Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Ambiciosas sinergias promotoras entre la Junta de Extremadura y la UE

Por parte de los tenebrosos fachas enemigos de la Humanidad en general y de Extremadura en particular, estamos asistiendo a una feroz campaña de intoxicación que pretende hacer creer que el malvado dictador, cuya tumba es necesario profanar por evidentes razones filantrópicas y de utilidad pública, haya hecho algo bueno por los españoles. Una verdadera vergüenza que debe ser enérgicamente denunciada como se merece por todo progre bien pensante y más aún si es un desahuciado parado endémico producto de la política socialista de destrucción de la actividad económica real en estos feudos. Pero, tranquilos, que el demócrata y patriótico presidente Sánchez lo va a impedir bajo pena de terribles castigos a los vagos y maleantes que osen criticar la versión que establezca el Ministerio de la Verdad socialista.

Aunque, por otra parte, algunos seguidores del Doctor Freud no dejen de avisarnos de que con tal fanática persecución anti franquista pudiéramos estar ante un paradigmático caso psicoanalítico del complejo de Edipo o de muerte del padre, desarrollado a partir de su fase anal por los socialistas que no han conseguido una sexualidad adulta. En efecto, Franco, la CIA y el CESID fueron los verdaderos fundadores de la única organización política franquista, sin incluir los Borbones, que subsiste hoy en día: el PSOE, criatura viciosa y niña mimada de los servicios de información del General que hicieron posible el lucrativo golpe de Suresnes.

 

Pero, aparte de la creación ex nihilo de la moderna PSOE inopinado mérito que más vale no reconocer, el dictador no habría perpetrado sino fechorías. Por ejemplo, se habla del Plan del Campo de Arañuelo en Cáceres o del llamado Plan Badajoz, proyecto altamente demagógico que con la construcción del sistema de embalses de Cíjara, García Sola y Orellana acabó con el estiaje del Guadiana, embalsando hasta  tres mil quinientos millones de M3 y permitiendo el riego potencial de casi doscientas mil Has convertidas en feraces campos de regadío para los miles de malvados colonos colaboracionistas del infecto caudillo a lo que se les dotó de parcelas, casas propias y una veintena de pueblos surgidos entre los secarrales. Para colmo, con este proyecto el odioso tirano, visionario del moderno y acaso impostado cambio del clima climático, lograría la generación de una extraordinaria cantidad de energía eléctrica renovable, de la que presumen apuntándose el tanto algunos de nuestros más encopetados lucrativos monopolios y afines ongs sorosianas tente mientras cobro. Ya digo, una vergüenza que debiera ser corregida sin piedad por la Santa Inquisición socialista en cumplimiento de la Ley de Memoria histórica, de modo que no quede nada de la obra del Maligno, volando las presas e inundando terrenos y arruinando poblaciones, acequias y sistemas de riego a la vez que los despojos del tirano tras la profanación de su tumba sean aventados para pasto de los rollizos y fotogénicos buitres del Monfragüe.

Pero ni la Junta de Extremadura ni la UE se desaniman ante estas repugnantes propagandas orwellianas del Plan Badajoz y otras lamentables zarandajas obra del tirano. Cabe resaltar hoy el logro del moderno ferrocarril que ya avanzado el siglo XXI “une” la capital cacereña con la del Reino a la diabólica velocidad media de sesenta y tres kilómetros por hora, cuando no se producen los retrasos habituales. Una avanzada máquina de ingeniería con todos los adelantos técnicos que cuando funciona, pues acaso por sabotaje de los descontentadizos nostálgicos de siempre falla más que una escopeta de feria, debe esperar a cruzarse con otras similares en las modernas estaciones del trayecto, logrando entonces velocidades medias récord guinness menores a los cincuenta kilómetros por hora. Todo un parque temático lineal dedicado a la modernidad y los grandes adelantos promovidos durante décadas por los bondadosos y honrados próceres socialistas, permanentemente desvelados por el mejor bienestar del pueblo que les honra con décadas de mayoría absoluta.

Existen otros grandes logros del Régimen borbónico autonómico socialista de los que es obligado hacer mérito. En la misma noble ciudad de Cáceres, tan hermosa y sorprendente, existen unas placas conmemorativas de actos de fomento y mecenazgo verdaderamente ambiciosos, esforzados, reconocidamente heroicos, protagonizados al alimón por la Junta de Extremadura y la mismísima Unión Europea.

Como puede comprobarse en las imágenes que ilustran este texto disimuladamente alabancioso (por puro vicio y aunque no cobre un miserable euro de su fondo de reptiles) tomadas a las puertas de la empresa agraciada y bajo los apartados presupuestarios de Fomento y Mejora de las T.I.C. en el Sector turístico y de Compra de mobiliario para cuartos de baño ambas gloriosas instituciones cofinancian la compra de modernos retretes y otro material sanitario de última generación para el céntrico hotel cacereño situado entre las calles Donoso Cortés y Roso de Luna por las astronómicas sumas de 1.147,00 €  y  de 4.040,52 €  respectivamente.

Dicho quede a mayor gloria de ambas instituciones y para el reconocimiento y eterna gratitud por sus desvelos por parte de todo extremeño de pro. Ante estos indiscutibles logros del Régimen ¡Qué se quite la basura franquista esa del Plan Badajoz!

 

 

 

En la Gran Mezquita de Córdoba

Córdoba no es ajena a la moda imperante en muchas ciudades, no siempre justificada o razonable, de dificultar la circulación por su centro y sobre todo por su casco antiguo incluso cuando se intenta encontrar el hotel contratado aun con la ayuda de un GPS.  Pero disfrutar de la antigua y bella ciudad andaluza de tanta tradición romana e islámica merece salvar algún que otro embrollo o laberinto. Callejear por sus barrios tradicionales, admirar sus patios o sus callejuelas, algunas tan pequeñas como la calleja del pañuelo es una experiencia única.

 

La Gran Mezquita de Córdoba es una de las mayores joyas del arte islámico en todo el mundo y desde luego en España. Una extraordinaria obra de arte sagrado, alterada parcialmente en el siglo XVI para construir una adocenada catedral, híbrida de estilos gótico y renacentista con decoración barroca, en la que no faltan destrozos estéticos que cabe calificar de aberraciones insensibles a la belleza del lugar. La visión de las cubiertas desde el exterior muestra el adefesio perpetrado. El esfuerzo por resaltar la ocupación cristiana del espacio en lo que parece una competición con la islámica además de estéticamente aberrante llega en ocasiones a lo ridículo, como es el caso, a mi parecer, del moderno cuadro dedicado a la monja Teresa de Calcuta que pega allí como a un Cristo tres pistolas. Sin olvidar abigarrados retablos barrocos de purpurina. Una pena que la catedral rellena de tantas capillas, alguna de auténtico bodrio de lesa estética, no se edificara en otro lugar cercano respetando en su integridad la antigua belleza del templo musulmán.

Un lugar sagrado no exento de polémica actual no sólo estética sino también político religiosa. Ejemplos de incoherencia. Así, las presiones de movimientos islamistas para que también vuelva a tener culto islámico, cosa que no sucede al revés por ejemplo con la basílica bizantina de Santa Sofía en Estambul. Y la correspondiente reacción eclesiástica, no solo por razones de Poder, sino porque la explotación libre de impuestos de esta maravilla artística del Islam paradójicamente le proporciona enormes beneficios al clero católico. Quizás no exentos de cierto componente simoniaco dado que según su propia concepción se trata de un centro de culto católico. El coste de la entrada, diez euros por persona, es una cifra muy elevada que según las cuentas oficiales de número de visitantes proporciona muchos millones de euros al año. Y si es para acceder a un lugar de culto religioso en activo como pretende la Iglesia y no un negocio lucrativo, la cuestión de la onerosa entrada tiene aún peor justificación o defensa.

Templos, espacio y tiempo sagrados

Pero dicho esto, las cuestiones materiales o políticas no debieran distraernos de lo que es lo principal: el ámbito espiritual del templo, lo que de algún modo es común tanto para las religiones monoteístas, politeístas o para las Órdenes iniciáticas, más allá de consideraciones teológicas o incluso estéticas.

El templo es un espacio sagrado de disposición jerarquizada, ligado también a un tiempo sagrado, diferente del que trascurre extramuros del mismo. Un verdadero templo tradicional funciona como una especie de artefacto espiritual que nos facilita el contacto con lo numinoso y nos sirve para elevar la consciencia mediante un conjunto de fenómenos más o menos objetivos. Así la satisfacción de los sentidos originada por el disfrute del Arte sagrado.  O la elevación de la energía telúrica concentrada por su ubicación y disposición arquitectónica a través de los chakras o centros psíquicos para lograr una mayor sabiduría o realización espiritual. La Mezquita de Córdoba parece inspirada en las ideas platónicas de que la Belleza es el resplandor de la Verdad y de que Dios “geometriza”.

Los templos tradicionales suelen estar situados en determinados lugares geográficos asociados a condiciones energéticas especiales. Es notable que los mismos sitios suelan servir de base a diferentes y sucesivos cultos una vez arrumbado el anterior. También es ese el caso de la mezquita de Córdoba. La teología cambia y explica las cosas de lo numinoso a su manera, los fenómenos espirituales permanecen.

La evolución histórica de la Mezquita

El actual templo ecléctico cordobés ha experimentado diversas peripecias a lo largo de los siglos tanto en lo que se refiere a disposición original, ampliaciones, modificaciones, advocación religiosa y estilos artísticos. Las sucesivas ampliaciones musulmanas se realizaban añadiendo nuevas áreas mediante la repetición de los mismos elementos arquitectónicos. La forma o idea del templo de Abderramán I no se veía sensiblemente alterada con las nuevas columnas que se expandían como un precioso bosque encantado de mármol. Desde el siglo XVI ha perdido la unidad mahometana al erigirse una catedral concebida como gótica y finalizada como renacentista en su interior y decoración barroca, desfigurando tanto la planta como el alzado de la antigua Gran Mezquita.  Vista desde el exterior, la bóveda de la catedral recuerda un espantoso “chichón” que le hubiera salido al antiguo templo mahometano, rompiendo la coherencia de su belleza y unidad arquitectónicas y su línea de horizonte.

La Mezquita inicial de Abderramán I fue edificada transformando un primitivo templo cristiano, la catedral de San Vicente, que fue expropiado mediante el pago de 100.000 dinares y la facultad de construir otros templos cristianos en sustitución del expropiado. Cuenta el marqués de Lozoya siguiendo a Gómez Moreno que la transformación pudo hacerse de modo muy rápido. Los arquitectos musulmanes desmontaron las cinco naves primitivas cristianas orientadas al Este y distribuyeron sus materiales en once naves orientadas hacia la quibla (el Sur), en vez de hacia la Meca.  Ahora bien, surgió el problema de la cubierta que ya no podía seguir siendo de tipo basilical con la central más alta que las laterales.  Se solucionó mediante tejadillos a dos vertientes para cada una de las naves cuyas arquerías debían soportar los canales de desagüe, como si fueran una especie de acueductos. Hubo que hacer acopio de columnas, pues no bastaban las recicladas procedentes de los viejos edificios romanos o visigóticos.

Todos los emires ampliaban o modificaban la Mezquita. Hixen I hizo construir un espacio especial para las mujeres además de un minarete.  Abderramán II realizó una ampliación en dirección de la quibla, derribando el primitivo muro Sur. Mohamed I construyó y se reservó para sí una especie de iconostasis bizantina junto a la quibla. El primer califa, Abderramán III, construyó un magnífico minarete que fuera modelo para la Giralda sevillana. Y el segundo califa, Alhaquen II, la que se considera parte más importante de la mezquita: Nueva ampliación hacia el Sur, derribando el muro anterior. Nuevo y bello mihrab, magníficas cúpulas como la de la hoy conocida como capilla de Villaviciosa, que para algunos autores constituiría un precedente de las bóvedas de crucería, sin olvidar la de la mezquita toledana del Cristo de la Luz o la Iglesia templaria de la Vera Cruz en Segovia.  A la propia belleza arquitectónica se une la decorativa en la que destacan los mosaicos bizantinos para cuya ejecución vino un artífice desde Constantinopla. Almanzor también hizo su ampliación. Esta vez ya no hacia el Sur debido a la proximidad del río Guadalquivir sino hacía el Este, por lo que, en consecuencia, el mihrab quedaría descentrado. La Mezquita de Córdoba ocupa 22.250 m2, probablemente el mayor monumento religioso del mundo en superficie.

Y luego la decadencia del Islam español. Fernando III tomó la ciudad. En tiempos de su hijo, Alfonso X el Sabio, se habilitó una iglesia cristiana orientada al Este, reformada en el siglo XIV, aunque con el buen gusto e inteligencia de que no desentonase en el plano estético del maravilloso recinto en el que estaba, como sucedería más tarde con la absurda catedral del siglo XVI. El obispo Alonso Manrique determinó en 1521 que se levase un crucero y coro nuevos en el centro de la mezquita. Se produjo la correspondiente polémica zanjada al principio por el emperador a favor del insensible obispo aunque luego Carlos V se horrorizaría de la fechoría estética perpetrada: “Yo no sabía que era esto, pues no hubiera permitido que se llegase a lo antiguo, porque hacéis lo que puede haber en otras partes y habéis deshecho lo que era singular en el mundo”.  

Templos y arquitectura

La forma o disposición del templo ha variado según las instituciones espirituales o confesiones religiosas a lo largo de la Historia, en lugares y edades. Unas veces servía de residencia o morada a un Dios. Así los templos egipcios y griegos. Otras de escenario de rituales o sistemas simbólicos en acción. O, como en el famoso santuario de Eleusis, las ceremonias sagradas incluían la ingesta en determinadas condiciones ritualísticas de sustancias enteogénicas que permiten acceder a otros estadios de conciencia. En ocasiones, la iconología simbólica del templo, incluso entre los cristianos medievales, hace referencia a estos agentes que constituyen una especie de sacramento bioquímico. Así, por ejemplo, en las iglesias cristianas rupícolas de Capadocia.

Los templos de la antigüedad clásica eran la morada del dios o de la diosa en cuyo honor se habían erigido. Tales el famoso templo de Poseidón o Neptuno en  Sunion, el de Atenea Parthenos en la Acrópolis de Atenas o en la de Siracusa, el de Apolo en Delfos, el de Diana en Éfeso o el de Zeus en Olimpia. Su orientación habitual era Oeste- Este. A veces estos templos paganos también han sido reciclados o transformados por el Cristianismo: así por ejemplo, el grandioso templo dedicado a Atenea en Siracusa, rival del de la Acrópolis en Atenas, fue reconvertido como en una especie de palimpsesto de piedra en pintoresca catedral barroca. Con resultado lamentable desde el punto de vista estético.

Los templos del Cristianismo y los de las Órdenes iniciáticas, constituyen un lugar sagrado, distinto del profano, en el que el espacio está jerarquizado. Por ejemplo el Oriente, donde el Sol nace y se sitúa el Altar Mayor y el ábside o la girola. Y al lado opuesto del eje principal, el Poniente, llamada comúnmente Puerta del Perdón. Sin embargo, curiosamente y contra la tradición espiritual del Cristianismo como religión solar, San Pedro en el Vaticano tiene una orientación no tradicional cristiana sino pagana, con el altar al Oeste, el lugar donde muere el sol, símbolo del Espíritu. El arquitecto Alberti apenas pudo hacer nada sino demoler la antigua basílica. Su sucesor Bramante planeó un espacio central en estrella, con planta de cruz griega, de reminiscencias clásicas. Un diseño acaso mediatizado por las manías de grandeza del papa Julio II, quien quería que el nuevo templo exaltara su gloria, mientras sus cenizas reposaran bajo su cúpula magnífica. En cierto modo una especie de recuperación de la vieja idea pagana del templo como morada de un dios. Tras Rafael y Sangallo el encargo pasó a Miguel Ángel quien modificó la cúpula y la planta transformándola en cruz latina basilical.  El resultado es una obra descomunal, con una cúpula de ciento diez metros de ancho y cuarenta y cinco de alto, en el que la ostentación de poder material encubre la pérdida del simbolismo espiritual del sol como representación del Logos. Como hemos indicado, el altar se encuentra dirigido a la muerte del sol en vez de a su nacimiento, lo que no deja de ser significativo.

La catedral madrileña de la Almudena tampoco escapa a esta pérdida del sentido espiritual tradicional de la Institución y del templo, víctima de la hegemonía de los intereses materiales de la organización. No se orienta según el sol sino que su eje central se orienta o dirige por un lado hacia el Sur como la quibla de la Mezquita de Córdoba y por el otro al Palacio real, al Poder político.

Las mezquitas tienen su parte más sagrada, el mihrab, dirigido a La Meca, excepto precisamente la de Córdoba que lo está al Sur, un rasgo de la relativa autonomía político, cultural y religiosa del califato cordobés o quizás de respeto a las propias necesidades o condicionantes constructivos del precioso templo cordobés.

El templo como artefacto espiritual 

Y junto al espacio existe también un tiempo sagrado, relacionado con los rituales o sistemas simbólicos dinámicos de recreación de lo sagrado, la creación, la muerte y resurrección, etc., ajeno al tiempo profano.

Además de la jerarquización del espacio también existe una separación entre fieles y oficiante o bien entre miembros de sociedades iniciáticas según su grado o relación con el ritual. A veces está separación resulta grotesca por sus criterios arbitrarios o inconsecuentes. En consecuencia existe pues necesariamente un umbral o pórtico de separación entre el “tiempo / espacio” sagrados y el “tiempo / espacio” profanos.

Todas estas cosas formarían parte de una Sabiduría hoy relegada sino casi perdida. Rene Guenon liga el Arte sagrado a la concepción característica de las sociedades tradicionales, donde la  actividad humana derivaría de principios superiores: “El arte era algo distinto de lo que se concibe hoy por este término, era algo que implicaba un verdadero conocimiento”.

Un conocimiento del mundo espiritual más relacionado con la Mística que con la Teología. El arte sagrado pretende ser manifestación de lo perenne en el Tiempo. De lo Absoluto en un mundo de dualidad, contingencia y relatividad. De expresión de lo Inefable, de facilitar una Presencia, capaz de conmover al Alma. Por eso no debe quedar solo al albur de los deseos o caprichos del artista. En este caso de la búsqueda del Uno entre el bosque dual de columnas de piedra y el esplendor de la quibla.

Pero para el observador actual, perteneciente a una sociedad que casi ha perdido el sentido de la metafísica, tan alejada de sus preocupaciones y anhelos cotidianos, resulta difícil comprender que artistas que conocían o que incluso habían “visto” nos dejaban testimonios de Conocimiento, de Sabiduría, de arte Sagrado en la iconología religiosa y simbólica.

El templo como poder

Por eso la construcción de una catedral que no aportaba nada nuevo o de gran interés desde el punto de vista estético “profanando” desde tal punto de vista un precioso lugar también sagrado y además de carácter único fue una decisión lamentable. Como también lo sería en el plano político e histórico que Carlos I, quien había llegado incluso a establecer la pena de muerte para cualquiera que participara en la demolición de la antigua mezquita, no acertara a escarmentar al soberbio obispo, quien consiguió esconderse de la ira del emperador. Si tal hubiera sucedido y el rey hubiera castigado la estulticia y soberbia eclesiástica como merecía, probablemente la Historia de España hubiera resultado muy diferente, y acaso no hubiera estado tan supeditado el poder político al del clero.  Otra fechoría estética atribuida al mandato del obispo Juan de Toledo es la fachada renacentista que “adorna” desde 1531 el patio de los naranjos. Aunque para ser justos hay que reconocer que el propio emperador tampoco está libre de sacrilegios estéticos como nos muestra su inapropiado palacio renacentista de la Alhambra en Granada.

Muchas veces los monumentos resultan una mera manifestación de poder, tanto político como religioso, pues a lo largo de la Historia se suele observar el fenómeno de la estrecha simbiosis entre las castas sacerdotales y las políticas por la que mutuamente se sostienen y protegen. Decía Rocker que “Todo poder está inspirado por el deseo de ser único, pues, según su esencia se siente absoluto y se opone a toda barrera que le recuerde las limitaciones de su influencia. El poder es la conciencia de la autoridad en acción, no puede como Dios, soportar ninguna otra divinidad junto a sí.  Esta es la razón por la que entabla una lucha por la hegemonía…  solo cuando no se siente aún bastante fuerte, se muestra dispuesto a concesiones, pero en cuanto se siente bastante poderoso, no deja de recurrir a ningún medio para ensanchar los límites de su dominación. …la aspiración a unificarlo todo, a someter todo movimiento social a una voluntad central, es el fundamento de todo poder…” 

Sería desear desde el punto de vista estético que la Propiedad desnudara el espacio sagrado de toda esa abigarrada decoración de incoherentes capillas e imágenes de tan dudoso gusto. De todo lo que atenta contra la armonía y sencillez del espacio sagrado.  Recuperar la humilde y sabia santidad de San Juan de la Cruz frente a la confusión barroca de Fray Gerundio de Campazas, alias zotes. La arquitectura de la catedral ya está donde está y el asunto es irremediable, pero sí se podría trasladar todo ese ejército de santos e imágenes a otros recintos donde no afearan el hermoso recinto sagrado.

Islam español e Ilustración

Pero volviendo a la cuestión inicial del debate y pugna por el poder sobre el monumento cordobés cabe recordar aquí el texto de un gran filósofo y místico granadino del s XII Ibn Abentofail, quien en su extraordinaria obra El filósofo autodidacto defiende una visión de la religión como un fenómeno de la conciencia, espiritual, lejos de planteamientos teológicos que retroalimentan la dominación política. La concepción de la conducta humana de acuerdo con los valores metafísicos asociados a la divinidad pero no como sometimiento a las consignas de una casta sacerdotal, resulta en cierto modo una prefiguración de los planteamientos ilustrados genuinamente laicos que respetuosos de la libertad de conciencia, cátedra o expresión tratan de distinguir en el ámbito de lo social y estatal entre lo político y lo religioso y separar la influencia de sus relativas jurisdicciones e influencias.

Ojalá lejos de todo fanatismo y manipulación de las mentes se pudiera recuperar esta visión del mejor Islam español encarnada en el sabio granadino, curioso antecedente en este campo de la propia moderna Moral de la Ilustración.  Una Moral pública que combate el fanatismo religioso y que respeta los territorios de convivencia social asociados al lenguaje místico o común a todas las religiones más que a las teologías que las separan. Y donde los templos cumplen su naturaleza de constituir artefactos espirituales más allá de las propias consideraciones teológicas o de poder material que dividen a la Humanidad.

Es el Espíritu y sus manifestaciones artísticas lo valioso e importante

Bien entendido que hablamos aquí del universo espiritual y de mutuo respeto religioso ecuménico en lo místico. De tolerancia que no es igual sino lo opuesto a consentir. No se trata de sustituir un clero por otro, ni del pernicioso multiculturalismo, ni de alianzas de civilizaciones o majaderías similares propias de necios, ignorantes o canallas, ni menos de promover una nueva religión única de diseño para satisfacer los turbios intereses del NOM. Sabemos que en los últimos tiempos el Poder político y económico le está siendo arrebatado tanto a los ciudadanos como a los Estados Nación y ha sido trasferido a las organizaciones globales multilaterales transnacionales. Un paso más en esta estrategia de dominación mundial omnipresente sería la anulación de las distintas tradiciones y la creación de una nueva religión de diseño, de carácter unitario que forzara a la gente a un cierto pensamiento o creencia religiosa únicos.

Desde luego no es lo que se pretende con estas notas. Tenemos el ejemplo de las antiguas mezquitas toledanas aún conservadas, que hoy no son escenario de culto sino abiertas a la admiración de su Belleza: Tornerías, Valmandrón rebautizada como Cristo de la Luz o la preciosa ex sinagoga mudéjar conocida hoy como Santa María la Blanca, un ejemplar único en su clase, que también está siendo reclamada ahora por los judíos. Desnudas de Teologías pero preciosas manifestaciones de Geometría al servicio del Arte, todas ellas pueden entenderse como centros espirituales dedicados a promover la paz, la concordia y la búsqueda de lo Absoluto a través de la Belleza y o que debieran ser sus corolarios, la tolerancia o respeto mutuo y la fraternidad universal.

Ojalá el disfrute estético y espiritual de la Gran Mezquita de Córdoba, joya de nuestro patrimonio espiritual, cultural y artístico, que también lo debe ser nacional, pueda realizarse sin estar subordinado a los intereses de la casta sacerdotal de ninguna jerarquía confesional.

Ojalá se pueda dedicar así este magnífico espacio sagrado que sostenemos entre todos con nuestros impuestos a disfrutar de un tiempo simbólico dedicado a la búsqueda y goce del Espíritu.

 

 

 

Dos de mayo

El dos de mayo de 1808 en Madrid es una fecha mítica, que de algún modo puede ser considerada como el nacimiento de la conciencia de la nación española como tal. Hoy, a falta de un reconocimiento en toda España, acaso por esa misma razón, la toma de conciencia de la unidad e independencia de la nación española, de nuestra integridad como pueblo, sólo se ha adoptado con carácter local como fiesta oficial del actual engendro autonómico relacionado con Madrid.

En el dos de mayo confluyen muchas cuestiones de gran importancia histórica, algunas de ellas de permanente actualidad en esa especie de fandango de Boccherini en el que se viene convirtiendo nuestra historia contemporánea. Con gran inteligencia y sensibilidad Alejo Carpentier termina la perspectiva estética e ideológica de El siglo de las luces en esa fecha con una acción desesperada y suicida de Sofía, la intrépida amante del protagonista Victor Hugues, junto a su primo Esteban.

Faltaba ahora por reconstruir el Día sin Término; aquel en el que dos existencias habían parecido disolverse en un Todo tumultuoso y ensangrentado”. Sofía era una heroína que había contestado al revolucionario y masón desorientado protagonista: “es eso lo que hizo la Revolución: trastornar a más de uno…ahora sé lo que debe aceptarse y lo que debe rechazarse.

Sofía rechazó la impostura revolucionaria empleada para avasallar pueblos y también salió a la calle madrileña en desesperada acción contra el ejército invasor de Napoleón, un personaje sugestivo y siniestro a la vez como Hitler, probable agente de los Rothschild empleado de modo consciente o inconsciente en una embrionaria intentona de NOM. Una de cuyas víctimas más importantes sería la destrucción del imperio español en América y su sustitución por el anglosajón.

De pronto cundió el tumulto. Grupos de hombres del pueblo, seguidos de mujeres, de niños, aparecieron en las esquinas dando mueras a los franceses. …el pueblo entero de Madrid se había arrojado a las calles en  un levantamiento repentino, inesperado y devastador, sin que nadie se hubiese valido de proclamas empresas ni de artificios de oratoria para provocarlo…cargaban los mamelucos, cargaban los coraceros, cargaban los guardias polacos, sobre una multitud que respondía al arma blanca … Luego vino la noche. Noche de lóbrega matanza, de ejecuciones en masa, de exterminio, en el Manzanares y en la Moncloa.

Son varias las reflexiones, con sabor agridulce, que más de dos siglos después nos sugieren estos heroicos acontecimientos de los que fuera protagonista el pueblo madrileño.

La traición, tanto entonces como hoy, de la mayor parte de la clase dirigente. La vileza de la estulta y corrupta Dinastía borbónica. El cretino de Carlos IV, su adúltera y desleal esposa junto con el rey felón por antonomasia ofrecieron ante el emperador invasor un espectáculo insuperable de vileza, traición y cobardía. Las instituciones borbónicas se pusieron al servicio del invasor. Entonces como ahora una sensación de manifiesta indefensión, de estar a merced de los intereses del enemigo extranjero. De que no nos defiende nadie, sino si acaso nosotros mismos. Los inmortalizados por Goya fusilamientos de la Moncloa fueron firmados por el gobernador militar de Madrid, un general español.

Desde esa fecha emblemática, el pueblo español, junto con algunos pocos resistentes de la nobleza o el Ejército sostuvo una cruenta y sanguinaria guerra para defender la entidad y conciencia nacionales, junto con el desarrollo de nuestra primera constitución no otorgada, para luego incomprensiblemente entregar nuestra libertad otra vez a los Borbones.

El siglo de las luces terminaría con invasiones, saqueos y matanzas. Pero, ¿qué habría sucedido en Occidente si en vez de los políticos materialistas como Víctor Hugues hubieran informado la Ilustración y la Revolución gentes con renovado sentido espiritual de la existencia como el martinista Ogé?

No cabe verdadera revolución política y social sin cambio espiritual, sin sentido del honor y de los valores metafísicos. Lo que es válido tanto para entonces como para ahora que se celebra el cincuentenario del mayo del 68.

Hoy, otra vez nuestra corrupta casta dirigente traiciona a la nación no oponiéndose, si acaso no es peor con la misma complicidad, al golpe catalán o al no menos criminal chantaje sabiniano. Sólo una parte del pueblo, junto con la insólita por inesperada intervención real de un Borbón, y la heroica intervención de algunos pocos magistrados, han reaccionado para tratar de evitar la entrega del botín nacional a los sediciosos. Aunque el futuro de España sigue incierto.

Y es que tras cuarenta años de devastación nacional al servicio de intereses extranjeros y de una clase dirigente liberticida, corrupta y cómplice, no parece que una gran parte, en gran medida adocenada o embrutecida, del pueblo español sepa acertar la mano con la herida.

Hoy, otro dos de mayo, a diferencia de entonces, nuestra gloriosa casta política carga además de contra la gente contra ellos mismos. El rival o competidor por el botín se ha convertido en otro mameluco a descabalgar. O a fusilar si sus propios dossieres de chantaje no lo impiden. Ninguno de los ex presidentes de la cosa autonómica madrileña, retirados más o menos ignominiosamente, se dignaron acudir al acto conmemorativo de hoy.

Los dos de mayo actuales, tales como los numeritos del día de la mujer o contra la sentencia de la manada, son producto de demagogia, propaganda e histeria. Las fuerzas mercenarias al servicio del NOM, de las que el feminazismo inducido se ha revelado como de importancia capital, campan a sus anchas. Nada de racionalidad, sentido común o patriotismo. Al cabo, consecuencia de la política de devastación educativa y cultural patrocinada ya por Gramsci, que se está imponiendo aquí con la complicidad de los ineptos, corruptos o desalmados que consideran que la feliz gobernación de una nación sea cosa solo de economía. De puro pan y circo.

 

 

 

CONSOLAMENTUM cátaro en La Coruña

Desde el siglo XI al XIII el sudeste de Francia fue escenario de un movimiento religioso místico político conocido como catarismo o movimiento herético de los albigenses o los puros. En 1209 Simón de Monfort había tomado uno de sus bastiones, la que entonces se creía fortaleza inexpugnable de Carcassonne. Todo el territorio del Languedoc y, en especial, el último bastión cátaro, el castillo de Montségur en las estribaciones del Pirineo, está relacionado con la hermosa leyenda del grial. Al parecer, según documentos de época, en enero de 1244 poco antes de la caída de la fortaleza bajo las tropas del Papado, cuatro cátaros se descolgaron por el precipicio cercano portando un pequeño tesoro en el que según la leyenda estaría incluido el propio grial. El 16 de enero caía el bastión y más de doscientas personas entre hombres, mujeres y niños fueron quemados vivos por las fuerzas del Papado en la explanada existente bajo el castillo llamada desde entonces Camp des Cremats.

Hoy existe una estela conmemorativa del terrible genocidio. Presenta una cruz paté y otra druídica, con una inscripción dedicada a los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano.

¿Por qué fueron combatidos los cátaros con tanta saña y crueldad?  Desde el punto de vista espiritual participaban de gnosis, de una relación íntima entre el hombre y la Divinidad, sin intermediarios. Este supuesto ponía en cuestión radical todo el aparato de poder material eclesiástico. Es decir, una vez más la misma disyuntiva entre Espíritu y Poder material.

El consolamentum es una especie de sacramento propio de los cátaros, puros o albigenses. Se encuentra ligado a una transmisión espiritual de maestro a discípulo y asociado a un libro, habitualmente cerrado, que representa el libro de San Juan.

Para algunas tradiciones este libro es el que aparece en una carta del tarot. Bien abierto como en el de Marsella o bien cerrado como en el tarot de Visconti Sforza. Un tarot pintado por Bembo a mediados del siglo XV, que se conserva en varios museos, salvo cuatro cartas perdidas. Una de ellas, la del diablo, acaso hecha desaparecer por el mismo maligno.

Según ciertas tradiciones posteriores vinculadas al enigmático Leonardo y sus hipotéticas relaciones con la heterodoxia cátara, tal libro de la carta del tarot pudiera ser una obra de fray Amadeo de Portugal, hermano de Beatriz de Silva, la fundadora de las concepcionistas y fundador él mismo de cierta rama de los franciscanos con algún parecido a la propia reforma del Carmelo. El beato describe revelaciones relativas a San Juan, obtenidas durante éxtasis místicos: en efecto, en su Apocalipsis nova, uno de cuyos ejemplares se encuentra en la biblioteca de El Escorial probablemente gracias a don Diego Hurtado de Mendoza y codificado por su bibliotecario Benito Arias Montano con la signatura secreta relacionada con el cinco.

Pero, lo del tarot de la Casa Ducal de Milán, ¿era capricho de potentado o medio de transmisión de Conocimiento o de alguna tradición esotérica o iniciática?

Eliphas Levi decía que el tarot “acaso sea la obra maestra del espíritu humano y, con seguridad, una de las cosas más bellas que la antigüedad nos ha legado”. Y la Belleza afirman los platónicos que tiene un fin práctico: ayudar a la contemplación del Uno. Pues la Belleza es el resplandor de la Verdad. Cada arcano tiene su significado y se relaciona con los otros. Así, el arcano mayor de ordinal uno, El Mago, suele indicar un comienzo, que algo es posible, que se puede empezar, y además, ahora. Es una invitación a encarnar la energía que llamamos consciencia. Pero cada arcano está constituido por toda una constelación de símbolos, que como las estrellas tienen una realidad propia aunque sean ordenada de modo psicológico. El dos es dedicado a la figura de la papisa, según el tarot de Marsella, o de una dama vestida con hábito franciscano según el tarot de Visconti Sforza con un libro en la mano, que es la carta o arcano mayor al que ya hemos hecho referencia. En otras variantes formales aparece con la cruz del Languedoc cátaro.

El tarot, al que vulgar y habitualmente se le relaciona con el inframundo de lo que Cervantes llamaba “echacuervos”, es decir de los embaucadores de incautos e ignorantes, ha ejercido una gran atracción sobre muchos investigadores del Conocimiento.

Y constituye un lenguaje con su propia gramática, semántica y pragmática. Los algoritmos gramaticales del tarot varían con las diferentes escuelas e incluso con el propio modo particular de hacer las cosas, con la propia maniera. Pero la semántica a diferencia de los lenguajes con códigos cerrados es abierta, y como en todo lenguaje simbólico inaprensible en su integridad. Casi se puede hablar de idiolectos o lenguajes particulares, al menos desde el sentido último que se escapa en cada arcano o arquetipo. Un arcano, es un aspecto de la eternidad cuyo conocimiento no es accesible totalmente a la mente humana.

El tarot presenta veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis menores que ayudan como en el famoso mito cretense a explorar el laberinto del inconsciente. Por tanto no está destinado a aspirantes a Teseos inmaduros o de mente frívola, ni para racionalistas que suprimen la dualidad humana, la dialéctica entre el día y la noche. Pero, como diría Jung, sirve a las gentes pensantes y reflexivas a las que gusta meditar acerca de lo que hacen y lo que les ocurre.

Existen diversas versiones o escuelas de tarot. Aunque de procedencia al menos medieval y luego renacentista, una de ellas fue desarrollada hace poco más de un siglo por un coruñés muy famoso en Francia aunque olvidado en su tierra natal, el Doctor Encausse, más conocido como Papus, estudioso de la Tradición Occidental quien renovó la Orden Martinista y desarrolló dos formas distintas del tarot de Marsella: el divinatoire y el de los bohemiens.

En Occidente, la Psicología, pese a lo que su propio nombre indica como ciencia del alma, se encuentra muy materializada, no obstante estar deambulando en la tierra fronteriza de lo invisible, y pretende descartar la palabra conciencia como algo diferente de lo físico. Para colmo, muestra una especie de síndrome de Estocolmo llamada Conductismo. Desde esa perspectiva materialista el mecanismo del tarot resulta incomprensible. Como lo es el fenómeno de la precognición, criptestesia o clarividencia referentes al futuro, estudiados entre otros por Osty o el gran Richet, Premio Nobel 1913.

Sea como fuere Jung y Pauli entendían estas cuestiones y, en general, las relacionadas con la mántica gracias a lo que llamaban el principio de sincronicidad: una relación inteligente pero no causal de acontecimientos, de modo que si se acepta la existencia de un espacio intermediario, ni interno o psíquico, ni externo o ambiental, pudiera interpretarse el fenómeno del sincronismo como una participación de lo anímico interno y de la realidad externa en los fenómenos de este mundo intermediario. Así, al consultar el tarot caben varías hipótesis: que informaciones metapsíquicas puedan influir en el orden de las cartas. Que las cartas actúen como inductores en el psíquismo del consultante o del interpretador. Bien porque la psiquis no es localizable espacialmente o bien porque el espacio es psíquicamente relativo. En todo caso, nunca cabe definir un código totalmente cerrado de interpretación.

Por si esa dificultad aún fuera poca, hay que añadir el que el tarot es un lenguaje total, sistémico. Como acaso diría von Bertalanffy, supone un paradigma diferente de la visión mecanicista del mundo. Su funcionamiento estaría más próximo al de las partes analógicas o sinópticas del famoso diccionario ideológico de Julio Casares o al de los mapas o cartografías mentales de lo que Buzan llama pensamiento irradiante.

El tarot puede entenderse como una manifestación del lenguaje sagrado o, al menos una ventana abierta al mundo de lo numinoso. Y, en consecuencia, si se usa con sensatez e inteligencia, una vía para conocernos mejor a nosotros mismos.

El cinco de oros tiene varios significados en el tarot.

Para Jodorowsky: “El 5 abre caminos para el conocimiento de uno mismo o propone ideas brillantes”. Se trata de la invitación a una aventura, a un comienzo, a iniciar algo nuevo, aunque en el caso de los oros él la identifica con el dinero.

Sin embargo, para Roso de Luna el cinco de oros tiene que ver con la realización espiritual. Con el oro del conocimiento iniciático. En El tesoro de los lagos de Somiedo cuenta que en cierta talla existente en una ermita berciana asociada a la tradición templaria, el cuatro de copas de la crucifixión del espíritu en la materia es cambiado por el cinco de oros: “El Niño, el Adepto, en respuesta a las palabras del salmo treinta pronunciadas por el candidato, de Ego autem in te speravi, Domini Dixi: in manibus tuis sortes meae, le alarga el Oro del Conocimiento iniciativo, con el cinco correspondiente, al par que le retira el naipe simbólicamente contrario, o sea el cuatro, que es de copas, por representar éstas el vino de las pasiones que embriagan a los humanos, sometiéndolos a la tiránica, cuanto grata, ley del sexo, y es un cuatro al par, como símbolo de la crucifixión en la carne, la limitación, la caída en el sexo. Queda así constituido en conjunto el emblema rosacruciano del cinco con el cuatro, del Conocimiento con la Pasión, de la Rosa con la Cruz”.

El tarot puede considerarse un medio de transmisión de la Tradición, pero pese a la opinión de Levy no creo que de los más importantes, aunque lo haya sido en algunas épocas y para ciertos movimientos históricos heterodoxos.  En mi opinión, lo es más la arquitectura sagrada, al menos aunque sólo fuese desde el punto de vista de ser menos perecedera, más permanente en el tiempo.

Pero volvamos al tarot en relación con el consolamentum cátaro y miremos algunos de sus arcanos menores presentes en la arquitectura románica coruñesa.

El arte gallego nos depara muchas sorpresas. Algunas que parecen íntimamente relacionadas con la gnosis y el movimiento cátaro.  Un ejemplo: en la puerta Norte de la catedral de Lugo se muestra un capitel con la sagrada cena en la que aparece una figura femenina ¿acaso la Magdalena? apoyada en el pecho del Salvador. Como se observa en la imagen no hay duda de que el personaje es una mujer. La dulzura del rostro, la melena, el collar…

Pero una sugestiva combinación de consolamentum, tarot y arquitectura sagrada se encuentra en la ciudad vieja de La Coruña, en la antigua iglesia de Santiago, interesante ejemplar de la arquitectura típica gallega de origen románico modificada luego en gótico. Tiene tres ábsides semicirculares con columnas y canecillos en el Oriente. En el Norte destaca el tímpano con el agnus dei y la cruz patriarcal, característicos del sanjuanismo y de la antigua Tradición solar.

En Poniente posee una puerta románica al modo compostelano y de arcos apuntados. Pero cabe fijarse en las jambas de las puertas. Aparecen dos figuras. Una tiene un libro cerrado sobre su cabeza, encima del libro se muestra un ángel, el mensajero con una filacteria. Los ángeles transmiten mensajes, dan consuelo, protegen e invitan al desenvolvimiento espiritual. El personaje hace el signo de fe con una mano y con la otra mantiene el bastón cetro de Santiago. Pero, si esta es singular y enigmática, la figura de la jamba opuesta llama la atención con el índice sobre un naipe, el cinco de oros que sostiene y muestra, enigmático, al visitante. El libro cerrado puede asociarse a la tradición gnóstica del maestro Mateo y su versión del Apocalipsis genialmente interpretada en el Pórtico de la Gloria. Mas el libro está cerrado y sus sellos, trasunto de los chacras o centros psíquicos humanos ¿también lo están? Una forma de esta Gnosis, como lo fuera el priscilianismo es la del catarismo. Pero también puede ser una referencia al evangelio de San Juan. ¿Esta figura con el libro cerrado sobre la cabeza nos muestra el consalamentum? ¿Casualidad o capricho del artista? Es posible, ¿pero también lo es la extraña figura de la jamba opuesta?

Como ya hemos visto, en la iconología tradicional el cinco de oros suele asociarse al cuatro de copas. Que representan el cinco, lo espiritual y los cuatro elementos materiales o lo pasional. La realización espiritual del hombre sublima las pasiones cambiando un naipe por otro.  A veces el libro cerrado, la palabra perdida, se asocia al grial, una sabiduría inalcanzable. Pero es una copa y no cuatro: ¿habría un cuatro de copas en la iglesia primitiva antes de su reforma?

Para Fulcanelli, la obra en alquimia se expresa de modo simbólico por un libro abierto o cerrado según que la materia prima haya sido trabajada o solo extraída.

El cinco de oros también significa una invitación a la aventura espiritual, a cruzar el umbral de lo sagrado. Suma del primer número par y del primer impar y medio de los primeros nueve, según los pitagóricos es signo de unión del centro, de la armonía. De la unión o bodas alquímicas entre lo celeste y lo terrestre.

En el interior del templo coruñés de Santiago nos hallamos ante una ancha nave dividida en tres grandes arcos apuntados que sostienen la cubierta, en el testero se ven tres arcos de medio punto, acceso a los ábsides donde estarían los arranques de las ahora suprimidas tres naves iniciales típicas que derivaron en única tras la reedificación del siglo XVI. Se siente una gran fuerza telúrica cerca de la puerta, hacia el mediodía, por donde quizás discurriría la separación entre naves. No sabemos dónde se manifestaba esta energía antes de la reforma.  Pero la energía telúrica transformada en el templo nos puede ayudar a elevar nuestra conciencia.

No es solo la inteligencia lo que nos permite avanzar. Se precisa la voluntad. Saber y querer ayudados por el espíritu, permiten trasformar la piedra bruta, abrir el libro cerrado de nuestros cuerpos y mentes. Y cambiar el cuatro de copas por el cinco de oros.

Así sea.

 

 

 

 

La Candelaria asoma

Dedicado a mis queridos amigos Milagros y Alejandro.  En homenaje a su gran y antigua amistad.

Hace cinco años escribía este texto:

“Ascendía desde el Tajo en la penumbra de sombríos pensamientos hacia la catedral junto a mi buen amigo el alquimista toledano Alejandro Vega, humilde sabio que se ha hecho uno con la conciencia numinosa de Toledo, la antigua ciudad sagrada, ombligo de Castilla y de España.

Mira. Es raro, todo un privilegio: hoy podemos entrar por la Puerta de los Leones o de la Alegría. Cruzamos el umbral. La figura de Cristóbal, el portador de la Luz, esa pesada inocencia que supera las fuerzas del coloso, nos muestra la enormidad de la carga que espera a quien trata de mantener la dignidad aún en tiempos tumultuosos. Seguimos por el deambulatorio. Al fondo en Poniente, la capilla mozárabe, donde aún se celebra el viejo rito hispánico, respetado durante la dominación musulmana de la ciudad, mas arrumbado luego por la influencia francesa. En la capilla de san Martín el caritativo santo nos señala la dualidad así como diferentes modos de iniciación. En la de los dos Juanes solsticiales se conserva uno de los pilares de la mezquita sobre cuyo solar se edificó la catedral. Y en la de san Eugenio, yeserías mudéjares en el arco sepulcral de Gudiel. En el noroeste, junto a otro pilar donde la leyenda sitúa el descenso de la Virgen para imponer la casulla a san Ildefonso se venera la piedra sagrada donde posaron sus píes. En el trascoro la Virgen de la Estrella expande su potente energía curativa.  Y en el exterior del coro, Alejandro me muestra figuras de templarios con su tau, así como una representación de la leyenda de Hiram Abí, el maestro de los masones.

De oca a oca, vamos hacia el mayor monumento en homenaje al grial que existe en España. Mira desde aquí el Trasparente del maestro Narciso Tomé. El Cabildo a principios del siglo XVIII quiso iluminar la zona posterior del sagrario para lo que encargó perforar parte de los muros del trasaltar de la capilla principal. Parece un sacrilegio perpetrado contra la obra gótica, pero no lo es. En realidad, es una culminación de la Gran Obra, la Solar. Cuando se eleve sobre el horizonte, un rayo de sol atravesará el círculo abierto en la bóveda original y penetrará con su luz primordial, fecundándolo, el centro entre los arcángeles. Observa el altar sobre el campo de estrellas de seis puntas, rodeado por el damero masónico de la dualidad sobre la que se apoya el conocimiento.

Sí que recuerda al famoso verso gongorino: “(el sol) en campos de zafiro pace estrellas”.

Pero como casi siempre lo más interesante está oculto a la mirada profana. Así la cámara sagrada situada detrás, entre él y el altar mayor, donde se custodia el sagrario, al que acceden las monjas cuidadoras. Allí está guardado el pelícano. Sí, el pelicano, el ave sagrada, símbolo de Cristo, emblema de la Rosa Cruz y de profundo significado místico. El del propio sacrificio. El principio creador y vivificante que se entrega para alimentar a sus criaturas. El sol, el fuego que permite la vida.

Antes de irnos, toca aquí, este pilar de la capilla de san Ildefonso, junto a la tumba del maestro Martín y los tres peldaños iniciáticos. Es tremendo el caudal vibratorio. Más aún quizás que en el parteluz del Pórtico de la Gloria compostelano. Donde más energía hay en Santiago es en la parte del altar, donde se abraza al Apóstol y en la cripta que guarda el sepulcro, pero las últimas obras además de eliminar el damero masónico del piso, han debilitado el efecto energético original.

Cae la tarde, mientras nos alejamos en dirección al pequeño cigarral de mi amigo, vuelvo la cabeza hacia la vieja ciudad gris y me fijo en las tres coronas que coronan la torre de la catedral. Son las tres coronas de poder sobre sus respectivos mundos que figuran coronar la cabeza del sabio constructor.

Toledo a veces enseña alguno de sus misterios, sus secretos, a los buscadores sinceros. Es un Libro escrito en una lengua ya olvidada. En un principio fue el Verbo pero en esta era de sombras y penumbras quedan sólo sílabas casi indescifrables de la antigua palabra perdida. Mi amigo lleva toda una vida buscando y reuniendo en la catedral primada los restos de ese lenguaje. Su semántica, su pragmática, su gramática. Me consuelo, confortado por la visita  al ombligo de España, con la idea de que el pelícano es fuerte, pese a ofrecer su propia sangre a sus hijos, y que, aunque falle la voluntad de ser o el conocimiento del arquitecto de las tres coronas, en todo caso, el Gran Arquitecto del Universo no va dejar de proteger a España y guiar con su Luz a los españoles.

Atrás queda el antiguo minarete de san Miguel, la casa del duende con sus misteriosos subterráneos, pero la Candelaria asoma y es la propia ciudad de Toledo quien la porta como un san Cristóbal”.

 

Con motivo de la presentación de una nueva edición de su famoso libro Introducción al Toledo filosofal, el pasado otoño tuve la oportunidad de visitar con Alejandro de cicerone otra vez el barrio templario de San Miguel, así como los subterráneos de la casa del duende, que otrora fuera taller del maestro Quismondo. Una casa tradicional toledana y un lugar de extraordinario interés, insólito, muy diferente de lo que el público puede visitar habitualmente.  En la penumbra de los recovecos de sus múltiples galerías y pasadizos se sienten las diferentes energías de la milenaria ciudad. De su memoria histórica.

Una especie de escondido eterno inconsciente colectivo, de viejas emociones y sentimientos, confundidas en el Espacio y el Tiempo. Del Ser que hace esfuerzos por Ser, tomar consciencia y mostrar así las glorias del micro y macrocosmos, las que corresponden a una vida en plenitud.

Ya en el exterior, junto a la aguja de acupuntura del campanario de san Miguel, en una de las colinas de Toledo, la Luz asoma en la calle de la Candelaria.

Entre un halcón de cetrería con el capirote puesto y un león dormido, ya lo decía nuestro gran Cervantes en el frontis de la Primera parte de El Quijote: “Spero lucem post tenebras“.  Ojalá su triunfo sea también el nuestro como criaturas en pos de realizar los más íntimos y queridos anhelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dualidades toledanas

El pasado jueves se presentó en Toledo la segunda edición de todo un clásico. Introducción al Toledo filosofal de Alejandro Vega, obra pionera muy querida por el autor en la que ya hace más de un cuarto de siglo plasmaba algunas de las relaciones entre el Arte de la Alquimia y la milenaria ciudad española.

 

No es, de naturaleza oportunista como tantas otras hoy al uso, un corta y pega, tente mientras cobro o granjería de echacuervos que tenga a Mercurio, el dios del comercio como patrón, sino por el contrario a Minerva, la diosa de los ojos glaucos, patrona de la Sabiduría.

 

En la misma línea de la propia Tradición alquímica no es obra fácil de entender sobre todo sino se aborda con la adecuada actitud espiritual y el ánimo de comprender y aprender. No habla solo a la mente sino también al corazón.

 

El acto estuvo muy concurrido y en él intervinieron un notable cabalista y un profesor de universidad. Dos planteamientos complementarios en lo intelectual pero únicos en lo que se refiere a la simpatía por el autor y su obra.

 

Antonio Chaves Jiménez estudia la cábala original, la del conocimiento de los mundos superiores, espirituales o metafísicos, la propia de los hombres justos en la mejor tradición del genuino judaísmo español. Hoy tantas veces desvirtuada para desgracia de la Humanidad y del propio Judaísmo por echacuervos, jázaros, sionistas o babilonios. Antonio conoce entre otras la escuela del sabio maestro austriaco Friedich Weinreb y explicó algunas de sus relaciones con el árbol sefirótico.

 

Joaquín José Sánchez Gárquez por su parte disertó sobre diversos aspectos simbólicos de la obra y reconoció la influencia que había tenido en su comprensión y amor a Toledo.

 

Les agradezco a ambos me diesen luego la oportunidad de conocerlos mejor y obtener datos, consejos e ideas valiosos.

 

Durante la luminosa mañana del viernes tuvimos la suerte de poder dar un memorable paseo por Toledo, en especial, por el área que otrora fuera ocupada por los templarios, próxima a la parte oriental de la catedral, hasta llegar a través de la calle de Locum, la plaza del Seco, la calle del Can hasta la Candelaria.

 

La rica y sugerente toponimia toledana adquiere su pleno significado cuando es integrada como hace Alejandro Vega con la maestría que dan muchos años de dedicación y estudio.  Da gusto pasear con él por las calles y callejas de la ciudad entre adarves y nombres a cada cual más sugerente. Ya decía el Doctor Alfonso que una forma de hacer arqueología además de la que se basa en pruebas materiales es la seguir la pista a antiguos mitos, nombres y leyendas, lo que pudieran considerarse pruebas o testimonios inmateriales pero de capacidad ilustrativa o incluso probatoria no menor. A los datos se le añaden criterios estéticos, los rumores misteriosos o legendarios, que muestran claves de la realidad más auténtica. En Toledo leyenda e Historia se confunden, como en la mansión del grial lo hacen Espacio y Tiempo.

 

Toledo fue emporio de las Letras, depósito de conocimiento. Es un libro que hay que leer despacio, página a página, calleja a calleja. Aunque no todos los lectores sean capaces de entenderlo como Alejandro. Toledo, el lugar donde hubo una gozosa hierofanía, se manifestó a la Humanidad la Revelación de nuestro Señor Don Quijote, aunque el gran Cervantes sabemos que es poco sincero en ciertas cosas importantes.

 

No nos encontramos con el fantasma de Ángel Guerra con su misticismo decadente y desorientado, retazos más o menos inconexos de un magnífico esplendor sincrético anterior, vagabundeando por esas callejas, si bien acaso no se pueda afirmar lo contrario. Y es que el siglo XVII marcó una gran decadencia a la que no escapa Toledo: Se derriban joyas arquitectónicas para construir conventos u otros edificios espantosos o insustanciales que constituyen un penoso laberinto para el alma.

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La fachada occidental de la catedral muestra la famosa puerta de los sabios con su simbólico parteluz alquímico. Y bordeando el majestuoso templo por la parte Norte, la calle Hombre de palo, en la antigua Alcaná de la que luego hablaremos.

 

El llamado taller del Moro luce su restauración. Su precioso artesonado. Su vista de los jardines del Palacio de Fuensalida, a través de unas ventanas que permitieran contemplar el Paraíso.

Pero pocos viajeros advierten algunos detalles que nos muestra Alejandro. Así, las palomas o las manos de Miriam o de Fátima, poderoso amuleto de protección en las dependencias privadas. O en el precioso brocal de pozo esmaltado.

 

Bien y Mal, Belleza y mal gusto. Amor y Odio, Paz y Guerra son la dualidad en la que nos movemos.

 

En el misterioso y magnético antro o caverna de la casa del duende junto a la torre de acupuntura de San Miguel puede emplearse su peculiar condición vibratoria telúrica para elevar el pensamiento, nuestra propia tasa de vibración personal. Lo sutil y lo pesado. El ego y la generosidad filantrópica a través de la cadena de unión. Toda una experiencia.

Otrora también fue lugar de reunión de academias de conocimiento e investigación.

 

En las cuevas del Alcaná, junto a la parte norte de la catedral, la vibración del suelo, es notable y semejante a la de su parte meridional. Sin embargo, en ella existe una exposición de siniestros instrumentos de tortura. Al parecer todos europeos, porque lo de la leyenda negra española no deja de ser invención en gran parte de nuestros enemigos históricos estúpidamente creída e incluso resaltada por algún compatriota ignorante o malintencionado.

Pero estos instrumentos de crueldad, de maldad, de barbarie, de odio, no dejan de irradiar sufrimiento, dolor de sus víctimas. Acaso mantengan cierta utilidad como recordatorio de hasta donde pueden llegar la maldad, la perversión, la crueldad, la brutalidad.

Es difícil permanecer allí mucho tiempo sin sentirse mal, desarmonizado, incluso con la salud afectada.

Pero desde luego también conviene recordar las sombras de nuestra Historia. Unas sombras de dolor, sufrimiento y esclavitud que nunca deben repetirse, aunque importantes nubarrones en el horizonte avisan que puede volver a suceder..

 

Pero Toledo nos muestra que otro mundo es posible. La catedral con todos sus criptomensajes salvíficos y bienhechores, con todas sus sugestiones de elevación espiritual, intelectual y moral, está al lado de este antro de tortura, salvajismo y barbarie.

 

Cuando el viajero con el libro de Alejandro como guía accede a la ciudad sagrada puede intentar reproducir en sí mismo la Gran Obra.

Así sea.

 

 

 

 

 

 

 

CONVOCATORIAS: Alejandro Vega presenta en Toledo una nueva edición de su clásico Introducción al Toledo filosofal

El gran investigador de Toledo Alejandro Vega presenta una nueva edición de su ya clásico y pionero por tantos conceptos, Introducción al Toledo filosofal.

Precisamente, tuve el honor de conocer al autor y hoy gran amigo hace más de un cuarto de siglo durante una de sus sugestivas y memorables visitas guiadas nocturnas a la milenaria y misteriosa ciudad del Tajo. Creo recordar que entonces  la llamaba El Toledo alquímico.

Alejandro conoce Toledo monumento a monumento, calle a calle, piedra a piedra.  Es un placer poder disfrutar de su compañía y aún más en un escenario histórico, rodeado de arte, lleno de misterios y leyendas.

En la estela de los antiguos maestros de la Tradición, Alejandro pone su conocimiento y sabiduría con total generosidad a disposición de quien tenga oídos para oír y sepa y quiera escuchar.

La interesantísima web de Alejandro Vega se llama El Toledo escondido, puede verse aquí.

El acto de presentación tendrá lugar el jueves 16 de noviembre a partir de las siete de la tarde en la biblioteca de Santa María de Benquerencia en Toledo.

Acompañarán al autor Antonio Chaves Jiménez, investigador en cábala y alquimia y el Profesor de la UA, Joaquín José Sánchez Gárquez.

Desde La Coruña animo al que pueda asistir a este acto a que lo haga.  Seguro que le va a gustar.

Mi enhorabuena al autor.

 

 

 

 

El pelícano en la posverdad

                                                                                 

 

“La malicia introduce la discordia en el mundo y la astucia conserva al mundo en discordia y la disimulación hace bienquisto al que siembra la cizaña del propio que la padece” (Quevedo).

 

 

 

“Si los emperadores hubieran servido para algo no habrían permitido que se entronizaran los déspotas”, pensaban en el Renacimiento y aún ahora se puede seguir pensando comprobados los desastres y calamidades de las actuales intervenciones del Imperio globalista en las naciones y comunidades que ha ido haciendo sus víctimas: Vietnam, Corea, Irak, Libia, Siria, Afganistán, Centroamérica…

Con el Renacimiento hubo un tiempo en España y en el resto de Europa en que florecieron los Estados nación. Y con ellos la propia Teoría del Estado.  Una preocupación por la educación del Príncipe u hombre de Estado para evitar o al menos controlar la arbitrariedad de las tiranías. La literatura política española del siglo de oro desarrolla la teoría de la educación. Con Juan Huarte de San Juan y su Examen de los Ingenios, la selección científica de personal. Con Saavedra Fajardo y otros autores el empleo del emblema, con sus significados abiertos y referencias metafísicas, como método de educación y sabiduría.

Nuestro gran Quevedo desarrolla su compleja ideología en sus obras políticas, filosóficas, ascéticas sin olvidar en las satírico-morales joyas premonitorias de la actual teoría de la conspiración como La Fortuna con seso y la Hora de todos, donde enseña la lúcida amén de atrevida hipótesis de los Monopantos. En palabras de su personaje Rabbí Saadías: “Nosotros primer linaje del mundo, que somos desperdicio de las edades y multitud derramada que yace en esclavitud y vituperio congojoso, viendo arder en discordias el mundo, nos hemos juntado a prevenir advertencia desvelada en los presentes tumultos, para mejorar en la ruina de todos nuestro partido… hemos reconocido que no tienen comercio nuestras obras y nuestras palabras y que que nuestra boca y nuestro corazón nunca se aunaron en adorar un propio Dios. Aquella siempre aclamó al del Cielo, éste siempre fue idólatra del oro y de la usura”.

Son también plenamente actuales otras obras quevedescas, así: España defendida y los tiempos de ahora de las calumnias de los noveleros y sediciosos. O La Rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero en la que responde a la clericalista y teocrática Proclamación católica de los catalanes, denunciando su pertinaz demagogia propia de fabulosos y embusteros.

En este sucinto recuerdo no podemos dejar de citar a Gracián, cuyo traductor al alemán fuese nada menos que Schopenhauer, que expresa sus ideas políticas en El Político, El Héroe, El Discreto, El Oráculo manual y Arte de Prudencia o psicológicas en su Agudeza y Arte de Ingenio.

Cervantes también nos ofrece una genial interpretación de la naturaleza y obligaciones del Poder en los consejos de Don Quijote a Sancho gobernador.

Los grandes autores se planteaban problemas teóricos prácticos tales como el orden social, la necesidad del Poder. Las formas de Gobierno, la naturaleza del poder, la soberanía.  La destrucción del poder ordenado: la tiranía, el maquiavelismo…

Las condiciones personales del titular del poder, el concepto del Príncipe político y cristiano. O su Consejo: validos, ministros, secretarios. La condición de súbdito o incluso el problema de la opinión pública.

En efecto, el ya citado Saavedra Fajardo sostiene, Empresa XXXVIII, que “la grandeza y el poder del Rey no están en sí mismo, sino en la voluntad de sus súbditos”. “Procure el Príncipe ser amado de sus vasallos y temido de sus enemigos”. O, “¿Qué mayor infelicidad que mandar a los que por temor obedecen, y dominar los cuerpos, y no a los ánimos? Esta diferencia hay entre el príncipe justo y el tirano: que aquel se vale de las armas para mantener en paz los súbditos, y éste para estar seguro dellos.”

Pero bien sea por la pertinaz y continuada acción de los monopantos quevedescos, bien sea por el triunfo de la estulticia, el fanatismo, la ambición, la hipocresía, la corrupción o por lo que fuere, parece que estamos asistiendo en la contemporaneidad a la voladura más o menos controlada de todos estos planteamientos civilizadores, loor de la Cultura española de nuestro siglo de oro.

Los hasta ahora diversos Estados nación, sus Culturas, sus lenguas, sus sociedades peculiares, su orden propio, se van disolviendo en un nuevo magma imperial, bajo pretexto de la llamada globalización.  Un imperio sin emperador conocido, incluso el mismo Trump no dejaría de ser un subalterno, un mero actor en este proceso cuyo guión o libreto elaboran otros a los que resulta difícil poner cara o nacionalidad. Qué decir de personajillos insignificantes de reparto como el Mariano o la Soraya.

Los resultados son desoladores como estamos comprobando con la actual crisis catalana. No se pretende parar de verdad el golpe contra España sino llegar acuerdos entre golpistas de una y otra banda para asegurar la solidaridad y beneficio mutuos. Si no queda más remedio que disimular, la Justicia debe ser burlada para preservar el botín. Donde no hay Nación ni menos patriotismo, desaparece la soberanía y el dominio de la Ley. Sólo quedan entonces bandas organizadas para disputarse el botín. La banda de los Pujolone contra los de los Gürtelone. Como lúcidamente decían en El Padrino, “don Vito controla, políticos, jueces, policías y periodistas, pero no los comparte”. Y si alguien no estuviese por la labor se le chantajea o se le elimina.

Aquí, una de las cuestiones claves, ¿cómo engañar a la opinión pública?, ¿cómo lograr que bandidos y facinerosos a los que casi ningún crimen resulta ajeno parezcan santos varones? Y otra no menor, la selección de ingenios ya no se debe hacer según las ideas de Huarte de San Juan, sino entre los más chantajeables. El que no está en algún dossier acusado de algún delito o violencia debe ser descartado para ocupar cargos, porque acaso se viera en la disyuntiva de aplicar su razón y conciencia. Sin tal condición no hay visto bueno por los “Bilderberg” o grupos globalistas similares que fabrican, ponen o quitan próceres.

Otrora el símbolo del pelícano, asociado al del fénix pagano, significaba el amor del pájaro por sus crías a las que alimentaba con su sangre que obtenía picándose el pecho con su propio pico. Un símbolo muy frecuente en la iconología cristiana y en su versión como fénix, en la egipcia y rosacruciana. Se puede encontrar, por ejemplo, en San Juan de los Reyes en Toledo o en la catedral de Pamplona.

La primera corrupción de todas consiste en pudrir el entendimiento. Así, en estos tiempos de posverdad, de renuncia al universo de los valores metafísicos y su intento de realización en el plano personal, social y político, el pelícano significa otra cosa. Un temido informe para chantajear a Mariano Rajoy y otros grandes próceres de la Monarquía.

Lo dicho, fuera ya los Huarte, los Saavedra Fajardo, los Quevedo, los Cervantes, los Gracián. Su sabiduría no nos puede traer más que amargura, desazón o desgracias.

Lo importante para dirigir o reconducir el Poder en estos tiempos de globalización, posverdad y esclavitud sin soberanía, es fabricar próceres dóciles y cautivos. Los servicios secretos se desnacionalizan al mero servicio de los intereses particulares del amo.

Ya no más rollos de Teoría Política ni del Estado de Derecho, ni por supuesto de la Educación. La buena y feliz gobernación requiere disponer de buenos dossiers para chantajes.

 

 

 

Viaje por el espacio y el tiempo

El viajero viene de Francia. Ha visitado a su familia. También con ella el ahora museo donde estaba el antiguo convento de los Agustinos. Y el precioso templo de los Jacobinos, en Toulouse. Se trata de una rara iglesia de dos naves separadas por una singular fila de  preciosas palmeras de piedra. Un templo extraño, elegante, bellísimo, donde se custodia la tumba de Santo Tomás de Aquino. Acaso inspirado en otros ibéricos de hermosos árboles encantados en piedra como la colegiata de Berlanga de Duero, la Veracruz segoviana, Tomar en la sede de la Orden del Cristo de Portugal y los mozárabes San Baudelio de Berlanga o Santa María de Peñalba en Arnedillo. Pero de estos templos, su historia, arquitectura y sugestivo simbolismo, se hablará en otro artículo.

El viajero no participa de la indiferencia, casi menosprecio, de Fernando, el protagonista barojiano de Camino de Perfección, ante la preciosa citada iglesia de la Veracruz, antes templaria y hoy de la Orden de Malta, en el camino de Segovia a Zamarramala: “Era románica y debía de ser muy antigua; tenía adosada una torre cuadrada, y en la parte de atrás, tres ábsides pequeños”.

Al contrario, piensa que en estas pequeñas joyas de nuestra antigua arquitectura se hallan los mayores valores estéticos y lo mejor del alma o la espiritualidad española. Que en difícil sencillez sin apenas ornamentación trascienden su pertenencia al arte cristiano medieval para constituir artefactos universales de perfeccionamiento espiritual. De alquimia para el alma sosegada y receptiva.

El viajero no está solo en esa apreciación: Si Machado rechazaba la religiosidad huera de la España oficial sin embargo buscaba recuperar un Dios vivo, interior y esotérico. Un Dios al que parecería más fácil encontrar refugiado en las modestas pero preciosas ermitas mozárabes o románicas que en las encopetadas y recargadas iglesias barrocas donde la retórica y la ostentación de Poder ahogan el Espíritu.

Bécquer también nos anima a que, sea como historiador o como artista, sea examinada la importancia de monumentos que merecen fijar la atención de los hombres pensadores y estudiosos.

En Oriente, tan lejano y cercano a la vez, un importante yogui, Paramahansa Yogananda, también nos lo dice: “Adorar al Señor en la iglesia o en templo es un buen hábito, siempre y cuando a partir de esa inspiración aprendas a entrar en tu propio templo de la meditación y a experimentar el éxtasis interior. En las horas más profundas de la noche y en la quietud del amanecer, entra en tu catedral interior y háblale a la congregación de tus pensamientos, exhortándolos a todos ellos a consagrarse al infinito. y en el grandioso órgano de tu templo de paz, sonará el majestuoso Om”  

 

El viajero, aburrido de la autovía francesa hacia la frontera con Irún en la que la principal emoción es saber si el dispositivo automático de su auto levantará o no la barrera del peaje, decide volver a España atravesando el Pirineo por zona nacional evitando los más fáciles pasos de Gerona y Vascongadas.

Duda entre sendos túneles oscenses, bien el de Bielsa, conocido de otros viajes y más corto pero más agobiante por su reducida sección, o el de Somport -Canfrant, amplio y cómodo aunque de casi nueve kM de largo.

Se decide por esta última opción. El viajero pasa cerca de Lourdes, famoso centro de apariciones marianas o lo que sean, pero no entra en la población porque ahora no está para milagros. A la altura de la ciudad de Pau toma la intrincada y anticuada carretera en dirección Sur por Oloron Ste-Marie, siguiendo aguas arriba el curso del Gave d`Aspe hasta el túnel que atraviesa el Pirineo en dirección a España. Una ruta de montaña con tramos de gran belleza.

Francia tiene muy descuidadas, firme gastado, trazados tercermundistas, cruce de poblaciones, las carreteras cercanas a nuestra frontera.  Debe ser cosa de prioridades. Las suyas. Pero mal iríamos si no pudiésemos emplear los pasos fronterizos cómodos en manos nacionalistas hostiles y tuviésemos que comunicarnos a través del Pirineo.

La emblemática estación de Canfrant, hoy cerrada, tiene un aire como de viejo balneario decadente de tiempos pasados y acaso mejores, al menos para ella. Ya en tierra española de Aragón, aunque con trazado de montaña, la carretera es buena. Jaca es una ciudad hermosa, con amplias urbanizaciones pero de urbanismo moderno, de escasa tradición arquitectónica popular salvo en la zona de su preciosa catedral, joya del románico español.

 

El viajero confiesa que tiene una cierta nostalgia. Una sensación de nuevo fracaso histórico español como el del 98. Y se distrae rememorando la obra de algunos de los más preclaros autores de esa generación, tan ligada en sus comienzos al regeneracionismo y al modernismo. Pero los miembros de la generación del 98 adquieren pronto un discurso propio que no es el simple de los datos, el positivismo de unos o el esteticismo atemporal y casi apolítico de otros.

Acaso sus juicios no resulten hoy demasiado científicos, al menos con la perspectiva que nos da el tiempo, pero mantienen una gran carga de emotividad, de rebeldía asociada a una idea estética de la vida. Su visión de Castilla está teñida de su preocupación por el paisaje. Pero la de la Castilla geográfica no es muy real, al confundirla con las inmensas llanuras leonesas, cuando es así que el verdadero relieve castellano es accidentado. También esa idea estética se inspira en los mitos históricos, legendarios y literarios de nuestra gran Cultura. Una de las más importantes del mundo, dicho sea en honor a la verdad lejos de cualquier nacionalismo barato.

 

En su libro Castilla Azorín ofrece un final feliz a la aventura amorosa, tan desoladoramente trágica en el original, de Calisto y Melibea.

En esto veo Melibea la grandeza de Dios. ¿En qué Calisto? En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase: y fazer a mi in merito tanta merced que verte alcanzase”.

¿Por qué el devenir de España parece tener también como en el caso de los tan desgraciados amantes un elemento permanentemente trágico, que impide el triunfo del amor y del bien? El devenir de España también parece eternamente víctima de una conspiración motivada por la ambición, el egoísmo y la codicia de las Celestinas de turno y permitida por un pueblo desorientado cada vez más amorfo.

Azorín nos presenta a un Calisto maduro, felizmente casado con Melibea y padre de una hija, del mismo nombre que su abuela, Alisa. Pero Calisto medita con la cabeza reclinada en la mano sobre el devenir del tiempo y las formas de las nubes, tan iguales, tan distintas, en su eterno caminar sobre el cielo… Otro halcón pasa el cercado del jardín y tras él un mancebo…

¿Tiene razón Azorín al permitirse dar otro final a la historia? ¿Es que la Historia de España tiene un carácter fatal que se impone a los intentos de reforma y mejora profunda y continua de generación tras generación?

 

En una de sus Cartas desde mi celda Bécquer nos confiesa que: “lo único que yo desearía es un poco de respetuosa atención para aquellas edades, un poco de justicia para los que lentamente vinieron preparando el camino por donde hemos llegado hasta aquí, y cuya obra colosal quedará acaso olvidada por nuestra ingratitud e incuriala vida de una nación, a semejanza de la de un hombre, parece como que se dilata con la memoria de las cosas que fueron, y a medida que es más viva y más completa su imagen, es más real esa segunda existencia del espíritu en el pasado, existencia preferible y más positiva tal vez que la del punto presente”.   

 

De modo que el viajero desea atravesar Castilla otra vez en un momento histórico en el que los logros de su labor de construcción de la gran civilización española se encuentran gravemente amenazados. En el que el tren azoriniano de la lucecita roja parece que ya nunca regresará. Una aventura común de siglos hoy medio desbaratada por la corrupción y la falta de inteligencia, voluntad y patriotismo de muchas instituciones y sus ocupantes, trasladadas a buena parte del pueblo español actual, objeto de un proceso de embrutecimiento programado. No sin zozobra y con una extraña sensación de final de época se decide a adentrarse en un paisaje de nostalgia, que como el reino de Fantasía de La Historia interminable parecería que ya no tiene nadie que lo piense.

Atravesar el espacio en Castilla también es un viaje en el tiempo.

Si desde una perspectiva funcional las actividades mentales pueden desglosarse en varias capacidades: de observar, de recordar, de analizar y juzgar, la vida moderna con sus variados chismes y artilugios pone en entredicho la más plenamente humana de todas, la de creación, la capacidad de intuir y generar ideas. El campo de la imaginación es tanto o más vasto que las llanuras de la Castilla noventayochista.

En su Una Hora de España cuando habla de Un Viandante el pequeño filósofo de Monóvar nos explica que “cuando nos sentimos superiores a las cosas que nos rodean y la necesidad nos mantiene ligados a esas cosas, poco a poco nuestro espíritu se va concentrando en un ideal íntimo… dejamos el mundo material y creamos para nosotros, otro mundo fantástico. En ese ideal que nosotros solos guardamos se reconcentra toda nuestra vida. Sin ese asidero imaginativo-imaginario y salvador- nuestro espíritu se hundiría en el abismo. Y podremos trafagar por los pueblos y por las ventas, podremos sufrir adversidades, pero allá en lo íntimo de nuestro ser se eleva para nosotros solos un mundo que todos los días, en nuestras meditaciones vamos purificando y hermoseando. Las sugestiones de los libros importan mucho; pero en vano serían las sugestiones de los libros, leídos acá y allá, si no se llevara en el ánimo este desequilibrio del que hablamos. Las lecturas no hacen más que ayudar a la gestación de la obra. Las lecturas son simplemente la piedra aguzadera del ensueño”. 

El gran Valle también lo expresa con las bellas palabras de su español alquímico, primorosamente destilado en alquitara galaica: Los muchos libros son como las muchas amantes: no dejan huella.  Y así sería si, como dice Azorín, no lleváramos ya tal desequilibrio en el ánimo.

Pero ¿el mundo interior es real? Azorín continúa su relato con el encuentro en una venta y el posterior abrazo de mutuo reconocimiento entre el caballero de la triste figura y … ¡Cervantes! Y es que “El ensueño interior del viandante – ¡Oh maravillosa ironía! – se concretaba, fuera, en el mundo, en la persona de un loco”.

Hoy la hostelería es muy buena en España. Ya no existen esas terribles ventas cervantinas ni menos las fondas y fonditas con tenedores manchados de huevo irónicamente glosadas por Azorín. Tampoco se cruzan los parajes en diligencia o caballero sobre mula pasicorta con el temor de algún infeliz encuentro con bandoleros de los de antes, sin impunes poltronas ni nuevas tecnologías cleptocráticas. Hoy se pueden hacer en cómodo automóvil por carreteras de variada condición aunque siempre lejos de las dificultades de antaño.

 

Antes de meterse en tierras castellanas el viajero cruza Aragón y Navarra. Esta vez no se desvía por Santa Cristina de Seros para acceder al precioso claustro de San Juan de la Peña, lugar del grial, por Naturaleza, Historia, Arte y Cultura. Ni tampoco al monasterio navarro de Leire con su hermosa leyenda del abad que trascendió nuestro universo tridimensional embelesado por el canto de un pájaro. Una leyenda no solo navarra sino universal semejante a las de Armenteira, Éfeso o la que cuenta la sura decimoctava del Corán.

El transparente azul turquesa del agua, ahora muy escasa, del embalse de Yelsa recuerda la tonalidad habitual de las playas del Caribe. Un punto de colorida serenidad en medio del agreste paisaje del pre Pirineo. Pasa de largo del reducto jesuítico de Javier. Sangüesa, bella ciudad en el camino de Santiago, también queda atrás con sus emblemáticas casas solariegas de curiosos aleros y el precioso Pórtico de Poniente de su iglesia románica de Santa María la Real, una de las más bellas del camino.

Olite estaba en fiestas y hubo que dar un rodeo bordeando el parador Príncipe de Viana para atravesarla en dirección al río Ebro y La Rioja. Arnedo es una capital muy industrializada, la última que el viajero va a ver durante un tiempo cuando se adentre en la desamparada, noble y dignísima Castilla milenaria hasta el momento de llegar a la provincia de Madrid.

 

Remontando el río Cidacos desde Arnedo el viajero se acerca a Arnedillo, parada y hospedaje para poder visitar la ermita mozárabe de Santa María de Peñalba, más modesta pero de cierto parecido con la famosísima soriana de San Baudelio de Berlanga.

Arnedillo es una pequeña y bonita población riojana cuyos orígenes se remontan al siglo X, cuando se funda la Castilla del conde Fernán González “islote de hombres libres en la Europa feudal”, como decía Sánchez Albornoz.

Gracias a la eficaces gestiones del amable hospedero Don Javier y del alcalde, Don Pedro, el viajero pudo organizar las visitas del día siguiente.

Su amable, culto, discreto y hospitalario cura, Don Joaquín, proporciona al viajero muchos y valiosos datos sobre la población, su entorno, balneario y ermitas. Gracias a su gentileza subirá con él a admirar el interior de la ermita mozárabe de Santa María de Peñalba en una hermosa mañana bajo el transparente cielo azul y el testigo inmutable de la peña blanca. Desde allí la panorámica sobre el valle del Cidacos, declarado Reserva de la Biosfera, es realmente bonita. Pero de este modesto aunque bello y sugestivo templo mozárabe se hablará más en otro texto que prepara el autor sobre templos con palmeras de piedra y su profundo e inspirador simbolismo.

Don Joaquín también le enseña una curiosa nevera medieval con sendos orificios de entrada y salida donde se conservaba la nieve invernal. Junto a ella se encuentra la curiosa pequeña ermita de San Miguel.

Arnedillo está rodeado de ermitas. Una muy curiosa es la de San Tirso. Ocupa una cueva irregular excavada en la roca antes que la de Peñalba datada en el siglo X.

No deja de ser sugestiva la comparación de ese conjunto con el de San Baudilio de Berlanga, también del siglo X donde la cueva está situada dentro del templo y a la que se accede por una pequeña entrada en la esquina sudoccidental.

Y ya volviendo al pueblo de Arnedillo, su iglesia parroquial es notable. Sin embargo, debido a su ubicación cercana al río hubo que rellenar el suelo original con hasta dos metros de piedra para combatir las filtraciones de agua, lo que quita esbeltez a sus pilares.

Cerca de Arnedillo y Enciso y en la comarca soriana de Tierras altas se encuentran yacimientos con huellas de seres antediluvianos. Son las icnitas, huellas fosilizadas de dinosaurios. En algún momento del pasado remoto del planeta lo que hoy son abruptos montes fueron valles y vergeles capaces de soportar la presión sobre los recursos de los grandes herbívoros.

La carretera que conduce directamente a Soria aguas arriba del Cidacos y a través del puerto de Oncala estaba cortada entre Enciso y Yanguas, de modo que hubo que dar un largo rodeo por Cervera del río Alhama. Se frustra así la ruta hacia Soria mediante excursión por las Tierras altas. Donde, además de las huellas de los grandes saurios, permanecen relictos del culto secular al fuego.

 

Es obligado visitar Soria cuando se anda cerca de ella. San Juan de Duero, San Polo y San Saturio, la ribera de los álamos cantores ejercen una atracción irresistible para el viajero: pocos lugares en la España mágica son capaces de igualar estos parajes maravillosos en los que se combinan tan estrechamente Naturaleza y Arte. El arte arquitectónico tan hermoso, evocador, enigmático y singular del claustro de San Juan de Duero con su sugerente sarcófago iniciatorio. El literario resaltado por dos grandes poetas sevillanos, Gustavo Adolfo Bécquer y Antonio Machado.

Donde otrora Bécquer nos contaba las feroces batallas astrales en el Monte de las Ánimas o la fugaz belleza de la misteriosa y esquiva dama convertida en rayo de luna, hoy podemos pasear de modo apacible en un paraje sublime que genera una de las mayores emociones estéticas que cabe encontrar el viajero en toda España. Nada menos y nada más.

Para la inspiración de su obra soriana acaso Bécquer viera los elementales en su celda o en el mismo templo del monasterio de Veruela. O quizás tomó ideas de las misteriosas leyendas de la no muy lejana Trasmoz al pie del oscuro Moncayo escenario de aquelarres. O de la bilocada dama azul en la vecina Ágreda. Un sutil universo de brujas o hadas benefactoras viajeras en el astral.

 

Don Antonio Machado paseaba por la ribera del Duero, primero solitario. Luego de la mano de su amada. Al cabo, otra vez solo y… desolado. Pero el viejo olmo reflorecido, entre los álamos cantores, le consuela y le abre a la esperanza de otra futura alma en flor.

No será la única vez que don Antonio, como el portugués Antero de Quental u otros grandes poetas ibéricos, recurre al hilozoísmo como fuente de inspiración y sublime expresión poética. Así también, por ejemplo, en la Tierra de Alvargonzález el Mal cae en la oscuridad perpetua de la Laguna negra. Como, antes que los hijos parricidas en la de Urbión, cuando era perseguida por Mudarra, la malvada Doña Lambra instigadora del asesinato de los Siete Infantes de Lara en otra laguna negra cercana, la de Neila, ya en Burgos.

 

Mientras recorremos y admiramos el precioso y evocador paraje junto al Duero resuena en nuestros oídos las palabras del eximio poeta republicano:

¡Colinas plateadas,

Grises alcores, cárdenas roquedas

Por donde traza el Duero

Su curva de ballesta

En torno a Soria, oscuros encinares,

Ariscos pedregales, calvas sierras,

Caminos blancos y álamos del río,

Tardes de Soria, mística y guerrera,

Hoy siento por vosotros, en el fondo del corazón tristeza,

Tristeza que es amor! ¡Campos de Soria

Donde parece que las rocas sueña,

Conmigo vais! ¡Colinas plateadas,

Grises alcores, cárdenas roquedas!…

 

He vuelto a ver los álamos dorados,

Álamos del camino en la ribera

Del Duero, entre san Polo y san Saturio,

Tras las murallas viejas

De Soria- barbacana

Hacía Aragón, en castellana tierra-,

Estos chopos del río, que acompañan

Con el sonido de sus hojas secas

El son del agua, cuando el viento sopla,

Tienen en sus cortezas

Grabadas iniciales que son nombres

De enamorados, cifras que son fechas,

¡Álamos del amor que ayer tuvisteis

 De ruiseñores vuestras ramas llenas;

Álamos que seréis mañana liras

Del viento perfumado en primavera;

Álamos del amor cerca del agua

Que corre, pasa y sueña,

Álamos de las márgenes del Duero,

Conmigo vais, mi corazón os lleva!

 

Pero, ¡Cómo ser tan insensible para no llevarlos en el corazón!

El viajero cruza luego el puente sobre el río donde soñaba el poeta que antes cruzaban silenciosamente lejanos pasajeros ¡tan diminutos! Carros, jinetes y arrieros y bajo cuyas arcadas de piedra veía ensombrecerse las aguas plateadas del Duero.

Poco queda ya sino el recuerdo de la muerta ciudad de señores, soldados o cazadores de esa Soria fría con su castillo guerrero arruinado sobre el Duero, con sus murallas roídas y casas denegridas...

Luego de hacer una corta visita a la iglesia de Santo Domingo y a esa joya de la arquitectura civil española que es el Palacio de Gómara sigue aguas abajo del Duero en dirección a Almazán para visitar su famosa iglesia de San Miguel.

 

La iglesia de San Miguel en Almazán no pertenece a la tipología de las de palmera a las que se dedicará otro texto, de modo que conviene hablar aquí brevemente sobre ella. Aunque dedicada al famoso arcángel tiene referencias a Hércules, su posible antecedente pagano.

El templo presenta una extraña disposición con su eje desviado lo que se ha prestado a muchas y variadas especulaciones. Una de ellas (Lampérez) es que la planta representa la figura del Salvador con su cabeza reclinada sobre un hombro. Otra (Almazán de Gracia) es que el ábside fuera o se asimilara a un mihrab orientado hacía La Meca.

Pero lo más interesante es la cúpula nervada califal. Gaya Nuño aprecia influencias sirias, de Córdoba y Toledo a través de su gran mezquita, o las hoy conocidas como el Cristo de la Luz o Tornerías.

El cuadrado del crucero se convierte en el octógono preciso para la cúpula por medio de unas trompas singularísima en el románico español: la trompa propiamente dicha o trompillón es muy pequeña, con un arquito de medio cono, y el juego de fuerzas convergentes desde aquí hasta que llega a formar el paño intermedio, lo constituyen cinco arcos abocinados, los mayores escazanos y el último de medio arco apuntado…”

En la parte exterior, en la ventana meridional del ábside, se encuentra esculpida una pequeña figura muy deteriorada, acaso intencionadamente por su tema, que se asemeja a las tántricas de San Pedro de Cervatos.

El simbolismo templario e islámico del ocho aparece en una solución arquitectónica muy original.

Desde luego se trata de un hermoso templo singular de visita obligada, previo peaje eso sí, para el tesoro del obispado de Osma.

 

El viajero continúa rumbo a la cercana Berlanga de Duero, declarada Conjunto Histórico Artístico. Población soriana reconquistada en el siglo XI por Fernando I está dotada de joyas arquitectónicas monumentales que demuestran su gran importancia durante el siglo XVI.  De urbanismo medieval fue cabeza de una histórica Comunidad castellana de Villa y Tierra, extraordinaria forma de ordenación territorial propia de hombres libres alternativa de los señoríos feudales medievales europeos.

Tras buscar alojamiento en el acogedor hostal que tiene por nombre el de un ilustre fraile renacentista, merodea sin prisa por las calles del pueblo. La aljama, la plaza mayor porticada con pilares de madera sobre basas de piedra, la calle real, la espaciosa plaza del Mercado o la de san Andrés, la puerta Aguilera.

El Palacio renacentista de los Marqueses de Berlanga fue una gran construcción del siglo XVI el de máximo esplendor de la población luego semi destruido durante la barbarie napoleónica que lo incendió. Fue erguido junto al palacio paterno del Condestable de Castilla y la señora de Berlanga. Disponía de dos torres, un patio central y preciosos jardines en varias alturas. En cierto modo estos restos venerables simbolizan la propia dignidad de la Castilla agredida. Ahora se mantiene una de sus torres y la fachada como un decorado testigo de un pasado mejor.

En la misma plaza del Mercado se yergue la estatua de Fray Tomás de Berlanga. Un gran humanista y polígrafo del Renacimiento. Geógrafo, descubrió las islas Galápagos, consejero del emperador Carlos, tercer obispo de Panamá y uno de los pioneros en la idea de la construcción su actual canal. Intentó mediar, sin éxito, en las sangrientas disputas peruanas que enfrentaban a muerte a los Pizarro con Orellana. En la estatua se halla un caimán. No es capricho ornamental: la leyenda afirma que fray Tomás trajo dos de las Américas. Uno de ellos está en Medina de Rioseco. El otro en la Colegiata.

Pero la monumental Colegiata de Santa María de Mercado que entraría dentro de la tipología de templos con palmeras de piedra merece su glosa aparte.

Aquí, simplemente decir que sorprende un templo de tal calidad arquitectónica, belleza y monumentalidad en lo que hoy es una pequeña villa castellana. Pero no tanto si se recuerda la importancia que tuvo Berlanga de Duero especialmente durante su construcción en el siglo XVI.

El templo es enseñado al visitante por don Jesús, un joven amable y culto historiador. El viajero entabla una instructiva, amena y agradable conversación. Se agradece en estos tiempos poder conversar con gente tan sensible y preocupada por nuestro patrimonio artístico, histórico y cultural. Gentes verdaderamente insustituibles pese a la aparente modestia de sus cometidos, que constituyen el entramado de lo que queda de España.

 

El viajero prosigue su ruta en dirección Sur para visitar otra de las grandes joyas y una de las más singulares de la arquitectura española medieval: San Baudelio de Berlanga.

Un lugar que merece no solo ser visitado sino un viaje ex profeso para admirar su rara belleza. Se trata de otro templo mozárabe con palmera de piedra.

Y también de un verdadero artefacto espiritual, un canal de comunicación espiritual, un centro iniciático extraordinario que causa admiración por su extraña disposición a cualquier estudioso o amante de la Tradición universal.

Un lugar en el que se comprende perfectamente la máxima de Platón de que La Belleza es el esplendor de la Verdad.

O un tiempo que se nos manifiesta en su beatitud.

 

El viajero continúa luego su viaje en dirección Sur hacía Atienza, otra bonita villa medieval, ya en Guadalajara. También posee su castillo en el altozano desde donde se divisa una gran panorámica. En un restaurante junto a la hermosa iglesia de San Juan Bautista come unas judías pintas, receta antes tan popular hoy en desuso y un exquisito plato de corzo. No sin cierto remordimiento de conciencia, todo hay que decirlo, porque el corzo es uno de los animales más elegantes y bellos de nuestros bosques. Con el proceso de desertización y progresivo abandono de nuestros campos no es muy difícil verlos, en especial durante el crepúsculo cuando atraviesan la frontera del bosque en busca de comida. Su elegante y misteriosa silueta se perfila sobre los terrenos de colores más claros.

Deja Sigüenza al Este y atravesando tierras y barrancos de la Alcarria sigue en dirección Brihuega y luego hacía Pastrana donde hará noche.

La Alcarria es el nombre de una vasta y famosa comarca de Guadalajara pero también de un accidente geográfico que da lugar a todo un ecosistema presente también en otras provincias de la meseta sur. Para la Real Academia, normalmente no muy precisa en cuestiones de Ecología, es un terreno alto, raso y con poca hierba. Una definición en la que podría encajar por lo menos media Península Ibérica.

Parece proceder de una palabra arábigo española, Al karria que vendría a significar según unos, aldea o lugar de poca población. O bien, según otros, camino, ruta de paso.

Las alcarrias son mesetas altas, troncos de pirámide parecidos a artesas volcadas con laderas erosionadas. A veces reducidos a simples cerros testigo.

Es decir, desde el punto de vista ecológico la alcarria es un ecosistema modificado por el hombre que consta en lo geológico de rasas, planicies o páramos superiores calizos y valles de erosión y barrancos excavados por redes fluviales hoy de escaso caudal en cotas crecientes de terrenos arcillosos pardo bermejos, margas, e incluso lignitos en estratos de baja potencia. Y en lo botánico de especies resistentes a la sequía entre las que abundan las labiadas y aromáticas: Lavanda, espliego, romero, tomillo.

En la Alcarria se han entablado batallas históricas famosas. Así durante la Guerra de Secesión entre las fuerzas borbónicas de Felipe V y las imperiales austriacas. Y otra más reciente y conocida durante la Guerra civil, entre fuerzas defensoras y atacantes de Madrid.

Esta última tuvo lugar junto a Brihuega y como protagonistas principales a las fuerzas expedicionarias italianas mandadas por el general Coppi y las nacionales del general Moscardó frente a las republicanas de los entonces teniente coroneles Segismundo Casado y Vicente Rojo, excelente militar de carrera éste, admirado por Franco, y las columnas libertarias de Cipriano Mera, obrero de la construcción y genio militar improvisado.

Tras la contundente derrota de los italianos los comunistas de modo oportunista y propagandístico intentaron hacerse protagonistas a posteriori de la misma, ninguneando a Mera y Rojo sus verdaderos artífices.

Me vienen a la memoria todas estas cuestiones, comportamientos valientes, incluso heroicos, junto a miserias humanas cuando en Brihuega me asomo al mirador sobre el río Tajuña. Contrasta la apacible serenidad de esta tarde de verano con los feroces combates de marzo del 37.

Don Camilo el del Premio cuenta su entrada en Brihuega, allá por el año 46:

“El viajero baja por unas callejas y se fuma un pitillo, a la puerta de una casa, con un viejo.

Parece hermoso el pueblo.

No es malo. Cuando había que haberlo visto era antes de la aviación.

Las gentes de Brihuega hablan de antes y después de la aviación como los cristianos hablan de antes y después del diluvio.

Ahora no es ni sombra de lo que fue”.

Pero afortunadamente hoy Brihuega ha recuperado la luz, venciendo al menos temporalmente a las sombras. Esas sombras que amenazan la vida de las pequeñas urbes castellanas situadas lejos de las grandes vías de comunicación y cuyo futuro parece menos esplendoroso que su pasado.

En Brihuega nació la querida abuela Ildefonsa, mujer de gran talento que por méritos profesionales llegaría a ser directora general de Instrucción Pública. El viajero se permite dedicar unos momentos a su emocionado recuerdo.

Antes de partir hacia Pastrana merodea por las calles del pueblo. Atraviesa los restos de las murallas árabes por la puerta de la Cadena. Desciende hasta la plaza del Coso y desde allí a través del arco de la Guía se dirige extramuros a la Iglesia de Santa María y al mirador sobre la vega.

 

El viajero continúa su ruta en dirección a Pastrana atravesando alcarrias y previo paso por Budia, el pueblo donde miraban a don Camilo como un bicho raro y luego las pasara canutas para llevarse algo al estómago y encontrar fonda donde dormir.

Pastrana fue una población muy importante en el siglo XVI. Aquí vivió Ana de Mendoza, hija de los condes de Melito, la controvertida princesa de Éboli, esposa del privado real Ruy Gómez da Silva, y casi segura amante del propio rey Felipe. El hecho es que, según Morayta, “el primogénito de sus hijos era el único que tenía la cabellera como el rey, rubia y que se vanagloriaba de ser hijo del monarca y que en la corte, como tal hijo del rey se consideraba, y más porque Felipe II  hacía que se le guardasen las mismas consideraciones que al príncipe de Ascoli, su hijo natural”.

Ana de Mendoza debió ser una dama muy guapa aunque tuerta tras un accidente, caprichosa acostumbrada a salirse con la suya e inconstante en sus voluntades.

En las afueras de Pastrana Teresa Cepeda fundó un importante convento descalzo y también Juan de Yepes otro masculino.

La extraordinaria aventura espiritual, intelectual, literaria y organizativa de ambos reformadores del Carmelo, no pueden dejar de sorprendernos. Pasando frío y penalidades de todas clases, cuando no bajo la persecución del Carmelo calzado, atravesaban la inhóspita Castilla de mediados del XVI entusiasmados con su voluntad fundacional.  Recuperaron el valor de la Mística como yoga de unidad espiritual. Sus biografías están repletas de sucesos metapsíquicos, algunos tan singulares que hoy llamaríamos propios del fenómeno OVNI.

El biógrafo de Juan de Yepes, el Padre Fray Gerónimo de San Joseph, también carmelita descalzo, cuenta así la peripecia de la fundación del convento masculino de los carmelitas descalzos en Pastrana:

Aviendo ya instruido el Santo Padre los novicios de Duruelo, y Mancera, se partió mediado Otubre (1570) a hazer lo mismo en el de Pastrana con título de Vicario de aquella casa. Halló n ella a un escogido rebañuelo de catorze Novicios que en el primer año de su fundacion se avian recebido todos excelentes, y de grandes esperanzas: los quales aunque muy fervorosos, y dispuestos a toda perfección, pero necesitados de doctrina, por no aver tenido Maestro de asiento, ni a proposito. Por lo qual el Santo Padre, como a quien tocava la enseñanza comun de la Reforma, comencó a instruirlos de nuevo en las obligaciones de ella. Luego se echó de ver en el Noviciado, y en toda la casa la eficacia de su Magisterio: porque andavan todos alegres, devotos y alentados, y con una Santa competencia diligentes en el camino del Señor.

No pudo durar mucho la asistencia de nuestro Beato Padre en Pastrana, porque avindose  fundado en Alcala en este año de 1571, un Colegio, que fue el primero y más señalado de la Orden, fue señalado en él por primer Rector, para que le diese el temple devido a la virtud y las letras…”

Santa Teresa explica de propia mano la peripecia de la fundación de su convento femenino en Pastrana. Se produjo en un momento muy inoportuno para ella porque estaba organizando el recientemente creado en Toledo pero obligada por la insistencia de la de Éboli, no se pudo negar. Estuvo en Pastrana unos dos meses antes de regresar a Toledo en ese mismo 1569. Cuando murió don Ruy cuatro años después a la princesa viuda se le antojó meterse a monja descalza en el convento de Pastrana con el nombre de Sor Ana de la Madre de Dios. Sin embargo, al parecer sus caprichos y exigencias fueron tantos que Santa Teresa decidió trasladar a sus monjas a otro convento en Segovia. La vida religiosa de la intrépida doña Ana como monja descalza duraría solo unos meses. Luego de lo cual volvería a tener amoríos con el rey y ante la infidelidad de éste disfrutaría de su viudez con otros amantes, el secretario de Estado Antonio Pérez, el más importante de todos.

En la plaza pastranera de la Hora, junto al palacio ducal existe una placa conmemorativa de la visita de Cela. La plaza se mantiene en lo principal como la describe don Camilo: “La plaza de la Hora es una plaza cuadrada, grande despejada, con mucho aire. Es también una plaza curiosa, una plaza con sólo tres fachadas, una plaza abierta a uno de sus lados por un largo balcón que cae sobre la vega, sobre una de las dos vegas del Arlés”.

El viajero se fija allí en una misteriosa y esbelta dama con andares como de felino cansado que también se asoma a ver el paisaje. Luego inesperadamente se la vuelve a encontrar en el hotel. Resulta ser una ciclista aficionada que ha parado en Pastrana para hacer noche.

El tute por estrechas carreteras secundarias hace que el viajero se sienta algo cansado y decida irse a acostar pronto. Mañana un paseo por Pastrana y luego ruta hacia el destino final, la hermosa ciudad de Cáceres.

Pero antes hay que picar algo. En un primer bar el dueño le indica que aún es pronto para el Pastrana la nuit y la cocina está cerrada. En otro establecimiento negocia que le pongan medias raciones. La de callos estaba muy buena. En los precios se observa ya la influencia madrileña. Para bajar la cena pasea por calles empinadas de nombres sugerentes o de personalidades históricas españolas. Algunos balcones lucen banderas españolas. Seguimos en zona nacional.

Ya de mañana, el viajero no pudo entrar en el palacio ducal pero seguro que ya no se encuentra en el estado calamitoso descrito entonces por Cela. Tampoco en el museo de tapices idea que fue de don Eustoquio García que fuera párroco de la villa. La visita a la plaza de la fuente de los Cuatro Caños es obligada.

El viajero compra unos melones, se despide de Pastrana y vuelve a la agitación de la civilización industrial.

 

 

Menos mal que le queda el destino final de la ciudad monumental de Cáceres.  Allí paseando por el Parque del Príncipe acompañado por su sombra podrá poner en orden sus pensamientos y los recuerdos de su excursión por la España eterna.

¿Eterna?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Mitreo de Mérida

He tenido el honor de que el texto que sigue a continuación haya sido publicado como dossier en el número 17 de la revista del Ateneo de Cáceres que acaba de salir al público. Lo reproduzco aquí para aquellos posibles lectores interesados que no tengan acceso directo a la dignísima revista del Ateneo de Cáceres.

Mi agradecimiento a esta importante y veterana Institución cultural extremeña por su generosa hospitalidad.

  

Desde hace solo unos pocos años abiertos al público, los restos arqueológicos conocidos oficialmente como la Casa de Mitreo constituyen uno de las antigüedades más importantes y evocadoras de Emerita Augusta, la gran ciudad romana capital de la provincia de Lusitania.

En realidad, pese a haberle sido adjudicado un nombre algo equívoco y que mueve a la confusión,  nos hallamos casi con toda certeza ante los restos de un bastante bien conservado templo mitraico, en los que se puede inducir la relación entre continente y contenido, entre arquitectura sagrada y liturgia. El mitreo es un subterráneo artificial en forma de gruta de reducidas dimensiones utilizado como santuario o templo en el mitraísmo. Es famoso el hallado en 1934 en la iglesia de Santa Prisca de Roma.

Aquí en España se muestra otro junto a la muralla romana y la actual catedral lucense. Cabe la posibilidad de que el extraordinario santuario hoy conocido como Santa Eulalia de Bóveda también situado cerca de Lugo, que tantas interpretaciones diferentes ha originado, se correspondiese con la parte inferior o mitreo de un templo romano. Se sabe que la parte superior de este antiguo templo romano fue destruida y se ubicó una iglesia cristiana en su lugar.

Pero, volviendo al área monumental de Mérida, en efecto, existe un mitreo claramente dispuesto y diferenciado en dichas antigüedades arqueológicas emeritenses. Un mitreo que desde luego no debiera ser confundido con lo que las pintorescas descripciones oficiales llaman “las habitaciones subterráneas” e “interpretan” como ¡¡¡“dormitorios de verano”!!!

Tan notable confusión pudiera ser interesada. Sin embargo, parece ser que Mitra y el mitraísmo significan poco hoy, incluso para el público culto español conocedor de las diferentes religiones establecidas actuales. No en vano a lo largo de los siglos la religión dominante en España ha tratado de borrar las huellas de las tradiciones religiosas precedentes en las que se ha inspirado sino basado, o incluso a veces asimilado como propias. Y el culto mitraico no sólo es una de esas tradiciones, sino, acaso junto con los restos del pitagorismo recogidos por Platón en su obra filosófica, los misterios eleusinos y dionisiacos, la de mayor influencia en la formación del Cristianismo original o primitivo por parte de Saulo de Tarso, más conocido como San Pablo.

 

Mitraismo y Cristianismo

De acuerdo con cierta historiografía moderna, Saulo habría sido un hombre cultivado, nacido en Tarso una ciudad de Asia Menor. Un judío cosmopolita que ni conoció ni fue discípulo del Maestro Jesús protagonista de tan hermosas, iluminadoras y poéticas peripecias  descritas en los evangelios pero cuya existencia histórica real no está totalmente probada. Según tales interpretaciones vigentes desde el siglo XIX, el Maestro Jesús sería otro de los héroes o divinidades solares cuyas biografías míticas resultan semejantes en lo que se refiere a los datos astronómicos. Para muchos investigadores a partir de la escuela racionalista de David Strauss que buscaba la realidad del Jesús histórico, Saulo sería el verdadero fundador del Cristianismo, ya que habría abierto una inicial variante del judaísmo acaso ligada de modo más o menos estrecho con los nacionalistas zelotes al universo espiritual, intelectual, político y social más amplio de los gentiles. Un movimiento que tras la toma del poder político del antiguo Imperio romano durante la etapa del emperador Constantino y aprovechando su gran aparato de Estado, se transformaría en la poderosa religión hoy conocida. Para tan decisivo cambio sincrético y estratégico, Saulo habría asimilado diferentes tradiciones iniciáticas, esotéricas o mistéricas de la Antigüedad reconvirtiéndolas e introduciéndolas en el nuevo culto que se habría originado en Palestina con planteamientos más localistas o restringidos al judaísmo y en todo caso, diferentes.

No obstante, algunos autores contemporáneos llevan el asunto de la creación del Cristianismo incluso aún más allá y tratan de demostrar que los textos neotestamentarios en realidad carecerían de la antigüedad que se les atribuye. Constituirían una obra apócrifa de Lactancio y Eusebio de Cesárea, compuesta durante varios años a instancias del parricida emperador Constantino y dirigida a establecer una religión monoteísta que fortaleciese al Imperio Romano y en especial, la propia autoridad imperial personal. Para ello habrían empleado diversos materiales, mitos y tradiciones anteriores a las que habrían dado un discurso o forma de cierta coherencia. Entre ellas las tradiciones hebreas del Antiguo Testamento y los Misterios, en especial en lo que se refiere al culto solar. La figura fundamental de la nueva religión se identificaría con la de otros héroes o divinidades solares, desde los Vedas a los Misterios.

Sea San Pablo el verdadero fundador del Cristianismo o bien con posterioridad, Lactancio y Eusebio de Cesárea, el caso es que ya en el siglo II el filósofo Celso se refiere entre horrorizado y despectivo a los cristianos a los que considera una horda, fanática oriental opuesta a la concepción aristocrática de la Vida y de la Cultura, una forma de lumpen ignorante y subversivo que pretendía igualar a todos por abajo sin diferenciar sus méritos o virtudes, dispuesta a socavar la Tradición, que podía poner en riesgo las instituciones romanas. Es posible que tales gentes fueran distintas a las que en un grupo más reducido, ligado a los Misterios, celebraban sus reuniones en catacumbas o incluso instalaciones subterráneas mitraicas. Probablemente adaptando a su propio plan los símbolos de Mitra, tan queridos a los romanos, en especial a sus legiones.

Pero sean quienes fueran esos cristianos a los que el filósofo Celso se refiere, el caso es que no existe arquitectura cristiana hasta el siglo IV, ni iconología cristiana hasta el siglo III. Una iconología inequívoca, que vaya abandonando de forma clara el estrecho parentesco semiótico con otras tradiciones gráficas paganas o hebreas veterotestamentarias tampoco se encuentra hasta ya el siglo IV.

Un aspecto curioso de esta iconología que parece querer ir disimulando la identificación del cordero (agnus) con el agni o fuego védico lo constituye la notable evolución de su imagen a partir del siglo IV.  Al principio se sustituye el inicial cordero nimbado con el sol y portador de la cruz por otra figura con cabeza humana.  Luego aparece solo la cabeza nimbada. Luego se puso la cabeza humana en la intersección de dos brazos de la cruz. Tras el concilio de Constantinopla a finales del siglo VII se ordena representar el cuerpo entero de Jesús sobre la cruz. No sin ciertas reticencias, como muestra la imagen del cordero portador de la cruz en la cripta de la iglesia de Sos en Zaragoza. A partir del siglo XIII la figura dramática del Cristo clavado y sufriente en la cruz, semejante a otras anteriores de Prometeo o Baal, se adopta con carácter general.

En algunas imágenes se muestra la forma de mandalas al estilo oriental, con la figura espiritual principal en el centro geométrico de la composición. Es frecuente la figura del Buen Pastor y del cordero que suele asociarse a la del alma del cristiano. También aparecen personajes psicopompos acompañando el alma del difunto. Ambas están influidas por el culto del fuego, agnus, agni o por los misterios de Eleusis (Demeter / Proserpina) o de Orfeo (Orfeo / Euridice).

La imagen del Sol y del fuego, asimilada por el Cristianismo a Cristo y al cordero, procede de los Vedas. La antigua Trinidad védica del Sol (Savistri) el Padre celestial; del fuego (Agni), hijo y encarnación del sol, y del Espíritu (Vayu), el soplo, ha sido adoptada también como dogma fundamental por el Cristianismo. El ritual o ceremonial católico de resurrección del fuego oficiado el Sábado santo presenta reminiscencias de ritos védicos.

También cabe asimilar a las antiguas ceremonias védicas de reparto del cuerpo místico de Agni la propia comunión cristiana.

Son importantes también las relaciones entre los Vedas y el Mitraísmo persa como luego veremos.

 

Mitra y el mitraismo

Pero sea como sea nuestra opinión sobre este asunto, conviene repasar brevemente qué fue el mitraismo para apreciar mejor las similitudes que el posterior culto cristiano tendría con dicha tradición religiosa e iniciática precedente.

Decía el conde de Canilleros que Extremadura era “la tierra donde nacían los dioses”. Pero había otros héroes dioses, “enviados” para el progreso o desarrollo espiritual de la Humanidad, muy anteriores a los de la Conquista a los que se refería don Miguel.

Así, Mitra es hijo de Ahura Mazda u Ormuz, el Principio del Bien zoroastrino. Nace simbólicamente en el templo mitraico de Mérida, y como el sol o el Maestro del Cristianismo el 25 de diciembre, cuando el sol, tras el solsticio invernal, comienza a elevarse sobre el horizonte. Nace dentro de una montaña lapis o piedra sagrada lo que tiene su correspondencia con una de las versiones de naturaleza del grial, la que le identifica con una piedra sagrada caída del cielo. Suele acompañarse su figura con pastores. Mitra representa al Sol. Lleva un gorro frigio inclinado hacia adelante sobre su cabeza de simbolismo semejante al del ureaus de los faraones egipcios. Es decir, el símbolo de la diosa egipcia Uadyet o energía kundalini elevada desde la base de la columna vertebral hasta la frente, hasta los chacras superiores. Lo que significa la realización espiritual y la renovación o desmaterialización del cuerpo astral o intermediario.

Tiene dos servidores portadores de antorchas, Cautes con el fuego hacia arriba. Cautopates con el fuego de la antorcha hacia abajo. Día y noche, se asocian al Tiempo, porque el héroe solar, dios o avatar, dentro del eterno retorno ha encarnado en el Tiempo, para desarrollar una serie de trabajos iniciáticos de carácter mítico y filantrópico. El Tiempo es origen de la Creación y del Mal tras su manipulación  por el demiurgo, (Ahrimán) que en el culto mitraico se asocia al toro que se ha de combatir después de ser robado, como en otros mitos iniciáticos, y llevado a una caverna, donde vencido el demiurgo en forma de toro nace el principio espiritual. También nacen en una caverna, por ejemplo, Zeus, Hércules, El Quijote iniciado o el propio Maestro Jesús.

Cautes y Cautopates muy probablemente sean la adaptación mitraica de los Asvines védicos, que simbolizan a Venus, en forma de Estrella de la Mañana o Estrella de la Tarde, pero que acompañan al sol en su movimiento aparente desde la Tierra y han venido a este planeta para combatir al demiurgo enemigo de la Luz. Otras variantes suyas son la pareja mortal e inmortal formada por Castor y Pólux, que tendrían su trasunto en el Cristianismo con la pareja Santiago San Millán famosos protectores de la caballería cristiana.

Mitra tendría un aspecto masculino y otro femenino. Por una parte es el Señor del Sol, de otra, representa a la Naturaleza receptiva y terrestre que fructifica cuando la baña la luz solar. Mitra tiene un componente de Logos o inteligencia mediadora entre Ormuz y Ahrimán que se disputan el alma humana. Desde el punto de vista esotérico, atendiendo a la naturaleza triple del Hombre, Mitra representaría el cuerpo fluido, el astral, el Ka, el periespíritu o el “alma” de la tradición esotérica. Es decir, no la dualidad de cuerpo y alma de las religiones exotéricas, sino el intermediario entre el Espíritu y el cuerpo material o bioquímico. Cuerpo astral que ha de ser regenerado mediante la iniciación para lograr un mejor acceso al mundo espiritual.

Existe un Mitra relacionado con los Vedas como hemos indicado brevemente. Pero el culto mitraico influyente en Occidente fue fundado por los sacerdotes magos zoroastriano antes que el cristiano y extendido luego como ya hemos indicado por los militares romanos a lo largo del Imperio.

Mitra realiza una serie de trabajos simbólicos que son recreados en las iniciaciones o misas mitraicas. Así, como ya hemos visto, dentro de la caverna o templo mata al toro, cuya sangre se hace caer sobre los recipendiarios situados en una estancia o cavidad inferior. Da de comer y beber a sus fieles o adeptos su carne y su sangre en una especie de comunión, simbólicamente similar por otra parte a la del kykeon de los misterios eleusinos, ambas muy anteriores a las instauradas más tarde por el sacramento cristiano.

El culto de Mitra es otro ejemplo del propio de sociedades secretas antiguas cuyas leyendas son representaciones del sol y de sus trabajos. El iniciado mitraico se hacía Uno con Mitra, imitaba y formaba parte de la Divinidad, de modo semejante al cristiano que desea imitar y unirse a Cristo.

Los perros que acompañan a Mitra significan la lealtad, la confianza, la sinceridad. En cambio, la serpiente se identifica comúnmente con Ahrimán.

El asunto tiene una grandiosa representación cósmica o astronómica. Orión caza al toro, la constelación de Tauro, (constelación Taurus, cuya estrella más brillante es Aldebarán) acompañado por los dos canes (constelaciones Canis major, estrella alfa Sirio, y Canis minar) y se opone en el teatro cósmico a la constelación de Serpens (o, según otros, a la de Scorpius) situadas en el lado opuesto de la esfera celeste. Los templos mitraicos, también el de Mérida, poseen representaciones de fuerzas cosmológicas y zodiacales.

 

Los misterios mitraicos

Una vez repasadas las nociones elementales sobre lo qué fue el mitraísmo se pueden apreciar mejor las similitudes que el posterior culto cristiano tendría con dicha tradición religiosa e iniciática precedente.

Si los misterios de Eleusis tuvieron gran influencia en la Cultura griega e incluso en el helenismo tardío, el mitraísmo fue una de las tradiciones religiosas e iniciáticas más importantes en la Antigüedad, especialmente en Roma. Dominante en el ejército, fue extendida a lo largo de todo el Imperio por las legiones romanas. Muchos de los oficiales romanos, incluso emperadores, se hicieron iniciar en el culto de Mitra.

Los Misterios constituyeron una de las Instituciones espirituales más notables de la Antigüedad clásica. Trabajaban en paralelo, pero con autonomía de las religiones oficiales que, dirigidas a un público general de gentes con menores inquietudes espirituales o de menor capacitación intelectual, explicaban mitos religiosos o literarios con carácter exotérico. Por el contrario, dirigidos a un grupo minoritario, más selecto, de pensadores, filósofos, artistas, gentes de mayor capacitación intelectual o moral, los Misterios mostraban de modo más o menos experimental las realidades espirituales, esotéricas, inefables o difícilmente comunicables de otra forma. De algún modo, experiencia en vez de creencia. De carácter aristocrático, como comunidades reservadas, muchas de las grandes personalidades de la Antigüedad fueron iniciadas en unos u otros Misterios.

Los Misterios variaban en cuanto a contenidos míticos pero en cuanto a método coincidían en tratar de establecer de modo experimental y no meramente dogmático la existencia del alma así como otras realidades espirituales diferentes del espacio tridimensional y del sentido común del Tiempo. Pretendían ayudar al hombre a despertar sus poderes espirituales, que dormían en su alma presa en la cárcel del mundo material y de las pasiones.

Generalmente eran una especie de psicodramas u obras dramáticas sagradas que se representaban de modo reservado para los admitidos a la iniciación y durante ciertos momentos del año, comúnmente equinoccios o solsticios.

Sin embargo, de modo semejante al soma de los Vedas, parece ser que en los más importantes además de la representación dramática de las peripecias de algún dios o héroe solar, también se realizaba una especie de comunión con alguna sustancia de carácter enteogénico. En Eleusis, uno de los Misterios más importantes que perduró durante casi veinte siglos, se cree que el brebaje sagrado Kykeon incluía cebada contaminada con cornezuelo del centeno o de otras gramíneas. Su componente era similar desde el punto de vista bioquímico al moderno LSD. En los dionisiacos, el brebaje llevaba uva fermentada junto con otras sustancias psicogénicas. Se inducía así una experiencia espiritual de extraordinaria influencia en la vida posterior de los iniciados que la experimentaban. Estas ceremonias y sus preparaciones serían antecedentes de la comunión mitraica y luego cristiana, esta última de carácter simbólico, sin propiedades enteogénicas.

En los Misterios cabe resumir que se dramatizaban dos clases fundamentales de enseñanzas, más o menos combinadas según los casos:

Los mitos de regeneración o floración y fructificación vegetal propios de las sociedades agrarias, ligados a un héroe solar que padece la muerte causada por el Mal y el desmembramiento, cuyo cuerpo luego suele ser dado a los fieles como alimento espiritual (Osiris, Tammuz, Atis, Adonis, Mitra, Orfeo, Dionisos, Balder,… el Maestro Jesús). Se trata de la escenificación del mito del dios que muere. Por medio de ceremonias o rituales iniciáticos que simbolizaban la purificación y la regeneración, el dios resucitaba y se convertía en salvador. Así, identificado con su propia entidad divina oculta el hombre realizado ha conseguido superar su naturaleza inferior, dominar sus pasiones o apetitos para manifestar la versión más elevada de sí mismo.

Los mitos relacionados con algún agente psicopompo que participaba en alguna aventura iniciática de rescate del alma o de un elemento simbólico espiritual o sagrado (Ishtar, Demeter, Orfeo, Jasón, Horus,… el Maestro Jesús).

El mitraismo participaría sobre todo del primer grupo.

La iniciación mitraica también constaba, como otras, de tres grados fundamentales, aunque el último desglosado.

Tras una preparación intelectual, emocional y moral del solicitante era iniciado en el primer grado. Al parecer, se le entregaba al neófito una corona en la punta de una espada. Seguramente asociados a la naturaleza espiritual del hombre y a la sabiduría.

También se le enseñaba que el esoterismo de Mitra dentro de su naturaleza triple como hombre era el de su propia alma o principio intermedio entre su Espíritu y su cuerpo.

En el segundo grado se le dotaba de una armadura para luchar en los subterráneos donde era enviado a luchar contra sus propias pasiones y “demonios” mentales. Parece que entonces adoptaba el nombre de Mile, soldado. Mile es el soldado al servicio voluntario de Mitra.

Durante una de estas ceremonias se sacrificaba un toro cuya sangre al parecer caía sobre el neófito emplazado en el mitreo o cripta subterránea.

Las representaciones iconológicas del mitraismo suelen mostrar a Mitra arrodillado sobre un toro yacente al que clava una espada en el cuello. El toro significa el demiurgo causante del Mal. Desde otra perspectiva, la degollación del toro significa que los rayos solares simbolizados por la espada liberan en el equinoccio vernal las esencias vitales de la tierra que al manar de la herida abierta por la divinidad solar, Mitra, fertilizan las semillas de los seres vivos. El sol, Mitra, al herir al animal fertiliza al mundo con su sangre, trasmutada en la suya desde lo alto, como si viniese de otro mundo, la parte superior del templo que ocupan los ya iniciados. Desde ese punto de vista, el culto de Mitra constituye otro mito de fructificación o regeneración propio de las sociedades agrarias.

En el grado más alto le daban una capa con el Zodiaco y otros símbolos astronómicos.

Tras las iniciaciones era proclamado miembro de Mitra, se le iniciaba en las enseñanzas secretas de la mística persa y recibía el nombre de león, dado que una de las representaciones esotéricas del propio Mitra era con cabeza de león y un par de alas. Algunos de estos elementos del culto mitraico como el saludo ritualístico en garra de león fueron adoptados por la Masonería Tradicional.

El Sumo sacerdote de la Orden Mitraica recibía el nombre de Padre Supremo. En el Cristianismo el del Papa tiene cierta semejanza, se suele llamar Padre Santo.

Los cristianos emplearon el culto mitraico como forma de introducirse entre el ejército romano para una posterior toma del poder. Las similitudes simbólicas iniciales permitirían tal labor. Una vez conseguido el poder el mitraismo fue perseguido, sus templos devastados, un ninguneo que les permitiera no dejar huellas de sus adaptaciones.

El templo mitraico

Se dispone en dos alturas para poder oficiar sus ceremonias litúrgicas o ritualísticas iniciáticas.  La parte más singular o característica es el mitreo o cripta. El mitreo es un subterráneo artificial en forma de gruta de reducidas dimensiones utilizado como santuario o templo en el mitraismo. Su papel en el ritual iniciático mitraico es fundamental. En el de Mérida aparece claramente diferenciado dentro del conjunto arquitectónico. El recipendiario de la iniciación era conducido allí, a la oscuridad subterránea a luchar contra las tinieblas, las pasiones degradantes, el propio miedo. En el espacio superior situado sobre el mitreo se sacrificaba al toro, cuya sangre caía sobre el iniciado.

En el templo mitraico suele haber alguna imagen o representación cosmológica. En el de Mérida se conserva parcialmente un importante mosaico.

 

 

 

 

 

Invitación

La visita a antiguas ciudades representativas de grandes civilizaciones periclitadas suele ofrecer una ocasión para la nostalgia. Para dejarse llevar por todo un mundo de evocadoras sugerencias. Para el conocedor siquiera superficialmente el mitraismo la visita a la llamada Casa de Mitreo en el área monumental de Mérida es especialmente sugestiva. No sólo puede disfrutar de su Belleza arquitectónica. Representa una memoria viva de la historia de las creencias y de las instituciones filosóficas, religiosas y esotéricas de la Antigüedad. Invita a pensar lo que podría haber sido la civilización europea si no se hubiera arrumbado de modo tan drástico y dramático todo ese universo griego y romano. También nos muestra otro ejemplo de la caducidad de las formas, muere la letra pero acaso sobreviven sus más valiosas enseñanzas esotéricas con otros ropajes. Uno de ellos es el Cristianismo esotérico.

Sin embargo, de las viejas sombras, de la nostalgia por el viejo mundo de Atenea cuya lechuza voló de su hombro en busca de otro sitio donde posarse, cabe rescatar algunos planteamientos que hoy perviven de otro modo. Así por ejemplo la Fiesta de los Toros.

 

 

APÉNDICE. Mitra y la fiesta de los toros

El templo mitraico de Mérida, así como muchas de las esculturas a él asociadas, se hallaron cerca de la actual plaza de toros de la moderna ciudad. No parece del todo casualidad sino acaso una especie de Justicia poética o verdadera memoria histórica. En efecto, muchos estudiosos consideran la Fiesta Nacional española heredera o consecuencia transformada del antiguo culto mitraico. La Fiesta también es un ritual de sacrificio de un toro, extraordinario animal, magnífica joya de nuestra zootecnia, pieza fundamental en el ecosistema de la dehesa, de tan preciosa biodiversidad. De algún modo es su símbolo y en lo que se refiere a cadena trófica y a biotopo, el toro bravo condensa en su propia carne la potencialidad de un ecosistema cuya existencia se vería amenazada si tan hermoso animal se extinguiera a consecuencia de la sectaria, despótica, e irresponsable prohibición de la Fiesta nacional.

El toro de lidia es símbolo vivo de la Naturaleza pero en un plano psicológico también de las pulsiones subconscientes del hombre y del héroe, contra las que éste ha de enfrentarse, luchar y tratar de vencer.

Una de ellas es el miedo. Cuando se dominan y encauzan las pasiones se puede construir algo superior, civilización. El control del miedo asociado al orden preciso de la lidia puede originar un arte fugaz con momentos de gran emoción y valor estético.

La espada es un símbolo polisémico. Uno de sus significados es el de la sabiduría para discernir, para separar lo cierto de lo incierto, lo bueno de lo malo. Otro es el de protección contra las agresiones del Mal. Muerto a espada como Mitra hace en acto sagrado, el toro que representa las fuerzas oscuras del inconsciente es transformado en instrumento de elevación, el hombre realizado ha conseguido superar su naturaleza inferior, dominar sus pasiones o apetitos para manifestar la versión más elevada de sí mismo. Una especie de superación mayéutica al ser llevadas las fuerzas y pasiones ocultas al mundo consciente, incluso para crear Belleza y repartirla.

Una tradición que aún se mantiene, si bien algo deformada, en algunos lugares de España. Durante las fiestas de San Juan, solsticio de verano, en la Soria de caballeros templarios y sanjuanistas de poetas como Bécquer o Machado, la fiesta ritual incluye que la carne de los toros muertos durante la lidia se reparte entre los asistentes en una especie de comunión recuerdo de la antigua ceremonia mitraica.

Don Alfonso X el Sabio reconocía este carácter originalmente sagrado de la fiesta de los Toros al prohibir cobrar dinero o el lucro entre sus participantes.

 

 

 

 

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