Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Opus nigrum o Migas de pan

También llamada fase del ala de cuervo, Opus nigrum es el nombre de una de las etapas de la alquimia donde se mete la piedra bruta al horno hasta calcinación. Una fase dominada por la negrura previa al proceso de resurrección y la consecución de la Obra.

Juan Mariñas, joven y gran narrador coruñés que además de insólita brillantez y técnica tiene la osadía de escribir en español en territorio galleguista hostil, ha publicado su última novela Migas de pan. Un texto muy diferente de su anterior, Piel de Salitre, que cabría encajar en el ámbito del realismo mágico.

Pero aquí, Mariñas intenta identificar y luchar contra sus propios demonios y el resultado es un mosaico abigarrado de las peripecias vitales de un conjunto de personas interrelacionadas consciente o inconscientemente, como teselas agitadas o removidas por el temporal de la vida, sin destino ni orden aparente. Un laberinto de pasiones que se desarrolla en una más bien decadente ciudad de provincias como es la actual Coruña.

Una novela en la que apenas aparecen algunas personas nobles, dignas. Entre ellas la que lucha contra el Mal con instrumentos metafísicos. Y que nos muestra una sociedad sin proyecto, sin rumbo ni puerto, ni objeto salvo el de permanecer a flote. Que sufre quizás porque carece de una percepción metafísica de la existencia que oriente y domine el cuerpo emocional.

Migas de pan es un observatorio de gentes y de pasiones. Pocas nobles y esas raras más nobles preteridas, maltratadas si no ninguneadas por el medio social. Sexo, corrupción, droga, hipocresía, deterioro institucional, violencia soterrada o patente. Expresiones todas de formas de dominación.

Recuerda otros libros corales como los canónicos La Colmena o Manhattan Transfer. Pero aquí la sordidez, la miseria, al cabo, se manifiesta de modo distinto al de la triste posguerra española descrita por don Camilo, el del Premio.

En Migas de pan se explica una Coruña distinta a la de las postales o a la que muchos coruñeses tienen de su ciudad. Una especie de submundo, de visión del hampa que coexiste con la considerada ciudad normal, supuestamente liberal y bien pensante.

Debido a su importante documentación, un juego curioso al que se dedican algunos lectores es tratar de identificar los personajes del libro con personas conocidas. Pero más allá de estas cuestiones anecdóticas se nos invita a una reflexión sobre lo que pasa. Sobre lo que nos pasa.  Y al final el panorama es desolador.

De acuerdo con la Tradición son muchos los héroes o heroínas que viajan a los infiernos: Gilgamesh, Eneas, Orfeo, Teseo, Demeter, Dante, para lograr un rescate, el del sentido último de la Vida, el del propio alma. Pero el hilo de Ariadna era algo más sólido y duradero que las simples migas de pan.

El Arte puede ser un instrumento de liberación humana. Confiemos en que tras este libro de negrura, de lucha contra los demonios, Juan Mariñas consiga un mayor sosiego y serenidad para abordar textos más luminosos.

Un buen alquimista debe convertir el plomo en oro filosofal y nos sobra mucho plomo.

Publicado en Periodista digital

Cataluña a la conquista del Estado

La duradera crisis internacional, el fracaso de las instituciones, el avance del desempleo y la descomposición política y social, y ahora también el retoño descarado del golpismo catalán aconsejan repasar otra vez la historia española y europea en los años treinta a la que cada vez se va pareciendo más. Una época de profundos cambios, de intentos de recomposición territorial especialmente por los nazis, con su política anexionista de naciones vecinas y, al cabo, de crisol ideológico o desestabilización de toda una civilización que se tensa hasta la ruptura desde sus extremos.

Una época parecida a la presente en la que vuelve el pangermanismo esta vez financiero pero quizás no menos desestabilizador que el de otras ocasiones. Aunque aquí en España presa de la descomposición de las instituciones de la mal llamada Monarquía parlamentaria, un régimen oligárquico cada vez más corrupto e ineficaz, no sabemos muy bien si estamos antes de las elecciones de abril del 31, durante el golpe de Estado de Maciá en ese mismo mes o del de Companys en octubre del 34.

Una época, como la de los treinta del pasado siglo, que a nivel internacional se caracteriza por el fracaso del capitalismo financiero para hacer progresar las naciones, es decir por una deslegitimización progresiva de las instituciones económicas y financieras liberales que habría de tener consecuencias políticas. Un vaciado, ya sin disimulos, del escaso contenido democrático de los sistemas políticos cuyas principales decisiones se toman por poderes fácticos extramuros sin intervención del pueblo. y, en consecuencia, por el auge de los movimientos antiliberales, autoritarios, de uno u otro espectro.

De uno de estos movimientos cabe recuperar por su interés desde el punto de vista de la teoría de la ideas así como de la mejor comprensión de nuestra historia contemporánea, la obra del filósofo y metafísico don Ramiro Ledesma Ramos, que escribiría La Conquista del Estado. Ledesma, al que Ortega consideraba como uno de sus más brillantes discípulos, colaboró en La Revista de Occidente y en La Gaceta literaria. Pero también intentó algunas acciones políticas. En especial, las llamadas Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS).  Intelectual de rigor, Ledesma Ramos publicó un semanario durante algunos meses del año 1931, desde el 14 de marzo hasta el 24 de octubre. En total 22 números de una revista homónima con su principal obra de teoría política, la ya citada La Conquista del Estado. Y en la que colaboraron con artículos de opinión, algunos muy ilustrativos como documentos históricos, los personajes más dispares y variopintos.

Pero más allá de las simpatías o antipatías que nos merezcan las ideas políticas del autor así como de importantes matices que pudieran hoy considerarse, el caso es que el tema del endémico golpismo catalán es tratado con gran lucidez, y teniendo en cuenta que los textos están publicados durante el año 1931, con indudable sentido profético.

En efecto, durante su corta vida, cercenada por la censura gubernamental republicana, la revista se preocupó varias veces de tratar el tema catalán. Siempre con valentía y franqueza no políticamente correcta. Por su especial actualidad y clarividencia cabe reproducir algunos párrafos del semanario.

Así, en su número 8, del 2 de mayo de 1931 criticaba la deslealtad de Cataluña y lo calificaba de “alta traición….al instalarse en España la República los núcleos catalanes separatistas antepusieron la satisfacción de sus afanes a los intereses del Estado republicano naciente. Sin temer la posible reacción que en el Ejército o en el pueblo españoles pudiera provocar su actitud egoísta, proclamaron el Estado catalán y nombraron su gobierno. ..no nos oponemos a que el futuro Estado republicano adopte una articulación federal. Tan sólo hemos de insistir en que todo el periodo constituyente esté presidido por el interés supremo, que es el interés de España. Inclinarse hacia o preferir la estructura federal porque una o dos comarcas sientan reverdecidas sus aspiraciones locales, nos parece un profundo error.  En nombre de la eficacia del nuevo Estado, sí. En nombre de los plañidos artificiales de las regiones, nunca”.  

La preocupación por el devenir de los acontecimientos crecía. En el 14, del 13 de junio de 1931:

Hay que impedir que la disolución de España se lleve a efecto con música de aplausos, obligando a los disidentes a una acción armada. A nosotros no nos importa la concesión de autonomías administrativas, pues esto favorecería quizás la eficacia del Estado. Pero sí denunciamos que no es eso ni nada que se relaciones con eso lo que solicitan y quieren los separatistas. Existe todo un programa de asalto a la grandeza hispánica, al que colaboran los inconscientes de más acá del Ebro en nombre de la turbiedad democrático-burguesa que concede libertades y disuelve pueblos. La política separatista se propone realizar sus fines en tres etapas.

Una, la actual, encaramándose a los puestos de influencia en Cataluña y desde ellos educar al pueblo en ideales traidores. Otra, intervenir en el gobierno de España, en el Poder central, con el propósito firme y exclusivo de debilitar, desmoralizar y hundir la unidad de nuestro pueblo. Por eso decíamos hace quince días que no hay que prestar sólo atención a lo que los catalanes pretendan y quieran para Cataluña, sino más aún lo que pretendan y quieran para España. Su segunda etapa consistirá, pues, en debilitar nuestro ejército, esclavizar nuestra economía, enlazar a sus intereses las rutas internacionales, propulsar los nacionalismos de las regiones haciéndoles desear más de lo que hoy desean, lograr, en fin, que un día su voluntad separatista no encuentre en el pueblo hispánico, hundido ye inerme la más leve protesta. La tercera etapa, cumplida en el momento oportuno consistirá en la separación radical.

Y prosigue el autor:

“Este plan lo hemos oído de labios de uno de los actuales mangoneadores de la Generalidad. Es indigno y cobarde. Denota una impotencia ruin y, pues si un pueblo desea y quiere la independencia la conquista por las armas. Pero es que no se trata del pueblo, del magnífico pueblo catalán, sino de una minoría bulliciosa que sabe muy bien no le obedecería el pueblo en su llamada guerrera. De ahí el plan, las tres etapas criminales que antes apuntamos”.

Una opinión emitida ¡en 1931! que no dejaría de ser profética: Fracasado el intento golpista criminal de Companys del 34, los golpistas fueron detenidos por el gobierno republicano de Lerroux o huyeron por las cloacas de Barcelona.

Pero en esa tercera etapa estamos otra vez hoy, en diciembre de 2013.

Resulta ya extemporánea, por tardía, la receta que ofrecía Ledesma Ramos entonces para combatir la sedición catalana:

España debe batir ese plan, que lleva consigo el propósito de reducir a cenizas la prosperidad de nuestro pueblo. Y hay que batirlo con estrategia. La más elemental indica que conviene acelerar este proceso y plantear a Cataluña, en estos minutos de optimismo robusto para el pueblo español por haber destruido el feudalismo borbónico, el problema de la hispanidad. Derrotar a mano armada sus pretensiones, obligarle a la lucha, provocar, en una palabra, la fase final del plan. Elegir el día y hora de la batalla”.  

No se ha hecho. Los sucesivos gobiernos borbónicos han dejado que creciera el cáncer negando que hubiera problema alguno de vulneración de la legalidad constitucional y de los derechos civiles o para la unidad de la Nación española consagrada en la constitución. Y el actual valido real es un galleguista acomplejado y cobarde, que demuestra con su conducta, detentar el poder  para complacer a las oligarquías sobre todo alemanas y catalanas por lo que, por desgracia, del que no cabe esperar ninguna muestra de valentía o gran patriotismo.

En el número 15 de la revista, de 20 de junio de 1931, insiste en la incapacidad del gobierno y su falta de respuesta al desafío separatista.

“En nuestro último número quedaron suficientemente aclarados y denunciados los propósitos desmembradores. El Gobierno provisional derrotista sufre impávido el bombardeo de Maciá y se despoja cobardemente de toda autoridad en Cataluña. ..Pero hemos de salir al paso de una tendencia peligrosísima que con toda ingenuidad acepta un buen número de españoles. Indignados por la perpetua perturbación catalanista, exclaman un “Qué se vayan de una vez” esa pobre solución haría el juego rotundo a los traidores. Constituiría el éxito radical de los quinientos separatistas que hoy imponen sus gritos a Cataluña por la cobardía y debilidad del Gobierno de Madrid. Nada de permitirse las fugas. Un pueblo que permite la desmembración d su territorio y que otorga sin lucha patentes de nacionalidad a los núcleos insumisos, es un pueblo degradado, hundido en su vileza histórica, sin voluntad alguna de conservación…

Cataluña no pertenece a un grupo de catalanes. Ni a la totalidad de los catalanes siquiera. Pertenece a España, y los catalanes tienen derechos en Cataluña sólo en tanto son españoles. Conspirar contra España es conspirar contra sus derechos en Cataluña, es despojarse de su cualidad de catalanes.

Ni por sorpresa, ni por despecho, ni por las armas consentiremos jamás la separación de Cataluña”.    

En su número 17, de 4 de julio de 1931, también habla del golpismo catalán, con permanente actualidad.

“Nosotros esperamos que las Cortes constituyentes rechacen el famoso Estatuto que ahora  se elabora en Cataluña. Veremos que hacen entonces esas turbas reaccionarias de Maciá. Si apelan a la violencia es el momento de aniquilarlas sin compasión…hay que vigilar las posibles traiciones que se avecinan y exigir los castigos más duros para los que pretenden explotar la errónea deslealtad de una parte de Cataluña. Ahí está como primer blanco el babélico Marcelino Domingo, el del bilingüismo, y sus huestes radicalsocialistas, que se emocionan ante probabilidad de que los diputados traidores que vengan con Macíá se unan a ellos en la Cámara,

Marcelino Domingo, ministro del Gobierno nacional, apoya las estridencias de los separatistas, las halaga y justifica, para luego implorar el limosneo de sus diputados. Todo se reduce pues, a egoísmo de partido, sacrificando los intereses más graves de España a una ambición criminal que equivalga a reforzar su minoría parlamentaria. Puede presumirse la meta nacional que informará a hombres así, que pactan con los traidores y hostigan las locuras para aprovecharse de ellas. …habrá que inhabilitarlos para toda función de gobierno.

Si como en todas partes se dice, Cataluña va a obtener un régimen en cierto modo autonómico, ello debería traer como consecuencia la debilitación de los núcleos catalanistas, que una vez conseguida su pretensión tenderían a disolverse. Pero ello no ocurre y he aquí un fenómeno que da plena razón a nuestras campañas.

En Cataluña el timón lo llevan los separatistas y todo cuanto obtengan les servirá para avanzar más en sus pretensiones. El germen conducirá a la separación radical. Hay que darse cuenta de esto y no hacer luego gestos de extrañeza.

Pero la separación es imposible mientras no lo tolere el resto de España. Cataluña no es una nación que pueda reclamar derechos de esa índole. Aunque el clamor separatista en Cataluña fuera absoluto, esto es que fuera unánime, sin una sola excepción, la petición de independencia, España podría y debería contestar con lenguaje de cañón. La separación de Cataluña necesita la voluntad conforme de todos los españoles, y es de suponer que no se degradará el hispanismo hasta el punto de permitir desmembraciones de ese linaje. Si una mayoría de catalanes se empeñan en perturbar la rita hispánica, habrá que plantearse la posibilidad de convertir esa tierra en tierra de colonia y trasladar allí los ejércitos de África. Todo menos…lo otro. El resto de España no ha hablado aún sobre el problema. Y su voz es decisiva en este pleito”.     

El 25 de julio en su número 19 volvía a señalar que  el Estatuto catalán hace que Cataluña se despoje tan solo de las atribuciones molestas y acumula para el Estado (¡!) catalán el control de todo lo que constituye la actividad fecunda de un pueblo . …asistimos pues al triunfo del criterio separatista. Pero lo más grave del episodio no es a la postre la independencia de Cataluña sino que ello se realice y consiga a costa de la vitalidad española… estamos ante un caso de defensa nacional”.

Y a continuación se queja de que el Estado le reprima a él, a Ramiro Ledesma Ramos, por denunciarlo pero no a los separatistas: Por nuestra parte tenemos muy claro el síntoma de que se les defiende bien aquí: Una maniobra policíaca del Director de Seguridad me envía a la cárcel, sin intervención del juez, como preso gubernativo por el nefando delito de defender la integridad del Estado”.

Se interrumpe así la publicación de la revista hasta el 3 de octubre de ese mismo año de 1931 en que se inicia una segunda pero muy efímera etapa hasta su liquidación gubernamental definitiva. Tras otra contundente declaración en su primera página incluye un escrito colaboración de don Miguel de Unamuno.

Se ha hablado de un hecho, del fet catalán, del estado de conciencia del pueblo catalán; pero se ha olvidado otro hecho y es el estado conciencia del resto del pueblo español, o del pueblo español todo, y es inútil querer hurtar el conocimiento de esta legalidad tal y como ella se nos presenta…. Es mejor luchar claramente que abrazarse con mentiras y con engaños.  El plebiscito se ha hecho muchas veces… Hay una voluntad radical, de raíces, y hay una voluntad que pudiéramos llamar folicular, de hojas, de follaje, de hojarasca. La voluntad radical es permanente, la del follaje es cosa pasajera. Vienen los vientos de otoño y arrastran las hojas secas lo mismo que arrastran las papeletas de votos. No. La voluntad de un pueblo no es tan fácil de conocer, sobre todo cuando no se le puede ilustrar suficientemente respecto a aquello sobre lo que tiene que decidir”.

Y Unamuno nos recuerda luego el ejemplo de la secesión norteamericana: Y el problema de la esclavitud se planteó, hasta que llegó un momento en que los plantadores del Sur dijeron: “Como hasta aquí, o nos separamos”. Y entonces Abraham Lincoln dijo “A eso no hay derecho”…porque estimaba que ni se puede permitir el suicidio ni se puede decir “hay que dar lo que piden”.     

Ese mismo mes de octubre de 1931 la revista fue cerrada definitivamente por el gobierno republicano tras aprobarse la Ley de Defensa de la República. Una ley que establecía el imperio de la excepción y arbitrariedad gubernamental sin control judicial efectivo. Que parece haber inspirado a Rajoy el proyecto de ley de represión ciudadana que ahora se pretende aprobar.

Publicado en Periodista Digital

La mohatra de Estrasburgo

Organizada por el Centro de Estudios Políticos Poder Limitado se ha celebrado la conferencia ofrecida por el catedrático de derecho constitucional y colaborador de varios medios de comunicación, entre ellos Periodista digital, el Profesor Carlos Ruiz Miguel.

El Título es Por qué el TEDH se equivoca con la “doctrina Parot”

Un tema de triste actualidad: el análisis de la equivocada sentencia que deroga la llamada Doctrina Parot, que ha supuesto una coartada de mohatra para que el Régimen, con responsabilidad tanto del gobierno como de los jueces, suelte a etarras, violadores y asesinos peligrosos en general, para así proseguir con el mal llamado proceso de paz (o más bien, de pacto) con ETA.

El acto de sensibilización cívica fue presentado por Vicente Fernández que contextualizó  lo sucedido en Estrasburgo con el previo desarme del movimiento cívico que viene perpetrando el PP de Mariano Rajoy desde hace unos años. Con el proceso de arrumbamiento de la rebelión cívica patrocinado por la Asociación de Víctimas del Terrorismo continuación de la enorme indignación social provocada por el asesinato de Miguel Ángel Blanco y el llamado espíritu de Ermua.  Vicente Fernández explicó que Poder Limitado había invitado al profesor Ruiz Miguel en su doble condición de persona técnicamente autorizada puesto que ha publicado el libro: “La ejecución de las sentencias del Tribunal europeo de derechos humanos”, (Tecnos, Madrid, 1997), pero también de ciudadano comprometido con la Justicia y los derechos civiles.

Por su parte Francisco Fernández Tarrío, su actual presidente, explicó brevemente la naturaleza de Poder Limitado y su vocación no políticamente correcta al servicio de la Libertad y de España.

El profesor Ruiz Miguel comenzó su disertación, de gran especialización técnica jurídica, realizando un previo ejercicio de pedagogía en honor del público asistente no experto en Derecho.  Su deseo era explicar lo que había sucedido como un abuso de poder, de falta de respeto a los propios límites que la Ley impone a las instituciones que debieran servirla. En consecuencia, con algo muy relacionado conceptualmente con el propio nombre de Poder Limitado que patrocinaba el acto.

Dividió su intervención en tres apartados básicos: el verdadero papel del Tribunal, la calidad de la sentencia, y la ejecución de la misma.

Explicó que el Tribunal tiene poderes limitados entre otros por la propia constitución española, que en aplicación del artículo 93 permite transferir a un Tribunal u organización internacional competencias derivadas de la Constitución. Pero no se transfieren poderes, de modo que en virtud del artículo 94.1 el Tribunal carece de competencia jurisdiccional a efectos internos de España.

A su juicio, la sentencia es técnica y jurídicamente equivocada. Tras resumir el proceso seguido por la peripecia de la condena a Del Río se observa que no se venía aplicando bien la legalidad vigente de modo que se confundía, acaso por la influencia de la ideología “buenista” desgraciadamente vigente, las condenas y las penas con el límite máximo vigente de cumplimiento de la misma.  Es decir, que no se cumple la legalidad vigente puesto que no existe una nueva pena como se sostiene ya que no ha habido un nuevo procedimiento público y contradictorio sino que se han dado por buenas decisiones de carácter administrativo, y además en este caso incluso con vulneración de los requisitos que establece la legalidad para solicitar los beneficios penitenciarios.

Tampoco cabría hablar aquí de verdadera jurisprudencia del Tribunal Supremo.

Resumió la peripecia sufrida por el caso de la terrorista vasca en nuestros Tribunal Supremo y Constitucional, la Sala del Tribunal Europeo y luego del recurso en la Gran Sala.  Cabe hablar de chapuza y también de falta de buen asesoramiento por parte de las víctimas del terrorismo para oponerse a un uso indebido, o abuso de la legalidad.

La sentencia del Tribunal de Estrasburgo es técnicamente muy criticable porque el Tribunal se excede en sus funciones y competencias. No puede ordenar que se libere al reo lo antes posible. No puede ordenar el pago de la indemnización ni a los seis abogados nacionales y extranjeros, sin contar al ponente supuestamente neutral López Guerra, que han defendido a la terrorista.  Y no puede porque España nunca ha transferido a dicho tribunal la potestad de anular sentencias firmes españolas.

Para colmo de despropósitos, la veloz aplicación de la sentencia sin ni siquiera estar formalmente comunicada ni traducida al español resulta sorprendente por lo insólito.

Pero las responsabilidades en el asunto no solo son del tribunal español que la ha aplicado de modo tan extraño y fulgurante sino también del Ejecutivo que tenía múltiples formas de haber intervenido en el proceso para evitar este desaguisado y no lo ha hecho. Quizás más porque es lo que pretendía que por desidia o ignorancia.

No es cierto como la prensa del Régimen quiere hacer creer a la desconcertada y mal informada ciudadanía que sea López Guerra, antiguo secretario de Justicia cuando la negociación con ETA del gobierno socialista de Zapatero y ponente español en el Tribunal, el único malo o incompetente, sino que las responsabilidades alcanzan a todas las instituciones intervinientes. El gobierno de Rajoy no lo recusó y lo tenía fácil dada su condición de falta de imparcialidad política y luego legal al haber participado y aprobado la sentencia inicial recusada a la Gran Sala.

Tampoco interpuso recurso de interpretación de la sentencia, o de revisión de la sentencia si se produce el conocimiento de nuevos datos, como es el caso de Del Río quien era obviamente imposible materialmente que pudiera cumplir los requisitos de redención de penas por estudios presenciales en la Universidad cuando estaba en prisión.

Y, en todo caso, aunque no hubieran prosperado tales recursos, el gobierno podría haberse negado a ejecutar la sentencia alegando que el ordenamiento jurídico español no lo permite.

Al final del proceso tendría que haber existido una más que improbable resolución política tomada por mayoría de dos tercios de los gobiernos europeos  para condenar a España.

Como conclusión el profesor Ruiz Miguel considera que esta sentencia y su extraña ejecución muestran que nos hallamos ante un episodio más de un proceso lamentable de superación o abuso de los límites respectivos de actuación que la ley impone a las instituciones.

Siguió un animado coloquio entre los asistentes. Se calificó el proceso de mohatra. De prevaricación continuada. De paripé. De ejercicio de confusión para hacer creer que las sentencias del tribunal europeo son ejecutivas sobre el derecho español cuando es lo contrario. De que las víctimas se han fiado de un Estado que al final las ha traicionado.

Que, en resumen, Mariano no negocia con ETA pero sí que ejecuta diligentemente el pacto con ETA.

El oyente se queda con una duda. La Justicia en España se administra en nombre del Rey, pero ¿tanta complicidad institucional acaso se explicaría porque la negociación y el pacto con ETA también?

Publicado en Periodista digital

A cincuenta años del magnicidio de JFK

Se cumple el cincuentenario del asesinato del presidente Kennedy el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas.  Un magnicidio de grandes consecuencias no solo para EEUU sino para todo el mundo occidental.  En 1988, veinticinco años después del asesinato, el fiscal Jim Garrison confesaba sus sentimientos en libro de memorias sobre el caso titulado On the trail of the assassins: “después de mi investigación acerca del asesinato de Kennedy y mis experiencias posteriores, mi vida y conciencia han cambiado para siempre. Este libro trata en realidad sobre este proceso de cambio, de creciente desilusión, cólera y conocimiento. Mi experiencia como relevante protagonista en estos hechos históricos impide que se conviertan en tópicos pues todo el país se sumó, en diferentes grados, a mi cambio de conciencia. Un cuarto de siglo después se puede ver que el asesinato y la ocultación perpetrada por el gobierno y los medios de comunicación fueron cuestiones que marcaron una línea divisoria en este país. Significaron la pérdida de inocencia para los norteamericanos de la posguerra; el inicio de la presente etapa de desconfianza en nuestro gobierno y en nuestras instituciones más fundamentales”.

Y Garrison proseguía: “deseo que este libro ayude a la joven generación a entender mejor las consecuencias políticas, sociales e históricas del asesinato y la subsiguiente ocultación. Aún hoy pagamos sus consecuencias; se ha mantenido una vergonzosa Guerra Fría, un gobierno lleno de engaños y secretos, una prensa dócil, unos omnipresentes cinismo y corrupción. Para cerrar esta etapa en la que las mentiras de nuestro gobierno electo y las operaciones encubiertas de nuestro gobierno secreto amenazaron la verdadera supervivencia de nuestra sociedad, debemos empezar a contemplar la Guerra Fría y nuestra seguridad nacional bajo una nueva luz”.

En la España posterior al infausto 11 M también nos hemos caído el caballo como el fiscal Garrison para comprender lo que ocurre en realidad con nuestro régimen.  El reciente atentado estratégico sin aclarar del 11 M que habría sido tergiversado por los poderes para confundir a la opinión pública y mantenerlo impune se une a otros grandes atentados que constituyeron una suerte de golpes de Estado en la práctica. Así, el no resuelto asesinato del presidente del gobierno, general Prim, tras prometer en el Parlamento que “Borbones, jamás, jamás, jamás” y se disponía a sostener el reinado de don Amadeo de Saboya hasta su consolidación, luego frustrada tras el magnicidio. O el del también presidente, el liberal reformista Canalejas, en atentado perpetrado por un oportuno anarquista que supuestamente actuaba también de modo individual. O el del almirante Carrero preparado durante meses y ejecutado a pocos metros de la Embajada americana en Madrid tras recibir el entonces presidente del gobierno español al secretario de estado, Henry Kissinger.

Pero volviendo al tema del asesinato del presidente Kennedy, resulta demoledor comprobar la impotencia de la sociedad civil y de los miembros más honrados del aparato del Estado para desenmascarar las actuaciones criminales y los últimos resortes del poder oculto para lograr su impunidad.

Carl Oglesby, otro investigador del magnicidio desde la Oficina de Información de Asesinatos resume los resultados de las investigaciones del fiscal Garrison:

1 elementos rabiosamente anticomunistas de la división de operaciones de la CIA, moviéndose a menudo a través de canales extra gubernamentales, estuvieron profundamente  implicados en la cúpula del planeamiento del asesinato y del proceso de su ejecución. Al parecer fueron quienes tomaron la decisión de matar al presidente.

2 la conspiración tuvo un motivo político. Su objetivo era detener el movimiento de JFK hacia la distensión en la Guerra Fría, y en ello tuvo éxito. Por tanto debe contemplarse como un golpe de Estado palaciego.

3 Oswald fue un hombre inocente reclutado para cargar con la culpa. Como él puntualizó: “Yo soy un señuelo”.

Sin embargo, la teoría del fiscal no fue la versión oficial de la Comisión Warren, en resumen:

1 Oswald disparó y mató solo a JFK.

2 Un cómplice desconocido disparó desde otro punto pero erró.

3 Oswald formaba parte de una conspiración más amplia.

4 La conspiración tuvo su origen el crimen organizado y fue provocada por el programa anticrimen propuesto por el presidente Kennedy.

No obstante, cabe pensar teniendo en cuenta ciertos antecedentes históricos que aunque hubiera intervenido la mafia de modo decisivo en el asesinato, eso no significa en sí mismo que la organización criminal haya actuado de modo autónomo y sin apoyos oficiales. Así las relaciones con la Marina para preparar la invasión americana de la península italiana desde Sicilia durante la Segunda Guerra mundial.  O la colaboración de la organización criminal contra los sindicatos comunistas a cambio de favores para Lucky Luciano.

Existen también otras versiones más o menos novelescas sobre las causas del asesinato que las vinculan a los deseos manifestados por el presidente de difundir información secreta, inquietante y comprometida sobre el fenómeno OVNI.

Los reticentes a reconocer las posibilidades de realidad de las teorías de las conspiraciones quizás harían bien en no olvidar precedentes históricos como el caso del hundimiento del Maine en el puerto de la Habana, calumniosamente achacado a la Marina española. Un atentado de falsa bandera que provocaría la declaración de guerra de EEUU contra España y el nuestro posterior desastre del 98.

O el ataque japonés a Pearl Harbor conocido con anterioridad por el Presidente Roosevelt y los servicios secretos americanos si hacemos caso a las significativas investigaciones del contralmirante norteamericano Robert Theobald, leal compañero de armas de los altos mandos militares, el almirante Kimmel y el geneal Short a los que luego se juzgaría por incompetencia a fin de disimular la verdadera naturaleza de los hechos. Según estas investigaciones el ataque japonés era conocido con anterioridad por las máximas autoridades norteamericanas pero no fue evitado para ocasionar un pretexto para la entrada en guerra de EEUU. Sin embargo, los navíos de guerra sacrificados eran los más obsoletos puesto que se acababa de dar orden a los portaviones que abandonasen el puerto que iba a ser atacado.

Pero cincuenta años después del inquietante asesinato de Kennedy no cabe hacerse demasiadas ilusiones sobre el estado de EEUU y en general de los sistemas occidentales.

En su búsqueda de la verdad y de la identidad de los patrocinadores secretos del magnicidio, el fiscal Garrison fue ninguneado, boicoteado e incluso acusado falsamente de corrupción a fin de someterle o desacreditarle.

Garrison pensaba y así lo declaraba que lo que pasó en Dallas fue un golpe de Estado. Pero no sabía cuando había empezado la organización y preparación del golpe.

Oswald fue manipulado y suplantado para dejar rastros incriminatorios en actuaciones anteriores al atentado. No disparó a nadie el infausto día si atendemos a los resultados negativos de la prueba del nitrato en los dedos. Para el éxito del golpe se necesitaba la colaboración de miembros de lo que llamaba la guardia pretoriana, es decir los servicios secretos en sus distintas modalidades u organizaciones. La protección al presidente había sido oportunamente retirada en el momento de los hechos:

Se ignoró un télex de aviso en el que se decía que se preparaba un atentado contra Kennedy. La cápsula protectora de la limusina presidencial fue retirada por el Servicio secreto. Las ventanas y azoteas no habían sido controladas”.

Pero con Kennedy recién muerto comenzaría la operación de encubrimiento. El secuestro del cuerpo. La falta de una autopsia civil independiente.

 “Los elementos del nuevo gobierno vieron las ventajas de apoyar la puesta en escena de que un solitario descontento había asesinado al presidente en un casual e irreflexivo acto de violencia, que no había ocurrido un golpe de Estado y que nuestra democracia estaba intacta y a salvo. Entendieron rápidamente el mensaje de quines habían organizado el asesinato: que había un fuerte consenso para reavivar la Guerra Fría hasta el nivel que tenía antes de Kennedy.

Tan pronto como los elementos no participantes de la Comunidad de Inteligencia comprendieron que había ocurrido un golpe de estado, se movieron rápidamente para apoyar la versión oficial….

Durante muchos años, los funcionarios federales hicieron todo lo que estaba en sus manos para sostener este tambaleante edificio (la versión oficial) mientras los críticos lo atacaban, de modo que casi nadie cree ya en la hipótesis del asesino solitario”.

El caso Kennedy aún constituye un test sobre la realidad de las instituciones americanas e incluso de la civilización occidental. Un test clarificador pero no superado.

Bibliografía básica

JFK, Jim Garrison tras la pista de los asesinos. Ediciones B.

El secreto final de Pearl Harbor,  la contribución de Washington al ataque japonés, por Robert Theobald.

Los asesinos del general Prim, por Antonio Pedrol Rius

En youtube, Declaración en TV del fiscal Jim Garrison

Publicado en Periodista digital

Sobre la muerte de Neruda y su residencia en el Parnaso.

Se han cumplido cuarenta años de la muerte, en sospechosas circunstancias, de Naftalí Reyes conocido como Pablo Neruda, pocos días después del sangriento golpe de Estado de Pinochet otro trágico once de setiembre: el de 1973.

Poeta, Premio Nobel, personaje literario él mismo, Neruda fue todo un hito de la literatura hispanoamericana y universal en español.

Pero hoy viernes 8 de noviembre conocemos que, aunque el juez aún no ha decidido cerrar el caso, un equipo internacional de peritos forenses ha determinado que la muerte del poeta chileno se debió a causas naturales, pues Neruda padecía un cáncer avanzado con metástasis y no a un asesinato perpetrado por sicarios como se había especulado en los últimos tiempos.

El poeta chileno alcanzó enorme fama mundial, incluso antes de la concesión del Nobel. Su persona fue compendio de “ismos” como los llamaba Gómez de la Serna o Ricardo de la Torre.

Otro de los grandes hacedores de la literatura hispanoamericana, Alejo Carpentier, recordaba en el prólogo de Ecue-Yamba-O el concepto marxiano de la vanguardia:

Para Marx la vanguardia era una actividad filosófica, situada en las avanzadas de la lucha social, vista como un factor poderoso en la lucha por una transformación radical de la sociedad… Sin embargo, en la década 1920-1930, separada inesperadamente de su contexto político, cobra, por un tiempo un nuevo significado. Ante un brote de ideas nuevas, en lo pictórico, en lo poético, en lo musical, los críticos y teorizantes califican de vanguardia todo aquello que rompe con las reglas estéticas establecidas, con lo académico, lo oficial y lo generalmente preferido por el buen gusto burgués. Y se llama vanguardia a todo pintor, músico o poeta que, independientemente de cualquier definición política, rompe con la tradición en cuanto a la  técnica, invención de formas, experimentos…en busca de expresiones inéditas o renovadoras, animado por un juvenil e impetuoso afán de originalidad”,

Neruda participa también de los anhelos renovadores en busca de un arte americano universal, lenguaje propio de la literatura hispanoamericana. Pero ¿desde qué vanguardia? Neruda de joven hizo sus pinitos modernistas en la senda de Verlaine,o Rubén y participó más tarde de los anhelos de búsqueda de surrealistas o expresionistas, un proceso de descodificación estética en busca del origen del lenguaje. De superación de la anomia y desarraigo ocasionados en el poeta por una sociedad injusta a través del falso edén de la América originaria y primitiva.

Pero luego fue decidido estalinista, otra supuesta vanguardia del proletariado y, en consecuencia, un retrovanguardista, un cómplice más o menos consciente del despotismo, de otra forma terrible de reacción liberticida. Un servidor del mito del pueblo frente a la realidad de las personas. Mito siniestro en cuyo nombre se han perpetrado y aún se perpetran tantos crímenes.

Para mi gusto, su residencia en el terrestre escalafón de vates comunistas oficiales resulta lo peor de la obra nerudiana. Así, el poema En su muerte dedicado a Stalin expresa ignorancia supina o un sectarismo repugnante. Un escándalo que tiene acaso su precedente durante la guerra civil española en la alabanza a Enrique Líster de un Antonio Machado física y moralmente devastado, aunque sin el dramático contexto histórico de éste. Pero que tampoco cabe considerar un desliz, una casualidad. Su glosa de la China de Mao, incluso del propio sanguinario tirano chino en su El viento en el Asia, así lo atestigua.

Sin embargo, su temática amorosa acaso pueda calificarse de tradicional en su más noble y fértil sentido. En la Tradición lejana desde los antiguos Misterios griegos del amor como un cambio en la conciencia, también del Amor como otro polo de la dualidad de la Razón. La Metafísica de los sentimientos frente a la Historia de los hechos. Una revolución, la del amor, que también sería traicionada por Stalin readoptando de algún modo pautas de la vieja familia y sociedad patriarcales. Un fiasco para los intelectuales que entendían que la revolución política debía tener su cara sexual para que pudiera considerarse verdadera y duradera. Una suerte de alianza teórica y práctica entre marxismo y psicoanálisis freudiano.

Como dice un proverbio sufí, “Al enamorarte verás” y ese es el mejor Neruda, no el político sino el amante que ve.  El de Los versos del capitán, escritos en Italia, en la isla de Capri, en homenaje a su amada. El poeta que nos recuerda a otro de los grandes del Renacimiento, un verdadero capitán, sabio, sensible, conocedor de la tradición neoplatónica que hacía preciosos versos junto al Arno, en la nueva Atenas de los Médicis. Francisco de Aldana, gloria de la poesía española.

El Cántico General es un libro monumental, desigual, de abigarrado discurso que pese a su vocación globalista o enciclopédica, resulta incompleto, paradójico, parcial e incluso sectario a veces. Con ausencias u olvidos inexplicables en su catálogo de horrores. La ocultación de la verdadera cruel dimensión de las despóticas o primitivas sociedades precolombinas. La descontextualización histórica de los hechos y acciones.

La violencia en América, aunque fascinante en ciertos aspectos estéticos, no la inventaron los españoles. Los aztecas fueron un pueblo nómada en busca de su tierra prometida en Méjico, con cierto parecido en esto con el bíblico de Moisés. Luego invasor, opresor, sanguinario y caníbal cuyo comportamiento quizás pudiera comparase al de los modernos nazis. El despotismo del Inca anulador de la personalidad y de la libertad de sus alienados súbditos colaboró paradójicamente en la conquista de Perú por las escasas fuerzas de Pizarro.

Sin olvidar el primitivismo de las tribus indígenas prisioneras de un medio hostil, casi feroz, en cuanto a sus consecuencias para la vida cotidiana.

Pero muchos de los males de Hispanoamérica ya no son achacables a nuestros malvados antepasados. Los criollos no han resultado mucho mejores que los viejos gachupines como clase social rectora. El indigenismo más o menos de diseño por su alianza a ciertas formas de posmarxismo tampoco parece solución sino constatación de un fracaso histórico. Cuando no se ejercen los valores espirituales, intelectuales o cívicos que permiten el progreso y la democracia, las instituciones se convierten en cascarones vacíos, en burla mohatrera.

No basta con expulsar a los antiguos dominadores. Una prueba evidente es la de la primera isla asociada al descubrimiento de Colón. Y también la colonia americana que primero salió de la órbita europea, en este caso de Francia. Haiti era una sociedad racista y esclavista. Tras la revolución francesa de 1789 se inicia un sangriento proceso de independencia y la rebelión de los esclavos para instaurar una sociedad propiamente americana sin sometimiento político a la metrópoli francesa.

Inundaciones, terremotos, pero también la erosión del suelo fértil o los disturbios, el propio pueblo soberano en Haití, ponen de permanente actualidad la situación de la isla antillana presa de la violencia y pobreza que padecen sus moradores. Una tradición de la Pascua haitiana es el sacrificio de los Judas y los Poncio Pilatos, muñecos confeccionados con paja que son descuartizados por la multitud enardecida para castigar su traición al Salvador. Pero no es la única traición a conmemorar. También es traicionado una y otra vez el espíritu de la independencia, la búsqueda de la Libertad que estaba en los movimientos emancipadores originarios.

Sobre este tema tenía más perspicacia y menos sesgo o anteojeras ideológicas otro de los grandes forjadores de la literatura de América hispana. Así lo expresa el antes citado Alejo Carpentier en El reino de este mundo, novela contemporánea del Canto general nerudiano.  Quizás porque la apertura de las puertas de la percepción del chamanismo o el realismo mágico en sus distintas variantes o matices dan mejor cuenta de la realidad americana que la importación acrítica de teorías como el materialismo dialéctico, más ambiciosas en lo epistemológico o filosófico, pero que olvidan que el hombre es una criatura estética y simbólica.

Pero el siglo XX y lo que llevamos de este desesperanzador y reaccionario siglo XXI también caben considerarse como siglos de las luces, pero apagadas. Hay que salvar la lengua española homenajeada por Neruda: “De los yelmos de los feroces conquistadores salían piedras preciosas, las hermosas palabras de la vieja lengua de España” , como vehículo de civilización y mantenimiento de la Cultura.

Monarquías bananeras se sustituirán por repúblicas bananeras mientras a la aristocracia de la sangre no la sustituya la del mérito, o, como pretendía Platón, los poderosos no se rodeen de filósofos. Pero América tiene un componente de desmesura reflejada en el Canto General. De enigmas de antiquísimas civilizaciones como Tiahuanaco, Nazca, Teotihuacan o la de las imposibles piedras de Ica. O la de la extraña tumba del misterioso Pakal en la pirámide maya de Palenque que algunos consideran relacionada con Quetzalcoalt ¿un civilizador procedente de otro mundo?

Hace cuarenta años nos dejó Pablo Neruda. Todo un personaje y testigo de su tiempo. Un tiempo que cuarenta años después de su muerte nos parece lejano. Ya digo, moramos en el siglo de las luces apagadas sin ni siquiera un Valle, un Carpentier o un Neruda que nos lo cuente. Y cuando no hay educación, cultura, ni elite rectora digna y  responsable, la democracia es la antesala de la demagogia y la tiranía. Con unos u otros Judas y Pilatos. Aquí y en América.

Publicado en Periodista digital el lunes 11 de noviembre

En el centenario de Camus

Se cumple el centenario del nacimiento de uno de los grandes autores del siglo XX.

Albert Camus nació en Argelia donde trascurre su juventud. De ascendencia española por parte de madre que le enseñó nuestra lengua, su padre emigrado alsaciano, murió cuando Albert iba a cumplir un año, durante la Primera Guerra Mundial en la famosa batalla del Maine que evitó el avance alemán hasta Paris.

Premio Nobel de 1957, admirador de Unamuno y Ortega, con preocupaciones acerca de la conciencia humana que nos recuerdan las de Dostoievski, Camus fallecía en trágico accidente de tráfico el 4 de enero de 1960. En su coche siniestrado se encontró un ejemplar de El hombre y lo divino, obra fundamental de la eximia pensadora María Zambrano. Una obra que quizás le había llegado demasiado tarde, justo a las puertas de la muerte: la conciencia misma se agranda tras un desengaño del amor, como el alma misma se había dilatado con su engaño. Si naciésemos en el amor y en él nos moviésemos  siempre, no hubiéramos conciencia.  Y esta suerte de epitafio es un resumen de toda vida de plenitud, aún la del gran humanista tan prematuramente arrebatado por la muerte. Por una muerte absurda, como tantas de ahora, o de siempre, que sin embargo no le impidió constituirse en uno de los más notables y honrados testigos de su tiempo. Tiempo de búsquedas y desengaños, dirigido al alba pero arrumbado en el ocaso, en que, arrumbada o abandonada la metafísica, el hombre desligado resulta un extraño para sí y para su mundo verdadero: el que tiene que ver con el alma y el amor, auténticas medidas del universo.

Símbolo moderno de la conciencia, Albert Camus es testigo de los actos que se ejecutan sin ser demasiado consciente de ellos como los del señor Meursault, el protagonista de El extranjero (o El extraño, según la versión de Carlos Sainz de Robles). Una noticia modifica su sombría vida anónima de oficinista. Su madre muere sola y pobre en un asilo. El entierro como rito ajeno y desolador pues se comporta casi como un extraño. A sus preguntas, contesta que no sabe si ama a Marie, pues eso no significa nada, pero que da igual, que si quiere se casa con ella. La excursión dominguera, trivial, al mar. Sensaciones vulgares. Y luego, el drama que acecha, el homicidio, la ceremonia de la justicia como otro sacrificio ritual: el final. Meursault no se hace las preguntas últimas, actúa impremeditadamente, vive y muere, pues ya está condenado desde su nacimiento por la inconsciencia y el desamor. El desencuentro con el confesor quien le dice que rezará por él pues tiene un corazón ciego. Vida en la ceguera, sólo aliviada por sensaciones placenteras como la tibieza del cuerpo desnudo de Marie, y que quizás ha de cerrarse con la furia o el insulto.

El drama de Camus es también el drama del propio y lamentable siglo XX, un siglo que ha traicionado tantas esperanzas: así la del sometimiento de los demonios personales gracias a la psicoanálisis o la del comunismo que presuntamente habría de poner fin a la Historia con una civilización sin amos ni esclavos, pero que el cabo se ha revelado como una ideología genocida que el humanista Camus luego abandonó asqueado.

O las de su Argelia natal. La búsqueda de una solución lejos de una imposible “reconquista” o del desarraigo de los franceses de Argelia, que si no tienen el derecho de oprimir a nadie, tienen el de no ser oprimidos  y el de disponer ellos mismos de la tierra en que nacieron. Para restablecer la justicia necesaria hay otros medios que el de reemplazar una injusticia por otra.  La descolonización no solo de Argelia ha resultado un desastre, acaso cada vez más complejo y difícil de manejar con el auge del islamismo.

Pero para mí su obra maestra es La Peste. Una plaga que amenaza la ciudad alegre y confiada como diría otro premio Nobel, Jacinto Benavente. La ciudad dichosa e inconsciente hasta que se manifiesta el mal latente, oculto a los ojos de la sociedad.

Cuando apareció la obra se consideró una alegoría del nazismo, esa peste que infectó cuerpos y almas antes de arrasar Europa. Pero también es un asunto de extraordinaria actualidad, la alegoría profética de un mundo que se nos desmorona desde hace unos años sin que hasta ahora hayamos advertido la profundidad y gravedad de la amenaza.

Como nos advierte Camus: el bacilo de la peste ni muere ni desaparece jamás.

La emergencia del mal ahora en forma de una nueva especie de nazismo devastador pero sin uniformes, cánticos ni correajes. Un proceso de disolución del orden social, de destrucción de la clase media, víctima de la hipertrofia de lo financiero, transformado en poder absoluto y autónomo desligado de lo real.

El mal se manifiesta y ataca a todos, sin respetar a los inocentes. Mas varían las actitudes de los diferentes personajes ante la peste. Así, el patético y abnegado Tarrou que la combate contra toda esperanza. Me quedo con la actitud del heroico y lúcido doctor Rieux, quien decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar a favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay más cosas en los hombres dignas de admiración que de desprecio.

Publicado en Periodista digital el martes 5 de noviembre

Castor sin Pollux

Castor y Pollux son los llamados dioscuros, hermanos mellizos nacidos de un mismo huevo tras la seducción de Leda por Júpiter metamorfoseado en cisne. Según la mitología griega, Castor era mortal y Pollux, inmortal. Uno asociado a la materia y otro al espíritu.

Los seísmos que se están produciendo en puntos de la costa cercana después del inicio de la inyección de gas en el proyecto Castor, antiguo yacimiento de Amposta, además de causar la lógica inquietud entre las poblaciones próximas entre las que existen centrales atómicas, ofrecen muchos motivos para el debate y la reflexión.

En principio, la justificación oficial de la Administración Zapatero que dio los permisos de explotación a una empresa de Florentino Pérez es reforzar el sistema logístico gasista en su capacidad de almacenamiento. El sistema logístico gasista consta de depósitos de GNL y regasificación suministrados mediante metaneros, la red de gasoductos e instalaciones asociadas, así como el sistema de distribución capilar hasta los consumidores finales. A los que se añadirían ciertos almacenamientos subterráneos o submarinos aprovechando antiguas formaciones geológicas ya explotadas.

Sin embargo, los resultados del proyecto Castor, el ministro de Industria acaba de establecer su relación con los seísmos, pondrían en evidencia una vez más cómo funcionan muchas cosas en España cuando a monopolios e intereses oligárquicos se refiere. La incapacidad crónica de la administración, seguramente más por falta de independencia que por carencias técnicas, para vigilar las actuaciones privadas cuando existen poderosos intereses en juego, la escasa fiabilidad o solvencia científica de algunos informes técnicos de viabilidad o impacto para el entorno o medio ambiente, y esos cuando tales informes se exigen, lo que no siempre sucede. No ayuda tampoco la habitual inacción de la depauperada comunidad científica española, ni cierto dejar hacer de los colegios profesionales capaces de visar cualquier cosa. Ambas  instituciones necesarias sobre todo para servir de contrapeso a los intereses privados descontrolados, en especial cuando la administración pretende intervenir cada vez menos y dejar al albur de las instituciones privadas contratadas por los propios beneficiarios el control y supervisión de proyectos de gran importancia y consecuencias.

Se argüirá no sin humor negro que en un alarde de oportunidad, ahí ha ido Mariano nada menos que a Japón para contemplar de primera mano el desastre de la central atómica de Fukushima y poder decirnos que en todas partes cuecen habas, incluso al vapor radioactivo, o que aquí no pasa nada.

Pero sí que puede pasar, y ya el hecho de la propia incertidumbre es un modo de pasar.

El asunto del Castor pone también en evidencia otros proyectos hermanos como los conocidos como fracking cuando ni la administración, ni la comunidad científica ni los colegios profesionales parecen poder ofrecer suficientes garantías de que las actuaciones públicas no van a resultar mohatreras ni capaces de compensar las audacias monopolísticas más irresponsables.

Con casos como estos no puedo menos de recordar a un pionero de los estudios de las deseconomías externas o costes sociales de la actividad privada que no suelen introducirse en los costes económicos de las actividades empresariales. Me refiero a William Kapp, autor nada menos que en 1950 de la primera versión de un clásico fundamental: The Social cost of business enterprise”.  Cuya lectura creo de gran interés para todas las personas e instituciones que tratan de evitar que la codicia e irresponsabilidad de ciertas actividades privadas ligadas a los grandes monopolios y grupos de presión oligárquicos pongan en peligro no ya solo la verdadera economía social sino también, incluso, la propia vida de las personas.

Publicado en Periodista Digital

El 11 S según Orwell

La fecha del once de setiembre suele recordarse por varios sucesos nefastos, extraños o controvertidos ocurridos en distintas naciones. De verdades y mentiras. De manipulación de la historia por parte del poder. De generación de realidades virtuales u orwellianas.

Un once de setiembre clásico, todo un mito de la izquierda internacional, es el de 1973 aniversario del golpe de Estado en Chile del general Pinochet del que ahora se cumplen cuarenta años. Tanto Allende como Pinochet pertenecían a la Masonería chilena  y acaso cabe decir que aquí la realidad imita a la liturgia.

Pero el más famoso y reciente de todos los once de setiembre es el llamado 11 S en el que dentro de territorio EEUU se produjeron unos fascinantes y terribles atentados televisados en directo para el público espectador estupefacto.  Años después de tan lamentable suceso siguen existiendo muchas incógnitas y contradicciones acerca de las versiones oficiales. Los atentados fueron pretexto ante la opinión pública para varias acciones bélicas norteamericanas en Irak  y Afganistán. Y ahora con pretextos parecidos se prepara otra hazaña bélica de los “cruzados” imperiales, esta vez contra Siria.

Aquí, en España, también tenemos nuestro once de setiembre y de plena actualidad pese a haber transcurrido casi tres siglos desde entonces. Se conmemora una versión pasada por el Ministerio de la Verdad orwelliano de la toma de la “austriaca” Barcelona en 1714 por las tropas borbónicas dentro de la infausta guerra de Sucesión mediante la cual dos dinastías extranjeras se disputaban el botín español como si fuera una finca. En efecto, los victimistas catalanistas del romanticismo aprovecharon el suceso para revindicar la figura patriótica de un personaje de biografía remendada. Un tal Casanova, desconocido o no citado para el tratadista y protagonista pues participó en ella, de la mencionada guerra de Sucesión, Vicente Bacallar y Sanna, marqués de san Felipe, en su famoso libro Comentarios de la Guerra de España, (Sevilla, 1725). Autor que, sin embargo, sí cita a Dalmao o a Villarroel y explica: “En esto paró la soberbia pertinaz de los catalanes, su infidelidad y traición. El Rey…envió veinte de los principales cabos a varias prisiones de España; entre ellos Villarroel, el general Armengol,  el marqués del Peral y el hermano del coronel Nabot“.

Pero este Casanova parece ser que se convirtió en héroe nacional de Cataluña por dos importantes razones de sin par catalanismo o gloria catalana: primero hacerse el muerto para escapar del combate y luego, una vez pasado el peligro, medrar en la cucaña como magistrado del malvado rey Borbón opresor de la reaccionaria Cataluña estamental.

Hemos considerado estos sucesos como de tratamiento orwelliano, cosa que quizás merezca una aclaración. No suele ser conveniente para el poder, sobre todo cuando es despótico, que los actores u observadores directos de los hechos históricos los cuenten como los vivieron. Y no solo el citado Bacallar, cronista protagonista y observador de la toma de Barcelona por el Ejército borbónico en 1714. Es sabido que Eric Blair, más conocido por su pseudónimo literario de George Orwell, vino a España en diciembre de 1936 a luchar en el bando mal llamado republicano.

En su famosa obra Homenaje a Cataluña narra sus aventuras, o más bien desventuras durante el agitado periodo de su residencia aquí, que estuvieron a punto de costarle la vida. Primero el disparo de un francotirador que le hirió en el cuello y luego el intento de asesinato por parte de sus correligionarios comunistas, pues Blair había sido asignado no a las Brigadas internacionales comunistas sino a un batallón del revolucionario POUM, partido obrero de unificación marxista, que fue literalmente exterminado por los comunistas de obediencia a Stalin con la complicidad de Companys.

Pero, desde su propia óptica y sensibilidad no exenta de lucidez, Orwell también escribió otros textos en relación a su estancia española que se suelen agrupar bajo el nombre de Mi guerra civil española. Entre ellos un conjunto de cartas, críticas de libros sobre la guerra de autores extranjeros. o Los últimos días de Madrid de nuestro coronel Casado. También varias notas sobre las milicias españolas así como un breve análisis posterior a la contienda que tituló Mirando hacia atrás a la guerra civil española: El horror de la vida cotidiana en el frente, con el miedo y las penalidades.

Orwell explica que tiene pocas pruebas directas sobre atrocidades, aunque fueran cometidas tanto por unos como por otros, si bien opina con razón que “todos creen en las atrocidades del enemigo y no en las de su bando”. Sin embargo, “está seguro” que son más las de los blancos que las de los rojos.

Pero de más enjundia teórica que psicológica personal es la parte en la que ofrece su interpretación sobre la lucha por el poder entre los propios partidos republicanos o las causas socioeconómicas y políticas de la guerra, considerada como una guerra de clases.

El concepto de verdad objetiva va desapareciendo del mundo…la teoría nazi niega que exista la verdad. No hay “ciencia” sino “ciencia alemana”.  El objetivo implícito de esta manera de pensar es un mundo de pesadilla en que el Caudillo o una junta gobernante controla no solo el futuro sino el pasado. Como puede verse en estas palabras escritas en el año 1942 ya se encuentra configurada la acción del “Ministerio de la Verdad” de su famosa novela profética 1984. Ahora bien, en rigor la frase puede aplicase a cualquier sistema totalitario y muy especialmente al régimen estalinista. Sin olvidar a los sistemas despóticos nacionalistas apesebrados en ciertas autonomías españolas.

Pero si Orwell glosaba a la Cataluña de la  guerra civil del POUM y la CNT en Homenaje a Cataluña, la Cataluña de hoy homenajea al Orwell de 1984. Con su oneroso Ministerio de la Verdad para modificar la historia y la percepción de los hechos históricos políticos y sociales, su censura, su neolingua catalana para tratar de evitar la disidencia. El Gran Hermano. Sus intentos de linchamiento al crítico o disidente. Así, hoy es costumbre que gracias a la versión catalanista del Ministerio de la Verdad orwelliano que se homenajee a un valiente y coherente prócer como Casanova, que tanto medró con los Borbones, con flores, himnos cainitas antiespañoles y cadenas del corro de la patata o mejor, decir aquí del tres por ciento.

Decía Orwell que “El odio que excitó la República española en los millonarios, duques, cardenales, play-boys y gente por el estilo sería lo suficiente para orientarle a uno”. No tan diferente del que excita hoy, por cierto, la ya casi fracasada España constitucional entre la oligarquía catalana y sus instrumentos nacionalistas. El escritor inglés como testigo y actor de los hechos en Barcelona y en el frente de Aragón estaba en desacuerdo con la visión parcial, edulcorada o censurada de la realidad de la izquierda española que se ofrecía entonces a la opinión pública británica.

Pero a la desorientada opinión pública catalana actual, víctima de las técnicas de desinformación de masas del nacionalismo catalanista orwelliano, para orientarse en el inmenso mar de mentiras interesadas le conviene recordar el siniestro trabajo de los catalanistas de entonces con el golpista Companys a la cabeza junto con los comunistas reprimiendo a los revolucionarios en mayo de 1937 y a la vez en trapicheos encaminados a zafarse de la contienda mediante la separación de Cataluña del resto de España y la puesta de aquella bajo protectorado de alguna potencia extranjera. Ciertos encopetados catalanistas evadidos intrigaban desde Francia en este sentido. Otros como el siniestro y cobarde Dencás lo hacían desde Roma camelando la codicia del duce. Buenos representantes del ala extremista de Estat catalá, donde mostraban su mentalidad fascista y despótica que, ya desde las propias instituciones republicanas en Cataluña, se había sublevado violentamente contra la República en 1934.

Desde esta columna en Periodista digital, en esta fecha, deseo brindar un modesto homenaje y recuerdo de las víctimas inocentes de la codicia, la ambición o el fanatismo de los poderosos. Como pudo comprobar bien Orwell, entre esas víctimas está siempre la Verdad.

Publicado en Periodista digital

Esperpento en espejo plano

El gran Valle, inventor del esperpento que constituye uno de nuestros genuinos géneros nacionales junto con la picaresca, lo consideraba realidad deformada en un espejo curvo como los existentes en el madrileño callejón de Álvarez Gato.

En Adiós, princesa, el impactante libro de David Rocasolano, primo de la princesa de Asturias, lo grotesco, lo esperpéntico, no requiere espejo curvo alguno, basta con devolver la imagen tal como es.  Un retrato al natural, sin disimulos ni pudibundeces, de una extraña familia y del impacto que su relación con otra más o menos modal española de la clase media provoca en ella. Toda una alegoría de la España, descuajaringada, traicionada, hipócrita y devastada del tercer milenio, víctima de sus propias limitaciones y del mal hacer de unas instituciones lamentables. Y en la que la figura de Letizia adquiere significaciones simbólicas, constituiría un arquetipo de la propia clase política salida de la Transición.

Me había costado hacerme con el libro aquí en La Coruña. Incluso había dudas entre diferentes libreros consultados si había sido secuestrado judicialmente o sólo existía una especie de extraña incompetencia, de conjura de los necios, para retrasar sino malograr su distribución. Algo raro cuando ya hace algún tiempo que no se usa la diligencia como medio de transporte entre la meseta y Galicia. ¿Una falta de voluntad con nuevas tecnologías?.

Pero bueno, con la debida perseverancia, todo llega. La lectura del libro engancha, se hace de un tirón, y como en las novelas picarescas de nuestro siglo de oro, deja un sabor amargo, de desolación, si bien no faltan momentos desternillantes como la escena hilarante de la pedida de mano de la primísima en la Zarzuela.  Casi se puede reír uno tanto como en la magistral narración de las aventuras del pobre Buscón don Pablos en casa del Domine Cabra.  Hay otros patéticos, terribles, como la escena de la pérdida de nervios y rebelión contra el destino de Antonio, la ex pareja de Érika Ortíz, en su funeral. Que parece tomada de una tragedia griega, aunque de coro silencioso, en el que heroína no es precisamente Antígona. En efecto, en gesto teatral, una llorosa Letizia se arrodilla ante el rey para desagraviarle por los insultos recibidos de su “cuñado”.

El doble álbum familiar de Adiós, princesa ofrece curiosos hallazgos. Con más zonas tenebrosas y claroscuros, al estilo de Zuloaga o Gutiérrez Solana, que de la clara y optimista luminosidad de Sorolla. Rocasolano muestra su simpatía por la reina Doña Sofía a la que le agradece que intercediera ante un cirujano reticente para que operara su hijo de una afección gravísima que le había puesto en peligro de muerte. Considera que ella pese a su aristocrático olimpo junto con el príncipe Felipe son los personajes más sanos y mejores de la familia. En cambio el retrato de Su Majestad resulta demoledor: un personaje que según el autor pasa de todo y de todos y al que sólo le preocupa su propia persona e intereses. La descripción de los Ortiz Rocasolano nos muestra de modo descarnado, sin tapujos ni edulcorados, la realidad de su familia. Su perplejidad inicial, la perturbación de su modesto pasar y de su magro pane lucrando, el colaboracionismo posterior hasta la humillación consentida, la hipocresía y disimulo, el “donde dije digo digo diego”, en relación con su indiferencia religiosa o incluso ateismo, republicanismo o forma de sobrevivir hasta la cuarta pregunta. Y todo un repertorio de flaquezas: el deslumbramiento ante el oropel, el despertar de la codicia y ambición, el gusto por la fama de papel cuché que el inesperado encumbramiento asociado al enlace les abre. Una alegoría de buena parte de la sociedad española que entra al trapo, al engaño de la mohatra institucional que lleva a algunos de sus integrantes al desengaño, la desolación e incluso a la muerte.

Letizia, la prima del autor y esposa del Príncipe Felipe sale muy mal parada en el libro. Rocasolano muestra una especie de retrato de Dorian Gray en el que el photoshop encubriría la devastación que su ambición y egoísmo provoca en su modesta familia. Y en el que cabe la duda de si terminará, como el propio Oscar Wilde, víctima también de su enlace con un miembro de la aristocracia poderosa.

No estamos ante un libro frívolo, de huero cotilleo tente mientras cobro, sino ante un revelador e interesante documento de costumbres que puede leerse casi como una novela coral. Un esperpento en espejo plano. Una lectura muy recomendable, de gran interés psicológico y sociológico más que político. Una obra en la que no falta la autocrítica y que parece inspirarse en dos axiomas de La Codorniz: “la revista más audaz para el lector más inteligente” o “tiemble usted después de haber reído”.

Publicado en Periodista digital

ADIÓS PRINCESA

David Rocasolano

Editorial Foca, 2013

300 páginas, 15 euros

Abdicación ejemplar

La abdicación motu propio del monarca más absoluto de Occidente es un rasgo paradójico y admirable por lo republicano y ejemplar en el sentido cervantino del término.

El cardenal Ratzinger tiene fama de gran teólogo, pero se meta o no en “tologías” como diría Sancho Panza, ha demostrado valor e inteligencia para gobernar la complicada Ínsula Barataria vaticana pero también gran lucidez para comprender como el prudente escudero aconsejado por el Don Quijote más sabio cuándo era el momento de retirarse. Suele ser infundado creer que una persona con una gran riqueza de de conocimientos teóricos pueda por esa sola razón servir para cargos tan importantes en que resulta preciso ejercer de jefe y de organizador. Los grandes teóricos, teólogos en este caso, no tienen porqué ser grandes organizadores, porque una cosa es conocer principios abstractos o manejar erudiciones y otra diferente ser psicólogo, comprender al hombre en su estado natural, muchas veces degradado por las pasiones y los vicios. Ni aún menos que organizadores, jefes, porque la capacidad de dar formas precisas o bellas a las ideas no es la misma que la requerida para ejercer una jefatura capaz de mover equipos y masas. Una cosa es la propaganda; otra, la organización. Una, los partidarios; otra, los miembros efectivos.

De modo que “bien se está San Pedro en Roma pero…después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me ha entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos”.

Uno de sus inmediatos antecesores, el malogrado papa Albino Luciani, tuvo trágica ocasión de comprobar en sus propias carnes las habilidades del siniestro Pedro Recio de Tirteafuera. Por lo que cabe pensar como Sancho gobernador: “Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad, dejadme que vaya a buscar la vida pasada para que me resucite de esta muerte presente”.

Pero forma parte de la tradición republicana asociar el Poder como algo instrumental a la misión y al tiempo tasado de su ejercicio. Ya explicaba nuestro gran Ibn Abentofail que encaja mal el Poder político con el Poder espiritual. La reina de Inglaterra resulta risible como máxima autoridad común espiritual, política y plutocrático-financiera de la isla, City incluida. En el lejano Tibet anterior a la invasión comunista china el dalai lama y el panchen lama desglosaban roles y poderes. Teocráticos en Potala y espirituales en Tashilhunpo.

La cosa tiene su enseñanza particular para la España desquiciada y arrumbada que disfrutamos. Bien es verdad que la religión oficial cada vez tiene menos verdadera influencia social. Quedan lejos las palabras del decimonónico Tratado secreto de Verona cuando se solicitaba “el concurso de Su Santidad para avasallar a las naciones, cuyos derechos, difundidos por la libertad de pensamiento y de imprenta, son contrarios a los de los Príncipes”.  Ahora, la tradicional Alianza teocrática entre el Trono y el Altar se ha venido sustituyendo, desde la llamada Transición y con la monarquía instaurada por el difunto Caudillo, por otra de remendadas legitimidades entre la Corona y el peculiar socialismo “tente mientras cobro” con la oportuna y eficaz bendición de la prensa “prisaica”.  La telebasura sustituye al púlpito y aumenta el descrédito de los monárquicos y católicos que tragan con todo. Que no condenan e incluso disculpan o encubren conductas lamentables sino tremendas que vulneran los supuestos principios que debieran informar ambas históricas instituciones. Que no exigen coherencia ni invitan a abandonar los cargos a los que degradan su autoridad institucional con conductas inapropiadas o cuando se ven incapaces e mantener la dignidad de las instituciones.

El papa Benedicto les, nos, ha dado una lección moral, estética y cívica. Pero deseamos al papa dimisionario que ya lejos de escenarios truculentos disfrute del regalo de la vida en esta nueva etapa de su biografía que ojalá sea larga y grata.

Publicado en Periodista digital

La Capilla Sixtina espera un nuevo cónclave

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.