Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

San Alfonso María de Ligorio y la Metapsíquica

Hoy, uno de agosto, muchos españoles comienzan sus vacaciones de verano. Algunos de ellos, si los diversos huelguistas no lo impiden, vuelan en dirección a sus destinos. También hoy la Iglesia Católica conmemora la festividad de San Alfonso María de Ligorio, protagonista de un famoso vuelo que oficialmente se convirtió en milagro. Pero un vuelo especial. Un caso más de lo que se ha venido en llamar vuelos astrales, cosa no solo de santos sino de muchos protagonistas de fenómenos metapsíquicos. Y un fenómeno difícil de explicar salvo mediante la investigación de paradigmas científicos no groseramente materialistas. En un mundo que en las cuestiones metafísicas cada vez se muestra más ignorante y embrutecido resulta no solo conveniente sino indispensable informarse y formarse opinión. La peripecia del santo parece lejana, incluso increíble, pero los fenómenos que hay detrás resultan apasionantes para la investigación e indispensables para nuestra propia evolución intelectual y espiritual.

La vida del santo de mi nombre, el fundador de los Redentoristas San Alfonso María de Ligorio, cuya festividad se celebra hoy el día uno de agosto, nos muestra aspectos de gran interés a los estudiosos de los fenómenos metapsíquicos.

Como es conocido, e influyó en su posterior canonización, el “milagro” más famoso de San Alfonso María de Ligorio fue un desdoblamiento astral de que le permitió asistir a la muerte del Papa Clemente XIV en Roma mientras permanecía en Nápoles.

¿Qué fenómeno es el que se trasmite con el “milagro” de San Alfonso María de Ligorio? Lo que se expresa es un fenómeno metapsíquico: la experiencia de la percepción del plano astral por personas en estado de hipersensibilidad que puede hacerse más general mediante una persona dotada de facultades mediúmnicas o especiales. Esta percepción astral se asocia a la muerte. Cosa que enunciada así, tan de sopetón, puede mover a incredulidad sino sonrisa suficiente del lector más racionalista, que no investigador ecuánime racional. Pero este tipo de fenómenos han sido estudiados por muchos científicos de talla internacional, que en un principio trataban de demostrar que se trataba de fraudes o supercherías, hasta darse cuenta que dicha hipótesis del fraude bien pudiera explicar algunos, o muchos, casos pero no todos. Así, por ejemplo, entre otros, Sir William Crookes, descubridor del elemento químico talio, el naturalista Russell Wallace, Geley, el reverendo Stainton Moses, el astrónomo Flammarion, el alienista Lombroso, Oliver Lodge o el Profesor Richet, catedrático y Premio Nobel de Medicina de 1913. Este notable y valiente profesor de Fisiología en la Sorbona dedicó gran parte de su vida a la investigación de estos fenómenos extraños que el bautizó con el nombre de metapsíquicos. Sin embargo, el término Metapsíquica que voy a seguir utilizando comenzó a ser sustituido desde el congreso de Utrech en 1953 por el más conocido hoy de Parapsicología, empleado en Alemania.  Se pretendía desligarlo etimológica y simbólicamente de la metafísica para mejor resaltar lo empírico o fenomenal.

El doctor Richet define la Metapsíquica como la ciencia que tiene por objeto los fenómenos mecánicos y psíquicos debidos a fuerzas que parecen inteligentes o a potencias desconocidas latentes en la inteligencia humana. También asegura que está establecido, es decir no es una simple hipótesis sino un hecho, que: “existen vibraciones o fuerzas en el Universo que conmueven nuestra sensibilidad y determinan ciertos conocimientos de la realidad que nuestros sentidos normales no han podido dar”. Carlos Richet descubrió, gracias a sus propias experiencias durante décadas como profesor e investigador, al menos cuatro importantes fenómenos: Criptestesia. Telequinesia. Ectoplasmia. Premonición.

Estas definiciones están recogidas de su Tratado de Metapsíquica de 1922, versión española de Editorial Araluce, prologada por el Doctor Ferrán, que constituye uno de los más importantes tratados científicos sobre este tema.

La Antigüedad ya tenía noticias de la existencia en el hombre de muchos principios y cuerpos diferentes. Tal era la creencia de los zoroastrinos, la de los egipcios y la de los griegos. También parece encontrarse en la iconología sumeria con sus conocidas e inquietantes figuras aladas. Y desde luego en la Iglesia Católica primitiva, sin olvidar el priscilianismo, aquí en Galicia.

Un moderno gran investigador de estos fenómenos, Sir Arthur Conan Doyle,  autor de la famosa saga del investigador Sherlock Holmes, médico, estudioso del mundo del esoterismo, achaca a la ignorante beatería hipócrita dominante ciertos ataques de un clero cristiano que sacrifica el Conocimiento al Poder ya que “es sorprendente que al leer los primitivos escritos de los Padres de la Iglesia, hallemos que éstos poseían ya completamente el conocimiento psíquico y de las ciencias psíquicas. Los cristianos primitivos vivían en íntimo y familiar contacto con los seres invisibles, y su fe absoluta y constante se fundaba en el conocimiento positivo y personal que adquirían con dicho contacto”.

Sin embargo, la Iglesia Católica cuenta infinidad de casos parecidos, además del de San Alfonso María de Ligorio. Así, por ejemplo, entre ellos:

San Agustín en La ciudad de Dios habla de un caso de desdoblamiento en forma animal el del padre de Prestantius. Este había comido un alimento envenenado y quedó como dormido varios días sin que fuera posible despertarle. Cuando despertó al cabo de varios días relató lo que creía haber soñado. Se había transformado en caballo y había estado llevando provisiones a unos soldados a Rhetia, dando detalles que se pudieron comprobar.  San Agustín trata de explicar el hecho: no creo que sean demonios. “Más bien creería que en este hombre el elemento de la imaginación que se transforma en fantasmas, tomaba el aspecto de las cosas exteriores, bajo la acción del pensamiento o de los sueños, y aunque incorpóreo revistiendo con prontitud maravillosa la imagen de los cuerpos, creería digo que este elemento, cuando los sentidos permanecen amodorrados o cerrados puede de manera que no se explica, presentarse a los sentidos de otro con forma corporal. Así mientras su cuerpo yace en cualquier parte, viviendo aún, pero con los sentidos encadenados más fuertemente que durante el sueño, el fantasma de su imaginación, incorporado, por decirlo así a los rasgos de cualquier animal, aparece ante los sentidos de otras personas, y el mismo se ve, como se ve en los sueños, llevando fardos bajo aquella forma…” (Lib, 18, c23)

El papa San Clemente celebraba misa en Roma cuando de pronto pareció que se durmió con profundo sueño, que duró tres horas. Cuando despertó dijo al pueblo que por orden de San Pedro había ido a Pisa a consagrar un templo. Todos los fieles le habían visto en Pisa durante el oficio que se había celebrado el mismo día y a la misma hora en que dormía en Roma.

En 1571, San Francisco Javier se hallaba en un navío que iba del Japón a China y que fue sorprendido por una tempestad terrible. Quince hombres que habían bajado a una chalupa fueron arrebatados y desaparecieron. Cuando el temporal amainó, la tripulación se preocupó por el bote, pero San Francisco Javier que estaba en oración les dijo que no se preocuparan, puesto que aparecerían pasados tres días. Efectivamente, así fue. Rescatados los desaparecidos, indicaron que no habían tenido miedo porque el santo había estado todo el tiempo con ellos, guiando la pequeña embarcación. La tripulación del navío también aseguraba que éste no había abandonado la nave en ningún momento.

Para explicar estos extraños fenómenos más allá del recurso al milagro se barajan por la Iglesia Católica dos hipótesis:

Los partidarios de la bicorporeidad real o desdoblamiento, que admiten que el alma se puede separar del cuerpo, alejarse de él y aparecer lejos, tomando la materia del medio ambiente para constituirse un cuerpo que es exactamente el doble del que permanece inanimado.

Los partidarios de la representación, la mayoría, que creen que el alma no abandona jamás el cuerpo sino en la muerte, y que es un ángel el que toma las apariencias del cuerpo para ejecutar por sí mismo los actos que se atribuyen a la fantasma. También puede darse el caso que el individuo se traslade en cuerpo y alma, y entonces es el ángel quien toma su lugar como durmiente.

El primer caso coincidiría con las ancestrales técnicas y prácticas chamánicas de desdoblamiento inducido, en este caso de los chamanes, de carácter voluntario. De modo semejante el místico extático sumido en el sueño del éxtasis permanece inerte con apariencia de muerte, mientras que en otra parte aparece vivo y ocupándose del cumplimiento de su misión. El alma tendría la facultad de separarse del cuerpo mientras el éxtasis durase. Tal vez los místicos alcanzan la visión de este otro plano dimensional cuando hablan de ser trasportados al tercer cielo (San Pablo) o a la séptima morada (Santa Teresa) por citar algunos famosos dentro del ámbito del Cristianismo auque el fenómeno de la Mística sea universal. La antes citada Santa Teresa de Ávila estuvo a punto de ser enterrada viva en cierta ocasión durante un éxtasis experimentado durante su juventud en el que parecía muerta. ¿Por qué no muere, si no está el alma? Porque no se habría separado totalmente del cuerpo permaneciendo unido a él de forma sutil. Para algunos autores cristianos hay que distinguir entre alma y espíritu. Se llama espíritu cuando tiene conciencia de su elevación y de las maravillas que Dios ha obrado en ella, cuando se purifica, se separa de la tierra para vivir hacia Dios. Se llama alma cuando se une a su cuerpo para animarle para conservar en él su vida vegetativa y animal.

La Tradición enseña características de la constitución del hombre que explicarían los fenómenos de bilocación o desdoblamiento astral. ¿Cómo está constituido el hombre? Evidentemente del cuerpo material o bioquímico. Pero ¿existen más cuerpos? Las religiones establecen que existe también un alma o espíritu.

Las escuelas y concepciones esotéricas sostienen la existencia de una especie de intermediario entre uno y otro que está en comunicación con ambos. Tal sería el Ferner de Zoroastro, el Zelén de Ruach de los cabalistas, el nefest de la Biblia, el arqueo de Paracelso, el periespíritu de los espiritistas, el cuerpo astral de teósofos y alquimistas…

Ahora bien, este elemento intermediario también puede dividirse a su vez según las diferentes escuelas esotéricas. Suelen dividir esta tipología ternaria a su vez en otras tres de las que sus límites contiguos se solaparían dando lugar a una constitución septenaria del hombre. La doctrina de la multiplicidad de cuerpos, vehículo cada uno de un alma ya era defendida por Prisciliano y en general por la Gnosis. Dentro de esta visión antropológica las almas irían descendiendo cada una en su plano hasta cada vez mayor grado de materialización.  Tras la muerte, el proceso sería contrario, si bien afectado por la metempsicosis. Por ello los priscilianistas negaban la resurrección de los cuerpos como defiende el Cristianismo oficial. Según Murguía el priscilianismo arraigó en Galicia gracias a la tradición panteísta celta, cosa que objeta Menéndez Pelayo en el sentido de que el segundo era materialista y el primero de orden idealista pues la materia era obra defectuosa de un demiurgo malo.

Ahorro al amigo lector la  farragosa enumeración de los distintos términos con los que cada escuela los designa porque nos importan más los fenómenos que sus teologías. Pero, a efectos descriptivos para la mejor comprensión del fenómeno, adoptó aquí la siguiente clasificación según el nivel de materialización y supervivencia de cada cuerpo que resulta vehículo de manifestación en su plano correspondiente del superior: Cuerpo físico. Doble etéreo. Cuerpo astral. Cuerpo mental. Cuerpo causal.  Cuerpos espirituales superiores o de alta vibración, inaccesibles a la investigación empírica. Según la terminología de los teósofos el espíritu sería el cuerpo mental y el alma el cuerpo astral. El cuerpo glorioso llamado así por San Pablo sería la combinación de cuerpo astral y cuerpo mental.

El doble etérico se disuelve pocos días después de la muerte del cuerpo físico. Por eso no se deberían incinerar los cadáveres hasta al menos pasados tres días desde el fallecimiento. El cuerpo astral, que posee forma humana, se mantiene en su plano durante mucho más tiempo. El cuerpo mental es una especie de aura especialmente brillante en la cabeza.  El Dr. Baraduc afirma haberlo fotografiado en forma de bola luminosa. El cuerpo causal no parece poseer forma definida ni se ha podido fotografiar. Sería la frontera de las manifestaciones perceptibles por el presente conocimiento humano.

Fuere como fuere, desde luego en la biografía de San Alfonso María de Ligorio hay cuestiones de gran interés para el que quiera estudiarlas libre de prejuicios. Para ellos tengo el honor de ofrecer una breve selección de libros clásicos sobre este asunto, publicados en español.

 

Selección de libros de Metapsíquica

Entre los clásicos cabe citar,

Tratado de Metapsíquica. Charles Richet. Premio Nobel de Medicina 1913.  Casa editorial Araluce. 1923.

La Vida póstuma. Charles Lancelín. Biblioteca Laboremus. 1930.

En lo invisible. Espiritismo y Mediumnidad. Tratado de espiritismo experimental. Los hechos y las leyes. León Denís. Casa editorial Carbonell y Esteva.

El Espiritismo. Su Historia. Sus Doctrinas. Sus Hechos. Sir Arthur Conan Doyle. Biblioteca del mas allá Aguilar. 1927.

L` Inconnu et les problemas psychiques. Camille Flammarion. Paris. Ernest Flammarion Editeur.

El Universo invisible. Edmundo González Blanco. Editorial Mundo Latino. 1929.

La Filosofía esotérica de la India. J Chatterji. Biblioteca Orientalista Maynadé.

El Budismo esotérico. A. P. Sinnett. B Rodríguez Sierra Editor.

Las vidas sucesivas. Documentos para el estudio de esta cuestión. Alberto de Rochas. M Aguilar.

Exteriorización de la motilidad. Observaciones y experiencias.  Alberto de Rochas. Imprenta de Pujol y Cía. 1897..

El Conocimiento supranormal. Estudio experimental. Dr. Eugene Osty.  M Aguilar. 1922.

Magia Teúrgica. Quintín López Gómez. Establecimiento tipográfico de Juan Torrens y Coral. 1899.

Ciencia magnética. Quintín López Gómez. Librería de Juan Torrens y Coral. 1905.

El Fantasma de los vivos. H. Durville. Biblioteca de la Irradiación.

La Muerte y su misterio. Antes de la muerte. Tomo I. Camilo Flammarion. M Aguilar.

La Muerte y su misterio. Alrededor de la muerte. Tomo II. Camilo Flammarion. M Aguilar.

La Muerte y su misterio. Después de la muerte. Tomo III. Camilo Flammarion. M Aguilar.

Las Casas de Duendes. Al margen de la Muerte y su misterio. Camilo Flammarion. M Aguilar.

La ectoplasmia y la Clarividencia. Observaciones y experiencias personales. Dr. Gustavo Geley. M Aguilar.

Las fuerzas sutiles de la Naturaleza. Rama Prasad. Imprenta de Juan Sallent. Barcelona. 1923.

Historia del Espiritualismo experimental. C de Vesme. M Aguilar.

 

Y entre los más modernos,

Tratado de Parapsicología. René Sudre. Ediciones Siglo Veinte. 1973

La Hipnosis. Problemas teóricos y prácticos. Técnica. Dr. L. Chertok. Atika. 1964.

Hipnoterapia. ¿Acceso a vidas pasadas? Vicente Ortiz. Editorial Manuscritos. 2009.

Lo paranormal ¿existe? Casos y experiencias reales. José María Pilón. Temas de hoy. 1996

Más allá de los fenómenos paranormales. Germán de Argumosa. Ediciones Oberón. 2014

Encuesta detrás de lo visible. Ventila Horia. Plaza y Janés. 1980.

Cartas del Más Allá. Mis experiencias con los espíritus. Ángela Ghislery. Edaf. 1997

Memorias de una Médium. Ángela Ghislery. Los Libros del Olivo. 2014

Los Ángeles te hablan. Mensajes de Amor, Sabiduría y consuelo. Ángela Ghislery. Edaf. 2013

 

 

 

 

Sobre la actualidad del Mito de Santiago

La festividad de Santiago Apóstol tuvo gran importancia en su momento. Era festivo en toda España como el mismo 18 de julio, justo una semana antes. Ambas conmemoraciones presentan algunas similitudes aunque también muchas diferencias.

En los 25 de julio de ahora se confunden una amalgama de diferentes mitos, arquetipos y planteamientos históricos, pero empequeñecidos gracias a los heroicos galleguistas de todos los partidos, promotores y beneficiados del telón del grelo, como una caricatura de lo que fueron. Luego lo veremos.

Un importante mito es el de Santiago matamoros y su relación con Compostela. El que fuera jefe de la iglesia primitiva de Jerusalén, enfrentado a San Pablo por su visión de extender el Cristianismo a los gentiles en vez de reservarlo como secta del judaísmo, fue decapitado y dos ángeles pusieron su cuerpo en una singular patera y cruzando el mediterráneo, el estrecho y luego costeando terminaron embarrancando en Padrón. Se produce la invención del sepulcro de Santiago, el famoso camino de estrellas y bellezas arquitectónicas que alcanzó extraordinario interés internacional y su consagración como centro de peregrinación de la Cristiandad, en cierto modo sustitutivo de los inaccesibles Santos Lugares.

Pero la invención del sepulcro de Santiago no es del todo original.

El antiguo tema tradicional de la muerte aparente del Sol en Poniente, en el finisterrae geográfico, ya existía en la religión egipcia faraónica.

Bien es verdad que la causa de la España cristiana necesitaba un buen motivo de carácter mítico o religioso para defenderse del Islam invasor y guerrero. Una de las misiones del mito es precisamente la de inspirar conductas. En el caso de la España y Europa amenazadas por el Islam era la defensa de las propias tradiciones frente al violento invasor. Un asunto no lejano sino otra vez de plena actualidad por las nuevas invasiones promovidas por el sionismo y la plutocracia internacional. Su corolario militar entonces fue el Santiago matamoros del famoso lema ¡Santiago y cierra España!

El mítico Santiago, patrón de España y auxiliar de sus ejércitos en defensa del territorio contra el Islam tenía una pareja dual, San Millán. Porque la pareja cristiana Santiago y San Millán es el trasunto actualizado del mito pagano de Cástor y Pólux, los Dioscuros. Que también, montados en sendos caballos blancos, combatieron con resultado decisivo a los enemigos de sus fieles invocadores de socorro durante la batalla entre Locrios y Crotoniatas cerca del lago Rhegilla. Mito que, al parecer, luego sería usado mediante granjería por ciertos Panormo y Gonipo, vecinos de Andania, en una escaramuza contra los Lacedemonios. Ambos tienen su recuerdo en el Palacio de la Granja de San Ildefonso.

Pero cabe rastrear este mito aún más lejos: la antigua India de los Vedas. Acaso el que posee más componente metafísico.

Entre los dioses solares de la tradición védica se cuentan los Azvines, gemelos que abrían camino a la Aurora. Los Azvines védicos son piadosos, pero si a veces rompen las huestes enemigas y desbaratan a los rakshas o demonios, igual que Cástor y Pólux con los enemigos de sus fieles o Santiago y San Millán a la morisma, es con intento de amparar a los que imploraron su favor en momentos de zozobra o tribulación. También gozaban de poder terapéutico por tener atributos divinos y humanos, celestes y terrestres a la vez. A veces también los Azvines sacan del hoyo a los Rishis sacerdotes o poetas. En el mito compostelano también es preciso recuperar una tumba sagrada de un sacerdote legendario.

Probablemente, como en tantos otros casos, el mito cristiano medieval de Santiago puede tratarse de una “porfidización” mitológica o de una simple adaptación de mitos anteriores, en este caso de la mitología griega o la tradición védica, a las necesidades del Cristianismo de la época.

O de un arquetipo colectivo al modo jungiano que adopta diversos nombres o figuras según las épocas. La aspiración humana a ser ayudado por enviados del Espíritu en graves momentos de zozobra, peligro o aflicción.

Una deriva, no exenta de ciertos tintes simoniacos, de la batalla de Clavijo sería el llamado Voto de Santiago, una renta abusiva cobrada por la iglesia compostelana que sería la base económica de su escandalosa riqueza y poderío. Allá por el año 834 Ramiro I concedió un privilegio de acción de gracias por la decisiva intervención del apóstol en la legendaria batalla. El famoso Voto de Santiago tenía cierto disfraz eucarístico pues consistía en el pago anual de una medida de pan y otra de vino por parte de los campesinos para el sostenimiento del culto de Santiago y del voraz clero de la catedral. Tras varios dimes y diretes, como los llamaría cierto bizarro prócer galleguista, este abusivo privilegio fue abolido por las Cortes de Cádiz, restaurado por el rey felón por antonomasia y definitivamente anulado en 1834.

El mito de Santiago celebrado cada 25 de julio como vemos puede entenderse como una porfidización de antiguos mitos diferentes.

Una variante, modernización de Clavijo, es el llamado acto de ofrenda al apóstol, por la que un prócer político va a la catedral y pide al apóstol ayuda para sus fines. Otrora, el reverenciado invicto caudillo gallego entraba bajo palio ante los perplejos ojos de piedra de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, para hacer su particular ofrenda y recibir el incienso turiferario. Ahora, los políticos requieren el favor de Santiago para luchar no ya contra la fanática y violenta morisma invaora, asunto hoy incorrecto por la cosa esa de la alianza de civilizaciones y que tendría la decisiva oposición de Soros, sus ONGs y gobiernos mercenarios y el sionismo plutocrático acreedor, sino contra el paro, la inflación, la prima de riesgo, el bandidaje económico, los baches en la red de autovías o el techo de gasto para engordar la gusanera de la deuda.

Extraña representación, pues, ajena al universo de la Ilustración y el pensamiento occidental moderno que separa Iglesia y Estado, lo que constituye un anacrónico remedo de viejos ritos teocráticos, como cuando el emperador de la China renunciaba por unos días a fiestas y favores de concubinas para solicitar en el Templo pequinés del Cielo la lluvia fertilizadora de los campos y la paz y felicidad de sus sufridos súbditos.

Otra variante actual es la celebración de la Fiesta “nacional” gallega por los inventores y explotadores de la fingida nación gallega. La del antiguo patrono de España se reconvierte en fiesta solo de la inventada nación. Lo que constituye una adaptación de los viejos mitos y supersticiones a las necesidades de los caciques del nacionalismo galleguista común aunque con diferente grado de virulencia a todos los partidos. En sus versiones más degradadas el orden litúrgico se sustituye por algaradas propias de la “Gale-borroka”. Entre estas supersticiones en las que se recrea el morboso victimismo galleguista está la supuesta falta de autoestima o el auto-odio por hablar en español y no en la lengua local, que es considerada sacramento y lengua para oficiar actos galleguistas como lo fuera el latín en la Iglesia medieval. Otra superstición galleguista es la que considera lo suyo siempre mejor porque es propio, cosa desmentida sola cuando se apropian de un mito ajeno para hacerlo pasar por propio.

Pero, ¿tiene hoy algún valor recordar lo del mito de Santiago?

El mito no es enemigo de la ciencia como sostenía Ortega y lo hacen, en general, casi todos los progres modernos. Por el contrario, defiendo la concepción clásica tradicional del mito como vehículo de transmisión e iniciación de verdades espirituales de singular importancia para la conformación de la conducta humana.

En cierto modo el mito de Santiago, tanto en sus luces como en sus sombras antes comentadas, sigue siendo de actualidad. España se encuentra nuevamente amenazada. Incluso parecen abundar más los traidores don opas y mercenarios varios dedicados a favorecer la causa del enemigo que los que aún desean defender a la Nación y a la tradición española, grecorromana, cristiana, ilustrada y libre.

El Cristianismo o la genuina Tradición iniciática, e incluso la Ilustración son fuerzas declinantes en el Occidente avasallado por la construcción del NOM, como también está gravemente amenazado todo lo que tiene que ver con lo Sagrado, las Humanidades o la Cultura. O cuando las realidades históricas pretenden ser sustituidas por fanáticas y sectarias memorias sesgadas e impuestas por la violencia de leyes inicuas.

Pero es permanente, forma parte de nuestras naturalezas psicológica y afectiva más profundas, la aspiración humana a ser ayudado por enviados del Espíritu en graves momentos de zozobra, peligro o aflicción.  El Espíritu debe seguir vivo si queremos sobrevivir.  Tal es la mayor fuerza en el combate. El escenario de la batalla es nuestra consciencia que los mitos ayudan a esclarecer, así como a conmover la voluntad.

 

 

 

Redención, fenología e hilozoísmo

El llamado Domingo de Resurrección por la Tradición cristiana, tan pleno de amor, compasión, ilusiones y esperanzas, forma parte de las antiguas festividades relacionadas con la primavera y el proceso de renovación de la vegetación, con el calendario fenológico. Así, entre otras muchas, los cultos a Apolo, Baco, Adonis, o la tradición frigia de Cibeles y Atis, a su vez con diferentes variantes legendarias.

Fiestas de carácter astronómico y de conmemoración de diversas fases del ciclo solar.

En el Cristianismo, el Domingo de Resurrección se establece el primer domingo después del primer plenilunio tras el equinoccio de primavera. Es decir, una vez atravesado el punto vernal o de intersección formando una cruz apaisada o de san Andrés el ecuador celeste con la eclíptica.

Desde la Antigüedad, esta renovación cósmica se asocia a la que ha de tener en consonancia tanto las personas a nivel individual como las sociedades o culturas en las que viven. En efecto, el hilozoísmo asocia las obras del espíritu a la naturaleza. Religión, arte, cosmología, metafísica son formas de entender y desarrollar una misma concepción universal. El hilozoísmo puede entenderse como un sistema de la metafísica experimental, valga la paradoja, que intenta referir a un origen psíquico el conjunto de las cosas y los fenómenos de la naturaleza. Todas las cosas tendrían alguna forma de conciencia. Alguna forma de alma. La evolución de la naturaleza sería la del desenvolvimiento de la conciencia.

El asunto no es tan abstracto o extraño como pueda parecer. Ha tenido mucha influencia en diferentes ámbitos. En el País vasco, los nacionalistas adeptos de Sabino Arana celebran hoy lo que llaman el Aberri Eguna: El Día de la “patria” vasca. ¿Por qué? Al parecer se trata de una ocurrencia teocrática del orate Arana que tal día como hoy víctima de la fiebre por un fuerte proceso gripal y entre sus vapores delirantes asoció “su” “Euskadi” nada menos que a la figura del Redentor cristiano. Toda una blasfemia sacrílega, al fin y al cabo.

 

Pero el hilozoísmo ha tenido mucha influencia en el Arte y las diferentes manifestaciones estéticas.

Pintores como, entre otros muchos, el ruso peregrino en el Tibet Nicolás Roerich del que seleccionamos aquí alguna de sus cuadros. Poetas como Antonio Machado o Antero de Quental lo expresan en alguno de sus más hermosos poemas.

Don Antonio finalizaba así A un olmo seco:

Olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida

otro milagro de la primavera

 

O el poema Redención, los dos preciosos sonetos del poeta romántico portugués en versión de Emilio Bernal citada por Miguel de Unamuno:

¡Voces del mar, los árboles y el viento!

Cuando a veces, en sueño doloroso

Me mece vuestro canto poderoso

Igual al vuestro juzgo mi tormento.

Verbo crepuscular, íntimo aliento

De las cosas sin voz, son misterioso,

¿No será tu quejido vaporoso

El suspiro del mundo y su lamento?

Flota un espíritu en la inmensidad

Una agonía cruel de libertad

Estremece las formas fugitivas

Y yo comprendo vuestra lengua extraña

Voces del mar, la selva y la montaña.

¡Almas, hermanas de la mía, cautivas!

 

¡No lloréis vientos, árboles, y mares!

Coro antiguo de voces rumorosas

De voces primitivas, dolorosas,

Como un llanto de larvas tumulares

Un día, entre visiones vesperales

Rompiendo sombras surgiréis radiosas

De esos sueños y ansias afrentosas

Que expresan vuestras quejas singulares

¡Almas en el albor de la existencia

Despertaréis un día en la Consciencia

Y flotando, ya puro pensamiento

Veréis caer deshechas, lentamente,

Las vanas formas que creo la mente

Y acabará por fin vuestro tormento!

 

Todas las civilizaciones han mantenido e interpretado el lenguaje de las plantas y de las flores, asociado a diferentes mitos. Egipto, India, China, Japón, Judea, Grecia, Roma, Arabia, África, América precolombina…

En Occidente la rosa relacionada con la caída en la materia (la cruz) del ama (la rosa que se abre).

En Oriente el loto, que nace en el fango, atraviesa la penumbra y la oscuridad de las aguas cenagosas y se abre en la luz. En su iconología tradicional las imágenes de sus entidades espirituales surgen de una flor de loto abierta.

Algunas de las plantas como las hoy denominadas enteogénicas habituales de prácticas chamanísticas son instrumentos auxiliares de ciertas formas de apertura de la percepción y la conciencia.

En Japón el florecimiento de la primavera aún constituye hoy toda una fiesta popular tradicional.

En España viene siendo tradicional la visita al valle del Jerte en Cáceres para admirar el precioso espectáculo de los cerezos en flor.

Este año es aún pronto por lo que el calendario fenológico de las flores del cerezo es posterior a esta semana Santa y el Domingo de Resurrección.

Sin embargo, sea como sea, las manifestaciones de la Naturaleza con sus calendarios fenológicos, los mitos, los símbolos, las grandes concepciones como el hilozoísmo nos inspiran para que el crecimiento externo de la luz se extienda al interior de nuestra propia consciencia.

 

 

Semana santa

En muchas ciudades españolas no arrasadas aún por los nacionalistas o las hordas podemitas que pretenden prohibirlas, se viven con gran devoción o interés las procesiones de semana santa. Incluso jóvenes y niños participan con gran dedicación.

Fiestas cuyo remoto origen mítico e histórico se encuentra en las paganas del inicio de la primavera, tras el cruce o intersección del ecuador celeste con la eclíptica.  Y cuya estética, en ocasiones verdaderamente conmovedora o emocionante, recuerda la de los cortejos astrales según lo describen algunos clarividentes.

El universo de valores de lo femenino, realidad y símbolo cosmológico de la creación. El mito de la Virgen madre ya encontrable en los Vedas o los antiguos misterios de Isis.

Toda una verdadera experiencia de lo numinoso para gentes sensibles no importa su pertenencia o no a la confesión religiosa cristina.

En algunos momentos se cantan saetas, composiciones musicales de lamento y expresión de dolor que por su estructura potencian lo emocional sobre lo intelectual.

Fotos de don Agustín Luceño y del autor

 

 

 

 

 

 

Praga, cincuenta años después

Se cumple medio siglo de la famosa Primavera de Praga con todo lo que entonces supuso de reivindicación de deseo de libertad y de respeto a la realidad nacional y cultural checas contra los abusos de la globalización soviética de esa época. La otra cara de la moneda, por cierto, de la globalización americana impulsada por los monopolios trasnacionales, la CIA y sus instituciones oligárquicas. Ambas caras de un sistema de dominación globalista mundial que se ha venido trasformando con el tiempo hasta la situación actual en que algunos métodos y protagonistas han cambiado, pero otros siguen. Y donde en muchos lugares se han sustituido los siniestros tanques por media prostituidos que contribuyen a la alienación popular difunden ideología averiada o noticias falsas. Otra forma de tiranía, más sutil pero no menos eficaz, sin duda.

Los nombres de muchos de los protagonistas, en algunos casos verdaderamente heroicos, acaso dirán poco a la mayoría de jóvenes actuales. Los Alexander Dubcek, Václac Havel, parecen personajes intérpretes de uno de los textos atormentados de Kafka. La Primavera checa duró poco, como la soriana que glosaba nuestro poeta Antonio Machado: “Humilde como el sueño de un bendito, de un pobre caminante que durmiera de cansancio en un páramo infinito”.

Pero dejemos las orillas del Duero y volvamos al Moldava. Visité Praga a finales del verano del año ochenta del pasado siglo. Junto con Alemania del Este, Checoslovaquia formaba el núcleo duro del Pacto de Varsovia. Praga era entonces una preciosa ciudad encantada, como perdida en una especie de limbo del olvido, sin apenas tráfico rodado, habitada por gentes de mirada perdida y desmoralizada, mal vestida, endurecida, pero de gran cultura y pasión por la música.

No había apenas viajeros. Yo había llegado desde la vecina Viena, atravesando la frontera austro checa por carretera. Toda una experiencia difícil de olvidar. Checoslovaquia parecía entonces un gigantesco campo de concentración. Alambradas fronterizas, torretas de control, siniestros vopos con perros de presa y ametralladoras. Barreras con gruesos troncos de eucalipto. Toda una parafernalia del horror y la tiranía.

Sin embargo, pocas experiencias estéticas más notables que pasear por Praga a la luz de la luna. Las estatuas del puente de Carlos IV se asemejaban a fantasmas que esperaban impertérritos tiempos mejores.

En el Castillo, grupos de adolescentes niños soldados vestidos con uniforme de limpio parecían bandadas de gorriones desacostumbrados a las posibilidades y sugerencias de la geografía urbana.

Pero recuerdo con singular emoción, pese al paso de más de un tercio de siglo desde entonces, una experiencia casi mística que me sucedió en la catedral de San Vito. Al momento de entrar, como si no fuese casualidad y me estuvieran esperando,  inopinadamente, el órgano se puso a tocar una música sublime, majestuosa. Tuve una experiencia casi de desdoblamiento por la que percibí la extraña revelación que el despotismo de entonces iba a caer. Algo que parecía imposible. Desde entonces la rememoro cuando escucho el segundo movimiento del concierto para violonchelo de Dvorak.

La calle París, la plaza de San Wenceslao, la torre de la pólvora, el reloj que funciona pese a todo, el monumento a otro disidente, Jan Hus, el viejo cementerio judío, lugar de tantas especulaciones conspiratorias, la calle de los alquimistas por donde paseara el espía, criptógrafo y ocultista inglés John Dee.

La Praga de entonces apenas tiene que ver con la globalizada, llena de turistas de hoy. Era otra Europa. Otro mundo. Por fortuna la tiranía patente ha caído. Pero se están formando otras más sutiles, menos patentes pero que parecen anunciar un nuevo horizonte de esclavitud si al final se consolidan las peores formas de dominación globalistas.

Sin embargo, no identificamos ahora entre los próceres y dirigentes actuales en su insoportable levedad del ser y muchos procedentes de despiadados grupos financieros o empresas transnacionales causantes de los desastres presentes, a personalidades como los Dubcek o los Havel. Personajes con gran cultura humanista, que parecían actuar por ideales, por un sentido de profundo respeto a la dignidad humana, amenazada tanto entonces como ahora. Gentes con la voluntad de no renunciar a una visión patriótica, a un conjunto de valores ideológicos y morales. Gentes que se atrevían a enfrentar la conciencia con los tanques. Gentes sin complejos que intuían que en sus propias naciones, culturas y sociedades podrían encontrar las bases de la resistencia a los despotismos de la globalización.

 

CONSOLAMENTUM cátaro en La Coruña

Desde el siglo XI al XIII el sudeste de Francia fue escenario de un movimiento religioso místico político conocido como catarismo o movimiento herético de los albigenses o los puros. En 1209 Simón de Monfort había tomado uno de sus bastiones, la que entonces se creía fortaleza inexpugnable de Carcassonne. Todo el territorio del Languedoc y, en especial, el último bastión cátaro, el castillo de Montségur en las estribaciones del Pirineo, está relacionado con la hermosa leyenda del grial. Al parecer, según documentos de época, en enero de 1244 poco antes de la caída de la fortaleza bajo las tropas del Papado, cuatro cátaros se descolgaron por el precipicio cercano portando un pequeño tesoro en el que según la leyenda estaría incluido el propio grial. El 16 de enero caía el bastión y más de doscientas personas entre hombres, mujeres y niños fueron quemados vivos por las fuerzas del Papado en la explanada existente bajo el castillo llamada desde entonces Camp des Cremats.

Hoy existe una estela conmemorativa del terrible genocidio. Presenta una cruz paté y otra druídica, con una inscripción dedicada a los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano.

¿Por qué fueron combatidos los cátaros con tanta saña y crueldad?  Desde el punto de vista espiritual participaban de gnosis, de una relación íntima entre el hombre y la Divinidad, sin intermediarios. Este supuesto ponía en cuestión radical todo el aparato de poder material eclesiástico. Es decir, una vez más la misma disyuntiva entre Espíritu y Poder material.

El consolamentum es una especie de sacramento propio de los cátaros, puros o albigenses. Se encuentra ligado a una transmisión espiritual de maestro a discípulo y asociado a un libro, habitualmente cerrado, que representa el libro de San Juan.

Para algunas tradiciones este libro es el que aparece en una carta del tarot. Bien abierto como en el de Marsella o bien cerrado como en el tarot de Visconti Sforza. Un tarot pintado por Bembo a mediados del siglo XV, que se conserva en varios museos, salvo cuatro cartas perdidas. Una de ellas, la del diablo, acaso hecha desaparecer por el mismo maligno.

Según ciertas tradiciones posteriores vinculadas al enigmático Leonardo y sus hipotéticas relaciones con la heterodoxia cátara, tal libro de la carta del tarot pudiera ser una obra de fray Amadeo de Portugal, hermano de Beatriz de Silva, la fundadora de las concepcionistas y fundador él mismo de cierta rama de los franciscanos con algún parecido a la propia reforma del Carmelo. El beato describe revelaciones relativas a San Juan, obtenidas durante éxtasis místicos: en efecto, en su Apocalipsis nova, uno de cuyos ejemplares se encuentra en la biblioteca de El Escorial probablemente gracias a don Diego Hurtado de Mendoza y codificado por su bibliotecario Benito Arias Montano con la signatura secreta relacionada con el cinco.

Pero, lo del tarot de la Casa Ducal de Milán, ¿era capricho de potentado o medio de transmisión de Conocimiento o de alguna tradición esotérica o iniciática?

Eliphas Levi decía que el tarot “acaso sea la obra maestra del espíritu humano y, con seguridad, una de las cosas más bellas que la antigüedad nos ha legado”. Y la Belleza afirman los platónicos que tiene un fin práctico: ayudar a la contemplación del Uno. Pues la Belleza es el resplandor de la Verdad. Cada arcano tiene su significado y se relaciona con los otros. Así, el arcano mayor de ordinal uno, El Mago, suele indicar un comienzo, que algo es posible, que se puede empezar, y además, ahora. Es una invitación a encarnar la energía que llamamos consciencia. Pero cada arcano está constituido por toda una constelación de símbolos, que como las estrellas tienen una realidad propia aunque sean ordenada de modo psicológico. El dos es dedicado a la figura de la papisa, según el tarot de Marsella, o de una dama vestida con hábito franciscano según el tarot de Visconti Sforza con un libro en la mano, que es la carta o arcano mayor al que ya hemos hecho referencia. En otras variantes formales aparece con la cruz del Languedoc cátaro.

El tarot, al que vulgar y habitualmente se le relaciona con el inframundo de lo que Cervantes llamaba “echacuervos”, es decir de los embaucadores de incautos e ignorantes, ha ejercido una gran atracción sobre muchos investigadores del Conocimiento.

Y constituye un lenguaje con su propia gramática, semántica y pragmática. Los algoritmos gramaticales del tarot varían con las diferentes escuelas e incluso con el propio modo particular de hacer las cosas, con la propia maniera. Pero la semántica a diferencia de los lenguajes con códigos cerrados es abierta, y como en todo lenguaje simbólico inaprensible en su integridad. Casi se puede hablar de idiolectos o lenguajes particulares, al menos desde el sentido último que se escapa en cada arcano o arquetipo. Un arcano, es un aspecto de la eternidad cuyo conocimiento no es accesible totalmente a la mente humana.

El tarot presenta veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis menores que ayudan como en el famoso mito cretense a explorar el laberinto del inconsciente. Por tanto no está destinado a aspirantes a Teseos inmaduros o de mente frívola, ni para racionalistas que suprimen la dualidad humana, la dialéctica entre el día y la noche. Pero, como diría Jung, sirve a las gentes pensantes y reflexivas a las que gusta meditar acerca de lo que hacen y lo que les ocurre.

Existen diversas versiones o escuelas de tarot. Aunque de procedencia al menos medieval y luego renacentista, una de ellas fue desarrollada hace poco más de un siglo por un coruñés muy famoso en Francia aunque olvidado en su tierra natal, el Doctor Encausse, más conocido como Papus, estudioso de la Tradición Occidental quien renovó la Orden Martinista y desarrolló dos formas distintas del tarot de Marsella: el divinatoire y el de los bohemiens.

En Occidente, la Psicología, pese a lo que su propio nombre indica como ciencia del alma, se encuentra muy materializada, no obstante estar deambulando en la tierra fronteriza de lo invisible, y pretende descartar la palabra conciencia como algo diferente de lo físico. Para colmo, muestra una especie de síndrome de Estocolmo llamada Conductismo. Desde esa perspectiva materialista el mecanismo del tarot resulta incomprensible. Como lo es el fenómeno de la precognición, criptestesia o clarividencia referentes al futuro, estudiados entre otros por Osty o el gran Richet, Premio Nobel 1913.

Sea como fuere Jung y Pauli entendían estas cuestiones y, en general, las relacionadas con la mántica gracias a lo que llamaban el principio de sincronicidad: una relación inteligente pero no causal de acontecimientos, de modo que si se acepta la existencia de un espacio intermediario, ni interno o psíquico, ni externo o ambiental, pudiera interpretarse el fenómeno del sincronismo como una participación de lo anímico interno y de la realidad externa en los fenómenos de este mundo intermediario. Así, al consultar el tarot caben varías hipótesis: que informaciones metapsíquicas puedan influir en el orden de las cartas. Que las cartas actúen como inductores en el psíquismo del consultante o del interpretador. Bien porque la psiquis no es localizable espacialmente o bien porque el espacio es psíquicamente relativo. En todo caso, nunca cabe definir un código totalmente cerrado de interpretación.

Por si esa dificultad aún fuera poca, hay que añadir el que el tarot es un lenguaje total, sistémico. Como acaso diría von Bertalanffy, supone un paradigma diferente de la visión mecanicista del mundo. Su funcionamiento estaría más próximo al de las partes analógicas o sinópticas del famoso diccionario ideológico de Julio Casares o al de los mapas o cartografías mentales de lo que Buzan llama pensamiento irradiante.

El tarot puede entenderse como una manifestación del lenguaje sagrado o, al menos una ventana abierta al mundo de lo numinoso. Y, en consecuencia, si se usa con sensatez e inteligencia, una vía para conocernos mejor a nosotros mismos.

El cinco de oros tiene varios significados en el tarot.

Para Jodorowsky: “El 5 abre caminos para el conocimiento de uno mismo o propone ideas brillantes”. Se trata de la invitación a una aventura, a un comienzo, a iniciar algo nuevo, aunque en el caso de los oros él la identifica con el dinero.

Sin embargo, para Roso de Luna el cinco de oros tiene que ver con la realización espiritual. Con el oro del conocimiento iniciático. En El tesoro de los lagos de Somiedo cuenta que en cierta talla existente en una ermita berciana asociada a la tradición templaria, el cuatro de copas de la crucifixión del espíritu en la materia es cambiado por el cinco de oros: “El Niño, el Adepto, en respuesta a las palabras del salmo treinta pronunciadas por el candidato, de Ego autem in te speravi, Domini Dixi: in manibus tuis sortes meae, le alarga el Oro del Conocimiento iniciativo, con el cinco correspondiente, al par que le retira el naipe simbólicamente contrario, o sea el cuatro, que es de copas, por representar éstas el vino de las pasiones que embriagan a los humanos, sometiéndolos a la tiránica, cuanto grata, ley del sexo, y es un cuatro al par, como símbolo de la crucifixión en la carne, la limitación, la caída en el sexo. Queda así constituido en conjunto el emblema rosacruciano del cinco con el cuatro, del Conocimiento con la Pasión, de la Rosa con la Cruz”.

El tarot puede considerarse un medio de transmisión de la Tradición, pero pese a la opinión de Levy no creo que de los más importantes, aunque lo haya sido en algunas épocas y para ciertos movimientos históricos heterodoxos.  En mi opinión, lo es más la arquitectura sagrada, al menos aunque sólo fuese desde el punto de vista de ser menos perecedera, más permanente en el tiempo.

Pero volvamos al tarot en relación con el consolamentum cátaro y miremos algunos de sus arcanos menores presentes en la arquitectura románica coruñesa.

El arte gallego nos depara muchas sorpresas. Algunas que parecen íntimamente relacionadas con la gnosis y el movimiento cátaro.  Un ejemplo: en la puerta Norte de la catedral de Lugo se muestra un capitel con la sagrada cena en la que aparece una figura femenina ¿acaso la Magdalena? apoyada en el pecho del Salvador. Como se observa en la imagen no hay duda de que el personaje es una mujer. La dulzura del rostro, la melena, el collar…

Pero una sugestiva combinación de consolamentum, tarot y arquitectura sagrada se encuentra en la ciudad vieja de La Coruña, en la antigua iglesia de Santiago, interesante ejemplar de la arquitectura típica gallega de origen románico modificada luego en gótico. Tiene tres ábsides semicirculares con columnas y canecillos en el Oriente. En el Norte destaca el tímpano con el agnus dei y la cruz patriarcal, característicos del sanjuanismo y de la antigua Tradición solar.

En Poniente posee una puerta románica al modo compostelano y de arcos apuntados. Pero cabe fijarse en las jambas de las puertas. Aparecen dos figuras. Una tiene un libro cerrado sobre su cabeza, encima del libro se muestra un ángel, el mensajero con una filacteria. Los ángeles transmiten mensajes, dan consuelo, protegen e invitan al desenvolvimiento espiritual. El personaje hace el signo de fe con una mano y con la otra mantiene el bastón cetro de Santiago. Pero, si esta es singular y enigmática, la figura de la jamba opuesta llama la atención con el índice sobre un naipe, el cinco de oros que sostiene y muestra, enigmático, al visitante. El libro cerrado puede asociarse a la tradición gnóstica del maestro Mateo y su versión del Apocalipsis genialmente interpretada en el Pórtico de la Gloria. Mas el libro está cerrado y sus sellos, trasunto de los chacras o centros psíquicos humanos ¿también lo están? Una forma de esta Gnosis, como lo fuera el priscilianismo es la del catarismo. Pero también puede ser una referencia al evangelio de San Juan. ¿Esta figura con el libro cerrado sobre la cabeza nos muestra el consalamentum? ¿Casualidad o capricho del artista? Es posible, ¿pero también lo es la extraña figura de la jamba opuesta?

Como ya hemos visto, en la iconología tradicional el cinco de oros suele asociarse al cuatro de copas. Que representan el cinco, lo espiritual y los cuatro elementos materiales o lo pasional. La realización espiritual del hombre sublima las pasiones cambiando un naipe por otro.  A veces el libro cerrado, la palabra perdida, se asocia al grial, una sabiduría inalcanzable. Pero es una copa y no cuatro: ¿habría un cuatro de copas en la iglesia primitiva antes de su reforma?

Para Fulcanelli, la obra en alquimia se expresa de modo simbólico por un libro abierto o cerrado según que la materia prima haya sido trabajada o solo extraída.

El cinco de oros también significa una invitación a la aventura espiritual, a cruzar el umbral de lo sagrado. Suma del primer número par y del primer impar y medio de los primeros nueve, según los pitagóricos es signo de unión del centro, de la armonía. De la unión o bodas alquímicas entre lo celeste y lo terrestre.

En el interior del templo coruñés de Santiago nos hallamos ante una ancha nave dividida en tres grandes arcos apuntados que sostienen la cubierta, en el testero se ven tres arcos de medio punto, acceso a los ábsides donde estarían los arranques de las ahora suprimidas tres naves iniciales típicas que derivaron en única tras la reedificación del siglo XVI. Se siente una gran fuerza telúrica cerca de la puerta, hacia el mediodía, por donde quizás discurriría la separación entre naves. No sabemos dónde se manifestaba esta energía antes de la reforma.  Pero la energía telúrica transformada en el templo nos puede ayudar a elevar nuestra conciencia.

No es solo la inteligencia lo que nos permite avanzar. Se precisa la voluntad. Saber y querer ayudados por el espíritu, permiten trasformar la piedra bruta, abrir el libro cerrado de nuestros cuerpos y mentes. Y cambiar el cuatro de copas por el cinco de oros.

Así sea.

 

 

 

 

Sobre el libro del grial, Parsifal y el budismo

El libro Buda, Parsifal y el Grial no es otro socorrido alimenticio “corta y pega” sobre un tema ya muy trillado como es el del grial y toda su mitología o leyenda, del que apenas parece que quede algo nuevo o interesante por decir.  En realidad, dentro una civilización como la actual que parece haber perdido el sentido metafísico de la existencia, ¿qué nos importa a los ciudadanos de hoy ciertas leyendas viejas de tiempos tan lejanos en nuestra comprensión y forma de entender la vida?

De un tiempo remoto en que si había una gran ferocidad cotidiana no era menos que existían damas y caballeros unidos por el Amor y el Honor.

Creo que es evidencia de razón para cualquier persona lúcida que no se resigne a la actual devastación estética, humanista y metafísica de la sociedad occidental reconocer que nos encontramos en un momento muy grave para la humanidad. Muchos valores tradicionales, en el mejor sentido del término, es decir de opuesto tanto a lo novedoso como a lo reaccionario, no son sólo discutidos sino también frívolamente destruidos. Es preciso acomodarse mal que bien a leyes chapuceras sino directamente inicuas. A la inestabilidad financiera producto de la actual subversión por la que resulta hegemónica con gran poder de devastación en vez de ser instrumental para potenciar la vida, el progreso y la convivencia. A la mediocridad social que prima la cantidad sobre la calidad, a la masa sobre la aristocracia del mérito y la virtud.

Pero es preciso tener en cuenta que a la desesperación espiritual nunca debemos acomodarnos. A reencontrar la razón de vivir en un mundo muy tecnificado, al servicio de intereses hegemónicos  del Capital, a veces tan opuestos a los del humanismo. Como ya decía en su momento, con tanta agudeza simbólica y desarraigo existencial, el poeta y académico Dámaso Alonso,

“Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres…. Y paso muchas horas preguntándole a Dios, preguntándole porqué se pudre lentamente mi alma”.

Es por eso que nos encontramos en un momento especialmente oportuno para buscar el grial. Nuestro grial. La sugestiva y heterodoxa saga del grial, con su cumbre estética en el Parsifal de Wagner nos plantea muchos interrogantes pero también nos ofrece muchas pistas y pautas para intentar su hallazgo.  Un encuentro que partiendo de mitos y leyendas tiene como escenario la Metafísica y la Música. Es curioso, así como muy revelador del valor universal de la Cultura, cómo existen profundas analogías simbólicas y metafísicas entre aspectos de la saga occidental del grial y de ciertas tradiciones budistas.  Y cómo la música, como ya indicaba el mito de Orfeo nos puede ayudar de modo muy práctico en esta búsqueda del universo del grial.

Decían los neoplatónicos que la Belleza es el resplandor de la Verdad. Hablar de Parsifal y de la saga del grial también supone inquirir acerca del propio sentido que ha de darse al arte, y de la relación de éste con nosotros mismos. Por ejemplo, Kandisky, al igual que antes Wagner, también consideraba que había llegado el tiempo de renovar la sociedad europea comenzando una nueva época espiritual cuya fuerza motriz fuese el arte. Una vocación siempre en parte fracasada y en parte renovada a lo largo de la Historia. Para el ciudadano medio occidental actual, cada vez más distraído y desinformado por los “media” para mayor gusto y satisfacción de un Sistema que le cosifica y embrutece, muchos de los temas estéticos y metafísicos, incluidos los símbolos, carecen ya de sentido.  Pero por su propio bien no estaría de más que intentara afinar su propio diapasón para poder vibrar en resonancia con las notas más elevadas del majestuoso teclado cósmico en el que habitamos consciente o inconscientemente. Al menos, como diría un budista zen, para ser conscientes de nuestra inconsciencia.

Pero el arte comprendido al modo tradicional vendría a ser objetivo. Su belleza estaría en la propia obra más que en la comprensión del espectador que pudiera no estar suficientemente capacitado para reconocerla. El verdadero arte vendría a satisfacer necesidades reales. Es decir, estaría destinado a ayudar al hombre a acercarse al Conocimiento. Con sus posibilidades de expresión es capaz de superar las de los límites del lenguaje común.

El mundo del grial es todo un universo simbólico que abarca muchos y diferentes campos del conocimiento. Forma parte de la antropología, la estética, la literatura, del arte, de la filosofía, de las tradiciones iniciáticas y esotéricas, de la música… del ideal caballeresco.

En tanto que universo es casi imposible abordarlo en su integridad, pero sí contribuir a mover las emociones.

Entre ellas la de su búsqueda, que en realidad no deja de ser la del propio encuentro con nuestro ser interior, el verdadero Yo. La búsqueda (queste) o demanda del grial puede considerarse simbólicamente semejante a la de la Palabra perdida de otras tradiciones esotéricas o iniciáticas.

O la relación de la sexualidad con el desenvolvimiento espiritual.  Las diferencias entre la actitud de Parsifal hacia Kundry con las de las parejas de la tradición tántrica no solo oriental sino también occidental.

En el libro tras repasar algunas de las principales ideas clave para comprender mejor el mito, extraídas de sus diferentes versiones o tradiciones, se estudia su influencia en la Música, el Parsifal de Wagner así como ciertos aspectos filosóficos y metafísicos del conocimiento.

Sin olvidar algo muy importante en toda Tradición universal o verdadera: establecer o mejor dicho recrear un cierto puente espiritual, cultural, estético y simbólico entre Occidente y Oriente. Revisar y comprender mejor las relaciones conceptuales, estéticas e incluso metodológicas, de antiguas enseñanzas de Gautama con la filosofía de la Voluntad, trasmitida en España por el neoplatonismo y la cábala, de la que el filósofo e hispanista alemán Schopenhauer es una de sus figuras modernas más señeras. Relaciones tanto con el budismo Hinayana o primitivo, como en el budismo Mahayana o gran vehículo con su variante zen y el Vajrayana o budismo tántrico.

 

La Cultura tiene un fin práctico que supera a la mera erudición. Antonio Machado solía decir que el fin de la Cultura no era otro que el de hacer despertar las almas dormidas y convertirlas en capaces de espiritualidad.

Así, pues, creo que es necesario iniciar nuestra propia búsqueda del grial, de ese Uno que supera nuestra finitud y dualidad para mejorar nuestras vidas y satisfacer nuestras necesidades espirituales, intelectuales y estéticas más profundas. El símbolo mueve emociones, el arte nos conmueve, nos mueve hacia.

Todo logro verdadero o auténtico requiere un cierto esfuerzo. Sin embargo, confío en contribuir a ayudar con este libro a tal búsqueda personal, ofreciendo algunas pistas a seguir.

Este libro sobre el grial viene a resumir algunos de los hallazgos y peripecias de mi propia búsqueda del grial, en la medida que estos puedan ser expresables. Es un itinerario personal que recorre paisajes exteriores legendarios emblemáticos pero también algunas indicaciones en cuanto que sean transmisibles a otros, de mis propias peripecias, reflexiones y meditaciones sobre este apasionante mito, tan iluminador y revelador de nuestra misma naturaleza humana.

 

La cuestión metafísica del grial es la de qué significa la totalidad de nuestra vida, qué fines tiene, qué felicidad nos cabe esperar. Gran parte de los importantes éxitos de los últimos siglos no son precisamente los del mejor conocimiento del hombre interior, que si es sensible, junto a sus logros materiales o tecnológicos se siente también pobre, vacío, como extrañamente deshabitado.  Preso o instrumento de un sistema de cultura impersonal, volcado en lo externo, descuidada la vida interior, de lo numinoso, de lo sagrado, del conocimiento del alma.

En esta búsqueda el símbolo del grial nos puede ser muy esclarecedor, muy revelador, muy útil.  En efecto, tales son las conocidas preguntas del grial: la que Parsifal no se atreve o no se le ocurre hacer en su primera visita al templo del grial, lo que le costará su expulsión del recinto sagrado, y el consiguiente fracaso en la curación y el rescate de Amfortas, el Rey malherido y su Orden o Hermandad de caballeros del Grial.

O las preguntas que hace el mismo grial a cualquiera de los caballeros que lo buscan. Acaso las mismas preguntas que se encuentran en el origen de la trayectoria de búsqueda espiritual de Gautama, el Buda. Un gran sabio que entendía que “No es el traje, ni el nacimiento lo que hacen un brahmán: son solamente sus méritos propios”. La misma concepción del ideal caballeresco que la de nuestro Raimundo Lulio. El caballero, y la Caballería como institución, no son cosa de linaje sino de virtud. ¿Cuál es la razón de nuestro sufrimiento? O, ¿Por qué sufre Amfortas?

 

La presentación del libro será el próximo miércoles 7 de marzo a partir de las ocho de la tarde en la librería Arenas de La Coruña.

Intervendrán en el acto Francisco Fernández Tarrío, abogado y estudioso comprometido con la cultura y la sociedad españolas y Juan Mariñas, escritor y editor.

La entrada es libre.

 

 

 

 

 

La Candelaria asoma

Dedicado a mis queridos amigos Milagros y Alejandro.  En homenaje a su gran y antigua amistad.

Hace cinco años escribía este texto:

“Ascendía desde el Tajo en la penumbra de sombríos pensamientos hacia la catedral junto a mi buen amigo el alquimista toledano Alejandro Vega, humilde sabio que se ha hecho uno con la conciencia numinosa de Toledo, la antigua ciudad sagrada, ombligo de Castilla y de España.

Mira. Es raro, todo un privilegio: hoy podemos entrar por la Puerta de los Leones o de la Alegría. Cruzamos el umbral. La figura de Cristóbal, el portador de la Luz, esa pesada inocencia que supera las fuerzas del coloso, nos muestra la enormidad de la carga que espera a quien trata de mantener la dignidad aún en tiempos tumultuosos. Seguimos por el deambulatorio. Al fondo en Poniente, la capilla mozárabe, donde aún se celebra el viejo rito hispánico, respetado durante la dominación musulmana de la ciudad, mas arrumbado luego por la influencia francesa. En la capilla de san Martín el caritativo santo nos señala la dualidad así como diferentes modos de iniciación. En la de los dos Juanes solsticiales se conserva uno de los pilares de la mezquita sobre cuyo solar se edificó la catedral. Y en la de san Eugenio, yeserías mudéjares en el arco sepulcral de Gudiel. En el noroeste, junto a otro pilar donde la leyenda sitúa el descenso de la Virgen para imponer la casulla a san Ildefonso se venera la piedra sagrada donde posaron sus píes. En el trascoro la Virgen de la Estrella expande su potente energía curativa.  Y en el exterior del coro, Alejandro me muestra figuras de templarios con su tau, así como una representación de la leyenda de Hiram Abí, el maestro de los masones.

De oca a oca, vamos hacia el mayor monumento en homenaje al grial que existe en España. Mira desde aquí el Trasparente del maestro Narciso Tomé. El Cabildo a principios del siglo XVIII quiso iluminar la zona posterior del sagrario para lo que encargó perforar parte de los muros del trasaltar de la capilla principal. Parece un sacrilegio perpetrado contra la obra gótica, pero no lo es. En realidad, es una culminación de la Gran Obra, la Solar. Cuando se eleve sobre el horizonte, un rayo de sol atravesará el círculo abierto en la bóveda original y penetrará con su luz primordial, fecundándolo, el centro entre los arcángeles. Observa el altar sobre el campo de estrellas de seis puntas, rodeado por el damero masónico de la dualidad sobre la que se apoya el conocimiento.

Sí que recuerda al famoso verso gongorino: “(el sol) en campos de zafiro pace estrellas”.

Pero como casi siempre lo más interesante está oculto a la mirada profana. Así la cámara sagrada situada detrás, entre él y el altar mayor, donde se custodia el sagrario, al que acceden las monjas cuidadoras. Allí está guardado el pelícano. Sí, el pelicano, el ave sagrada, símbolo de Cristo, emblema de la Rosa Cruz y de profundo significado místico. El del propio sacrificio. El principio creador y vivificante que se entrega para alimentar a sus criaturas. El sol, el fuego que permite la vida.

Antes de irnos, toca aquí, este pilar de la capilla de san Ildefonso, junto a la tumba del maestro Martín y los tres peldaños iniciáticos. Es tremendo el caudal vibratorio. Más aún quizás que en el parteluz del Pórtico de la Gloria compostelano. Donde más energía hay en Santiago es en la parte del altar, donde se abraza al Apóstol y en la cripta que guarda el sepulcro, pero las últimas obras además de eliminar el damero masónico del piso, han debilitado el efecto energético original.

Cae la tarde, mientras nos alejamos en dirección al pequeño cigarral de mi amigo, vuelvo la cabeza hacia la vieja ciudad gris y me fijo en las tres coronas que coronan la torre de la catedral. Son las tres coronas de poder sobre sus respectivos mundos que figuran coronar la cabeza del sabio constructor.

Toledo a veces enseña alguno de sus misterios, sus secretos, a los buscadores sinceros. Es un Libro escrito en una lengua ya olvidada. En un principio fue el Verbo pero en esta era de sombras y penumbras quedan sólo sílabas casi indescifrables de la antigua palabra perdida. Mi amigo lleva toda una vida buscando y reuniendo en la catedral primada los restos de ese lenguaje. Su semántica, su pragmática, su gramática. Me consuelo, confortado por la visita  al ombligo de España, con la idea de que el pelícano es fuerte, pese a ofrecer su propia sangre a sus hijos, y que, aunque falle la voluntad de ser o el conocimiento del arquitecto de las tres coronas, en todo caso, el Gran Arquitecto del Universo no va dejar de proteger a España y guiar con su Luz a los españoles.

Atrás queda el antiguo minarete de san Miguel, la casa del duende con sus misteriosos subterráneos, pero la Candelaria asoma y es la propia ciudad de Toledo quien la porta como un san Cristóbal”.

 

Con motivo de la presentación de una nueva edición de su famoso libro Introducción al Toledo filosofal, el pasado otoño tuve la oportunidad de visitar con Alejandro de cicerone otra vez el barrio templario de San Miguel, así como los subterráneos de la casa del duende, que otrora fuera taller del maestro Quismondo. Una casa tradicional toledana y un lugar de extraordinario interés, insólito, muy diferente de lo que el público puede visitar habitualmente.  En la penumbra de los recovecos de sus múltiples galerías y pasadizos se sienten las diferentes energías de la milenaria ciudad. De su memoria histórica.

Una especie de escondido eterno inconsciente colectivo, de viejas emociones y sentimientos, confundidas en el Espacio y el Tiempo. Del Ser que hace esfuerzos por Ser, tomar consciencia y mostrar así las glorias del micro y macrocosmos, las que corresponden a una vida en plenitud.

Ya en el exterior, junto a la aguja de acupuntura del campanario de san Miguel, en una de las colinas de Toledo, la Luz asoma en la calle de la Candelaria.

Entre un halcón de cetrería con el capirote puesto y un león dormido, ya lo decía nuestro gran Cervantes en el frontis de la Primera parte de El Quijote: “Spero lucem post tenebras“.  Ojalá su triunfo sea también el nuestro como criaturas en pos de realizar los más íntimos y queridos anhelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dualidades toledanas

El pasado jueves se presentó en Toledo la segunda edición de todo un clásico. Introducción al Toledo filosofal de Alejandro Vega, obra pionera muy querida por el autor en la que ya hace más de un cuarto de siglo plasmaba algunas de las relaciones entre el Arte de la Alquimia y la milenaria ciudad española.

 

No es, de naturaleza oportunista como tantas otras hoy al uso, un corta y pega, tente mientras cobro o granjería de echacuervos que tenga a Mercurio, el dios del comercio como patrón, sino por el contrario a Minerva, la diosa de los ojos glaucos, patrona de la Sabiduría.

 

En la misma línea de la propia Tradición alquímica no es obra fácil de entender sobre todo sino se aborda con la adecuada actitud espiritual y el ánimo de comprender y aprender. No habla solo a la mente sino también al corazón.

 

El acto estuvo muy concurrido y en él intervinieron un notable cabalista y un profesor de universidad. Dos planteamientos complementarios en lo intelectual pero únicos en lo que se refiere a la simpatía por el autor y su obra.

 

Antonio Chaves Jiménez estudia la cábala original, la del conocimiento de los mundos superiores, espirituales o metafísicos, la propia de los hombres justos en la mejor tradición del genuino judaísmo español. Hoy tantas veces desvirtuada para desgracia de la Humanidad y del propio Judaísmo por echacuervos, jázaros, sionistas o babilonios. Antonio conoce entre otras la escuela del sabio maestro austriaco Friedich Weinreb y explicó algunas de sus relaciones con el árbol sefirótico.

 

Joaquín José Sánchez Gárquez por su parte disertó sobre diversos aspectos simbólicos de la obra y reconoció la influencia que había tenido en su comprensión y amor a Toledo.

 

Les agradezco a ambos me diesen luego la oportunidad de conocerlos mejor y obtener datos, consejos e ideas valiosos.

 

Durante la luminosa mañana del viernes tuvimos la suerte de poder dar un memorable paseo por Toledo, en especial, por el área que otrora fuera ocupada por los templarios, próxima a la parte oriental de la catedral, hasta llegar a través de la calle de Locum, la plaza del Seco, la calle del Can hasta la Candelaria.

 

La rica y sugerente toponimia toledana adquiere su pleno significado cuando es integrada como hace Alejandro Vega con la maestría que dan muchos años de dedicación y estudio.  Da gusto pasear con él por las calles y callejas de la ciudad entre adarves y nombres a cada cual más sugerente. Ya decía el Doctor Alfonso que una forma de hacer arqueología además de la que se basa en pruebas materiales es la seguir la pista a antiguos mitos, nombres y leyendas, lo que pudieran considerarse pruebas o testimonios inmateriales pero de capacidad ilustrativa o incluso probatoria no menor. A los datos se le añaden criterios estéticos, los rumores misteriosos o legendarios, que muestran claves de la realidad más auténtica. En Toledo leyenda e Historia se confunden, como en la mansión del grial lo hacen Espacio y Tiempo.

 

Toledo fue emporio de las Letras, depósito de conocimiento. Es un libro que hay que leer despacio, página a página, calleja a calleja. Aunque no todos los lectores sean capaces de entenderlo como Alejandro. Toledo, el lugar donde hubo una gozosa hierofanía, se manifestó a la Humanidad la Revelación de nuestro Señor Don Quijote, aunque el gran Cervantes sabemos que es poco sincero en ciertas cosas importantes.

 

No nos encontramos con el fantasma de Ángel Guerra con su misticismo decadente y desorientado, retazos más o menos inconexos de un magnífico esplendor sincrético anterior, vagabundeando por esas callejas, si bien acaso no se pueda afirmar lo contrario. Y es que el siglo XVII marcó una gran decadencia a la que no escapa Toledo: Se derriban joyas arquitectónicas para construir conventos u otros edificios espantosos o insustanciales que constituyen un penoso laberinto para el alma.

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La fachada occidental de la catedral muestra la famosa puerta de los sabios con su simbólico parteluz alquímico. Y bordeando el majestuoso templo por la parte Norte, la calle Hombre de palo, en la antigua Alcaná de la que luego hablaremos.

 

El llamado taller del Moro luce su restauración. Su precioso artesonado. Su vista de los jardines del Palacio de Fuensalida, a través de unas ventanas que permitieran contemplar el Paraíso.

Pero pocos viajeros advierten algunos detalles que nos muestra Alejandro. Así, las palomas o las manos de Miriam o de Fátima, poderoso amuleto de protección en las dependencias privadas. O en el precioso brocal de pozo esmaltado.

 

Bien y Mal, Belleza y mal gusto. Amor y Odio, Paz y Guerra son la dualidad en la que nos movemos.

 

En el misterioso y magnético antro o caverna de la casa del duende junto a la torre de acupuntura de San Miguel puede emplearse su peculiar condición vibratoria telúrica para elevar el pensamiento, nuestra propia tasa de vibración personal. Lo sutil y lo pesado. El ego y la generosidad filantrópica a través de la cadena de unión. Toda una experiencia.

Otrora también fue lugar de reunión de academias de conocimiento e investigación.

 

En las cuevas del Alcaná, junto a la parte norte de la catedral, la vibración del suelo, es notable y semejante a la de su parte meridional. Sin embargo, en ella existe una exposición de siniestros instrumentos de tortura. Al parecer todos europeos, porque lo de la leyenda negra española no deja de ser invención en gran parte de nuestros enemigos históricos estúpidamente creída e incluso resaltada por algún compatriota ignorante o malintencionado.

Pero estos instrumentos de crueldad, de maldad, de barbarie, de odio, no dejan de irradiar sufrimiento, dolor de sus víctimas. Acaso mantengan cierta utilidad como recordatorio de hasta donde pueden llegar la maldad, la perversión, la crueldad, la brutalidad.

Es difícil permanecer allí mucho tiempo sin sentirse mal, desarmonizado, incluso con la salud afectada.

Pero desde luego también conviene recordar las sombras de nuestra Historia. Unas sombras de dolor, sufrimiento y esclavitud que nunca deben repetirse, aunque importantes nubarrones en el horizonte avisan que puede volver a suceder..

 

Pero Toledo nos muestra que otro mundo es posible. La catedral con todos sus criptomensajes salvíficos y bienhechores, con todas sus sugestiones de elevación espiritual, intelectual y moral, está al lado de este antro de tortura, salvajismo y barbarie.

 

Cuando el viajero con el libro de Alejandro como guía accede a la ciudad sagrada puede intentar reproducir en sí mismo la Gran Obra.

Así sea.

 

 

 

 

 

 

 

Itaca, según Cavafis

   

                                                     “Los amores relativos son experiencias enriquecedoras a través del conocimiento de otros seres y, una vez despejado el misterio, se abren nuevos caminos a la exploración amorosa siempre analítica e inquietante.

                                                       Quizá los dilemas del amor llevan al politeísmo erótico, amar muchas veces sin comprometerse en ninguna unión definitiva, que cierra el horizonte de de la infinitud amorosa. Y seguiremos buscando el Todo-Uno, la verdad absoluta del amor, el fin de sus dilemas”.  

(Carlos Gurméndez, Los dilemas del amor)

 

ITACA

Si emprendes el camino hacía Itaca

Desea que el camino sea largo,

Lleno de peripecias, lleno de experiencias.

A los lestrigones y a los cíclopes,

Al encolerizado Poseidón no temas,

Tales cosas en tu camino no encontrarás

Si tu pensamiento alto permanece, si una selecta

Emoción roba tu espíritu y tu cuerpo.

Ni lestrigones ni cíclopes

Ni al fiero Poseidón encontrarás

Si no los llevas en tu alma,

Si tu alma no los erige ante ti.

 

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

En que, con que placer, con que alegría,

Entres en los puertos por primera vez vistos;

Detente en los mercados fenicios

Y compra las hermosas mercancías,

Nácar y corales, ámbar y ébanos,

Y voluptuosos perfumes de todo tipo,

Los perfumes más valiosos y voluptuosos que puedas;

Visita muchas ciudades egipcias

Y aprende y aprende de los sabios.

 

Ten siempre en tu mente Itaca.

Llegar allí es tu destino.

Pero no apresures el viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure

Y que, ya anciano, arribes a la isla,

Rico con cuanto ganaste en el camino

Sin esperar que Itaca te dé riquezas.

 

Itaca te dio el bello viaje.

Sin ella no hubieses emprendido el camino

Pero ya no tiene nada que darte.

 

Y, si la encontraras pobre, Itaca no te engañó.

Tan sabio has devenido, con tanta experiencia,

Ya habrás comprendido lo que significan las Itacas.

 

 

Nota

La traducción del poema Itaca de Costantino Cavafis es de Luis de Cañigral.  Ediciones Júcar, 1980.

Imágenes procedentes de Los dioses de Grecia y Roma de Víctor Gebhardt, Biblioteca ilustrada Espasa, 1881.

 

 

 

 

 

 

 

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