Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Apólogo moral

Érase una vez un niño bien de buena y conocida de familia de rancio abolengo y buenos posibles por su pía condición prócer de católicas finanzas, votante del integrista y racista PNV y de misa cantada los domingos y fiestas de guardar en santuario mariano (dicho sea sin segundas).  Joven de espíritu puro y pensamientos elevados, no le había dotado la providencia divina con grandes luces intelectuales ni morales,  pero sí, en cambio, de gran estatura, buena presencia y musculatura, amén, al parecer de las felices usuarias, de otras cosas que omitimos por pudor y discreción. Lejos de la pía influencia de su confesor espiritual vascongado, fichó por cierto equipo deportivo de Galeuzca de los patrocinadores del corro de la patata y trinca trinca, se fue haciendo a vida de molicie donde el maligno acecha.

Lucía cachas en calzón corto y una lánguida aunque nada pánfila princesa admiradora de ciertos buenos talentos se fijó en él. Acaso, dicen, por cierto morboso parecido fraternal. Encaprichose la dama, le sedujo apoyada en su deslumbrante mundo de fastos palaciegos y pidió permiso a papá para legalizar honestamente su feliz himeneo con el voluble maromo. Pero de acuerdo con el ritual, era preciso superar una prueba iniciática. Si en el Turandot la caprichosa amén de sádica princesa china sometía a un temible acertijo mortal a sus pretendientes antes de conceder su mano, nuestro joven vasco de espíritu puro y pensamientos elevados habría de someterse a otra peligrosa prueba de resultado no menos asaz incierto. Probar sus habilidades en las acreditadas mañas de su nueva familia, su capacidad de adaptación a los usos y costumbres en Palacio. Prueba superada aunque de final incierto.

Al cabo, aviesos o envidiosos descontentadizos escribanos y golillas acechan para turbar el apacible disfrute del botín, su felicidad y el comer perdices. El pertinaz populacho no descansa para fastidiar a una extraña familia que no nos merecemos. Las instituciones maniobran y cohechan para hacer descarrilar el proceso judicial en curso y provocar bien la nulidad de las actuaciones o bien que caiga bajo la jurisdicción de puñetas más acomodaticias o graciables.  Escaramuzas, acusaciones a probos funcionarios judiciales, dímes y diretes oficiales aunque sentencia popular firme.

Al cabo, el abogado del diablo impuso parcialmente sus tesis sobre los partidarios de la turiferaria beatificación. Un caso de género, sin violencia, o saber de quién a quién. El hombre, malo; la hembra, buena. Buenísima. No hubo remedio, como diría Goya.

Ahora toca rescatar a la sufrida princesa doliente de las garras del rijoso dragón vasco de pura raza vasca. La princesa acompaña a su ejemplar “progenitor A”, el noctámbulo de Vigo imitador de Max Estrella, a saludar al piadoso Salman, El Descuartizador.

La Familia se adapta a las exigencias de los tiempos, pero por si acaso siempre nos quedará Suiza.

 

 

 

 

 

 

Las Hilanderas

El famoso cuadro de Velázquez ha dado lugar a múltiples interpretaciones. Muchos críticos consideran que constituye una interpretación mitológica de la leyenda de Aracnea y de su dramática relación con la diosa Atenea. Como tal aparece, si es que se trata del mismo cuadro, en un inventario del montero real don Pedro de Arce. Para Ortega pudiera tratarse de las bodas de Tetis, quien era capaz de metamorfosearse a voluntad y Peleo, uno de los argonautas. Para otros más, la alusión mitológica tiene que ver con las Parcas. Sin embargo, en su conocido libro sobre el pintor sevillano, Camón Aznar rechaza la interpretación mitológica y entiende que es un cuadro fundamentalmente costumbrista o naturalista, una de las primeras representaciones de la actividad fabril en el Arte. Con ciertas similitudes técnicas y de composición con Las Meninas, Velázquez nos muestra en Las Hilanderas la vida de trabajo en un taller madrileño, la fábrica de tapices de Santa Isabel.

Aracnea era hija de Idmon, famoso por su habilidad para teñir la lana con la púrpura de Focea. En los tiempos de Homero las mujeres griegas tenían a gala saber tejer e hilar y a la diosa Atenea como su sublime maestra. La finura de su hilado era comparada a veces con las de las telarañas. Pero Aracnea no se consideraba discípula de Atenea e incluso en un momento de ensoberbecimiento llegó a desafiar a la propia diosa.

Atenea se transforma en anciana y dirigiéndose a Aracnea le intenta hacer ver que no todo es malo en la vejez, que la experiencia es fruto de los años. Y le aconseja: “bien que aspiréis a la gloria de ser la mejor entre los mortales, pero no pretendáis igualaros a una diosa. Pedid perdón y Atenea os lo dará”. Pero Aracnea no se arredra y le recrimina porqué en vez de ella, una simple anciana, no se presenta la propia diosa. Entonces ésta se descubre ante el estupor de todos menos de la joven hilandera. Y se retan a ver quién teje la mejor pieza.

Atenea elige un tema central con Júpiter en majestad rodeado de los dioses y en sus cuatro esquinas varios temas relacionados con el atrevimiento, el desafío, la altivez, la usurpación y su posterior castigo divino.

Aracnea representa el rapto de Europa así como otras conocidas aventuras amorosas de Júpiter, recordatorio, acaso imprudente para la ocasión, de las flaquezas de los inmortales. Consigue una obra maestra insuperable y Atenea se indigna y en un arrebato la rasga.

La ofuscada y desesperada Aracnea se intenta colgar pero Atenea suaviza la trágica situación y transforma a la hábil hilandera en araña.

Este relato de Ovidio parece ser el antecedente mitológico de otra famosa metamorfosis, la de Kafka. Mas dejemos al checo germano parlante moderno héroe del absurdo meditando sobre las causas, los vicios, por los que los hombres pueden transformarse en irreconocibles bichos inmundos ¿la soberbia es uno de esos vicios? mientras pasea hacía El Castillo entre la niebla que diluye las figuras fantasmagóricas del puente Karluv sobre el Moldava. Y volvamos a nuestros antepasados griegos.

Salvo por la alusión a la metamorfosis que se da también en la leyenda de Aracnea no se entiende muy bien la citada asociación del cuadro con las bodas de Peleo y Tetis. Pero sabemos que para asustar a sus pretendientes la bella Tetis podía metamorfosearse a voluntad en diferentes animales más o menos peligrosos o escurridizos: ¿Las circunstancias de la vida que se escapan a nuestro control o voluntad o al menos nos aturden o dificultan nuestros logros? ¿Acaso distintas formas de su cuerpo astral? Sin embargo, Peleo logra sorprenderla dormida y someterla para lograr que Tetis se case con él.

Las Parcas, auxiliares de Júpiter y tejedoras de la vida humana, vienen a significar la personificación del destino. Pero, ¿Velan por el orden natural de las cosas en su sentido espiritual y físico o ceden a su capricho?  Ellas otorgan o niegan bienes e infortunios. Prescribían la duración de la vida humana, a veces descubrían, otras ocultaban nuestras suertes. Las Parcas suelen representarse como tres hermanas, Cloto, Láchesis y Atropos. Cloto es la hilandera que mueve una gran rueca y expresa el inevitable encadenamiento de los sucesos en la trama de la vida. Láchesis se asocia el azar, la suerte que sostiene el copo o los husos y en algunas representaciones mitológicas aparece auxiliada en su labor por otras figuras femeninas. Atropos tiene unas tijeras ¿para cortar el hilo vital.

Las peripecias humanas tienen un componente de incertidumbre, acaso de fatalidad, que desafía a nuestra comprensión. Para los griegos había un componente de azar, cierta veleidad de las Parcas, auxiliares instrumentales de los dioses.

Sin embargo, la tradición hindú lo interpreta como el karma. De algún modo, son nuestras acciones presentes o pasadas las que tejen nuestro destino. Nosotros somos artífices de nuestras vidas aunque no seamos conscientes en todo o en nada de las consecuencias de nuestros actos del pasado y de nuestras actitudes del presente. En el Bahgavad Gita el propio avatar Khrisna lo explica al dubitativo héroe Arjuna, el mejor y más valiente de los Pandevas que se encuentra en el campo de batalla. Se transforma ante él y se muestra como un océano de causas y concausas, de acciones y efectos, de fastos y nefastos, de logros y fracasos. Y le anima a hacer lo que debe ser hecho. Aunque parezca tremendo. No importa qué guerreros pueda matar en legítimo combate, si mueren durante la batalla es que ya habrían de estar muertos en el otro plano.  Cada hombre debe cumplir con su deber.

¿Podemos nosotros los hombres desafiar al mundo espiritual?  ¿Hasta dónde llega nuestra libertad? ¿Cuál es el coste del ejercicio de esa libertad?

Las Hilanderas es un lienzo extraordinario.  No deja de ser curioso que Antonio Palomino no lo comente en su Museo Pictórico cuando habla de Velázquez pese a relacionar Historias de la Metamorfosis de Ovidio con un cuadro de Rubens reproducido en Las Meninas. No obstante, Las Hilanderas casi siempre ha sido considera una de las joyas del Prado madrileño y reconocida como una obra maestra, propia de un gran maestro de la Pintura en la plenitud de su destreza, en la última etapa de su vida en la que desarrolla sus logros técnicos adquiridos durante su segundo viaje a Italia. Velázquez ha vuelto a una corte en decadencia, y en este cuadro podamos intuir una especie de concesión a la nostalgia de su actividad italiana, dedicada a la investigación y libre de etiquetas o huera prosapia. El recuerdo de un mundo de luminosa Belleza comparado con otro más prosaico, el del viejo Alcázar de los Austrias no exento de cierta penumbra de toque monacal.  El propio Felipe IV prefería el Palacio del Buen Retiro.

Contemplamos un primer plano iluminado con luz cernida, discreta, un ámbito intermedio más bien sombrío y al fondo una estancia colmada de luz, todo pintado en un plano sin que las luces de matiz diferente se superpongan, se estorben ni confundan, para llegar a la habitación del fondo luminoso la mirada tiene que transitar por el ámbito en sombra ayudándose de las formas sumidas en la penumbra. Con algunas similitudes técnicas y de composición con Las Meninas, al igual que en el Entierro del Señor de Orgaz en Las Hilanderas existe un plano arquetípico, espiritual, el de las Ideas platónicas, en el que se manifiesta la sentencia de Atenea que aparece con el brazo levantado en presencia de tres figuras femeninas, ¿Las tres Parcas o solo simples damas que pretenden hacer encargos en el Taller de Santa Isabel? Y al lado del tapiz con el rapto de Europa tejido por Aracnea, justo cuando va actuar contra la hábil hilandera. Y otro plano terrestre,  fabril, material, en el que parece mostrarse la sentencia hermética “cómo es arriba es abajo” divulgada por la Academia de los Médicis y su maestro neoplatónico Marsilio Ficino. Aquí se muestran varias figuras femeninas atareadas en sus quehaceres que no parecen prestar atención a dicho plano arquetípico, ¿Son las tres Parcas ayudadas por otras dos mujeres? ¿Son simples hilanderas que se afanan en las tareas ajenas a todo lo que no sea terminarla?

Ambos planos están magistralmente unidos y separados a la vez por una jerarquía del espacio debida a la luz.  Una luz que en el fondo iluminado no diferencia entre la diosa y las figuras femeninas que la acompañan.

¿Podemos ver ese universo espiritual desde nuestro destierro? ¿Qué nos enseña el Arte?

A través del polvillo en suspensión que se encuentra en la escena fabril debemos seguir la luz que nos guía hacia la fuente. Hay una escalera, recuerdo de la escala de Jacob y en la grada lo que parece una viola de gamba. La Música es el Arte más próximo a la naturaleza del Noúmeno, a la Cosa en Sí, ¿A la Voluntad? En español, lengua sabia y profunda, querer significa Voluntad y también Amar ¿A la Luz? ¿Somos Luz oscurecida en nuestro plano por la Materia? ¿Los vicios como la soberbia de la fábula de Aracnea nos apresan como en una telaraña?

Algunos autores critican la bóveda y el ojo tragaluz como innecesarios en la arquitectura del cuadro. E incluso en ciertas reproducciones se recorta esta parte superior. ¿Es el “ojo que todo lo ve” aunque para nosotros desde nuestra comprensión limitada aparezca como cegado?

¿Cuál es nuestra realidad más auténtica? ¿La del trabajo y los afanes materiales y cotidianos como la del prosaico taller o la del universo de arquetípico de nuestros anhelos espirituales y nuestros sueños?

Creo que ambas. La Estética, el Arte, nos muestra la posibilidad de que el tapiz que tejemos con nuestra vida se inspire en la Belleza, en los mitos de la Tradición que son instrumentos de transmisión del Conocimiento del mundo espiritual. Que nuestra técnica y saber hacer no constituya motivo de engreimiento como el de Aracnea, sino posibilidad de deleite y evolución para nosotros y para los demás.

 

 

 

 

 

Ambiciosas sinergias promotoras entre la Junta de Extremadura y la UE

Por parte de los tenebrosos fachas enemigos de la Humanidad en general y de Extremadura en particular, estamos asistiendo a una feroz campaña de intoxicación que pretende hacer creer que el malvado dictador, cuya tumba es necesario profanar por evidentes razones filantrópicas y de utilidad pública, haya hecho algo bueno por los españoles. Una verdadera vergüenza que debe ser enérgicamente denunciada como se merece por todo progre bien pensante y más aún si es un desahuciado parado endémico producto de la política socialista de destrucción de la actividad económica real en estos feudos. Pero, tranquilos, que el demócrata y patriótico presidente Sánchez lo va a impedir bajo pena de terribles castigos a los vagos y maleantes que osen criticar la versión que establezca el Ministerio de la Verdad socialista.

Aunque, por otra parte, algunos seguidores del Doctor Freud no dejen de avisarnos de que con tal fanática persecución anti franquista pudiéramos estar ante un paradigmático caso psicoanalítico del complejo de Edipo o de muerte del padre, desarrollado a partir de su fase anal por los socialistas que no han conseguido una sexualidad adulta. En efecto, Franco, la CIA y el CESID fueron los verdaderos fundadores de la única organización política franquista, sin incluir los Borbones, que subsiste hoy en día: el PSOE, criatura viciosa y niña mimada de los servicios de información del General que hicieron posible el lucrativo golpe de Suresnes.

 

Pero, aparte de la creación ex nihilo de la moderna PSOE inopinado mérito que más vale no reconocer, el dictador no habría perpetrado sino fechorías. Por ejemplo, se habla del Plan del Campo de Arañuelo en Cáceres o del llamado Plan Badajoz, proyecto altamente demagógico que con la construcción del sistema de embalses de Cíjara, García Sola y Orellana acabó con el estiaje del Guadiana, embalsando hasta  tres mil quinientos millones de M3 y permitiendo el riego potencial de casi doscientas mil Has convertidas en feraces campos de regadío para los miles de malvados colonos colaboracionistas del infecto caudillo a lo que se les dotó de parcelas, casas propias y una veintena de pueblos surgidos entre los secarrales. Para colmo, con este proyecto el odioso tirano, visionario del moderno y acaso impostado cambio del clima climático, lograría la generación de una extraordinaria cantidad de energía eléctrica renovable, de la que presumen apuntándose el tanto algunos de nuestros más encopetados lucrativos monopolios y afines ongs sorosianas tente mientras cobro. Ya digo, una vergüenza que debiera ser corregida sin piedad por la Santa Inquisición socialista en cumplimiento de la Ley de Memoria histórica, de modo que no quede nada de la obra del Maligno, volando las presas e inundando terrenos y arruinando poblaciones, acequias y sistemas de riego a la vez que los despojos del tirano tras la profanación de su tumba sean aventados para pasto de los rollizos y fotogénicos buitres del Monfragüe.

Pero ni la Junta de Extremadura ni la UE se desaniman ante estas repugnantes propagandas orwellianas del Plan Badajoz y otras lamentables zarandajas obra del tirano. Cabe resaltar hoy el logro del moderno ferrocarril que ya avanzado el siglo XXI “une” la capital cacereña con la del Reino a la diabólica velocidad media de sesenta y tres kilómetros por hora, cuando no se producen los retrasos habituales. Una avanzada máquina de ingeniería con todos los adelantos técnicos que cuando funciona, pues acaso por sabotaje de los descontentadizos nostálgicos de siempre falla más que una escopeta de feria, debe esperar a cruzarse con otras similares en las modernas estaciones del trayecto, logrando entonces velocidades medias récord guinness menores a los cincuenta kilómetros por hora. Todo un parque temático lineal dedicado a la modernidad y los grandes adelantos promovidos durante décadas por los bondadosos y honrados próceres socialistas, permanentemente desvelados por el mejor bienestar del pueblo que les honra con décadas de mayoría absoluta.

Existen otros grandes logros del Régimen borbónico autonómico socialista de los que es obligado hacer mérito. En la misma noble ciudad de Cáceres, tan hermosa y sorprendente, existen unas placas conmemorativas de actos de fomento y mecenazgo verdaderamente ambiciosos, esforzados, reconocidamente heroicos, protagonizados al alimón por la Junta de Extremadura y la mismísima Unión Europea.

Como puede comprobarse en las imágenes que ilustran este texto disimuladamente alabancioso (por puro vicio y aunque no cobre un miserable euro de su fondo de reptiles) tomadas a las puertas de la empresa agraciada y bajo los apartados presupuestarios de Fomento y Mejora de las T.I.C. en el Sector turístico y de Compra de mobiliario para cuartos de baño ambas gloriosas instituciones cofinancian la compra de modernos retretes y otro material sanitario de última generación para el céntrico hotel cacereño situado entre las calles Donoso Cortés y Roso de Luna por las astronómicas sumas de 1.147,00 €  y  de 4.040,52 €  respectivamente.

Dicho quede a mayor gloria de ambas instituciones y para el reconocimiento y eterna gratitud por sus desvelos por parte de todo extremeño de pro. Ante estos indiscutibles logros del Régimen ¡Qué se quite la basura franquista esa del Plan Badajoz!

 

 

 

En la Gran Mezquita de Córdoba

Córdoba no es ajena a la moda imperante en muchas ciudades, no siempre justificada o razonable, de dificultar la circulación por su centro y sobre todo por su casco antiguo incluso cuando se intenta encontrar el hotel contratado aun con la ayuda de un GPS.  Pero disfrutar de la antigua y bella ciudad andaluza de tanta tradición romana e islámica merece salvar algún que otro embrollo o laberinto. Callejear por sus barrios tradicionales, admirar sus patios o sus callejuelas, algunas tan pequeñas como la calleja del pañuelo es una experiencia única.

 

La Gran Mezquita de Córdoba es una de las mayores joyas del arte islámico en todo el mundo y desde luego en España. Una extraordinaria obra de arte sagrado, alterada parcialmente en el siglo XVI para construir una adocenada catedral, híbrida de estilos gótico y renacentista con decoración barroca, en la que no faltan destrozos estéticos que cabe calificar de aberraciones insensibles a la belleza del lugar. La visión de las cubiertas desde el exterior muestra el adefesio perpetrado. El esfuerzo por resaltar la ocupación cristiana del espacio en lo que parece una competición con la islámica además de estéticamente aberrante llega en ocasiones a lo ridículo, como es el caso, a mi parecer, del moderno cuadro dedicado a la monja Teresa de Calcuta que pega allí como a un Cristo tres pistolas. Sin olvidar abigarrados retablos barrocos de purpurina. Una pena que la catedral rellena de tantas capillas, alguna de auténtico bodrio de lesa estética, no se edificara en otro lugar cercano respetando en su integridad la antigua belleza del templo musulmán.

Un lugar sagrado no exento de polémica actual no sólo estética sino también político religiosa. Ejemplos de incoherencia. Así, las presiones de movimientos islamistas para que también vuelva a tener culto islámico, cosa que no sucede al revés por ejemplo con la basílica bizantina de Santa Sofía en Estambul. Y la correspondiente reacción eclesiástica, no solo por razones de Poder, sino porque la explotación libre de impuestos de esta maravilla artística del Islam paradójicamente le proporciona enormes beneficios al clero católico. Quizás no exentos de cierto componente simoniaco dado que según su propia concepción se trata de un centro de culto católico. El coste de la entrada, diez euros por persona, es una cifra muy elevada que según las cuentas oficiales de número de visitantes proporciona muchos millones de euros al año. Y si es para acceder a un lugar de culto religioso en activo como pretende la Iglesia y no un negocio lucrativo, la cuestión de la onerosa entrada tiene aún peor justificación o defensa.

Templos, espacio y tiempo sagrados

Pero dicho esto, las cuestiones materiales o políticas no debieran distraernos de lo que es lo principal: el ámbito espiritual del templo, lo que de algún modo es común tanto para las religiones monoteístas, politeístas o para las Órdenes iniciáticas, más allá de consideraciones teológicas o incluso estéticas.

El templo es un espacio sagrado de disposición jerarquizada, ligado también a un tiempo sagrado, diferente del que trascurre extramuros del mismo. Un verdadero templo tradicional funciona como una especie de artefacto espiritual que nos facilita el contacto con lo numinoso y nos sirve para elevar la consciencia mediante un conjunto de fenómenos más o menos objetivos. Así la satisfacción de los sentidos originada por el disfrute del Arte sagrado.  O la elevación de la energía telúrica concentrada por su ubicación y disposición arquitectónica a través de los chakras o centros psíquicos para lograr una mayor sabiduría o realización espiritual. La Mezquita de Córdoba parece inspirada en las ideas platónicas de que la Belleza es el resplandor de la Verdad y de que Dios “geometriza”.

Los templos tradicionales suelen estar situados en determinados lugares geográficos asociados a condiciones energéticas especiales. Es notable que los mismos sitios suelan servir de base a diferentes y sucesivos cultos una vez arrumbado el anterior. También es ese el caso de la mezquita de Córdoba. La teología cambia y explica las cosas de lo numinoso a su manera, los fenómenos espirituales permanecen.

La evolución histórica de la Mezquita

El actual templo ecléctico cordobés ha experimentado diversas peripecias a lo largo de los siglos tanto en lo que se refiere a disposición original, ampliaciones, modificaciones, advocación religiosa y estilos artísticos. Las sucesivas ampliaciones musulmanas se realizaban añadiendo nuevas áreas mediante la repetición de los mismos elementos arquitectónicos. La forma o idea del templo de Abderramán I no se veía sensiblemente alterada con las nuevas columnas que se expandían como un precioso bosque encantado de mármol. Desde el siglo XVI ha perdido la unidad mahometana al erigirse una catedral concebida como gótica y finalizada como renacentista en su interior y decoración barroca, desfigurando tanto la planta como el alzado de la antigua Gran Mezquita.  Vista desde el exterior, la bóveda de la catedral recuerda un espantoso “chichón” que le hubiera salido al antiguo templo mahometano, rompiendo la coherencia de su belleza y unidad arquitectónicas y su línea de horizonte.

La Mezquita inicial de Abderramán I fue edificada transformando un primitivo templo cristiano, la catedral de San Vicente, que fue expropiado mediante el pago de 100.000 dinares y la facultad de construir otros templos cristianos en sustitución del expropiado. Cuenta el marqués de Lozoya siguiendo a Gómez Moreno que la transformación pudo hacerse de modo muy rápido. Los arquitectos musulmanes desmontaron las cinco naves primitivas cristianas orientadas al Este y distribuyeron sus materiales en once naves orientadas hacia la quibla (el Sur), en vez de hacia la Meca.  Ahora bien, surgió el problema de la cubierta que ya no podía seguir siendo de tipo basilical con la central más alta que las laterales.  Se solucionó mediante tejadillos a dos vertientes para cada una de las naves cuyas arquerías debían soportar los canales de desagüe, como si fueran una especie de acueductos. Hubo que hacer acopio de columnas, pues no bastaban las recicladas procedentes de los viejos edificios romanos o visigóticos.

Todos los emires ampliaban o modificaban la Mezquita. Hixen I hizo construir un espacio especial para las mujeres además de un minarete.  Abderramán II realizó una ampliación en dirección de la quibla, derribando el primitivo muro Sur. Mohamed I construyó y se reservó para sí una especie de iconostasis bizantina junto a la quibla. El primer califa, Abderramán III, construyó un magnífico minarete que fuera modelo para la Giralda sevillana. Y el segundo califa, Alhaquen II, la que se considera parte más importante de la mezquita: Nueva ampliación hacia el Sur, derribando el muro anterior. Nuevo y bello mihrab, magníficas cúpulas como la de la hoy conocida como capilla de Villaviciosa, que para algunos autores constituiría un precedente de las bóvedas de crucería, sin olvidar la de la mezquita toledana del Cristo de la Luz o la Iglesia templaria de la Vera Cruz en Segovia.  A la propia belleza arquitectónica se une la decorativa en la que destacan los mosaicos bizantinos para cuya ejecución vino un artífice desde Constantinopla. Almanzor también hizo su ampliación. Esta vez ya no hacia el Sur debido a la proximidad del río Guadalquivir sino hacía el Este, por lo que, en consecuencia, el mihrab quedaría descentrado. La Mezquita de Córdoba ocupa 22.250 m2, probablemente el mayor monumento religioso del mundo en superficie.

Y luego la decadencia del Islam español. Fernando III tomó la ciudad. En tiempos de su hijo, Alfonso X el Sabio, se habilitó una iglesia cristiana orientada al Este, reformada en el siglo XIV, aunque con el buen gusto e inteligencia de que no desentonase en el plano estético del maravilloso recinto en el que estaba, como sucedería más tarde con la absurda catedral del siglo XVI. El obispo Alonso Manrique determinó en 1521 que se levase un crucero y coro nuevos en el centro de la mezquita. Se produjo la correspondiente polémica zanjada al principio por el emperador a favor del insensible obispo aunque luego Carlos V se horrorizaría de la fechoría estética perpetrada: “Yo no sabía que era esto, pues no hubiera permitido que se llegase a lo antiguo, porque hacéis lo que puede haber en otras partes y habéis deshecho lo que era singular en el mundo”.  

Templos y arquitectura

La forma o disposición del templo ha variado según las instituciones espirituales o confesiones religiosas a lo largo de la Historia, en lugares y edades. Unas veces servía de residencia o morada a un Dios. Así los templos egipcios y griegos. Otras de escenario de rituales o sistemas simbólicos en acción. O, como en el famoso santuario de Eleusis, las ceremonias sagradas incluían la ingesta en determinadas condiciones ritualísticas de sustancias enteogénicas que permiten acceder a otros estadios de conciencia. En ocasiones, la iconología simbólica del templo, incluso entre los cristianos medievales, hace referencia a estos agentes que constituyen una especie de sacramento bioquímico. Así, por ejemplo, en las iglesias cristianas rupícolas de Capadocia.

Los templos de la antigüedad clásica eran la morada del dios o de la diosa en cuyo honor se habían erigido. Tales el famoso templo de Poseidón o Neptuno en  Sunion, el de Atenea Parthenos en la Acrópolis de Atenas o en la de Siracusa, el de Apolo en Delfos, el de Diana en Éfeso o el de Zeus en Olimpia. Su orientación habitual era Oeste- Este. A veces estos templos paganos también han sido reciclados o transformados por el Cristianismo: así por ejemplo, el grandioso templo dedicado a Atenea en Siracusa, rival del de la Acrópolis en Atenas, fue reconvertido como en una especie de palimpsesto de piedra en pintoresca catedral barroca. Con resultado lamentable desde el punto de vista estético.

Los templos del Cristianismo y los de las Órdenes iniciáticas, constituyen un lugar sagrado, distinto del profano, en el que el espacio está jerarquizado. Por ejemplo el Oriente, donde el Sol nace y se sitúa el Altar Mayor y el ábside o la girola. Y al lado opuesto del eje principal, el Poniente, llamada comúnmente Puerta del Perdón. Sin embargo, curiosamente y contra la tradición espiritual del Cristianismo como religión solar, San Pedro en el Vaticano tiene una orientación no tradicional cristiana sino pagana, con el altar al Oeste, el lugar donde muere el sol, símbolo del Espíritu. El arquitecto Alberti apenas pudo hacer nada sino demoler la antigua basílica. Su sucesor Bramante planeó un espacio central en estrella, con planta de cruz griega, de reminiscencias clásicas. Un diseño acaso mediatizado por las manías de grandeza del papa Julio II, quien quería que el nuevo templo exaltara su gloria, mientras sus cenizas reposaran bajo su cúpula magnífica. En cierto modo una especie de recuperación de la vieja idea pagana del templo como morada de un dios. Tras Rafael y Sangallo el encargo pasó a Miguel Ángel quien modificó la cúpula y la planta transformándola en cruz latina basilical.  El resultado es una obra descomunal, con una cúpula de ciento diez metros de ancho y cuarenta y cinco de alto, en el que la ostentación de poder material encubre la pérdida del simbolismo espiritual del sol como representación del Logos. Como hemos indicado, el altar se encuentra dirigido a la muerte del sol en vez de a su nacimiento, lo que no deja de ser significativo.

La catedral madrileña de la Almudena tampoco escapa a esta pérdida del sentido espiritual tradicional de la Institución y del templo, víctima de la hegemonía de los intereses materiales de la organización. No se orienta según el sol sino que su eje central se orienta o dirige por un lado hacia el Sur como la quibla de la Mezquita de Córdoba y por el otro al Palacio real, al Poder político.

Las mezquitas tienen su parte más sagrada, el mihrab, dirigido a La Meca, excepto precisamente la de Córdoba que lo está al Sur, un rasgo de la relativa autonomía político, cultural y religiosa del califato cordobés o quizás de respeto a las propias necesidades o condicionantes constructivos del precioso templo cordobés.

El templo como artefacto espiritual 

Y junto al espacio existe también un tiempo sagrado, relacionado con los rituales o sistemas simbólicos dinámicos de recreación de lo sagrado, la creación, la muerte y resurrección, etc., ajeno al tiempo profano.

Además de la jerarquización del espacio también existe una separación entre fieles y oficiante o bien entre miembros de sociedades iniciáticas según su grado o relación con el ritual. A veces está separación resulta grotesca por sus criterios arbitrarios o inconsecuentes. En consecuencia existe pues necesariamente un umbral o pórtico de separación entre el “tiempo / espacio” sagrados y el “tiempo / espacio” profanos.

Todas estas cosas formarían parte de una Sabiduría hoy relegada sino casi perdida. Rene Guenon liga el Arte sagrado a la concepción característica de las sociedades tradicionales, donde la  actividad humana derivaría de principios superiores: “El arte era algo distinto de lo que se concibe hoy por este término, era algo que implicaba un verdadero conocimiento”.

Un conocimiento del mundo espiritual más relacionado con la Mística que con la Teología. El arte sagrado pretende ser manifestación de lo perenne en el Tiempo. De lo Absoluto en un mundo de dualidad, contingencia y relatividad. De expresión de lo Inefable, de facilitar una Presencia, capaz de conmover al Alma. Por eso no debe quedar solo al albur de los deseos o caprichos del artista. En este caso de la búsqueda del Uno entre el bosque dual de columnas de piedra y el esplendor de la quibla.

Pero para el observador actual, perteneciente a una sociedad que casi ha perdido el sentido de la metafísica, tan alejada de sus preocupaciones y anhelos cotidianos, resulta difícil comprender que artistas que conocían o que incluso habían “visto” nos dejaban testimonios de Conocimiento, de Sabiduría, de arte Sagrado en la iconología religiosa y simbólica.

El templo como poder

Por eso la construcción de una catedral que no aportaba nada nuevo o de gran interés desde el punto de vista estético “profanando” desde tal punto de vista un precioso lugar también sagrado y además de carácter único fue una decisión lamentable. Como también lo sería en el plano político e histórico que Carlos I, quien había llegado incluso a establecer la pena de muerte para cualquiera que participara en la demolición de la antigua mezquita, no acertara a escarmentar al soberbio obispo, quien consiguió esconderse de la ira del emperador. Si tal hubiera sucedido y el rey hubiera castigado la estulticia y soberbia eclesiástica como merecía, probablemente la Historia de España hubiera resultado muy diferente, y acaso no hubiera estado tan supeditado el poder político al del clero.  Otra fechoría estética atribuida al mandato del obispo Juan de Toledo es la fachada renacentista que “adorna” desde 1531 el patio de los naranjos. Aunque para ser justos hay que reconocer que el propio emperador tampoco está libre de sacrilegios estéticos como nos muestra su inapropiado palacio renacentista de la Alhambra en Granada.

Muchas veces los monumentos resultan una mera manifestación de poder, tanto político como religioso, pues a lo largo de la Historia se suele observar el fenómeno de la estrecha simbiosis entre las castas sacerdotales y las políticas por la que mutuamente se sostienen y protegen. Decía Rocker que “Todo poder está inspirado por el deseo de ser único, pues, según su esencia se siente absoluto y se opone a toda barrera que le recuerde las limitaciones de su influencia. El poder es la conciencia de la autoridad en acción, no puede como Dios, soportar ninguna otra divinidad junto a sí.  Esta es la razón por la que entabla una lucha por la hegemonía…  solo cuando no se siente aún bastante fuerte, se muestra dispuesto a concesiones, pero en cuanto se siente bastante poderoso, no deja de recurrir a ningún medio para ensanchar los límites de su dominación. …la aspiración a unificarlo todo, a someter todo movimiento social a una voluntad central, es el fundamento de todo poder…” 

Sería desear desde el punto de vista estético que la Propiedad desnudara el espacio sagrado de toda esa abigarrada decoración de incoherentes capillas e imágenes de tan dudoso gusto. De todo lo que atenta contra la armonía y sencillez del espacio sagrado.  Recuperar la humilde y sabia santidad de San Juan de la Cruz frente a la confusión barroca de Fray Gerundio de Campazas, alias zotes. La arquitectura de la catedral ya está donde está y el asunto es irremediable, pero sí se podría trasladar todo ese ejército de santos e imágenes a otros recintos donde no afearan el hermoso recinto sagrado.

Islam español e Ilustración

Pero volviendo a la cuestión inicial del debate y pugna por el poder sobre el monumento cordobés cabe recordar aquí el texto de un gran filósofo y místico granadino del s XII Ibn Abentofail, quien en su extraordinaria obra El filósofo autodidacto defiende una visión de la religión como un fenómeno de la conciencia, espiritual, lejos de planteamientos teológicos que retroalimentan la dominación política. La concepción de la conducta humana de acuerdo con los valores metafísicos asociados a la divinidad pero no como sometimiento a las consignas de una casta sacerdotal, resulta en cierto modo una prefiguración de los planteamientos ilustrados genuinamente laicos que respetuosos de la libertad de conciencia, cátedra o expresión tratan de distinguir en el ámbito de lo social y estatal entre lo político y lo religioso y separar la influencia de sus relativas jurisdicciones e influencias.

Ojalá lejos de todo fanatismo y manipulación de las mentes se pudiera recuperar esta visión del mejor Islam español encarnada en el sabio granadino, curioso antecedente en este campo de la propia moderna Moral de la Ilustración.  Una Moral pública que combate el fanatismo religioso y que respeta los territorios de convivencia social asociados al lenguaje místico o común a todas las religiones más que a las teologías que las separan. Y donde los templos cumplen su naturaleza de constituir artefactos espirituales más allá de las propias consideraciones teológicas o de poder material que dividen a la Humanidad.

Es el Espíritu y sus manifestaciones artísticas lo valioso e importante

Bien entendido que hablamos aquí del universo espiritual y de mutuo respeto religioso ecuménico en lo místico. De tolerancia que no es igual sino lo opuesto a consentir. No se trata de sustituir un clero por otro, ni del pernicioso multiculturalismo, ni de alianzas de civilizaciones o majaderías similares propias de necios, ignorantes o canallas, ni menos de promover una nueva religión única de diseño para satisfacer los turbios intereses del NOM. Sabemos que en los últimos tiempos el Poder político y económico le está siendo arrebatado tanto a los ciudadanos como a los Estados Nación y ha sido trasferido a las organizaciones globales multilaterales transnacionales. Un paso más en esta estrategia de dominación mundial omnipresente sería la anulación de las distintas tradiciones y la creación de una nueva religión de diseño, de carácter unitario que forzara a la gente a un cierto pensamiento o creencia religiosa únicos.

Desde luego no es lo que se pretende con estas notas. Tenemos el ejemplo de las antiguas mezquitas toledanas aún conservadas, que hoy no son escenario de culto sino abiertas a la admiración de su Belleza: Tornerías, Valmandrón rebautizada como Cristo de la Luz o la preciosa ex sinagoga mudéjar conocida hoy como Santa María la Blanca, un ejemplar único en su clase, que también está siendo reclamada ahora por los judíos. Desnudas de Teologías pero preciosas manifestaciones de Geometría al servicio del Arte, todas ellas pueden entenderse como centros espirituales dedicados a promover la paz, la concordia y la búsqueda de lo Absoluto a través de la Belleza y o que debieran ser sus corolarios, la tolerancia o respeto mutuo y la fraternidad universal.

Ojalá el disfrute estético y espiritual de la Gran Mezquita de Córdoba, joya de nuestro patrimonio espiritual, cultural y artístico, que también lo debe ser nacional, pueda realizarse sin estar subordinado a los intereses de la casta sacerdotal de ninguna jerarquía confesional.

Ojalá se pueda dedicar así este magnífico espacio sagrado que sostenemos entre todos con nuestros impuestos a disfrutar de un tiempo simbólico dedicado a la búsqueda y goce del Espíritu.

 

 

 

Dos de mayo

El dos de mayo de 1808 en Madrid es una fecha mítica, que de algún modo puede ser considerada como el nacimiento de la conciencia de la nación española como tal. Hoy, a falta de un reconocimiento en toda España, acaso por esa misma razón, la toma de conciencia de la unidad e independencia de la nación española, de nuestra integridad como pueblo, sólo se ha adoptado con carácter local como fiesta oficial del actual engendro autonómico relacionado con Madrid.

En el dos de mayo confluyen muchas cuestiones de gran importancia histórica, algunas de ellas de permanente actualidad en esa especie de fandango de Boccherini en el que se viene convirtiendo nuestra historia contemporánea. Con gran inteligencia y sensibilidad Alejo Carpentier termina la perspectiva estética e ideológica de El siglo de las luces en esa fecha con una acción desesperada y suicida de Sofía, la intrépida amante del protagonista Victor Hugues, junto a su primo Esteban.

Faltaba ahora por reconstruir el Día sin Término; aquel en el que dos existencias habían parecido disolverse en un Todo tumultuoso y ensangrentado”. Sofía era una heroína que había contestado al revolucionario y masón desorientado protagonista: “es eso lo que hizo la Revolución: trastornar a más de uno…ahora sé lo que debe aceptarse y lo que debe rechazarse.

Sofía rechazó la impostura revolucionaria empleada para avasallar pueblos y también salió a la calle madrileña en desesperada acción contra el ejército invasor de Napoleón, un personaje sugestivo y siniestro a la vez como Hitler, probable agente de los Rothschild empleado de modo consciente o inconsciente en una embrionaria intentona de NOM. Una de cuyas víctimas más importantes sería la destrucción del imperio español en América y su sustitución por el anglosajón.

De pronto cundió el tumulto. Grupos de hombres del pueblo, seguidos de mujeres, de niños, aparecieron en las esquinas dando mueras a los franceses. …el pueblo entero de Madrid se había arrojado a las calles en  un levantamiento repentino, inesperado y devastador, sin que nadie se hubiese valido de proclamas empresas ni de artificios de oratoria para provocarlo…cargaban los mamelucos, cargaban los coraceros, cargaban los guardias polacos, sobre una multitud que respondía al arma blanca … Luego vino la noche. Noche de lóbrega matanza, de ejecuciones en masa, de exterminio, en el Manzanares y en la Moncloa.

Son varias las reflexiones, con sabor agridulce, que más de dos siglos después nos sugieren estos heroicos acontecimientos de los que fuera protagonista el pueblo madrileño.

La traición, tanto entonces como hoy, de la mayor parte de la clase dirigente. La vileza de la estulta y corrupta Dinastía borbónica. El cretino de Carlos IV, su adúltera y desleal esposa junto con el rey felón por antonomasia ofrecieron ante el emperador invasor un espectáculo insuperable de vileza, traición y cobardía. Las instituciones borbónicas se pusieron al servicio del invasor. Entonces como ahora una sensación de manifiesta indefensión, de estar a merced de los intereses del enemigo extranjero. De que no nos defiende nadie, sino si acaso nosotros mismos. Los inmortalizados por Goya fusilamientos de la Moncloa fueron firmados por el gobernador militar de Madrid, un general español.

Desde esa fecha emblemática, el pueblo español, junto con algunos pocos resistentes de la nobleza o el Ejército sostuvo una cruenta y sanguinaria guerra para defender la entidad y conciencia nacionales, junto con el desarrollo de nuestra primera constitución no otorgada, para luego incomprensiblemente entregar nuestra libertad otra vez a los Borbones.

El siglo de las luces terminaría con invasiones, saqueos y matanzas. Pero, ¿qué habría sucedido en Occidente si en vez de los políticos materialistas como Víctor Hugues hubieran informado la Ilustración y la Revolución gentes con renovado sentido espiritual de la existencia como el martinista Ogé?

No cabe verdadera revolución política y social sin cambio espiritual, sin sentido del honor y de los valores metafísicos. Lo que es válido tanto para entonces como para ahora que se celebra el cincuentenario del mayo del 68.

Hoy, otra vez nuestra corrupta casta dirigente traiciona a la nación no oponiéndose, si acaso no es peor con la misma complicidad, al golpe catalán o al no menos criminal chantaje sabiniano. Sólo una parte del pueblo, junto con la insólita por inesperada intervención real de un Borbón, y la heroica intervención de algunos pocos magistrados, han reaccionado para tratar de evitar la entrega del botín nacional a los sediciosos. Aunque el futuro de España sigue incierto.

Y es que tras cuarenta años de devastación nacional al servicio de intereses extranjeros y de una clase dirigente liberticida, corrupta y cómplice, no parece que una gran parte, en gran medida adocenada o embrutecida, del pueblo español sepa acertar la mano con la herida.

Hoy, otro dos de mayo, a diferencia de entonces, nuestra gloriosa casta política carga además de contra la gente contra ellos mismos. El rival o competidor por el botín se ha convertido en otro mameluco a descabalgar. O a fusilar si sus propios dossieres de chantaje no lo impiden. Ninguno de los ex presidentes de la cosa autonómica madrileña, retirados más o menos ignominiosamente, se dignaron acudir al acto conmemorativo de hoy.

Los dos de mayo actuales, tales como los numeritos del día de la mujer o contra la sentencia de la manada, son producto de demagogia, propaganda e histeria. Las fuerzas mercenarias al servicio del NOM, de las que el feminazismo inducido se ha revelado como de importancia capital, campan a sus anchas. Nada de racionalidad, sentido común o patriotismo. Al cabo, consecuencia de la política de devastación educativa y cultural patrocinada ya por Gramsci, que se está imponiendo aquí con la complicidad de los ineptos, corruptos o desalmados que consideran que la feliz gobernación de una nación sea cosa solo de economía. De puro pan y circo.

 

 

 

CONSOLAMENTUM cátaro en La Coruña

Desde el siglo XI al XIII el sudeste de Francia fue escenario de un movimiento religioso místico político conocido como catarismo o movimiento herético de los albigenses o los puros. En 1209 Simón de Monfort había tomado uno de sus bastiones, la que entonces se creía fortaleza inexpugnable de Carcassonne. Todo el territorio del Languedoc y, en especial, el último bastión cátaro, el castillo de Montségur en las estribaciones del Pirineo, está relacionado con la hermosa leyenda del grial. Al parecer, según documentos de época, en enero de 1244 poco antes de la caída de la fortaleza bajo las tropas del Papado, cuatro cátaros se descolgaron por el precipicio cercano portando un pequeño tesoro en el que según la leyenda estaría incluido el propio grial. El 16 de enero caía el bastión y más de doscientas personas entre hombres, mujeres y niños fueron quemados vivos por las fuerzas del Papado en la explanada existente bajo el castillo llamada desde entonces Camp des Cremats.

Hoy existe una estela conmemorativa del terrible genocidio. Presenta una cruz paté y otra druídica, con una inscripción dedicada a los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano.

¿Por qué fueron combatidos los cátaros con tanta saña y crueldad?  Desde el punto de vista espiritual participaban de gnosis, de una relación íntima entre el hombre y la Divinidad, sin intermediarios. Este supuesto ponía en cuestión radical todo el aparato de poder material eclesiástico. Es decir, una vez más la misma disyuntiva entre Espíritu y Poder material.

El consolamentum es una especie de sacramento propio de los cátaros, puros o albigenses. Se encuentra ligado a una transmisión espiritual de maestro a discípulo y asociado a un libro, habitualmente cerrado, que representa el libro de San Juan.

Para algunas tradiciones este libro es el que aparece en una carta del tarot. Bien abierto como en el de Marsella o bien cerrado como en el tarot de Visconti Sforza. Un tarot pintado por Bembo a mediados del siglo XV, que se conserva en varios museos, salvo cuatro cartas perdidas. Una de ellas, la del diablo, acaso hecha desaparecer por el mismo maligno.

Según ciertas tradiciones posteriores vinculadas al enigmático Leonardo y sus hipotéticas relaciones con la heterodoxia cátara, tal libro de la carta del tarot pudiera ser una obra de fray Amadeo de Portugal, hermano de Beatriz de Silva, la fundadora de las concepcionistas y fundador él mismo de cierta rama de los franciscanos con algún parecido a la propia reforma del Carmelo. El beato describe revelaciones relativas a San Juan, obtenidas durante éxtasis místicos: en efecto, en su Apocalipsis nova, uno de cuyos ejemplares se encuentra en la biblioteca de El Escorial probablemente gracias a don Diego Hurtado de Mendoza y codificado por su bibliotecario Benito Arias Montano con la signatura secreta relacionada con el cinco.

Pero, lo del tarot de la Casa Ducal de Milán, ¿era capricho de potentado o medio de transmisión de Conocimiento o de alguna tradición esotérica o iniciática?

Eliphas Levi decía que el tarot “acaso sea la obra maestra del espíritu humano y, con seguridad, una de las cosas más bellas que la antigüedad nos ha legado”. Y la Belleza afirman los platónicos que tiene un fin práctico: ayudar a la contemplación del Uno. Pues la Belleza es el resplandor de la Verdad. Cada arcano tiene su significado y se relaciona con los otros. Así, el arcano mayor de ordinal uno, El Mago, suele indicar un comienzo, que algo es posible, que se puede empezar, y además, ahora. Es una invitación a encarnar la energía que llamamos consciencia. Pero cada arcano está constituido por toda una constelación de símbolos, que como las estrellas tienen una realidad propia aunque sean ordenada de modo psicológico. El dos es dedicado a la figura de la papisa, según el tarot de Marsella, o de una dama vestida con hábito franciscano según el tarot de Visconti Sforza con un libro en la mano, que es la carta o arcano mayor al que ya hemos hecho referencia. En otras variantes formales aparece con la cruz del Languedoc cátaro.

El tarot, al que vulgar y habitualmente se le relaciona con el inframundo de lo que Cervantes llamaba “echacuervos”, es decir de los embaucadores de incautos e ignorantes, ha ejercido una gran atracción sobre muchos investigadores del Conocimiento.

Y constituye un lenguaje con su propia gramática, semántica y pragmática. Los algoritmos gramaticales del tarot varían con las diferentes escuelas e incluso con el propio modo particular de hacer las cosas, con la propia maniera. Pero la semántica a diferencia de los lenguajes con códigos cerrados es abierta, y como en todo lenguaje simbólico inaprensible en su integridad. Casi se puede hablar de idiolectos o lenguajes particulares, al menos desde el sentido último que se escapa en cada arcano o arquetipo. Un arcano, es un aspecto de la eternidad cuyo conocimiento no es accesible totalmente a la mente humana.

El tarot presenta veintidós arcanos mayores y cincuenta y seis menores que ayudan como en el famoso mito cretense a explorar el laberinto del inconsciente. Por tanto no está destinado a aspirantes a Teseos inmaduros o de mente frívola, ni para racionalistas que suprimen la dualidad humana, la dialéctica entre el día y la noche. Pero, como diría Jung, sirve a las gentes pensantes y reflexivas a las que gusta meditar acerca de lo que hacen y lo que les ocurre.

Existen diversas versiones o escuelas de tarot. Aunque de procedencia al menos medieval y luego renacentista, una de ellas fue desarrollada hace poco más de un siglo por un coruñés muy famoso en Francia aunque olvidado en su tierra natal, el Doctor Encausse, más conocido como Papus, estudioso de la Tradición Occidental quien renovó la Orden Martinista y desarrolló dos formas distintas del tarot de Marsella: el divinatoire y el de los bohemiens.

En Occidente, la Psicología, pese a lo que su propio nombre indica como ciencia del alma, se encuentra muy materializada, no obstante estar deambulando en la tierra fronteriza de lo invisible, y pretende descartar la palabra conciencia como algo diferente de lo físico. Para colmo, muestra una especie de síndrome de Estocolmo llamada Conductismo. Desde esa perspectiva materialista el mecanismo del tarot resulta incomprensible. Como lo es el fenómeno de la precognición, criptestesia o clarividencia referentes al futuro, estudiados entre otros por Osty o el gran Richet, Premio Nobel 1913.

Sea como fuere Jung y Pauli entendían estas cuestiones y, en general, las relacionadas con la mántica gracias a lo que llamaban el principio de sincronicidad: una relación inteligente pero no causal de acontecimientos, de modo que si se acepta la existencia de un espacio intermediario, ni interno o psíquico, ni externo o ambiental, pudiera interpretarse el fenómeno del sincronismo como una participación de lo anímico interno y de la realidad externa en los fenómenos de este mundo intermediario. Así, al consultar el tarot caben varías hipótesis: que informaciones metapsíquicas puedan influir en el orden de las cartas. Que las cartas actúen como inductores en el psíquismo del consultante o del interpretador. Bien porque la psiquis no es localizable espacialmente o bien porque el espacio es psíquicamente relativo. En todo caso, nunca cabe definir un código totalmente cerrado de interpretación.

Por si esa dificultad aún fuera poca, hay que añadir el que el tarot es un lenguaje total, sistémico. Como acaso diría von Bertalanffy, supone un paradigma diferente de la visión mecanicista del mundo. Su funcionamiento estaría más próximo al de las partes analógicas o sinópticas del famoso diccionario ideológico de Julio Casares o al de los mapas o cartografías mentales de lo que Buzan llama pensamiento irradiante.

El tarot puede entenderse como una manifestación del lenguaje sagrado o, al menos una ventana abierta al mundo de lo numinoso. Y, en consecuencia, si se usa con sensatez e inteligencia, una vía para conocernos mejor a nosotros mismos.

El cinco de oros tiene varios significados en el tarot.

Para Jodorowsky: “El 5 abre caminos para el conocimiento de uno mismo o propone ideas brillantes”. Se trata de la invitación a una aventura, a un comienzo, a iniciar algo nuevo, aunque en el caso de los oros él la identifica con el dinero.

Sin embargo, para Roso de Luna el cinco de oros tiene que ver con la realización espiritual. Con el oro del conocimiento iniciático. En El tesoro de los lagos de Somiedo cuenta que en cierta talla existente en una ermita berciana asociada a la tradición templaria, el cuatro de copas de la crucifixión del espíritu en la materia es cambiado por el cinco de oros: “El Niño, el Adepto, en respuesta a las palabras del salmo treinta pronunciadas por el candidato, de Ego autem in te speravi, Domini Dixi: in manibus tuis sortes meae, le alarga el Oro del Conocimiento iniciativo, con el cinco correspondiente, al par que le retira el naipe simbólicamente contrario, o sea el cuatro, que es de copas, por representar éstas el vino de las pasiones que embriagan a los humanos, sometiéndolos a la tiránica, cuanto grata, ley del sexo, y es un cuatro al par, como símbolo de la crucifixión en la carne, la limitación, la caída en el sexo. Queda así constituido en conjunto el emblema rosacruciano del cinco con el cuatro, del Conocimiento con la Pasión, de la Rosa con la Cruz”.

El tarot puede considerarse un medio de transmisión de la Tradición, pero pese a la opinión de Levy no creo que de los más importantes, aunque lo haya sido en algunas épocas y para ciertos movimientos históricos heterodoxos.  En mi opinión, lo es más la arquitectura sagrada, al menos aunque sólo fuese desde el punto de vista de ser menos perecedera, más permanente en el tiempo.

Pero volvamos al tarot en relación con el consolamentum cátaro y miremos algunos de sus arcanos menores presentes en la arquitectura románica coruñesa.

El arte gallego nos depara muchas sorpresas. Algunas que parecen íntimamente relacionadas con la gnosis y el movimiento cátaro.  Un ejemplo: en la puerta Norte de la catedral de Lugo se muestra un capitel con la sagrada cena en la que aparece una figura femenina ¿acaso la Magdalena? apoyada en el pecho del Salvador. Como se observa en la imagen no hay duda de que el personaje es una mujer. La dulzura del rostro, la melena, el collar…

Pero una sugestiva combinación de consolamentum, tarot y arquitectura sagrada se encuentra en la ciudad vieja de La Coruña, en la antigua iglesia de Santiago, interesante ejemplar de la arquitectura típica gallega de origen románico modificada luego en gótico. Tiene tres ábsides semicirculares con columnas y canecillos en el Oriente. En el Norte destaca el tímpano con el agnus dei y la cruz patriarcal, característicos del sanjuanismo y de la antigua Tradición solar.

En Poniente posee una puerta románica al modo compostelano y de arcos apuntados. Pero cabe fijarse en las jambas de las puertas. Aparecen dos figuras. Una tiene un libro cerrado sobre su cabeza, encima del libro se muestra un ángel, el mensajero con una filacteria. Los ángeles transmiten mensajes, dan consuelo, protegen e invitan al desenvolvimiento espiritual. El personaje hace el signo de fe con una mano y con la otra mantiene el bastón cetro de Santiago. Pero, si esta es singular y enigmática, la figura de la jamba opuesta llama la atención con el índice sobre un naipe, el cinco de oros que sostiene y muestra, enigmático, al visitante. El libro cerrado puede asociarse a la tradición gnóstica del maestro Mateo y su versión del Apocalipsis genialmente interpretada en el Pórtico de la Gloria. Mas el libro está cerrado y sus sellos, trasunto de los chacras o centros psíquicos humanos ¿también lo están? Una forma de esta Gnosis, como lo fuera el priscilianismo es la del catarismo. Pero también puede ser una referencia al evangelio de San Juan. ¿Esta figura con el libro cerrado sobre la cabeza nos muestra el consalamentum? ¿Casualidad o capricho del artista? Es posible, ¿pero también lo es la extraña figura de la jamba opuesta?

Como ya hemos visto, en la iconología tradicional el cinco de oros suele asociarse al cuatro de copas. Que representan el cinco, lo espiritual y los cuatro elementos materiales o lo pasional. La realización espiritual del hombre sublima las pasiones cambiando un naipe por otro.  A veces el libro cerrado, la palabra perdida, se asocia al grial, una sabiduría inalcanzable. Pero es una copa y no cuatro: ¿habría un cuatro de copas en la iglesia primitiva antes de su reforma?

Para Fulcanelli, la obra en alquimia se expresa de modo simbólico por un libro abierto o cerrado según que la materia prima haya sido trabajada o solo extraída.

El cinco de oros también significa una invitación a la aventura espiritual, a cruzar el umbral de lo sagrado. Suma del primer número par y del primer impar y medio de los primeros nueve, según los pitagóricos es signo de unión del centro, de la armonía. De la unión o bodas alquímicas entre lo celeste y lo terrestre.

En el interior del templo coruñés de Santiago nos hallamos ante una ancha nave dividida en tres grandes arcos apuntados que sostienen la cubierta, en el testero se ven tres arcos de medio punto, acceso a los ábsides donde estarían los arranques de las ahora suprimidas tres naves iniciales típicas que derivaron en única tras la reedificación del siglo XVI. Se siente una gran fuerza telúrica cerca de la puerta, hacia el mediodía, por donde quizás discurriría la separación entre naves. No sabemos dónde se manifestaba esta energía antes de la reforma.  Pero la energía telúrica transformada en el templo nos puede ayudar a elevar nuestra conciencia.

No es solo la inteligencia lo que nos permite avanzar. Se precisa la voluntad. Saber y querer ayudados por el espíritu, permiten trasformar la piedra bruta, abrir el libro cerrado de nuestros cuerpos y mentes. Y cambiar el cuatro de copas por el cinco de oros.

Así sea.

 

 

 

 

La Candelaria asoma

Dedicado a mis queridos amigos Milagros y Alejandro.  En homenaje a su gran y antigua amistad.

Hace cinco años escribía este texto:

“Ascendía desde el Tajo en la penumbra de sombríos pensamientos hacia la catedral junto a mi buen amigo el alquimista toledano Alejandro Vega, humilde sabio que se ha hecho uno con la conciencia numinosa de Toledo, la antigua ciudad sagrada, ombligo de Castilla y de España.

Mira. Es raro, todo un privilegio: hoy podemos entrar por la Puerta de los Leones o de la Alegría. Cruzamos el umbral. La figura de Cristóbal, el portador de la Luz, esa pesada inocencia que supera las fuerzas del coloso, nos muestra la enormidad de la carga que espera a quien trata de mantener la dignidad aún en tiempos tumultuosos. Seguimos por el deambulatorio. Al fondo en Poniente, la capilla mozárabe, donde aún se celebra el viejo rito hispánico, respetado durante la dominación musulmana de la ciudad, mas arrumbado luego por la influencia francesa. En la capilla de san Martín el caritativo santo nos señala la dualidad así como diferentes modos de iniciación. En la de los dos Juanes solsticiales se conserva uno de los pilares de la mezquita sobre cuyo solar se edificó la catedral. Y en la de san Eugenio, yeserías mudéjares en el arco sepulcral de Gudiel. En el noroeste, junto a otro pilar donde la leyenda sitúa el descenso de la Virgen para imponer la casulla a san Ildefonso se venera la piedra sagrada donde posaron sus píes. En el trascoro la Virgen de la Estrella expande su potente energía curativa.  Y en el exterior del coro, Alejandro me muestra figuras de templarios con su tau, así como una representación de la leyenda de Hiram Abí, el maestro de los masones.

De oca a oca, vamos hacia el mayor monumento en homenaje al grial que existe en España. Mira desde aquí el Trasparente del maestro Narciso Tomé. El Cabildo a principios del siglo XVIII quiso iluminar la zona posterior del sagrario para lo que encargó perforar parte de los muros del trasaltar de la capilla principal. Parece un sacrilegio perpetrado contra la obra gótica, pero no lo es. En realidad, es una culminación de la Gran Obra, la Solar. Cuando se eleve sobre el horizonte, un rayo de sol atravesará el círculo abierto en la bóveda original y penetrará con su luz primordial, fecundándolo, el centro entre los arcángeles. Observa el altar sobre el campo de estrellas de seis puntas, rodeado por el damero masónico de la dualidad sobre la que se apoya el conocimiento.

Sí que recuerda al famoso verso gongorino: “(el sol) en campos de zafiro pace estrellas”.

Pero como casi siempre lo más interesante está oculto a la mirada profana. Así la cámara sagrada situada detrás, entre él y el altar mayor, donde se custodia el sagrario, al que acceden las monjas cuidadoras. Allí está guardado el pelícano. Sí, el pelicano, el ave sagrada, símbolo de Cristo, emblema de la Rosa Cruz y de profundo significado místico. El del propio sacrificio. El principio creador y vivificante que se entrega para alimentar a sus criaturas. El sol, el fuego que permite la vida.

Antes de irnos, toca aquí, este pilar de la capilla de san Ildefonso, junto a la tumba del maestro Martín y los tres peldaños iniciáticos. Es tremendo el caudal vibratorio. Más aún quizás que en el parteluz del Pórtico de la Gloria compostelano. Donde más energía hay en Santiago es en la parte del altar, donde se abraza al Apóstol y en la cripta que guarda el sepulcro, pero las últimas obras además de eliminar el damero masónico del piso, han debilitado el efecto energético original.

Cae la tarde, mientras nos alejamos en dirección al pequeño cigarral de mi amigo, vuelvo la cabeza hacia la vieja ciudad gris y me fijo en las tres coronas que coronan la torre de la catedral. Son las tres coronas de poder sobre sus respectivos mundos que figuran coronar la cabeza del sabio constructor.

Toledo a veces enseña alguno de sus misterios, sus secretos, a los buscadores sinceros. Es un Libro escrito en una lengua ya olvidada. En un principio fue el Verbo pero en esta era de sombras y penumbras quedan sólo sílabas casi indescifrables de la antigua palabra perdida. Mi amigo lleva toda una vida buscando y reuniendo en la catedral primada los restos de ese lenguaje. Su semántica, su pragmática, su gramática. Me consuelo, confortado por la visita  al ombligo de España, con la idea de que el pelícano es fuerte, pese a ofrecer su propia sangre a sus hijos, y que, aunque falle la voluntad de ser o el conocimiento del arquitecto de las tres coronas, en todo caso, el Gran Arquitecto del Universo no va dejar de proteger a España y guiar con su Luz a los españoles.

Atrás queda el antiguo minarete de san Miguel, la casa del duende con sus misteriosos subterráneos, pero la Candelaria asoma y es la propia ciudad de Toledo quien la porta como un san Cristóbal”.

 

Con motivo de la presentación de una nueva edición de su famoso libro Introducción al Toledo filosofal, el pasado otoño tuve la oportunidad de visitar con Alejandro de cicerone otra vez el barrio templario de San Miguel, así como los subterráneos de la casa del duende, que otrora fuera taller del maestro Quismondo. Una casa tradicional toledana y un lugar de extraordinario interés, insólito, muy diferente de lo que el público puede visitar habitualmente.  En la penumbra de los recovecos de sus múltiples galerías y pasadizos se sienten las diferentes energías de la milenaria ciudad. De su memoria histórica.

Una especie de escondido eterno inconsciente colectivo, de viejas emociones y sentimientos, confundidas en el Espacio y el Tiempo. Del Ser que hace esfuerzos por Ser, tomar consciencia y mostrar así las glorias del micro y macrocosmos, las que corresponden a una vida en plenitud.

Ya en el exterior, junto a la aguja de acupuntura del campanario de san Miguel, en una de las colinas de Toledo, la Luz asoma en la calle de la Candelaria.

Entre un halcón de cetrería con el capirote puesto y un león dormido, ya lo decía nuestro gran Cervantes en el frontis de la Primera parte de El Quijote: “Spero lucem post tenebras“.  Ojalá su triunfo sea también el nuestro como criaturas en pos de realizar los más íntimos y queridos anhelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dualidades toledanas

El pasado jueves se presentó en Toledo la segunda edición de todo un clásico. Introducción al Toledo filosofal de Alejandro Vega, obra pionera muy querida por el autor en la que ya hace más de un cuarto de siglo plasmaba algunas de las relaciones entre el Arte de la Alquimia y la milenaria ciudad española.

 

No es, de naturaleza oportunista como tantas otras hoy al uso, un corta y pega, tente mientras cobro o granjería de echacuervos que tenga a Mercurio, el dios del comercio como patrón, sino por el contrario a Minerva, la diosa de los ojos glaucos, patrona de la Sabiduría.

 

En la misma línea de la propia Tradición alquímica no es obra fácil de entender sobre todo sino se aborda con la adecuada actitud espiritual y el ánimo de comprender y aprender. No habla solo a la mente sino también al corazón.

 

El acto estuvo muy concurrido y en él intervinieron un notable cabalista y un profesor de universidad. Dos planteamientos complementarios en lo intelectual pero únicos en lo que se refiere a la simpatía por el autor y su obra.

 

Antonio Chaves Jiménez estudia la cábala original, la del conocimiento de los mundos superiores, espirituales o metafísicos, la propia de los hombres justos en la mejor tradición del genuino judaísmo español. Hoy tantas veces desvirtuada para desgracia de la Humanidad y del propio Judaísmo por echacuervos, jázaros, sionistas o babilonios. Antonio conoce entre otras la escuela del sabio maestro austriaco Friedich Weinreb y explicó algunas de sus relaciones con el árbol sefirótico.

 

Joaquín José Sánchez Gárquez por su parte disertó sobre diversos aspectos simbólicos de la obra y reconoció la influencia que había tenido en su comprensión y amor a Toledo.

 

Les agradezco a ambos me diesen luego la oportunidad de conocerlos mejor y obtener datos, consejos e ideas valiosos.

 

Durante la luminosa mañana del viernes tuvimos la suerte de poder dar un memorable paseo por Toledo, en especial, por el área que otrora fuera ocupada por los templarios, próxima a la parte oriental de la catedral, hasta llegar a través de la calle de Locum, la plaza del Seco, la calle del Can hasta la Candelaria.

 

La rica y sugerente toponimia toledana adquiere su pleno significado cuando es integrada como hace Alejandro Vega con la maestría que dan muchos años de dedicación y estudio.  Da gusto pasear con él por las calles y callejas de la ciudad entre adarves y nombres a cada cual más sugerente. Ya decía el Doctor Alfonso que una forma de hacer arqueología además de la que se basa en pruebas materiales es la seguir la pista a antiguos mitos, nombres y leyendas, lo que pudieran considerarse pruebas o testimonios inmateriales pero de capacidad ilustrativa o incluso probatoria no menor. A los datos se le añaden criterios estéticos, los rumores misteriosos o legendarios, que muestran claves de la realidad más auténtica. En Toledo leyenda e Historia se confunden, como en la mansión del grial lo hacen Espacio y Tiempo.

 

Toledo fue emporio de las Letras, depósito de conocimiento. Es un libro que hay que leer despacio, página a página, calleja a calleja. Aunque no todos los lectores sean capaces de entenderlo como Alejandro. Toledo, el lugar donde hubo una gozosa hierofanía, se manifestó a la Humanidad la Revelación de nuestro Señor Don Quijote, aunque el gran Cervantes sabemos que es poco sincero en ciertas cosas importantes.

 

No nos encontramos con el fantasma de Ángel Guerra con su misticismo decadente y desorientado, retazos más o menos inconexos de un magnífico esplendor sincrético anterior, vagabundeando por esas callejas, si bien acaso no se pueda afirmar lo contrario. Y es que el siglo XVII marcó una gran decadencia a la que no escapa Toledo: Se derriban joyas arquitectónicas para construir conventos u otros edificios espantosos o insustanciales que constituyen un penoso laberinto para el alma.

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La fachada occidental de la catedral muestra la famosa puerta de los sabios con su simbólico parteluz alquímico. Y bordeando el majestuoso templo por la parte Norte, la calle Hombre de palo, en la antigua Alcaná de la que luego hablaremos.

 

El llamado taller del Moro luce su restauración. Su precioso artesonado. Su vista de los jardines del Palacio de Fuensalida, a través de unas ventanas que permitieran contemplar el Paraíso.

Pero pocos viajeros advierten algunos detalles que nos muestra Alejandro. Así, las palomas o las manos de Miriam o de Fátima, poderoso amuleto de protección en las dependencias privadas. O en el precioso brocal de pozo esmaltado.

 

Bien y Mal, Belleza y mal gusto. Amor y Odio, Paz y Guerra son la dualidad en la que nos movemos.

 

En el misterioso y magnético antro o caverna de la casa del duende junto a la torre de acupuntura de San Miguel puede emplearse su peculiar condición vibratoria telúrica para elevar el pensamiento, nuestra propia tasa de vibración personal. Lo sutil y lo pesado. El ego y la generosidad filantrópica a través de la cadena de unión. Toda una experiencia.

Otrora también fue lugar de reunión de academias de conocimiento e investigación.

 

En las cuevas del Alcaná, junto a la parte norte de la catedral, la vibración del suelo, es notable y semejante a la de su parte meridional. Sin embargo, en ella existe una exposición de siniestros instrumentos de tortura. Al parecer todos europeos, porque lo de la leyenda negra española no deja de ser invención en gran parte de nuestros enemigos históricos estúpidamente creída e incluso resaltada por algún compatriota ignorante o malintencionado.

Pero estos instrumentos de crueldad, de maldad, de barbarie, de odio, no dejan de irradiar sufrimiento, dolor de sus víctimas. Acaso mantengan cierta utilidad como recordatorio de hasta donde pueden llegar la maldad, la perversión, la crueldad, la brutalidad.

Es difícil permanecer allí mucho tiempo sin sentirse mal, desarmonizado, incluso con la salud afectada.

Pero desde luego también conviene recordar las sombras de nuestra Historia. Unas sombras de dolor, sufrimiento y esclavitud que nunca deben repetirse, aunque importantes nubarrones en el horizonte avisan que puede volver a suceder..

 

Pero Toledo nos muestra que otro mundo es posible. La catedral con todos sus criptomensajes salvíficos y bienhechores, con todas sus sugestiones de elevación espiritual, intelectual y moral, está al lado de este antro de tortura, salvajismo y barbarie.

 

Cuando el viajero con el libro de Alejandro como guía accede a la ciudad sagrada puede intentar reproducir en sí mismo la Gran Obra.

Así sea.

 

 

 

 

 

 

 

CONVOCATORIAS: Alejandro Vega presenta en Toledo una nueva edición de su clásico Introducción al Toledo filosofal

El gran investigador de Toledo Alejandro Vega presenta una nueva edición de su ya clásico y pionero por tantos conceptos, Introducción al Toledo filosofal.

Precisamente, tuve el honor de conocer al autor y hoy gran amigo hace más de un cuarto de siglo durante una de sus sugestivas y memorables visitas guiadas nocturnas a la milenaria y misteriosa ciudad del Tajo. Creo recordar que entonces  la llamaba El Toledo alquímico.

Alejandro conoce Toledo monumento a monumento, calle a calle, piedra a piedra.  Es un placer poder disfrutar de su compañía y aún más en un escenario histórico, rodeado de arte, lleno de misterios y leyendas.

En la estela de los antiguos maestros de la Tradición, Alejandro pone su conocimiento y sabiduría con total generosidad a disposición de quien tenga oídos para oír y sepa y quiera escuchar.

La interesantísima web de Alejandro Vega se llama El Toledo escondido, puede verse aquí.

El acto de presentación tendrá lugar el jueves 16 de noviembre a partir de las siete de la tarde en la biblioteca de Santa María de Benquerencia en Toledo.

Acompañarán al autor Antonio Chaves Jiménez, investigador en cábala y alquimia y el Profesor de la UA, Joaquín José Sánchez Gárquez.

Desde La Coruña animo al que pueda asistir a este acto a que lo haga.  Seguro que le va a gustar.

Mi enhorabuena al autor.

 

 

 

 

El pelícano en la posverdad

                                                                                 

 

“La malicia introduce la discordia en el mundo y la astucia conserva al mundo en discordia y la disimulación hace bienquisto al que siembra la cizaña del propio que la padece” (Quevedo).

 

 

 

“Si los emperadores hubieran servido para algo no habrían permitido que se entronizaran los déspotas”, pensaban en el Renacimiento y aún ahora se puede seguir pensando comprobados los desastres y calamidades de las actuales intervenciones del Imperio globalista en las naciones y comunidades que ha ido haciendo sus víctimas: Vietnam, Corea, Irak, Libia, Siria, Afganistán, Centroamérica…

Con el Renacimiento hubo un tiempo en España y en el resto de Europa en que florecieron los Estados nación. Y con ellos la propia Teoría del Estado.  Una preocupación por la educación del Príncipe u hombre de Estado para evitar o al menos controlar la arbitrariedad de las tiranías. La literatura política española del siglo de oro desarrolla la teoría de la educación. Con Juan Huarte de San Juan y su Examen de los Ingenios, la selección científica de personal. Con Saavedra Fajardo y otros autores el empleo del emblema, con sus significados abiertos y referencias metafísicas, como método de educación y sabiduría.

Nuestro gran Quevedo desarrolla su compleja ideología en sus obras políticas, filosóficas, ascéticas sin olvidar en las satírico-morales joyas premonitorias de la actual teoría de la conspiración como La Fortuna con seso y la Hora de todos, donde enseña la lúcida amén de atrevida hipótesis de los Monopantos. En palabras de su personaje Rabbí Saadías: “Nosotros primer linaje del mundo, que somos desperdicio de las edades y multitud derramada que yace en esclavitud y vituperio congojoso, viendo arder en discordias el mundo, nos hemos juntado a prevenir advertencia desvelada en los presentes tumultos, para mejorar en la ruina de todos nuestro partido… hemos reconocido que no tienen comercio nuestras obras y nuestras palabras y que que nuestra boca y nuestro corazón nunca se aunaron en adorar un propio Dios. Aquella siempre aclamó al del Cielo, éste siempre fue idólatra del oro y de la usura”.

Son también plenamente actuales otras obras quevedescas, así: España defendida y los tiempos de ahora de las calumnias de los noveleros y sediciosos. O La Rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero en la que responde a la clericalista y teocrática Proclamación católica de los catalanes, denunciando su pertinaz demagogia propia de fabulosos y embusteros.

En este sucinto recuerdo no podemos dejar de citar a Gracián, cuyo traductor al alemán fuese nada menos que Schopenhauer, que expresa sus ideas políticas en El Político, El Héroe, El Discreto, El Oráculo manual y Arte de Prudencia o psicológicas en su Agudeza y Arte de Ingenio.

Cervantes también nos ofrece una genial interpretación de la naturaleza y obligaciones del Poder en los consejos de Don Quijote a Sancho gobernador.

Los grandes autores se planteaban problemas teóricos prácticos tales como el orden social, la necesidad del Poder. Las formas de Gobierno, la naturaleza del poder, la soberanía.  La destrucción del poder ordenado: la tiranía, el maquiavelismo…

Las condiciones personales del titular del poder, el concepto del Príncipe político y cristiano. O su Consejo: validos, ministros, secretarios. La condición de súbdito o incluso el problema de la opinión pública.

En efecto, el ya citado Saavedra Fajardo sostiene, Empresa XXXVIII, que “la grandeza y el poder del Rey no están en sí mismo, sino en la voluntad de sus súbditos”. “Procure el Príncipe ser amado de sus vasallos y temido de sus enemigos”. O, “¿Qué mayor infelicidad que mandar a los que por temor obedecen, y dominar los cuerpos, y no a los ánimos? Esta diferencia hay entre el príncipe justo y el tirano: que aquel se vale de las armas para mantener en paz los súbditos, y éste para estar seguro dellos.”

Pero bien sea por la pertinaz y continuada acción de los monopantos quevedescos, bien sea por el triunfo de la estulticia, el fanatismo, la ambición, la hipocresía, la corrupción o por lo que fuere, parece que estamos asistiendo en la contemporaneidad a la voladura más o menos controlada de todos estos planteamientos civilizadores, loor de la Cultura española de nuestro siglo de oro.

Los hasta ahora diversos Estados nación, sus Culturas, sus lenguas, sus sociedades peculiares, su orden propio, se van disolviendo en un nuevo magma imperial, bajo pretexto de la llamada globalización.  Un imperio sin emperador conocido, incluso el mismo Trump no dejaría de ser un subalterno, un mero actor en este proceso cuyo guión o libreto elaboran otros a los que resulta difícil poner cara o nacionalidad. Qué decir de personajillos insignificantes de reparto como el Mariano o la Soraya.

Los resultados son desoladores como estamos comprobando con la actual crisis catalana. No se pretende parar de verdad el golpe contra España sino llegar acuerdos entre golpistas de una y otra banda para asegurar la solidaridad y beneficio mutuos. Si no queda más remedio que disimular, la Justicia debe ser burlada para preservar el botín. Donde no hay Nación ni menos patriotismo, desaparece la soberanía y el dominio de la Ley. Sólo quedan entonces bandas organizadas para disputarse el botín. La banda de los Pujolone contra los de los Gürtelone. Como lúcidamente decían en El Padrino, “don Vito controla, políticos, jueces, policías y periodistas, pero no los comparte”. Y si alguien no estuviese por la labor se le chantajea o se le elimina.

Aquí, una de las cuestiones claves, ¿cómo engañar a la opinión pública?, ¿cómo lograr que bandidos y facinerosos a los que casi ningún crimen resulta ajeno parezcan santos varones? Y otra no menor, la selección de ingenios ya no se debe hacer según las ideas de Huarte de San Juan, sino entre los más chantajeables. El que no está en algún dossier acusado de algún delito o violencia debe ser descartado para ocupar cargos, porque acaso se viera en la disyuntiva de aplicar su razón y conciencia. Sin tal condición no hay visto bueno por los “Bilderberg” o grupos globalistas similares que fabrican, ponen o quitan próceres.

Otrora el símbolo del pelícano, asociado al del fénix pagano, significaba el amor del pájaro por sus crías a las que alimentaba con su sangre que obtenía picándose el pecho con su propio pico. Un símbolo muy frecuente en la iconología cristiana y en su versión como fénix, en la egipcia y rosacruciana. Se puede encontrar, por ejemplo, en San Juan de los Reyes en Toledo o en la catedral de Pamplona.

La primera corrupción de todas consiste en pudrir el entendimiento. Así, en estos tiempos de posverdad, de renuncia al universo de los valores metafísicos y su intento de realización en el plano personal, social y político, el pelícano significa otra cosa. Un temido informe para chantajear a Mariano Rajoy y otros grandes próceres de la Monarquía.

Lo dicho, fuera ya los Huarte, los Saavedra Fajardo, los Quevedo, los Cervantes, los Gracián. Su sabiduría no nos puede traer más que amargura, desazón o desgracias.

Lo importante para dirigir o reconducir el Poder en estos tiempos de globalización, posverdad y esclavitud sin soberanía, es fabricar próceres dóciles y cautivos. Los servicios secretos se desnacionalizan al mero servicio de los intereses particulares del amo.

Ya no más rollos de Teoría Política ni del Estado de Derecho, ni por supuesto de la Educación. La buena y feliz gobernación requiere disponer de buenos dossiers para chantajes.

 

 

 

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