucerías de fuertes nervios. Al parecer en una de ellas se ubicaba antiguamente la famosa hidria, de la que luego hablaremos. Las naves con cubierta de madera se apoyan en seis pilares de planta cuadrada con columnas adosadas y cuatro más fuertes en el crucero. Los de la girola son columnas monocilíndricas.

El exterior acusa su estructura interior por dos grandes contrafuertes que en la fachada principal  marcan la triple nave, contrafuertes correspondientes a los arcos en las laterales.  La puerta de Poniente o del Perdón aunque muy bella resulta más convencional, en la línea de las llamadas de peregrinación.  En las basas cabe encontrar monstruos semejantes a los existentes en las del Pórtico de la Gloria compostelano que admiten una interpretación tántrica. (Vosotros Nº 4). El Pórtico presente restos de arranques como de un cuerpo avanzado, acaso semejante al hoy demolido de la colegiata coruñesa de Santa María. En el tímpano figura el cordero místico, el agnus dei representativo del fuego, que aparece casi siempre en los templos románicos en una u otra posición. Sobre él una rosa formada con losas caladas en círculos. Pero también otras representaciones muy sugestivas como luego veremos.

El interior, mayor del que cabría presumir desde el exterior del templo, ofrece una elegante majestad que recuerda la que cabe admirar en la palentina de san Martín de Frómista. Esbeltos pilares coronados con bellos capiteles románicos de distintas decoraciones incluidos algunos de los bestiarios románicos clásicos, entre los habituales lotiformes. Cabe destacar algunos zoomórficos situados en sendas columnas de la nave central y el lateral norte. Animales mordiéndose entrelazados junto a aves o seres humanos con expresión de espanto.  O bien un rostro humano entre las garras y las fauces de una fiera, rodeado de hojas de acanto.

El templo ha sido estudiado por muchos autores. Entre ellos cabe citar por ejemplo a Sa Bravo, Ángel del Castillo, Chueca Goitia, Vila da Vila, o Lámperez.

Vicente Lampérez, catedrático de la Escuela de Arquitectura de Madrid fue autor de uno de los mejores inventarios de nuestra arquitectura sagrada medieval española y alzó un plano de su planta. Por esa época asesoraba en la remodelación y ampliación del vecino pazo de Meirás, ya que su esposa, Blanca de los Ríos, era muy amiga de su propietaria heredera, la condesa de Pardo Bazán.

Santa María de Cambre es un templo que nos depara otras sorpresas de gran interés. La más original o insólita quizás sea su hidria, considerada por la tradición local una rara reliquia traída desde nada menos que de Jerusalén por los vecinos caballeros templarios cuando se vieron obligados a abandonar Palestina. Fue depositada en Santa María del Temple y trasladada luego a Cambre con ocasión de la disolución oficial de la Orden.

En 1519 habría sido mencionada en cierto pleito. A finales del siglo XVII fue solicitada por el abad de San Martín Pinario, del que a la sazón pertenecía el prior de Cambre, pero los vecinos se negaron al traslado y consiguieron evitarlo.

Sa Bravo cita un texto obtenido de las Memorias del Arzobispado de Santiago escrito por el cardenal Jerónimo del Hoyo que recoge las impresiones de una visita en 1607: la iglesia es muy grande y muy capaz y la casa está muy reparada. Hay en la capilla mayor al lado del Evangelio una de las hidrías en que Cristo Nuestro Señor convirtió el agua en vino en el milagro de las bodas”.

La hidria supuestamente evangélica es un bello y singular recipiente de piedra en forma de monumental copa o pila bautismal que al parecer estaba situado en el ábside sudoriental y hoy puede admirarse en la parte nor-occidental del templo, junto a la entrada.  Muestra multitud de ralladuras al parecer provocadas por devotos que querían conservar o utilizar su polvillo para aprovechar sus supuestas propiedades terapéuticas en virtud de su supuesto protagonismo evangélico. En efecto, según la piadosa tradición citada la hidria habría sido usada por el Salvador durante las bodas de Caná para convertir el agua en vino.

La de Cambre no sería la única hidria conocida. Parece ser que habría tantas hidrias evangélicas “auténticas” por el ancho mundo como fragmentos del lignum crucis. El de la hidria de Cambre tampoco es el único caso de tradiciones templarias relacionadas con hidrias o con ciertos recipientes más o menos mágicos capaces de transformar agua en vino y viceversa, vino en agua. Así, respectivamente, la leyenda de la copa de Nuestra Señora del Temple en Maderuelo o la de Caravaca de la Cruz, ambas relacionadas también con los templarios. Que la supuesta reliquia proceda de los controvertidos monjes caballeros acaso pudiera tener que ver con cierta antigua tradición heterodoxa según la cual la famosa boda descrita en los Evangelios pudiera en verdad haber sido la del propio Jesús con María, la hermana de Lázaro o la Magdalena, lo que explicaría su iniciativa durante el banquete, asaz atrevida si sólo asistiera como un invitado y no fuera uno de los contrayentes o responsables de la organización del mismo.

Como el lector recordará dentro del ciclo del grial existen relaciones de asociación entre el caldero mágico, la hidria, que como el propio grial representaría simbólicamente el “mundo de la cosa en sí”, la caída del rey pescador y la Orden del Temple.

En su tesis de licenciatura sobre la arquitectura y escultura de la iglesia de Cambre Margarita Vila da Vila realiza un detallado estudio estético de nuestra hidria. La autora considera que la hidria no es un elemento relacionado con nuestra propia tradición. Concluye que probablemente sea hierosolimitana pero de una época muy posterior a la evangélica.

Pero prosigamos con nuestra visita al templo para comentar más cuestiones raras o heterodoxas que no suelen encontrarse en otros textos que parecen olvidar que un templo es una especie de artefacto espiritual capaz de elevar nuestro plano vibratorio y de conciencia.

Una importante curiosidad iconográfica es la pareja de figuras demoníacas existentes en las mochetas de la puerta meridional, hoy reconstruida, que en su momento sería de comunicación del templo con el antiguo claustro.  Parecen devorar o quizás aplastar a sus víctimas, en todo caso ambas poseen carácter intimidatorio. Y es más notable y elaborada la situada en la jamba occidental que en la oriental. Se asemejan a ciertas miniaturas medievales como la initium o capital inicial de la letra T del folio 163 del libro IV del Códice Calixtino, conocido luego como Historia Turpini. También recuerdan más vagamente la iconografía moderna habitual que suele ilustrar La Metamorfosis de Kafka.

Su simbolismo probablemente se encuentre relacionado con el llamado guardián del umbral. Un asunto que merece un comentario aparte.

En efecto, dentro de la Tradición esotérica universal, en su proceso evolutivo hacia la iluminación o desenvolvimiento espiritual, el buscador entra en una región llamada Amenti por los egipcios, Hades por los griegos, Kamaloca por los hindúes védicos, Purgatorio por los cristianos o plano astral por los esoteristas occidentales.  Una región donde se ven las formas siniestras de los elementales que parecen disuadir al buscador de proseguir su viaje espiritual. En todo caso, el umbral sería el punto de paso o transición entre el espacio profano y el sagrado. Un punto que da lugar a ciertas complicaciones aparentes o reales para ser traspasado hacia la plenitud espiritual que simboliza el espacio sagrado del interior del templo y en el que determinadas almas no evolucionadas pueden ser retenidas. Probablemente es a este mismo fenómeno al que se refiere también el llamado Libro tibetano de los Muertos o Bardo Thodol, en el que se ofrecen una serie de instrucciones al alma del moribundo para no ser atrapada en ese círculo de espanto y proseguir su desenvolvimiento espiritual, en este caso, post mortem.

La entrada al templo simboliza el acceso a un espacio y tiempo sagrados diferentes de los profanos. A cada plano vibratorio, a cada mundo, corresponde un diferente estado de conciencia y se accede desde diferentes vías. Tal acceso del yo a los planos de lo sagrado se opera en un punto, de modo que tal paso del umbral puede ser consciente o inconsciente. Para vivir en esos planos superiores es preciso disponer de los cuerpos o vehículos adecuados a tales vibraciones respectivas. Existen varias formas. Una de ellas es la invocación a determinadas deidades de protección. En este caso el buscador se intentaría colocar bajo la protección de entidades tales como los antiguos genios protectores, los santos y ángeles del Cristianismo o los bodisattwas del Budismo mahayánico. Una de estas variantes las constituirían los guardianes del umbral que operan en el plano astral inferior, un círculo de sufrimiento, pasiones y espanto. En la iconografía budista se asocian a los guerreros de aspecto terrorífico que protegen a los budas o deidades situadas en lo sagrado. Aquí en Cambre las formas son repugnantes pero su superación, dominando el miedo infundido que simbolizan, abre paso al templo desde el Sur. Sea como fuera, constituyen un aviso de la comprensión de la muerte como un paso a otra forma de existencia en un mundo dimensional diferente.

En la parte superior de la arquivolta de la fachada de Poniente se encuentra un personaje barbudo tocado con un raro gorro, situado entre dos leones y con un libro abierto. Esta representación es relativamente frecuente en capiteles y canecillos románicos. Pero ya no lo es tanto que aparezca con las piernas cruzadas, haciendo bocina con ambas manos, con un libro abierto y con la cabeza cubierta por una especie de gorro frigio o quizás bonete judío. Podría tratarse de Daniel, como en el caso de El Pórtico de la Gloria compostelano que también aparece con la pierna derecha en escorzo y los píes cruzados según una conocida posición iniciática. Sin olvidar que en el propio parteluz la figura sedente del maestro Santiago tiene un báculo que se asemeja a un mallete y también se encuentra entre sendos leones amansados. Sin embargo, tanto Daniel como Santiago presentan filacterias en lugar de libros. También recuerda el de cierto capitel situado junto a la jamba septentrional de la Puerta de Poniente de la más cercana iglesia de Santiago situada en la ciudad vieja de La Coruña.

Dentro de los dos principales significados de un símbolo tan polisémico como es el del león en la escultura románica: Activo como devorador o guerrero y pasivo como fiera dominada, los leones gallegos son amansados por el personaje cuya maestría sobre su propio yo se quiere resaltar. Pero no hay que olvidar que determinadas representaciones medievales son de carácter polisémico y a veces trasmiten mensajes ocultos dentro de otros más conocidos u ortodoxos. Así, la de Cambre probablemente tiene un significado heterodoxo: podría representar la figura de un mago, un alquimista espiritual dominando la naturaleza con el mutus liber en las manos y sus propias pasiones, ambos leones, domeñadas por el conocimiento y la voluntad.  En todo caso, el artista constructor le da una importancia relevante al situarlo donde lo hace.

¿Tiene alguna relación simbólica con las dos figuras demoníacas de los machetes de la otra puerta, o con la del rostro entre las fauces del capitel citado? Es posible. En la ya citada cercana iglesia de Santiago en La Coruña existe una figura semejante en idéntica posición, ubicada bajo una cruz templaria. Pero en este segundo ejemplo el personaje parece realizar un signo de horror semejante al que podemos contemplar en algunos cuadros de El Giotto o de los caballeros de El Entierro del Señor de Orgaz. ¿Qué sentido puede tener? La ubicación en la puerta de Poniente, la del ocaso del Logos representado por el sol, también conocida como del Perdón, podría indicarnos una advertencia sobre la muerte, al menos la espiritual.

También un capitel del interior de la iglesia visigótica del siglo VII de San Pedro de la Nave en Zamora muestra otra figura parecida de Daniel con los brazos abiertos entre dos leones. Y en la iglesia románica de Villanueva de la Torre (Palencia) o en la más próxima de Nuestra Señora de Lugás en Villaviciosa (Asturias). En el caso ya comentado de la iglesia de la capital coruñesa existe un capitel con la imagen clásica de Daniel pero no con dos sino con cuatro leones situados a su izquierda. Un número de rara frecuencia en arte románico que existe también en otro capitel de la iglesia palentina de Resoba, si bien en actitud orante sin sombrero ni libro abierto.

Pero, ¿por qué habría de haber dos Danieles casi juntos en la iglesia coruñesa de Santiago?

Otro sugestivo capitel de la Portada del Perdón es el de san Miguel o la pesada del alma. Se trata de un motivo iconográfico románico muy tradicional cuya representación gallega más clara e interesante se halla en la portada del convento situado en la recoleta plaza de las Bárbaras también en la ciudad vieja coruñesa. Su origen como el de buena parte de la iconografía tradicional cristiana se encuentra en Egipto, en las antiguas representaciones de Osiris y del Libro egipcio de los Muertos.

Pero probablemente estas representaciones nos advertirían del límite de lo sagrado. De otro plano de vibración cósmica del que corresponde a los profanos que están presos siempre en un plano de realidad ilusoria o virtual. Lo que se ha venido en llamar modernamente “la Matrix”. Un aviso de la entrada a otro plano de conocimiento y del logro alquímico, de la consecución de la Gran Obra.

Para Jung (Psicología y Alquimia) la alquimia tiene un componente de desarrollo espiritual, de proceso de individuación, de superación del Inconsciente, y la misión más importante de la Cultura (Psicología y Religión) consistiría en, de modo parecido a la mayéutica socrática, hacer patente en el consciente humano el arquetipo de Dios o de lo sagrado, de esa parte numinosa del ser que yace en nuestro inconsciente individual y colectivo. Jung entiende también que no habrá ocurrido nada esencial mientras que lo religioso continúe siendo una creencia en una forma exterior o código teológico de carácter externo. Es decir, mientras no se convierta en una experiencia del alma. Más allá de cualquier confesión religiosa determinada, el mysterium mágnum no existe solo en sí mismo sino que se funda en el alma humana.

Santa María de Cambre es una pequeña joya del patrimonio arquitectónico español.  Además del goce estético, el viajero puede tener aquí otra ocasión para reflexionar sobre la condición humana y disfrutar de las posibilidades que ofrece este templo gallego, todo un artefacto mágico y simbólico de desarrollo espiritual.

 

 

 

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