Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La estatua derribada

Agoreros y gentes de bien pensar y mal vivir auguran que pintan bastos. Los resultados de las últimas elecciones pujol por los suelospara el rollo ese europeo así lo muestran. La cosa, el tinglado, se descompone a la vista del más topo. El  jayán de popa principal ha pedido tregua para sí,  y puesto píes en polvorosa, dejando atrás los trastes de reinar así como a otros jaques no tan adelantados en el escalafón o con menos suerte. Pero no un bajamanero cualquiera, que ya decía el pícaro Guzmán de Alfarache: “quien se precie de ladrón procure serlo con honra, no bajamanero, hurtando de la tienda una cebolla y trompos a los muchachos”.

La estatua del Virrey tirano ha sido derribada de su soberbio pedestal en un pueblo de Cataluña. No es nada original. No hay hecho diferencial catalán en este bizarro suceso por muy vandálico que parezca. Quizás debido a un ejercicio póstumo de magia simpática es habitual el derribo de las estatuas de los tiranos cuando pierden el poder y el pueblo engañado comprende el alcance de las crueles fechorías de las que ha sido víctima. Es sabido que durante nuestro Siglo de Oro la intelectualidad española brillaba más y mejor que ahora.  Así, por ejemplo, el Padre Mariana S. I. defendía el tiranicidio. Aristóteles define “es tirano quien mira más a su provecho particular que al bien pujol ahorcadocomún”. Quevedo nos advierte que “el beneficio del tirano constituye delincuentes y cómplices. El tirano por miseria y avaricia es fiera, por soberbia es demonio”.

Pero pese al derribo de su estatua, el tirano, el jayán de popa de la banda catalanista que no se contentaba precisamente con quitarles los trompos a los chicos o trincar simples cebollas, parece que sigue mandando mucho y mal.  Continúa en libertad haciendo burla y befa de escribanos, golillas, corchetes y alguaciles. Que en compensación se ocupan en el plácido perseguir del habitual menudeo de trileros y tironeros, gente en comparación casi inofensiva por la cuantía de sus depredaciones.  Aún es más: el patriótico prócer catalanista se permitió abroncar airado al Parlamento regional, con gran mansedumbre y sentido vasallaje de sus degeneradas señorías que ejercieron su derecho a decidir callándose como putas, salvo el habitual héroe: Rivera.  Algunos malpensados barruntan una especie de apaño con el Valido real para taparse las mutuas vergüenzas. Ya se verá.

El tirano, fiero, miserable, soberbio, demonio, se digna amenazar a los otros miembros de la banda o de bandas rivales. En el Reino de España todas toman rehenes mientras se reservan para la rebatiña final, periodistas, jueces y policías adictos o presuntos cohechables.  Y, al cabo debiera pensar que mejor no quejarse demasiado mientras su tiranicidio se ejecute solo en efigie.

¿Qué hacer? Su estatua de falsario puede dejarse así por los suelos, caída de bruces. Símbolo de que ninguna dominación es eterna o de la fugacidad del tiempo incluso para los más poderosos. Y icaro y templo deshabitado Concordia_opttambién excelente reclamo turístico para la foto. En el famoso Valle de los Templos en Agrigento, la patria chica de Pirandello, se ha colocado en el suelo una curiosa estatua arrumbada de Icaro que es muy fotografiada por los guiris con el precioso templo de la Concordia de fondo. La democracia busca autor aunque ningún personaje se atreva a representarla. Se la puede dejar ahorcada para mejor edificación de las nuevas generaciones, aunque no quede muy estética.

La estatua derribada pudiera reciclarse con provecho para todos. Por ejemplo, si es bronce se podría fundir para colocar los güevos que le faltan a uno de los leones que montan guardia a la fachada del Parlamento que da a la carrera de san Jerónimo. ¿A ver qué dice Mariano?

A la que eligió un capón

haren

Corrido y confuso me hallo

Por vos en esta ocasión

Que os quedéis con un capón

Por descartaros de un gallo.

No hayáis miedo que se alabe

Que la argolla juega a solas

Mas, faltándole las bolas

¿qué importa que diga cabe?

Reloj en torre empinado

Es vuestro capón, princesa

Pero sin ninguna pesa

¿de que sirve el mazo alzado?

 

¿De qué sirven tantos brios

Si en vuestro jardín de gloria

Han de subir de su noria

Los arcaduces vacíos?

 

Si es todo vuestro regalo

El capón que cacarea

Hisopo largo de aldea

Con barbas y todo palo.

Cuando en vuestro capón pienso

Pienso y no pienso mal

Que tenéis cirio pascual

Sin las bolillas de incienso

 

Vos mejoráis de ventura

Que su merced pueda y manda

Y teniendo capa blanda

Tendréis también capadura.

Saraos beatíficos, alimento de demonios

“Los padres que han puesto aquí – tanta perla, plata y oro – ¿este tan rico tesoro – sólo querrán para sí? Sí

pufY si quien esto prestó – teniendo allí gusto en vello – les ofrece el valor dello – ¿dirán acaso de no? No 

Y mirando lo que allí – se ha gastado por entero – ¿podrá quedarles dinero- de las sobras para sí? Sí

Y si pensando faltó – con piadosa y buena fe – a quien limosna les dé – ¿dirán acaso de no? No

¿Y querrán, viendo hay aquí  – quien les dé y envie tanto – beatificar otro santo –por lo que se abarcan en sí? Sí

Y si aqueste les valió – un tan grandioso interés – si se ofrecen otros diez – ¿dirán acaso de no? No”

No sé si otros diez como se barruntaba Quevedo ya en el año de gracia de 1610, pero con esto de las santidades y beatitudes de sus próceres la Obra va embalada. Tras el público revolcón sufrido esta misma semana por uno de sus más prometedoras esperanzas, el Opus Dei ha hecho una demostración de fuerza con ocasión del homenaje a Alvaro del Portillo, inmediato sucesor del fundador barbastrino y recién ascendido en el nutrido escalafón del santoral eclesiástico. Todo un aviso para el bizarro registrador escapado a China. Roma no paga a traidores. Y acaso también para la odiada y admirada competencia, los jesuitas, que frenando el poder vaticano del Opus, han colocado como Papa a uno de sus miembros.

Como delegación del reaccionario gobierno marianesco, que antes creíamos monocolor de esta pía organización del franquismo autárquico, han asistido dos ministros: el inefable Fernández Díaz, muy aficionado a la cosa milagrera y al que no se le escapa una figura de virgen o de santo sin colocarle una oportuna medalla al mérito policial, funcionarial o el que se tercie. Y De Guindos, que bien amadrinado por mozas de partido, espera impaciente su vela de armas en la trajinada venta de Bruselas. Y mientras rememora que durante su feliz dirigencia en la quebrada Lehman Brothers ejecutase una admirable variante del milagro de los panes y los peces. Pero al revés, es decir menguando ambos y desplumando incautos atraídos por los fáciles sermones de pingues intereses eternos y otras ventajas.

Sin olvidar el carisma espiritual de otras numerosas familias ejemplares y dignas de imitación por ser emblemáticos modelos de la Obra. Los señoritos jerezanos de la ilustre saga de los Ruíz Mateos de singular mérito por todos conocido. O la no menos nutrida y modélica de los Pujol Ferrasola, bandoleros de postín, padres y madres de la no menos heroica patria catalana.  Gentes tan piadosas que por pura modestia sus bocas y corazones nunca se aunaron en adorar un propio Dios.  Si la boca aclama al Cielo y su Obra, el corazón fue idólatra del oro, la doblez y la usura.

Cuando gentes de multiplicada malicia, de equívoca apariencia, de perfecta hipocresía, de extrema disimulación, han aprovechado anteriores celebraciones similares para arrebañar y santiguar presupuestos nos cabe la duda ¿También habrán pillado ciertos piadosos organizadores del acto, igual que los de la última visita papal a Valencia? ¿Quién paga el espectáculo? ¿Quién lo cobra?

En tales ocasiones de felices espectáculos, acaso demasiado superficiales y perecederos de religiosidad pret a porter, resulta muy aleccionador para la mejor edificación del personal revisar la profunda, a veces desternillante novela profética de Jardiel Poncela en la que por vez primera describe con todo tipo de detalles este tipo de saraos de masas. Un libro que sería prohibido pocos años más tarde: La Tournée de Dios. Novela casi divina.

Pero en cualquier caso el maligno acecha entre las muchedumbres enfervorizadas que se agolpan para asistir a la celebración de este nuevo sarao. Las inflamadas gentes claman al cielo: ¡Vade retro Podemos! ¡Vade de retro Mariano! Terribles demonios hambrientos, según sabio parecer de otro famoso padre jesuita expresado en su lúcido libro ¿Por qué agoniza el Cristianismo? se alimentan con las pulsiones vibratorias y emociones desbordadas de estas tales concentraciones de multitudes.

Profunda y misteriosa paradoja es que la entronización de un nuevo santo, aunque sea del Opus, engorde amén de bolsillos profanos a los demonios del aire como los llamaba San Pablo.

Gallardón se va o la Justicia se administra en nombre del Rey

p alberto medallitaHarto de la taimada crueldad propia de eunuco e hipócrita cobardía de su hasta ahora jefe, Gallardón tira la toga y sale de naja. Como homenaje póstumo a este pío reaccionario de pro, víctima del pitoniso oficial del partido y de los desamores de la malvada Sorayita, una peazo estadista de gran talla sobre todo cuando se sube a una banqueta, a continuación una Garita sobre la Justicia marca España. ¡Descanse en paz y qué disfrute de la paz que deja el excelentísimo señor ministro saliente! ¡Y qué no nos pase ná con el entrante!

 

Hace unos días con la gran pompa y boato que corresponde a tan alta ocasión, Su Majestad recién estrenada, no sola sino en compañía de otros, a falta de pantanos con agua, ha declarado inaugurado otro, aunque seco y lleno de abrojos, como es el nuevo año judicial. Allí estaban también el tenebroso Ministro del ramo hoy dimitido y su Fiscal, un hombre acaso incomprendido, asaz contradictorio, que quiso hacer de bizarro John Wayne pero gracias a las malas compañías terminó interpretando papeles de malo o villano a lo Lee Marvin.

inaug año judicialVistosos uniformes con puntillas y puñetas recién planchadas adornaban el hermoso salón decorado para tan gozoso evento.  La insulsa preñez de plúmbeos y barrocos discursos hizo parir disimulados bostezos entre la alta y severa concurrencia, ágil prez de las virtudes jurídicas patrias.

Toda una representación cercana a la farsa mohatrera cuando buena parte de las instituciones de la Monarquía presumen de gozar de impune y consentida rebelión abierta, haciendo mangas y capirotes de autos y sentencias judiciales en lo que Quevedo ya llamaba “Justicia de catalanes”.

Encadenados barcenas, blesas libres, espantadizos faisanes, patrióticos pujoles, o sanísimos bolinagas aparte; los discursos oficiales ya no son lo que eran en nuestro gran Siglo de Oro. Ahora ni siquiera adornan la inanidad falsaria de los mensajes institucionales.

Veamos, pues para distraernos con nostalgia, otros de mayor enjundia. Así tal el del morisco escapado de España ante el sultán de Estambul, emperador de los turcos, con ocasión de una asamblea de próceres y notables del Imperio de la Sublime Puerta reunida en el palacio de Topkapi.

El emigrado morisco español acogido a la hospitalidad del sultán pergeñó su discurso en el que propugnaba entre otras políticas que se “admitiese y platicase el derecho y leyes de los romanos, en cuanto no fueren contra las de Mahoma, para que la policía crezca, las demasías se repriman, las virtudes se premien, se castiguen los vicios y la justicia se administre por establecimientos que no admiten pasión ni enojo ni cohecho, con método seguro y estilo cierto y universal…”

topkapiEstupor produjo tal discurso ante la asamblea imperial turca. Entonces entre los próceres asistentes se levantó Sinán, un bey renegado, y encendido en coraje rabioso, contestó el discurso del español:

Si todo el Infierno se hubiera conjurado contra la monarquía de los turcos no hubiera pronunciado pestes más nefandas que las que acaba de proponer este perro morisco, que entre cristiano fue mal moro y entre moros quiere ser mal cristiano…

Perro, las monarquías con las costumbres que se fabrican se mantienen, siempre las han adquirido capitanes, siempre las han corrompido bachilleres…

Propones introducir leyes de romanos. Si esto consiguieras, acabado habías con todo. Dividiérase todo el imperio en confusión en confusión de actores y reos, jueces y sobre jueces, y en la ocupación de abogados, pasantes, escribientes, relatores, procuradores, solicitadores, secretarios, escribanos, oficiales y alguaciles, se agotarán las gentes, y la guerra, que hoy escoge personas, será forzada a servirse de los inútiles y desechados del ocio contencioso.

Habrá más pleitos, no porque habrá más razón, sino porque habrá más leyes. Con nuestro estilo tenemos la paz que habemos menester, y los demás la guerra que nosotros queremos que tengan; las leyes por sí buenas son y justificadas; mas habiendo legistas, todas son tontas y sin entendimiento. Esto no se puede negar, pues los mismos jurisprudentes lo confiesan todas las veces que dan a la ley el entendimiento que quieren, presuponiendo que ella por sí no lo tiene. No hay juez que no afirme que el entendimiento de la ley es el suyo, y con decir que se le dan, suponen que no le tiene.

Yo renegado soy, cristiano fui y depongo de vista que no hay civil ni criminal que no tenga tantos entendimientos como letrados y jueces, como glosadores y comentadores, y a fuerza de entendimientos que le achacan, le falta el que tiene y queda mentecata. Por esto al que condenan en el pleito, le condenan en lo que le pide el contrario y en lo que no le pide, pues se lo gasta en defensa, y nadie gana en el pleito sin perder en él todo lo que gasta en ganarle, y todos pierden y en todo se pierde. Y cuando falta razón para quitar a uno lo que posee, sobran leyes que, retorcidas o interpretadas, inducen el pleito y le padecen igualmente el que lo busca y el que lo huye…

Mi parecer es, según lo propuesto, que este malvado perro aborrece más a quien le acoge que a quien le expele”.

Y sin más “Estese a la Parte” o “mándese a la otra para mejor proveer”, otro sí digo el sultán turco decidió ajusticiar al morisco no sin antes declarar que mejor no hacer novedades en la monarquía que “pueblo idiota es seguridad del tirano. Y mando a todos los que habéis estado presentes que os olvidéis de lo que oísteis al morisco”.

Pasan los siglos y aquí seguimos inaugurando con gran pompa y boato más años nuevos judiciales. La justicia se administra en nombre del rey.  Se crían, medran y agostan ministros y más ministros como crueles plagas bíblicas pero el tinglado se mantiene sin grandes novedades de un siglo a otro, porque, ya lo dijo el sultán turco: “pueblo idiota es seguridad del tirano”.

Laffer e impuestos en nuestro Siglo de Oro

En su reciente libro “La riqueza de los Estados” el economista Arthur Laffer se cuestiona muy críticamente el rol del aumento de los impuestos, su distribución y de la estructura del IRPF en particular, en la riqueza de las naciones. Otros ilustres teólogos consideran que su colega norteamericano no tiene razón en su paradójica propuesta de bajar los impuestos para aumentar así la recaudación. Sea como fuere, estamos viendo no sin horror que la política del valido Mariano de parasitar a la clase media a base de subidas de impuestos para mantener los privilegios, el lo prometido es deudacaciquismo autonómico y el saqueo impune de la casta monárquica, está arruinando España por varios años sino décadas. La monarquía española y sus instituciones políticas se encuentran al servicio de la oligarquía de la que forma parte señera. De ahí la dificultad de reconducir la situación desde intramuros del Régimen aún suponiendo que hubiera sincera intención de hacerlo.

Aún no implicándose directa y personalmente en la corrupción y el saqueo impune de sus súbditos, si el pueblo al final se hartase el nuevo rey podría verse arrastrado por su ira y desesperación de modo que resultase también víctima de los desmanes de esa oligarquía que en verdad constituye el verdadero sistema político español más allá del entramado de leyes y contraleyes oficiales que enmascaran la realidad. Que no es otra que El perro enflaquece y la garrapata engorda.

¿Se atreverá el Príncipe a combatir a esa inmoral oligarquía que le sostiene para reconvertir al Régimen actual en otro verdaderamente democrático y constitucional al servicio de los ciudadanos? ¿En qué o quién puede apoyarse para ello?

Preguntas difíciles pero de cuyo correcto planteamiento y respuesta depende buena parte de nuestro futuro. Y es que no haría falta leer a Laffer ni a sus contradictores para comprender lo qué nos pasa en relación con la riqueza del Estado y de la sociedad. Si en su afán de embrutecer a la gente para mejor sojuzgarla el Poder actual no hubiera arrumbado a la gran Cultura española y cubierto de una capa de olvidadizo polvo y voraz polilla sus obras, podríamos debatir nuestros problemas con la agudeza de nuestros mejores ingenios históricos. Pensadores de nuestro Siglo de oro ya explicaban bien nuestras carencias y demasías porque, al cabo, en este infausto e injusto reino los problemas principales permanecen siempre porque también lo hacen sus causas. Ora apaciguados o latentes, ora con virulencia máxima.

retrato por velazquezVeamos un apólogo de la época que nos ilustra magistralmente el caso:

Cierto príncipe por motivos externos se vio obligado a imponer nuevos tributos en sus estados y señoríos. Juntó a sus favorecidos y criados, ministros y consejeros y el pueblo de su Corte y les dijo:  ya les constaba la necesidad extrema en que le tenían los gastos de sus ejércitos para defenderlos de la envidia de sus vecinos y enemigos y que no podían las repúblicas y monarquías mantenerse sin tributos, que siempre eran justificados los forzosos y suaves, pues se convierten en la defensa de los que los pagan, redimiendo la paz y la hacienda y las vidas de todos aquella pequeña y casi insensible porción que da cada uno al repartimiento, bienquisto por igual y moderado; que él los juntaba para su mismo negocio; que le respondiesen como en remedio y comodidad propia.

Hablaron primero los allegados y ministros, diciendo que la propuesta era tan sana y ajustada, que ella se era respuesta y concesión; que todo era debido a la necesidad del príncipe y defensa de la Patria; que así podía arbitrar conforme a su gusto en imponer todos y cualesquier tributos que fuese servido a sus vasallos, pues cuanto diesen pagaban a su útil y descanso, y que cuanto mayores fueron los cargas, mostraría más la grande satisfacción  que tenía de su lealtad, honrándolos con ella.

Los oyó con gusto el príncipe, mas no sin sospecha y así, mandó que el pueblo le respondiese por sí. El cual, en tanto los magistrados razonaban, había susurrándose en conferencia callada. Eligieron uno que hablase por ellos conforme al sentir de todos:         

Muy poderoso señor: vuestros buenos vasallos por mí os besan con suma reverencia la mano por el cuidado que mostráis de su amparo y defensa….conocen que su protección es vuestro cuidado…saben las urgentes y nuevas ocasiones que os acrecientan gastos inexcusables, que por ellos y por vos no podéis evitar y entienden que por vuestra pobreza no los podéis atender. Yo, en nombre de todos, os ofrezco, sin exceptuar algo,  cuanto todos tienen; empero pongo a vuestro celo dos cosas en consideración:  la una que si tomáis todo lo que tienen hoy vuestros vasallos, agotaréis el manantial que perpetuamente ha de socorreros a vos y a vuestra sucesión; y si vos, señor los acabáis hacéis lo que teméis que hagan vuestros enemigos, tanto más en vuestro daño, cuanto en ellos es dudosa la ruina, y, en vos, cierta; y quien os aconseja que asoléis porque no os asuelen, antes es munición vuestros contrarios que consejero vuestro … acordaos del que, vencido de la codicia, mató la pájara y se quedó sin ella y sin el huevo de oro. 

Ser príncipe de pueblo pobre más es ser pobre y pobreza que príncipe. El que enriquece a los súbditos tiene tantos tesoros como vasallos: el que los empobrece, otros tantos hospitales y tantos temores como hombres y menos hombres que enemigos y miedos.

La riqueza se puede dejar cuando se quiere: la pobreza no. Aquella pocas veces se quiere dejar; ésta, siempre. La otra es que debéis considerar que vuestra última necesidad presente nace de dos causas: la una, de lo mucho que os han usurpado y robado los que os asisten; la otra, de las obligaciones que hoy se añaden. No hay duda que aquella es la primera; si es también la mayor a vos os toca el averiguarlo. Repartid, pues vuestro socorro como os mejor os pareciere entre restituciones de los usurpadores  y tributos de los vasallos, y sólo podrá quejarse quien os fuera traidor.”

Tal es el programa mínimo de regeneración en estos tiempos de creciente tribulación que el pueblo reclama pacíficamente al Príncipe. ¿Se atreverán a hacerlo Felipe de Borbón y sus bizarros validos?

El otro príncipe, el del apólogo, dice la crónica que contestó a tan sabias palabras con estas otras valientes y tan puestas en sazón:

productivos“Denme lo que me falta de lo que tenía, los que me lo han quitado, y páguenme lo demás que hubiere menester mis pueblos. Y porque no se dilate, todos vosotros y los vuestros, que desde lejos, con la esponja de la intercesión, me habéis chupado el patrimonio y tesoro, quedaréis solamente con lo que trujistes a mi servicio, descontados los sueldos”.   

Los apólogos suelen tener final feliz en su afán moralizador pero mucho nos tememos que en este desgraciado y saqueado reino la corrupción sea irremediable. Asistimos a una racha de epitafios y necrológicas sinceras o impostadas. Vemos que con carácter fatal mueren o huyen de la vida pública unos oligarcas de edad provecta. Les sustituyen hijos o parientes más jóvenes pero que acaso han mamado desde la más tierna infancia las mismas mañas y querencias. ¿También con igual fatal carácter?

Jácaras

El gran Quevedo es autor de una colección de poesías agrupadas bajo el nombre de Jácaras.  En ellas se exponen aventuras del hampa del momento explicadas por sus autores con su propia jerga de germanías. Todo un maravilloso espectáculo de riqueza lingüística, de gracia y hallazgos del español como lengua vehículo de donaire e ingenio, hoy lamentablemente olvidado por nuestros próceres borboneros de igual oficio. Entre ellas:

Quevedo - Jácara de Escarramán a la Méndez_01Escarramán escribe a la Méndez. La Méndez responde a Escarramán. La Perala manda carta a Lampuga, su bravo que éste responde muy luego. Sin olvidar la oda a una dama señora, hermosa por lo rubio.  La Vida y milagros de Montilla. La Relación que hace un jaque de sí y de otros. El Sentimiento de un jaque por ver cerrada la mancebía. El desafío de dos jaques. O en la que Refiere Mari Pizarra honores suyos y alabanzas. O en la que Mojagón, preso, celebra la hermosura de su iza. O se refiere la Pendencia mosquito. Las Postrimerías de un rufián o la Jácara de la venta.

Una pena que el gran Quevedo no nos narre las fechorías de hoy perpetradas por el hampa de siempre. Las grandes hazañas delictivas de pujoles, gobiernos abarcenados, pokemoneros o gurtelidos, presuntos “indultables” y formadores de mohatra a la sevillana. El eterno monipodio patrio de la no menos católica monarquía eterna.

Aunque por otro lado apenas se diferencian las fechorías actuales con los Borbones de las glosadas por el audaz satírico durante el dominio de los Austrias. Una pena que se haya perdido quizás para siempre ese precioso tesoro de bellas y resonantes palabras. Hoy los boletines oficiales, los autos y oficios están redactados en un español vulgar, perpetrado por gente atroz, bárbara, codiciosa de lo ajeno pero asaz desconsiderada también con ese patrimonio nacional, el único que ya nos va quedando a los españoles que es su lengua: Esquinencia del esparto, encorozar, jinete de gaznates, picador, ene de palo, gurulladas, mandil, jaque, traidor de zaragüelles, honrador del estaño, mancebitos de la carda, jayanes de arredro vayas, obispada de coroza,…marca…

quevedoSí. En ocasiones hay graciosas curiosidades sobre la evolución del significado de las palabras: la gloriosa Marca España promovida por nuestros actuales próceres del Monipodio eterno, parece olvidar que en el lenguaje de germanías rescatado por Quevedo la palabra marca significa puta, ramera, iza, manceba, moza de partido.

“Solo Iglesia me llamo” o bien, “más quiero alcoba e Iglesia” es acogerse a sagrado por parte de un bandido para burlar a la Justicia. Hoy diríamos que está aforado. Con no menor tino a la Corte se la llamaba Babilonia.

Los capeadores o arrebatacapas al descuido han sido sustituidos con ventaja por monopolistas abusones, vendedores de preferentes o banqueros quebrados o sin quebrar.

Y es que estos católicos reinos constituyen singular paraíso de la doblez, la hipocresía y la doble moral. De la abismal diferencia entre los principios proclamados del orden político e institucional y lo que realmente pasa.

Abundaba una sexualidad degradada a un libertinaje inhumano y desenfrenado fruto de la represión y la hipocresía de la moral dominante del catolicismo. Y es que entonces también se trataban los mismos problemas españoles de siempre. José Deleito ha demostrado en sus obras (La mala vida en la España de Felipe IV) la corrupción generalizada de Política y costumbres en estos católicos reinos, si bien la Justicia, ciega pero no tonta, apenas actuaba contra los criados pero no contra sus amos.  Facinerosos, ladrones y asesinos se libraban de los rigores de la ley cuando eran nobles o caballeros.

Pero permanecen muchas constantes, ya digo. Así el tradicional bandolerismo catalán, tan ligado al pertinaz y corrupto clericalismo de la región, del que ya hemos hecho mérito en varios capítulos de una serie: “Después que el Padre Perea acarició Satanás, con el alma del corchete vaciado a lo catalán”.

La explotación rufianesca, hoy con nuevas tecnologías, de la gente común y sufrida por parte de la codiciosa e hipócrita oligarquía de nuestros más píos y beatos próceres: “De limosnas se ha venido tras mí la tuerta de Horgaz; sus pecados son mi hacienda: ella mi vino y mi pan. Es ejemplo de pobretas y no la conocerás; peca con mucha cordura todo el día sin chistar”.

Todo un programa de vida actual y futura el que nos tiene reservado nuestra piadosa cleptocracia borbonera. Pero nada nuevo bajo el sol que, inmisericorde, agosta las esperanzas trasformándolas en quimeras e ilusiones.

Se despide la cuadrilla

La corrida tenía un interés enorme. De grandiosa la calificaban los carteles de colores. Mariano y su cuadrilla se despiden de la afición barcelonesa, otrora bizarra y hoy espantadiza por la coacción totalitaria. Desde luego Mariano, el niño de la Bola (y gorda) tampoco es Chamaco, torero tan querido en esa tierra por valiente y “echao pa’lante” y que tantos éxitos lograra en la Monumental de Barcelona, futura mezquita de la flamante República islámica catalana. Pero el timorato ambidiestro compostelano visita de vez en cuando ese ruedo para hacer caja, aunque sea magra, acumular trienios y disimular que torea con miedo y sin arte.

tarde torosjpgNo vale el disimulo esta vez. Refugiado tras el burladero por si acaso se escapa alguna corná, manda a su cuadrilla de peones y peonas para ver si le ponen el toro en suerte y se lo acercan al olivo para descabellarle como buenamente le de a entender la santa patrona de los galleguistas huidizos.  Su peona de brega, muy oportunista y algo abarcenada de Purísima y plata, de nombre Dolores como la de la copla, ruega el concurso o ayuda de otras cuadrillas, aún las de menos postín taquillero, para intentar perpetrar la lidia sea como sea y con algo menos de ridículo. Fiasco. Solo la atiende al quite una espontánea algo despistada, de visita en la ciudad acaso con ganas de salir también en la pantalla de plasma. Entre tanto, un fiel pokemonero de azabache y nazareno hace el quite y pone el capote a la verónica para intentar taparle la vista al morlaco, no sea que se oriente y haga hilo. Pero cuando no hay director de lidia el toro vence y la cosa queda muy deslucida sino imposible.

Los piqueros no se atreven por si se les estropean sus castoreños o sufren una pública costalá. La Camacho intenta lucirse ante sus paisanos con los rehiletes pero en el momento de la verdad se asusta al asomarse al balcón, se trastabilla y casi tenemos un disgusto. Sus peones de brega no dan una, y cada uno va por libre, improvisando y manteniendo la ocurrencia, pero disimulan para el público poco entendido ni avisado. Y hacen figuritas o cucamonas siempre que sea lejos del astado hasta terminar de estropear a la fiera que ya campa victoriosa por el ruedo soltando tarascadas y dando bufidos. Es dueña ya de todos los terrenos. Mariano, niño de la Bola (y gorda) se ve que no tiene su año. Se le notan las morbideces de la poltrona, las costuras mohatreras de su currículo como pretendida o impostada figura de postín y, una tras otras, se le van acabando todas sus quimeras, alabanciosamente jaleadas por la prensa adicta y sobrecogedora. Ya no sirve ni para hacer como que torea con el pico de la muleta. Ni demuestra la más mínima vergüenza torera. Ni de la otra.

La autoridad taurina no saca el pañuelo verde ni devuelve el peligroso bicho al corral. Un falso Miura todo hay que decirlo. Mucho más gordo, mejor cebado en las dehesas presupuestarias catalanas del diez por ciento que fiero. Así, agotados todos sus trucos, presa de pánico invencible, sólo queda hacer pasar el tiempo de la faena desde la barrera a ver si con un poco de suerte suenan los tres avisos de rigor y puede largarse escondido de la plaza aunque sea entre las risas, la rechifla y el abucheo del respetable público que no da crédito a tanta cobardía ni miseria y exige que al menos le devuelvan su dinero.

Total, como primera figura del toreo amañado puede prometer lo que sea porque sabe que no cumple. Maguer se entrena en dar anacrónicas y ostentosas cabezadas al Borbón de turno.

Sin facultades, quizás nunca las tuvo aunque lo disimulaba mejor, Mariano, el niño de la Bola (y gorda) ha renunciado a lidiar ya nada ni en Barcelona ni en el resto de España. Nunca tuvo un toreo dominador sino mañoso, ventajista y marrullero. Ahora se aburre. No le gustan los bravos. Tampoco los mansos. No le gustan los toros, ni menos las corridas. Al parecer sólo le gusta la pasta abarcenada, el misterio de los Gurtel, la muelle poltrona oficial y comprobar como sus peones atienden solícitos sus cacicadas y melonadas alabadas como grandes logros patrióticos. Cohecha con emprendedores autóctonos del rico monopolio comisionista para lograr ganao domesticao sino afeitado. También para que le hagan vistosas crónicas falsarias por favorables. Pero la hora de la verdad se acerca.

El morlaco independentista crece y se crece y se hace el amo indiscutido del ruedo. Con un público acomplejado, con cobardicas ensoberbecidos como Mariano, el niño de la Bola (y gorda) la fiesta nacional se muere. Y con ella todo un periodo de la Historia de España.

Sonata de entretiempo electoral

Con languidez de delicada pitiminí, en su jardín florido regado por la nostalgia, las hortensias pálidas, la camelia pontevedresa, el magnolio grandiflora, el venenoso tejo anticancerígeno, el aloe vera para el cutis, el olivar en cruz, los tuliperos de Virginia traídos como trofeo de indiano, o el ciprés que nos recuerda nuestro fatal destino, una de las amantes del marqués de Bradomín espera su turno, reclinada en el templete cubierto de rosas, desvanecida en el corazón del ausente de biografía tuneada.

hortensia_optA resguardo aún del vocerío de las turbas revolucionarias sedientas de Justicia o al menos de revancha, medita sobre las ingratitudes de la vida, sobre la ansiada última visita del ilustre caballero carlista reconvertido antes de que la abandonase por un carcamal de ideología aún más vieja, gastada.

Viejo caballero de promesas rotas cuya palabra no vale nada. Ejemplo de reaccionario disfrazado de modernista. Servidor de los intereses de su clase por muy ilegítimos que puedan resultar a costa de los del pueblo.

Confiesa el compostelano: Le juro que no es por estulticia ni vagancia, Señor abad, yo soy carlista por estética. El carlismo tiene para mí la belleza de las grandes catedrales. Me contentaría con que lo declarasen monumento nacional… mientras llega Podemos.

Confieso que no conocía esa clase de carlistas. Me quedaba en los abarcenados o pokemoneros. Los carlistas se dividen en dos bandos: uno, yo y el otro, los demás.

O Podemos o Robemos. He aquí la cuestión, el dilema, ¡qué es más avanzado para el espíritu…! ¡Sobrecogedor!

Pero nuestro decadente marqués conoce bien a sus paisanos: ¡Bah! Desengáñese El Motín, Las cosas suceden cuando Dios quiere, y peor que la desunión republicana es hablar de ella como lo hacen algunos periódicos de la cáscara amarga, pinto el caso que diría el novelista montañés.

Muchas de las socaliñas con que hace ocho siglos se robaba en los caminos compostelanos son actuales, como aquella – antecedente del timo de las preferentes- de la luciente dobla de oro que el peregrino descubre entre el polvo de su ruta, con todo el enredo de de la súbita aparición de dos sutiles tramposos que reclaman su quiñón en el hallazgo, mueven pleito de voces y retos acaban aviniéndose por gracia de alguna blanca de ley que ofrece el peregrino a cambio de guardarse la dobla, que luego le saldrá fullera.

Como entre la alta servidumbre palaciega contaba el moderantismo muchos parciales, a tapacandiles movieron una intriga de alcoba para recobrar la perdida influencia sobre el ánimo veleidoso de la señora y crear valor para el accionista del Club de la Competitividad.

Su Majestad Católica puso píes en polvorosa, tirando los trastos de reinar, porque el cristo revolucionario la sorprendió en lugar vecino a la frontera, donde tomaba los baños de mar tan saludables para el humor herpético.

Aquel Marte pontificio, capitán de zuavos convergentes, la miraba con petulante sonrisa…  regresaba de la Corte española adonde había ido, correo en la gran intriga que con monjas y frailes, camarilleros isabelinos y emigrados circundas, conducía el monseñor cardenal secretario de Estado. Sor Patrocinio la seráfica monja de las llagas, habíale alcanzado las charreteras… La conjura apostólica zozobraba y con ella otros piadosos ardides de la monja…por mediación de la seráfica madrina hubo secretas entrevistas- lágrimas y besuqueo, promesas y mieles, fallidos propósitos de remediarle con dineros…volvía desilusionado, temeroso….le esperaban los usureros…

No es legal la consulta. Bien puede suponerse que aquellos sesudos políticos moderados, carcamales de la más docta veteranía en conjuras, trapisondas y cabildeos, no aventurabanun dictamen tan espinoso de responsabilidades y tan contrario a la adulación cortesana sin haberse previamente entendido con el duque de…

Las pasiones humanas, sobre todo en la política, llevan a las más extremas resoluciones.

España es una deformación grotesca de la civilización europea.

Es la retórica lo que más separa a los pueblos.

Lo decía Don Ramón, el maestro, un ilustre español que no se resignó a ser solo gallego; ni menos aún, galleguista.

Caza y energía

La caza, el verdadero ejercicio de la caza que no es pegar tiros sin ton ni son a todo lo que salga y que para los buenos aficionados tiene más que ver con la calidad que con la simple cantidad, se está deteriorando en España como ya lo ha hecho en otros países occidentales. Las causas son variadas y admiten análisis diferenciados por especies y ecosistemas concretos. Los que no conocen bastante la actividad suelen considerarla un ejercicio cruel que zorro 2_optdesacredita moralmente a sus practicantes. Esto puede ser relativamente cierto en el caso de la caza de piezas criadas en granjas que tienen disminuidos su resistencia física o su instinto de defensa o que apenas conocen el escenario a donde han sido trasplantadas. O en el de ciertos métodos de caza furtiva.

Pero existen otras cuestiones comunes. Una es el problema de las enfermedades que puedan afectar a determinadas especies cinegéticas, como es el caso emblemático de la mixomatosis del conejo. Un problema que no sólo afecta a esta especie sino a sus grandes depredadores especializados, joyas de nuestra fauna, como el lince o el águila imperial. Otra cuestión es el cambio en las cadenas tróficas y los recursos ambientales de supervivencia producidos por el deterioro de los sistemas agrarios modernos. Con los avances de la agricultura química y el despotismo burocrático de la PAC, cada vez el medio es más hostil para la mayoría de nuestras especies emblemáticas de caza menor. Los sistemas agrarios se simplifican, apenas hay ya agricultura y la que hay se encuentra crecientemente saturada de productos tóxicos. Los campos se abandonan, con ellos los setos, y las especies invasoras van ocupando el terreno donde antes la perdiz o la liebre encontraban su protección y alimento. Algunas especies alteran su vocación nómada por razón de su dieta alimentaria. Así por ejemplo grupos de codornices habitantes de áreas templadas de regadío que probablemente se hacen sedentarias y pasan el invierno en España porque no tienen suficientes reservas grasas para arrostrar grandes migraciones.

zorro 1_optSin embargo, el monte abandonado constituye un hábitat que permite una mayor proliferación de jabalíes y de zorros, vehículos éstos de transmisión de la rabia. En algunas zonas se crían venados en las fincas casi como una explotación ganadera más.

Pero hay otro aspecto energético muy importante a considerar. En los ecosistemas naturales existen equilibrios en la cadena trófica o alimentaria entre las diferentes especies en juego. Sobre la productividad primaria vegetal actúan los herbívoros, los depredadores controlan el número de individuos de una especie en el ecosistema. Abundan si hay muchas presas depredables, escasean si éstas faltan. Su población no aumenta cuando la energía que emplean para capturar una presa es mayor que la que la presa le proporciona como dieta. Las armas de fuego supusieron ya una alteración en estas reglas de juego de la naturaleza. Pero ahora a demás hay que contabilizar el coste energético de los desplazamientos hasta los cazaderos más alejados en potentes y lujosos vehículos todoterrenos. Así, el valor energético de una perdiz o de una liebre no compensa de ningún modo el coste energético empleado en su captura. Roto el equilibrio de regulación natural antes citado cuando las piezas resultan más raras aún aumenta más el presupuesto energético de captura ¿Hasta que no quede nada?

Y algo similar ocurre también con la pesca industrial en cuyo estudio de dinámica de poblaciones habría que añadir la influencia del tamaño de los peces, tanto en la conservación del ecosistema marino cuanto en el montante de biomasa extraída. Y el esfuerzo pesquero. En general, los sistemas más artesanales de pesca tradicional permiten mantener la biomasa de los ecosistemas pesqueros.

NOTA: Fotos tomadas al natural por el autor

Copla y romance del rey falsario

La picaresca española, hoy con nuevas tecnologías, produce verdadera fascinación entre los estudiosos de la Corte, el hampa y la delincuencia en general.

Son muchos los libros, algunos en verdad extraordinarios, obra de lo más noble y granado de nuestras Letras, que nos explican sus mañas y personajes, hacen inventario de modalidades y fechorías, nos hacen entender mejor que cualquier tratado doctrinal la auténtica y permanente realidad de la política y la sociedad de estos Católicos Reinos bajo la impune dominación de las Dinastías extranjeras. Antes con los píos Austrias, ahora con la más aventajada de los Borbones, a la que ningún desafuero resulta ajeno.

El lenguaje de germanía, la antigua jerga propia de pícaros, jayanes, santigua bolsillos y jaques era usado como instrumento de seguridad propia, como forma de entenderse entre sí de modo que los ajenos no penetrasen su significado. Hoy ya no se reduce a los tradicionales núcleos de actuación del lumpen y la delincuencia marginal, sino que adopta nuevas maneras en el BOE, gacetillas autonómicas  y discursos oficiales de nuestros más encumbrados próceres. PIB quiere decir botín a pillar y repartir. Déficit, aumentar el abuso parasitario o engordar la gusanera; todo ello bien justificado, adobado o guisado por la remiendavirgos correspondiente. Deuda, la trampa legalizada, enmucetada y enquistada en el tiempo, chantaje e instrumento para no levantar jamás cabeza. Democracia, pugna por el mamoneo entre diferentes bandas de bandoleros y saqueadores. Elector, cornudo consentidor. Transición, los mismos viejos chistes con caras nuevas.

Los clásicos gariteros o coimeros son ahora respetables jerarcas del Reino, próceres intocables para corchetes, escribanos y golillas.

Don Francisco de Quevedo distinguía entre ciertos o fulleros, rufianes y enganchadores. Ciertos, los banqueros de rancia o advenediza raigambre. Rufianes los que disimulaban el gatuperio en los órganos de fingido control institucional para impedir que la víctima pueda comprobar la trampa de la que había sido objeto. Enganchadores, ciertos directivos y agentes de sucursales encargados de colocar las preferentes en sus garitos como nueva modalidad de juego tramposo o del timo de la  estampita.

Con la modernidad y sus nuevas conquistas sociales e históricas, la germanía o hermandad para hacer fechorías, no se limita a casas de lenocinio o patios de Monipodio, sino que campa con pujos de disimulo y respetabilidad en los infinitos gobiernos, parlamentos, diputaciones, ayuntamientos, sindicatos, fundaciones y empresas públicas integrantes de la mohatra patria. Y manda sobre corchetes, escribanos y golillas en vez de ser perseguida de oficio por ellos.

Sin embargo, cuando pensábamos que ya todo estaba visto, aún  descubrimos nuevas variantes en este viejo arte tan nuestro.

Así tal el romance con las grandes e increíbles hazañas del taimado rey pro golpista. Otra impostura. Divinas palabras contadas no ya en pliegos de cordel por ciegos, Mari Gailas y feriantes; o bien por gentes de poco fiar como los demócratas y liberales descontentadizos de siempre, sino por el propio monjerío antes tenido por aliado o compañero de aventuras. Monjas de las llagas milagreras, no ya las fingidas propias sino las ocultas o mal tapadas verdaderas ajenas. De modo que ante tal nueva coyuntura los cortesanos más embusteros, prostituidos o inasequibles al desaliento, aventajados Familiares de la Santa Inquisición, trataron de confundir al personal acusando de invención diabólica, granjería o superchería del maligno al audaz monjerío perteneciente a La Obra de Dios.  La misma que las de las familias Pujol Ferrasola o Ruíz Mateos. “Vade retro”.

De casta le viene al galgo: en otro anterior escándalo Su Católica Majestad Don Alfonso XIII recurrió a Primo de Rivera para que parara los peligrosos avances de la investigación del general Picasso acerca de las responsabilidades reales en el desastre de Annual. Hoy, sin llegar a tanto, se insta la actuación del Santo Oficio para evitar que se contagie la herejía contaminando el sencillo pero ignorante caletre de súbditos y feligreses mantenidos en la santísima inopia. Mientras la Autoridad competente amenazaba con colocar el romance de marras en el Índice de Libros prohibidos o con someter a la monja guerrera al potro del descrédito antes de conducirla al quemadero, se debía conservar un ejemplar aunque sólo fuese en solidaridad con la proscrita o como protesta por su posible entrega al brazo secular.  Como en los viejos tiempos cuando había que comprar de tapadillo en la trastienda de las librerías las últimas novedades publicadas por Ruedo Ibérico o la Editorial Oasis. Y además, quién sabe si tal vez pueda entenderse como un hito casi histórico cuya publicación ha supuesto un antes y un después.

No hay que exagerar, opondrá el avisado lector: por mucho escándalo que se denuncie hasta ahora la casta dirigente ha resultado insensible a la crítica escrita porque la opinión pública apenas sobrevive en el Reino y carece de fuerza verdadera para cambiar nada. Muy cierto. Sin embargo un grano no hace granero pero ayuda al compañero.

Otras gentes desafectas al Régimen, que tanto nos envidian y no nos merecemos, esperan las revelaciones de la araña presa o miran a ver si acaso Podemos. Emergen fuerzas que recuerdan las de abril del 31, cuando produjeron la anterior real espantá. Fuere como fuere, si no se puede habilitar otro Primo de Rivera que lo “arregle” habrá que buscar alternativas. Pero, al cabo, el Poder internacional se harta de tanta mohatra y monsergas y dice que hasta aquí hemos llegado, que si no se cambia a tiempo la pieza achicharrada se nos puede fastidiar el negocio. De modo que insta a una astuta pero fulminante y pronta retirada.

No sabemos, tampoco Quevedo ni otros de nuestros grandes autores del siglo de Oro, qué efectos extraños pueden llegar a tener los libros en la lucha contra la corrupción y el despotismo. La Cultura dicen que ha de servir para abrir los ojos. El perro enflaquece; la garrapata, engorda.

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